Capítulo nuevo! Este es un poquito diferente a lo habitual, a ver que os parece. Espero que, ante todo, os guste! Muchas gracias por leerme :D Besos!
Siempre me he preguntado qué es lo que ocurre para que dos personas se enamoren. No es que no tenga ejemplos para no saber lo que ocurre; podría tomar a cualquier familiar adulto como ejemplo. Sin embargo, no entiendo como dos personas tan dispares como lo son Vivien y Theodore, estén juntos.
Ambos son inteligentes, las personas más inteligentes con las que me haya cruzado. No por ello han conseguido ser Premio Anual. Son personas de una calidad humana increíble. Incluso Theodore, a pesar de ser Slytherin, he descubierto que tiene una dulzura tan similar a la de mi amiga, que, si llegas a compartir con ellos el mismo espacio por mucho tiempo es peor que estar con Malfoy. Os lo creáis o no, he encontrado una manera peor de pasar el tiempo. Aunque, por muy empalagosos que sean, puedo notar que se quieren.
Suspiro sonoramente. Y siento como Scorpius fija su mirada en mí. El castigo de los martes nos lo han suspendido debido a la carga de deberes que tenemos por ser estudiantes de EXTASIS, por lo que ahora solo estamos castigados los viernes. Le miró de vuelta con una sonrisa en mis labios. Scorpius vuelve a centrar su atención en no sé que trofeo que está limpiando, pero puedo ver como sonríe de esa manera que si no, no sería su sonrisa.
Mi propósito de comienzos de curso ha cambiado. He descubierto que es mucho más estimulante seguirle el juego a Scorpius Malfoy que a cualquier otro individuo de Hogwarts. Obviamente, si alguno de esos individuos consigue atraerme tanto como lo está consiguiendo hacer Scorpius - no sólo a nivel físico, sino también intelectual- no pondré objeción alguna.
Bueno, quizás le propoga un partido de Quiddicht contra mis primos. Sí, esa sería una buena prueba de fuego.
'Y con lo bien que vuela Scorpius, la pasaría de sobra...¿Pero en que estás pensando Rose? Céntrate en seducirle, tiene que ser tuyo. Tiene que tener sólo ojos para ti'
Sacudo mi cabeza. Últimamente, desde aquel día en el que estuve tan cerca del heredero Malfoy, la voz de la razón que siempre me ha acompañado se ve interrumpida por una mucho más seductora.
A pesar de ser noviembre, en la sala hace un calor bochornoso. Dejo el abrillantador en el suelo. Tengo que quitarme el jersey o me dará un desmayo nada agradable. Ni para mí, ni para mi acompañante. Evitando no destrozar el desordenado moño que me he hecho al comienzo de la tarde, siento como la camisa se me sube ligeramente al quitarme la prenda, la cual dejo en el suelo.
A mis espaldas Scorpius suspira. La voz seductora toma control sobre mí. Me estiro descaradamente, moviendo mi cuello de un lado a otro. Al girarme veo como Scorpius mueve la cabeza hacia el lado contrario. Sonrío internamente.
Las horas de castigo pasan lentamente, todavía queda media hora hasta que Filch venga dar el visto bueno. Ya hemos acabado de limpiar, por lo que me siento en el suelo. Scorpius no tarda en acompañarme. Hoy apenas hemos hablado, pero el ambiente no ha sido incómodo.
-Sé lo que piensas, fusca. Sé lo que estás planeando. Y no te lo voy a poner fácil, Rose.
Me quedo a cuadros, con los ojos abiertos. No puede ser que Scorpius me haya descubierto tan pronto. Puede que haya sido demasiado obvia. Me siento como la lechera del cuento.
-Caerás tú antes en mi juego. Siempre gano. Un Malfoy siempre consigue lo que quiere.
La mano de Scorpius acaricia mi rodilla aprovechando la proximidad. Vuelvo a sentir el mismo cosquilleo que sentí cuando tenía sus manos agarrando mis caderas. Cierro los ojos en un vano intento de recuperar el control. Su mano sube hasta el borde de mi falda. '¿Qué te está ocurriendo Rose?
Siento los pasos de Filch acercarse. Abro los ojos, los de Scorpius vuelven a estar fijos en mí. Me levanto y para cuando el anciano conserje entra a inspeccionar, me lanzo al pasillo.
Camino bastante rápido, pero no lo suficiente. La mano de Scorpius me acerca a su cuerpo desde atrás.
-Y sé perfectamente lo que quiero, fusca.
Scorpius me libera, caminando por delante de mí. No se gira, continúa recto hasta las escaleras. Y ahora soy quien no sabe lo que quiere. Y porqué la gente dispar se quiere.
