¡Hola! Último capítulo *o* …lo sé…la semana pasado no publiqué y ésta vengo tarde u.u sólo pude avisarle a una personita, pero en resumen: he estado enferma T.T

PRIMERO

¡Muchas gracias a Pain-99 por su comentario y a Himiko-chan por sus palabras en los capítulos anteriores! ¡Me hacen muy feliz! :D …y claro, a todas las demás personitas que leen y por llegar hasta aquí ;)

SEGUNDO

¡Es un capítulo larguísimo! Se los advierto *.* incluso pensé que sería algo corto y hasta podría colocar de una vez el epílogo (como mencioné en el capítulo anterior), pero cuando me di cuenta, la cantidad de cosas que faltaban por decir me superó. Incluso pensé en dividirlo en 2 parte, pero entonces se perdía la atmosfera y ritmo que trataba de lograr, así que lo dejé como esta. (Casi es un capítulo doble).

TERCERO

Que todavía falta el epílogo xD (no será tan corto como sólo un párrafo o largo como un capítulo)…pero puedo adelantarles que será 100% en el mundo Cyberpunk. Además sé que hay personitas que no les gustan los epílogos. Por eso lo mencionó, así podrían quedarse sólo con éste capítulo final. Pero eso sí ;D todavía tengo una que otra sorpresita para esa partecita que me sigue rondando la cabeza, obligándome a ser escrita *.* … xD

Sin más…


-La Cumbre-

Capítulo 9

Desde el principio.


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Finalmente llegó al dormitorio de escribas. Su tobillo punzaba de dolor, y en la sección de los dormitorios, las sombras danzaban creadas por alguna luz dispersa en alguna esquina. Incluso los sonidos se escuchaban distantes.

Así era mejor, nadie podría ver su expresión solitaria, vacía.

Atrás había quedado el laberinto del despacho del zorro dorado y los bulliciosos corredores donde el trabajo en La Cumbre jamás se detenía. Respiró hondo.

Con lentitud deslizó la puerta de papel, y al ver al interior donde todos dormían, le daba la sensación de no saber qué hacer ahora. La lógica le suplicaba dormir, pero por alguna razón, no quería.

El viaje al ala norte le había consumido siete horas y media, incluso llegó antes de su tiempo límite de diez horas. Pero ahora se le hacía difícil medir el tiempo que habló con el falso doctor, por instantes le pareció muy largo, y por otros demasiado corto.

Fue como estar en un recinto fuera del tiempo. Uno que quizás jamás existió, y a la vez, fue tan real como él mismo. Después de todo, parecía que los demás empleados ignoraban el salón.

Frunció el entrecejo moviendo la cabeza, no deseaba recordar por ahora.

Pero, resignado a una mente intranquila, suspiró. Decidió que sería mejor tomar una ducha. Así, retrocedió un paso y cerró la puerta en silencio. En el proceso, el agua le ayudó a comprender una verdad absoluta: no deseaba saber de nada, pero tampoco en ningún instante, se arrepentía de nada. Entre tanto, en ningún instante, soltaba la mota blanca.

Al regresar, desechó el uniforme que traía y tomó uno nuevo, se dijo a si mismo que después podría inventar alguna excusa. Luego, con sumo cuidado, guardó la mota del tamaño de un arroz, dentro del bolsillo que quedaba cerca de su corazón.

Enseguida y casi a ciegas, trastrabilló hasta llegar a su futón, teniendo el mayor cuidado de no despertar a alguien. Y cuando levantó las sábanas, la figura de aire que creó Kise a su imagen y que imitaba su respiración, se desvaneció en un susurro.

Al parecer, nadie se dio cuenta que faltaba.

Sin más, se dejó caer rendido, pero mientras cerraba los ojos, el sentimiento de vacío se acentuó. Quizás por eso no deseaba descansar. Sin duda, el recuerdo que le había sido "arrancado" siempre tuvo un peso en su vida, aunque jamás lo notó. Así, se quedó dormido con la sensación de un sinsabor.

Fue como la sensación de flotar, fría, pero que apenas pasó de una hora.

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**** MidoAka & KiKuro ****


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-¡Ak…! ¡Akas..!

Y entonces despertó con la voz de Shintaro llamándolo. Abrió los ojos de golpe, alarmado y sentándose con movimientos torpes. Apenas y pudo girar al lado derecho donde se encontraba el peliverde arrodillado, lanzándole preguntas.

-¡¿Qué fue lo que pasó, Akashi?! –preguntó exaltado.

-Shintaro… –no entendía.

En el letargo y entre parpadeos, el pelirrojo apenas logró darse cuenta que también el resto del dormitorio estaba vacío.

-Estaba despertando cuando un Auxiliar me avisó que estabas herido y tenía que venir de inmediato –soltó rápido y de golpe.

Y efectivamente, ahí estaba Midorima. Akashi lo vio atento. Shintaro estaba despeinado, lucia que apenas y se ajustó el uniforme y las gafas, agarró su maletín y había salido corriendo. Era un simple hecho, pero hizo que un sentimiento reconfortante golpeara al pequeño escriba.

De pronto cayó en la cuenta de que, el único que sabía de su estado era el zorro dorado. Seguramente él hizo llamar al ojiverde apenas salió el sol. También esa era la misma hora que terminaba el toque de queda para ellos. Y si Midorima también acababa de despertar…

-Ya son las seis… –susurró Akashi.

Volvió a prestar atención a los ojos de su compañero, lucia preocupado. Sin más, se deslizó con cuidado fuera del futón y trastrabilló un poco hasta quedar sentado sobre las sábanas multicolores, enseguida, recostó su espalda en una pared y le mostró las heridas al futuro doctor.

Al instante, y por la expresión de Midorima, el pelirrojo supo que se encontraba peor de lo que pensaba. Shintaro comenzó a atenderlo enseguida, abriendo el maletín a un lado suyo y comenzando a sacar todo lo que necesitaría. Pero de igual manera comenzó a lanzarle pregunta tras pregunta.

-Podré contártelo después –la voz le salió cansada en su breve respuesta.

-Tsk –a lo que Midorima chasqueó la lengua.

-¿Qué esta pasando? –preguntó Seijuro viendo a su alrededor, normalmente a esa hora todavía los otros aprendices seguían durmiendo – ¿Dijiste un Auxiliar? –no había pasado por alto ése detalle.

-Se encontró el orbe. Toda el ala oeste está loca por eso, seguro tus compañeros han de estar viendo el suceso –se acercó a la pierna más lastima –. Lo escuché mientras venía hacia aquí –concluyo concentrado.

-Ya veo.

En la tranquilidad del cuarto, Shintaro trataba sus heridas.

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**** MidoAka & KiKuro ****


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Escondió una mirada que guardaba un dejo de amargura.

Y entonces pensaba que, sin duda, extrañó su ceño fruncido, su preocupación disfrazada de enojo. Ahora que lo veía, era como sumergirse en un mar de sentimientos, que lo ahogaban. Estaba tan feliz, y a la vez con deseos de romper a llorar.

Y un "estoy de regreso", se morían por salir de su boca.

Ahora descubría lo mucho que podía lastimar anhelar a una persona. Y justamente ahora, el tiempo ingrato, parecía caminar más aprisa. Se había dicho que cuando lo volviera a ver, escucharía cada regaño que le dedicara, y le sonreiría diciéndole que no pasaba nada. En lugar de ello, solamente pudo quedarse callado, observando su atención sumergida en su trabajo, unas manos amables, y las pestañas largas detrás de los lentes.

Lo extrañaría.

Lo extrañaría demasiado.

Ahora se daba cuenta de lo mucho que se había arraigado a éste lugar, sin saber en que momento sucedió. En silencio, guardaba los últimos minutos, todos para si mismo.

¿Qué iba a hacer después…cuando volviera a estar solo?

Sonrió de nuevo desechando su pensamiento egoísta, al final de cuentas, que fuera lo correcto, no significaba que fuera fácil. Pero era difícil cuando la razón decía que se acabaron los momentos cuando deseaba hablar con alguien que de verdad lo escuchara, a las partidas de Shogi, a los momentos en que incluso era ameno aburrirse, a mucho.

