¡Gracias!

Por todo su apoyo, por dejar sus constantes reviews que me llenan de alegría.

Por nunca abandonar la historia y seguirla paso a paso.

Gracias por haberme acompañado en este magnífico proceso.

Una vez más...

¡MUCHAS GRACIAS!

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Y de repente, no era ella.

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Capítulo 9

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Kumiko miró a Hinata y después a Naruto.

— ¿Cómo se conocieron?

Naruto estaba atónito, con la mandíbula apretada y las manos empuñadas. Sabía que si se relajaba podría asesinar a Kumiko. Nunca antes había sentido tanto odio por una persona.

— Está bien si no quieren responder. – se quitó los enormes lentes negros. – Ya me enteraré. – Hinata carraspeó.

— Es curioso… - titubeó. – El destino.

— Supongo… - sonrió. – Pero es una verdadera sorpresa encontrarnos los tres. – se paso la otra mano por el abundante cabello. – Nunca le dije a Naruto que tenía una gemela. – volvió a sonreír.

— Si te ibas a casar con él, debiste haberle dicho la verdad. – Hinata la vio molesta.

— ¡Vaya! – le tocó el hombro. – Nunca imaginé que se te quitaría la cara de tonta.

— ¡Déjala en paz! – gritó Naruto apretando más las manos.

Kumiko se sorprendió, ni siquiera a ella la había defendido alguna vez, sólo hablaba y hablaba sobre lo hermosa que era y lo afortunado que lo hacía que ella le correspondiera. Aunque nunca estuvo totalmente enamorada, Naruto le daba estabilidad económica, social y moral. Pero no la satisfacía. Siempre fue su trabajo, tirar la pelotita de aquí a allá e ignorarla la mayor parte del día, tenían sexo una vez a la semana y lo demás solo era hablar del tenis. La aburría, hasta que le presentó a Menma en una noche cuando estaban en el billar.

Menma era ardiente, con un físico del demonio y nada más con verlo le provocaba un orgasmo interno. Era muy parecido a ella, despampanantemente explosivo, y eso era lo que le gustaba. Poco a poco dejó de ver a Naruto como una pareja, dejándose llevar por los placeres que Menma le daba, hasta que en el altar no se pudo contener y se escapó con él.

Sabía del daño que le hacía a Naruto, también que la odiaba, y no podía culparlo de ello. Pero ese mes lejos de todo el mundo de glamour al que se había acostumbrado, le shockeó el cerebro. No podía vivir sin Naruto, por más que lo había intentado con Menma, no podía hacerlo, solamente él sabía cómo amarla sin asfixiarla, lo que nunca comprendió era que Naruto intentaba darle su espacio, no atorarla de compromisos y que llevase una vida tranquila sin el estrés de los paparazis.

Lo que no se imaginó era ver a su hermana al lado de la persona por la que había regresado. Se llenó de miedo al verla tan cambiada y con un brillo muy inusual en sus ojos. Pero eso no la frenaría en su proceso de alcance por lo que quiere, ni aunque fuese su hermana dejaría la pelea. Esta vez, todos iban a conocer a la verdadera Kumiko aunque para eso tenga que destruir el corazón de Hinata. Además, Naruto debía seguirla amando, de eso estaba totalmente segura.

— ¡Hinata! Necesito que vengas, mamá tiene que… - Tami llegó corriendo hasta Kumiko, y la miró de arriba abajo arrugando el ceño. – Tú no eres Hinata.

— Y tú debes ser Tami. – le sonrió amigablemente. Ella abrió los ojos con sorpresa.

— Tú… - giró la cabeza para ver a Hinata. - ¿Kumiko? – Hinata asintió bajando la cabeza.

Tami alzó la mano dándole una cachetada.

— ¡Tami! – Naruto la agarró por detrás.

— ¡La voy a matar!

— ¡No! – intentó controlarla, pero era demasiado fuerte. – No tienes que hacerlo.

Hinata se tapó la boca desconcertada.

— ¡Suéltame Naruto! – forcejeó un poco más. - ¡Voy a golpearla!

