Take me to Neverland

Escrito:One-shot.
Autora:Parlev.
Pareja:RiRen (Levi x Eren)
Narrador:Primera persona.
Anime: Shingeki no Kyojin.
Género:Yaoi.
Subgéneros:Romance/Drama/ Tragedia.
Contenidos:Enfermedad/ Leyenda/ Muerte de personaje/ Mención de Lime.
Parejas mencionadas:Ninguna.

Mamá entra a la habitación con una sonrisa y un ramo de rosas alteradas genéticamente para que sean color aqua, la ciencia puede provocar tantas cosas, alterando el orden natural de las mismas, solo para satisfacer los caprichos de la gente, es algo interesante pero a la vez algo muy molesto.

Luego los humanos se preguntan porque la Tierra se estremece en terremotos o se ahoga con maremotos.

Aunque no soy nadie para decir algo al respecto, mi madre ha conseguido esas flores porque me gusta el color, por consiguiente, estoy a favor de la alteración genética de las flores, es extraño pero también bastante cierto.

—¿Cómo te sientes? —pregunta ella cambiando las flores del jarrón a mi lado, revisando las flores secas y dejando las que siguen vivas.

—Bien, siempre me siento bien, mamá. —contesto dejando el libro sobre mis piernas. — ¿Hay otra respuesta?

Se gira para encararme, deja salir un suspiro de incomprensión y luego regresa a su labor de acomodar las rosas mutantes.

—No lo sé, tal vez en algún momento espero que digas que te duele algo o que algo te molesta, espero salir corriendo de aquí para llamar al doctor y te haga sentir mejor a base de narcóticos. —susurra con melancolía.

—Suena bastante creíble y real, al menos eso es lo que pasa en las películas, pero mamá, la enfermedad es casi tan silenciosa que no duele, al menos no durante el día, por eso trato de dormir durante ese tiempo. —vuelvo a abrir el libro solo para meter el separador en la página que deje a la mitad.

—¿Es normal que hablemos de esto? —dice después de unos segundos y que las flores secas están en el bote de basura.

—No lo sé, dímelo tú, paso la mayor parte de mi vida dentro de un hospital, no sé cómo ser normal o al menos alguien sano.

—Tienes razón, que pregunta tan tonta, ¿Ya has comido?

—Historia me acaba de traer el postre, pudin de chocolate y galletas de barquillo con crema pastelera.

—Le diré que no te de tanta azúcar.

—Mamá. —replico. —Es lo único dulce que tengo en este lugar, no me lo quites.

—Lo siento, pero no quiero que contraigas algún tipo de malestar por la glucosa, ya tienes suficientes enfermedades para una vida.

Bufo y aprieto los labios en señal de ofensa.

—Como sea, ¿Cómo esta Izzy?

—Bien… mal, mejor dicho, ha reprobado Cálculo y Biología de nuevo, el profesor Zacharias me ha mandado a llamar para ver cuál es la razón, aparte bajo en Química y Lengua, si sigue así tendrá que recursar, tú padre ya hablo con ella pero no ha logrado nada.

—¿Paso algo en casa?

—¿Debería?

—Yo me la paso aquí, no sé. —me encojo de hombros.

Baja la mirada y parpadea varias veces, supongo que en realidad algo ha pasado en casa, algo que obviamente no van a decirme porque podría suponer un shock en mí, blah, blah, blah…

Con eso se termina nuestra pequeña conversación, aunque ella parlotea sobre otras cosas triviales sobre su trabajo, su jefe, mi perro, el pez de Izzy y las veces en las que mi mascota ha intentado tratar de sacar al pez para jugar con él, también sobre los eventos a los que ira la próxima semana y esa es la razón por la que no vendrá a visitarme durante un buen tiempo.

Ha peleado con papá.

No lo dice pero la forma en la que trata de evitar mencionarlo, su desliz al decir que no colabora con la vida académica de su hija y todo el tiempo que pasa fuera de casa, aparte de que es muy rara la vez en la que él viene a verme, sé que de nuevo el punto de la discusión soy yo y mi eterna instancia en este hospital. Papá piensa que estoy bien, que solo estoy siendo un niño mimado que al mínimo malestar es internado por varios meses, que debo aprender algo de disciplina y entonces todas las enfermedades desaparecerán y esa es la excelente razón por la cual aún no puedo ser operado, sin su firma de autorización la intervención se retrasa a cada momento, por más que mi madre lo desee, sin la firma de papá solo queda medicarme y quedarme en este hospital por quien sabe cuánto tiempo.

