No pasó más de una semana del interesante encuentro de Sherlock Holmes con Victor Trevor, pero la voz suave y el bello rostro del muchacho le seguían dando vueltas en la cabeza.
Viéndolo así, le parecía un poco extraño no haberle notado antes. Quizá sí lo hizo, pero no lo suficientemente bien y desechó su recuerdo. Quien sabe y hasta votó por el para presidente del comité, en los días en que se le obligó a participar, y solamente escribió su nombre porque fue el primero que se le vino a la mente. No estaba seguro.
Pero era viernes en la mañana, y la única clase a la que había asistido era al examen de química de dos horas.
—Muy bien jóvenes, sólo quiero que encierren en un círculo la respuesta correcta cuando las opciones sean múltiples y responda mínimo tres líneas en las preguntas abiertas. Si los atrapo copiando, les retiraré el examen y habrán perdido la mitad de la calificación, ¿entendido? —Mascullaba el viejo profesor, mientras caminaba entre las filas repartiendo las hojas —Pueden comenzar enseguida tengan su examen.
Sherlock miró con desdeño, tanto al maestro como al montón de hojas llenas de preguntas frente a él. John estaba sentado a unas dos filas de él, mirando nerviosamente a todos lados, probablemente buscando el rostro de su amigo. Holmes bajó la vista y comenzó a escribir, apenas borrando un par de cosas y dando solamente una leída superficial a sus respuestas. Sabía que no había necesidad de revisar nada.
Fueron veinte minutos. Sherlock necesito veinte minutos para responder el examen de dos hojas, ponerse de pie en medio del salón silencioso y poco sorprendido por la velocidad de su compañero. Y con el maletín en mano, dejó el examen en el escritorio del profesor, echó una mirada a su fiel amigo Watson (quien se notaba bastante preocupado, obviamente por su falta de conocimiento y el hecho de que no había estudiado demasiado la noche anterior) y salió del salón tan rápido como había llegado.
Se encontró con un pasillo solitario y calmo, siendo que era hora de clase. Suspiró, palpando el bolsillo de su camisa bajo el largo abrigo. Ahí tenía sus cigarrillos y el encendedor. El teléfono celular estaba en otro bolsillo y unos cuantos billetes en el otro. No necesitaba más para pasar en paz el resto de la tarde, incluso podía ir a espiar un poco en las nuevas escenas del crimen recientes de las que se había enterado por la mañana.
—Hola Sherlock —le llamó una voz que para ese momento ya le era conocido. Elevó el rostro, sacándose de su pequeño lapsus y se encontró con el apuesto Victor Trevor, parado a un metro de él.
—Ah, ¿Qué haces fuera de clase? —le preguntó enseguida, notando como sostenía su mochila con una sola mano. Victor sonrió, balanceándose sobre sus pies.
—Terminé mi examen de cálculo y siendo que ya me liberaron las demás clases, puedo irme temprano —se acercó lentamente a Sherlock, suavizando su gesto al tiempo que Holmes retrocedía un poco — ¿Qué hay de ti, eh?
—También terminé un examen y tengo el resto del día libre.
—Vaya, que bien —respondió el joven pelirrojo, echándose la mochila tras la espalda —Y qué casualidad, ¿no? Bien podríamos ir juntos a algún lugar, ahora que los dos estamos libres —sonrió juguetón, metiéndose las manos en el pantalón de mezclilla.
— ¿Por qué tendría que aceptar tu invitación? —por muy atractivo que le resultara, tampoco le era de gran agrado desperdiciar su tarde con un tipo tan extraño como lo era Trevor.
Victor cayó en cuenta de la actitud defensiva del muchacho, pero no se sintió desanimado en realidad. Le resultó un poco tierno. Sherlock por su lado, sentía que debía prepararse para correr. Aunque no sabía bien por qué.
—Porque planeaba ir a la biblioteca a buscar algunos libros de química y pensé que alguien que le interesa tanto ese tema como a ti, me podría echar una mano escogiendo los correctos y estudiando —Victor se pasó la mano por el cabello, esta vez rebelde y sin peinar, cuyos mejores rojizos y oscuros cubrían su frente pálida sin cuidado. A Sherlock le temblaron las piernas ante la visión de su impresionante masculinidad.
—Bueno, no suena mal —se aclaró la voz, nervioso —Es mejor que las tontas salidas con John al cine o a ver carreras de autos.
— ¿Eso es un sí?
—Supongo.
—Grandioso —Victor ensanchó la sonrisa y se echó a caminar, con un gesto que indicaba a Sherlock a seguirle.
Para la sorpresa del propio Holmes, no se mostró tan reacio a acompañarle, y ni siquiera expresó su molestia con murmullos o alguna mueca. Sencillamente le siguió mientras atravesaba el pasillo y bajaba por los escalones de la entrada.
—Hoy no tienes ropa formal —mencionó Sherlock, al apreciar los sencillos pantalones vaqueros y la camiseta blanca del muchacho —Creí que no era el único que hacía eso.
