Y el capítulo siete, terminado viendo el partido Polonia - Grecia, y ahora mismo Rusia - República Checa ;)

Disclaimer: Los personajes de Hetalia no pertenecen, la historia si :3

EDITADO: Estoy en proceso de corrección total de la historia. Si has llegado a este punto, es que está corregido y has tenido suerte (?)


Capítulo 7

Casi todos en la tripulación estaban cenando tranquilamente, cuando en el comedor entró un agitado Gilbert.

Elizabeta se giró para mirarle. Estaba jadeando y aún no había dicho lo asombroso que era en los cinco segundos que llevaba allí. Eso era un récord del prusiano.

—¿¡Alguien ha visto a Isabel!? —preguntó con la voz temblando.

—Bueno… antes de preparar la cena estaba conmigo, pero desde entonces no la he visto. Lo que es raro… Muchas veces viene a ayudar a Yekaterina en la cocina… ¿Seguro que has buscado bien?

—¡Por supuesto que he buscado bien! ¡Llevo una hora buscándola! ¡No está!

Después de esos gritos impropios de él, todos quedaron en silencio.

—¿Qué estás insinuando, Gilbert? —preguntó Arthur con serenidad fingida.

—Lo sabes perfectamente.

Elizabeta palideció. Al mismo tiempo que su capitán salía de la cocina, todos se dieron cuenta del peso de las palabras de Gilbert.

—Oh, Dios mío… —murmuró Tino, mientras era abrazado por Berwald.

—No t' pr'ocup's —respondió el sueco, abrazando con fuerza a su pareja.

—O sea, eso no es nada genial. Pobrecita… —Feliks intentaba mostrarse como siempre, pero algo dentro de él tenía miedo por la española.

Arthur no tardó mucho en entrar hecho una furia.

—La tiene él…

Gilbert bajó la cabeza. Cada vez que le pasaba sabía que lo que quería Braginski era que él mismo se ofreciera… Y encima esa vez había secuestrado a Isa… Apretó los dientes con fuerza y dio un puñetazo en la mesa, haciendo que todos quedaran en silencio.

Después, salió hecho una furia.

—¡Espera, Gilbert! —Elizabeta no tardó en salir tras él, mientras Arthur se sentaba cogiéndose la cabeza con las manos, con los codos apoyados sobre las piernas.

—Maldita sea… Maldito Braginski…

Para sorpresa de todos, Yekaterina que normalmente se quedaba en el dormitorio, entró en la cocina.

—Arthur… Lo siento… Sé que es culpa mía. Soy muy egoísta por querer quedarme aquí. También sé que no arreglará mucho las cosas, pero si queréis que me vaya, sólo tenéis que decírmelo.

Su capitán le dedicó una mirada de tristeza.

—No seas tonta… No estás siendo egoísta. El que está siendo egoísta es tu hermano. No es ser egoísta querer estar con la gente a la que quieres… Y menos aún si ellos también quieren estar contigo.

—Pero…

—O sea, no llores, como que todos aquí te queremos mucho —afirmó Feliks mirando fijamente a Yekaterina —. Ya tengo que aguantar que Toris esté en el barco ese con la psicópata… No vamos a permitir que te aparten de nuestro lado.

—Y-yo… g-gracias, de v-verdad. —Yekaterina estaba empezando a llorar, pero esta vez, a las lágrimas de culpa se le habían añadido lágrimas de alegría.

—Lograremos superar esto —murmuró Arthur entre dientes.

XxXxX

Gilbert estaba dentado en el suelo mirando el horizonte, distante, cuando notó la figura de Elizabeta.

La húngara se sentó a su lado.

—Gilbert…

—No puedo más, Eli… Estoy harto de los juegos de Braginski… Me acuerdo cuando te secuestró. Lo primero que pensé fue que tenía que protegerte… —Elizabeta bajó la cabeza, sintiéndose terriblemente culpable por haberse dejado atrapar aquel día —. Y una vez estaba en el barco. Hubo un momento… Fue sólo unos segundos, pero igualmente estuvieron allí, en los que deseé no haberme ofrecido de nuevo.