Aunque yo trato de quejarme lo menos posible hay veces en las que el dolor es demasiado que no me deja dormir y tengo que ser controlado con narcóticos demasiado fuertes, hay algunas veces en las que pierdo la razón de mi realidad e incluso desconozco a mi propia familia volviéndome agresivo y entonces tienen que volver a medicarme. Mi dieta es a base de agua, pastillas, tabletas y capsulas, algún tónico líquido y otros en cremas para la piel. Trato de no decir lo mucho que me molesta todo esto. Después de todo, mi madre está más tranquila si yo permanezco en este hospital siendo vigilado y atendido por el personal más capacitado y mejor de la zona.

—¿Por qué no me trasladan a un hospital público? — pregunto.

—No, ¿Por qué haría algo así? Aquí tienes todas las atenciones, las enfermeras son amables y los médicos tienen su entera atención en ti, en un hospital público solo contraerías alguna infección y… no, no me gusta el personal de esa área.

—Mamá, no lo sabes, además, gastarías menos…

—Cariño, ese no es un tema a discusión y lo sabes.

—¿Qué pasa si termino muriendo? El dinero solo habrá sido tirado a la basura pudiendo usarlo para un tutor para Izzy o para arreglar tu cocina que tanto quieres, yo que sé.

—No y ese tema se queda cerrado, no voy a trasladarte.

Frunce el ceño molesta y aprieta los puños, tiene ganas de llorar pero sé que no lo hará en frente de mí.

—Lo siento. —digo.

Al final solo he logrado que se entristezca, que se enoje y que se haya ido así sin más, hay veces en las que desearía no haber abierto la boca para nada, pero mi cerebro manda la señal demasiado tarde.

Como no puedo hacer otra cosa más que lamentarme y desear regresar el tiempo, mejor me dedico a seguir leyendo el libro que una de las enfermeras me facilito para que no me aburriera del todo, me conoce demasiado bien que sabe qué tipo de lectura me gusta, aunque me gustaría platicar con alguien o tener con quien jugar al póquer o algún otro juego de mesa. Mis visitas son reducidas así que no tengo gente de a montón trayéndome obsequios, deseándome recuperación pronta o ese tipo de cosas, aunque creo que mi vecino de la puerta a la izquierda es ese tipo de enfermo que recibe muchos regalos y visitas, a veces le envidio pero otras no, creo que no soportaría a tanta gente en mi habitación.

Termino el libro casi a las cinco de la tarde, aunque me he quedado con una leyenda dentro de ese libro, "Las mil grullas de papel", una antigua historia japonesa sobre una niña víctima de las bombas de la segunda guerra mundial, si creas mil grullas de papel tienes permitido un deseo, el deseo de la niña era que se sanara pronto. Lo triste y dramático es que al final ella se muere y hace que la leyenda sea más que nada un cuento de terror.

Pero como no tengo nada que hacer le pido a Petra que me traiga hojas de papel y me enseñe como hacer esos animalitos con papiroflexia, ella parece encantada cuando le cuento la historia.

—Es como las estrellas fugas. —dice.

—¿Qué no conceden deseos? —dontesto.

—No, dan esperanza.

Pienso en muchas respuestas a esa frase pero mejor me quedo callado, recuerdo que por hablar digo muchas tonterías, así que lo mejor es que no diga otra palabra.

Una vez que domino el papel y los dobleces me dedico a hacer las grullas, cuando me preguntan porque lo hago si no creo en la leyenda, solo contesto que no tengo otra cosa mejor que hacer y que estoy aburrido. Esa siempre es una buena respuesta a fin de cuentas.

—Eren. —llama una de las enfermeras.

— ¿Mmm? —alzo la vista de la grulla número veinte, me arden los ojos y siento la garganta reseca.

—Es hora de la medicina. —sice tendiéndome un vaso con agua y un puñado de pastillas blancas de varios tamaños.

—Siempre es esa hora. —susurro metiéndome todo el puñado y luego tragándolas todas con ayuda del agua, me raspan la garganta y siento malestar cuando caen al estómago, pesan y siento como si me picaran.

—Tienes una visita. —anuncia Historia con una sonrisa cómplice.

—¿Visita? ¿Quién? —pregunto algo sorprendido, mamá ya ha venido y dudo que Izzy venga tan tarde.

—Sorpresa. —susurra guiñándome un ojo. —Solo te pediré un favor, cuando el Doctor venga dile que se meta debajo de la cama, eso será cada que yo accione la luz roja de emergencia. ¿Ok?

—¿Está bien? — sigo sin entender mucho.

—Traeré algo de comer cuando sea pasada la medianoche, la médico Hanji estará de guardia por lo que no habrá mucho problema, ella es la que ha dado el permiso, pero Smith no estaba de acuerdo, aun así ella lo ha hecho, ya sabes cómo es ella.

—Sí, claro.

