Disclaimer: Los personajes de la saga Crepúsculo son de autoría de la fabulosa Stephenie Meyer quien nos regalo un excelente mundo de fantasía. Yo solo me acredito esta retorcida historia.


Capitulo 9: Acercamientos

Canción del capítulo: Hanging by a moment – Lifehouse

– Bella...Bella me estas prestando atención?– Ángela chasqueaba sus dedos. Había dejado de prestarle atención hace varios minutos atrás. Habían sido tantas las cosas que me habían sucedido ayer que mi cerebro aun no lograba procesar todo. Había llegado temprano a la oficina después del reparador descanso de la noche anterior. Al entrar a mi oficina un conocido aroma me recibía, alcancé a divisar a las culpables sobre el escritorio. Podría jurar que había sido Ángela quien había traído las fresias de la florería de su madre como lo hacía una vez por semana para efectos decorativos...hasta que vi la tarjeta:

Un olor tan exquisito como el de estas hermosas fresias solo puede verse eclipsado por el aroma tan adictivo de una hermosa mujer. Nos vemos esta noche...

E. Cullen...

El dueño de los impactantes ojos verdes y perfil de Dios Griego me había traído flores, no...No eran solo flores, eran MIS flores! Y el mensaje claramente denotaba anticipación y expectativa, las mismas que yo sentía. Había pasado completamente metida en mi trabajo que no me dio tiempo de agradecer a Edward por su maravilloso gesto. Cerca del medio día recibí una noticia que me golpeó, el médico de mi padre me enviaba los resultados de los últimos exámenes, no había mejoría en ellos. Pero eso no había sido la peor parte, me sugerían la eutanasia. No pude más y me encerré en el baño a llorar, eso definitivamente me superaba. Mi padre era lo único que aun me anclaba a mi realidad y su médico sugería que yo autorizara su muerte. Al cabo de 30 minutos y cuando me sentí lo suficientemente calmada para mandar a la mierda al mentado doctor, salí del baño y caminé hasta el escritorio de Ángela para pedirle que me comunicara con el Dr. Green. Fue allí cuando lo vi. Estaba elegantemente vestido en un traje sastre negro, una sonrisa ladeada se dibujo en su rostro cuando me vio cruzar el pasillo. Agradecí su gesto con un tono muy frio, y regresé a mi oficina, no tenia ánimos ni siquiera para sonreír. Hablé con el Dr. Green y después de una acalorada discusión, el prometió respetar la decisión de mantener a mi padre con vida y no volver a tocar el mismo tema.

Las horas pasaron más lento de lo esperado, me sentía ansiosa y bastante nerviosa. Me retiré a casa temprano, debía asegurarme que Charlie no se preocupara por mi salida. Me tomó poco tiempo alistarme, ya había escogido desde ayer lo que usaría, un precioso vestido que adquirí en mi último viaje a New York. No había tenido la oportunidad de usarlo por lo llamativo del color en mi situación de duelo pero tenía el presentimiento que esta sería una noche especial y debía acompañarlo de un traje especial. Era un vestido corto hasta la rodilla color rojo intenso que mostraba mis hombros al tener un delicado escote de ojal, un brazo descubierto y el otro meciendo la fina tela. Se complementaba con una cinta de raso más intensa aun en una tonalidad a juego. Y no menos importantes unas sandalias doradas con tacones de vértigo que solo volvía mas estilizadas mis piernas; mi cabello suelto en ondas y un maquillaje ligero complementaron el look. Estaba casi lista cuando Sue me anunció que Edward había llegado cerca de 5 minutos antes de lo acordado. Al llegar a la puerta lo vi parado con la mirada un tanto perdida. Al llamar su atención, volteó a verme. El se veía inmensurablemente hermoso, toda una invitación al pecado con su traje que podría jurar sería Hermes. Verlo así me dejo sin aliento, no importaba cuantas veces lo viera, mi cuerpo siempre se portaba de la misma infantil manera: mis rodillas temblaban al tiempo que mordía mi labio inferior. Un verdadero ángel que había sido puesto en mi camino cuando menos lo esperaba...pero cuando más lo necesitaba. Tuvimos una cena realmente agradable. Descubrí para mi sorpresa que Edward Cullen era como una pequeña cajita de sorpresas.

Tenía un lado sensible: Lo noté al ver en su mirada como el extrañaba a su abuelo tanto como lo hacía Alice.

Tenía un lado infantil: El verlo luchar con unos spaghettis fue el gesto más adorable que jamás había visto.

Tenía un lado dominante: Con el pequeño gesto de querer ordenar la comida por mi se podía ver que era posesivo, debo admitir que eso no me desagrado, al contrario me hizo sentir protegida.

Pero más importante que cualquiera de sus facetas, el hombre con el que estaba cenando se veía realmente interesado por mí, me sentía realmente cómoda con él. Compartí con él un poco de mi vida así como él lo hizo con la suya. La noche terminó más rápido de lo que esperaba, salimos del restaurant al inclemente clima de Chicago, realmente hacia mucho frio allí afuera y la textura de mi vestido no me ofreció mucho abrigo. Abracé mi cuerpo en el vano intento de darle calor hasta que sentí que su brazo rodeó mi espalda atrayéndome a él. Su calor se sentía realmente bien, enterré mi cabeza en su pecho para llenar mis pulmones con su aroma, aquel mismo aroma que me impactó cuando lo conocí en la puerta del edificio. Tuvimos una entretenida conversación de camino a casa, venia tan distraída que no me di cuenta que ya estábamos afuera de la misma. Edward me acompaño hasta el porche y al despedirse me beso cerca de la comisura de los labios. Entre en estado de shock a la casa, que había sido eso? Acaso podía Edward sentir las mismas sensaciones que… No, estaba volviéndome loca. Eso jamás pasaría…

– Bella, es en serio... Llevo más de media hora hablando y solo obtengo un par de ajá y ujum de tu parte. Estas bien?

– Si si Ángela, estoy bien. Solo ando algo distraída. Que decías? – fijé la mirada en las carpetas extendidas sobre mi escritorio.

– Te decía allí en tus manos tienes las opciones de la decoración para la gala de escritores. Estamos a pocas semanas y aun no hemos escogido nada referente a la decoración del lugar.

– Ummm, me parecen un tanto aburridas. Les falta algo de vida Ángela.– continué revisando las fotos que habían en las carpetas. Tétricas decoraciones de colores blancos, beige y negros.– Necesito más color.

– Pe...pero Bella, creí que este año lo harías un poco más sobrio, po...por lo de tus padres.– Ángela tenía razón, se suponía que debía mantenerlo clásico y guardar el luto por Renee, pero ayer gracias a Edward descubrí que la vida debía continuar.

– Tampoco quiero usar colores chillones y llamativos, solo necesito un poco mas de alegría. Es una gala después de todo no? Consulta con la empresa asesora y diles que te envíen nuevas decoraciones.– Junté todas las fotos y las guardé en una sola carpeta que devolví a Ángela.

– Listo Isabella, en cuanto las tenga las revisamos juntas. Tienes pensado que vas a usar?– preguntó mientras se ponía de pie.

– No, aun no. Creo que debo hacer un viaje corto a New York para revisar mis posibles opciones. Quizás lo haga el próximo mes, no quiero dejar solo a Charlie ahora.

– Bueno, voy a comenzar a trabajar en esto. En cuanto al servicio de catering tenemos una prueba la semana que viene. Mira lo tarde que es – dijo mirando su reloj– deseas que te pida algo de comer?

– No Ángela, tengo muchos pendientes.

– Isabella, no puedes dejar de alimentarte. No creas que no me doy cuenta que te saltas los horarios de comida por estar metida en el trabajo.

– Estoy bien así Ángela, además no tengo hambre.

– Voy a pedir algo ligero para mi, si cambias de opinión llámame.– Ángela salió de la oficina dejándome sola. Aun tenía 3 nuevos escritos que leer antes de que terminara el día, además de revisar y aprobar unos balances horrendos que contabilidad había traído hace poco. Poco más de una hora después escuché dos ligeros golpes en la puerta.

