Zeal se sumergió en un mar de ojos envidiosos.

Luego de acabar con el misterioso joven, Zeal, cuyos nervios no la habían abandonado, no pudo nisiquiera sonreír. Wonder tenía una expresión de incrédulo pero la retiró apenas vio llegar a su amigo.

-Beaten by a sixteen years old chick?

-Yeah, i know, this is preposterous.

«Preposterous.» Pensó Zeal. La mejor palabra que se podía usar para definir a una situación absurda. «Absurdo es que hayas usado Siniestro contra Acero». Luego, sintió los ojos de Wonder, penetrando en los suyos. Fue un contacto
rápido, pero significativo. «Habrá revancha algún día.» Parecía decirle. Después, presa nuevamente de los nervios, dio vuelta hacia la derecha y desapareció en la multitud.

Todos esos futuros entrenadores sentían celos, y Zeal conocía muy bien la razón. Solía decirse a sus espaldas que ella nunca llegaría a hacer gran cosa, y tampoco se sorprendieron al ver que se había apuntado para entrenador. Nunca sospecharon que Zeal le dedicaba gran parte de su tiempo libre al estudio Pokémon. Y con su capacidad de concentración, no le resultó muy díficil releerse todos los volúmenes en menos de cuatro años.

«Eso de que el peor enemigo es el que nadie teme resultó ser cierto.»

Con la vista puesta en el suelo para evitar ser víctima de un ataque a zancadillas, Zeal al fin pudo salir de ese grupo. Ahora debería dirigirse al Gimnasio, en donde ledarían su carné como entrenador nivel 1, y no uno novato. Y de nuevo, sin ninguna razón, se imaginó a un Naiz orgulloso. «He ganado.» Como no tenía a nadie más que la felicitara, debió ser esa la razón por la cual siempre pensaba en Naiz cuando lograba algo grande. Escuchó la voz del director gritando otro par de nombres, no entendió muy bien lo que decía. Salió del pavimento y se dijo que ya no tenía nada más que
hacer en ese instituto. Apenas recibiera la constancia como entrenador no tenía por qué volver. Aquel sitio, en el que estudió tres años, dejaría de existir para ella.

-Felicidades Zeal.

Y sintió una mano agarrándole el hombro. Esa voz y su olor característico de erudito, era sin duda Naiz.

-¿Me viste pelear? -Le preguntó Zeal algo más calmada.

Naiz suspiró.

-Te lo dije antes Zeal, siempre te estoy observando.

Zeal sonrió débilmente. Aunque le hubiera dicho eso, ella nunca lo sentía cerca, ni tampoco era conciente de que era observada. Probablemente lo decía en sentido metafórico.

-Gracias -Dijo- Por darme ánimos antes.

Naiz soltó una risita.

-Bueno que lo hayas tomado como un deseo de suerte Zeal, pero también ese era tu requisito.

Zeal se dio la vuelta, y con suavidad retiró la mano de su hombro.

-¿Requisito para qué?

-Esta es la Zeal que conozco -Soltó Naiz-. Y bueno, antes dije que necesitabas ganarte mi confianza, y que ganaras era todo lo que necesitaba.

Zeal frunció el ceño.

-¿Qué tiene que ver eso con la confianza?

-Zeal, confiaste en que yo te apoyaría, yo confíe en que tu irías a ganar. Es todo lo que necesito. Además -añadió subiendo el tono de voz- en nuestro viaje habrán entrenadores y bandidos, y bueno...esto...

Zeal estaba por lanzarle un golpe a Naiz. ¿A qué se refería con «nuestro» viaje? ¿Qué insinúaba diciendo que habrán entrenadores y bandidos?

-Naiz, no sé de que viaje hablas, y me parece irónico, es más, me parece fuera de lugar, que yo tenga que protegerte a ti, eso suponiendo que te acompañara.

Su amigo sólo sonrió lo más que pudo.

-Recuerda Zeal, no tienes a nadie con quien adentrarte en el mundo del entrenador. Yo sería una buena elección; no nos hará falta dinero, estadía, etcétera. Todas nuestras necesidades estarían lejos de preocuparnos. Y además necesito a alguien que me proteja de este peligroso mundo.

Zeal consideró la oferta. Era cierto que lo que Naiz decía, no tenía gente que
estuviera dispuesta a acompañarla, y tampoco sabía si se podía acostumbrar
a las nuevas amistades en caso de que las consiguiera. Estando sola con Naiz
de vez en cuando a su lado, tener un nuevo amigo no se lo imaginaba.

-No tienes que responder ahora -Dijo Naiz-, lo harás mañana.

-¿Mañana? -Repitió Zeal.

-Vendrás a eso de las nueve, tengo mucho que contarte.

«Me contará todo sobre su conspiración.» Pensó Zeal. Vendría mañana a malgastar el tiempo oyendo las historias de Naiz. Todo eso le causaba desaliento, por tener que hacerlo gracias a una promesa forzada. En ese instante se dio cuenta de que varias personas en la multitud los estaban mirando disimuladamente.

-Si eso es todo Naiz, ¿puedo irme ya? Tú sabes, necesito el carné del entrenador.

Naiz tenía puestas sus manos en los bolsillos.

-Zeal, además de eso quería darte un regalo.

A Zeal ya le estaba incomodando demasiado aquellas miradas, necesitaba irse de ese bendito instituto cuanto antes, y la estaban retrasando, ¿para regalarle algo?

-¿Qué es? -Preguntó como si no fuese gran cosa.

Ante esto el joven se sacó la mano del bolsillo derecho, en ella había...

-¿Un teléfono celular?

Las palabras salieron por sí solas, incrédula ante tal situación.

-Vaya Zeal, siempre supe que querías tener uno, pero no al punto de...

Ella se lo arrebató de la mano, y como alma poseída, empezó a teclear los tantos botones que tenía ese artefacto.

Naiz tenía cara de satisfecho.

-Pues Zeal, es para comunicarnos. Mi número está agregado en tu lista de contactos, ya que eso de que me acompañes no significa que vayamos a estar juntos todo el rato.

Su amiga estaba maravillada. En todos lados estaban los teléfonos celulares, en la televisión, los periódicos, la radio, los anuncios de la calle, en la gente. Y
más feliz no podía estar, puesto que el poco dinero que recibía no le permitían
comprarse uno.

-¡Muchas gracias Naiz!

-Entonces nos vemos Zeal, aprovecha para aprender a usarlo bien esta noche cuando llegues a casa.

Zeal asintió todavía mirando aquella pantalla, sin imaginarse que, en sólo cuestión de días, ese aparato iba a ser su perdición.