—Bueno, me voy, cualquier cosa ya sabes que hacer, ¿Tienes el celular a la mano?

—Siempre.

Después de eso se pone la charola debajo del brazo y sale de mi habitación, escucho como le da las mismas indicaciones a mi visita sorpresa, la otra persona no habla supongo que escucha atentamente, luego la puerta se abre y no puedo evitar sonreír y al mismo tiempo enojarme.

Aunque mi primer acción es lanzar la almohada a su cara con toda la fuerza que tengo.

—Sigues siendo un debilucho de primera. —comenta Levi solo de entrar y agarrar mi almohada en el aire sin problema.

—Y tú un idiota. —digo con los ojos entrecerrados y fingiéndome ofendido.

—Así es como recibes a tu actual novio, eres demasiado molesto.

Ruedo los ojos y me cruzo de brazos.

—¿Entonces estas de ilegal en mi habitación? —pregunto luego de que me devuelva mi almohada.

—No exactamente, la doctora Hanji me ha firmado el pase de forma ilegalmente legal.

Deja caer una pequeña maleta a un lado de la cama, entre las sabanas y la pared, luego rebota sobre mi cama, no digo nada ni él tampoco, solo me mira detalladamente y yo a él de forma acusatoria.

—¿Por qué no habías venido?

No contesta rápidamente.

—Le hice prometer a mis padres que liberaría los exámenes con excelentes notas, no te ofendas, pero si venía a visitarte una hora todos los días estaría perdiendo el tiempo y no solo me quedaría una hora, tal vez dos, tal vez muchas más y no estudiaría, haríamos otras cosas y entonces el años se iría a la mierda. Me enfoque todo lo que pude estos dos últimos periodos y luego me metí en este embrollo de pedirle favores a la doctora Zöe. —casi dice todo en un solo suspiro, como si lo hubiese estado ensayado, conciso y al grano. Muy típico de él.

—Al menos un mensaje de texto o una llamada.

Suspira y vuelve a tomar una buena bocada de aire.

—Le dije a mi madre que me quitara el celular, si te mandaba un mensaje entonces tendría una conversación infinita contigo, al igual que una llamada y me gastaría todo mi sueldo en saldo para el celular. No te creas el único que se ha sentido aislado del mundo. —murmura con molestia fingida.

Aprieto los labios disimulando una sonrisa, me sonrojo débilmente y agacho la mirada.

—Eres un tonto.

Supongo que es bastante creíble, él es ese tipo de persona después de todo, quitar todos los obstáculos con tal de cumplir con su propósito.

—Y tú demasiado estúpido, pero eso ya lo sabes ¿No? —me dedica una sonrisa burlona. —¿Qué se supone que haces? —comenta tomando una grulla entre los dedos.

—Mil grullas de papel.

—¿Para?

—Según el libro, un deseo.

—¿Ser más listo?

—No, que tengas más cerebro. —lanza una risa burlona.

—Para ti será. —ruedo los ojos y le quito mi grulla. —Es una leyenda japonesa, si hago mil tendré un deseo.

—¿Hay pruebas empíricas?

—Algunos enfermos lo han aplicado, deseando curarse. Mayoritariamente son los que recurren a esto.

—¿Y?

Alzo la vista y dejo la grulla sobre el buró junto a sus compañeras.

—Todos mueren. —murmuro.

—Que alivianador. —dice frunciendo el ceño. —Deja que los doctores hagan su trabajo mejor.

—No es como si lo creyera, pero… estoy aburrido. —dejo salir un suspiro y recargo mi espalda sobre la almohada.

—Te ayudo.

Toma una hoja de papel y empieza a doblarla, le doy un manotazo y le quito la hoja.

—No, es mi deseo, mis grullas, busca tu propio deseo.

—Voy a reducir tu trabajo. —insiste.

—No, creo que…

—¿Seguro que no crees en la leyenda? —arquea una ceja de forma burlesca.

—Tal vez un poco, la enfermera Petra dice que dan esperanza, me falta un poco de eso.

No dice nada más, toma de nuevo la hoja arrugada y hace los dobleces para hacer la grulla, su monito de papel luce más bonito que el mío. Lo que hace que me desesperance un poco, aun así trato de hacer mi mejor esfuerzo.

Durante algún rato no hablamos, nos enfrascamos en los dobleces de papel, creando figurines hasta que mi cama está llena de figuras, en más de una ocasión me he cortado las yemas de los dedos, así que algunas figuras tienen manchas rojas de mi sangre, en otras, a fin de no aburrirme mucho, he escrito cosas sin sentido, robado frases del libro o simplemente copiando cosas que me encuentro, como la fórmula de las medicinas que tomo.

—¿Cómo vas? —pregunta luego de un rato, alza la vista de la figura numero sesenta y tres.

