"Y he aquí un nuevo capítulo. Ya estaba comenzando a pensar que nunca iba a acabarlo. Tenía tantas dudas respecto a cómo escribirlo que he tenido que reescribirlo varias veces y llegué incluso a desesperarme. Me alegro de no haberme rendido."

"Lo primero es lo primero. Ante la pregunta de si Hermione mantiene los ojos plateados en su forma humana, la respuesta es que no. Sigue teniendo esos penetrantes ojos oscuros que parecen tener un poco atontada a cierta chica de servicio, pero no son plateados. Y respecto a los ojos del licántropo de Hermione… Bueno, digamos que eso es parte del misterio que se desvelará a su debido tiempo."

"Agradezco todos los comentarios recibidos y me alegro de que compartáis vuestras sospechas de lo que sucederá conmigo (a veces me influencian para cambiar algunas partes). Veo que todos le habéis echado el ojo a Kelly Macgregor, pero no pienso soltar prenda, ya se verá si es o no importante y el motivo más adelante."

"Espero que disfrutéis con este capítulo tanto como con los anteriores. Cualquier error que veáis, ya sea gramatical, o de vocabulario o de la trama, estaré encantada de saberlo. Gracias por leerlo."

"Harry Potter así como sus personajes pertenecen única y exclusivamente a J.K Rowling. Lo que escribo lo hago por entretenimiento y sin ánimo de lucro."

Cap. 9 "Consecuencias"

(N/A: Agradecería que oyerais "Carmina Burana" al leer la introducción de este capítulo ya que lo creé con esa melodía en mente y creo que se aprecia mejor así. En Youtube lo podréis oír sin problema.)

Correr

Eso es lo único que te importa en ese momento. No te importa a donde tienes que ir, no te paras no descansas, solo corres. Los animales se esconden y el silencio invade el bosque a tu paso. Los árboles parecen cada vez más y más borrosos a medida que aumentas la velocidad con solo la luz de la luna para orientarte en esa oscura noche. No te sientes apremiada, solo corres y disfrutas de la sensación de libertad.

Izquierda, derecha, saltas la rama, esquivas el árbol y sigues corriendo. No te importa la dirección que tomes, no importa los obstáculos que puedas hallar, sabes que no te detendrán. Tuerces a un lado y te internas más en la espesa vegetación. No hay camino que seguir y no te importa, solo importa correr y disfrutar de la libertad.

Llegas a un precipicio enorme pero ni siquiera te molestas en detenerte. Flexionas las piernas y saltas hacia delante sin miedo, convencida de que puedes con ello. Durante unos instantes sientes como tu cuerpo cae sin control hacia el vacío bajo tus pies. Los nervios de la caída se amontonan en tus tripas mientras sientes esa sensación de vacío al caer. La adrenalina fluye por tus venas y hace que se te acelere el corazón. Es una sensación eufórica que dura muy poco para tu gusto y pronto vuelves a sentir como tus pies tocan el suelo con suavidad tras un aterrizaje perfecto.

Aún así no te detienes, sigues corriendo sin miedo, sin pausa y sin destino. Tu respiración no se acelera, la adrenalina ya no fluye como antes pero continuas corriendo con la esperanza de hallar algo que vuelva a provocarte esa sensación. No tardas en escuchar un sonido que retumba en la quietud del bosque. Conoces el ruido y sabes que hay un río cerca. Decides acercarte a beber, el agua fría te vendrá bien para calmar la sed que acabas de descubrir que tienes.

Te acercas sin miedo al río cristalino que reluce bajo la luz de la luna. Eres el amo del bosque, todas las criaturas te temen y lo sabes. Te acercas al río y te inclinas para beber, pero esa agua no sacia tu sed. Te enfadas y ruges. Y justo entonces te fijas en tu reflejo. Lo primero que ves son los ojos, tan brillantes, tan plateados y tan peligrosos. Y entonces te fijas en la sangre que te escurre de los labios. Y te das cuenta de que estás bañada en sangre y te horrorizas. Tratas de huir, pero tus pies se niegan a moverse. Y no importa lo que haces porque tu reflejo sigue mostrando esos ojos brillantes y una mueca cruel y salvaje que no desaparece de tu rostro.

Las aguas cristalinas del río se tiñen de rojo y te bañas en ellas. Sientes que te gusta y aunque eso te repugna no puedes apartar la mirada. Tu rostro cambia, tu hocico se alarga y tus orejas se vuelven puntiagudas. Pero no aparece ese manto negro que has oído que debe recurrirte. La piel se vuelve grisácea y esa mueca de desprecio crece. Vuelves a fijar la mirada en esos ojos, solo para darte cuenta de que ya no son plateados. Son rojos, los ojos de un monstruo que conoces bien.. Ya no te sientes poderosa ni la dueña del bosque. Esa criatura de tu reflejo te devuelve la mirada y entonces oyes esa voz que parece fluir de todo el bosque pero que en realidad proviene de tu propia garganta. Y cuando la oyes sabes a quien pertenece esa voz que tratas de olvidar.

"Los matarás a todos y serás como yo. Y a través de ti volveré a vivir."

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Con un sobresalto Hermione se despertó con la respiración acelerada y el corazón en la garganta mientras se palpaba la cara frenéticamente. Tardó un rato en convencerse de que sus orejas y el resto de su cuerpo seguían siendo humanos y que Fenryr Greyback no se hallaba en la habitación con ella. Se sentía pequeña y vulnerable hasta que sintió una cálida presencia a su lado en la cama. Bajó la mirada y se relajó al ver la pequeña y acurrucada forma de Luna agarrándose a ella incluso en sueños.

