¡Hola gente del fan fiction! Sé que he tardado mucho en actualizar, pero he tenido unos meses un tanto ajetreados (enfermedades, operaciones, exámenes). Por suerte, ya he acabado el capítulo 9 y estoy muy contenta de publicarlo. Ha sido un capítulo difícil de escribir en ciertas ocasiones, pero espero haber transmitido todo lo que quería.
Para compensaros, os he dejado una historia extra al final del capítulo.
¡Espero que os guste! ¡A leer!
El cuaderno de Barnabas
-¿Es para hoy o para mañana, amigo cornamenta?-dijo Sirius impaciente a la vez que botaba una pelota contra la pared de la habitación.
James no hizo caso a su amigo y siguió buscando en su baúl, tirando aquello que sacaba al suelo. Una túnica, unos calzoncillos, una bufanda roja y dorada. Nada era lo que él buscaba.
-¡Aquí está!-exclamó el merodeador al encontrar al fin el objeto deseado.
-¿Tanto alboroto por un simple cuaderno?-comentó Black al ver un libreto viejo y amarillento en la mano de su amigo.
-Yo también me esperaba algo más.-añadió Peter para después meterse un pastel de crema en la boca.
El jugador de quidditch siguió sin hacer caso a sus amigos, ya que estaba demasiado absorto leyendo las páginas de su preciado cuaderno. Estaban llenas con las letras pequeñas y apretadas de su anterior dueño. En cambio, las pocas anotaciones de James, grandes y estilizadas, contrastaban de forma que parecían intrusas en aquellos papeles.
-Venga Canuto, ¿no lo reconoces?-preguntó el joven Potter con gran énfasis.
-No me digas que…-la cara de Sirius cambió al fijarse más en el cuaderno negro. Ya no parecía aburrido, sino tan emocionado como su compañero.
Peter era el único que aún no entendía la reacción de sus compañeros.
-Colagus hemos hablado mil veces sobre ello.-dijo Sirius.-El cuaderno de notas del padrino de James.
El rubio abrió la boca sorprendido por la revelación. Tanto lo estaba, que Sirius le robo el pastelito que tenía en la mano.
Bernad Barnabas, el padrino de James, era algo así como un mito para los cuatro merodeadores. El mejor amigo de Charlus Potter era quien le había enseñado al merodeador todo lo que sabía. Desde qué mecha utilizar para que una bomba fétida explotase en el momento exacto hasta qué hechizo lanzar para que el enemigo vomitase babosas. Él había hecho de James Potter el bromista que era y ahora tenía todas las bromas que había aprendido su héroe a lo largo de su vida apuntadas en aquel cuaderno.
-No lo entiendo.-comentó Sirius confuso.- ¿Qué haces tú con eso?
Una mirada de preocupación apareció en los ojos de James.
-Greywind me lo trajo después del desayuno. Lo vi en mi cama cuando subí a por el libro de pociones con una nota que decía: "Ahora es tuyo".
Tanto Sirius, como Peter, quisieron reprocharle a su amigo el no habérselo contado hasta entonces, pero los dos sabían que James no era muy dado a contar sus preocupaciones y sentimientos, ni siquiera a sus mejores amigos. Sabían que aquello era parte de él y hacían lo que podían cuando el joven Potter les dejaba hacerlo.
-¿Seguro que solo pone eso?-dijo Sirius cogiendo la nota del escritorio.
James asintió.
-Seguro que esto es una de sus bromas. La del año pasado fue por estas fechas.-comentó Peter para que su amigo no pensará en lo peor.-Además es un auror, si le hubiese pasado algo nos hubiésemos enterado ya.
-Eso es.-coincidió Sirius cogiendo el profeta de ese día para leerlo.
-No te esfuerces Canuto. Lo he leído de arriba abajo y no aparece nada. Por si acaso, he mandado a Greywind con una carta para mi madre y además tengo pensado preguntarle a Cameron McKay si sabe algo.
-Ya verás cómo no es nada Cornamenta.-opinó Sirius con un desparpajo para intentar animar a su amigo.
-Eso es.-añadió Peter.
James agradeció los ánimos de sus amigos con una sonrisa efímera.
-Por cierto, ¿cuál era la broma tan buena que nos ibas a enseñar?-preguntó Colagusano para desviar el tema de conversación.
El jugador ante la atenta mirada de sus amigos, dejo sus pensamientos a un lado y empezó a buscar entre las páginas del cuaderno la broma que les quería enseñar.
-Me he basado en una broma que Barb le hizo a mi padre el día que se casó. Por lo visto, hechizo su pajarita para que se extendiera y lo atrapará dejándolo inmóvil, porque según él, cometía un gran error casándose con mi madre después de estar solo 10 años como novios.
-Ese hombre es la ostia.-dijo Sirius con gran admiración. -Creo que debería adoptarme él en vez de tus padres.
James y Peter se rieron de su amigo.
-Lo que tú digas Canuto.-dijo el jugador.-Yo tengo pensado algo parecido para el pelo graso de Quejicus. Ya que él y sus queridos libros están siempre juntos, había pensado en estrechar la relación que tiene con ellos.
Peter puso cara de no entender lo que quería decir su amigo y Sirius, cuál perro, ladeó la cabeza para hacer visible su confusión.