-"Pero todo fue así porque se trataba de Midorima" –pensaba sabiendo muy bien la verdadera razón.

De pronto, los ojos verdes se alzaron directo hacia los suyos. De los labios salieron algunas palabras sobre el cuidado que debería de tener. Un tobillo muy inflado, la pierna izquierda llena de raspones, un moretón en el rostro, y algunos otros golpes más en los brazos y costillas, estos últimos debido a las muchas veces en que pasó entre un mar de gente.

-¿Podrías dejar de lucir tan calmado, Akashi? ¿Me dirás cómo pasó todo esto? –iba a recordar hasta su manera peculiar de hablar.

-"Calmado" es lo más alejado a lo que me encuentro, Shintaro –contestó con voz suave.

-No estoy bromeando, dímelo –había sonado a orden.

Y otra fugaz sonrisa se formó en los labios delgados del más bajito. No sólo acababa de descubrir cómo se escuchaba y lucia un Midorima-demandante, sino otra expresión de los sentimientos. Estaba tan preocupado que ya lo había enojado, quizás hasta asustado. Y no hallaba la manera de solucionarlo.

-Te lo contaré después.

Como contestación, el futuro doctor le lanzó una mirada reprobatoria. Y a continuación, utilizó un libro que contenía palabras para sanar, Akashi lo vio atento, era el mismo libro que llevaba cuando lo conoció, y que venía acompañando de una noche de lluvia. Una noche donde aprendió a estar vivo a través del miedo, pero que también aprendió de la bondad desinteresada. En esa ocasión, Akashi había leído y Shintaro recitado. Vaya recuerdo. Ahora le daba la sensación que eso pasó hace tan poco.

Igual que esa vez, dijo unas oraciones difíciles, pero que lograron que las vendas que tenía alrededor del tobillo, brillaran. Fue como recibir un balde de hielo de golpe, pero sin lastimarlo. Incluso sintió cómo los vellos de la nuca se le erizaban. Y después, cuando se desvaneció, su pie ya estaba casi completamente sano.

-Utilicé éste método porque pudiste haber atrapado una infección muy mala, Akashi. Antes no fue necesario, pero ahora… –y chasqueó la lengua sin terminar la oración.

No importaba, el pelirrojo había entendido bien lo que quiso decirle.

-Éste moretón también…

Y de pronto la cara de Akashi ardió en vergüenza. Shintaro solamente estaba examinando el golpe y se había acercado mucho por ello. Incluso había llevado una de sus manos a su rostro. Pero la vergüenza pudo más.

Así que, con sus propias manos, y movimiento suave, retiró la mano ajena de su rostro quedando la mano de Midorima entre las suyas. Al acto, el peliverde le dirigió una mirada de regaño. Pero al próximo segundo también enrojeció al entender.

El ojiverde retrocedió, pero su mano se quedó atrapada entre las de Akashi. Su vergüenza aumentó mucho más, la del pelirrojo también, pero esa era la primera vez que se tomaban de la mano conscientemente.

Ya lo había tomado tantas veces de la mano anteriormente, pero estaban tan distraídos y sumergidos en lo que pasaba, que hasta ahora dejaba de ser una acto simple.

-Akashi… –susurró con dificultad, rojo de la pena y el corazón retumbándole.

El mencionado únicamente le vio a los ojos y le sonrió. Se gravó en la memoria la expresión de Shintaro, porque estaba seguro que era exactamente igual a la suya.

-Lo siento. Te dejo continuar con tu trabajo –le dijo suave, liberando su mano.

Por unos momentos hubo un silencio.

-Lo sien…

-¡No te disculpes! –lo interrumpió el ojiverde.

Y le lanzó una mirada rápida y significativa, directamente a los ojos rojos del más pequeño. Fue tan significativa que aceleró todavía más el corazón de Seijuro. No había dejado de arderle el pecho, no por dolor, estaba tan feliz. Y la mirada detrás de las gafas le reveló que Midorima también estaba igual.

Sonrieron en complicidad. Vaya, que torpes eran.

"Ya hablaremos después" seguramente pensaba Midorima.

"…Después…" a lo que Akashi solamente podía sentir un nudo en la garganta.

La curación había terminado.

-Listo –dijo suspirando y guardando las cosas en su maletín –. No estás del todo curado, debes cuidarte. Deberás reemplazar las vendas y escribiré una nota para que recibas un té medicinal, te ayudará si sientes dolor o tienes fiebre.

-Gracias –dijo tomando el papel y viendo la escritura del peliverde –. La letra de un doctor.

-Ese no es el tema en éste momento, Akashi –se ajusta los lentes–. Ahora quiero saber qué ha pasado.

Ahora Shintaro tomaba asiento al frente suyo, atento a lo que diría. Mientras que Seijuro permanecía con la espalda recostada en el pared, sentado con ambas piernas estiradas luciendo a todo esplendor las vendas y compresa-fría. Sin tener en cuenta el parche que tenía en el rostro para bajar la hinchazón del moretón.

-Shintaro, creo que nunca te he agradecido sinceramente las muchas veces que me has ayudado –comenzó–…Me has estado auxiliando desde que llegué a éste mundo.

-No necesito las gracias. En éste momento sólo necesito que me digas qué te pasó…si fue alguien… –y su mandíbula se tensó.

-Tranquilo, nadie me ha golpeado.

-Entonces explícame directamente, por favor.

Era raro porque, encontrar lo extraviado, se convirtió en sinónimo de despedida. Suspiró. Con tranquilidad y en silencio, el pelirrojo extrajo de su bolsillo la mota blanca.

-Lo sé…pero antes ¿te importa si estrechamos las manos?

-¿Cómo? ¿Eso qué…?

-Gracias por todo, Shintaro.

Lo interrumpió afirmando su postura y extendiendo el brazo derecho al frente. En dirección al peliverde. Midorima vio la acción con cierto recelo, a su parecer el pelirrojo sólo estaba atrasando la explicación. Pero aceptó en medio de un suspiro si con ello sabía qué pasaba.

Así que Shintaro estrechó en un gesto de gratitud la mano de Akashi.

-Gracias…

Una sonrisa triste fue lo último que registró el futuro doctor antes que todo se volviera blanco frente a sus ojos. La mota blanca, del tamaño de un arroz, ahora estaba en la palma de su mano.

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**** MidoAka & KiKuro ****


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Akashi cubrió con su futón al peliverde dejándolo dormir. Estaba seguro que en un par de horas despertaría sabiéndolo todo. Justo como había indicado el misterioso ladrón. Las gafas se le habían caído al momento de quedar inconsciente, así que las dejó a un lado de su cabeza para que pudiera encontrarlas rápido.

Por ahora, Akashi tenía que hablar con el zorro dorado.

Salió del lugar cerrando la puerta de papel con suavidad, verificando que estaría bien. Lanzó un suspiro y se dirigió al despacho de Kise. Todavía trastabillaba en sus pasos, pero ya eran mucho más controlados y mucho menos dolorosos.

En el transcurso, el joven escriba pensó con cierta añoranza que ya casi era la hora de comenzar su trabajo. Si hubiera sido un día normal, la rutina de la mañana estaría casi lista. Ya hubiera ido a las oficinas de los escribas y limpiado su lugar de trabajo, ordenado los papeles y rellenado los tinteros. El desayuno estaría en su estómago y seguramente iría de regreso para comenzar a escribir.

Pero mientras avanzaba, notó que no era un día normal en ninguna parte. Mientras más se acercaba a los pasillos centrales, lo recibía el escenario que casi imitaba al del ala norte. Porque los empleados, enfundados en sus respectivos uniformes, iban y venían creando un efecto de colores.

Sólo que, como siempre pensó, su ala oeste tenía un orden en el desorden.

Cuando se zambulló en la masa de empleados, pudo escuchar los mismos comentarios que le dijo Midorima, algunos lo decían con detalles más exagerados, pero todo giraba respecto del orbe.