—Gilbert —murmuró Elizabeta apenada —. No fue tu culpa haber pensado eso. Eres la persona más valiente que he conocido. ¿Acaso viste que alguien más reaccionara?

—Pero lo que pensé no fue nada asombroso…

—¡Maldita sea, cerebro de pollo! ¡Eres un idiota! ¿Quieres dejar de lamentarte por lo más bueno que has hecho en tu vida? ¿¡De qué te sirve tener un ego por los cielos, si cuando haces algo que de verdad es digno de ser llamado asombroso, no dejas de recriminarte a ti mismo unos segundos de debilidad!?

Gilbert la miró, sin palabras.

—Maldita marimacha, soy demasiado genial como para que me grites así —le replicó con una sonrisa prepotente al más puro estilo prusiano.

—Eres idiota —afirmó Elizabeta, para luego abalanzarse a besar a Gilbert.

El albino se quedó paralizado durante un momento, pero no tardó en devolverle el beso con fiereza.

Cuando por fin se separaron, Gilbert la miró confundido.

—¿Pero a ti no te gustaba el maldito aristócrata?

—Bfff… Me gustaba… Su música me sigue gustando, porque es increíble… Pero no camina por esta acera.

Gilbert la miró fijamente, para luego echarse a reír. Cuando por fin pudo parar de reírse miró a Elizabeta fijamente.

—¿Hace cuanto que lo sabes?

—Lo descubrí la segunda vez que lo vi… Resultó que al parecer lleva una clase de romance secreto con Vash…

—¿¡QUÉ!? ¿Ese también? Dios mío, eso sí que no me lo esperaba.

—¡Idiota! ¿Qué tienes en contra del amor entre hombres?

—¿Yo? ¡No tengo nada en contra, de verdad, lo juro!

Elizabeta decidió creerle y suspiró.

—Es que se veían tan monos juntos… Era una imagen que merecía ser inmortalizada…

—Hey, ¿cómo te puede gustar ver a dos hombres dándose cariñitos?

—Me gusta y punto. Y ahora que eres mi novio, debes respetar mis gustos.

—¿Tu novio?

—¡Sí! ¡Me besaste! Ahora hazte responsable. Y no admito réplicas.

Elizabeta abandonó a un Gilbert que seguía confundido.

—Pero si me besó ella —murmuró.

Pero dejó el tema pasar. Y no porque de verdad le gustara la marimacha ni nada de eso…

XxXxX

Arthur estaba hecho polvo.

En ningún momento se le había pasado por la mente que eso podría ocurrir.

Estaba tremendamente preocupado por Isa, y en esos momentos su mente no llevaba el barullo habitual de: te gusta, la odias, te gusta, la odias… Sus partes contradictorias tenían las dos un único pensamiento: preocupación.

Arthur quería creer que Gilbert se ofrecería voluntario de nuevo… Pero eso era tremendamente egoísta. ¡No quería que el maldito prusiano sufriera eso de nuevo! ¡Pero tampoco quería que Isabel se quedara en el barco de Braginski!

El inglés se recostó sobre la cama de su camarote.

La verdad es que conociendo el temperamento español, no dejaría que Gilbert tomara su lugar. Y no quería ni pensar en que le haría el gigante ruso a la alegre española.

¡Solo de pensarlo se ponía hecho una furia!

Y es que Arthur ya se estaba hartando de los jueguecitos de Braginski. No tenía por qué aguantarle.

Vale, le debía mucho, y gracias a él había podido cumplir lo que era el propósito de su vida… Pero no tenía derecho a tratarlos como le diera la gana.

El rubio suspiró. No sabía lo que pasaría al día siguiente.

No iba a admitirlo, pero tenía miedo por lo que pudiera pasarle a Isabel. Sólo le quedaba esperar a que Braginski hiciera su próximo movimiento.

XxXxX

Isabel despertó con un fuerte dolor de cabeza.

Un chico estaba sentado a su lado, con una bandeja llena de comida.

—¿Ya has despertado?

—No, sigo durmiendo…

—…

—¡Sí! Claro que he despertado. —El chico soltó una risa extraña.

—Toma, debes estar hambrienta.

—¿Dónde demonios estoy? ¿Y quién eres tú?