—Oh bueno, es viernes y sólo tenía una clase, me dije que podía relajarme —respondió con amabilidad. Entonces echó un vistazo a la ropa de Sherlock —Pero debo admitir que a ti te luce muchísimo mejor ese tipo de ropa. Tú pareces modelo. Yo me veo como un tarado.
Sherlock no quiso admitir el hecho de que las mejillas se le colorearon un poco y el corazón le latió demás al oír el sutil halago del apuesto pelirrojo. Chistó entre dientes y se tocó el rostro caliente.
—Tonterías.
—Sólo digo la verdad —Victor parecía de lo más cómodo junto a Sherlock, escudriñando su rostro afilado y los ojos de color indescriptible. La madeja de rizos oscuros en su cabeza se esponjaba por el ambiente húmedo del día y sólo le daban un tono muy infantil a su bonita cara siempre seria. Trevor sonrió —Espero que no te moleste tomar el autobús, no traigo coche a la escuela porque vivo como a diez minutos caminando de aquí, así que…
—No hay problema por mí —le cortó el muchacho —Tampoco es que me sienta muy tranquilo en el auto de un extraño.
Por muy guapo y amable que el pelirrojo pudiera ser, a Sherlock no se le olvidaba su propia hostilidad, casi natural, hacia la gente nueva. Trevor no reaccionaba mucho a ello, de cualquier manera. Se reía, miraba al muchacho y seguía sonriendo.
Pararon en la acera, cuando Victor notó que se aproximaba el autobús que los llevaría a la calle de la biblioteca y se apresuró a buscar un par de billetes en el fondo de su bolsillo.
—Yo pago los boletos, ¿sí? —Dijo sonriente, contando el dinero en su mano —Eres mi invitado.
—Claro —Sherlock se metió las manos en los bolsillos mientras observaba el bus detenerse frente a ellos.
El menor de los Holmes apreció levemente que Victor le dejara pasar primero, y después de pagarle al conductor, se ofreciera a limpiar un poco el asiento con su mano y darle el lugar junto a la ventana a Sherlock, siendo que era su favorito. Todo sin dejar de sonreír y mostrarse totalmente afable.
Sherlock apenas masculló un "gracias" en voz baja, y con la cara poniéndosele cada vez más roja, se sentó tranquilamente, apartándose lo más posible del cuerpo corpulento y fuerte del otro joven. Victor abrió un poco sus piernas, golpeando los delgados muslos de Holmes con sus rodillas.
—Lo siento —murmuró, apartando sus piernas —Vaya que hace frío, mejor me pondré la chaqueta encima.
Con movimientos un poco torpes, Trevor se puso de pie, sacando su gran chaqueta marrón y enfundándose en ella, al tiempo que Sherlock apartaba la mirada.
Una vez sentando nuevamente junto a él, Victor comenzó a hablar.
—Eres un muchacho muy serio, para tener un rostro tan lindo —Sherlock regresó el rostro, sorprendido por las repentinas palabras del joven pelirrojo.
— ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?
—Bueno, uno diría que un joven tan guapo iría de aquí por allá, teniendo montones de novias y acudiendo a fiestas siempre que pudiera —Victor dejó caer su mochila frente a sus pies y clavó la mirada en el rostro notablemente sonrojado de Sherlock —Ya sabes, los hombres de nuestra edad harían eso, al menos si fueran la mitad de atractivos de lo que eres tú.
—Ni las mujeres ni las fiestas me interesan. No me aportan nada valioso —Sherlock se frotó las manos contra el pecho, evitando ver a la cara a Victor —Sólo es pura pérdida de tiempo.
—Pues es lo que veo que hacen los chicos guapos, no lo sé.
— ¿Acaso tú haces todo eso?
—Pues, he tenido un par de novias y voy a una que a otra fiesta, no a todas a las que me invitan. Supongo que si tengo la diversión suficiente —soltó una risilla tímida y suspiró — Pero, ¿tú crees que soy guapo?
Holmes sintió el vello erizársele ante la pregunta del joven y mejor volvió la mirada a la ventana.
—No sé.
Victor sonrió coqueto, aunque Sherlock no le mirara, y sintió muchas ganas de seguir molestando al muchachito.
El resto del recorrido hasta la biblioteca fue en silencio, pero con un contacto extraño entre los dos. Se golpeaban las piernas levemente al moverse, las manos rozaban las del otro y demás cosas así.
Y entre todo eso, Sherlock pensó en John. Idiota, enano, molesto y ñoño. Y entonces miró a Victor.
La sensación era muy diferente. No quería correr lejos. Le daba curiosidad saber que podían hacer estando juntos. Tal vez no sería algo tan aburrido.
No sonrió porque no quería dejar que el pelirrojo lo notara, pero si relajó su cuerpo y suavizó el gesto. Y volvió a sentirse ligeramente encantado cuando Victor se puso de pie y le dejó pasar primero, al llegar a su destino.
Ambos muchachos bajaron del autobús y se echaron a andar hacia el enorme edificio antiguo que hacía de biblioteca. Trevor lucía emocionado por alguna razón y a Sherlock sólo le daba un poco de indiferencia. Aunque ciertamente también quería encontrar un par de libros.