Nadie parecía estar enteramente concentrado en su trabajo, de hecho, mientras doblaba la esquina que lo llevaría al ascensor, del pasillo a su izquierda, se topó con varios empleados que llevaban enormes platillos de comida. Y por otro comentario dicho en voz alta, supo que esa noche celebrarían el suceso.

Con el tiempo, extrañaría incluso el ala oeste.

Tres corredores más adelante por fin se encontró frente al ascensor. No era el único, un pequeño grupo al que se sumaba él, esperaban a que el objeto descendiera y entre tanto, cotilleaban sobre la buena nueva. En silencio Akashi esperaba, cuando en medio de la espera, de sorpresa y sigilosamente, un papelito plateado apareció danzando frente a la vista rojiza, parecía que venía de algún lado del techo y ahora se posaba tranquilamente en sus manos.

El zorro de fuego lo estaba esperando.

El joven escriba se permitió suspirar. En unas pocas horas olvidó el detalle de los permisos en el ala oeste. En el ala norte jamás los había necesitado. Luego de eso, tuvieron que pasar unos minutos más, hasta que el elevar llegó.

En el camino, el ascensor se abarrotó he hizo cuatro paradas, recodándole porqué prefería usar las escaleras, pero cuidando de seguir las instrucciones de Midorima, era mejor éste método. Hasta que al final se quedó vacío mientras subía al quinto nivel. El pelirrojo tomó aire mientras el papelito brillaba en sus manos y al abrirse las compuertas, desaparecía autorizándole su presencia en el sitio.

Salió y las puertas se cerraron silenciosamente detrás de él, descendiendo. Curiosamente el primer recuerdo que se le vino a la mente fue que, los niveles arriba de su cabeza, eran los dedicados a los mega-gigantes. Aún le parecía impresionante que un enorme espacio "vacío" estuviera ubicado tranquilamente en el palacio.

Así, cruzó por el pasillo de madera fina, evidenciando el lujo del lugar, tranquilo y elegante. Armonioso. Jamás se hubiera imaginado extrañar ése tipo de cosas. Pero una vez más pensó que, esos eran los tipos de detalles a los que estaba acostumbrado.

Su recorrido al despacho del zorro de fuego fue el mismo que hizo hace unas poquísimas horas atrás. Una puerta se abrió como un susurro dejándolo ver un salón vacío que al fondo tenía una enorme escalera, que en la cima, se dividía en tres. Tomaba la opción de la derecha y atravesaba la puerta. Luego lo recibía un laberinto de pasillos todavía más misteriosos y compuertas por todos lados, pareciendo interminable.

Las lámparas se encendían a su paso y las cortinas se movían sin que hubieran ventanas donde entrara el aire. Así, después de veinte minutos llegaba frente a la enorme y gruesa puerta de madera tallada, con garabatos de flamas y chapas de oro.

La puerta de una tonelada se habría como abierta por el aire dejándolo pasar y cegándolo temporalmente por el cambio de luz. Pero enseguida lo recibía un salón enorme, con los muros derecho e izquierdo decorados a cada milímetro, pero el techo y suelo completamente vacios más que mostrando el hermoso color de la madera.

Akashi volvió a cruzar por el salón lleno de columnas a los costados, con cortinas y marcos de pinturas y escrituras a la distancia, y todo tipo de diseño de lámparas. Y al fondo de éste, descansaba un escritorio de madera y vidrio.

Y su dueño, sentado tras éste.

-Veo que ya te has encontrado con Midorimachi –dijo como saludo cuando el pelirrojo estuvo al frente, a la vez confirmando que él había hecho llamar al ojiverde–. Toma asiento, Akashichi.

Con un chasquido, y como las anteriores veces, un sofá que se elevó traspasando el piso como un fantasma se materializó, y se posó tranquilamente atrás del joven escriba.

-Creo que los dos pensamos lo mismo ¿no? –dijo sonriendo el rubio, de buen humor pero con ojeras bajo los ojos –. Yo también tengo algunas cosas por aclarar…Y Akashichi en pocas horas ya no estará más –dijo en tono bajo lo último.

-¿Es por la memoria de Shintaro? Respecto a eso, aún no sé si será una manera fácil de poder regresar, podría tomarme tiempo así que no estoy seguro de eso.

-Ya has pasado nueve meses en La Cumbre ¿cierto?

-Acaba de cumplirse ése tiempo.

-Verás, Akashichi, no es bueno que un humano permanezca tanto tiempo en La Cumbre. De hecho, tu estadía se ha prolongado demasiado –y parpadea un segundo pensando su siguiente comentario –. Pero alguien ha "detenido" el tiempo en ti, por lo que continúas luciendo de la misma manera de cuando llegaste.

Dicho esto, se levanta de su silla bordeando el escritorio. En el proceso haciendo que otro sofá, de la misma manera aparezca al frente del pelirrojo. Tomando asiento.

-Ya había escuchado eso –comienza el pelirrojo. Recordaba que se lo había mencionado el Auxiliar de cabello y ojos grises hace tiempo – ¿Es posible saber quién sea?

-Es un benefactor anónimo, pero sabe de tu existencia. Así que es muy probable que se trate de algún familiar tuyo.

-¿Mío? …¿otro humano?

-Oh, perdón –y se ríe pero sin burla –. No me he explicado bien, seguramente sea un antepasado tuyo. En su vida anterior pudo haber sido un "Akashi", pero al morir y renacer en éste mundo quizás sea miembro de un clan alto.

-¿Eso es posible?

-En éste mundo lo "extraño" es lo que está a la orden del día –concluye galante–. Así que, esa es la posibilidad más cercana a tu benefactor anónimo. Aún así, ha estado parando el tiempo durante nueve meses, eso es complicado. Debes regresar pronto o podría ya no ser capaz de continuar deteniéndolo.

-¿Por qué haría eso? Es decir, no me conoce.

-Si eres su descendiente, ha de desear que regreses con tu familia, con el mínimo de problemas. Y si continuas luciendo como antes, podría ser más fácil. Dime, ¿aparecerte en tu mundo luciendo más alto y un poco mayor no sería demasiado raro?

-Si ha pasado casi un año desde eso…como sea que luzca ya no será igual. Apenas pise el frente de mi casa, en horas estaré de nuevo viviendo con Masaomi –señala con un regusto en la boca.

-Quizás no todo tiene que ser tan complicado, Akashichi –señala de manera misteriosa, calmado pero sin una risa.

-¿Qué significa eso?

-No sé demasiado, ya que esa clase de dones no son de mi clan, pero quizás podrías sorprenderte. Lo digo porque, como acabamos de aprender, no todo es lo que parece.

-Es verdad –sonríe tratando de preocuparse sólo lo necesario–. Eso nos lleva al "ladrón" del orbe.

-Respecto a eso Akashichi, quisiera preguntarte tu opinión sobre esa persona.

-Realmente jamás me pareció un "ladrón", además, al final pareciera que jamás deseo perjudicarnos. Era muy amable –pestañea recordando–. Utilizó el orbe para saber de lo que éramos capaces de sacrificar por lo que deseábamos.

-Nunca se trató de una meta retorcida –susurró el ojidorado.

-Cierto, y él lo sabía. Por eso es que después, por si sólo me entregó el orbe –hizo una pausa, continuando con una voz más suave –. Y nunca estuvo en la obligación de darme la solución para la amnesia de Shintaro…ni tampoco la pista para poder regresar al mundo humano.

-A veces parecía una persona muy inocente…y otras muy sabio –continuó Ryota–. Incluso en su primera explicación utilizó las palabras "curiosidad", "aburrido", y "divertido".

-Y después nos obligó a poner en palabras nuestros verdaderos motivos, fueran egoístas o no –ambos bajaron la cabeza apenados.

-Él lo supo todo desde el comienzo. Incluso en un instante, tomó la forma de Midorimachi y luego de Kurokochi. Nos dio una paliza moral como quién ha vivido ya mucho y sabe de la vida.

-Y sin embargo fue amable e inocente, todo a la vez.

