CAPITULO 9: UNA LLEGADA INCOMODA

Ese mismo día en la tarde, Milo y Camus se encontraban platicando en el octavo templo.

- No lo puedo creer, Milo… - dijo Camus asombrado - ¿Por qué no lo mencionaste en la reunión de ayer?

- Porque no lo creí tan necesario… de todos modos le advertí a Aioria que tuviera cuidado con la espada de esa mujer.

- ¿Y qué opinas de todo esto?

- No sé Camus, se me hace imposible creer que alguien tenga Elliniká.

- ¿Y estás seguro que es esa espada?

- Si, la descripción que me dio Yatzin es exactamente igual a la de la espada.

- Esto es extraño… ¿Qué tal si esa berseker vio a Nira y le quitó su espada? - dijo Camus más para si mismo que para Milo, pero este se sobresaltó al oír aquello.

- Si es así, tendrá que decirme donde - Milo hizo una pausa - y darme esa espada.

- No sé Milo, dudo mucho que te la quiera dar, tanto la información como la espada.

- Lo sé… pero… es que la busqué por más de un año y lo único que encontré fue su máscara… dijo Milo desesperado - esa misma noche salí a buscarla…

- Salimos… recuerda que entre cuando me enteré, vine hacia acá y lograste convencerme.

- Cierto… salimos - Milo sonrió un poco por primera vez desde que habían comenzado la plática.

- Fue la primera vez que te vi tan desesperado…

Flashback

Era una noche cálida con el cielo tupido de estrellas y con un suave viento proveniente del sur. Milo y Camus se encontraban cerca de la orilla del río, al pie del monte Atos.

- Milo… esto no es buena idea - dijo Camus serio, sin apartar la vista del río - no se ve casi nada.

- No me importa - Milo comenzó a quitarse los zapatos - durante el resto del día no me dejaron salir.

- Si el patriarca se llega a enterar…

- El patriarca me tiene sin cuidado - dijo Milo molestó y se quitó la playera.

- ¡Milo! - exclamó Camus estupefacto.

- Ten, cuídame esto - Milo le dio los zapatos y la playera a Camus y se dirigió a la orilla del río

- ¿Qué piensas hacer? - preguntó Camus sorprendido por el comportamiento de su amigo.

- Buscarla - Milo se lanzó al río y Camus corrió hacía la orilla.

- Esto no está bien

La corriente del río era muy rápida, pero a Milo eso no le importó y se zambulló. Una vez bajo el agua, sacó una pequeña linterna del bolsillo de su pantalón y la prendió, iluminando todo lo que podía. La búsqueda era algo difícil puesto que la corriente se lo dificultaba. Después de estar un minuto bajo el agua salió a la superficie, aspiró aire nuevamente y se volvió a zambullir, haciendo eso durante diez minutos hasta que por fin encontró la máscara que cubría el rostro de Nira.

- ¡Milo, no creo que esté ahí! - gritó Camus para que Milo pudiera escucharlo.

- ¡Lo sé!, ¡me dejaré llevar por la corriente, espérame aquí!

- ¡¿Qué te espere?! … ¡Milo, ¿estás loco?!

- ¡Ya vengo! - Milo dejó de forcejear contra la corriente y empezó a se arrastrado por ella

- ¡MILO!

- ¡Estaré bien! - se oyó la voz de Milo a lo lejos y eso de cierta forma tranquilizó un poco a Camus.

- Sólo diez minutos… si no regresa en ese tiempo iré a buscarlo.

Milo hacía todo lo posible por mantener la cabeza fuera del agua. De pronto, notó algo raro al final del rió.

- Eso es… ¡una cascada!

Inmediatamente después de decirlo, cayó por ella pero para su fortuna no tenía gran altura y había bastante agua abajo. La corriente se hizo más tranquila y conforme avanzaba perdía profundidad. Cuando sus pies tocaron el fondo del río caminó hacia la orilla izquierda y con la linterna iluminó un poco el lugar, pero para su desgracia no vio nada que le pidiera dar alguna pista de Nira. Frente a él principiaba un bosque y caminó hacia él.

- Milo… aquí estas - dijo Camus un poco aliviado. Milo se detuvo - ¿Qué es lo que traes en la mano izquierda? - preguntó con curiosidad, señalando la mano.

- Es la máscara que traía Nira - contestó Milo con tristeza.

- ¿Y eso es todo lo que has encontrado? - preguntó Camus mientras se acercaba a Milo volteando a todos lados, buscando cualquier cosa. Milo volteó a ver la máscara, triste

- Sí - contestó Milo después de un ratito - voy a seguir bus…

- Ni lo pienses - lo interrumpió Camus - nos regresamos al santuario, ahora… antes de que se den cuenta de que salimos - Milo se volteó, incrédulo.

- Si quieres regresarte… bien, hazlo, pero yo me quedo - dijo Milo con firmeza y un poco molesto.

- Tú te vienes conmigo… y no acepto un no por respuesta - Camus le tendió su playera y sus zapatos…

Fin del Flashback

- ¿Qué fue ese ruido? - preguntó de pronto Camus, sacando a Milo de sus pensamientos

- Vayamos a ver

Los dos se dirigieron hacia el pasillo del templo de Escorpión sin mucha prisa puesto que no se sentía ninguna cosmo agresivo cerca de ahí y mucho menos dentro del santuario.

- ¡Aioria!... qué bueno que ya regresaste - dijo Camus

- ¿Cómo te fue? - preguntó Milo con curiosidad

- No quiero hablar de eso - respondió Aioria sin ánimos. Milo y Camus intercambiaron una mirada de desconcierto

- ¿Qué fue lo que pasó allá? - preguntó Camus un poco preocupado por el comportamiento del santo de Leo

- Ya les dije que no quiero hablar de eso - dijo Aioria levantando la voz, realmente molesto

- ¿Acaso ella…? - dijo Milo perplejo

- Si… - Aioria bajó la mirada y después de un momento volvió a dirigirla a Camus y a Milo - si me disculpan, tengo que ir con Athena - dio media vuelta y se fue de ahí. Milo y Camus solo se quedaron viendo la salida del templo

Afortunadamente para Aioria, su hermano no se encontraba en el templo de Sagitario, sino que se había ido a entrenar al coliseo junto con Shura y Saga por lo que no tuvo ninguna conversación incomoda con casi ninguno de sus compañeros. Entre cuanto más se acercaba a la cámara del patriarca, más mal se sentía; cómo era posible que hubiera sido vencido de una forma tan sencilla siendo él un caballero dorado, eso era algo que aun no podía aceptar y que no dejaba de rondarle por la cabeza.

Cuando llegó, antes de entrar dio un gran suspiro y abrió la puerta de manera lenta…