Abrió los ojos a causa de un llanto, lo que la hizo incorporarse confusa por el lugar en el que se encontraba, pero sin poder evitar sonreír al ver a Mon-El atender a la pequeña, sin duda alguna podría acostumbrarse a esto.

-Ya está solucionado, vuelve a dormite, Kara- le escuchó hablar mientras dejaba a la pequeña al lado de su hermana antes de acercarse a ella y besarla el pelo.

-Túmbate conmigo- pidió mirándole directamente a los ojos, viéndole sonreír levemente mientras asentía.

Mon-El se tumbó a su lado antes de abrazarla, permitiéndola situar la cabeza sobre el hombro se él, lo que la hizo cerrar los ojos y volver a conciliar el sueño.

Esa noche fue la primera noche en la que, por primera vez en tres meses, pudo dormir en condiciones, pues se sentía tranquila y protegida entre sus brazos, además de que cada vez que una de las gemelas lloraba era él quien se levantaba para atenderla, lo que la había hecho discutir con él, pero escuchándole alegar que ella lo había estado haciendo durante los últimos tres meses y que era lo justo, por lo que no iba a quejarse.

Se incorporó sin querer despertarle, pero sin poder evitar detenerse para observarle, Mon-El dormía profundamente y, la verdad, es que se lo merecía. Tan solo besó su mejilla antes de acercarse a las pequeñas, Elara yacía despierta balbuceando para sí misma a diferencia de su hermana, quien continuaba completamente dormida tal y como su padre, por fin sabía con quien compartía tal pasión.

-Hey, peque- susurró cogiendo a Elara haciéndola sonreír levemente.

Se sentó con ella en brazos únicamente para mantener a su hija lo más cerca posible, fijándose en como la pequeña había regresado a balbucear mientras movía sus pequeños bracitos antes de llevarse su puño derecho a la boca como si hiciese el intento de comerse la mano, lo que la hizo reírse, era obvio que estaba hambrienta.

-Tienes hambre, ¿verdad?- acarició su mejilla a la vez que se levantaba en busca de uno de los biberones.- Hey, shh, con calma, El- susurró tras fijarse en las ansias de su hija por terminarse el biberón.

-¿Cómo vais?- preguntó su hermana desde la puerta antes de acercarse a ella.- Voy a echarlas un vistazo, puede que ya podáis regresar hoy a casa- la comunicó haciéndola sonreír.

Permitió que su hermana les hiciese un par de pruebas a ambas pequeñas para asegurarse de que estaban sanas y fuera de peligro respecto a la alergia al plomo, por lo que durante ese tiempo se dedicó a observar a Mon-El con detenimiento, desprendía tanta paz y tranquilidad. Sin embargo, no pudo evitar reírse en el momento que le vio despertarse completamente sobresaltado ante el hecho de que Alex se encontrase allí, pues creyó que le había ocurrido algo a las pequeñas.

-Están sanas, eres libre de llevártelas a casa cuando quieras- habló su hermana.

-¿Habéis oído eso, bichillos?- preguntó haciéndole cosquillas a sus hijas, quienes no dudaron en sonreír.- Nos vamos a casa- sonrió besando la frente de cada una, girándose hacia Mon-El al darse cuenta de que únicamente estaba allí mirándolas.- Puedes venir también- le miró directamente a los ojos.

-Sí, claro- la respondió con una leve sonrisa.


Mon-El llevaba tres noches durmiendo con ella en el apartamento, ayudándola en todo lo que necesitase respecto a las gemelas, por lo que no podía quejarse. Sin embargo, este hecho tan solo estaba complicando todo más, pues por cada día que pasaba más difícil era para ella el tomar una decisión objetiva, ya que ahora mismo no era capaz de pensar en separarle de las niñas, ni de ella misma.

Suspiró mientras le veía jugar con Nora, sin duda alguna, se le daban bien los niños, en ese momento podía ver como su sobrina se reía a carcajadas mientras jugaban a pasarse la pelota, pues Mon-El siempre evitaba el cogerla y hacerse el despistado, lo que únicamente causaba la risa de la menor.

Se rió al observar como la pequeña corría a abrazarle consiguiendo que Mon-El la alzase, sinceramente, quería ver estas escenas con sus hijas, quería verlas igual de felices que Nora y él igual de entusiasmado que como estaba en ese momento.

Una vez calmada la niña se sentó en el sillón decidida a continuar viendo la película que había empezado hacía media hora, pero que nunca había llegado a prestar atención, por lo que ambos se sentaron a su lado con la intención de mantenerla tranquila el mayor tiempo posible. Sin embargo, en el momento en el que llamaron al timbre, su sobrina se levantó y corrió a recibir a su madre, aunque la menor se negó a marcharse cuando le fue indicado, empezando a llorar, pero calmándose después de que Mon-El hablase con ella.

-No sabía que se te daban tan bien los niños- no pudo evitar el comentar mientras se sentaba a su lado.

-Yo tampoco si te soy sincero- le vio sonreír levemente.- Fue una niña..., seis años- se fijó en como agachaba la cabeza haciendo que ella le mirase expectante.- Estaba sola y quise ayudarla, pero la estaban siguiendo y la perdí en mis brazos...- las lágrimas se agolparon en sus ojos.