– Puedes pasar Ángela.– le grité desde mi escritorio. Para mi sorpresa no escuché un par de tacones acercándose a mí, sino mas bien eran pisadas fuertes como si fueran de...

– Buenas tardes Isabella, lamento desilusionarte pero soy Edward.– Demonios, mi perfecto abogado estaba parado en medio de mi oficina con un irresistible look entre casual y formal, su cabello cobrizo rebelde y sus profundos ojos verdes con los que fijamente me veía y que me tenían paralizada, como si fuera un pequeño venado asustado.

– Ho...Hola Edward, disculpa la confusión. Que te trae por aquí.– Cerré mi portátil y cruce las manos sobre mi regazo.

– Estaba revisando una información que encontré sobre Tanya y no me di cuenta de la hora. Pedí que me trajeran algo de comida china pero es demasiado para mí. Pensé que no te importaría compartirla conmigo; por lo que Ángela me dijo, aun no has comido.– La voy a matar, la voy a matar, la voy a ...matar? Bueno, su pequeño desliz de información había hecho que Edward estuviera en mi oficina compartiendo su almuerzo conmigo, así que no era tan malo después de todo.

– No, aun no he comido pero no tengo mucha hambre.– querido estomago, no me delates ahora. Tenía tanta hambre que era capaz de terminarme una vaca yo sola en ese instante.

– No importa, igual debes comer algo. Ven, siéntate aquí.– Palmeó un lado del sofá de 3 cuerpos que decoraba mi oficina invitándome a sentarme a su lado. Al instante que mi cerebro registró el olor tan característico del Sr. Perfecto Cullen, se le olvidó seguir generando la habilidad motriz de respirar, una reacción que cada vez se hacía más común frente a Edward …

Edward comenzó a sacar los envases de la bolsa de papel que había traído, tenía razón era un exceso de comida para una sola persona. Había de todo: rollitos primavera, chop suey, chuletas agridulces y una cosa rara hecha de fideos. Pero había un serio inconveniente, no veía cubiertos por ninguna lado, solo vi un par de terroríficos palitos chinos. Como si Edward tuviera el poder de leer la mente, los tomó y me los dio.

– Esto, ummm Edward yo...yo, nunca he podido usar estos– se los mostré sosteniendo uno en cada mano.

– Oh disculpa Isabella, no lo sabía. Pero anda, esta tarde vas a aprender a hacerlo bien.– Eso me sonaba a desastre.– Solo debes sostenerlos entre tu dedo índice y pulgar, para darle movilidad usa el dedo medio. Mira que sencillo es.– Edward comenzó a mover con agiles movimientos sus palitos chinos.

– Ten por seguro que voy a arruinar tu traje, tal como lo hice con el café la vez anterior.

– No, no lo vas a hacer, vamos...inténtalo. Edward me entregó la cajita de los rollitos primavera, se veían tan deliciosos que era capaz de comerlos con los dedos. Pero donde quedaba el glamour? Debía intentar al menos vencer por esta vez a los palitos chinos.

Luché con los condenados palos chinos cerca de 15 minutos, en una ocasión casi logré llevar el rollito de carne a mi boca cuando se resbaló cayendo en la servilleta que tenía en mi regazo, al menos no ocasionó un desastre

Palitos chinos 1 – Isabella Swan 0

Edward me miraba con el rabillo del ojo y sonreía. Yo bufé despacito.

– Que es tan gracioso Sr. Cullen? – levanté una ceja mientras mis ojos escrutaban su reacción.

– Que su comida, Srta. Swan parece tener vida propia.– Excelente, no solo no había conseguido impresionar a Edward, sino que ahora él se burlaba de mi. Él regresó la atención a su cajita y siguió comiendo.

Diez minutos después, la lucha con los palitos se había vuelto más encarnizada. Ya era algo personal! Era el turno de los fideos, trate de pincharlos, cortarlos, darles vueltas y aun así no lograba sacarlos de la cajita. Disimuladamente incliné un poco la cajita y comencé a empujar con los palitos el contenido hacia mi boca. No me fijé lo cercano que había dejado esas armas asesinas hasta que me lastimé el ojo derecho con uno de ellos.

Palitos chinos 2 – Isabella Swan 0

Dejé la cajita sobre el sofá como dándome por vencida y me crucé de brazos.

– La gran Isabella Swan, dueña de un enorme imperio se rinde ante unos palitos chinos?– Edward sonrió dejando su cajita a un lado y volteando a ver.

– No todos los mortales tenemos la agilidad que tienes tú y tus dedos de pianista, lo sabías? Fruncí el ceño. Edward volvió a tomar la cajita y arrastrándose despacito por el sofá, acortó la distancia. Ahora solo unos cuantos centímetros nos separaban.

– Vamos Isabella, tienes que comer.– Tomó un pedazo de chuleta y lo acercó a mi boca. Lo saboreé despacio porque estaba realmente delicioso. El me sonrió y tomó la cajita de fideos que yo había abandonado. Con maestría enrolló los fideos para nuevamente darme de comer.

– Muy bien Be..– hizo un pausa– umm Isabella, ves que no es difícil?– asentí levemente mientras masticaba. Sus ojos brillantes y su sonrisa ladeada estaban causándole serios problemas a mi ritmo cardíaco esta vez, su cercanía y aroma me estaban volviendo loca. Agreguémosle el hecho que Edward me estaba alimentando como a una niña pequeña. Resultado: estaba completamente excitada!

Repitió la misma operación 3 veces, con los rollitos, las chuletas y los fideos. Sonreía mientras lo hacía, al parecer lo disfrutaba tanto como yo.

Palitos chinos 0 – Edward Cullen 1

Unos minutos después Edward comenzó a recoger los envases vacios y los puso en la bolsa de papel. Una vez terminada su tarea, tomó una servilleta de la mesita de café y se acercó a mí incluso más que cuando me estaba dando de comer.

– Tienes...ummm... Una pequeña manchita de salsa, justo aquí.– Pasó el borde de la servilleta por la comisura de mis labios. Podía sentir que todo el color se me había subido al rostro a causa de su cercanía, nerviosamente comencé a morder mi labio inferior.– No... No hagas eso Isabella.– poso sus dedos en mi labio para así liberarlo.– Será mejor que me retiré a mi oficina. Que tengas una buena tarde.

Lo vi salir de mi oficina llevándose las bolsas vacías y cerrando la puerta. Que había sucedido? Hice algo mal? Mi mente comenzó a repasar los sucesos, al parecer todo marchaba bien. Porque entonces tuvo esa reacción tan repentina y se marcho?

El resto de la tarde paso sin novedades, pedí no ser interrumpida. Logré terminar temprano los balances, debido a que me enfoqué del todo en mi trabajo tratando de alejar de mi mente lo sucedido con Edward en el raro suceso del almuerzo. Vi el reloj, eran las 6 de la tarde del viernes. Billy como siempre ya estaría listo para partir. Tomé mi bolso y apagué la portátil, salía al pasillo rumbo al elevador cuando mi teléfono celular sonó. Era Matt...

Hola Bella– dijo con voz cautelosa.

– Hola Matt– respondí a secas.

Veo que al menos no estás tan enojada, me contestaste la llamada.– El elevador había llegado y me apresuré a entrar en él. Las puertas se habían empezado a cerrar cuando vi un portafolio negro detenerlas. Era Edward... Las puertas se abrieron en su totalidad y mi Abogado del Diablo entró. Esbozo una media sonrisa y se volteo.

– No creas que no estoy del todo enojada, pero ya se me pasó un poco.

Voy a estar fuera de la ciudad durante el fin de semana. Te parece si paso el lunes en la tarde por la oficina y salimos a tomar un café?

