Notas de la autora:

¡Hola! ¿Cómo están? Ha pasado tiempo desde la última vez que actualicé, pero bueno... Últimamente no me he sentido muy motivada para escribir algunos fics y también se me presentaron otras cosas... Pero en fin, aquí un avance más que me sentó bien... Ya estaba un poco saturada de escribir tanto yaoi, ya saben xD

Muchras gracias a Chiharu No Natsumi, Tsuki-chan, Suiseki, MonoChronus y CamyLa por comentar.

Espero que me disculpen por la tardanza y que disfruten de la lectura ^^

Disclaimer: Los personajes de Naruto son propiedad de Kishimoto Masashi, pero como a él le gustan los fanfics, pues no pasa nada si los tomo prestados...


El valor del silencio

por Shizenai

Capítulo IX – Esperanza

"A veces siento que la pequeña parte de humanidad que vive en mí agoniza. Que cada vez y con mayor frecuencia, necesito buscar en los desgastados recodos de mi interior para cerciorarme de que sigo ahí dentro. Las tinieblas se propagan por doquier divulgando cada uno de mis temores y preocupaciones, haciendo tambalear peligrosamente el sueño que inicié aquel día... Sólo el dolor de aquellos recuerdos me hace obedecer, aunque ahora dude de que este camino me lleve hacia alguna parte...

Una vez huí de ti, aunque en esta fría y despicada noche sólo quiera acudir a tu encuentro..."

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Aún era demasiado pronto para darlo todo por perdido y aunque gozaba de su habitual templanza y una capacidad innata para no perder los nervios, aquello no quería decir que estuviese menos deseoso de llevarse las manos a la cabeza y deshacerse de un poco del estrés que había estado acumulando durante los últimos días. Tampoco es que las maldiciones y demás infortunios que Kisame escupía por la boca fuesen de mucha ayuda para poder pensar por fin en cuál debería ser su próximo movimiento.

—Joder, no me puedo creer que le hayas quitado la vista de encima —gruñó el más alto golpeando el suelo. Mirando ingenuamente tras el árbol apostado a su lado, como si realmente tuviese la esperanza de encontrarla oculta tras el fino tronco—. ¿En qué cojones estabas pensando? Esa maldita zorra se ha de estar partiendo de risa a nuestra costa ahora mismo...

El objeto de sus reproches hacía casi omiso a sus improperios. Sabía que aquel descuido era culpa suya, sin ninguna duda, aunque eso tampoco le diera libertad para regañarle y, si había pospuesto aclararle tal hecho, no era ni más ni menos porque había una clara prioridad en aquel momento. Al menos, si de enmendar el error cometido se trataba.

Se arrodilló lentamente, muy cerca de donde la noche anterior habían disfrutado de la hoguera, removiendo un poco la arena fina que, escudriñando con detenimiento, parecía haber sido aplastada. Mientras Kisame seguía con sus protestas, sintió unas ganas locas de echarse a reír ante su pequeño descubrimiento, aunque sus facciones permanecieron tan inmóviles que parecía un rostro perfectamente esculpido en piedra. Había sido tan fácil dar con su rastro que ni siquiera iba a necesitar hacer uso de las ventajas extras que su extraordinaria visión le otorgaba.

—Tú sigue en dirección a las colinas —recalcó mientras extendía uno de sus dedos—. Yo me desviaré un tramo más hacia la izquierda. Desde ese ángulo es prácticamente imposible que avanzar le sirva de nada.

Kisame acató la orden enseguida. Aunque antes de salir disparado hacia su destino hubiese chasqueado la lengua de mala gana, tal y como si le molestase la idea de tener que recibir un mandato tan contundente a pesar de su terrible falta. El moreno se irguió a la par. No se encontraba precisamente de humor aquella mañana, aunque ahora sabía que no había necesidad de entrar en pánico, y aquello, afortunadamente le motivó a comenzar la tarea de una forma más relajada.

