Okay, bueno seguro me querrán matar ¡Lo sé! Pero wow, lamento mucho la demora, demasiado y es que me quitaron el internet, además que mi abuelo estaba en el hospital y estaba mas pendiente de eso que de otras cosas. Lamento mucho haberme demorado pero actualizaré mas rápido y seguro terminaré de postear pronto.

Disclaimer: Personajes son de Miss Collins y la historia de Est Cullen, espero les guste


KPOV

Cada vez estaba más cerca el día de la boda, y eso hacía que mis nervios aumentaran, al igual que en el resto de las chicas, últimamente era un caos, todo tenía que quedar perfecto, este era el lema de mi madre y Portia, que aunque les advertí en más de una ocasión que esta boda era un arreglo, ellas argumentaba que daba igual, que sus dos únicos hijos se casaban y que debía ser especial, así que no les importaba gastarse el dinero para que todo fuera de la mejor calidad, yo al principio protestaba pero creo que a la quinta vez de decirlo lo dejé por imposible.

Tan metida estaba en mis pensamientos, que no reparé en la caja que había delante de mí, haciendo que me tropezara y me diera de bruces contra el suelo.

- ¡Katniss! por el amor de Dios, quieres tener más cuidado, lo que nos faltaba, que te torcieras un tobillo o te hicieras una marca en la cara - me regañó mi madre, mientras yo me sobaba la rodilla ¡qué dolor!

- Si mamá estoy bien, no ha sido nada, gracias por preguntar - espeté furiosa - además a quien se le ocurre poner esa caja ahí en medio - refunfuñé.

- ¡Vaya alguien esta un poco tensa! - exclamó Glimmer entrando en mi habitación.

- No estoy tensa, es que odio todo esto - dije mientras señalaba mi habitación, que estaba llena de cajas, y prácticamente vacía.

Volví a meter lo que se había salido de la caja con la que había tropezado, gracias a mis queridísimas amigas, nótese el sarcasmo, me iba a mudar con Peeta antes de la boda, según ellas era una cosa que tenía que hacer antes o después y mejor antes, ya que así podríamos pasar más tiempo juntos, justo lo que yo evitaba a toda costa, claro que Peeta estaba encantado con la idea que habían tenido mis amigas.

- Katniss, ¿te vas a llevar todos tus libros? - pregunto Annie, mirando de arriba a abajo mi estantería.

- No, ahora elijo yo los que me quiero llevar, es una tontería llevarlos para luego tenerlos que traer de vuelta - cuando terminé la oración me quedé congelada en mi sitio, había metido la pata hasta el fondo, yo pensaba que era una tontería cargar con tantas cosas ya que solo iba a estar un año, pero claro este detalle no era del conocimiento de mis amigas.

- ¿Por qué tendrías que traerlos de vuelta? - preguntó Annie confundida y mirándome con ojos entrecerrados.

- Esto...mmm...no se el espacio que tiene Peeta, es mejor llevar algunos y cuando estemos instalados ya veo si me los llevo todos o no - no se donde surgió toda esa mentira pero lo importante es que Annie pareció tragársela, suspiré y volví a la tarea de empacar cosas, tenía que tener más cuidado con lo que decía.

Mi madre me miró de forma comprensiva, ella era la única de la habitación que sabía la verdad, le sonreí para que supiera que todo estaba bien, durante los últimos días me había estado preguntado si estaba segura de todo lo que estaba haciendo, ella estaba ilusionada por la boda, pero ante todo quería mi felicidad y si en algún momento dudaba me aseguró que podía dar marcha atrás, que no me preocupara por el dinero que ya habían gastado en la boda, que lo más importante era yo, esas palabras llegaron a mi corazón y comprendí el amor de mis padres, yo estaba por encima de lo material.

- Creo que esta todo - dije mirando alrededor, una oleada de nostalgia me invadió al ver mi habitación sin mis cosas, nunca me imaginé que iba a vivir sin mis padres tan pronto, todavía era joven, y sabía que la hora de irse de casa de mis padres se aproximaban pero nunca me pensé que sería tan pronto, suspiré una vez más como lo había estado haciendo todo el día, parecía que me costaba crecer, pero era hora de asumir mi nueva vida.

