IX.
Esa mañana de sábado no fue como las otras. La petiza peliengra se levantó de mal humor y adolorida. Tenía un montón de ideas en la cabeza y sentimientos mixtos.
- ¿Rukia, qué piensas? – Byakuya preguntó a la chica levantando la vista del diario que leía.
- Nada… - Recibió una mirada de incredulidad de su cuñado y ella suspiró. – Pues no estoy segura, pienso en Renji y en Ichigo.
- Eso ya lo sé, si no, no te la pasarías suspirando desde febrero.
- Con todo respeto Byakuya, ¿si ya lo sabes para qué me preguntas? – Rukia bebió de un trago su café.
- Para ver si te atreves a decirlo.
- ¿Decir qué? - Otra mirada de aquellas del empresario.
- Apresúrate, te llevaré a casa del vago ese.
En el auto lo único que se escuchaba era un noticiero en la radio. Rukia pensaba en lo que Byakuya le había dicho durante el desayuno y otro estúpido suspiro se le escapó.
- Ya llegamos, no olvides que hoy es la presentación de fondos y proyectos de la empresa.
- Sí. – Respondió la estudiante de manera distraída en lo que buscaba algo en su bolso.
- Y que no puedes llegar tarde. – Byakuya recalcó al ver la falta de atención de su cuñada.
- Bien.
- Puedes invitar al zángano Kurosaki. – Rukia no pudo evitar levantar el rostro con un deje de sorpresa. – Es tan impertinente como lo es Kaien, pero para que no te aburras tanto entre adultos.
Ambos sonrieron un poco y la chica bajo del auto. Tocó la puerta y Yuzu le abrió con mucha alegría y la invito a pasar.
Por más pequeña que esa casa fuera, Rukia se sentía cómoda en ella. Esa familia era una locura, en el buen sentido y a veces en el malo, pero se tenían el uno al otro y eso contaba mucho. Mientras la estudiante esperaba a al pelirrojo primogénito, ella paseaba por la pequeña sala.
- No quiero que tu hermano se case algún día.- Dijo Rukia que observaba un portarretratos con la foto de boda de los padres de los Kurosaki.
- ¿Te gusta? – Preguntó Karin acostada boca abajo en el piso leyendo una revista.
- No, pero si lo hace lo voy a extrañar muchísimo. Ya no va a tener tiempo para mí.
- Que egoísta eres.
- Ya lo sé, pero que quieres que haga… es mi único amigo.
La conversación terminó ahí, Ichigo bajó y se despidieron de la familia para ir hacia el museo.
Espacio
- ¿Cuál es tu obra favorita? – Preguntó Rukia mientras anotaba la cédula de un cuadro.
- ¿Del museo?
- No, de todas las obras que existen.
- Pues no sé mucho de arte pero elijo Melancolía de Edvard Munch, ¿la tuya?
- Campo de primavera de Claude Monet. Qué gran contraste hacen nuestras pinturas.- Rukia comentó con algo de pesar y comenzó a caminar hacia el siguiente cuadro.
- Justo como tú y yo. – Dijo Ichigo sin pensar.
Rukia no escuchó el comentario de su amigo. En realidad, no se dio cuenta de mucho ese día. Su estancia en el museo se intercaló entre tomar fotos y notas de las obras y mirar de reojo a al pelinaranja.
De regreso ambos estaban sentados en el autobús, perdidos en sus pensamientos.
"¿En qué momento empecé con esta sarta de estupideces? Pienso en él, suspiro por él…" Se preguntó Rukia mientras miraba a Ichigo en el reflejo de la ventana. "Todo es tan irreverente… a veces quiero tomarlo de la mano y otras veces… no sé que quiero de él." En ese momento el chico tomó su mano y ella lo miró con sorpresa y duda, él le sonrió de lado y luego la soltó.
- ¡Mierda! Kurosaki eres un asco… - Gritó Rukia con molestia y después se fue a sentar a otro lugar. Ichigo le había dado un chicle masticado que había encontrado debajo de su asiento.
El joven se rió un poco y su acompañante lo volteó a ver aún más molesta. Se sostuvieron la mirada y la risa le ganó a la joven bailarina. Ambos se rieron por la estúpida situación e Ichigo se levantó para sentarse de nuevo a lado de su amiga. A veces se comportaban de manera que no era común en ellos, pero si estaban juntos no importaba…
- Lo siento, sí soy un idiota, pero quería que te rieras un poco. Tu cara siempre tiene el ceño fruncido.
- Tú también y no voy por ahí haciendo porquerías para que te rías.
- ¿En qué pensabas?
- En nada en especial… - Respondió vagamente Rukia mientras garabateaba conejos en su libreta. – En que más tarde tengo que ir a un evento de la empresa de Byakuya…
- Mmm… qué feos conejos. – Ichigo señaló uno de ellos y Rukia le hizo un rayón en la mano.
- Y en el hecho de que me observas lo suficiente como para saber que siempre tengo el ceño fruncido. – Contestó la bailarina para después carcajearse por la reacción del estudiante.
- No seas engreída, cualquiera recuerda tu ceñuda cara.
Espacio
Al final, esa noche de sábado Rukia no invitó a Ichigo. No porque no quisiera, pero quizá era conveniente pasar un tiempo sola. Aunque no sé si fue buena idea ya que ambos se reencontraron con sus penas del corazón.
Cuando Ichigo volvió, Riruka lo esperaba afuera de su casa. Hablaron y se gritaron y lloraron, pero acordaron volver a intentarlo, después de todo a nadie le gusta estar solo… o algo así fue el argumento que los animó a salir de nuevo.
Por su lado Rukia se enteró de que el padre de Renji se había convertido en accionista de la empresa, por lo tanto el pelirrojo estaba en el evento. Hablaron, no tan pasionalmente como Riruka e Ichigo, y tampoco volvieron a ser pareja de inmediato, pero saldrían de nuevo… porque aún tenían sentimientos el uno por el otro.
Espacio
- Hola Ichigo, ¿qué hay?
- Hey Rukia, todo bien, ¿y tú?
- Igual, oye ya no tienes que venir por mí mañana en la mañana.
- Bien, ¿Byakuya te llevará?
- No… Renji.
- Ah… bueno, nos vemos mañana.
- Sí, bye.
Rukia bloqueó su celular y suspiró de nuevo. Sus conversaciones eran menos secas que eso… Renji la sacó de sus pensamientos trayéndole el chai que había ordenado, pues la antes ex pareja estaba en una cafetería en esa linda tarde de domingo conversando y felices de haber regresado.
