Toma Frutazo
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Capítulo 8: Malestares
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Aquella no fue una noche de sueños y de descanso. Al menos no para alguno de los tripulantes del Going Merry. Y no fue por estar ocupándose del turno de guardia, pues dicho turno tocaba ser repartido esa noche por Robin y Chopper, y ninguno de ellos habría tenido problemas en conciliar el sueño de haberlo querido. No; la razón era puramente psicológica. Echémosle la culpa a todo el enredo de pensamientos y emociones que, en aquel barco flotando de noche en un mar de olas tranquilas, se agolpaba en tres cabezas. A saber: una rubia, una pelirroja y una verde. Ay, la juventud, las hormonas revolucionadas, el tener que convivir en un espacio limitado durante días, los poderes de cierta fruta del diablo o la mala sombra de alguna especie de dios que los observara desde las alturas jugando con ellos a su antojo… ¿A qué se le podía echar la culpa de su estado de confusión? Fuera lo que fuese, no fue una buena noche para ninguno de los tres. Pero sin duda, lo peor fue para nuestro rubio preferido.
Cambiando de postura una y otra vez, Sanji no lograba conciliar el sueño. En cuanto cerraba los ojos sus pensamientos (y las imágenes ligadas a ellos) iban invariablemente hacia Nami o Zoro. Por más que lo intentara no podía olvidar lo ocurrido con ellos y se sentía incapaz de aclarar sus emociones. Dejando a un margen las intenciones que hubieran tenido los otro dos, lo primero que necesitaba nuestro cocinero era aclararse consigo mismo, y no ayudaba el hecho de saber que en esos momentos él era como una mezcla de dos personas distintas. ¿Qué sentía él por Nami? Estaba claro que la idolatraba, más que cualquier otra mujer, pero jamás se había imaginado poder llegar a algo más que a adorarla guardando una prudente distancia. Si ahora ella, de repente, le ofrecía la posibilidad de una relación más… íntima, lo cierto es que se encontraba con que no sabía cómo reaccionar, paralizado por el miedo a meter la pata y estropearlo sin remedio.
Y por más que Sanji sintiera el impulso de ahogarse con la almohada cada vez que lo recordaba, también estaba el tercero en discordia que, justamente ese mismo día, había decidido hacer algo tan desconcertante como tirarle los tejos (Tirarle los tejos. A ÉL. A SANJI. EL CABEZA DE ALGA.) sin una pizca de delicadeza por su parte, no, ni un átomo de sutileza. Así era el peliverde, directo como un puñetazo en los dientes. Y lo peor es que Sanji sabía, o más bien sentía, desde el accidente de la caída en el mar, que su cuerpo de mujer se sentía atraído por Zoro. No había falta ser un genio para captar las señales de su cuerpo: el calor y las palpitaciones cuando apenas se habían rozado al fregar los platos… ¿Por qué tenía que pasarle eso? ¿Y justamente con Zoro? Era una situación que jamás habría imaginado. Pero claro, tampoco se había imaginado jamás el verse atrapado dentro de un cuerpo de mujer. Ya empezaba a pensar que si no sería definitivo que se fuera a quedar así para siempre, si no valdría más la pena resignarse y aceptar que su vida había dado un giro inesperado con el que tendría que aprender a vivir…
Un buen rato antes de que empezara a asomar el sol, Sanji ya no pudo aguantar más en la hamaca. Apenas había dormido algo, le dolía la cabeza y hasta el estómago lo sentía revuelto, sin duda a causa del poco descanso y de todo su lío mental. Le sentaría bien darse una ducha de agua bien fría. Tras coger una muda de ropa, salió del camarote con sigilo, sin percatarse de que alguien se había dado cuenta de sus movimientos.
Zoro siguió con la mirada la figura del cocinero saliendo de la habitación. Aún le resultaba raro asociar esa figura más bajita y curvilínea a la del cocinero pervertido con el que había compartido tantas peleas y discusiones. Le resultaba extraño y, en cierto modo antinatural, verlo con ese aspecto femenino. Pero procuraba no pensar en ello. Simplemente, Sanji se había convertido en una muchachita de buen ver, a Zoro de gustaba, y todo era perfectamente normal. Fin. No le convenía pensar más allá. Ni siquiera al llevarse un dedo a los labios y recordar que los del rubio habían sabido tal y como se había imaginado en otras ocasiones, excepto por la falta del sabor a cigarrillos.