-Vaya dos.-dijo James ante la poca imaginación de sus amigos.-Seguro que Lupin lo hubiese entendido más o menos a la primera.
-Ya, pero nosotros no somos el empollón de Lunático así que desembucha.-comentó el joven Black ligeramente ofendido.
James se acercó a su escritorio y después de que sus amigos hicieran lo mismo, les explicó su idea en un papel.
-Me gusta.-opinó Peter con emoción.
Sirius tardó un poco más, pero desde el momento en que los ojos del jugador se cruzaron con los de su mejor amigo, supo que a Sirius también le encantaba aquella idea.
-Bueno, ¿qué tal si lo ponemos a prueba?-dijo Sirius cogiendo un libro al azar.
La verdad guardada detrás del silencio
Pepper estaba concentrada leyendo la lección siete del libro de adivinación, ya que aquel mediodía le había tocado ir a la biblioteca con sus compañeras de clase para hacer un trabajo. Lo que ninguna de ellas sabía era que la rubia en realidad no estaba leyendo la repercusión de Marte en los acontecimientos amorosos, sino el nuevo catálogo de Bruja Diez que había llegado esa mañana con el correo.
Tan ensimismada estaba en su lectura, que no vio entrar por la puerta a Mary hecha una furia. En cambio, el ruido que hizo ésta al dar un golpe en una de las mesas sí llamó su atención. Cuando miró a su amiga, vio que se encontraba hablando con una Ravenclaw de manera más exaltada de lo normal.
-¿Dónde está North?-dijo la morena con su cuerpo en tensión.
-¿A ti que te importa, Masterson? –comentó Janice que había trasladado el asco que tenía a Pepper, a sus amigas.
-¿Tú sabes dónde está?-le pregunto de forma cortante a otra de las chicas de allí.
-Creo que está en la sección de historia.-respondió la Ravenclaw con cierto miedo ante la actitud de la morena.
Con decisión, Mary pasó por las mesas y se dirigió a las primeras estanterías mientras Pepper le miraba intrigada. Justo cuando iba a desaparecer detrás de los muebles llenos de libros, se encontró con quien buscaba y sin que nadie se enterará lo empujo para esconderse en un punto en el que ni Madame Prince, ni ninguno de los compañeros de las mesas lo vieran.
Vencida por la curiosidad, Pepper se levantó de sitio y, sin hacer caso a los comentarios de sus compañeras, se acercó para ver qué pasaba entre su ex novio y su ex amiga. La rubia intentó aproximase lo máximo posible, pero desgraciadamente en el único sitio en el que no la podían ver, las voces llegaban entrecortadas.
-North, no sabes las ganas que tengo de romper unas cuantas reglas de Hogwarts para darte lo que mereces.-dijo Mary con fuerza.
-Masterson, ¿estás loca o qué coño te pasa? ¿A qué viene todo esto?
-A que eres un mentiroso y un cobarde, que dejas que los demás carguen con lo que no quieres afrontar tú.
El Ravenclaw le miró confuso e intento apartarse de ella para seguir con lo suyo. Pero Mary no estaba dispuesta a dejarlo marchar, sentía demasiada rabia y cada vez se apoderaba más de ella.
-Ni se te ocurra mover un pelo, North.-le amenazó clavándole la varita en la garganta.
Aquello hizo que el chico se hiciese daño al intentar tragar saliva.
-Vale, Mary. Tranquilízate, no he hecho nada para que te pongas así.
-¿Ah, no? Pues le hiciste daño a propósito a una amiga mía y eso, que lo sepas, es cómo si me lo hicieras a mi también.
Eric no supo que decir. De aquello ya había pasado algún tiempo, ¿a qué venía reprochárselo ahora?
-No entiendo a que viene eso ahora.
-Lo sé, ¿sabes? Sé lo que pasó en realidad aquel día. Eres un capullo egoísta y cobarde. ¿Cómo permitiste que pasase eso?
Al oír eso, el Ravenclaw se puso blanco, por fin sabía de lo que le estaba hablando la morena. Aquello hizo que empezara a sudar y una diminuta gota cayó por su cara.
-Déjame explicártelo.-dijo el chico atropelladamente.-Vamos a un lugar donde haya menos gente.-le pidió con ojos suplicantes.
-Tranquilo, no soy cómo tú. No voy a contarle a nadie lo que sé. Por ahora.
-Gracias.-contestó North más relajado.-Te juró que yo no quería eso.
-No seas falso Eric. No quieras darme más asco.
El chico asintió y rehusó la mirada a la Gryffindor.
-Yo también sufrí por Pepper.-dijo el chico intentando defenderse.
La forma en que dijo aquello hizo que Mary tuviese ganas de darle una patada en sus partes o un puñetazo en el estomago. Pero se contuvo, ella nunca se dejaría llevar tanto por sus sentimientos. Aun así, no se paró a la hora de ponerle la varita entre ceja y ceja del chico.
-Si hubieras sido un hombre de verdad, no le habrías dejado llorar por ti.-le dijo Mary.
Un ruido hizo que Mary no continuase y mirase hacia una dirección cerca de ellos. Eric, en cambio, seguía con la mirada fija en la varita, tensando el cuerpo cada vez que está se movía.