— ¡Basta Tami! ¡No puedes hacerlo! Contrólate.

Kumiko se tocaba la mejilla que aún estaba caliente. Era la primera vez que le pegaban y no dudaba en que se lo tenía merecido. Pero lo que más le disgustó era que Hinata ya conocía a la familia de Naruto y con ella nunca llegó a nombrarla, siempre le decía que no se llevaban bien y que era mejor no verlos. Algo había pasado entre ellos, no iba a dejar que Hinata se quedara con lo que a ella le costó años construir.

Hinata le tocó el hombro a Tami paralizándola, negó con la cabeza y Naruto la soltó. Después le dirigió una mirada de agradecimiento a Hinata.

— Tami. – la cogió por la mano. – Lo mejor será que nos vayamos.

Se fueron dejando la tensión en el aire, enfrentarse a Kumiko conducía el reto más grande de su vida, mirarla ahí frente a él le hacía remover sentimientos que no quería sentir. Le hacía preguntarse si debía escucharla o simplemente dejarla e ir en busca de Hinata. Subió la cabeza mirando el cielo y suspiró. Nunca había dependido tanto de alguien, la cálida sonrisa de Hinata, la suavidad de su mano, las ganas de pelear con ella y abrazarla, el besarla por las noches o jugar a que lo haría. Quiso reírse, pero no podía, su corazón estaba destrozado y lo menos que tendría que hacer sería poner todas las cosas en su lugar. Empezando por Kumiko.

— ¿Qué quieres? – apretó los labios.

— Supe que estabas aquí y vine a verte. – se acercó. – Te extraño.

— ¿Crees que eso basta?

— Perdóname. – intentó tocarlo, pero Naruto se alejó.

— Kumiko, ¿por qué lo hiciste? – bajó la cabeza. – Sé que fallé en nuestra relación, pero si no querías casarte debiste habérmelo dicho. No obstante te fuiste dejándome como un idiota en el altar. – la encaró. – Solo le doy gracias a Dios por no haberle dicho a mi familia, ¿te hubieses imaginado las ganas de mi padre al querer asesinarme? Por no haber escogido una buena esposa.

— Perdóname Naruto, solo perdóname y dame una oportunidad. – esta vez lo agarró fuertemente de la mano. – Prometo no decepcionarte.

Naruto bufó sarcásticamente.

— Kumiko, no lo entiendes… - la miró detenidamente. – No quiero estar contigo.

— ¿Es por Hinata?

— ¡No la metas en esto! – quitó su mano de la de ella.

— ¿Te has enamorado?

Naruto no respondió. Kumiko apretó la mandíbula enderezando el cuerpo, lo observó enaltecida, con los ojos de aguja y la expresión de un león.

— Lo comprendo. – bajó la vista al suelo. – Creo que llegué muy tarde.

Se giró para irse, pero Naruto la detuvo agarrándole la mano. ¡Al carajo el orgullo! La atrajo hacia él y la abrazó. Hundió su cabeza contra su cuello mientras se tragaba el nudo que se le formaba en la garganta.

— También te extrañé. – sonrió.

Kumiko suspiró abrazándolo aún más fuerte.

— Te quiero Naruto.

— ¿Vas a volver a irte?

— No. – apretó la camiseta contra su espalda. – Me quedaré aquí, contigo.

— Mañana regreso a Londres, ¿podrías esperar a que arregle algunos asuntos? – la apartó tocándole la cara con las dos manos. – Así después podrás instalarte. – Kumiko sonrió.

— Si, esperaré. – lo besó.

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Hinata observó de lejos, sonrió y suspiró. Sabía que esto era el final, a pesar de que Naruto dijera que odiaba a Kumiko, ella sabía que era mentira. Cuando la vio delante de él, fue como si miles de espejos se rompieran sobre sus ojos, esa expresión que contenía su mirada solo significaba que no la había olvidado. Seguía amándola con toda la intensidad de su alma. Y ella estaba ahí, estorbando sus vidas.