Entre todas llevamos las cajas menos pesadas hacia la entrada, allí ya estaba los chicos esperando nuestras ordenes, sin previo aviso, Marvel avanzó y me dio un gran abrazo, en cambio Finnick solo me miró con los ojos entrecerrados, bufé, no sabía que tenía que hacer para demostrarle que no era una arpía, aunque en realidad yo no tenía que mostrar nada a nadie, él no debería tener tantos prejuicios y olvidarse de esa absurda idea que todas las mujeres queremos fama y dinero.

- Buenos señoritas, ¿eso es todo lo que tenemos cargar en los coches? - dijo Marvel señalando las cajas, pero mirando a Glimmer, parece que al grandullón le gustaba mi amiga, me fijé como la rubia se sonrojaba un poco ¡No puede ser! tendría que estar pendiente de estos dos.

- No todos tenemos grandes músculos que nos ayuden a levantar cajas pesadas - contestó Annie con una sonrisa, Marvel soltó una gran carcajada, sonriendo orgulloso y mostrando sus músculos.

- Nosotras solo hemos cogido las cajas más livianas, hay más arriba, esperábamos que vosotros las bajarais - expliqué con una sonrisa, Marvel posó su enorme brazo sobre mis hombros.

- Indícanos el camino chica guerrera - me sorprendí que me llamara de esa forma, así es como me había bautizado el día del incidente de la cafetería, miré sobre mi hombro para fijar la vista en Peeta y Finnick, el primero solo sonrió y negó con la cabeza y el segundo solo bufó. Peeta dio un codazo a Marvel y le miró de forma amenazante, vi como Finnick susurraba un ¿que? y Peeta solo negaba con la cabeza, pero parecía enfadado, no sabía si Marvel había hablado con Peeta sobre lo que pasó en la cafetería, pero todo indicaba que era lo más probable.

Guié a los chicos hasta mi habitación, no quedaban muchas cajas, pero si eran las más pesadas, no se como lo hicieron pero entre los tres fueron capaces de llevar todas las cajas y eso que había unas siete, yo solamente seguí a los chicos de vuelta a la entrada.

Una vez que todas mis cosas estuvieron guardadas en los coches pusimos rumbo al apartamento de Peeta, no se porque pero cada vez que pensaba que nosotros dos íbamos a vivir juntos me ponía nerviosa.

- Para ser soltero tienes un gusto exquisito para decoración - dijo Annie nada más entrar.

- Gracias, pero no he sido yo el que ha decorado mi apartamento, ha sido mi madre, le encanta todo lo relacionado con el interiorismo - explico Peeta mientras dejaba una de la cajas en el suelo.

- Aunque es muy elegante, lo veo demasiado masculino, deberíamos comprar algunos cojines o cambiar las cortinas, para que se vea reflejado que aquí vive una mujer - Annie analizaba cada uno de los detalles del salón.

- Ann, no creo que haga... - pero no pude continuar porque mi pequeña amiga había desaparecido, oí una risita a mi espalda, me giré y vi a Glimmer.

- Creo que la hemos perdido, ahora mismo tiene miles de ideas en su cabeza para remodelar el apartamento de arriba a abajo, o ya te olvidaste como se puso cuando dije que me apetecía cambiar mi habitación - no lo pude evitar y rompí en carcajadas, Glimmer salió de viaje un fin de semana, y cuando regresó su habitación era totalmente otra.

- Debemos asegurarnos de esconder la llave, no me apetece regresar un día del trabajo y encontrarme con todo cambiado - todos rieron por mi comentario, bueno excepto Finnick.

- Te he oído Kat - dijo Annie volviendo a entrar el salón.

Las cajas quedaron repartidas por el salón, pero tuve la suficiente precaución de no dejar ninguna de por medio para que no me volviera a tropezar como había ocurrido antes, como ya era hora de cenar decidimos invitar a los chicos a pizza por ayudarnos en la mudanza, todos se quedaron excepto Finnick, debo decir que eso le molestó bastante a Peeta.

- ¿Os puedo hacer una pregunta sin que os sintáis ofendidos? - preguntó Annie, mientras cogía otro trozo de pizza.