-No mereces la pena, Eric.-opinó Mary bajando la varita para alivió del Ravenclaw.-Te daré un consejo para que no te vuelva a ocurrir nada parecido: ni te acerques a Pepper, ni la mires, ni siquiera estés en la misma zona que ella o te juró que te arrepentirás de que alguna vez hayas pisado Hogwarts. ¿Me has entendido?
Eric asintió sin decir nada. No sabía por qué, pero Mary le daba demasiado miedo como para decir algo.
-Así me gusta. Te puedes ir.-aliviado él se alejó rápidamente de ella.-Espera.-añadió Mary antes de perderlo de vista.-Acuérdate de dejar el libro que tienes en la mano en el carrito o en la mesa de Madame Prince, que sé que los dejas en cualquier lado.
El chico asintió y se alejó de la Gryffindor. Mientras, Mary cerró los ojos y cogió una bocanada de aire. Después guardó su varita y se puso bien toda la ropa. Cuando acabó se dirigió al lugar de donde había venido el ruido para encontrarse allí con la melena rubia que había visto.
Sin dirigirle ninguna palabra, la morena cogió fuertemente a Pepper por la muñeca y tiró de ella para salir de la biblioteca e ir a un lugar más íntimo. La rubia no protestó, estaba demasiado confundida por las pocas palabras que había llegado a oír.
La verdad
Cuando finalmente llegaron al aula once, que estaba desierta, Mary soltó la muñeca agarrotada de su amiga. Mientras que ésta intentaba recuperar la circulación, la morena tomó dos sillas, las puso frente a frente y con un gesto le pidió a la rubia que se sentase.
-No pienso sentarme, Mary. Y quiero saber lo has estado hablando con mi ex.-dijo Pepper con orgullo.
Su amiga la miró y suspiró de forma irritada. Solo la rubia conseguía causarle ese efecto tan rápido. Armándose de toda la paciencia que tenía, que era mucha, Mary se propuso empezar bien toda aquella conversación.
-Pep…-la morena hizo un parón para conseguir que esas palabras saliesen de su boca.-Lo siento. No debería haberte dicho eso.-dijo finalmente.
Aquello sorprendió a la rubia que se olvido de la curiosidad que sentía por saber de qué habían hablado Eric y Mary. Y es que Pepper sabía que su amiga nunca decía lo siento. Según Karen, que era la que desde más tiempo conocía a la morena, nunca en sus diez años de relación le había escuchado decirlo.
Tal y como esperaba Mary, aquellas palabras hicieron que Pepper diese su brazo a torcer y se sentase a regañadientes en la silla en frente de su amiga.
-Tú dirás.-comentó la rubia que no estaba dispuesta a dejar a un lado su orgullo.
-Sé que fui una desconsiderada por lo que te dije. Da igual que me hicieses daño con tu comentario. Eso no me daba derecho a descárgame contigo y a utilizar un tema que sé que todavía te hace daño. No lo debería haber hecho.
-Pues sí. Me decepcionaste bastante. Y yo por lo menos no quería hacerte daño con lo que te comenté.
Mary no dijo nada. Solo la miró con incredulidad, cómo si no lo creyese del todo.
-Bueno, será mejor discutir eso luego. Ya he dicho lo que tenía que decir y ahora hay algo más importante de lo que quiero hablar.-dijo la morena con seriedad.- Jonah me ha contado la verdad.
Esas palabras tomaron de improviso a Pepper, que empezó a balbucear algo incomprensible.
-Tranquila. No hecho nada malo con esa información. Y no te preocupes de Eric, solo le he dicho que cómo se atreva a acercarse a ti se arrepentirá de haber venido a la escuela.-le comentó la morena con una sonrisa maquiavélica.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de la rubia, cómo seguramente le había pasado al chico. Mary sabía cuando dar miedo de verdad y en ese momento, la morena podría atemorizar hasta a un boggart.
-¿Por qué no nos dijiste lo que pasó en realidad?
Pepper quiso darle una respuesta que ni siquiera ella sabía. Nunca había entendido muy bien porque no se había atrevido a decírselo a nadie.
1 de abril de 1975
Eric y Pepper se encontraban en la periferia del bosque prohibido. Solos y sin ninguna persona que lanzase comentarios hirientes hacia la rubia.
-Cariño, dime qué es lo que está pasando. ¿Por qué dicen esas cosas de mí? Te juro que yo no te he engañado con Jonah.-suplicó a su novio.
Pepper le agarró del puño de la camisa, deseando que le consolase y le dijese que no pasaba nada. Pero no fue así, ya que prestaba más atención al movimiento de los arbustos que tenía a su derecha.
Cuando la rubia miró hacía esa dirección pudo ver cómo Jonah Jinx se acercaba hacía ellos. Pepper no entendía que hacía él allí, sobretodo porque se imaginaba que sería él el culpable de todo aquello.
Al ser tan popular, no era la primera vez que alguien había dicho que se había liado con Pepper, pero la mentira nunca se sostenía por mucho tiempo y no pasaba de los meros rumores y burlas tontas hacía el mentiroso. Esa vez, en cambio, todo el mundo estaba muy convencido de que había habido algo entre ellos dos.