– Porque mejor no vienes temprano en la mañana? Así podremos conversar mejor Matt.– Me volteé disimuladamente para espiar si la expresión de Edward registraba algún cambio al escucharel nombre de Matt pero su rostro seguía siendo el mismo de siempre, aunque podía asegurar que vi en él una ligera risa malévola y una mirada...calculadora?

Ok, estaré allí cerca de las 9. Que tengas un buen fin de semana Swan.

– Tu también Stone, nos vemos el lunes a las 9. Trae las donas glaseadas.– Cerré la llamada y guardé el teléfono en el bolso. Al instante el sonidito del elevador indicaba que habíamos llegado a planta baja.

– Que tengas un buen fin de semana Isabella.– Esta vez ni siquiera se había volteado a verme, lo vi salir del elevador con paso rápido.

– Tu también Edward...tu también.– Dije en un susurro, definitivamente lo había estropeado todo. Pero como y en qué momento lo hice?

Subí al auto y pronto estuve en casa, cené con Sue, Billy y como todos los viernes con Jacob. Jacob era hijo de Billy y el encargado de cuidar el jardín de mama desde su partida. Necesitábamos seguir enviando semanalmente las fresias a la florería de la Sra. Webber, no porque necesitáramos el dinero sino porque se había constituido en toda una tradición para Renee y quería mantener vivo el recuerdo de mi madre al menos con lo que a sus adoradas fresias se refería.

Aun recuerdo la emoción de Ángela y su madre el día que abrieron la florería, representaba un sueño para ambas y mi madre... Pues, ella se encargó de ayudarlas económicamente para que lo cumplieran. Entre la Sra. Webber y mi madre se formó un vínculo impresionante en un corto periodo de tiempo; Renee le enseñó el arte de las flores que a su vez había aprendido de la abuela, mientras que la Sra. Webber compartía los secretos ancestrales de pastelería que ella había aprendido. Renee adoraba la cocina aunque fuera un desastre en ella, siempre terminaba toda bañada de harina a la hora de hacer un pastel.

Después de un relajante baño de espuma y de darle las buenas noches a Charlie, me fui a la cama. Pasé en vela la mayor parte de la noche devanándome los sesos a ver si así recordaba la posible acción que causara la súbita reacción de Edward esa tarde, pero mi cerebro no acertó a ninguna teoría, al menos alguna que fuera lógica. Durante el resto del fin de semana no hice mucho, pasé muchas horas en el estudio de la casa encerrada leyendo. Revisé mi correo electrónico un par de ocasiones, lo único interesante fue la respuesta que recibí de la agente y representante de la autora de la saga; en el mismo se mencionaba que la semana siguiente estarían en Washington. Tenían una firma de libros programadas en Seattle y Tacoma, para terminar en un festival literario llamado Spring Fest en la pequeña localidad de Richland al sur del condado de Benton. A pesar de lo ocupada que ella estaría, me alegraba saber que las ventas y las expectativas del libro no habían caído a causa de la demanda de plagio. Necesitaba comunicar estas novedades lo más pronto posible a Edward...

Edward...

Edward...

Edward...

Decimo quinto pensamiento referente a Edward registrado en las últimas 36 horas.

– Maldición! Deja de pensar en tu abogado Isabella por favor!– Bufé despacito mientras salía del estudio rumbo a la cocina. Necesitaba distraerme con lo que sea, así que ayude a Sue a preparar un pastel de chocolate.

Chocolate, como el que comieron en su primera cita.

– No me estas ayudando, no me estas ayudando!– le repetía a mi conciencia.

– Dijo algo Srta. Isabella?– Sue se había sobresaltado por el monologo con mi conciencia.

– No Sue, bahh no me hagas caso. Creo que me estoy volviendo algo loca.– Seguí batiendo la masa del pastel

Loca si... Loca por Edward Cullen

Trate de ignorar a la molestosa vocecita por lo que quedaba del fin de semana. El pastel nos había quedado delicioso, decorado con chispas de chocolate y un poco de manjar. Sue me sirvió una gran rebanada con un vaso de leche. Suspiré satisfecha después de acabar con mi rebanada y subí directo a la habitación. Una nueva semana estaba por empezar.

El día empezó con lo de siempre: una hora de caminata en la maquina del gimnasio, la ducha, el desayuno, buscar que ponerse hoy, maquillaje y peinado impecable, y saludar a Charlie. Entre a su habitación casi en puntitas para no perturbarlo.

– Hola papa, hoy es lunes. Empieza una nueva semana. Estamos a mediados de Mayo. La bolsa registra un leve aumento en las acciones de los grupos alimenticios y automotrices. El viernes revisé los balances del mes de Abril y las ventas se han mantenido estables a pesar de la demanda. No son excelentes noticias?– Podía notar que había una ligera diferencia en Charlie pero no descifraba que era hasta que alcé la mirada y vi sus ojos. Estaba tratando de parpadear.

– Papa, Charlie... Tú me escuchas?– tomé su mano entre las mías.– Papa por favor despierta, abre tus ojos...sonríe para tu niña Bella.– Mi voz se había reducido hasta casi volverse un susurro. Definitivamente eso era una señal, Charlie quería seguir luchando por su vida así que al díablo el Dr. Green, no me importaba buscar en todo el maldito país por el especialista adecuado con tal que me regresen a papa. Tomé mi bolso y me puse de pie para salir de la habitación, llegando a la puerta me despedí con la mano como si Charlie pudiera verme.

– Nos vemos a la noche papa.– Suspiré y vi la hora: 08H30 hora de partir.

Llegué a la oficina cerca de las 9, sabía que Matt estaría por llegar por lo que pedí a Ángela que nos tuviera el café listo. Prendí la portátil, quería aprovechar el tiempo y buscar en el internet el directorio de los mejores médicos del país que supieran lidiar con casos como el de Charlie. Puntual como siempre Matt llego a la hora acordada con la caja de donas. Sonreí al verlo tímidamente de pie en la puerta de la oficina.

– Vamos Matt, pasa.– Le hice una señal con la mano invitándolo a tomar asiento.

– No sabía por cual decidirme así que trae una de cada una.– abrió la caja de donas para mostrar la gran variedad que en ella había.

– Oh, está bien por mí. Adoro todos sus sabores, ahora le pido a Ángela que nos traiga el café.– Como en los tiempos de la universidad, Matt y yo habíamos adoptado la rara costumbre de tener las más importantes conversaciones siempre acompañados de donas y café. La eficiencia de Ángela no se había hecho esperar, un par de minutos después apareció con dos humeantes tazas de café.

– Como va Charlie– dijo Matt dándole una primera mordida a su dona.

– El va muy bien, esta mañana lo vi intentando parpadear. Quizás solo sea un acto reflejo pero algo es algo. Justo antes de que entraras estaba revisando en internet el listado de médicos especialistas que conocen estos casos y que pueden ayudar a Charlie.

– Y que sucedió con el Dr. Green?

– Estoy decidida a cambiarlo. Si él no confía en su paciente, no veo la razón por la cual yo deba seguir confiando en él como médico.

– Te entiendo. Me alegra saber que Charlie está bien. Umm Bella– soltó su taza de café y se sentó derecho.– me he sentido terrible estos días, yo sé que no debí obligarte a ir así tan repentinamente a la fiesta de Alice. No pensé que Charlie notara tu ausencia, por favor disculpa mi estupidez.– Soltó todo el aire contenido en sus pulmones y volvió a tomar la taza de café con sus manos.

– Se que no lo hiciste con mala intención, pero debes entender que Charlie es mi prioridad ahora y no hay nada más importante en mi mundo que verlo recuperado y feliz. Me asusté mucho ese día, solo te pido que esto no vuelva a ocurrir. Nunca más me obligues a hacer algo que no quiero, si?– Había dejado claro mi punto.