-Akashichi, esto sólo es una especulación, pero creo que nuestro ladrón-doctor, es en verdad el descendiente de una de las diez mil deidades en La Cumbre.

-¿Eso…también lo hace una deidad? Pero pensé que a ellos no se les podía ver al rostro.

-Y no se pude. Es posible que fuera tan joven que aún puede confundirse con nosotros.

-Eso explicaría cuando mencionó que todavía le faltaban doce milenios más para poder devolverle la memoria a Shintaro sin necesidad de un intercambio.

-Jamás sabremos la suerte que tuvimos. Desde el comienzo supe que no era un "extra" en el palacio…pero esto… –y una sonrisa nerviosa se formó en el rostro del rubio–. No creo estar equivocándome. Incluso el detalle del orbe lo delata ¿lo notaste? El orbe no pesaba nada cuando llegó a nuestras manos.

El pelirrojo se sorprendió. En ese entonces no tenía los sentimientos acomodados para darse cuenta de ellos, pero era verdad, cuando fue con el Auxiliar de ojigris tuvieron que utilizar contenedores especiales que disminuían el peso.

-Pesaba lo mismo que un balón de vóley…–susurró el pelirrojo.

-Sólo una deidad puede hacer eso –ahora jugaba un poco con sus manos por los nervios–, son los únicos capaces de manipular un orbe. Eso me recuerda otra cosa –traga saliva sintiendo la mirada rojiza atenta sobre él –. No creo que el orbe hubiera estado "perdido" jamás.

-¿Cómo?

-Verás, Akashichi. De seguro ya escuchaste los parloteos mientras venia hacía aquí ¿no?

-Claro –y recita– "Del Clan de zorros dorados, Kise Ryota, ha encontrado y devuelto el orbe. Salvó a un clan entero y a mucho más."

-¡Yo jamás deseé llevarme todo el crédito! ¡Jamás lo hice! –suelta con voz potente y viendo a los ojos de Akashi, esperando que le creyera–… Cuando apenas aclaraba, le entregué el orbe a mi amo, a la deidad para la cual trabajo. Relaté absolutamente todo, incluyendo a Akashichi, el ala norte, el ladrón, y cómo me habías ayudado. Pero cuando terminé de relatar, no mencionó nada– suspiró –. No supe más hasta que el toque de queda terminó y para entonces ya todos los empleados estaban enterados y esparciendo el rumor. Ni siquiera sé quién lo inició.

Concluyó llevándose una mano al rostro, entre cansando y derrotado por la situación. Entre tanto, hubo un momento de silencio, tras el cual Seijuro sólo afirmó con la cabeza, sin una pizca de molestia.

-Creo que eso sólo afirma más que se trataba del descendiente de alguna deidad. Que el orbe siempre fue suyo y al parecer todo encajó después.

-Jamás deseé todo el crédito. Más bien, si se sabía que un humano había ayudado a encontrar el orbe, no sólo cambiaria el modo de pensar respecto a su especie, sino que también te regresarían a tu mundo.

-¿Quizás nuestro "ladrón" pensó que era mejor así, no?

-Es posible. No dudo que el orbe fuera suyo y que él mismo lo reportara como "robado"… ni tampoco de los rumores distorsionados de los que todo el palacio habla.

-Quizás, decidió que la verdad se supiera a medias, porque así traería menos complicaciones. Además, yo obtuve lo que deseaba. Solamente es algo que no entendemos por ahora.

-Me tranquiliza escuchar eso, Akashichi –suspira, pero luego vuelve a verlo directo a los ojos – ¿Desde qué punto piensas que nos manipuló para llevarnos hasta éste punto?

-Quizás desde hace tres años –ya había pensado en ello –Tal vez desde que, por curiosidad, por ser un caso raro en La Cumbre, visitó a Shintaro en la enfermería. Luciendo como un doctor para confundirse con los demás. No sería raro tampoco que por ello, yo haya terminado en éste mundo de deidades.

Hubo un minuto de silencio en que las pupilas doradas se contrajeron en sorpresa. Parecía barajar todas las posibilidades y terminó con un suspiro agotado.

-¿No te molesta eso, Akashichi?

-En lo absoluto. Es posible que yo fuera el más indicado para eso, simplemente porque también tenía que aprender cosas, que con los otros humanos, posiblemente siempre hubiera ignorado.

-…También se encuentra el detalle que pudieras subir y bajar de niveles en el ala norte, pensé que se trataba por el poder prestado de mi clan, pero ahora pienso que siempre fue ésa persona…todo se debe a que Kurokochi y yo entramos a escena mucho después que todo comenzara. Por eso todo fue como fue ¿no?

-No creo que Kuroko y tú simplemente fueran puestos en escena únicamente para ayudarme, o a Shintaro. Quizás para ustedes dos todavía no ha terminado. Tal vez, aunque yo me vaya, la historia del orbe sólo fue un abrebocas para algo en el futuro ¿eso es lo que más se debe esperar en éste mundo, no? –concluye con una sonrisa.

-¡Ahora ya me ha dado miedo, Akashichi! –dice con voz infantil.

-No fue esa mi intención –sonríe–. Pero no deja de ser una posibilidad.

-¿Y ahora qué pasará? –pregunta con un tono suave, olvidando lo infantil, luciendo triste.

-Si todo sale bien, ésta es la última vez que nos veremos –y hace un pausa, recordando–. Me hubiera gustado poder agradecerle a Kuroko también.

-Se lo diré apenas pueda verlo.

-Lo agradecería –dice sinceramente.

Después de eso, llamaron a la puerta del enorme despacho.

-Seguramente habrán muchos que querrán ver al héroe que encontró el orbe de la joven deidad –y enseguida el escriba se coloca de pie para marcharse –Además, hoy el palacio completó estará de fiesta.

-Ojalá pudieras quedarte.

-Así esta bien…los dos todavía tenemos cosas que hacer.

-Gracias.

A lo que el pelirrojo regresa esas palabras, con una sonrisa también de gratitud dibujada en los labios.

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**** MidoAka & KiKuro ****


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-¡Kise-san!

-¡KUROKOCHIN!

Y se le lanzó encima, abrazándolo tanto que poco faltó para ahogarlo. Moviendo su cola y orejas a todo su esplendor.

Pero es que simplemente ahí estaba, al fin tenía a su prometido frente suyo, habían pasado pocas horas pero las saboreaba como años. Kurokochi lucía bien, enfundado en su uniforme celeste, su cabello rebelde y ojos grandes.

-¡Dime: Ryota!

-Kise-san.

-Auch…

-Por favor, dime ¿qué has hecho para conseguir el orbe?

Y a Ryota casi se le derrite el corazón al ver los ojos preocupados de su amor puesto sobre él. Se sentía como un calorcito en el pecho.

-Es una historia un poco larga.

-Por la fiesta, creo tener el tiempo necesario para escucharla.

-Muy bien –asiente soltándolo del abrazo.

Lo guía al sofá del despacho, sentándose lado a lado. Y Tetsuya escucha atento mientras Kise trata de hablar lo más detallado posible. No le oculta nada, aunque no puede evitar que su corazón brincara al ver la preocupa en los ojos celestes.

-No era necesario que hicieras todo eso, Kise-kun –dice con su voz suave descuadrando con su expresión asombrada.

-¿Cómo no hacerlo? –formuló la pregunta con amor.

El sentimiento dulcísimo le llegaba al corazón cada vez que tenía a Tetsuya al frente. Era tan fácil adivinarlo, los ojos dorados de Ryota siempre lo delataban. Y ¿cómo no hacerlo, si te amo? ¿Cómo no hacerlo, si me importas? ¿Cómo no cumplir, si lo prometí a tus padres? ¿Cómo no hacerlo, si eres mi prometido?

Tantas palabras que se agolpaban y tan pocas las que salían. Porque Kise Ryota, en secreto, por decisión propia y complicidad del Clan Kuroko, ya estaban comprometidos. Era un secreto que pretendía ganar a propia voluntad el corazón de Kurokochi. Porque ése era el verdadero valor por el que iba detrás Kise.