-Eres un cabrón mentiroso. No sé cómo la puedes mirar a la cara.- Jonah escupió aquellas palabras con un profundo odio que sorprendió a la rubia.-Eres la vergüenza de la casa Ravenclaw.
-¿Qué querías que hiciera? No había otra salida.-dije Eric con fuerza pero sin mirar fijamente, ni a Jonah, ni a Pepper.
-Sí lo había, solo que tú decidiste utilizar la opción más sencilla.
La Gryffindor estaba más confusa que antes. No entendía porque los dos chicos discutían y tampoco sabía de qué estaban hablando. Varias veces intento interrumpirlos, pero la conversación había llegado a los gritos.
-¡Ya basta!-gritó Pepper.-No entiendo lo que está pasando aquí, pero me gustaría que alguien me lo explicase.
Los chicos se miraron entre ellos dándose cuenta de la situación que debía haber presenciado.
-Creo que deberías ser tú el que le cuente la verdad.- le propuso Jonah a Eric sin dejar su odio a un lado.
El Ravenclaw abrió la boca pero ningún sonido salió de ella. Pepper y Jonah le miraban expectantes y notaba cómo el corazón latía cada vez más desbocado haciendo que le fuese imposible pensar claramente.
No sabía cómo empezar y no estaba convencido de lo que iba a hacer. Si hablaba, si le contaba la verdad, era muy probable que toda la vida que se había preocupado en construir se viniera abajo. No sabía si Pepper le ayudaría a seguir con aquello o revelaría toda su mentira.
Harto de esperar, Jonah se acercó a la rubia y le pidió que se sentase en uno de los troncos de un árbol cercano. Ella, a regañadientes por machar su falda, se sentó.
Después de mirar duramente a su compañero, el Hufflepuff empezó a relatar la verdad de lo que había pasado. Multitud de sentimientos aparecieron en el corazón de Pepper. Sorpresa, confusión, pena, dolor, odio e ira. Al acabar, la rubia no supo cómo reaccionar. Ni por un momento pensó que pasaría aquello. Pero ahí estaba, con su novio y el amante de su novio.
Pepper tenía ganas de pegar a Eric, de gritarle por haberle mentido todo este tiempo, reprocharle no haber confiado en ella. Tenía ganas, pero no podía, porque había algo que la detenía. "Sé lo que es vivir una mentira", pensó Pepper mientras se acordaba de cómo su familia fingía ser perfecta ante los demás, cuando en realidad su padre y madre no se hablaban y tampoco se esforzaban en ocuparse de su hija. Por ello, sentía más lástima que odio por aquellos dos chicos. Podía ver la culpa y el arrepentimiento en los ojos de Jonah y el miedo en los de Eric.
De esta manera, decidió no hacer nada de lo que deseaba. Ya podría pegar a su almohada tanto cómo quisiera o llorar tomándose una larga ducha. En cambió, Pepper se levantó y se quito con parsimonia la tierra y hojas que se habían pegado en su falda, mientras se mentalizaba para aparentar una gran calma. Después de eso, miró a los chicos y decidió acabar con el silencio que había entre los tres.
-Tranquilos, seguiré con la farsa.-dijo la rubia ante las sorpresa de los dos chicos.
-¿Qué? No. Me niego a que sufras por algo que solo nos incumbe a nosotros dos.-opinó Jonah mirando a Eric para que lo secundase.
Pero no le devolvió la mirada. Estaba demasiado concentrado en la rubia.
-¿En serio? ¿No dirás nada a nadie?-preguntó el Ravenclaw poniendo especial énfasis en las palabras nada y nadie.
Ella negó con la cabeza.
-No tienes porque hacerlo. No deberías hacerlo.-comentó el Hufflepuff con la esperanza de hacerla cambiar de opinión.
-Lo hago porque quiero Jinx. Da igual lo que hagamos, la mentira ya está dicha y el daño está hecho también.
-Pero… y los comentarios de los demás.
- Me da igual lo que digan los amigos de Eric y los demás sobre mí.
Pepper dijo esa frase con tal convicción que hasta ella misma se creyó el papel que estaba interpretando. La rubia pensó que aquello era lógico, al final y al cabo tenía mucha experiencia en aparentar y su madre había sido muy buena maestra.
-Stone...-prosiguió el Hufflepuff.
-¡Jonah, déjala en paz!-le espetó Eric.-Ya ha decido. Así que acabemos con esto lo antes posible.
Aquello hizo hervir la sangre del Hufflepuff e incluso irritó a Pepper. Poco se parecía ese Eric North egoísta y cínico al chico cariñoso y amable que habían conocido Pepper y Jonah al inicio de su relación
-Entonces, ¿lo vamos a dejar así?-preguntó Jonah con incredulidad.
-Así es.-dijo Pepper.
-Sí.-corroboró Eric.
-Jonah.-la rubia llamó la atención del chico.-Déjalo. Los tres sabemos que no hay ninguna solución que sea buena, así que dejémoslo y cuanto más rápido pase mejor.
Aunque Jonah todavía tenía mucho que decir, decidió finalmente callarse. ¿Quién era él para negarle el sufrimiento que ella misma quería sentir? De este modo, los tres prometieron no contar nada a nadie y fingir que toda aquella mentira era de verdad.