—Pues, bien, supongo. —respondo dejando caer mi cabeza en la almohada, creo que está doliéndome de nuevo. —¿Podrías servirme un vaso con agua?

—¿Supones? ¿El tratamiento está sirviendo?

La jarra de vidrio choca contra el vaso, es un sonido un poco molesto.

—Creo que si, en realidad a mi jamás me dicen nada.

Las sienes me empiezan a palpitar, como si fueran a romperse desde adentro.

No dice nada más, espera a que tome el agua y luego vuelve a colocar el vaso sobre el buró, me mira durante unos segundos y sin más finge volver su atención a las figuras de papel que siguen sobre las sabanas de la cama.

Una enfermera pide permiso para encender las luces de la habitación porque ya está obscureciendo, Levi le agradece y escucho como ella se ríe antes de salir, las luces parpadean un momento, como si la luz tuviera problemas para quedarse donde está. Me pregunto si habrá algún apagón en un rato.

—¿Cuánto vas a quedarte? —pregunto.

—Voy a pasar la noche aquí. —contesta alzando la vista. —¿No pensaras que solo fuera una visita…? ¿Te sientes bien?

Me aprieto las sienes con las yemas frías de mis dedos y aprieto los parpados con fuerza, como si eso disminuyera el dolor. Por un momento las luces de la habitación parpadean y se apagan.

—¿Apagaste las luces? —digo luego de un rato y parpadeo varias veces.

Siento la pieza de papel caer cerca.

—No. —responde luego de varios segundos, como si dudara. —No las apague.

Parpadeo más, con el fin de poder enfocar algo correctamente.

—Estoy cansado, mi vista está un poco borrosa. —confieso.

—¿Quieres que vaya por alguien? —se ofrece, siento que su peso desaparece de la cama.

Niego con la cabeza y me recuesto, toqueteo el lugar a mi lado y trato de sonreír, aunque me siento algo estúpido haciéndolo.

—Mejor aún, porque no te acuestas conmigo y me abrazas.

A pesar de que se los repito varias veces, la doctora Hanji y Petra no dejan de revisarme los ojos, por si encuentran algún tipo de anormalidad en ellos, tratando de dar con el error que me dejo sin visión anoche. Levi fue a primera hora a buscarlas para darles avisto, muy a pesar de que podría ser descubierto.

—Tenemos que hablar con tu padre de manera seria, tiene que firmar. Tenemos que operarte. —dice Zöe con un tipo de voz lúgubre.

—¿Qué me pasa? —pregunto.

No he recuperado del todo la visión, aún tengo imágenes borrosas pero puedo enfocar mejor, parpadeo mucho y los ojos me lagrimean a cada tres por dos, pero creo que esta mejor que anoche.

—Es una infección, no solo es la leucemia, primero los dolores de cabeza, perdida de la visión, torpeza motriz, decadencia cognitiva y… —se detiene y luego agrega con voz dura. —Pero tenemos la posibilidad de operarte, aún estamos a tiempo, solo necesitamos que tu padre firme y en un santiamén podremos meterte al quirófano.

—No va a firmar. —repongo.

—No digas eso, Eren. —se adelanta Petra con voz chillona. —Verás que todo…

—Claro. —la interrumpo y me enredo en las sabanas de nuevo. —Gracias por venir.

Escucho sus pasos titubeantes, antes de irse por completo, escucho a la doctora decirle a Levi que ya puede entrar de nuevo, aunque antes de que él entre, hay un corto lapso donde puedo adivinar que la doctora le ha susurrado un par de palabras acerca de mi condición, de que puedo morir y de que tengo el cuerpo lleno de veneno.

—Voy a morirme conforme no firme. —susurro cuando escucho que se acerca, de alguna manera quiero gritarlo.

—No vas a morirte, no voy a permitírtelo.

Dejo salir un bufido divertido careciente de algo de burla.

—¿En serio? ¿Cómo?

—Como sea. —siento de nuevo su peso sobre el colchón y sus dedos quitándome el flequillo de la frente, sus dedos están fríos.

—Voy a morir. —susurro de nuevo.

No dice nada más, comprende que nada de lo que diga va a hacerme cambiar de opinión, ni va a reconfortarme, así que ahora solo se va a dedicar a hacerme saber que está aquí, que no estoy solo, esta para mí.

Me besa la frente y me acaricia el cabello en un gesto reconfortante, a pesar de no poder verlo con claridad sé que tiene la mirada perdida, pensando en quien sabe qué cosa, yéndose lejos de mí, tratando de buscar otra salida, aunque en este momento nos encontremos en un callejón prácticamente cerrado.

Gracias a sus caricias me vuelvo a quedar dormido.