Aunque... a medida que el tiempo transcurría y las huellas se desdibujaban, empezó a cambiar de parecer. Pronto supo que había caído insultantemente en la trampa de cierta muchacha, y aquel inconcebible hecho le hizo sentir la sangre hervir como pocas veces.

No es que hubiese necesitado demasiados minutos para idear media decena de estrategias nuevas para encontrar a su presa, pero cierto resentimiento en su interior, que sin lugar a dudas iba dirigido hacia ella, hacia interferencia en su labor de decantarse por alguna. Después de haberla visto demostrar un valor tan admirable y decantarse libremente por la alternativa más peligrosa de todas, se sentía para su propia sorpresa, decepcionado ante su huida.

Finalmente, perdió un par de horas buscando por los alrededores, deseando con todas sus fuerzas que al patán que tenía por compañero de equipo hubiese caído en la misma cuenta y optase por retomar sus pasos. Antes de lo que Itachi predijo, volvió a encontrarse en el punto de partida y sus excepcionales ojos, que nunca le habían fallado, le hicieron dudar ipso facto de lo que en ellos se reflejaba por esta vez.

Ella estaba allí...

Agazapada frente a la fogata que de nuevo volvía a renacer con vigor, mientras su inconfundible cabello era azorado por una brisa persistente y sus delgados brazos, un tanto magullados, abrezaban con desconsuelo sus piernas.

En aquel instante Itachi sintió que las arrugas en su frente se relajaban y que la furia que hasta el momento le había conducido allí, se esfumaba con una velocidad inaudita. Por un segundo pretendió ver a la muchacha y no a la ninja raptada, y aquel desconcertante pensamiento le hizo irritarse consigo mismo... Hacerle sentir débil durante un repugnante instante que jamás se perdonaría.

Cuando Sakura apreció las pisadas tras ella volvió el rostro esperanzada. Parecía que sus labios trataron de sonreír, pero Itachi no fue capaz de asegurarlo a ciencia cierta. Las manos que firmemente la abrazaban a sí misma dejaron de hacerlo con tanta desesperación y su piel pareció erizada y resentida... Como si deseara encarecidamente recuperar el calor que había perdido durante gran parte de la noche.

—¿Dónde has estado? —trató de inquirir tranquilamente, aunque cierto desliz en su voz delatase su nerviosismo—. Llevo toda la maldita mañana buscándote y perdiendo el tiempo.

—Yo te buscaba a ti —respondió, y la ansiedad de sus propias palabras la hizo enrojecerse a sí misma—. Creo que me perdí mientras las reunía a todas, pero al final conseguí llegar hasta aquí. He estado mucho rato esperando...

—No... me tomes el pelo, Sakura —musitó apuntándola con un dedo. Gesto que supo corregir enseguida.

La joven se sintió ofendida. Él había tratado de mostrarse tan impasible como siempre, pero no lo estaba. Y aunque la leve muestra de sus ademanes apenas lo delataba, Sakura había pasado el suficiente tiempo a su lado como para saber cuando algo podía llegar a sacarlo de sus casillas.

La kunoichi frunció el ceño y devolvió la vista a la fogata, tomando una pequeña ramilla y fingiendo que avivaba el pequeño fuego.

—¿Qué es exactamente lo que tanto te molesta? —su voz sonó recelosa—. ¿No crees que si hubiese querido irme, habría tenido mejores ocasiones para hacerlo?

Itachi comprendió que estaba haciendo alusión al altercado del día anterior, y debía reconocer que aquel reproche le atravesó la cabeza como un plumazo. Lo único que le faltaba era tener que escuchar indirectas semejantes acerca de lo mucho que debía agradecerle por haber tratado —innecesariamente en su opinión— de salvarle la vida. Casi ni se daba cuenta de que había empezado a hacer ruidos con las mandíbulas.

Sakura buscó su mirada por un instante, estaba realmente deseosa de hacerle saber que lo que menos necesitaba en el mudno era su agradecimiento, pero nada al respecto escapó de su boca.