Tres meses tuvieron que pasar para que todo aquel asunto perdiera fuerza. Para que la rubia dejase de escuchar voces susurrantes que la juzgaban en cada rincón de la escuela. Muchas cosas tuvo que escuchar en esos 92 días de tortura. Pero siempre mantuvo el silencio.
Cuando Pepper consiguió volver a la realidad, Mary aún la miraba expectante, esperando una respuesta. En cambio, ella seguía sin poder dársela. Tenía todas sus fuerzas puestas en no llorar delante de su amiga.
Al final, la rubia no pudo aguantar más la tensión, derrumbándose delante de Mary. Esta, a su vez, se levantó de la silla y abrazo a su amiga fuertemente. Ella hundió la cara en su hombro haciendo que se le mojase la camisa.
Una tras otra, las lágrimas caían por las mejillas pecosas de Pepper. En ellas estaban cada insulto que escuchó, cada vacio que sufrió por parte de los que se hacían llamar sus amigos, cada silencio cuando podía haber dicho la verdad. Eran gotas amargas que se habían hecho cada vez más pesadas por no haber tenido salida en su momento. Era el llanto reprimido de una mujer valiente.
Un gemido involuntario hacía estremecer su cuerpo cada pocos segundos, mientras Mary le acariciaba el pelo, la mecía y le susurraba que todo iba a ir bien.
-Tranquila.-le dijo con la misma voz que utilizaría una madre para consolar a su hija.
Poco a poco, Pepper se fue calmando aunque todavía temblaba de vez en cuando. Cuando vio que su amiga se había serenado más o menos, Mary la soltó y cogió la silla para acercarla a la de la rubia.
-¿Estás mejor?
Ella asintió, pero no fue capaz de mirar a su amiga. Prefería posponer ese momento mirando al suelo.
Aunque Mary deseaba saber las razones que llevaron a Pepper a no destapar toda la mentira, el estado de la rubia le hizo cambiar de opinión. Por ello, decidió dejar de lado ese tema, para animar a su compañera.
-Fuiste muy valiente Pep. Cualquiera no habría hecho eso.
La rubia siguió sin contestar.
-Entiendo que no quisieras decirnos nada. A saber cómo hubiésemos reaccionado si nos lo hubieses dicho.-comentó imaginándose lo que pasaría.- Pero tampoco es bueno que cargaras tú sola con ello. La próxima vez que tengas un problema, no te preocupes por el qué dirán y cuéntaselo a quien más confíes. No lo tengas para ti sola. Sé que cualquiera de nosotras hubiera guardado tu secreto sin rechistar. Bueno, no.-recapacitó.-Pero lo hubiésemos mantenido en secreto, igual, igual.
-Fui una tonta.-comentó finalmente Pepper con una voz débil.
Mary no sabía a qué se refería realmente su amiga. ¿Había sido tonta por no decirles nada a ellas o por haber querido ocultar el secreto de los chicos?
-No.-contestó Mary de forma dulce.- Simplemente no lo hiciste. No es nada malo. Hay gente a quien no le gusta hablar de sus problemas. Solo te digo que cuando estés desbordada y ya no puedas más, cuentes con alguien. Sé que yo no soy le primera en tu lista, pero seguro que Jane siempre estará dispuesta a dejar el quidditch de lado para ayudarte.
Pepper lo dudaba, pero no lo dijo en voz alta. No es qué pensará que Jane no la iba a ayuda si estuviera mal, pero la rubia sabía que el mundo de una persona no se paraba solo porque otra estuviese triste. Además, en esa época los mortifagos habían capturado a los tíos de Jane y no estaba para preocuparse de otras cosas.
-Mary, siento lo de Benedict.-dijo cambiando de tema y alzando por fin la cabeza para ver la cara de preocupación de su amiga.
-No pasa nada. Lily me ha hecho ver que tenías razón. Desde ahora en adelante intentaré cambiar mi actitud. Ves cómo no soy tan cabezota como piensas.-se burló la morena haciendo que si amiga sonriera.
-Si no fuera por "el efecto Lily", eso no hubiese ocurrido nunca.
Las dos chicas se rieron y aquello relajo la tensión que había. El efecto Lily era el nombre que le habían puesto a la habilidad de la pelirroja por hacer entrar en razón a los demás. Algo irónico, teniendo en cuenta que nadie era capaz de hacerle cambiar de opinión a ella.
-Entonces, ¿amigas?-preguntó Mary.
-Amigas.-repitió la rubia con una pequeña sonrisa.
No hubo abrazos, ni gestos de cariño, pero aquello hizo que desapareciesen finalmente todos los malos rollos que había habido entre ellas esos dos días.
Aún sabiendo que aquella pregunta haría que Pepper se volviera a poner tensa, Mary no pudo reprimir lo que le rondaba por su cabeza.
-¿Tienes pensado contarle algo de esto a las demás?-le preguntó pero ante el asombro de Mary aquello no sorprendió a Pepper.
La rubia pensó varios segundos la respuesta. "Quizá sea lo mejor. Acabar con todo esto.", se dijo a sí misma. "También hablaré con Jonah.", añadió con más decisión que antes.
