Ok, se que prometí la historia de Mitsuki, pero como ya en el anterior capitulo se detallo bastante su pasado decidí explicar la siguiente historia que corresponde a la de Naomi. Quiero aclarar que ella fue la tercera en morir, la segunda fue Mitsuki y el primero Kuro…ojala lo disfruten ;D
"¿has escuchado el rumor de que los conejos mueren de soledad? Si no los cuidas ni quieres ellos morirán. No se si los conejos mueren de soledad, pero yo si logre morir por ella. Recuerdo lo que es estar sola, al principio no te importa, a nadie le importa, a todos nos gusta estar solos aunque sea unos pocos minutos. Pero cuando esta soledad se extiende por casi toda tu vida, puedes llegar a detestarla.
No siempre fue así, tenia mi familia. Vivíamos en una mansión de la cual se habían proclamados varios rumores pero nadie hacia caso. Nos mudamos allí, tenia a mi hermano y a mi padre. No recuerdo el rostro de mi madre ni tampoco como murió, pero lo daría todo por tenerla aunque sea unos minutos con migo. Mi padre era un empresario, mi hermano era el siguiente en la línea de mando. Yo era pequeña, menor y una niña. Solo me tenían de adorno para los invitados. Mi cabello plateado y fina apariencia a diario atraían las miradas pero ¿de que me servia? Todas esas personas solo me querían por mi físico, por mi nivel socioeconómico. Me encerraba en mi cuarto y allí era feliz, rodeada de muñecos y peluches era feliz. Creando mil y un historia, jugando con personajes que yo inventaba y que siempre terminaban felices, como a mí me hubiera gustado terminar.
En esa alejada y grande habitación solo yo vivía allí, era un mundo aparte en el cual nunca era visitada. Mi hermano solo me consideraba como su rival, mi padre ni se acordaba que existía. Cada día lo pasaba allí dentro y los sirvientes me traían la comida. Pudines, flanes, pasteles, los adoraba, eran dulces y lindos. Me convertí en una adicta a esas cosas.
El tiempo pasaba y yo fui creciendo, solo me importaban los dulces y peluches sin importarme mi eterno encierro. Los sirviente se limitaban a dejarme la comida afuera de la habitación, cuando se iban yo la abría la puerta y entraba la comida. Ya se me había olvidado como era un rostro humado, ya no tenia razones de vivir, todos mis días monótonos y sin gracia hacían que cayera cada vez mas hondo en un abismo de desesperación. Me arrancaba mechones de cabello y mis uñas desaparecían a mordiscos, me cortaba con trozos de vidrio que yo misma rompía. Mis gritos se escuchaban pero a nadie el importaba
Me volví loca, no confiaba en nadie, mi mundo se había limitado a mí y a mis peluches. A pesar de mi edad de adolescente empecé a llorara todas y cada una de las noches, a gritar mas fuerte, a cortarme mas profundo. La autodestrucción seria una palabra acertada para mi condición. Mi cabello se acorto a unos simples mechones, mi garganta desgastada por los gritos y mis muñecas ensangrentadas acercándome cada vez más a la muerte.
Ese día llore, todo, absolutamente todo el día llore. Al mismo tiempo que las lágrimas se resbalaban por mis mejillas la sangre se resbalaba por mis manos. Sonreí cínicamente sujetando un trozo de cristal y asiéndome más heridas. Podía sentir que me iba, mis parpados se serraban y mi cuerpo no reaccionaba. Aceleré el ritmo de los cortes y mi sonrisa se iban ensanchando. Justo antes de despedirme de esta inútil y sin significado vida, sentí que alguien me sujeto de la mano. El tiempo se detuvo en ese instante, levante mi cara masacrada con ojeras y con cortes clavando la mirada en un chico desconocido pero de dulce mirada. El no permitió que me siguiera cortando, me sonrió dulcemente como solo mi madre solía hacerlo. Por primera vez sentí que a alguien le importaba. Miro mis heridas y se puso triste, estaba rendida y caí en sus brazos, brazos cálidos y reconfortantes. Me abrazo y acaricio la cabeza "ya todo termino" fue lo que me dijo. Mis parpados se cansaron y los serré para nunca volver a abrirlos
Cuando ya había despertado el mismo chico estaba a mi lado. Mi cabello había vuelto a ser largo y mis muñecas sanas y delicadas como siempre. Sin embargo, algo había cambiado, ahora tenia orejas y cola de conejo. Pensé que había caído en una nueva especie de locura pero nuevamente me abrazo y me tranquilizo, me sentí a gusto con el y por primera vez no estuve sola. Había muerto por la soledad, como un conejo abandonado cual triste destino. Ahora soy una conejita pero ahorra ya no estoy sola. Las tragedias los viven otros ¿pero hasta cuando seguirán sufriendo? ¿Hasta cuando seguirán habiendo personas con mi mismo destino?...nunca lo sabre…"