—¿Sabes qué es el Li-tié, Itachi? —añadió la joven en un tono mucho más sosegado. Aún le costaba tener que pronunciar su nombre sin sentir que algo se removía en sus adentros. El aludido resopló con molestia por su necia manera de evadir el tema, pero se cruzó de brazos y la miró descuidadamente—. Es una flor preciosa que nace a centenas de metros de altura. Hasta hoy no había conseguido ver una de ellas desde tan cerca, pero ahora sé que los libros de medicina no le hacen justicia a su belleza, aunque... lo que siempre encontré escrito en ellos es lo que hace que verdaderamente merezca la pena ir a buscarlas.

El Uchiha enarcó una ceja. No le había prestado mayor atención hasta entonces, pero admiró anonadado el modo en que la joven tomaba una de las tantas flores que había dispuestas a su lado, despegando con un pulso intachable la fina capa que envolvía su extenso tallo.

—Esto de aquí —prosiguió sacudiendo la fina corteza—, podría llegar a matarte con más crueldad de la que pueda existir en la daga de tu peor enemigo. Aunque es lo que oculta tras ello lo que en realidad te interesa.

Itachi no necesitó escuchar más. Ahora podía entender la desaparición, las magulladuras en sus brazos y su repentina destemplanza. Pensar que había hecho todo ese largo esfuerzo por él le hizo sentir un pinchazo en el estómago... Una entremezcla de impresiones que no fue capaz de ignorar estoicamente, aunque ella parecía estar preparada para recibir su desaprobación y su gélida mirada, no llegó a defraudarla.

Él podía estar acostumbrado a reaccionar fríamente hacía cualquier infame situación, pero jamás había estado preparado para recibir caridad por parte de nadie.

—¿Es que he nacido ayer? ¿Piensas que no sé cuidarme como es debido, o te divierta la idea de burlarte de mí sin tener en cuenta hasta qué punto seré capaz de consentir eso? —bufó incrédulo.

—Estoy tratando de ser útil.

—No lo necesitas.

—No estoy de acuerdo... —gruñó.

—Si lo que ocurre es que echas de menos tu rutina, ponte a buscar ranitas, disecciona pajaritos... Pero deja de retratarte de esta manera. Tu utilidad reside en otro aspecto. No te engañes a ti misma pensando que te necesito. Esto es... demasiado patético —sentenció antes de girarse sobre sus talones.

—¡Pero te estás muriendo!

Su pequeña mano le detuvo...

Itachi percibió cómo la sangre le abandonaba el rostro. Fue casi doloroso para él sentir la presión de aquel firme contacto en su muñeca y, ahora más que nunca, le habría gustado que los sentimientos no le hubiesen traicionado, pero no fue capaz de disimular su sorpresa cuando descubrió el enojo en las facciones de la muchacha, así como el sudor frío que comenzaba a deslizarse por su frente mientras una ligera agitación le inundaba el pecho.

—Y tú también lo sabes... ¿Verdad? —expuso casi en un susurro. Temerosa de que el viento pudiese arrastrar sus palabras hacia otros oídos.

El aludido tragó saliva. Sus labios se habían retorcido por un momento y Sakura estuvo segura de que no sabía qué sería mejor responder. Supuso que debía sentir demasiado dolido su orgullo, que por un fugaz momento, le había hecho bajar de aquella apariencia intachable y subestimar la figura sin puntos débiles que alguna vez había sido.

—¿No... puedes confiar en mí? —dijo con sinceridad.

El Akatsuki cerró sus ojos y ladeó la cabeza. Sakura no vio necesario tener que seguir sujetando su brazo, pero él reaccionó mucho más rápido y lo que obtuvo a cambio fue la situación a la inversa. Él elevó su delgada mano y tomó descuidadamente las flores que sostenía en ella. Ni siquiera podía decirse que lo dudó o tuvo el más leve remordimiento cuando las arrojó al fuego y la vehemencia de éste provocó un olor a ácido y chamuscado de inmediato.

—No compliques más tu situación aquí. Sólo te pido eso.

Itachi se separó de ella, pretendiendo dar caza a su compañero. A Sakura le hubiese gustado detenerle, avanzar hasta volver a atrapar su brazo y gritarle las mil primeras maldiciones que le cruzaron por la cabeza...