En el puesto de vigilancia, Robin se encontraba leyendo un libro aprovechando la tranquilidad de la noche, mientras de tanto en tanto echaba un ojo a las oscuras aguas para asegurarse de que ningún peligro los amenazara. No faltaba ya mucho para que saliera el sol y terminara su turno. En esos pensamientos andaba cuando, en medio del silencio, pudo captar perfectamente cómo alguien salía a la cubierta del barco. Si algo tenía que admitir Robin de sí misma era su gran curiosidad, así que se permitió echar un vistazo. 'Oh. Es Cocinera-chan.' Le gustaba llamarlo así para sí misma, le parecía que en esos momentos ese diminutivo cariñoso era el que le iba mejor pero, por supuesto, se guardaba de usar ese nombre en su presencia, no fuera a ser que le hiriera el orgullo. No era extraño que el rubio cocinero fuera el primero en levantarse por las mañanas para ocuparse de la preparación del desayuno, aunque ese día le pareció que algo no iba del todo bien, al ver los andares un tanto inseguros con los que se dirigía a la cocina…
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Ya comenzaba a asomar la primera claridad a través de las ventanas cuando Sanji ya casi había acabado de preparar el desayuno. Quizás no había sido una buena idea la decisión de hacer galletas al horno esa mañana, pensó mientras se secaba el sudor de la frente. Estaba claro que aquella noche de insomnio no le había sentado nada bien; el calor había empeorado su dolor de cabeza y el olor de las galletas no le estaba haciendo ningún favor a su estómago. Pero se sintió un poco mejor al ver entrar a la morena arqueóloga por la puerta: nada mejor para animarle la mañana.
-¡Buenos días, mi preciosa Robin-chwan! –La recibió con una enorme sonrisa.
-Buenos días, Cocinero-san. –Le respondió ella, tan amable como siempre, percatándose al instante de lo pálido se veía.
Sintiéndose con fuerzas reanimadas, Sanji se apresuró a sacar la última bandeja del horno, para poder ofrecerle a Robin unas deliciosas galletas recién hechas. Pero justo al ir a colocar la bandeja en la mesa con una floritura, se le nubló la vista y por poco no se le cae dicha bandeja, que cayó con estrépito sobre la mesa. Brotaron enseguida unos brazos para asegurarse de que no había ningún estropicio, mientras Sanji se mantenía con las manos apoyadas sobre la mesa esperando que la cabeza dejara de darle vueltas y reprimiendo las nauseas. Robin estuvo a su lado en un santiamén.
-Cocinero-san, ¿estás bien?
-Sí. –Quiso tranquilizarla él. –No te preocupes, Robin-chan, es sólo que no he pasado muy buena noche y ando un poco flojo, pero enseguida se me pasará.
Robín le tomó la temperatura de la frente, con el consiguiente sonrojo del cocinero.
-Estás muy caliente. Puede que sea fiebre… ¿Alguna molestia más?
-No, sólo el estómago, un poco revuelto.
Robin lo observó con seriedad.
-Muy bien. No te preocupes por el desayuno, Cocinero-san. Siéntate un poco; yo me ocuparé de lo que falta.
-¿Cómo? No, claro que no, Robin-chan. –Se escandalizó él ante tal idea. –No es nada, no tienes por qué preocuparte ni ensuciar tus lindas manos…
-Siéntate, por favor. –Se impuso la arqueóloga, ante lo cual Sanji no pudo más que sentarse y obedecer. –Dime lo que queda por hacer, y luego te vas a echarte un rato en la habitación. Avisaré a Chopper para que se pase por allí después del desayuno.
Sin poderle negar nada, Sanji no pudo más que resignarse y darle las últimas indicaciones, sintiéndose desdichado por su debilidad y por haber dado motivos de preocupación a la arqueóloga. Después, al mismo tiempo que el resto de la tripulación se dirigía a empezar la mañana con un buen desayuno, él volvió al camarote. Al cruzarse con Zoro y Nami, no fue capaz de mirarlos directamente, y se sintió todavía peor por hacerle ese feo a la navegante.