Y tengo un largo sueño cansado donde no dejo de correr, persiguiendo algo que sé que jamás podre atrapar pero que aun así me empeño en seguir detrás para poder siquiera tocarlo solo un poco, solo para satisfacer mi capricho.

Al despertar, mi visión no mejora en lo absoluto y no sé si es por lo que dijo Zöe pero siento que mis dedos tiemblan mucho y que no voy a ser capaz de sostener nada con ellos, como si fueran un montón de inútiles.

«No te rindas» Me digo.

Levi no aparece por el resto de la mañana y como mi madre ha dicho, tampoco, aunque se por los susurros entre enfermeras, la han tratado de localizar para avisarle de que he estado empeorando en las últimas horas.

Desayuno muy lento, como si quisiera confirmar que mis dedos siguen allí y que funcionan correctamente.

Si mi padre no firma eso, me moriré.

Aun lado de mi cama, en el piso, veo el montón de figurillas de papel, creo que incluso entre el montón mío y el de Levi, no juntamos las mil, faltan más de la mitad, así que aprovecho mis dedos y sigo fabricándolas, poniéndoles un numero en una esquina.

Me aferro a una pequeña esperanza hecha papel, tal vez sea falsa, pero por el momento me ayuda a mantener la calma más de lo que espero.

Al caer las seis de la tarde, Levi vuelve de visita esta vez llevando la charola de la comida con él.

—¿Asaltaste a la enfermera? —digo.

—Quien sabe, solo me encontré esto con tu nombre.

Hay momentos en los que por segundos todo se vuelve obscuro y me asusto, hace que me sienta vulnerable, pero luego la visión borrosa regresa, así me siento un poco más seguro.

—La comida no es tan mala como dicen. Abre la boca.

—No soy un niño. —repongo, pero aun así obedezco.

Siento las papas bañadas en mantequilla despedazarse en mi boca y sonrió, es divertido.

Se encarga paternalmente de alimentarme correctamente y asegurarse de que me termino todo lo que está en la charola, incluso las bebidas y el postre, aunque presiento que él se ha robado gran parte de este.

—Veo que hiciste más de estas figuras. —comenta haciendo un sonido molesto con la charola al dejarla sobre el buró.

—Estaba aburrido, ¿Qué otra cosa iba a hacer?

Entre sus curiosidades trae un juego de cartas, peleamos un rato por tratar de ganar, en algún momento pasamos de jugar a simplemente lanzarnos las cartas a la cara, algunas veces pierdo el equilibrio en la cama pero finjo que simplemente ha sido un descuido tonto. Pero en un momento, cuando intentó golpearle con la almohada por robarme un beso, la almohada se cae de mis manos y con ella mi cuerpo, de forma pesada sobre el piso y con un ruido sordo. Casi de inmediato pierdo el sentido de todo, incluso de mí mismo.

Uno a veces se pregunta porque es que esta en esta vida, ¿Cuál es el propósito de nuestra existencia? Si tenemos alguna meta o cual es nuestra misión. ¿Por qué Dios nos puso en el momento, lugar y tiempo en el que estamos ya?

Al menos para mí, son buenas preguntas. Cuestionar nuestra existencia es parte de nosotros aunque a veces perdemos el sentido del gusto y simplemente nos limitamos a seguir respirando un día más para el día siguiente. Perdemos esa ambición de buscar con desesperación nuestro objetivo en la vida. Y es triste, porque entonces… ¿Qué hacemos en este mundo tan extraño?

Mi madre muchas veces maldijo a la vida y a nuestro creador por darme una existencia tan mediocre, lleno de llagas que solo se hacían más grandes con el paso del tiempo, enfermedades que me arrancaban un pedacito de vida conforme más respiraba, una vida que poco a poco me iba matando.

"¿Por qué darme un hijo que pronto vas a quitarme?"

Creo que jamás voy a olvidar esa pregunta.

Fue hecha con lágrimas, dolor, sufrimiento y con el corazón partido en mil fragmentos puntiagudos que no hacían más que peor el asunto.

Jamás voy a entender cómo es que mi madre se siente al respecto de perder un pedazo de ella.

Para mí es fácil decirle que me deje ir, que estará mejor, sin sufrimiento, sin gastos y con solo una preocupación: Mi hermana holgazana.

Pero para ella es mucho peor, perder algo que ama, verlo partir antes de tiempo. Que una madre pierda un hijo no tiene nombre y es la cosa más inimaginable de todas, porque en la jerarquía de generaciones, los abuelos se van primero, luego los padres y los hijos repiten el curso.

Porque así son las cosas.

He leído muchos libros al respecto, tratando de responder muchas dudas de mí mismo. Tratando de encontrar varias respuestas, pero la ciencia no ha avanzado tanto y la metafísica solo hace teorías aterrorizantes.