El nudo que se formó en su garganta, le impidió hacerlo.

::x::x::x::

Sakura calculó unas treinta horas...

Sin dirigirle la palabra.

Sin recibir siquiera una mirada de él.

Y aún así, no podía pensar en otra cosa.

No sabía si era peor sentirse subestimada en una labor de la que se sentía tan sumamente orgullosa , pues jamás dudó de que era una buena médico. O por el contrario, que el otro pretendiera hacerle creer que su enfermedad no le importaba nada, algo de lo que dudaba de hecho.

Se había obligado a odiarle, aborrecerle e incluso alegrarse por ello, y aunque aquel descubrimiento estaba muy lejos de resultarle indiferente, no podía decirse que sintiera hacía él un verdadero desprecio.

Aunque eso no significara que no estuviese dispuesta a seguir intentándolo.

Al inició del día creyó oírles cuchichear algo acerca de algún encuentro inminente donde recibirían las próximas instrucciones, aunque... llevaban varios días sin poder descansar bajo un cielo sin estrellas y Sakura supuso que debían tener mayor interés por encontrar por fin un alojamiento decente que por el hecho en sí de reagruparse con sus camaradas. Aquello hizo que una pequeña sonrisa diabólica surcara sus labios, y pese a estar segura de lo inmadura que le hacía lucir, se empeñó con todas sus fuerzas en hacer todo lo que estuviese en su mano para no concederles tal privilegio.

En alguna ocasión estorbó de tal manera que estuvo segura de que Kisame optaría por llevarla en volandas como tantas otras veces, si es que no decidía ensartarla en Samehada primero. Pero, su suerte la amparó y ella consiguió exitosamente lo que se había propuesto: retrasarles.

Aquella vez ni siquiera estaba planeado para la pareja de asesinos, por lo que no hubo ningún lugar medianamente apacible en el que poder pasar la noche. El enorme terreno en el que se encontraban parecía infinito... Sin un rastro de vegetación a ningún lado. En aquel paisaje pseudodesértico resultó casi difícil encontrar alguna buena roca para no tener que dormir directamente a ras del arenoso suelo, pero no fue hasta que se cercioró de que no habría forma posible de encender una fogata que Sakura se arrepintió por completo de lo que había hecho.

Estaba tan enfadada por las consecuencias de su infantil rabieta, que le resultó más fácil culpar a la banda. No era usual en ella. Normalmente prefería no quejarse para ver como aquello les hundía más el ego, pero esa vez se tomó el lujo de desquitarse en voz alta... hasta que una mirada ceniza cayó en cuenta de su existencia y la joven, simplemente, optó por retirarse con una brusquedad que la hizo lucir mucho más indignada de lo que en realidad lo estaba. Escarbó un poco para hacer un diminuto hueco en la arena y acomodó su cuerpo en éste mientras hacía de su brazo una almohada, dando la espalda a los Akatsuki.

Fue difícil por las risotadas de Kisame y los bisbeos que se oían de vez en cuando, pero Sakura logró dormirse a pesar del frío, sintiendo la humedad que rebuscaba en los recodos de su cuerpo y las finas punzadas de la arena gruesa que se adherían a su piel, mientras y por si fuera poco, no había nada que le impidiera a la luna molestarla con su tenue pero brillante luz en los ojos.

Las horas transcurrieron mientras se retorcía incómoda, aferrada a su estómago y murmurando incoherencias en voz alta al tiempo que sentía el siseo insoportable de algún insecto rondando alrededor de su oreja. Uno de sus brazos reaccionó inconscientemente y fue imposible no despertarse cuando fue a darse con el dorso de la mano en una de sus mejillas.

La imagen de su cuerpo cubierto por una oscura gabardina que iba más allá de sus pies le sobrecogió el corazón.