– No te preocupes Bella, no volverá a ocurrir.– Durante la próxima hora Matt y yo volvimos a ser los de siempre. Me contó que había estado en Los Ángeles durante el fin de semana en una convención sobre los trastornos alimenticios como la anorexia y bulimia. Yo le conté sobre mi semana, claro que obviando el minúsculo detalle de la cena con Edward. No soportaría que Matt también me aconsejara sobre el asunto, bastante ya tenía con la vocecita de mi cabeza. Después de comer mi tercera dona, me disculpe con Matt y fui al baño, estaba toda cubierta de azúcar. A lo lejos escuché el teléfono.

– Matt, podrías atender esa llamada por favor?– Grité desde el interior del baño.

– Listo pero la pondré en altavoz para que escuches tu también.– Lo oí descolgar el teléfono y activarle el altavoz.– Hola?

– Hola Matt, esta Isabella allí?

– Hola Ángela, ella está en el baño ahora. Necesitas algo?

– Si, aquí afuera esta el chico de reparto y tiene algo para ella.

– Hazlo pasar por favor, yo firmo el recibo por ella. Gracias.– Lo oí regresar el teléfono a su posición inicial. Al salir del baño pude divisar al chico de repartos y a Matt con un inmenso bouquet de...fresias?

– Creo que esto es para ti.– Dijo Matt frunciendo el ceño. Sacó la pequeña tarjeta que venía con las flores y la leyó mientras me extendía las fresias.

Para la dueña del más inconfundible aroma del mundo. Que la belleza de estas fresias sirvan para recordarte lo hermoso de tu corazón. Excelente inicio de semana.

E. C.

Santo Dios! Esto no es real, eso no es real... Esto no me está pasando a mí!

– Quien es E.C?... Bella?– Traté de abrir la boca para responder a su pregunta cuando el chirrido de la puerta y unos pasos me desconcentraron.

– Buenos días Isabella, oh... Lo siento. No pensé que tenías compañía. Solo pasé a decirte que tengo excelente noticias en cuanto al médico de tu padre, hablé con mi padre anoche y él me mencionó sobre algunos conocidos fuera de Illinois. Carlisle quiere tratar el tema personalmente contigo así que te invita a cenar en casa mañana en la noche.

– Si, si... Claro Edward, yo... Yo estaré allí– Dije nerviosamente mientras trataba de ocultar las flores.

– Listo, voy a decirle a Esme que prepare espuma de chocolate.– sonrió mientras me guiñaba un ojo.– Bueno, no interrumpo más, que tengas un buen día.– lo vi retirarse hacia la puerta con un andar felino y de mucho garbo, justo cuando estaba por abrirla se volteó.

– Por cierto, lindas flores.– Sonrió para salir de inmediato de la oficina. Dios, me voy a desmayar... No, mejor quiero vomitar, sentía que iba a morir. Estaba segura que estaba hiperventilando mentalmente. Qué rayos había sido eso? Matt seguía con su mirada puesta en mi como esperando una respuesta.

– Edward Cullen– susurré desviando un poco la mirada y dirigiéndola al piso

– Si, Edward Cullen es el que acaba de entrar, si se quien es.– Matt no me estaba entendiendo.

– Edward Cullen es E.C. Matt.– pude escuchar el clic al interior de su cabeza.

– El envío estas flores? Porque lo hizo? Que está pasando aquí que yo no sepa aun? Isabella, que ocurre entre Cullen y tú?– En cada cuestionamiento Matt alzaba una octava su voz mientras que su rostro se tornaba en una tonalidad algo verde.

– Na…nada! – dije con voz algo temblorosa.

– Bella, no me gusta para nada ese tipo. Hay algo raro en el... Edward Cullen te mira de una manera extraña. No lo has notado?

– Son alucinaciones tuyas Matt, deja un poco la paranoia. Además entre él y yo no hay nada, soy su cliente y el mi abogado, punto.– esperé con eso dar por terminado el tema.

– Hay algo que no me estás diciendo Bella, y quisiera saber porque lo estas ocultando. Pero no te voy a presionar con ese tema, ya me lo dirás cuando estés lista para hacerlo.

– No tengo nada que contar Matt, no necesitas hacer un psicoanálisis conmigo.– Mi amigo realmente me conocía, era pésima ocultando las cosas. Además, como psicólogo era como un radar de mentiras.

– Bueno, vamos a dejar que trabajes en paz. Tengo una cita con un paciente a las 11 y necesito irme ya para no retrasarme. Que tengas un buen día.– Lo vi ponerse de pie y salir de la oficina. Matt se había comportando de una manera muy extraña. Llegar a comprender a los hombres podía volverse toda una misión imposible, primero Edward y sus reacciones bipolares; y ahora Matt. Y dicen que las mujeres somos complicadas. Baahhh puras patrañas! Decidí no pensar más en el asunto ya que debía enfocarme en lo que realmente era importante ahora: mi trabajo.

La gala anual de escritores estaba peligrosamente cerca y había mucho que hacer. Coordinar un evento así era una titánica tarea, era la primera vez que lo hacía y me sentía realmente perdida. Había estado en estas fiestas desde muy pequeña como parte de la tradición de la familia Swan, pero jamás imagine la cantidad de esfuerzo tras bastidores. Listas de invitados y sus invitaciones, prensa, comida, decoración, publicidad, música, y la lista continuaba. Así pase todo el día hasta que llegó la hora de irse a casa.

Llegue completamente rendida cerca de las 8 de la noche, solo pedí que Sue me hiciera un sándwich de mantequilla de maní y lo subiera a la habitación. Cerca de 30 minutos después ya estaba lista para ir a la cama, hice una corta visita a Charlie y me retiré a la habitación a descansar.

A la mañana siguiente me desperté muy cansada, sentía que había dormido apenas minutos durante toda la noche, había tenido un sueño muy extraño que se repetía una y otra vez: Veía unos expresivos ojos verdes llenos de lagrimas, a lo lejos un piano se escuchaba, y una aterciopelada voz que repetía: Mi dulce Bella. No lograba ver el rostro de aquel hombre aunque su voz... Esa voz era capaz de distinguirla a mil kilómetros de distancia. Era la de Edward...

Era un sueño ilógico, pero tendría algún significado? Decidí no prestarle atención y comencé a subir el ritmo a la maquina caminadora. Después de la ducha ya estaba lista para el ritual diario hasta que recordé que hoy no era un día normal. Iba a cenar en casa de Edward.

– Demonios– gruñí bajito.– Y ahora que se supone debo usar?– Estuve ridículamente de pie mirando mi vestidor por más de 20 minutos. – Vamos Isabella no es tan difícil, solo escoge uno y ya... Porque das tanta vuelta? Es solo una cena.– Me traté de dar ánimo.

Debido a mi alto nivel de indecisión, finalmente encontré lo que estaba buscando: era un Halston de la última colección de verano, era el vestido ideal, blanco hasta la rodilla con un escote en V muy disimulado pero elegante y mangas largas pero ajustadas. Para darle un toque de distinción lo acompañé de un cinturón tejido Chanel en color dorado y unos Jimmy Choo del mismo color. Me sentía linda, perfecta para causar una buena primera impresión.

– Buenos días papa, esta noche tengo una cena importante por lo que voy a llegar más tarde y quiero que no te preocupes por ello. Voy a hablar con el Dr. Carlisle Cullen, tengo el presentimiento que él nos puede ayudar. Prometo pasar por aquí en cuanto llegue.– Pase una mano por su cabello, se lo veía tan pacíficamente dormido.– Te quiero Charlie, adiós. – A pesar de que se me había hecho algo tarde esa mañana no podía dejar de pasar por la habitación de Charlie antes de salir.

Ya en la oficina decidí continuar con los preparativos de la gala, sentía que por fin estaba empezando a tomar forma. Era una prueba de fuego para mí y quería que todo salga perfecto. Estaba revisando el listado de escritores que este año estarían presentes cuando recibí un correo electrónico.

Los palitos chinos decidieron darte tregua, prometo no los usaremos en la cena de esta noche en casa.

Edward.