No me arrepiento de nada, viví una buena vida.

No puedo decir que me estoy rindiendo, que estoy entregándome pacíficamente a los brazos de la muerte, porque aún tengo miedo de lo que hay más allá. Si es que existe un más allá.

No me arrepiento de nada.

Y no creo hacerlo nunca.

Tuve muchas cosas, conocí muchas personas y me enamoré. Una sola y única vez, pero me enamoré, creo que no es la experiencia máxima de amor, pero no me quejo, ha sido lo más grande que podría esperar de esto. Muchas personas jóvenes no llegan a conocer un amor romántico, mueren antes siquiera de esto. Así que por eso me siento afortunado.

Estoy preparado para morir.

De eso, estoy seguro.

Siento que me descompongo, que no existo, que estoy en todos y en ningún lugar con exactitud. Es… como si estuviera hecho de estrellas fugaces, miles de ellas, iguales a las que cumplen los deseos olvidados de los niños.

Abrí los ojos, estaba sobre un pequeño prado lleno de margaritas, con un cielo brillante y de color azul, con nubes blancas, esponjosas y hermosas, un montón de aves revoloteando por todos lados.

Un suave aroma a frescor y a…

—¿Morí? —pregunto a la nada, un tanto confuso.

—En realidad no. Pero no se puede decir que realmente estés vivo. —me contesta una voz al otro lado.

Alzo la cabeza para ver a mi interlocutor, pero no logro deslumbrar a nadie en particular.

—Acá arriba.

Miro en la dirección indicada, justo donde la sombra del árbol inicia, me cubro de los rayos del sol, que en realidad no me molestan, solo es la costumbre.

Un chico está sentado sobre una rama del árbol, mordiendo una manzana y balanceando los pies.

—¿Cómo? —pregunto de nuevo. No me sorprende mucho que el chico este allí.

—Sí, aun no has muerto, pero tampoco estas vivo. Estas en ambos lados y también en ninguno, algo así como en un sueño. Solo que… puedes despertar o no.

De un salto baja hasta donde estoy, es una caída suave y rítmica, casi con gracia.

—No entiendo. No creí que hubiera un lado intermedio.

—Pues lo hay. ¿Has escuchado del coma? —él camina un poco más adelante y me pide que lo siga.

—He vivido en hospitales, es obvio que he escuchado de eso. Un estado vegetativo de tu cerebro. —explico, casi sintiéndome superior.

—Pues… parecido, solo que… más trágico. —el chico mira a otro lado, como si pensará en eso.

—¿Más trágico?

Se encoje de hombros, como si de repente no entendiera mucho sobre lo que está hablando.

—Es… un cielo. Por así llamarlo, aquí vienes cuando estás a punto de morir.

—¿Limbo? —me aventuro.

—No, allí es donde van los no nacidos o los niños que mueren a una edad muy corta. Nosotros casi somos adultos. Ven.

El chico camina hacia el frente, el cielo se pinta de naranja y los arboles a los alrededores pierden sus hojas, aunque estas se convierten en aves que se van perdiendo poco a poco en el cielo, las nubes desaparecen y luce igual a un campo en otoño.

—¿Tú…?

—Ya estoy muerto. —responde antes de que pueda terminar de formular la pregunta. —Morí hace unos días en la sala del quirófano, pero aun no puedo pasar del otro lado.

Miro su rostro, es afilado, con la piel manchada por el sol, de ojos color azul traslucido y cabello color ceniza.

—¿Entonces voy a morir? —entrecierro los ojos.

El suelo se siente mojado, hay una pequeña ola que va y viene, nos encontramos en una pequeña playa con altas torres de piedra, caminamos por un delgado sendero de arena gris.

—No exactamente, ¿Tú quieres morir? —me pregunta el chico.

—¿Puedo elegir volver? —pregunto un tanto sorprendido.

—Sé podría decir que sí. —contesta. —¿Cuál es tu nombre?

—Eren.

—Yo soy Farlan. Es un lugar extraño para conocernos ¿No te parece? —me dedica una sonrisa y se mete dentro de un gran pastizal, me hace la seña para que lo siga.

Se deja caer debajo de un gran árbol frondoso, las aves llegan volando y ocupan sus lugares como hojas verdes que nos protegen del sol, el cielo se ha vuelto de color azul brillante, aunque acá no hay nubes. Él ha dicho que no estamos en un lugar exacto, que ni siquiera se puede considerar un lugar, es algo como si fuera nuestra propia mente. Pero para mí es algo extraño, estar en la mente de alguien compartiendo pensamientos y lugares.