-"Eres mi prometido…pero quiero tu amor" –pensaba.

Pero lejos de ser un sentimiento triste, sólo lo llenaba de expectativas y alimentaba lo que sentía. Deseaba ver los ojos celestes diciéndole que lo querían, sin necesidad de una palabra.

Aún así, el secreto cómplice y silencioso continuaría siendo así, porque si Tetsuya no llegaba a amarlo, lo dejaría libre, y entonces…

-Gracias…Kise-kun…

Se lanzó en un abrazo hacia él, llorando y aliviado. Logrando interrumpir el hilo amargo de sus pensamientos, y lo volvía a llenar de optimismo cada vez.

-¿Te importo? –se aventuró a preguntar.

-Pensé que eso era obvio –contestó entre lágrima silenciosas.

Su corazón brincó de nuevo. Y le devolvió el abrazo, uno mucho más suave, bastante protector. Y que a la vez ocultaba su sonrojo. Así, lo dejó desahogarse todo lo que quiso.

Porque todos tenemos maneras distintas que expresar nuestros sentimientos.

Así, unos minutos después, Kuroko se limpió el rostro con tranquilidad con la manga de su uniforme, separándose un poco y devolviéndole al rubio una mirada de tranquilidad, sin rastro de pena. Tetsuya volvía a experimentar ese extraño sentimiento mientras volvía a verlo. Era bochornoso y agradable. Recordó que horas atrás, impotente y esperando encerrado con su clan, se descubrió a si mismo, pensando si Kise iría por él.

-Entonces… ¿ya no veremos a Midorima y Akashi? –trató de iniciar una conversación.

-Veamos… –comenzó el rubio, divertido, para que Tetsuya riera–. La última Cumbre se extendió de setenta años, el promedio, a noventa y cinco. Esa es toda una vida humana completa, Kurokochi.

-Pero… –dijo el peliceleste alentando las palabras de Ryota.

-…Pero es muy seguro que, cuando renazcan, los volvamos a encontrar.

-Es verdad –dijo pensativo –. Aún siguen con sus primeras vidas y ya han llegado a La Cumbre.

-Es casi en un ciento por ciento que Midorimachi y Akashichi estén destinado a volver ¿será divertido, no? Volveremos a conocerlos y será interesante saber a cuál Clan pertenecerán.

-Pero llevará tiempo –susurra limpiándose el rostro un poco más.

-Se volvieron nuestros amigos ¿no?

-Mmh... –afirma con la cabeza.

-Tendrán que pasar sus vidas actuales, luego, podrían tardar un poco en nacer en algún clan. Y claro, pasar algunos milenios más para que sean lo suficiente mayores para aplicar a un trabajo aquí.

-Y todavía serán unos jovencitos –lo imagina Tetsuya–. Habrán pasado tres o cuatro Cumbres más. Incluso ahora nosotros les llevamos cinco milenios de ventaja.

-¡Todos unos jovencitos, Kurokochi! ¡Apenas ésta es nuestra segunda convocatoria al palacio! –dice galán.

-Seremos sus hermanos mayores.

-Ésa es la actitud –le guiña el ojo–. Para nosotros, se sentirá como unos poquísimos años.

-Ellos también se volverán a conocer –dice pensando una historia todavía no ocurrida.

-Sí…lees mucho, Kurokochi.

-Dime, Kise-kun ¿no has pensado si nosotros también nos hemos vuelto a conocer?

-¿Cómo?

-Es decir, no lo recordamos y ésta podría ser nuestra segunda vida, quizás ya hemos vivido otra. Justo como lo harán ellos dos.

Ahora el rostro del zorro dorado se tiñó en un exagerado y divertido sonrojo. Jamás imaginó que Tetsuya tuviera tanta imaginación, ni que fuera tan romántico.

-"Me pregunto si tiene idea de lo que me acaba de insinuar…" –pensaba Ryota.

-Me gustaría despedirme de ellos… –susurra todavía.

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**** MidoAka & KiKuro ****


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-¡Akashi!

Y ahí estaba, corriendo a su dirección justo en uno de los pasillos más transitados. Lo había visto de inmediato y no le importaba tropezar con alguien más. A Seijuro, el suelo se le movió viéndolo llegar en una mezcla de sentimientos.

Regresaba, sí, pero no esperaba verlo despierto aún. Calculaba que faltaba casi una hora, sin duda, sintió como si el tiempo se hubiera acortado mucho más, de nuevo.

Así, apresurado le dio alcance colocándole las manos en los hombros y viéndolo desde su mayor altura. Los ojos le fulguraban entre enojo y alegría, debatiéndose cuál sentir primero. Los labios los mantenía apretados en una línea recta, decidiendo qué decir.

Pero al próximo instante lo tomó de una mano y lo llevó a uno de los tantos jardines artificiales. Estaba vacío, todos pasaban al frente pero ninguno entraba gracias a estar ocupados por la festividad.

De nuevo lo tomó por los hombros, acto que lo sorprendió la primera vez, y esta vez también. Era raro verlo tan exaltado.

-Fuiste al ala norte y entonces el "falso doctor"…por eso tu tobillo y el zorro dorado…el intercambio de recuerdos… –dijo todo a la vez y sin ningún sentido.

-¿Cómo lo sabes? –ocultaba la pena de no decírselo antes.

-La mota blanca, me devolvió los recuerdos y me mostró de paso todo lo que ha pasado en estas últimas horas.

-¡¿Recuerdas, Shintaro?! –pregunta genuinamente alegre.

-No sé ni que decirte primero…estoy enojado porque no fue justo que no me dijeras nada.

Era exactamente lo que Seijuro esperaba que le dijera. Pero guardó silencio escuchándolo, ahora era el turno de Midorima para hablar.

-¡Pero…! –y sus ojos chispearon de alegría–. Akashi, tengo una hermana menor, unos padres médicos, son buenas personas. El piano, mis estudios…la fea ciudad.

-Sabía que eras humano –señaló sintiendo el estómago vacío, pero de alegría.

-Pero… -y entonces su semblante pareció asustarse y soltar los hombros del más bajito–… un accidente...estaba en casa, en el desván, con papá.

-¿Y entonces…? –lo ojos rojizos mostraron preocupación.

-Acababa de pasar el año nuevo y ordenábamos cajas. Mamá estaba en la cocina tratando de lidiar con mi hermanita bebé y el almuerzo al mismo tiempo… luego, unas cajas me cayeron encima… una muy pesada me golpeó en la cabeza…

-Shintaro…

-…Pero…recuerdo a mi familia en el hospital…mis padres estaban histéricos –sus ojos se mostraba asustados mientras lo contaba–. Yo estaba acostado y desde ahí los veía…luego…luego desperté aquí. Y el primer lugar que conocí, fue la enfermería…tiene sentido ahora.

-Explícate –más que una orden, se escuchó asustado.

-Lo que ves, Akashi –lo mira a los ojos –. Es sólo mi mente. Debí entrar en coma y llegué al palacio. Por eso es que soy diferente a ti, a pesar de ser humano…Por eso es que puedo pasar meses sin dormir y recitar palabras de sanación, porque la mente todo lo puede, y no estoy atado a la restricción de un cuerpo. También es por eso… que mi apariencia no ha cambiado ni un poco en tres años.

-¿Llevas tres años en coma? –decía sin poder ocultar su miedo.

-Sí. Pero estoy bien. Mis padres tenían muchos medios, seguramente estoy conectado a maquinas mientras esperan que despierte.

Simplemente el nudo en la garganta parecía no querer dejar al pelirrojo.

-¿Cómo puedo encontrarte en el mundo humano?

-Vivía en Tokio. Pero ya no sé si continuaré ahí.

-No importa. Es una buena pista para empezar.

En ese momento Shintaro toma aire, quitándose los anteojos y frotándose las sienes, seguramente le dolería mucho la cabeza al recobrar todo de golpe.

-Pero –continúa –, cuando recobré la memoria, venía un recuerdo extra. Se trataba del "doctor", me dijo cómo puedes volver.