Sonreí al ver lo espontaneo de su correo y decidí responderlo.

Muy gracioso Edward, aunque debo reconocer la amabilidad de los palitos chinos en esta ocasión. Recuérdame enviarles una tarjeta de agradecimiento.

Bella

Unos minutos después llego su respuesta….

No les des todo el merito. Me costó conseguir que se rindieran pero como un

buen abogado gané la batalla y defendí tu honor.

Edward.

Vaya, vaya, vaya... Sr. Perfección Cullen estaba tratando de impresionarme. Respondí:

Lo tendré presente entonces en mi lista de navidad…

Por cierto, gracias por las fresias de ayer.

Bella.

Volví a concentrarme en mi trabajo, ya que Edward no volvió a responder. Al llegar el medio día pedí a Ángela una ensalada ligera y almorcé dentro de mi oficina. Al finalizar la tarde eran pocos los detalles que me faltaban por chequear pero los dejaría en manos de Ángela, estaba segura que ella haría un trabajo excelente. Pasadas las 6 de la tarde sonó el teléfono.

– Isabella?– Esa voz, esa voz, esa era la voz que me estaba llevando pasito a pasito a la demencia total.

– Hola Edward– mi voz salió más débil de lo que esperaba.

– Lista para irnos?

– Si, termino con un par de cosas y nos podemos ir.– Rayos, había olvidado decirle a Billy que no me esperara. Debía llamarlo y decirle que vaya a casa.

– En 15 minutos voy por tu oficina entonces.– Al cerrar con Edward llamé a Billy para que se retirara a casa. Apagué la portátil y decidí retocar mi maquillaje antes de que llegara Edward. Lo escuché entrar a mi oficina y caminar hasta mi escritorio.

– Isabella, estas aquí?– preguntó acercándose al baño.

– Si, si. Dame un segundo.– Me vi al espejo por última vez antes de salir. Mentalmente me di dos palmaditas en la espalda para infundirme ánimo y salí.

– Isabella, te ves...maravillosa.– Dijo con su voz aterciopelada. Edward me regalo una mirada intensa y una sonrisa. Se veía espectacular en un terno que reconocí como un "Valentino", que bien que le quedaban los trajes de diseñador a Edward! Pantalones y corbata gris, camisa blanca, y saco negro, realmente se lo veía tan elegante, tan apuesto, todo un dios heleno.

No confiaba en mi misma, si abría la boca para agradecerle al instante sabía que terminaría balbuceando cualquier cosa. Me limité a asentir, y tomando mi bolso caminé a la salida. El me siguió e hicimos el trayecto en silencio. Por dentro me moría de pánico, estaba a punto de entrar en crisis de nervios. En menos de una semana esta sería mi segunda cena con Edward, era casi como la segunda cita.

...Segunda cita...

Hasta ahora el privilegio de tener una segunda cita solo había sido reservado para mi dentista en Seattle, cuando tuve que hacer el tratamiento de mis muelas cordales. Que patética mi vida! Llegamos a su auto, abrió la puerta y me ayudó a entrar, un instante después íbamos ya en camino a la casa de los Cullen.

– Día pesado ah?– habíamos permanecido algunos minutos en silencio, por lo que su repentina voz me tomó por sorpresa y me hizo sobresaltar.

– Algo así, tengo muchas cosas pendientes y poco tiempo para hacerlo.– me encogí de hombros, de solo pensar que algún detalle de la gala pudiera salir mal me provocaba escalofríos.

– Me imagine algo así, he visto que has trabajo 2 días seguidos a puerta cerrada. Algún evento importante?– preguntó Edward levantando un poco la ceja.

– Si, en unas cuantas semanas será la Gala Anual de Escritores de Swan Editors y es la primera vez que la organizo. Es toda una tradición.

– Una tradición? A que te refieres?

– Desde muy pequeña asistir a la gala representaba todo un evento, me obligaban a vestir ridículos vestidos y a estar en medio de gente que no conocía. No fue hasta que mi padre se mudó a Seattle que comprendí la importancia de este baile para nuestra familia. Era una verdadera celebración a la tenacidad y a la perseverancia en los tiempos difíciles para Swan Editors y para la familia Swan en sí.

– Tiempos difíciles? Una corporación tan grande como la tuya en crisis? Eso es casi imposible Isabella.

– Te equivocas, hubo una que casi quiebra a la empresa. Fue la crisis que afectó a toda la industria literaria a mediados del 50. La situación de la editorial era realmente mala, incluso se agravó con la salida del socio del abuelo, era su mejor amigo y él lo abandonó.– Vi a Edward agarrar fuertemente el volante y hundir el pie en el acelerador. Su semblante cambio al instante, parecía tener una mirada enfurecida.

– Su socio y mejor amigo lo abandonó? Como pudo hacerle eso? Como se llamaba? – Desvió por un momento su mirada y vi como sus ojos habían adquirido un tono muy oscuro. Que le estaba pasando a Edward?

– No lo sé, el abuelo nunca me dijo su nombre. Creo que era porque siempre vivió resentido con el por hacerle eso. El nunca se llevo su dinero invertido, solo un día desapareció.

– Nunca te ha interesado saber quién era? El hizo sufrir a tu abuelo Isabella.– Edward bajó un poco la velocidad y comenzó a hablar en tono más pausado.– Al menos saber su apellido o algo así.

– Si el abuelo nunca me lo contó es porque quizás nunca quiso que lo sepa. Aunque me he visto tentada a ir a la biblioteca de la editorial para averiguarlo.

– La editorial tiene biblioteca propia?– preguntó asombrado.

– Sí, bueno no es una biblioteca en todo el sentido de la palabra pero contiene información importante. Allí guardamos todas las primeras ediciones de los libros publicados, además de las condecoraciones y premios ganados. Hay un área especial que guarda todos los primeros diarios del abuelo cuando recién fundó la empresa con su socio. Quizás allí aparezca su nombre. A pesar de todo el abuelo logró salir adelante, tenía a su lado a la abuela. Esa es otra de las razones por las cuales celebramos la gala: El amor. En la primera gala organizada por la editorial mi abuelo conoció al amor de su vida.

– Que interesante historia la de la familia Swan. Tu abuelo entonces conoció a su futura esposa ese día?...– Edward se veía realmente interesado en el pasado de mi familia. Para ser sincera yo no conocía toda la historia, pero si recordaba las partes que el abuelo Charlie me había contado.

– Si, mi abuela Marie. Ese día el abuelo Charlie quedó prendado de ella y en menos de un año se casaron y ella quedo embarazada de papa. Hubo muchas complicaciones en el parto, y ella no sobrevivió. Mi abuelo nunca logró aceptar su partida, te imaginas un hombre solo a cargo del cuidado de un bebe? Además la editorial recién estaba saliendo de superar la crisis y el abandono del otro socio.

– Debió ser realmente duro pasar por eso. Ahora entiendo entonces la importancia del evento.– Estábamos casi por llegar a la casa de Edward, lo reconocí al entrar por el sendero que Matt había entrado ese día.

– Si, realmente todo debe salir perfecto ese día. Sería como honrar la memoria del abuelo y de mi madre. Aun me quedan cosas por revisar, pero en términos generales esta casi lista. Solo me queda un pendiente, debo hacer una visita a New York en unas semanas para hacerme cargo de un pequeño detalle.

– A New York?– preguntó asombrado.

– Si, es que mmm... Aun no se que usar ese día.– dije casi en un susurro. Edward sonrió divertido.

– Entonces Alice debe ser de gran ayuda, hace poco regreso de allá y como diseñadora debe conocer todas las nuevas colecciones.

– Crees que ella haría eso por mí, Edward eso sería increíble. Ya sabría que buscar y donde hacerlo.– Edward aparcó el volvo y me ayudó a salir.

– Porque no se lo preguntamos ahora?– La casa de los Cullen se veía diferente a esa noche, no tan iluminada pero igualmente majestuosa. Edward abrió la puerta y me invito a pasar. La casa era realmente acogedora, porque no me fije ese día lo hermosa que era?