Se sentó sobre una banca hasta que anocheció, no se sentía triste, pero tampoco estaba feliz. A fin de cuentas, ella estaba enamorada de él, lo amaba con cada espacio inaccesible de su ser y estaba segura que nunca volvería a amar cómo lo hacía en ese momento. Respiró y soltó el aire de golpe. Tendría que ser fuerte, fingiría que nada ha pasado y se reiría cuando Naruto le hablara sobre acabar con su farsa de matrimonio. Eso haría, fingir, reír, y olvidar.

— Hinata, qué bueno que estás aquí. – Kumiko se sentó a su lado sonriendo.

— Felicidades. – le devolvió la sonrisa.

— Gracias. – miró al cielo. – Naruto iba a traerme aquí para mi cumpleaños. – giró la cabeza para verla. – Que es el tuyo también, por supuesto. Supongo que ya que había hecho las reservaciones, no podía dejar pasar la ocasión.

Hinata sintió ganas de vomitar, pero no le demostraría a su hermana que era débil. Sonríe.

— Debió haber sido eso.

— ¿Ustedes son muy amigos?

— Un poco. – no la vio.

— Hinata, voy a pedirte un favor. – la agarró por las manos. – Sé que nuestra relación no ha sido la mejor, nos hemos destruido mutuamente y yo te pedía demasiado, incluso llegaba a insultarte y me siento muy mal por ello. – sonrió. – Somos hermanas, gemelas, y es hora de que empecemos a llevarnos bien. Es posible que Naruto y yo retomemos nuestros deseos de casarnos nuevamente, así que quisiera que me ayudaras con él. A pesar, de que nos reconciliamos, no lo veo muy seguro de que quiera regresar conmigo.

— Kumiko, sé más franca.

— Quiero que me ayudes a que Naruto regrese conmigo decidido a retomar una vez más el matrimonio. Quiero estar segura de que me sigue amando.

— ¿Por qué quieres que lo haga yo?

— ¡Hinata! No seas tonta… - le dio un golpe en la frente. – Tú has vivido con él todo este mes, ya Naruto me ha contado todo, por lo que eres la más cercana en este momento. Necesito que me ayudes. Yo…- se detuvo mirándola fijamente. – Lo quiero.

Hinata sintió como si un cuchillo le atravesara el corazón. ¿Ahora tendría que ser el hilo de unión? Bien. Si eso haría feliz a todos, ella sería el hilo. Asintió y Kumiko la abrazó, se despidió de ella con un hasta pronto y se fue. Hinata se levantó suspirando, hasta aquí había llegado todo. Antes era el anzuelo, ahora era Cupido.

Mientras caminaba, algo se enredó sobre sus dedos, bajó la cabeza y cogió la pulsera que estaba en la arena. Era la misma que le había visto a Naruto traer cuando se topó con Kumiko. De pronto las piernas le fallaron y cayó al piso llorando. Las gruesas lágrimas bajaban desordenadas sobre su rostro, en ese momento quería irse para siempre, olvidar todo o simplemente morir. Se tocó el pecho apretando la camiseta, el nudo empezaba a dolerle en la garganta, el corazón poco a poco latía menos, y lloraba.

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El día anterior habían llegado a Londres, Naruto le esquivaba la mirada y la ignoraba todo el tiempo. Sabía que se había despedido de Kumiko con la promesa de unirse definitivamente, y Hinata solo suspiró.

Acomodó su bolso, se puso la ropa que tenía cuando Naruto la secuestró, pero se quitó las gafas. La mejor forma de unirlos era saliendo de sus vidas, y eso haría. Cuando bajó las escaleras, Kushina y Minato estaban en el sofá, ella tejiendo y Minato mirando el periódico. Hinata sonrió, a pesar de ser un matrimonio un poco problemático, había un campo magnético sobre ambos que los unía, ya no era el amor juvenil y alocado, ahora era un amor más maduro, uno que, más allá de las dificultades, se seguía sosteniendo.

Carraspeó la garganta recibiendo la atención de los esposos que la miraron con sorpresa e inquietud. Quizá era por la ropa y por su peinado en trenza.