De este modo, Pepper le hizo a saber a Mary que hablaría con las demás a la noche y que cuando pudiese se encontraría con Jonah.
Poco después de aquello, las dos Gryffindor salieron del aula y se separaron para ir cada a distintos lugares. Mientras que Pepper se dirigía hacia la Torre de los leones, Mary se quedo quieta mirando cómo se iba a su amiga. Entonces, recordó algo que le había dicho Jonah cuando acabaron de hablar.
"A veces cuando crees conocer una persona llega algo que te hace ver que estás completamente equivocado. Ya sea para bien o para mal".
La broma fallida
Lily y Jane se encontraban en la sala común de los leones. La primera adelantando deberes, mientras la segunda leía el ejemplar de "Deportes mágicos" camuflado en un libro de transformaciones.
-Jane, puedes pasarme el libro de plantas de Gales.-le pidió la pelirroja a su amiga.-Jane.-Le llamo la atención.-Jane.-añadió otra vez más alto.
Al ver que su amiga no le contestaba, Lily cogió su varita e hizo levitar el libro de su amiga dejando al descubierto su revista favorita. En la portada aparecía el jugador que estaba causando furor esa temporada, Oliver Muntz.
-¿No tenías prisa por acabar el trabajo de mañana?-le preguntó Lily enarcando una ceja.
Jane sonrió de forma traviesa e intentó hacer a ver sin éxito que la revista era más importante que el trabajo de McGonagall.
-Como siempre, vas a hacer el trabajo a última hora, ¿a qué sí?- le preguntó aún sabiendo la respuesta.
La jugadora asintió despreocupadamente. Aquella era su forma de estudio: Hacer los trabajos a última hora y aprobar, estudiar poco antes del examen y conseguir una buena nota. Pepper la envidiaba por ello, lo que a ella le costaba horas aprender, ella lo conseguía en minutos.
-Ya que tengo tu atención, pásame ese libro.-le dijo consiguiendo por fin que le diese lo que quería.-Por cierto, me lo parece a mí o Muntz se parece mucho a Corey Clarkson.
Tal y como había esperado Lily, Jane se puso roja al oír aquello. Al ver aquello, Lily rió divertida. Desde que les había dicho que estaba con el jugador de quidditch, ninguna de las chicas había desperdiciado la ocasión de ruborizar a su amiga en venganza de todas las bromas que había hecho ella.
Por suerte, un carraspeo llamó la atención de las dos amigas. Se trataba de Liza, una Gryffindor de cuarta que solía estar en el club de jardinería con Mary y Karen. Ella estaba de pie en frente de las dos chicas, arrugando con fuerza la carta que llevaba en la mano.
-Hola.-le saludo la pelirroja con una sonrisa.- ¿Querías algo?
-Me han enviado esto para ti.-le respondió a sin hacer caso a Lily y tendiéndole una carta a Jane.
Ella lo recogió confusa.
-¿Seguro que es para mí?
-Sí. Para ti y James. Y me han dicho que lo leáis los dos solos. Prométeme que será así.-Le exigió.
-Em. Vale, subiré a la habitación de James.-dijo Jane guardando la carta en la túnica.
-Prométemelo.-repitió dándole la mano para cerrar el trato.
Jane y Lily se miraron mutuamente y finalmente, la jugadora le dio la mano.
-Eso era todo. Adiós.-se despidió Liza sin dejar que las chicas lo hiciesen.
-Sabía que esta chica era rara, pero no tanto.-comentó Jane sacando la carta.
Lily intentó cotillearla pero la jugadora no le dejo.
-No seas cotilla.-le reprendió la morena para concentrarse otra vez en aquel papel.
Cuando leyó el nombre del remitente, un surcó apareció en su frente. Aquello inquietó a Lily, que vio cómo su amiga se giraba rápidamente para buscar a alguien en la sala.
-¡Jesse!-alzó la voz cuando encontró a quien buscaba.-¿Vas a tu cuarto por casualidad?-le preguntó al ver que se encontraba cerca de las escaleras que llevaban a las habitaciones.
-Sí, ¿por qué?-dijo el chico con desgana.
-Ya que vas, puedes decirle a James que baje. Por favor.
-Vale.-contestó con su mal humor de siempre.-Espero que no estén liándola como siempre.-añadió dando un largo suspiro.
Si James, Sirius, Remus y Peter habían tenido la suerte de coincidir en la misma habitación, Jesse tenía la desgracia de compartir ese mismo espacio con aquellos cuatro. Al contrario que los demás, no le gustaban las aventuras, las bromas, ni cualquier cosa que significase alejarse a más de 50 metros de sus preciados libros Asimismo, la actitud de sus compañeros le parecía pueril y reprobable y utilizaba cualquier oportunidad para ir corriendo a dónde la profesora McGonagall con alguna queja. Había intentado cambiarse más de una vez de cuarto, pero la profesora de transformaciones siempre lo convencía para que volviese a aquel infierno. Para que enderezase la actitud de aquellos energúmenos pensaba él.
Jesse solo tardó unos minutos en volver solo de la habitación y como siempre, llevaba uno de sus inseparables libros en la mano.