—Este es mi sitio favorito en toda la ciudad, es tan grande que puedes hacer muchas cosas entre los pasillos y nadie te atrapa, je —decía Victor, casi corriendo en las escaleras, para la sorpresa de Sherlock. Se encogió de hombros y le siguió el piso, y adentrándose en el lugar antes que él, debido a su pequeño gesto caballeroso de abrir la puerta para que Holmes pasara primero.
Sherlock se quedó de pie mientras Victor hablaba con la bibliotecaria y regresaba junto a él, con una sonrisa de oreja a oreja. El joven de cabello rizado se cohibió un poco ante lo radiante que resultaba su rostro.
—Vamos a buscar un libro, ¿sí?
—Está bien.
Caminando entre los pasillos y los altos estantes llenos de libros, revistas, historietas y demás, Sherlock entendió un poco porque esa biblioteca en específico le gustaba tanto a Victor. Estaba bastante tibia, con luces tenues y un profundo y agradable aroma a libro nuevo. Las mesas estaban bien repartidas y las baldosas blancas y negras reflejaban la ligera iluminación del lugar.
Es un lindo lugar, se dijo para sus adentros.
— ¿Por qué quieres buscar libros de química? —preguntó en algún momento, mientras miraba a Victor buscas insistentemente entre los estantes.
—Ah, es que disfruto bastante estudiar sobre ello, pero soy un poco cabeza dura y no aprendo mucho, así que tengo que leer más sobre todo eso y seguir tomando tutorías —respondió el jovencito, sujetando un par de gruesos libros polvorientos entre sus brazos —Mi padre es químico y siempre he querido estudiarla como carrera.
—Oh, bien. Suerte en ello —Sherlock se halló sorprendido ante sus pequeñas palabras de ánimo. Victor apenas respondió con una sonrisa.
Al final Holmes tomó uno que otro libro de biología y anatomía, y se acercó junto a Trevor a una de las mesas más alejadas del lugar.
—Es una linda biblioteca, en realidad —mencionó en voz alta, abriendo uno de los libros de pasta dura. Victor, con sus cuadernos fuera y un bolígrafo en la mano, elevó el rostro para mirar a Holmes.
—Sí, lo es. Siempre vengo aquí cuando estoy triste o enojado. Me relaja el ambiente y todo eso. De hecho aquí conocí a Mike.
— ¿Ah sí?
—Bueno, obviamente ya le conocía de un par de clases, pero un día por casualidad nos encontramos aquí buscando el mismo libro y nos hicimos amigos después de un rato. Él es un buen chico, muy alegre.
—Supongo —Sherlock le escuchaba despreocupadamente, leyendo rápidamente. Victor volvió a sonreír mientras él no le miraba.
—Incluso me sorprende que te lleves con él. Digo, no pareces de ser amigo de personas tan parlanchinas y felices —Victor lo miró con sospecha, aunque no queriendo lucir agresivo. Sherlock no apartó la mirada de las páginas amarillas.
— ¿Quién dijo que él es mi amigo?
—Que rudo —Victor río entre dientes, divertido por la poca delicadeza del chico —Apuesto que no piensas así de ese muchacho rubio, John. Deben ser muy cercanos.
Esta vez fue Sherlock quien soltó una suave pero marcada carcajada, aun leyendo. Victor se sintió extrañado ante ello.
—No digas tonterías.
— ¿De qué hablas?
—John no es mi amigo. Tal vez Mike lo sea un poco, pero… —el chico pasó una hoja del libro con cuidado, acomodándose en su silla —Yo no tengo amigos.
Victor le miró realmente intrigado, y un tanto desanimado por las duras palabras de Sherlock.
— ¿Por qué?
—Porque estorban, Victor. No necesito esa cantidad de contacto humano, mucho menos de un montón de gente tan… simple —decía con un dejo de desprecio entre sus palabras, lo que crispó un de cierta manera los nervios de Trevor —Solamente me distraen de las cosas realmente importantes. Pero parece que John jamás entenderá eso.
Victor le miraba fijamente, aunque Sherlock estuviera más ocupado leyendo y pasando las hojas rápidamente, golpeteando el piso con su talón. El joven pelirrojo se pasó las manos por el cabello y suspiró suavemente.
—Entonces… —habló con la suficiente fuerza para llamar la atención de Sherlock nuevamente, aunque esté solamente le echó una mirada y regresó a su lectura — ¿Por qué aceptaste venir aquí conmigo?
El menor de Holmes esta vez sostuvo la mirada de Victor, quien le conservaba con un rostro lleno de curiosidad. Sherlock había esperado que se sintiera ofendido, pero su gesto reflejaba poco de eso. Una reacción bastante inusual. Holmes volvió a sentirse extraño.
—Si te soy sincero… no lo sé —el adolescente de cabello rizado cerró su libro y lo dejó caer sobre la mesa, cruzando los brazos en su regazo. Bajó un poco la mirada, presó de la pena como pocas veces —Supongo que eres algo diferente. No sé.
Victor no necesitó escuchar más. Chasqueó con la lengua y esbozó una tímida sonrisa.
Realmente le agradaba Sherlock Holmes.