-Lo siento, Mon-El, no lo sabía- le abrazó durante unos segundos.- Hiciste lo correcto queriendo ayudarla, no puedes culparte por lo que pasó después- quiso calmarle, pero podía sentir la decepción que tenía de si mismo.

-Era Nora- la miró directamente a los ojos haciendo que su corazón se detuviese.- Espero poder cambiar el futuro con eso- le escuchó comentar con cierta esperanza en su voz, ella también lo esperaba, no podía pensar en que su sobrina perdiese la vida con tan solo seis años.

Agachó la cabeza durante unos segundos mientras terminaba de meditar lo que quería hacer, pues su corazón la pedía que no le dejase marchar, que debía seguirle sin ni siquiera pensarlo, pero su mente sabía que eso no era lo mejor para las pequeñas, ni para ella misma, sus vidas seguían estando en ese presente.

-He estado pensando acerca de la conversación que tuvimos el otro día- empezó a hablar aún sin querer mirarle.- No quiero separarlas de ti, por eso había pensado en irnos contigo, pero no estoy tan segura de si es lo que yo verdaderamente quiero- le miró observando como él asentía levemente.- Mi vida sigue estando aquí, mi familia...- las lágrimas pronto empezaron a deslizarse por sus mejillas.

-Hey, está bien, Kara- Mon-El la abrazó permitiendo que ella apoyase la cabeza en su pecho.- Sé que vais a estar aquí cuando vuelva y pienso hacerlo nada más que pueda, te lo prometo- la besó la frente aún manteniéndola abrazada, lo que la hizo sonreír levemente.

Permanecieron así hasta que el llanto de Vega se hizo presente, haciendo que Mon-El la soltase para acercarse a atender a la menor, quien cesó su llanto en el momento que se encontró en los brazos de su padre.

Se incorporó para preparar los biberones de ambas pequeñas antes de coger a Elara y sentarse al lado de Mon-El, ambos centrados en que ambas se alimentasen correctamente, principalmente Vega, quien en mitad del proceso se había quedado dormida y sin intención de despertarse por muchos intentos que hiciese. Por su parte, Elara terminó vomitando a consecuencia de la rapidez con la que se tomó el biberón, lo que les asustó a ambos en un primer momento.

-Voy a cambiarla- comunicó levantándose con la pequeña.- Mira cómo te has puesto, El- comentó haciendo reír a su hija.- ¿Te hace gracia?- la preguntó empezando a desvestirla.

Sin embargo, la pequeña hizo todo lo posible por impedir que pudiese ponerla un pijama limpio, ya que no dudó en mover sus piernas y brazos, enfadándose en el momento que lo consiguió, pues comenzó a llorar con toda la fuerza acumulada en sus pulmones.

La abrazó queriendo calmarla, consiguiéndolo en el momento que la ofreció el chupete antes de tumbarla al lado de su hermana, a quien agarró la mano antes de cerrar los ojos y dormirse.

-Es fascinante como se necesitan mutuamente- escuchó comentar a Mon-El, quien la rodeó con sus brazos por la espalda.- Es como si no supiesen vivir la una sin la otra- la dijo haciéndola asentir, pues eso era cierto, las pequeñas no podían estar mucho tiempo separadas.


Las lágrimas se deslizaron por las mejillas de Mon-El mientras mantenía cogidas a ambas pequeñas, quienes tenían apoyadas sus cabecitas en los hombros de su padre.

-Voy a echaros de menos, bichillos- Mon-El besó sus frentes.- Tenéis que portaros bien con mami, ¿vale?- las miró a ambas.- Os adoro, no lo olvidéis nunca, pequeñas- las abrazó antes de que Winn cogiese a Elara y Alex a Vega para permitir que él se pudiese acercar a ella.- Intentaré regresar lo antes posible- agarró sus manos mientras la miraba directamente a los ojos.

-Voy a echarte de menos- se abrazó a él sin poder evitarlo, las lágrimas deslizándose por sus mejillas.

-Kara, hey, mírame- agarró su cara para que le mirara.- Todo va a estar bien, ¿vale? Vamos a volver a vernos pronto- la besó la frente antes de volver a abrazarla.

Mantuvo su cabeza apoyada en su pecho sin poder dejar de llorar, el dejarle marchar era mucho más difícil que la última vez, pero sabía que debía hacerlo, por lo que, tras unos minutos más, se distanció de él y cogió a Elara de los brazos de Winn.

Les vio marcharse aún con los ojos enlagrimados antes de mirar a sus hijas, besando la frente de Elara como si quisiese transmitirla que todo iba a estar bien, que iban a estar bien. Sin embargo, su corazón se rompió en pedazos en el momento que escuchó el llanto de Vega, pues era consciente de a quién estaba llamando, alguien a quien ella no podría sustituir.

Iban a estar bien, iban a estar esperándole, sinceramente, necesitaba creer en sus propias palabras.

¡Hola!

Mon-El debe marcharse y completar su misión con la Legión antes de regresar. Además ha dado una información bastante importante acerca del futuro, lo que explica un poco que esté encariñado de la pequeña Nora.

Espero que os haya gustado, muchas gracias por leer,

Ayrin