—Si. —me recuesto a su lado, mirando fijamente el cielo. —Un lugar muy extraño. Pero también muy hermoso, supongo que en realidad no es un mal lugar para morirse.

Farlan me mira y sonríe.

—En eso tienes razón. —lanza un suspiro y alza una de sus manos abriendo los dedos. —Supongo.

Hace unas semanas, un chico llego a mi habitación en una silla de ruedas, acompañado de una de las enfermeras, era alegre y el poco tiempo que paso encerrado allí, siempre tenía compañía, rodeado de las enfermeras como compañía o simplemente amigos y familia que iban a visitarlo en sus tiempos libres. Estoy seguro de que ese era Farlan, aunque jamás hable directamente con él.

Me pregunto si acaso él me recuerda o algo así. Aunque lo dudo. Jamás pareció prestarle atención a ese otro compañero de cuarto.

Aun así, solo un día cualquiera, él fue llevado en una camilla hacia el quirófano y nunca más volvió. Yo jamás me pregunte porque o que era lo que le pasaba. Estaba demasiado preocupado por ver por mi propia muerte.

Camino por entre un montón de árboles llenos de hojas secas, es como un bosque otoñal, todo el piso está lleno de raíces sobresalientes, hojas muertas y tierra.

No sé cuánto tiempo es que he pasado en este lugar, Farlan dice que acá el tiempo apenas se siente, si por nosotros fuera, ya hubieran pasado mil años, eso me preocupa y he estado buscando una forma de saber hace cuánto tiempo es que me fui.

He descubierto varias cosas, hay más niños aquí, algunos son niños que logre ver en la sala de oncología cuando Petra decía que era la hora de contar cuentos y como yo no tenía nada mejor que hacer para allá iba. Hay otros niños que han muerto en accidentes y uno que otro que está en mi caso, que no sabe si realmente ha muerto o aún está vivo pero dentro de un largo y cansado sueño.

«Eren»

Me detengo.

Miro hacia los lados en busca de alguien más, pero estoy solo, al parecer nadie aparte de mi conoce este pequeño bosque.

—Levi. —susurro.

Por alguna razón su voz la escucho con mucha frecuencia, susurrando mi nombre, eso hace que no me aterre tanto, al menos solo podría haber pasado una hora desde que estoy acá o al menos solo un par de días.

He intentado buscar la forma de verle, de saber si puedo estar a su lado sin que me vea, de manera incorpórea, como en esas películas de fantasmas, pero Farlan dijo que no sabía si eso era posible o si estábamos aptos para esto. Todos allí eran niños y algunos apenas se estaban adaptando.

Me pregunto cómo es que estará.

Es raro que solo piense en él, teniendo en cuenta que posiblemente mi madre y mi hermana deben estar sufriendo mucho también, pero… de alguna manera, él es más importante para mí en este momento. Lo peor es que ni siquiera me siento culpable o egoísta, solo puedo pensar en que sería buena idea que me sintiera así.

Nos conocimos en el hospital, durante una de mis visitas diarias, antes de que mi madre optara por internarme indefinidamente.

Él también tiene una hermana y estaba acompañándola a un examen de sangre, donde yo también estaba, solo que con más tubos en mi principal vía sanguínea, la enfermera le pidió que esperara mientras atendía a su hermana y como no había nadie más allí, simplemente se sentó a esperar. Por mi parte, como estaba aburrido, simplemente le dije, «Hola.» a él pareció sorprenderle pero de todos modos me contesto de buena manera. Me pregunto qué hacia allí y yo le conté parte de mi doloroso historial clínico, él no mostro lastima, simplemente dijo que de alguna forma era interesante, era como tener toda una comunidad de virus y bacterias dentro de mi cuerpo, era asqueroso pero también algo curioso e interesante.

Cada que su hermana iba por los exámenes clínicos de rutina, él preguntaba por mí. Según han dicho las enfermeras, cuando coincidíamos charlábamos por mucho tiempo, reíamos y compartíamos muchos momentos.

Siendo sinceros, jamás supe en que momento nos enamoramos, simplemente sucedió, paso de un instante al otro, en un momento hablábamos sobre nosotros y algunos planes a futuro y al siguiente él estaba besándome y yo diciéndole que le quería.

Me duele estar aquí por eso, creo que si hubiera sido capaz de despedirme correctamente estaría mejor, aunque él se molestara conmigo. Creo que hubiera sido lo correcto.

En medio del pequeño bosque hay un quiosco de color blanco con decoraciones doradas, me siento en una de las banquitas allí, la tierra que nos rodea desaparece y en su lugar estamos rodeados de agua, todo es agua, no se ve nada más allá. Y no me asusta, el quiosco no parece correr el riesgo de hundirse.