-El gandul y sus amigos no están en el cuarto. Seguramente estarán vagueando en cualquier lugar.-comentó de una forma que le hizo parecer un bibliotecario amargado.
-Gracias Jesse.-le dijo Jane.
El chico carraspeó y se marchó hacía la mesa con más libros de la sala. A su vez, las dos chicas se miraron sabiendo que las dos pensaban lo mismo. "Este chico necesita relajarse por lo menos durante un día".
-Creo que algún día los libros acabaran por tragárselo.-le susurró Jane a Lily.
Como si el destino la hubiese escuchado, las páginas del libro que llevaba Jesse empezaron a estirarse y moverse cuando lo abrió. Papel por papel fueron envolviendo al chico convirtiéndolo en una momia. Lily fue la primera en reaccionar, mientras Jane seguía mirando estupefacta como la página cobraba vida, se estiraba y envolvía al chico cual serpiente.
Con gran agilidad, la pelirroja destrozaba los papeles que cobraban vida mientras se acercaba al chico. Con voz firme, llamó a Jane, que despertó de su ensoñación, y le pidió que desatase al pobre chico mientras ella lidiaba con las rebeldes hojas.
Otros dos compañeros de Gryffindor se acercaron a ayudar a la jugadora, que miraba a su amiga atentamente. A Jane siempre le había fascinado la forma en que la pelirroja sabía resolver ese tipo de situaciones problemáticas. Siempre con serenidad y seguridad. Ella también era capaz de solucionar aquellos momentos en el campo de quidditch, pero en fuera del estadio la cosa cambiaba.
Cuando por fin se acabaron las páginas, Lily se agachó y ayudó a desatar el cuerpo agarrotado del chico que por suerte había conseguido librarse del papel que le tapaba la cabeza. Respiraba entrecortadamente y el sudor le impregnaba toda la cara roja. Con delicadeza, Jane le empapó la cara con un paño mojado, lo cual agradeció el chico con una sonrisa nerviosa que nunca habían conseguido ver ninguno de los presentes.
-¿Qué ha pasado aquí?-preguntó una voz masculina.
Lily y Jane miraron a la dirección de donde había venido la voz y se encontraron con los tres merodeadores. Justo en ese momento, las dos chicas que tapaban a Jesse se aparataron dejando que los chicos vieran a su compañero de cuarto.
-Ups.-dijo Peter.
-O no.-añadió James llevándose la mano a la cara.
-Es que no se te puede dejar solo, ratón de biblioteca.-comentó asqueado Sirius llevándose una mirada de furia de la pelirroja.
Bueno, esto es todo. Espero que os haya gustado tanto cómo a mi escribirlo. Para el próximo capítulo intentaré no tarda tanto. Jejejej. Ahora os dejo con el bonus especial- ¡Qué lo disfrutéis!
Un beso y un saludo.
El comienzo de la mentira
Eric y Jonah estaban cuerpo con cuerpo dejándose llevar por sus instintos más bajos. Los dedos de Eric rozaban la piel caliente de Jonah, provocando que el bello del chico se erizara a su paso. Jonah, en cambio, solo podía agarrar el pelo corto de su amante, mientras contenía los gemidos de satisfacción que rogaban salir de su boca.
Aquella no era la única vez que los chicos estaban juntos, pero los dos sentían cada encuentro como el primero. Ambos habían intentado no sucumbir a sus sentimientos y seguir viviendo tal y cómo debían de hacerlo. Pero una tarde lluviosa y un castigo por parte del profesor de historia, había hecho imposible guardar más las apariencias. Ese día de otoño quedó marcado como el momento en el que se liberaron de sus ataduras para poder vivir, aunque fuese efímeramente, sin las cadenas que se ponían diariamente.
Desde entonces, los chicos habían tenido el máximo cuidado para que sus encuentros fueran privados y nadie supiese su secreto. Incluso muchas veces, habían reprimido las ganas de echarse uno encima del otro, con tal de que nadie les viese por un descuido. Pero ese día había demasiado sentimiento que demostrar, demasiado amor para dar y recibir. La pasión era más fuerte que cualquiera de sus miedos y por fin, después de mucho tiempo, podían hacer realidad aquellos sueños que habían tenido por las noches debajo de sus sábanas.
Jonah, al igual que lo había imaginado en muchas de sus clases, subió la camiseta de su compañero para poder besarlo. Empezó por la zona del ombligo, subiendo poco a poco y añadiendo más intensidad a los besos que al final se convirtieron en lametones. Cuando llego al cuello, el joven puso su cara a la par del de su compañero y le robó un beso de su boca. Al terminar aquel beso se oyó un quejido por parte de Eric que no quería que aquello terminase, pero Jonah se acerco a su oreja y le susurro unas palabras haciéndole sonreír.
Aquello hizo que Eric cogiera a Jonah y lo intentase subir a una de las tantas mesas que había en el aula. Justo entonces, la peor pesadilla de los chicos comenzó. En la puerta se encontraba Gary, uno de los compañeros de cuarto de Eric.
Sin darle tiempo a reaccionar, el chico soltó a su compañero haciendo que se cállese sobre el duro suelo y se diese con la esquina de la mesa en la cara.
-¿Por qué me has hecho eso?-dijo Jonah en el suelo y sangrando por una ceja.
