Disclaimer: todo lo reconocible pertenece a Rowling.


HERE WE ARE

I


No, this is not your legacy

[Un día de febrero de 1971]

La magia de la familia Black es antigua y oscura. Algunos historiadores afirman que su árbol genealógico de sangre impoluta se remonta a la Edad Media cuando los muggles cazaban y quemaban brujas.

Ha habido siempre algo retorcido, misterioso y oscuro en la siempre pura familia. Magia siniestra. Es un apellido pesado y difícil de llevar, imposible de ocultar. El pelo negro, los ojos grises, hay algo en el porte, en el caminar, en el ser, que es imposible de disimular.

Un Black siempre será un Black.

Aunque esté en Gryffindor.

La carta la trae la enorme lechuza negra de su madre, llega a la hora del desayuno y sus grandes alas proyectan una sombra oscura sobre Sirius, pero por primera vez no le importa. La rompe y la lanza al fuego.

Está feliz porque es un Gryffindor y ha escupido directo en el apellido de su familia, se ha reído en la cara de su madre, ha pisoteado centurias de tradición familiar, de Slytherins puros y nobles.

Pero aunque es Gryffindor sigue siendo Black, es como una mancha, como una marca en la frente. "Mírame, soy un Black". Sirius siempre lleva encima tanta ira, tanto odio adentro que hasta el tranquilo y educado del Remus Lupin le pregunta constantemente que si no se ha chupado un limón.

Es molesto, caminar por el pasillo y recibir las miradas. Los comentarios le hacen hervir la sangre. Gente de su propia casa le mira raro, le mira feo, arruga la nariz. ¿Qué hace un Black en Gryffindor? Escucha comentarios subidos de tono de los Slytherin y solo quiere encontrar un hechizo lo suficientemente violento para hacer que paguen.

Va por ahí con tanta rabia que últimamente ni sus propios amigos le soportan pero no puede hacer nada. Aporrea la puerta de las mazmorras en su carrera hacia afuera y casi se lleva a Peter por delante.

James le alcanza y le frunce el ceño.

—¿Se puede saber qué te pasa?

—Nada —pero le ha gruñido y después de tres meses James ya sabe que cuando gruñe es porque pasa algo.

—Supongo que estás molesto, aunque eso no es nada nuevo, tú siempre estás molesto. ¿Se puede saber qué te pasa?

Sirius se detiene, respira hondo, cuenta hasta un millardo. No le grites a James, no debes gritarle a James.

—Nada —sigue caminando.

—Pues a mí no me parece nada, me parece que… ¡hey!

Pero nadie sabrá nunca qué le parece a James porque han tropezado con dos chicos Gryffindor que por las caras le suenan de quinto año.

—Cuidado idiotas. ¿No ven por dónde caminan? —Sirius lanza el primer ataque, demasiado volátil, demasiado frágil.

—Calma, tigre.

Les gruñe.

—Eh, ¿has visto Pete? Nos ha gruñido.

—¿Qué este no es el niño Black, Allan?

Sirius vuelve a gruñir.

—Eh, Sirius…

Un poco tarde. Sirius ya tiene los puños cerrados tan fuerte que debe estarse haciendo daño y los dientes tan apretados que casi rechinan.

—Sí es, ¿no le ves la pinta?

—Es que se les nota de lejos. Es el olor creo, huelen como a dañado, como a podrido. Es desagradable.

—Cállense —Sirius acaricia las palabras, es suave y venenoso, como una amenaza.

—Míralo Pete, tan chiquito y ya amenaza como todo un Black. ¿Qué harás?, ¿eh?, ¿nos vas a echar magia negra?

—¡Uhh! Qué miedo, un Black nos va a hechizar.

—Un Black en Gryffindor, menuda vergüenza. ¿Por qué no nos haces un favor a todos y le pides al sombrero que te cambie a Slytherin?, ¿ah?

A James no le da tiempo de reaccionar, de verdad que hubiese querido, de verdad, pero Sirius se mueve demasiado de prisa y, vale, no es demasiado alto pero sí lo suficiente como para que su puño impacte en la barbilla del otro. Se le olvida que es un mago y tiene una varita y que de hecho conoce algo de magia negra.

Lo único que quiere es golpear con los puños, infligir dolor, cerrarles la boca a ellos y a todos los demás, hacerles callar. Claro que es bastante menor y bastante más bajito y tiene bastante menos fuerza y en medio segundo más o menos ha sido enviado contra la pared y ahora los golpes van dirigidos a él y auch, eso duele.

James no tiene tiempo de pensar porque vale que él también sea menor, más bajo y con menos fuerza pero no puede dejar que golpeen así a Sirius, ¿no? Aunque el imbécil se lo haya buscado.

Terminan los dos en la enfermería con ojos morados, las mejillas hinchadas y bastantes partes del cuerpo como costados, brazos y piernas y cuello doliéndoles. Tienen unos moretones bastante feos y todo duele bastante pero Sirius está en paz y James nunca había peleado pero se siente orgulloso de sí mismo porque los otros dos eran de quinto y más grandes y fuertes y también se han ganado sus arañazos y sus golpes.

Es su primera pelea juntos y están ebrios de adrenalina. James no tenía por qué hacerlo pero no ha podido ver como apaleaban a Sirius sin meterse y Sirius se siente mucho mejor a pesar de todos los golpes y el dolor. Se siente en blanco por dentro y la ira se ha ido.

Temporalmente.