—Bueno, mi nombre es Toris… Y esto es el barco del capitán Braginski.

Todo el color se fue de su cara. Esto no podía estar pasando.

La castaña empezó a temblar y apartó la bandeja de comida.

El lituano puso una mano sobre su hombro pero Isabel se la sacudió.

—No me toques —siseó la española.

—No te preocupes, no estarás mucho tiempo aquí… Gilbert se volverá a ofrecer…

—¿Qué? ¡No! No lo voy a permitir. Es mi amigo, y ya ha sufrido demasiado por vuestra culpa —escupió Isabel.

Toris alzó una ceja.

—En ese caso te esperan tres semanas aquí… ¿No sería mejor que comieras algo?

Isabel le fulminó con la mirada y luego miró la bandeja, vacilante.

—A no ser, que no vayas a cumplir lo que has dicho…

—Te odio. —Isabel cogió la bandeja y comenzó a comer de mala gana.

—¿Cómo piensas evitar que Gilbert se ofrezca?

—…

—No lo sabes, ¿verdad?

—No… Probablemente le gritaré que ni se le ocurra acercarse o morirá bajo la fuerza de la pasión española.

Toris rio amistosamente.

—Dentro de dos horas volveré a por ti.

XxXxX

Elizabeta miraba a Gilbert.

—Te vas a ofrecer de nuevo, ¿verdad?

—Claro que si, marimacha. Es lo normal en alguien tan asombroso como yo.

Arthur estaba en completa tensión esperando la salida de los otros.

Berwald abrazaba a Tino —el cual se dejaba abrazar— y Feliks jugaba con el dobladillo de la falda que llevaba puesta.

Elizabeta apretaba la mano de Gilbert, y Yekaterina estaba escondida de su vista, observándolo todo.

XxXxX

Toris entró a donde estaba Isabel.

—¿Ya?

—Si… No te preocupes.

Isabel alzó una ceja. Fuera cual fuera el resultado, no iba a ser bueno, ¿y le decía que no se preocupara?

Fuera de la habitación estaban otros dos chicos.

Uno de ellos parecía muy sereno, pero el otro estaba temblando y tenía los ojos al borde de las lágrimas.

Isabel suspiró y salieron a la cubierta del barco.

Allí estaba esperándoles el que Isabel supuso que era el capitán Braginski.

Y entonces comprendió a lo que se refería Elizabeta.

A primera vista era un gigante enorme, intimidante, aunque bonachón.

Pero la manera en la que sonría le daba un aire infantil e inocente… y a la vez escalofriante.

Era perturbador ver esa expresión en un hombre de su envergadura.

Y a su lado había una chica de pelo largo y mirada asesina que se encontraba pegada a Braginski.

Por su gran parecido con el ruso y Yekaterina, Isabel adivinó que aquella joven debía ser la tercera hermana.

La joven le dedicó una mirada de desagrado a Isabel, que resopló y contuvo las ganas de sacarle la lengua.

Los seis llegaron al punto de encuentro de los barcos.

La castaña se vio tentada a bajar la cabeza y simplemente dejar que todo pasara, pero en cambio, la alzó con altanería y miró a la tripulación del capitán Kirkland. Miró a su tripulación.

Sus ojos se encontraron un momento con los de Arthur, pero rápidamente los desvió y buscó con la mirada a Gilbert.

El prusiano estaba tenso y miraba a Braginski con una rabia contenida que Isabel jamás habría pensado que podría albergar.

Sus miradas se encontraron e Isabel le sonrió, tranquilizándole.

Y después de unos minutos en los que no avanzaron absolutamente en nada, basándose en una conversación sin sentido, por fin Braginski preguntó si había alguien que se ofreciera a ocupar el lugar de Isabel.

XxXxX

Gilbert casi saltó cuando Braginski acabó de formular la pregunta.

Como todos habían anticipado, se adelantó para responderle que él iría, cuando la voz de Isabel resonó en aquel tenso silencio.

—¡Gilbert, no!

—… —El prusiano la miró confundido, al igual que casi todos los demás. Elizabeta suspiró, Arthur se golpeó la frente con resignación, Toris sonrió levemente y Braginski esbozó una sonrisa infantil.