- Dispara duende - respondió Marvel, no entendía su afición por los motes.

- ¿Qué coño le pasa a vuestro amigo? Es que se golpeo la cabeza y se quedó así de capullo.

- ¡Glim! - gritamos Annie y yo a la vez, mi amiga cuando quiere puede ser lo más grosero del mundo.

- ¿Qué? - preguntó como si no entendiera porque Annie y yo habíamos puesto el grito en el cielo - las dos estabais pensando lo mismo, así que no me miréis con esa cara.

- Glim, yo se lo iba a preguntar pero con un poco más de tacto, hija la verdad algunas veces eres demasiado directa - le regañó Annie, volví mi vista hacia los chicos que nos veían bastante entretenidos.

- ¿Eso era lo que nos querías preguntar? - preguntó Peeta, nostras asentimos - bueno a ver como lo explicó, Finn no es tan amargado normalmente, es una persona bastante sensible además de simpático...

- Si sobre todo con Katniss - interrumpió Glimmer, que estaba bastante cabreada con el rubio por la forma que me trataba y como me contestaba.

- A ver Finnick ha salido de una mala relación, Rue solo estaba con él por la posición social que le podía dar, Finnick estaba bastante enamorado y por más que le dijésemos que ella no le convenía, no nos hacía caso, cuando ella le engañó él abrió los ojos, y digamos que ahora desconfía un poco de las mujeres.

- ¿Un poco? - dijo Annie sorprendida por la expresión utilizada por Edward.

- Vale esta bien, desconfía bastante de las mujeres, y por eso él piensa que Katniss esta sacando provecho de mi, que se ha aprovechado de mi momento debilidad por la muerte de mi abuelo para atarme.

Mis amigas estaban sorprendida, yo no tanto, ya que básicamente sabía los motivos del comportamiento de Finnick, aunque eso no significaba que los comprendiera, porque en mi opinión estaba bastante equivocado, no me había dado una oportunidad de demostrar como era realmente, simplemente me había juzgado.

- Claro que hemos hablado con él - contestó bastante enfadado Marvel, ¡mierda! me había perdido parte de la conversación - pero simplemente no entra en razón.

Miré a mis dos amigas que estaban bastante alteradas, al igual que Marvel, Peeta parecía resignado, yo sabía que él había dejado en claro a sus amigos que yo no era igual que Rue, y que solo hacía falta conocerme para ver las diferencia, pero Finnick no estaba por la labor de hacer caso a su amigo.

- Mejor dejemos el tema, gracias chicas por defenderme, pero yo ya he puesto todo de mi parte para hacerle entender que no me estoy aprovechando de Peeta, pero él no da su brazo a torcer, y gracias Marvel, se que has hablado con Finnick y has intentado que entre en razón, pero creo que es caso perdido - y con esto puse fin a la discusión.

Peeta me miró orgulloso, y sin que me lo espera, me agarró de la cintura para estrecharme contra él y dejar un beso en el tope de mi cabeza, eso simple gesto hizo que mi corazón se pusiera a mil, y una vez más volví a suspirar, esto de la convivencia iba a ser más difícil de lo que había pensado en un primer momento.

Las chicas y Marvel se fueron después de cenar, ya que estaban bastantes cansados, Peeta recogió el salón, mientras yo me dispuse abrir cajas para encontrar mi pijama, o por lo menos algo con lo que dormir así como mi neceser.

- No sabía que tenías tantas cosas - dijo Peeta cuando regresó al salón viendo todo cubierto por mis cajas.

- Créeme yo tampoco, creo que se reproducen - Peeta se carcajeó y yo volví a mi tarea ¡bingo! las encontré, para la próxima mudanza iba a poner que contenía cada caja, así no me pasaba 10 minutos buscando, levanté la mirada y vi que Peeta me estaba mirando.

- Esto...mmm...me dices cual es mi habitación - dije con un hilo de voz, vi como en la cara de Peeta se extendía una sonrisa ladina, ¡dios por qué tiene que ser tan sexy!

- Claro, sígueme - me levanté y le seguí, pero me quedé estática en el pasillo cuando abrió la puerta de su habitación.