-Cómo podemos volver –corrige.

-En mi caso será diferente –dice sintiendo la frustración de los ojos rojizos –. Es mejor no tardar más, Akashi.

-¿Ahora?

-Si.

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**** MidoAka & KiKuro ****


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Lo único que quedó fue despedirse de su jefe, Wan, después de todo, el hombre corpulento de cuatro brazos que siempre utilizó una máscara, fue uno de los pocos que nunca puso objeción a que un humano llegara a trabajar ahí.

Siempre había sido un individuo de pocas palabras, pero en esta ocasión le había dicho algo improbable, fue un escueto "siempre encontrarás tu vacante", a lo que el pelirrojo, no lo entendió en lo absoluto.

Después de ello, subió de nuevo a los dormitorios y sacó de entre las toneladas de uniformes del único armario, ocultos en una esquina, la ropa que portada cuando llegó a éste mundo. Era el mismo pantalón y la camisa, ahora se encontraban limpios, pero el desgaste y el agujero en el hombro derecho continuaban relatando los sucesos. Y atrás del armario, encontró sus zapatos.

Pero ahora que se colocaba de nuevo su antigua ropa, se sentía impersonal. Como si no fuera suya.

-Ahora, ésta es la ropa extraña… –se dijo a si mismo.

Después, descendió a donde lo esperaba Midorima. Acordaron volverse a reunir en uno de los tantos jardines en que siempre coincidían. Lleno de recuerdos. Y en el camino no pudo evitar algunas miradas curiosas por su ropa, y no los culpaba, él mismo se sentía fuera del lugar. Todavía no se colocaba los zapatos, pero sabía que eso sería un problema por su tobillo.

Así, cuando llegó, también se topó con una imagen extraña. Shintaro también portaba "ropa humana", una simple camisa de manga larga y unos pantalones negros. Era la primera vez que lo miraba de esa manera, era extraño, pero siempre supo que fue elegante.

Y a la par de éste, sin disimular su asombro de verlos vestidos de esa manera, Kuroko le saludó al llegar.

-Akashi-kun.

-Kuroko, me alegra poder despedirme.

-Digo lo mismo. Yo me encargaré de llevarlos al distrito alto, Midorima-kun ya me ha descrito el lugar, será fácil ubicarlo.

Dicho esto, el peliceleste extendió sus brazos para que ambos tomaran las mangas de su uniforme. Shintaro actuó primero, pero Akashi se quedó atrás, con la mirada desviada.

Una vez más se volvía a decir lo raro y doloroso que era cuando varios sentimientos te ahogaban. Pero, después de todo, no esperaba que lo entendieran, realmente ni él mismo lo hacia, pero…

-Akashi –lo llamó suave.

Y de pronto unos ojos verdes lo miraban, diciéndole mucho sin palabras. Por ello tembló bajó los pies de Akashi y se dijo que, quizás si lo entendían. Ambos, tanto que hasta Kuroko desvió la mirada.

Así, apretando los labios dio unos pasos, sin decir nada, y también tomó una de las mangas. Al instante, los tres desaparecieron. Quedando atrás los pasillos de madera, la elegancia antigua del palacio, el despacho del zorro, los enorme comedores comunales, los dormitorios, los jardines techados, los habitantes excéntricos…

Su ala oeste.

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**** MidoAka & KiKuro ****


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Desaparecieron y aparecieron como un fantasma, frente a sus ojos, sólo era un parpadeo en que una luz los cegaba, acompañado de un frío que se desvanecía de a poco cuando volvían a abrir los ojos.

Cuando claramente un paisaje distinto a La Cumbre, los recibía.

Erizándosele los vellos de la nuca, Akashi se vio de nuevo en la cima del callejón de piedras, una colina prácticamente. Con las copas de los árboles sobre sus cabezas y casas hermosas de lado a lado. Además, un despejado cielo los saludaba con un aire fresco.

En silencio, Akashi vio de reojo a Shintaro, notando que él también sentía la misma impresión de encontrarse de nuevo con ése paisaje. Además, Seijuro no pasó por alto, que los ojos verdes se veían más claros por el sol. Sonrió, recordaría ése dato.

Así, pasada la primera impresión, ambos jovencitos humanos se colocaron los zapatos al instante. El pelirrojo tuvo que aplastar la parte posterior del zapato derecho para calzárselo. Mientras que Midorima se miraba un poco avergonzado. Entre tanto, Tetsuya solamente los observó curioso.

Después de eso, comenzaron a avanzar, recordando al detalle casi un año atrás. Solamente que, Tetsuya, se quedó atrás.

-¿Kuroko?

-Esperaré aquí a Midorima-kun. Akashi-kun, aquí me despido yo.

-…Ya veo –y sonríe apenas –. Gracias por ser mi guía todo éste tipo, Kuroko. Me ayudaste mucho más de lo que se te pedía.

-¿Eso hacen los amigos, cierto?

-Cierto –afirma.

-"Hasta pronto…" –se moría por salir de la boca del ojiceleste, pero prefirió guardárselo como una sorpresa– "…para dentro de cientos de años."

Mientras los otros dos jovencitos descendían, ninguno pudo evitar recordar ése mismo lugar, sólo que había sido en una tarde lluviosa, con véngalas rojas en el cielo, y ambos sintiendo el peligro en cada poro.

Pero sobre todo, ahora que caminaban lado a lado, ya no eran ningunos desconocidos.

"En la cima del callejón conocí a Shintaro."

"El cabello rojo fue lo primero que noté."

Ahora, mientras avanzaban, de las cercas de las casas sobresalían copas de árboles plantados en los jardines, el sol era suave y los faroles suspendidos en lo alto, lucían como adornos para un futuro festival.

Akashi caminaba despacio por su tobillo y las piedras, mientras Midorima lo observaba de reojo, siguiéndole el paso. Se trataba de un día bonito y silencioso, de esos que sólo el viento traía susurros de algún sonido a la distancia.

Continuaron así, hasta casi llegar a lo más bajo del callejón empinado, Seijuro se detuvo reconociendo la mansión en donde todo inició. Frente a ellos estaba la puertecilla que la servidumbre utilizaba y conectaba directamente a la enorme y colorina cocina que adentro ostentaba la mansión.

Ahora, el pelirrojo la recordaba como la discreta puerta donde el individuo de rostro largo, el primero que vio al llegar, lo ayudó a escapar junto con la chica pelinaranja. Que ahora sabía, se trataba de la hermana de Hayama.

-¿Es ésta?

-Sí.

-Buscaré la puerta de enfrente, espérame, no fuerces el tobillo.

Al apenas pronunciarlo Akashi lo tomó de la mano, sin ninguna intención de soltarlo. No perdería los últimos minutos, dejándolo solo.

-Claro que no Shintaro, voy contigo.

-Eres un paciente muy difícil.

Lo regañó acomodándose los anteojos, pero sin enojarse realmente. Al contrario, estrechó más su mano. Así, con paso lento, tuvieron que rodea la mitad de la casa. Recibiéndoles una avenida amplia donde a todo lo largo, se mostraban orgullosos los portones de cada mansión.

Al parecer era una hora muy ocupada, porque no había nadie en la calle, simplemente ellos dos levantando de vez en cuando el polvo con sus pisadas. Al final, cuando pudieron ubicar el portón al que le pertenecía la tímida puertecilla del callejón, no fue necesario llamar a la puerta. Se encontraron con una persona, sentada y casi oculta, entre los arbustos que adornaban la entrada.

Se trataba de un individuo de rostro largo, leía tranquilamente pareciendo disfrutar del silencio. Y cuando los dos jovencitos humanos estuvieron en su rango de visión, elevó la vista tranquilamente.

Akashi supo de inmediato que se trataba de la misma persona, porque apenas esa mirada se posó sobre la suya, Seijuro tuvo de nuevo la sensación que lo reconocía. Simplemente no pudo evitar pensar y barajear la posibilidad que el de rostro largo, pudo haber sido uno de sus familiares. Hace nueve meses pareció reconocerlo también, y eso no había cambiado.