—Ni se te ocurra dar un paso más. —Isabel le miraba amenazadoramente —. No voy a permitir que vuelvas aquí.

—Eh… ¿Eso significa que te quedas en mi barco por propia voluntad? —preguntó el ruso con una voz inocente y suave, que no encajaba de ninguna manera con su enorme cuerpo, aunque sí con su expresión facial.

—… Si.

Gilbert abrió los ojos y Braginski sonrió ilusionado.

Arthur, sin embargo, tenía una mirada de determinación en el rostro que no había usado en mucho tiempo.

XxXxX

Mientras los dos barcos se alejaban a una velocidad alarmante, Toris puso una mano en el hombro de Isabel.

—No pensé que lo fueras a hacer de verdad —confesó el lituano, mirándola con una sonrisa triste.

—Yo tampoco… Pero después de ver su expresión…

—¿No echarás de menos al capitán Kirkland?

Isabel fue a asentir cuando cayó en la cuenta de que esa pregunta no era precisamente lo que se dice, normal.

—¿¡Qué!?

Toris se encogió de hombros.

—Oh, vamos, he visto como te miraba. Y cuando has dicho que te quedarías, tus ojos se han desviado hacia él.

—Eso no es verdad…

—… Claro, vale…

Isabel bufó, molesta por el comentario del otro.

Estuvieron en silencio unos segundos antes de que Toris suspirara.

—Siento si te he ofendido.

—Bueno, en realidad no me has ofendido… creo…

No tardaron mucho en llegar a un camarote que estaba vacío.

—Este es… el camarote del capitán.

Isabel bajó la mirada. Sabía las consecuencias de su decisión.

—Oye, no te pongas así. El capitán no es malo… Te voy a dar un consejo: si te da la oportunidad, entretenle. Le encantan los juegos. En realidad todo esto es el resultado de su aburrimiento.

Isabel le miró fijamente, agradecida.

Toris se despidió de ella, dejándola sola en aquel camarote.

Con cuidado se adentró en él. En esos momentos solo estaba ella así que era libre de curiosear.

Después de una hora, Isabel estaba completamente aburrida, tumbada en la cama, con los pies sobre la almohada y mirando el techo.

De repente, alguien abrió los ojos e Isabel tragó saliva al divisar la enorme figura del ruso, levantándose rápidamente de la cama y cruzándose de brazos, intentando imponerse.

Objetivo en el que falló estrepitosamente dado que la diferencia de altura era demasiado grande.

—Dime tu nombre —pidió el ruso sentándose en la cama, y mirándola curiosa.

—Isabel…

—¿Sabes quién soy yo?

—El capitán Braginski, si no me equivoco.

El ruso hizo una seña para que se sentara a su lado. Isabel frunció el ceño, queriendo negarse, pero sabiendo que eso no le llevaría nada bueno, le hizo caso.

—Llámame Iván, ¿da?

Isabel apretó los labios.

—Claro…

—Dilo.

—¿Qué?

—Di mi nombre.

—Eh… ¿Iván?

Los ojos del ruso se iluminaron.

—¡Me encanta como suena mi nombre con ese acento que tienes!

Isabel le miró confundida, pero no le dio tiempo a decir nada antes de que Iván se abalanzara sobre ella.

—Ahj, quita de encima.

—No… Vamos a divertirnos, ¿da?

XxXxX

—Vamos a ir detrás de ellos.

Todos se sorprendieron cuando Gilbert entró hecho una furia.

—Ya los seguimos cuando te tenían a ti… Desaparecen y no hay manera de encontrarlos.

—¡Dije que vamos a ir detrás de ellos, Arthur!

Todos se quedaron callados, mirando a su capitán y al albino furioso.

—Por supuesto que vamos a seguirlos Gilbert… —murmuró Elizabeta —. Pero no hay casi ninguna posibilidad de que les encontremos…

Gilbert dio un puñetazo en la pared.

—Tr'nquil' —le dijo Berwald.

—Vamos a hacer una búsqueda exhaustiva.

XxXxX

Después de toda una tarde de discusiones acerca de las rutas que iban a seguir, Arthur volvió a su camarote.