Con un pequeño esfuerzo, se echó en su hamaca, recibiendo a cambio un pequeño calambre en la zona abdominal. Se sentía fatal, tanto mental como físicamente, e incluso sintió cómo le acudían las lágrimas a los ojos, lo que no hizo más que hacerle sentir más patético todavía. Entonces, un nuevo calambre le hizo recordar aquella explicación de Chopper… ¿Cuándo había sido? ¿Tan sólo una noche antes? Parecía que hubiera pasado mucho más tiempo desde aquella incómoda conversación. ¿Podía ser que aquella mala noche, su malestar físico, no fuera sólo culpa de su jaleo mental, si no que se le hubiera juntado con algo que ver con su condición de mujer? Recordó el sobrecito, en uno de los armarios de la cocina… Lo último que le faltaba, vamos, pensó hundido en la miseria. 'Ojalá volviera a ser un hombre. Así todo se arreglaría', pensó, agarrándose a ese bote salvavidas desesperadamente. Los dolores, todo el asunto de Nami y Zoro… Todo volvería a ser sencillo, como lo era antes. 'Si pudiera volver a ser un hombre'. Aferrándose a ese deseo, consiguió hundirse en un sueño febril...
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Fin del capítulo 8
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N/A: ¡Hola de nuevo! ^^ Ya vuelvo a estar por aquí, calentando motores con este capítulo, que vuelve a ser una empanada mental de tomo y lomo pero, en fin, sólo me queda disculparme con Sanji, que al pobre se le junta todo…
Siento muchísimo el retraso. Está claro que cuanto más tiempo libre tengo es cuando más incapaz soy de escribir. En cambio, en cuanto vuelvo a estar ocupada y tengo que sacar el tiempo de debajo de las piedras, es cuando más escribo… Lo que significa que, para el futuro de este fic, más le vale al 2010 traerme mucho trabajo (fuera, maldita crisis :O).
Muchas gracias por seguir aquí a pesar de mis tardanzas. ¡Un abrazo muy fuerte a todos los lectores que permanecéis todavía ahí al pie del cañón! ^_^
Firia: Ay, a Sanji todavía le está costando esto de la transformación… Me da pena incluso a mí, que soy la única culpable T_T Es que se le junta todo, ya es mala suerte… Sobre a quién elegirá, uuuhm, ¿y quién dice que sea él el que tenga que elegir? Los otros dos también tiene sus cosas que aclarar, y eso puede influir… Tra-la-lá, no digo nada... Uhm, en cuanto acabe este fic haré el pensamiento de ese otro que tiene pinta de ser todo un drama
Hellgirl: ¡Bienvenida al barco! ^^ Uhm, así que lo de Zoro no acaba de cuadrar… Es cierto que me cuesta manejar a Zoro, debo confesar que no es santo de mi devoción: sólo lo soporto cuando está con Sanji XD Pero me seguiré esforzando
Cono-chan: ¡Hola! ^^ Pues parece que en preferencias de pareja, por lo que me comentáis, gana Zoro por goleada O_o Habrá que ver cómo avanza la cosa y cómo evoluciona este curioso triángulo, a ver si os satisface o si me gano vuestras broncas al respecto :D
Nemo Robin: XD Justamente tú, que me emparejas a Zoro y a Sanji con personajes femeninos, te alegras porque por fin haya un asomo de yaoi XDD Me encanta elucubrar sobre el pasado de Sanji, tengo diversas teorías que ojalá pueda desarrollar en un futuro ^o^ Es que hay muchas sombras sin resolver en los personajes de Oda o_o Y claro, si él no lo resuelve, pues para eso están el fandom y nuestra imaginación :D A mí me daría miedo un Zoro sireno O_o Aunque para gusto colores ^_-
Ricarnaleiro: ¿Yuri o yaoi? ¿Qué será será? Un poquito de todo, aderezado con un poco de salsa hetero, y todos contentos XD Gracias por el apoyo ^^
Alba1: (Abrazote). Qué raro suena lo de que "fluye un poco extraño en ocasiones" XD Pero, bueno, ya suelen ir así mis inventos ;P Gerogerogero… Me encanta marearos ^^
Neko-Tiara: Gracias ^^
Naokotxo: Me alegro de que te guste ^^ Aquí tienes un capitulillo más :D
Yaoista: Que sepas que tu penúltimo comentario me dio el empujoncito que necesitaba. Siento muchísimo la espera, y muchas gracias por seguir ahí ^_^ Lo de la ceja al revés era una opción XD A ver si algún día Oda desvela el misterio, que a lo mejor no es nada y sólo es que Oda es un vago o_o Hala, ¿Tú también te pasas por Ohara? El mundo es un pañuelo :3
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Mil gracias por vuestros comentarios y, por si no nos leemos antes: ¡que tengáis muy buen principio de año! :D