— Quisiera hablar con ustedes.

Se sentó frente a ellos, puso su bolso a un lado y se cruzó de manos. Les contó todo, desde Kumiko hasta su secuestro. Les dijo que Naruto estaba molesto, y que por eso no pensó cuando hizo las cosas, pero que no era culpable de todo lo que sucedió. También les dijo que no se preocuparan por ella, que aprendieran a amar a su hermana. Kushina no hablaba y Minato estaba inmutable. Hinata enderezaba el cuerpo cada vez que abría la boca, apretaba más las manos, y empezaba a faltarle el aire. No quería llorar, pero varias lágrimas le recorrieron inconscientemente el rostro.

— Entonces… - Kushina titubeó por un segundo. – ¿No estás embarazada?

Hinata negó con la cabeza mientras se secaba las lágrimas.

— Y no están casados. – Minato no la miró.

Hinata volvió a negar.

— Les ruego que no se enojen con él. – gimió por el llanto. – Naruto es maravilloso, un buen hijo y un gran hombre. Simplemente estaba dolido y no sabía que Kumiko tenía una gemela, confundió las cosas por las mentiras de ella. – se levantó. – Espero puedan perdonarme por haberles mentido, no quise hacerle daño a nadie.

Se guindó el bolso del brazo derecho y caminó hasta la puerta.

— Gracias por todo.

Se fue.

Kushina se levantó para ir tras ella, pero Minato la cogió de la mano. Ella lo miró y supo que él también pensaba como ella. Amaban a Hinata y sabían que era una buena mujer, no querían que saliera así de sus vidas. Aunque su hijo ya haya tomado una decisión, ellos la aceptarían, sin embargo, no podían estar cerca de la hermana de Hinata. Sería como mirarla a ella, y no querían estar cerca de alguien que los haría sentir incómodos.

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En el aeropuerto, Kiba la esperaba con una sonrisa. Se sentía apenado desde aquella vez en que se emborrachó y estuvo a punto de faltarle el respeto como mujer, pero cuando escuchó su voz al teléfono y pidiéndole ayuda, supo que esta era la ocasión para disculparse y que lo perdonara.

— Gracias por venir. – lo abrazó.

— No tienes que decírmelo Hinata. – sonrió.

— Supongo que ya lo sabes todo.

— Soy policía, pero no adivina. Aunque si, estuve investigando y sé algunas cosas.

— ¿Por qué no dijiste nada?

— Hubieses salido en su defensa. Y tendría que amenazarlo otra vez con mi bolígrafo.

Ambos se rieron.

— Voy a regresar a Japón. – buscó entre su bolso su monedero. – Te llamé porque no sé hablar inglés así que no sé como pedir el boleto. – le dio algunos dólares. – Espero que esto sea necesario.

— No. – le devolvió el dinero. – Yo te lo compraré. – se rascó la nuca. – Es lo menos que puedo hacer por ti.

— No puedo aceptarlo Kiba.

— Vamos Hina, solo piensa que es un regalo de cumpleaños. – sonrió.

— ¿Por qué no te vi a ti primero?

— Supongo… - la agarró por los hombros llevándola al mostrador. – Que tendré que viajar pronto para tu país.

— Gracias Kiba.

Lo abrazó y él sonrió aún más.

— No lo vuelvas a hacer. – la apartó. – No me gustan las despedidas.

— Entonces, sólo gracias. – le sonrió tiernamente.

Kiba compró el boleto y se lo entregó.

— Despídeme de Akamaru.

— Lo haré.

Le besó la mejilla, le dio un último abrazo y se fue.

Mientras caminaba hasta el avión, recordó todo, desde que Naruto se le abalanzó molesto preguntando quién era, hasta que le dio el último beso. Las peleas, los malos entendidos, las ganas que tenía en ese momento de abrazarlo, el día en que conoció a su familia. La noche de borrachera de Kiba. Soltó una risilla girando el cuerpo para ver por última vez el aeropuerto, ahí terminaba todo.

Adiós Naruto.