Pensando de nuevo, Akashi pudo darse cuenta que no era la única excepción. Cuando acompañó al Auxiliar peligris por los orbes, y luego tuvieron que saltar de escenario en escenario, también una dragona de cabello rojo le había lanzado una mirada curiosidad y de reconocimiento.

En esta ocasión no se atrevía a preguntar, pero una corazonada, le decía que no hacia falta.

-Disculpe –comenzó Midorima –. Esto se escuchará raro, venimos de La Cumbre, y deseábamos pedirle si podría permitirnos pasar al estanque que tiene en su jardín.

El de rostro largo y pálido los vio por unos segundos, lucía un poco asombrado ante esas palabras. Pero de pronto, y como respuesta, lanzó una potente carcajada. Siendo esa la primera vez que Akashi escuchaba su voz. Sorprendiéndose al ser muy agradable, no tanto como la del "ladrón", pero lo era.

Tras detener la risa, el individuo se levantó del suelo y los arbustos con tranquilidad sacudiéndose el polvo en el proceso. Luego giró abriendo leventemente el portón, lo suficiente para ellos poder pasar.

Continuaba sin emitir una sola palabra, pero con una señal de mano, les indicó a los pequeños humanos seguirlo. Fue hasta ése momento que Midorima soltó la mano de Akashi para que pudiera caminar mejor. Y a la vez ambos se quitaron los zapatos para poder entrar.

Así, entraron al vestíbulo de la antigua mansión, era hermosa y limpia, elegante y exuberante al mismo tiempo. Los pasillos de madera eran tan lujos como los del palacio, aunque mucho más cortos y angostos, a comparación. Por el camino que atravesaban podían distinguir que habían habitaciones por todas direcciones, y algunos jarrones y cuadros como decoraciones en las paredes. Daba la impresión de ser mucho más grande de lo que se podía apreciar desde afuera.

De nuevo había mucho silencio, y el aire se colaba por todos los rincones dejando el lugar muy fresco. Quizás, el único que estaba en casa era ése sujeto. Midorima y Akashi intercambiaron miradas. Definitivamente los estuvieron esperando.

Después de varios minutos y de cruzar tres veces a la derecha en las esquinas, los tres llegaron al corredor que daba justo al jardín posterior. El dueño de la mansión deslizó una puerta de madera y papel, dejándolos pasar al exterior.

-Ahí esta … –susurró el pelirrojo sin que los otros lo notarán.

Para acto seguido, el dueño de rostro largo hizo otro además con la mano señalando, a lo que Akashi sabía, era el camino a la cocina. Y luego los dejó solos, por completo despreocupado.

-Vamos, Akashi –lo llamó Shintaro.

Al acto, ambos sacaron sus zapatos al borde, al suelo de tierra, y volvieron a calzárselos. Y mientras se adentraban, Seijuro vio de nuevo todo, justamente como lo recordaba. Solamente que ahora no tenía miedo, y el día era muy agradable.

Una vez más se topó con los caminos de piedra por todo el lugar, los arbustos y flores desconocidas, unos pocos árboles que ahora notaban que eran de frutas. Y por supuesto, el estanque lleno al medio, con el puentecillo ya reparado, y los faroles colgando en dos líneas perpendiculares perfectas, sin necesidad que nada los sostuviera.

-Akashi… –comenzó el peliverde mientras ambos caminaban directo al estanque artificial– …según me indicó el ladrón en el recuerdo extra, solamente tienes que volver de la misma manera que llegaste. Al parecer, ya que tienes su aprobación, su poder se encargará del resto. Me imagino que conectará las dos realidades.

El pelirrojo lo escuchaba, aunque parecía algo distraído, viendo el agua en el estanque.

-Akashi –llamó su atención.

-Shintaro ¿qué pasará contigo? –preguntó de pronto.

-Será de la misma manera. Debo regresar al lugar donde desperté. Y en mi caso, dormir, será como un proceso a la inversa. Mi mente dormirá aquí, pero despertará en nuestra realidad.

-¿Me buscarás?

-Pregunta innecesaria. Por supuesto que sí.

A continuación, la mirada rojiza dejó de ver el agua, yendo directamente a encontrarse con la verde. Era una mirada melancólica, Midorima pudo percibirla muy bien. Y en silencio, le sostuvo la mirada, con la mente en blanco sin lograr encontrar las palabras que necesitaba.

De pronto, ambos saborearon el tiempo de esos nueve meses, como un susurro.

-…Supongo que es hora –soltó por fin Akashi.

-Aún…hay algo que debo decirte –se ajustó los lentes, con pesar.

-¿Qué es?

En ese momento, el peliverde sacó del bolsillo de su camisa, la misma mota blanca. Akashi pensó que había desaparecido al regresarle los recuerdos a Shintaro. Pero lucia intacta, del tamaño de un arroz.

Al acto, Midorima la colocó a un lado del estanque, sobre una roca plana y lisa, retrocedió unos pasos volviéndose a colocar al lado del más bajito, y al instante ambos tuvieron que cerrar los ojos porque los cegó por completo una luz blanca que sacó la diminuta mota.

Por un solo breve instante ambos sintiendo el golpe de un clima mucho más frío y menos amable. Incluso el aire se sentía húmedo, y cuando por fin pudieron abrir los ojos, parpadeando para volver a enfocar la mirada, lo que los recibió fue el escenario de hace casi un año de Akashi.

Los dos se encontraron de pronto en la versión desbaratada de la mansión. Fue como caer de cabeza en un escenario pesimista, donde cualquier cosa pudo haber pasado. Y ahora, todo estaba en ruinas. Desapareció el colorido jardín, el puente ahora podrido, el cielo a punto de romper a llover, y la mansión apenas un susurro de lo que fue. Incluso, a la distancia, sobresalían los rascacielos viciados de tecnología, rodeados de un cielo corroído, venenoso.

Entre asombrados y asustados, veían el abrupto cambio de escenario. Que irónicamente, seguían parados dentro de la misma mansión. Tanto Seijuro como Shintaro intercambiaron miradas sin necesidad de palabras, ambos sintieron el amargo sabor de su propia realidad, su mundo humano.

-Estoy de regreso –dijo el más bajito con un pesar en el pecho.

-Tranquilo, Akashi. No es tan malo.

Y viéndolo de nuevo al rostro, Seijuro se encontró con un rostro más optimismo, al parecer, Midorima tenía una manera más positiva de ver las cosas.

A continuación, y recobrándose de la impresión, el peliverde se puso al frente de Akashi para continuar lo que el falso ladrón había dicho en su recuerdo extra. Todo éste tiempo había estado a su lado, pero ya era hora de continuar.

-Según me indicó el ladrón, puedes regresar justo al mismo instante en que todo inició.

-Me imagino que por eso no cambié en todos estos meses…a eso se refería- pensaba Akashi mientras recordaba la última conversación con Ryota –. Sería raro si ahora fuera más alto o algo por estilo.

-Pero eso no es todo, Akashi, puedes decidir nunca haber vivido todos los sucesos en La Cumbre –soltó con pesar.

-¿Cómo?

Y de pronto, proveniente desde el interior de la mansión en ruinas, comenzaron a escucharse ruidos. Había alguien adentro.

-Mírame –indicó al pelirrojo, haciendo que volviera su atención a él –. Regresamos en el tiempo y ahora puedes optar por nunca haber caído dentro del estanque, jamás llegar al palacio y ser un escriba, ni tampoco pasar por todo lo malo de éste tiempo.

-Explícate mejor.

-Olvidarás que viviste una vez todo eso –soltó apesadumbrado–. Mejor dicho: nunca lo viviste.

-Shintaro…

Enseguida, comenzaron a escucharse pasos más cerca, alguien corría rumbo a ése lugar. Y en un parpadeo, desde una pequeña entrada improvisada que rodeaba la mansión para llegar al patio posterior, apareció la figura de un chico, con telarañas en su cabello rojo. Y una cámara en mano.

Era Akashi.