Justo después, entró Yekaterina.

—Arthur… Tú sabes usar magia.

El capitán le miró confundido. Si, en sus venas había sangre mágica, pero apenas podía hacer hechizos poderosos. El único que podría servir sería un hechizo de rastreo. Pero para que funcionara correctamente necesitaba algo muy unido al sujeto. Normalmente lo que mejor servía era la sangre reciente.

Yekaterina inspiró.

—Cuando mi hermano era pequeño, y mis padres aún vivían, tejí una bufanda para mi hermano, para que no se resfriara y nos dejara a mi hermana y a mí, solas… Antes de volverse pirata, cortó un trozo y me pidió que la retocara como si no hubiera cortado nada. Me dio aquel trozo, me dijo que para tener siempre un vínculo… Sé que no es tan fuerte como la sangre, pero nunca se la quita… Esa bufanda ha vivido todas sus experiencia, todas sus heridas… ¿Crees que servirá?

—Podría darme un rastro algo débil, pero algo es mejor que nada…

Con una sonrisa y lágrimas en los ojos, Yekaterina le dio el trozo de bufanda.

Antes de salir del camarote se giró hacia Arthur.

—De verdad espero que encontremos a Isabel a tiempo.


Y fin... :D

Comentarios: Lo primero, esto ahora mismo emocionada viendo a los rusos jugar XD Y los griegos y los polacos me han decepcionado un poco... peeero... se lo perdono porque bueno, sabemos como son Polonia y Grecia XD Y ahora ya, en cuanto al capítulo, pues no me ha quedado tan largo como quería... porque iba a poner más cosas, pero no se cuando voy a tener tiempo para centrarme con el tema de la Eurocopa y el final de curso... y no quería estar sin actualizar hasta volver de Italia D: Y Rusia me parece adorable... Y la pobre Isa no sabe donde se ha metido [DIOS, SEGUNDO GOL DE RUSIA :D] T.T

Avances: No creo que pueda actualizar antes de volver de Italia, sobre todo porque necesito estar 100% entregada a la Eurocopa (?) Así que mejor no avanzo nada, no vaya a ser que cambie de idea en este tiempo XDD


Gracias por los reviews *Baile de la felicidad*

LaLa-chan32165: Ay, no! Otra vez no! (?) *Le seca las lágrimas* (?) OwO, otra amante de los spoilers, yay XDDDD Nooo, eso es trampa... Maldición, la próxima te spoilearé yo misma MUAHAHAHAHA

IreneRodriguez: Me alegra que te alegre :D (que guay ha quedado eso, dios XD) Es que Vash es awesome (en el fondo ¬¬) Y Gilbo está colado por Eli U.u Pudiendo tener una bonita historia de Gilbert y Eli, ¿por qué se empeñan en juntar a Eli con el señorito? Oh peor aún... A Gilbert con el señorito! Dios, pobrecitos, quieren separarlos en su amor... Y Gilbert era como parte de la nobleza... Y evidentemente, eso a él no le va :/ Por que es demasiado awesome como para comportarse como cierto austraico ¬¬ Aish, yo me imagino a NyoRusia igual :D Será porque le pega XDDD Y bueno... si tuvieramos la oportunidad de secuestrar a Gilbert... No lo devolveríamos jamás... ¿Por qué hacerlo? :DDD Ahahaha, pillaste exactamente la personalidad que le quise dar a Iván *Se alegra y empieza a bailar como una loca* Todas queremos pegar a Mongolia XDD Ay... ojalá me encuentre a un Felicianos o a un Lovino *Suspira* ¡Es el destino! (?) Me alegra no ir a Francia, ahora que conozco Hetalia S: No podría vivir tranquila XDDD Y las sartenes, alegrandonos el día... (?) Maldita sea... voy a tener que contratar al España en modo yandere para que me proteja con su hacha :U *Muere desangrada* *Se acuerda de todo lo que le queda de descubrir de Hetalia* *Revive* :DDD Gracias por el review ^.^


Cualquier comentario, críticia (constructiva a ser posible XD), petición del algo, etc... Review ^.^

Muchas gracias :3