Porque estabas tan afectada por la presencia de Edward que podrías haber estado

en la Casa Blanca sin darte cuenta.

La vocecita de mi cabeza tenía razón, fueron tantas las cosas que me sucedieron ese día que ver la decoración interior de la casa de los Cullen era la menor de mis preocupaciones. Edward tomó mi bolso y lo guardó en el perchero junto a su abrigo. Delicadamente y como si fuera el mas natural de los actos como comer o dormir, posó una mano en mi cintura y me invitó a seguirlo. Llegamos al área del comedor donde una mujer de cabello color caramelo estaba terminando de poner la mesa. Ella no se percató de nuestra presencia, por lo que Edward carraspeó un poco para llamar su atención.

– Hola mama, ya estamos en casa.– La madre de Edward caminó hasta nosotros con una gran sonrisa, era una mujer bellísima. Tenía el color del cabello de Edward solo que un poco más claro, un rostro en forma de corazón y una piel blanca como la de Alice y Edward.

– Hijo, llegaron justo a tiempo. Tu padre llegó hace unos minutos con Alice. Entiendo que esta hermosa señorita es...?

– Isabella, Isabella Swan, pero puede llamarme Bella.– extendí su mano para estrecharla cuando ella acortó la distancia y me abrazó, había algo con esta familia que los hacía especiales. Primero había sido la espontaneidad de Alice, ahora la cariñosa acogida de...

– Hola cariño, soy Esme la madre de Edward.– dijo como leyéndome el pensamiento.– Es un gusto conocerte, Alice no para de hablar sobre lo maravillosa que eres.–...Alice... Sentí cierta decepción al saber que había sido Alice y no Edward quien había hablado a Esme de mí. Ves Isabella? No hay porque tener falsas esperanzas. Edward jamás te verá como una mujer.

– Mucho gusto conocerla Sra. Cullen, tiene una casa maravillosa.– Pude verla esbozar una sonrisa, sin duda esa sonrisa era la marca registrada de los Cullen aunque a ninguno se le veía ni remotamente irresistible como la Edw... Ya basta Isabella, concéntrate antes de que se te escape decir alguna estupidez.

– Esme, puedes decirme solo Esme cariño. Por qué no toman asiento unos minutos mientras aviso a Carlisle que ya están aquí?.– Ella se alejó rápidamente y desapareció por las escaleras.

– Disculpa a mi madre Isabella, ella es un poco efusiva en sus muestras afectivas, al igual que Alice.– Edward me condujo hasta la sala de la casa. Cómodos sillones y un mullido sofá blanco daban la bienvenida, el área estaba un nivel más bajo que el resto de la casa, unas hermosas escaleras de mármol conducían hasta ese lugar.

– No te preocupes Edward, al contrario... Realmente aprecio la acogida de tu familia, apenas me conocen y ya me hacen sentir.– dude por un segundo.– como en... casa.– finalicé. Lo vi sonreír y guardamos silencio uno momento. Nuestros silencios no eran incómodos, al contrario... Eran reconfortantes. Nos dábamos miradas furtivas como queriendo decir mucho pero sin decir nada a la vez. Nos invadió una atmosfera realmente cálida, no había notado que la sala tenía una imponente chimenea hecha de piedra. Fije mí mirada un par de segundos en las pequeñas chispas de fuego que salían de la chimenea.

– Un dólar por tus pensamientos.– la voz de Edward me trajo de regreso a la realidad, había tomado mi mano. Nuevamente la electricidad se hizo presente en su toque, pero no era desagradable. Era más bien exquisita...

– Ummm recuerdos, solo estaba recordando un poco a mi madre.

– La extrañas mucho?

– Si, hay muchas cosas que extraño de ella, pero hay una en especial que extraño de verdad. Cuando era pequeña solíamos leer novelas de misterio frente a la chimenea con una taza de chocolate caliente en nuestra casa en Forks y luego en Seattle. Nuestras favoritas eran las de Anne Rice.

– Anne Rice? Creo que tu vida está rodeada de vampiros Isabella.– Sonreí al escuchar su graciosa afirmación. Escuché unos pasos acercarse a la estancia.

– Ese debe ser mi padre.– Edward soltó mi mano y se puso de pie. Efectivamente era el padre de Edward, el Dr. Cullen a quien Alice me presento el día de la fiesta.

– Isabella, te presento a mi padre el Dr...– interrumpí a Edward en su presentación

– Carlisle Cullen, un gusto volverlo a ver Dr. Cullen.– Vi como los ojos de Edward se abrieron como platos.

– Tu conocías a mi padre Isabella?– Edward se notaba algo ansioso.

– Si, Alice me presento a esta adorable señorita el día de su fiesta de cumpleaños cuando ella se estaba retirando de la misma. Un gusto volverte a ver Isabella.

– Bella, solo Bella Dr. Cullen.– Aunque mi nombre no me desagradaba me parecía muy largo, así que cariñosamente mi madre lo acortó a Bella y me gustaba como sonaba. Todos se habían acostumbrado a llamarme así, mmm bueno no todos, había una excepción ahora: Edward. Desde que nos conocimos siempre me ha dicho Isabella aun cuando ha escuchado que todos me dicen Bella. Habría algún razón especial para no decirme Bella? Tampoco le había especificado que quería que me dijera Bella, o quizás es su manera de mantener la distancia entre nosotros. Una razón más para verlo solo como tu abogado, estúpida Isabella.

– Entonces yo soy solo Carlisle mi querida Bella. Edward me comento del caso de tu padre y creo que puedo ayudarte. Pero que les parece si mejor pasamos al comedor? La cena esta lista.– Salimos de la sala y cruzamos el recibidor hasta llegar al comedor. Allí ya estaba Alice ayudando a Esme a servir la cena, quise ayudar como lo hago con Sue y me acerqué a la cocina.

– No, no, no querida. Por favor toma asiento.– dijo Esme al cortarme el paso. Sentí un par de manos tomarme por la cintura y acercarse desde atrás.

– A Esme le gusta consentir a sus invitados Isabella, y tú eres uno muy especial.– susurró a mi oído y se alejo inmediatamente. Dios, sentía mis piernas débiles y el corazón latiendo a mil. Había en su voz un inconfundible toque sensual, y que estaba siendo capaz de llevarme a la nube 9 del 14avo cielo y aplaudir emocionada desde las alturas. En medio de mi trance vi a Alice salir de la cocina con una gran sonrisa.

– Bella, que alegría verte. Ven, toma asiento aquí.– Alice me tomó del brazo y me llevo a la mesa. Edward retiró la silla y me ayudó a sentar, él se sentó a mi lado. Carlisle quien había desapareció desde que subimos de la sala ya estaba sentado en la cabecera de la mesa.

– Bella, la situación de tu padre es difícil pero no imposible de tratar.– comenzó a hablar Carlisle y yo dirigí mi atención a él.– conozco algunos casos así, y todos han salido del coma con éxito. Explícame un poco la condición actual de tu padre.

– Bueno.– respiré profundamente y empecé a hablar.– Mi padre está en coma hace poco mas de 9 meses, después del accidente tuvo una cirugía cerebral de emergencia. Unos meses después aunque seguía inconsciente respiraba solo y no necesitó más aparatos conectados a su cuerpo, pero no hubo más avances que esos. Hace un par de días lo vi mover un poco los ojos.

– Entonces esos son excelentes avances Bella, tu padre podría salir de esto muy pronto. Respóndeme algo, que tal es tu relación con él? Cuan a menudo estas con tu padre?

– Dos veces al día como mínimo, en la mañana y en la noche al llegar de la oficina. Hablo con él y tomó siempre su mano.

– Entonces tu padre no puede estar en mejores manos. Tú estás haciendo regresar a tu padre Bella; ahora, con el debido tratamiento él debería despertar en pocas semanas.