- Pero esa es tu habitación, yo pensé que tendría una propia - protesté, lo último que deseaba era compartir la misma cama que Peeta, tenía que poner distancia entre nosotros y la mejor forma para eso era tener mi propio espacio.

- No tengo más habitaciones, además ya hemos compartido la cama anteriormente y no pusiste ningún problema - la voz ronca de Peeta hizo que a mi mente vinieran imágenes de la única vez que compartimos la cama, ¡eso era precisamente lo que estaba intentando evitar!

- ¿Y esa habitación de allí? - señalé otra puerta, imaginé que eso tendría que ser otra habitación.

- Lo siento, pero ese es mi despacho - su sonrisa se amplio - en este apartamento la única cama que hay es la mía - ¡Genial! la única opción que me quedaba era coger mis cosas e irme a casa de mis padres si no quería dormir con Peeta.

Me adentré en la habitación con mis cosas en las manos, mi vista se fue hacia la cama, las imágenes seguían en mi cabeza, nunca me había sentido así con nadie, Peeta fue tierno y a la vez pasional, era una combinación perfecta pero a la vez peligrosa, ya bastante afectado estaba mi corazón para seguir exponiéndolo más, lo último que quería era salir con el corazón roto de esta relación ficticia.

Sentí la presencia de Peeta detrás mía, sus manos se posaron en mi cintura, me atrajo hacia su duro pecho, sentí mi piel de gallina, ¡le odiaba por el efecto que tenía sobre mí! un solo toque suyo y yo era gelatina en sus manos, retiró el pelo que caía sobre mi hombro hacia un lado para tener acceso a mi cuello, y allí empezó a repartir una serie de besos húmedos, no pude evitar un suspiro aunque más bien parecía un gemido, sus manos dejaban suaves caricias de arriba abajo y sentí en mi trasero que cierta parte de su anatomía empezaba a despertarse, cerré mis ojos con fuerza, tenía que tomar una decisión, si le dejaba continuar no habría fuerza humana que nos parase después, una parte de mi me gritaba que me olvidara de todo y que disfrutara, que daba igual que pasara este año, pero otra parte de mi, la más vulnerable pedía grito que detuviera todo esto, que al final la que saldría perdiendo sería yo, sentí la manos de Peeta colarse debajo de mi camiseta y fue en ese instante en que surgió ese lado cobarde que por más que intentara dejarlo atrás siempre salía a relucir.

- ¡Para! - grité y me alejé de él.

- ¿Qué pasa? - preguntó confundido y sorprendido por mi reacción.

- No quiero continuar - murmuré - creo que lo mejor será no mezclar las cosas, lo del otro día fue...

- Un error - espetó Peeta interrumpiéndome.

- No iba a decir eso - me estaba poniendo nerviosa, Peeta no apartaba sus ojos de los míos - lo que quiero decir, es que nos dejamos llevar por el momento y el sexo solo puede complicar nuestra convivencia, creo que es algo que debemos pensar... - me callé ante la mirada que Peeta me estaba dando, creo que si las miradas matasen estaría ya dos metros bajo tierra.

- ¿Esto es por lo que sucedió con Delly?, porque sino recuerdo mal, antes de que sucediera lo del beso que ya te expliqué como sucedió y por lo que te he perdido perdón un millón de veces, no tenías problemas con que mantuviéramos relaciones - nunca había visto a Peeta tan enfadado, fui caminando hacia atrás hasta toparme contra la pared.

Peeta puso sus manos a cada lado de mi cabeza, su nariz rozaba con la mia, y su aliento golpeaba mis labios, contuve la respiración ante su proximidad y cerré los ojos, lo siguiente que sentí fueron sus labios contra los míos, suaves, tiernos sin prisa, mi corazón se aceleró, recargó su cuerpo contra el mío haciendo que sintiera cada músculo de su cuerpo, tenía que hacer algo y rápido, mi voluntad estaba a punto de flaquear, puse mis manos sobre mi pecho e intenté alejarlo de mí, pero claro no contaba con tanta fuerza, Peeta se separó bruscamente de mí y sus ojos ardían, podía ver que estaba furioso.