Este no le respondió sino que se quedo inmóvil con la mirada clavada en un punto. Jonah lo siguió y con horror pudo reconocer al mejor amigo de su amante.
-¿Qué pasa aquí?-preguntó Gary confuso ante lo que veía.
Ninguno de los dos chicos respondió, estaban demasiado aterrorizados para hacerlo y el ritmo frenético de sus latidos tampoco les ayudaba a pensar con claridad.
Por suerte, Gary había sido siempre un chico bastante cotilla e imaginativo, así que fue él mismo quien busco la respuesta a esa situación.
-Se trata de Pepper a que sí. Sabía que ella solo quería estar contigo para ser más popular.
Ni Jonah, ni Eric le respondieron, pero no hizo falta porque Gary ya había comenzado a hilar su propia historia de los hechos.
-Pensaba que cuando encontrará alguien mejor que tú, si lo hay, rompería contigo. Pero, ¿Jonah Jinx? No te llega a la suela de los zapatos. Al final va a resultar que además de una interesada, también es tonta.-opinó con despreocupación.-¿Quieres que te ayude a linchar a este idiota?
-No.-dijo Eric por fin.-Esto es un asunto entre él y yo.-continuo diciendo sin negar la versión de su amigo.
-Vale. Cerrare la puerta para que tengáis más intimidad. Si necesitas algo, avisa y traigo a los demás.
Eric asintió, mientras Jonah le miraba estupefacto.
-Dale fuerte Eric, luego si eso ya nos encargaremos de que no diga nada y no se le noten las heridas.-comentó su amigo con tono confidente.
-Cierra la puerta Gary.-le ordeno Eric con una voz fuerte.
Como le había pedido su amigo, el Ravenclaw cerró la puerta dejándolos solos.
-¿Qué ha pasado?-preguntó Jonah sin comprender la situación.
-Gary nos ha dado una historia con la que tapar lo nuestro.-le respondió Eric con un tono que carecía de sentimiento.
-Ni hablar.-opinó Jonah levantándose del suelo.- Sabes lo que le pasará a Stone si estoy sigue. Van a hacer de su vida un infierno y ella no ha hecho nada.
-Lo sé.-el Ravenclaw seguía sin mostrar ninguna emoción.
-Y entonces, ¿por qué le has seguido el juego a Gary?
-¿Qué querías que le dijese?-estalló Eric por fin.-Que estábamos enrollándonos. No sé tú, pero si alguien se enterará de esto mi mundo se haría añicos.
-Crees que mis padres o mis amigos se lo tomarían mejor que los tuyos Eric. No, pero aún así no traicionaría a alguien que me importa. O es que, ¿ella no te importa?
Eric apartó la mirada de los ojos de su compañero. No soportaba que le estuviese juzgando.
-Yo no voy a participar en esta farsa y si continúas con ella y no le dices a Pepper el porqué se lo diré yo. Ella merece saber que la has estado usando todo el tiempo.-le reprochó esperando que al final cambiase de idea, pero el chico seguía sin cambiar de opinión.
- No entiendo como he podido ser tan tonto y pensar que eras de otra forma.-dijo Jonah pensando en lo superficial y egoísta que le había parecido Eric al principio.
Aquel tono de decepción en la voz de su amante, hirió a Eric mucho más de lo que realmente aceptaría jamás. Aún así, el dolor era menor que la ira que sentía por todo lo que había pasado.
-Puede que yo no sea un santo, pero tú tampoco eres mejor. O acaso me dirás que Jocelyn sabe lo tuyo.
Jonah no le respondió, pero solo con la mirada supo que la novia ficticia de su compañero sí sabía lo que realmente sentía su novio.
-Al contrario que tú. Yo escogí a alguien que confiaba y le conté mi proble…lo que me pasaba. En realidad lo de hacernos pasar por novios fue su idea. Yo nunca le pedí que hiciese algo así por mí.
Eric se sintió cada vez más culpable por no haber negado lo que había dicho Gary. Pero ya parecía demasiado tarde cómo para enmendar su error. Sabía que si salía de allí y decía una historia diferente crearía sospechas por todo el colegio y quizá alguien podría llegar a la verdad. La única opción que quedaba para Eric era seguir adelante y herir a dos personas que lo único que habían hecho mal, era haberse acercado a él.
-No voy a dejar que nadie sepa la nuestro y destruya todo lo que tengo. Me da igual si alguien sale herido por mi culpa. Así que no te interpongas en esto o…
-O, ¿qué? ¿Me vas a pegar?-le retó sabiendo que seguramente no lo haría.
-Sí.-contestó Eric, que sin darle opción a reaccionar golpeo con su puño a Jonah en el hombro.
Aunque estaba sorprendido, Jonah no dejo que su compañero le diese el segundo golpe. Con toda la fuerza que tenía le agarro por la cintura y lo empujo hasta que los dos se cayeron encima de una silla que no pudo soportar el peso. Después de aquello los dos se enzarzaron en una pelea en la que los dos recibieron y dieron fuertes golpes. De no ser por el ruido al romper el mobiliario del aula, McGonnagal ni si quiera se hubiese enterado de lo que estaba pasando en el aula 11.