Sakura apretó la prenda y trató de abrir más sus ojos para convencerse de que no se equivocaba. Y no lo hacía... Aquella era la gabardina del Uchiha, eso que podía disfrutar era su aroma... Luego, y sin saber por qué, sus pasos la llevaron unos metros más lejos, hasta reclinarse sobre la figura adormecida cuyo uniforme la abrigaba ahora al estar enroscado en torno a su delgado cuerpo.

Estuvo un largo tiempo así... Sin querer pensar en por qué alguien como él habría tenido una muestra tan fraternal hacia ella, ni tampoco por qué descubrir ese hecho le había proferido un cosquilleo desconcertante en el pecho.

Escuchaba el vuelo de las cigarras por todo el terreno mientras observaba el rostro durmiente del exterminador del clan más poderoso de Konoha. Desprendía una tranquilidad tan embriagadora que Sakura podría haber pasado el resto de la fría noche así. Aunque... eso no habría sido preocupante si aquella imagen no le hubiese arrancado una expresión tan repentina de los labios. La joven se alarmó, y devolviendo con precaución la prenda a su propietario, retomó los pasos examinando a su alrededor como si en realidad esperase encontrar alguna mirada acusadora contemplándola a lo lejos...

Todavía ocultaba tras su mano los labios que le habían sonreído a él sin poder evitarlo.

::x::x::x::

Las rodillas de la joven chocaron irremediablemente contra el suelo. Una de sus manos se aferró a su cuello, encontrando su garganta ardiente y resentida. No quería detenerse, pero sabía que no podía continuar... Pronto, las lágrimas de impotencia cubrieron un rostro perfectamente perlado por la fatiga y el cansancio.

No quería... No podía quedarse atrás. Tenía que encontrarla como fuese y poco le importaba si su propia vida era requerida para ello.

—No puedes seguir adelante —oyó una voz recalcando lo que tanto se negaba a aceptar—. Si sigues así...

—¡No me importa! —dijo sintiendo cómo se le desgarraba la garganta—. ¡Tengo que verla con mis propios ojos! Yo... no viviré en paz hasta que sepa que ella está a salvo.

—Sólo estás entorpeciendo nuestra labor, ¿es que no lo entiendes?

La joven tembló desconsoladamente mientras un gimoteo se acrecentaba apoderándose de la poca serenidad que tenía. Las lágrimas le hicieron cada vez más difícil contemplar la mirada inflexible de aquel hombre, y justo cuando se sintió desfallecer, encontró la calidez en otras manos que delicadamente rodearon su rostro, obligándola a redirigir su atención a otros ojos más brillantes. Ella se sintió inesperadamente reconfortada.

—Para poder verlo por ti misma tienes que regresar. Aquí ya no estás a salvo —su apacible voz pareció una melodía en medio de un viaje tan tortuoso y tan largo—. ¿Es que no confías en mí? ¿Crees que habría llegado tan lejos para finalmente no conseguir traerla conmigo?

Hiromi asintió con sinceridad. Algo en su determinante mirada le hizo saber que podría entregarle a aquel chico el futuro del mundo.

—Gracias por habernos marcado el camino. Sin tu ayuda no hubiésemos podido hacerlo...

Uzumki Naruto tendió su mano a la joven agazapada en el suelo, presintiendo que no habría obstáculo que le impidiese llegar hacia su destino ni temor que menguara su esperanza.

CONTINUARÁ...


Bueno, esto podría dar pie a muchos acontecimientos. Por la parte de Hiromi, creo que ella ya cumplió el papel que se le había trazado en un principio para esta historia. Aunque yo ya no me fío ni de mí misma y quién sabe si podría llegar a reaparecer otra vez xD El ninja perdido hace aparición y seguramente va mucho más adelantado de lo que muchas pensaban. El caso es que no sé si ya llega demasiado tarde. ¿Va a encontrar a la Sakura que él espera? De hecho, ¿piensan ustedes que ella sigue siendo la misma? Y por último... no, no me he olvidado de Sasuke, pero creo que es todo lo que debo decir de momento.

Espero que realmente volvamos a encontrarnos muy pronto ^^

Gracias por la atención y sonríanle al mundo.

Shizenai