– Crees que eso sea posible Carlisle? El Dr. Green dice que las esperanzas que eso suceda son escasas o casi nulas.

– Ah, el viejo Dr. Green. Creo que es sabia tu decisión de obtener una segunda opinión médica. Mira, preparé para ti un listado telefónico de todos los doctores que tratan casos parecidos en la costa Oeste, puede que sea un poco lejos pero fue lo mejor que pude hacer.– Extendió su mano para entregarme un sobre, supongo contenía la información de la que me había hablado.

– Muchas gracias por esto Carlisle, aprecio mucho lo que estás haciendo. Voy a revisarlo en cuanto llegue a casa.

– Eso sí Bella, por ningún motivo debes dejar de hablarle a tu padre. El te escucha aunque no lo creas. Vas a ver que pronto va a despertar.– El tono que uso Carlisle estaba provocando que mi corazón estallara de emoción, al decir que mi padre se despertaría pronto, no lo decía como esperanza sino como certeza.

– No pienso hacerlo Carlisle, si puedo ayudar a Charlie a salir de esto tan solo hablándole soy capaz hasta de recitarle el himno nacional en todos los idiomas.– Escuché la risa musical de Edward junto a mí. Volteé un poco mi mirada para verlo y lo encontré viéndome fijamente. Un ligero sonrojo subió hasta mis mejillas.

– Bueno, es hora de cenar. No sabía cuál es tu comida favorita Bella pero Edward sugirió pasta.– Sonreí y vi de reojo como Edward lo hacía también.

– Excelente elección.– Sin más que decir agaché la cabeza un poco y comencé a servirme los spaghettis. Estaban acompañados de una salsa de especias deliciosa. Durante la cena Alice comentaba emocionada sobre los nuevos diseños en los que estaba trabajando. Se notaba que amaba su vocación de diseñadora.

– Isabella, porque no le dices a Alice lo que veníamos hablando en el auto?

– Esto… ummm, bueno… Lo que sucede es que en pocas semanas será la Gala Anual de Escritores de la editorial y necesito encontrar el vestido perfecto. Tengo planeado un viaje a New York y Edward cree unos consejos tuyos no me vendrían mal.

– En serio Bella? En serio vamos a ir a New York de compras? Oh por Dios Edward qué emoción!.– Alice estaba casi gritando mientras aplaudía y daba pequeños saltos en la silla.– Bella podemos ir a la Quinta Avenida, conozco las nuevas colecciones de casi todos los diseñadores que tienen sus tiendas allí.

– Mi madre solía tener un asesor de modas en New York pero no recuerdo su nombre y mucho menos su dirección, si no es ningún problema para ti me gustaría que me acompañes.– Al instante vi como Alice salió disparada de su silla y se acercó hasta mi dándome un abrazo que casi hace que las dos nos caigamos de la silla.

– Gracias, gracias, gracias Bella. Eso va a ser muy divertido.– Sus pequeños brazos me apretaban tanto como podían, la situación me parecía graciosa. Alice estaba verdaderamente emocionada por gastar dinero?

– Bella, tengo tantas ideas para ti.– Finalmente me soltó y volvió a su silla, yo le sonreí.

– Debes entender a Alice Isabella, ella se cayó y se golpeó la cabeza repetidas veces cuando era bebe.– Alice cruzó los brazos sobre su pecho y le hizo una ligera mueca, enseguida soltó sus brazos y apoyó sus codos en la mesa mientras descansaba el mentón sobre sus palmas abiertas. Yo hasta tanto yo seguía comiendo, enrollé un poco de spaghetti y me lo lleve a la boca

– Tienes que contarme todo lo que te gusta usar: colores, formas, texturas, patrones. Estoy segura que vamos a encontrar el vestido ideal para ti, vas a lucir hermosa ese dio Bella.– Asentí ligeramente al no poder hablar porque seguía masticando mi spaghetti, un segundo después sentí una fría mano tocar mi rodilla por debajo de la mesa. Era la mano de Edward quien sonriente me miró…

– Isabella se ve hermosa con cualquier ropa que ella luzca, Alice.– Sentí como los trozos sin masticar de pasta se atoraron en mi garganta. Comencé a toser del susto, Edward retiró su mano de mi rodilla y comenzó a darme ligeros golpecitos en la espalda.– Isabella estas bien?.– Santo Dios, Edward está loco o qué? Como se le ocurre preguntarme si estaba bien después de lo que acababa de hacer, claro que no estoy bien! La bipolaridad de este hombre me estaba empezando a asustar.

– Toma un poco de agua cariño.– Esme se había acercado con una copa de agua a auxiliarme. Si tan solo supiera que casi muero atorada por la culpa de su hijo. Tomé un gran sorbo y comencé a respirar pausadamente. Alice sonreía divertida.

– Ya estoy mejor Esme, gracias.– Esme regresó a su puesto y la cena continuó sin problemas. Carlisle hablaba de su trabajo como cirujano del hospital St. Mercy de Chicago y Esme relataba su día en el estudio de arte donde estaba restaurando unas antiguas piezas de una iglesia de la ciudad. Compartir una cena tan íntima con ellos me hizo querer una familia igual a la de Edward, una tan normal y sin tanto dolor como la mía. Después de un rato Esme sirvió el postre: Espuma de chocolate, la que casi devoré por lo deliciosa que estaba

– Porque no pasamos a la sala a tomar un café?.– Esme se puso de pie y comenzó a retirar los platos. –Edward, porque no me ayudas a levantar todos los platos y a preparar el café?.

– Claro Esme.– Edward se puso de pie y retiró mi plato casi vacío. Carlisle se disculpo y dijo que se nos unía en la sala después de un rato. Nos quedamos solas Alice y yo en la mesa. La vi ponerse de pie casi al segundo que todos abandonaran el lugar.

– Bella, vamos a la sala.– Alice me tomó del brazo y me llevo casi a rastras. Al llegar nos sentamos en el mullido sofá blanco donde Edward y yo nos habíamos sentado previamente. Alice movía nerviosamente sus manos, como si quisiera decirme algo. Al final lo soltó.

– Bella, que está pasando entre Edward y tú?.– Si hubiera estado comiendo juro que me volvía a atorar – Vi de reojo lo que Edward hizo debajo de la mesa.– Eso había sido suficiente para que mi rostro se llenara del más vergonzoso sonrojo.

– Na…nada Alice, entre Edward y yo no pasa nada. Lo que viste me sorprendió hasta a mí.– Bajé un poco la cabeza. Era definitivo, nunca más volvería a pisar la casa de los Cullen, que vergüenza con ellos.

– Tengo el fuerte presentimiento que ustedes van a terminar juntos, algo me lo dice. Créeme, Alice Cullen nunca se equivoca, además están todas las señales juntas, Edward nunca había traído a nadie a la casa de mis padres y de pronto avisa que va a venir a cenar a casa esta noche.– Dijo Alice con una sonrisa de complicidad, se la veía tan emocionada que solo faltaba que diera brinquitos de felicidad en el sofá. Para ser sincera no entendía su exceso de emoción por lo que ladeé un poco la cabeza en señal de confusión, que tenia de espectacular eso?– Bella, Edward no cena en esta casa hace algunos meses, y ahora viene contigo. No te parece un tanto…extraño?.– Dijo Alice como si sus palabras fueran lo más obvio.

– Quieres que te diga la verdad? Toda mi vida me parece extraña desde que conocí a Edward.– Alice comenzó a reírse y yo la acompañe. A pesar de todo era cierto, mi vida se había vuelto caóticamente hermosa desde que Edward llego a ella. Aun seguíamos riéndonos cuando escuchamos a Edward y a Esme entrar con la bandeja de café. Tomaron asiento y Alice se sentó en el piso, se acercó a gatas hasta la mesita de café y sacó de ella una caja de madera. Era una tabla de ajedrez.