«Eren»

Me encantaría saber cómo es que esta.

¿Llorara por mí?

¿Rezara porque yo regrese?

¿Por qué despierte?

Quiero creer que sí.

Esa es mi razón de querer volver a despertar, sin embargo…

—¿Y tú quieres volver?

—Admito que sí, aún hay cosas que me gustaría hacer, quiero tratar de alcanzar mis sueños, ver algunas cosas. Me gustaría tener más tiempo con él, seguir un poco más a su lado.

Él hace una mueca y camina pisando las hojas secas.

—Tal vez, ya es tu hora, ¿No?

—No sé si quiero que sea mi hora.

Farlan dice que hay un cielo, más allá de lo que conocemos, donde no hay trigales, no hay memoria, no hay tumbas, pero aún no estaba seguro de ver hacia adelante, aún estaba viendo hacia atrás.

«No está respirando.»

—¿Tú quieres pasar al otro lado?

—Supongo, esa es la meta de todos aquí, ir al otro lado, terminar la línea de vida y seguir.

«Doctora Hanji, lo estamos perdiendo.»

—¿Qué crees que haya del otro lado?

Farlan se encoje de hombros y toma una manzana del árbol, la muerde y el jugo le mancha la cara.

—No lo sé, pero debe ser mejor que aquí, ¿No?

—Este lugar ya es bueno de por sí.

Él me mira, me ofrece otra manzana y sonríe.

—Exacto.

«Aun puedo salvarle. Ahora deja de estorbar y…»

Siempre me pregunte si morir dolía. Pero ahora solo me preocupa que tanto va a dolerme si vuelvo a la vida. Es una extraña paradoja.

Quiero volver por él.

Quiero volver a vivir por él.

De manera egoísta y ególatra.

Pero al mismo tiempo quiero quedarme en este lugar, por las mismas razones egoístas, porque aquí me siento a salvo, porque aquí no estoy conectado a una máquina, no necesito oxígeno, no hay pastillas y no hay dolor.

Quiero quedarme en este lugar por mí.

Quiero morir por mí.

¿Qué es lo correcto?

¿Qué es lo egoísta?

Levi está sentado en una de esas bancas de plástico gris, tiene ojeras, la piel pálida, más que de lo normal, como si estuviera muy enfermo, los labios resecos y parece muy ansioso, me pregunto qué es lo que está pensando.

¿Cuánto tiempo ha pasado desde que me fui?

Mamá está paseando de un lado a otro, con los nervios de punta, parece haber envejecido mil años, incluso su cabello se ha llenado de canas blancas y brillantes.

No veo a Izzy por ningún lado ni a papá.

Me pregunto cómo es que están.

—¿Los extrañaré si me voy? —pregunto.

—No lo sé, yo no lo hago. No recuerdo a ninguno de mis familiares aunque sé que tengo padres y un hermano menor.

Me acerco a Levi y me arrodillo a su lado.

—No lo toques. —dice Farlan a modo de advertencia.

Veo sus ojos lechosos y cansados, como si hace mucho que no durmiera, mueve las piernas de manera desordenada, planeando salir corriendo en cualquier instante. Se ve tan desmejorado. Todo por mi culpa.

Tal vez hubiera sido mejor que jamás nos conociéramos, así tal vez yo pudiera irme sin pensármelo, mis padres lo superaran, tienen a Izzy para eso, pero no sé cómo va a irle a él, hace tres años que su hermana también murió. No sé perderme le haga más daño, tengo miedo de que él tema volver a amar por no querer perder a nadie más.

Eren. —susurra. —Despierta.

—Levi. —contesto, pero él no puede escucharme. —Aquí estoy. Te amo, gracias por todo.

Farlan me mira del otro lado, me sonríe como si me incitara a seguir.

—Perdóname.

Me levanto y besó su frente.

Una leve corriente de aire, de alguna ventana que han abierto de improvisto hace que tenga escalofríos y se apriete los brazos.

—Te amo. —repito.

Quédate. —susurra él y me pregunto si no me ha visto.

«Me estaba resbalando, así es como se sentía, la vida… se me iba, pero no estaba asustado. Entonces me acorde, que había algo que tenía que hacer, un lugar donde quería estar.»

NOTA:

OMG! Este es el one-shot más largo que he escrito, en serio. 6K palabras, eso es todo un record. En serio.

Esto fue una combinación rara entre algo que paso en mi cabeza y una película, ¿Alguien sabe de cuál? Pues esa es una de mis favoritas. 3

Espero les haya gustado, tarde como mucho tiempo en escribirlo, realmente unas veces lo olvidaba y otras ni atención le ponía. Así que mis disculpas por si esta todo feo o si no le entienden del todo.

Gracias por leer.

Parlev.