- ¡Perfecto, haz lo que quieras, pero luego no me pidas cuentas porque te he sido infiel! - gritó enfadado, marchándose de la habitación y dando un portazo.

Yo estaba en shock, a los pocos segundos volví a sentir otro portazo, seguramente Peeta se había ido de casa, poco a poco me fui deslizando hasta el suelo hasta quedar sentada, encogí mis piernas abrazándolas y de las nada las lagrimas empezaron a deslizarse por mi cara, odiaba sentirme así, sentía como mi pecho se partía en dos, las palabras que había dicho Peeta me habían dolido, habían sido como un puñal directo al corazón, pero todo había sido mi culpa y mi maldito lado cobarde, donde estaba mi idea de arriesgarse, de querer cambiar. Me levanté y me limpié las lágrimas de mi cara, tenía que enfrentar esta situación y lo tenía que hacer como la persona adulta que era.

Me duché y me puse el pijama, cuando salí Peeta todavía no había vuelto, decidí no pensar en donde podía estar o con quien, así que me metí en la cama, estaba cansada y necesitaba dormir, nada más tocar la almohada el olor de Peeta me invadió.

No sabía que hora era, pero sentía ruido en la habitación, sentí el colchón hundirse a mi lado, yo estaba de espalda a Peeta, a los pocos minutos sentí el brazo de Peeta en mi cintura y su cuerpo muy cerca del mío, en ese instante me tensé, intenté moverme para alejarme de su cuerpo, pero el agarre se hizo más fuerte.

- Siento haberte despertado, no era mi intención - susurró, a continuación le oí suspirar - lo siento, creo que perdí los nervios esta tarde y no debí gritar esas cosas, no iban en serio, voy a respectar tus decisiones, lo último que quiero es que nuestra convivencia sea un infierno, debería poner el mundo a tus pies por todo lo que haces por mí y no ponerme como un energúmeno.

- Esta bien Peeta, no todo es culpa tuya, quizá tuve que aclarar las cosas un poco antes, y no dejarla llevar tan lejos, olvidemos este asunto - quería dejar todo esto atrás.

- Sabes ha sido nuestra primera pelea, dicen que las reconciliaciones son la mejor parte - susurro Peeta seductoramente en mi oído, haciendo que mi piel se pusiera de gallina. Le di un codazo en el estómago - entendido, nada de sexo, ni para reconciliaciones, buenas noches Kat - Peeta bromeo, y dejó un beso en mi cuello a la vez que me apretaba contra él.

- Buenas noches Peeta - me relajé en sus brazos y caí en un sueño profundo.

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3 días, 5 horas, 34 minutos y 6 segundos, esa era el tiempo que llevaba viviendo con Peeta y mi vida se había convertido en un infierno, iba a volverme loca, el muy cabrón había mantenido su promesa de respectar mi decisión, y eso iba a hacer que muriera de combustión espontánea, ¿cuanto tiempo puede pasar un hombre sin camiseta? creo que desde que me había ido a vivir con Peeta no se había puesto ninguna en casa, y eso estaba llevando a mis hormonas al límite, el imbécil sabía muy bien lo que hacía ¡porqué tenía que ser tan sexy!

El sonido de la alarma interrumpió mis pensamientos, alargué la mano para que dejara de sonar, pero todavía sin abrir mis ojos, una vez que el sonido cesó lo único que se oía en la habitación era el agua de la ducha, solo de imaginar a Peeta desnudo al otro lado de la puerta me hacia sentir un cosquilleo en mi vientre y que la temperatura de mi cuerpo subiera, abrí los ojos ante las imágenes que mi mente reproducía, pero eso no fue la mejor idea, porque a los pocos minutos Peeta salió con solo una toalla amarrada en la cintura, no pude evitar comérmelo con los ojos, por su pecho descendía pequeñas gotas que se perdían por debajo de su toalla, sentí mi cuerpo arder, lo único que quería era abalanzarme sobre él y lamer todas esas gotitas de su esculpido pecho, sin ser consciente de lo que hacía me relamí los labios, sentía la humedad entre mis piernas, pero mi burbuja de lujuria fue reventada por la voz de Peeta cabrón Mellark.