– He practicado mucho para la revancha mi querido Edward, esta vez la victoria es mía!– Edward sonrió y se sentó en el piso al igual que Alice.

– Cuando será el día que te des cuenta que a Edward "genio del ajedrez" Cullen nadie le puede ganar?– Alice le sacó la lengua y comenzaron a jugar. El tomó las piezas negras y Alice las blancas. Estaba absorta de ver la rapidez de los movimientos de ambos. Parecían sacados de una competencia de esas que salen en la TV. Edward ganó las tres primeras partidas a Alice, pero la pobre aun no se daba por vencida. Entre jugada y jugada Edward alzaba su mirada y me sonreía, se lo veía feliz. Unos minutos después sentí unos brazos rodeándome, era Esme

– Gracias por traer de vuelta a mi hijo Bella, es como si lo estuvieras trayendo de regreso a la vida, estoy muy agradecida.– Dijo casi en susurro. No había notado la presencia de Carlisle en la sala hasta que lo vi sentado junto a Esme, el también me sonreía.

– Yo… yo…– yo no sabía ni que decir. Era Edward quien me estaba regresando a la vida después de un letargo de 9 meses. Era él quien me estaba salvando, no yo a él.

– No es necesario que digas nada hija, pero muchas gracias en serio por lo que estás haciendo con él. Lo que sea que fuera, está funcionando.– Esme me soltó y seguimos viendo a Alice y a Edward jugar, el estaba tan concentrado que nunca se fijó la conversación que había sostenido con su madre. Después de una medía hora y tres partidas más perdidas de Alice, sin quererlo bostecé a causa del cansancio. Edward me había visto y al instante se puso de pie.

– Hey…! A dónde vas Edward, estoy a punto de ganar y te retiras? Tramposo!.

– Es hora de llevar a Isabella a casa, está cansada y mañana tiene que levantarse temprano.– Edward me extendió el brazo y me ayudó a ponerme de pie. En realidad no quería irme pero estaba cansada y debía ir con Charlie antes de que se preocupara.

– Ha sido un placer tenerte en casa cariño, tienes que prometerme que vendrás nuevamente.– me susurro al oído Esme mientras me abrazaba, asentí levemente mientras me separaba de ella. Carlisle también se me acercó y dijo que en caso de tener cualquier consulta sobre el listado que me había proporcionado que lo llamara sin dudar. Alice se puso de pie y también me abrazo para despedirse.

– Voy a hacer algunos llamados Bella para separar citas para pruebas de vestidos en New York, te parece bien si vamos en unas 3 semanas?

– Está perfecto, aun hay tiempo y quiero ocuparme de otras cosas primero. Muchas gracias Alice. Ha sido una noche agradable, gracias a todos.– Me despedí haciendo un gesto con la mano y salimos de la sala. Edward estaba callado, como pensativo. Se mantuvo así al menos la mitad del camino a mi casa.

– Ahora es mi turno, un dólar por tus pensamientos.– bromeé para romper el silencio que reinaba en el auto.

– No pensaba en nada en especial.– Su mirada se fijo en mí por unos segundos y luego volvió a mirar al frente.

– Me divertí mucho esta noche Edward, gracias…– Volteé un poco la cabeza y fije la mirada en la carretera.

– Me alegra que así haya sido.– Seguimos en silencio hasta llegar a casa. Edward aparcó el auto en la entrada de mi casa y me ayudó a bajar. Como la vez anterior me acompañó hasta el porche de la casa. Recordé entonces que había algo importante que debía decirle…

– Edward por cierto, recibí un correo electrónico de la agente de la escritora de la saga. Ella va a estar algo ocupada, por lo que resta del mes estará en toda el área de Washington y va a ser imposible traerla a Chicago. Creí que debías saber este dato para ver que podríamos hacer.– Lo vi sonreír y di un paso hacia atrás alistándome para entrar a casa, comencé a morder mi labio nerviosamente y fue en ese momento que sentí sus manos acercarme un poco a él tomándome de la cintura.

– No Isabella, no te muerdas el labio así... por favor.– Al igual que la vez anterior, liberó con sus dedos la presión con la que yo lo tenía sujeto. Lentamente, se acercó a mi oído y me susurró con su voz de ángel.– Entonces si la escritora no viene a Chicago…nosotros vamos donde la escritora.– Se separó de mi y tomando mi mano la besó.– Hasta mañana Isabella, que descanses.

Lo vi alejarse rápidamente y subir al volvo. Arranco a toda velocidad y en pocos segundos desapareció al final de la calle. Sonreía como una niña tonta mientras seguía parada en el porche de mi casa. Bastante desconcertada por todo lo ocurrido esa noche, caminé en estado zombie hasta la habitación de Charlie. Se veia tan tranquilo descansando sin imaginar siquiera lo que a su hormonal hija le estaba pasando por su cabeza. Me senté en el piso de la habitación al pie de su cama y me perdí en mis pensamientos. Que había sucedido en realidad esta noche? Edward Cullen, el hombre que provocaba en mi las mas diversas sensaciones que iban desde el desconcierto, emocion y asombro, había compartido conmigo un momento muy intimo junto a su familia. Alice lo había confirmado, jamás había llevado a ninguna mujer a su casa. Pero quien era yo entonces para que a los pocos días de conocernos me lleve al seno de su hogar? Bueno, había una razón de peso: Charlie. Pero seria acaso la unica razon para hacerlo? Y durante la cena porque había tocado mi pierna? No sabia acaso que yo pude prenderme en fuego frente a su familia como el hombre antorcha? Por que lo hizo? Mi mente se llenaba cada vez mas y mas de preguntas de las que yo no tendria jamas respuesta. Debia admitirlo, estaba empezando a sentir por Edward cosas que jamas habia experimentado con nadie: cariño desmedido, preocupación, deseo... Amor? Pero serian acaso los mismos sentimientos que yo podria despertar en Edward? No... No debia ser asi. Yo no era buena para nadie, lo mejor seria de ahora en adelante alejarlo lo mas posible de mi, establecer una muralla, debia ser fuerte... era por su bien. Pero que pasaría si Edward no me permitia construir esa muralla? Habria una oportunidad para mi de ser feliz, de ver una pequeña luz al final de este oscuro tunel que era mi vida? Podria haber un "nosotros" entre Edward y yo?. Mi corazon latia emocionado ante la idea, una enorme sonrisa se dibujo en mis labios. Salí muy despacito de la habitación de Charlie con mi gran sonrisa, pero casi al llegar a mi habitación la sonrisa tonta se esfumó de mi rostro dejando paso al pánico. La realidad de las palabras de Edward me golpeó:

Entonces si la escritora no viene a Chicago…nosotros vamos donde la escritora

Eso solo significaba una cosa: Debía viajar sola con Edward durante un fin de semana… oh Dios!


Mis lectoras consentidas! Aquí estoy como todos los miércoles con un nuevo capítulo. Manipulador Cullen ha empezado el juego, pero que es parte de su plan y que no? Súper mega contenta por la acogida de Twisted Plans, cada día las nuevas alertas y favoritos hacen saltar mi corazoncito de emoción…

Agradecimientos enormes por sus reviews a: NinnaCullen, MillaPattzn, Yukarito, Gabisita Black, V, DianElizz, Blapagu, Zujeyane, Luisana, L'Amelie, Bea, InumeCari–Cullen, Alma_alv, Sianita y Laura Katherine.

Para las 4 mujeres más talentosas del mundo. Isita con sus títulos y canciones perfectas, Vivi con sus espectaculares vestuarios, Esther con sus consejos y ayudas invaluables para mi, y Gaby… que puedo decir de mi prima bella que me acompaña en esta locura? Gracias por animarme a escribir, sin ustedes esta historia seguiría dando vueltitas en mi loca cabeza

Como siempre el vestuario de Bella y Edward lo podrán ver en mi perfil cortesía de mi asesora de imagen jejeje. Nos leemos el siguiente miércoles!


P.D. Review = Preview!