-Ése eres tú, nueves meses atrás –afirmó el ojiverde.

-¿Cómo…? –apenas dijo asombrado–. Pero entonces…

Tomando fotográfica por todos lados, se veía a un Akashi que hasta su ropa lo delataba, era exactamente la misma, pero no estaba desgastada. Además, portaba una mirada mucho menos viva. Se estaba viendo a sí mismo.

-¡Shintaro! –lo llamó alarmado, a pesar que estaba a su lado.

-No nos verá. En éste "espacio" y "tiempo" nosotros no existimos.

A continuación lo toma de la mano para tranquilizarlo. Pero debe continuar con el resto:

-Lo último del recuerdo extra, es que basta con que no caigas al estanque. Y jamás nada nunca habrá sucedido.

Al instante, la mirada rojiza se posó sobre la verde luciendo lastimada. Mientras, al mismo tiempo, el Akashi de nueve meses atrás se acerba al puente para realizar algunas capturas. Y cada vez más, parándose cerca del borde podrido.

-Akashi, cuando llegaste, alguien te empujó por ése puente para que cayeras al estanque ¿cierto?

-¿Cómo lo sabes?

-El ladrón –explicó todo con esa palabra.

-Es verdad…pero –y trata de hacer memoria –…en esa ocasión jamás vi, ni escuché, nada. Simplemente sentí que alguien me empujó y caí.

-Eras tú –y Shintaro señala al pelirrojo que tomaba la fotografía.

-¿Yo mismo me empujé?

-Si en éste momento, no empujas a tu "otro yo", entonces todo lo que has vivido en La Cumbre se borrará. Estamos en el punto de inicio, y se te permite la decisión de borrar el pasado.

Y una parte de Seijuro tembló al escuchar esas palabra, su corazón dolió pero trató de concentrarse lo mejor que pudo.

-"Si nunca caí en el estanque vacío, ni me golpeé…" –pensó– ". Eso también significa que jamás aprendí todo lo vivido en el palacio, ni tampoco la bondad desinteresada, ni las fuerzas de vivir, la amistad, el sacrificio…" –sus manos temblaron – "…Ni tampoco conocí a Shintaro…"

Embrollado en sus pensamientos el actual Akashi soltó la mano de Midorima para llevarse ambas manos al rostro, desesperado. Con los hombros temblando y una combinación de emociones, todas malas.

-Akashi, puedes ahórrate todo esto, olvidarás y seguirás con tu vida normal…

-¡NO! ¡NO!

Ni siquiera había necesidad de pensarlo. Aunque tuviera que pasar una y otra vez todos los momentos amargos y buenos, de nuevo, cuantas veces fuera. No se arrepentiría ni un gramo. Había sido lo mejor que le pudo pasar en la vida. Incluso los golpes y los miedos, las risas y los sinsabores...el sentimiento en su pecho. Todos en conjunto eran una enseñanza.

Y entonces Akashi se lanzó corriendo con todo lo mejor que su tobillo lo dejaba hacia su otra versión que estaba a punto de retirarse del puente. Corrió con la desesperación y adrenalina en cada fibra. Su aliento se cortó y el camino de poquísimos metros le pareció muy largo.

Y con el mismo impulso llegó por la espalda de su "otro yo", empujándolo, impulsado por todo su cuerpo, apretando los dientes y sin una pizca de duda. Incluso cayó arrodillado mientras que al mismo tiempo veía al "otro Akashi" desplomarse de lleno sobre el puente podrido. Escuchando claramente el crujir de la madera y la nube de polvo levantada.

Y debajo de todo ello, se escuchó el cuerpo del muchachito caer con fuerza, el crujir de los aparatos obsoletos con el que estaba lleno el estanque en ruinas y un quejido de inconsciencia.

Al final, silencio.

-Akashi… -lo llamó el ojiverde sorprendido.

De un solo impulso se puso de pie el Akashi actual, y regresó sobre sus pasos aprisa para volver a estar frente a Shintaro.

-¡No quiero no conocerte! ¡Pasaré todo de nuevo las veces que sean necesarias! –gritó- …Aprendí demasiado saliendo de una vida que pensaba era feliz –terminó susurrando abatido.

Al instante Midorima lo abrazó.

-Si jamás sucedió…jamás podré ayudarte…tú nunca saldrías del coma…no quiero eso…

Y con esas palabras, la mota del tamaño de un arroz, brilló en un tono azul y pareció pestañearle a Seijuro en aprobación.

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"Felicitaciones, acabas de demostrar ser merecedor de regresar a tu mundo."

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La voz del falso ladrón revotó en la mente de Akashi el cual elevó la mirada a Shintaro, pero éste parecía no haberla escuchado.

-"Yo no lo hago por ése motivo" –contestó en su mente.

Pero lo único que escuchó fue la risa agradable del ladrón. Por supuesto que lo sabía, era una futura deidad. Conocía del corazón de Akashi.

-Akashi…es hora –dijo con pena el ojiverde.

Lo sabía, lo sabía muy bien, pero no quería. Con lentitud los dos se acercaron al borde del estanque viendo al Akashi inconsciente.

-Una vez que saltes, ése Akashi tomará tu lugar, y tú tomarás el de él. Como un intercambio. Ambos iniciando de cero.

Entonces el pelirrojo comenzó a soltarse de apoco del abrazo de Midorima gravándose en la mente su rostro, de nuevo. Hasta su forma de hablar se prometió que la recordaría.

-¿Tú también te irás después de esto, cierto? –iba a llorar.

-Regresaré de inmediato a La Cumbre. Daré las gracias por mi trabajo y me quedaré "dormido". Saldré del coma. En pocas horas seguramente estaremos en el mismo mundo de nuevo, Akashi.

Más que informarlo, trataba de tranquilizarlo, aunque a él también le picaran los ojos por llorar.

Al final, una lágrima traicionera sí se le escapó al pelirrojo, y luego otra, y luego otra. Lanzó una mirada significativa a los ojos verdes, apretó los labios hasta formarlos en una línea tensa, y salió corriendo furioso directo al estanque. Saltó con el pie sano, y lo último que vio fue como caía sobre su "otro yo".

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**** MidoAka & KiKuro ****


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El sonido de baratijas crujiendo bajo su cuerpo lo acompañó en su despertar, mareado se incorporó quedando sentado y sujetándose la cabeza que le dolía horrores. Abrió los ojos lentamente enfocando su vista, ubicándose sobre una pila de aparatos y un puente crujiendo sobre su cabeza, todavía desprendiendo pedacitos de madera podrida.

Se enfocó en el cielo, iba a llover. Y bajo su mano, encontró la cámara fotográfica de Shiori hecha pedazos.

Tronó.

-¡Shintaro!

Se levantó de golpe y corrió a la orilla del estanque, arrastrándose para salir, dejando la elegancia olvidada. Pero cuando salió, no había nada.

Estaba completamente solo.

La mansión en ruinas detrás suyo, los rascacielos, el espantoso cielo.

Al instante se sentó y descubrió su tobillo, torpe y desesperado, con la respiración agitada. Pero entonces se calmó, su tobillo estaba hinchado, pero todavía más importante, estaba curado y vendado.

Su corazón volvió a dar un salto recolocándose en su lugar y tuvo que esperar varios minutos para tranquilizarse.

Un trueno todavía más fuerte.

Resignado, admitió que ya no tenía nada que hacer ahí. Se puso de pie nuevamente echándole un vistazo al estanque, y luego a donde vio a Midorima parado por última vez. Estaba seguro que la mota blanca, ya había llevado de regreso a Shintaro al tiempo "correcto", en donde ya había encontrado el orbe y se celebraría el acontecimiento.

Quizás, en pocos minutos más, él saldría del coma.

Y mientras Akashi se marchaba, trastrabillando y el corazón hecho un caos, trató de sonreír al darse cuenta de un último detalle.

-"Porque esta historia jamás se trató sobre mi, sino de Shintaro."

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¿Qué les ha parecido? TUT

(Qué todavía falta el epílogo)

¡Gracias por leer!