- Si quieres me quito la toalla para que sigas mirándome sin obstáculos - dijo burlonamente. Yo solté un gritito de frustración y me dejé caer en la cara poniendo la almohada sobre mi cabeza, oí la carcajada de Peeta, el muy cabrón se lo estaba pasando en grande.

- ¡Cállate! - grité levantándome de la cama y tirándole la almohada, pero no le di, ya que tiene buenos reflejos.

- La abstinencia sexual te pone bastante irritable, yo estaría más que dispuesto ayudar si lo deseas claro - cerré de un portazo la puerta del baño, ¡por qué tenía que ser tan hermoso, sexy y caliente! escuché su risa al otro lado de la puerta, sabía que pronto iba a caer en sus redes, de pronto solté un grito, ¡me estaba intentando seducir! Peeta me lo había confesado con anterioridad, me miré al espejo del baño y tomé una decisión, dos podrían jugar a este juego, aunque estaba bastante segura que me quemaría, pero ya no me importaba, iba a vencer a Peeta Mellark en su propio juego.

Tras mi descubrimiento no hice nada que pudiera delatar mi plan, tendría que pensar muy bien mis movimientos, incluso podría pedir algún consejo a las chicas, Annie y Glimmer eran todas unas experta en seducir, así que estaba segura que me podrían ayudar.

La mañana la pasé enfrascada en una montaña de papeles, iba a sacar una nueva sección, se lo había comentado a Peeta, no era necesario que le comentara sobre la decisiones que quería tomar, pero en el fondo me sentía más segura si él me apoyaba con la idea, por los menos ahora al principio, hasta que tuviera un poco más de seguridad, al fin y al cabo Peeta era mi jefe, ya que era él el que manejaba la Corporación Mellark.

El teléfono de mi despacho sonó y la voz de mi secretaria salió por el interfono.

- Señorita Everdeen, el Sr. Hawthorne quiere verla - ¡Gale!, desde el día que me besó en el despacho no lo había vuelto a ver, me dolía que tirara a la basura tantos años de amistad.

- Bien, hazle pasar - dije, era hora de hablar.

- Hola Katnip- susurró cuando abrió la puerta y asomó la cabeza, sonreí por mi diminutivo, fue él quien me lo puso - Antes de que digas nada quiero pedirte perdón, la última vez que nos vimos me comporté como un autentico idiota y lo empeoré no cogiéndote el teléfono.

- Vaya por los menos reconoces tus errores - dije en una actitud fría estaba bastante enfadada con él.

- Si..bueno...compréndeme, de la noche a la mañana me entero que te casas, yo había vuelto con la esperanza de conquistarte después de enterarme que rompiste con el idiota de tu ex novio. - Gale se adentro al despacho pero no se sentó, se quedó de pie.

- Gale yo... - pero no pude decir nada porque me interrumpió.

- Lo sé , Katnip no sientes lo mismo, pero me dolió que no me lo dijeras en persona, que tuviera que enterarme por tu padre - bajé la cabeza avergonzaba, tenía tanta cosas en la cabeza que se me olvidó hablar con él antes.

- Perdón, tuve que haberte llamado - me disculpé.

- Si, pero bueno, así no me puedes volver a echar en cara que no te dijera lo del trabajo - y ahí estaba de nuevo mi amigo del alma, bromista y alegre - te echo de menos Katniss y si lo único que puedes ofrecerme es tu amistad me conformaré con eso, y quiero que sepas que siempre estaré ahí para ti, y si Mellark te hace daño yo me encargaré de hacérselo pagar.

No pude reprimir el impulso de saltar de mi silla y arrojarme a sus brazos, lo había echado tanto de menos, me hacía más falta de lo que pensaba, siempre con una sonrisa en su cara y si era necesario dispuesto a sacarte una sonrisa.

- Yo también te he echado de menos, pero si me vuelves a ignorara te vas a enterar - Gale empezó a darme vueltas en sus brazos y reí ante la situación.

- Vaya, vaya, me pregunto que pensará Peeta de todo esto - dijo una voz masculina desde la puerta, haciendo que me tensara en ese instante.


Listo, ahí tienen. ¿Qué les pareció este nuevo cap? ¿Le gusto?