Tras dejar a Gabrielle en casa y tras lidiar con William, Hermione había vuelto al coche furiosa y con ganas de dar caza a ese idiota pelirrojo. No había sido hasta que se había dado cuenta de lo asustada que parecía Luna con su actitud que se había calmado. Draco las había dejado a ambas en su casa como habían acordado y al igual que la primera noche que Luna había pasado en su compañía, ambas se habían metido en la misma cama donde la pequeña se había abrazado a ella con esa mirada de cachorrillo herido que la castaña tanto odiaba ver en esos ojos. Por lo que había podido discernir del comportamiento de Luna, la pequeña no parecía estar acostumbrada a los gestos de cariño y siempre parecía estar a la espera de que la golpearan por hacer algo mal.

Hermione había descubierto que para Luna, el sentir a su alfa cerca le daba seguridad y la hacía sentirse más protegida de modo que nunca perdía una oportunidad de acercarse a ella o de mostrar cariño a la pequeña. Ya fuera mediante abrazos o simples caricias en el pelo, todos en el grupo trataban de hacer que la chica se sintiera integrada. Y aunque aún no desaparecía el brillo asustado de esas pupilas, si que parecía que había perdido intensidad.

Y lo cierto era que había mucho que agradecer a que Luna hubiera aparecido en sus vidas. No solo por el hecho de que era una buena chica a la que llamar familia cada día era más fácil. Gracias a ella, Hermione y los chicos habían sido capaces de comprender un poco mejor el lío en el que se habían metido. La castaña admitía que aún no habían ahondado mucho en el tema de los licántropos, sentía que necesitaba asimilar un poco el hecho de que ahora formara parte de las criaturas de leyenda y por ello el tema había sido evadido magistralmente.

Pero por mucho que quisieran evitar el tema, sus cambios no se habían detenido y sus nuevos sentidos pronto habían comenzado a complicarle la vida. Lo que antes de la transformación había aparecido de modo intermitente, (olfato, vista, oído…) cada vez duraba más tiempo y según Luna, pronto dejarían de desaparecer para formar parte permanente de ella. Por ello habían tenido que mencionar algunas partes de la licantropía cuando Hermione había tenido que salir prácticamente corriendo del instituto el primer día después de su transformación. Cuando Luna le había advertido que sus sentidos ya no eran los que eran, Hermione se había negado a escucharla y había querido volver a las clases lo antes posible, en un desesperado intento de mantener algo tan normal como el estudiar.

Tras entrar en el instituto, su ahora mejorada nariz había recibido el impacto de cientos de olores que se mezclaban para crear una mezcla explosiva. Por lo visto, ahora su desarrollado olfato no solo era capaz de captar con precisión la marabunta de colonias y desodorantes que llevaban puestos, si no que era capaz de percibir olores mucho más finos que al parecer eran especialmente acentuados en los adolescentes debido a la mezcla de hormonas que producían. Draco y Harry prácticamente habían tenido que sacarla a rastras mientras la chica se tapaba disimuladamente la nariz y trataba de respirar por la boca. Los olores habían sido tan potentes que los ojos incluso le habían lagrimeado.

Por suerte, a Luna no le había ofendido que Hermione ignorara sus consejos (estaba tan acostumbrada a ser ignorada que Hermione incluso se sintió peor al haber hecho caso omiso de sus advertencias) y ahora cada día practicaban un poco sus nuevos sentidos. Por ejemplo, ahora pasaban varias horas al día en lugares abiertos tratando de identificar a la gente por sus esencias. Los olores que traían ayudaban a comprender donde habían estado o qué clase de profesión tenían. La próxima lección iba a tratar de identificar los estados de ánimo de la gente gracias a sus olores, pero la castaña aún no estaba muy segura de que eso fuera verdad.

Por si fuera poco, había descubierto que a pesar de que el olor de la sangre no debería afectarla tanto como cuando estuviera transformada, si que era capaz de olerla. Sus oídos podían captar como la sangre recorría el cuerpo de todo el mundo y su mente se volvía un poco irracional cada vez que alguien sangraba cerca de ella. No se trataba de que se volviera loca con ello, pero sí que la molestaba el hecho de no poder ignorarla por completo. La primera vez que había pasado por delante de una carnicería y había podido diferenciar las clases de sangre que había por su agradable olor, se había sentido tan enferma que había vomitado poco después en un callejón. El resto del grupo habían recibido la información de su nuevo don un poco por encima y eso les había servido para saber que el tema estaba vetado de ahí en adelante en lo que a la castaña se refería.

Visto lo visto, haría falta como poco todo el fin de semana para que Hermione dominara lo suficiente su olfato como para volver a clase, pero la chica se sentía optimista tras no haberse vuelto loca con los olores de la feria. Además, ahora sus habilidades atléticas habían mejorado mucho y eso significaba que en gimnasia menos balones impactarían con su rostro, de modo que prefería mantener las partes positivas en mente y no pensar en el hecho de que al menos una vez al mes se debía transformar. Esa era una de las cosas que había comentado con Luna, ya que a entender de la castaña, la luna llena duraba siete días y las noches siguientes a su transformación no se había producido el cambio.

Había sido entonces cuando Luna había demostrado poseer un profundo conocimiento del tema y había sido capaz de explicar lo ocurrido. Por lo visto, a pesar de que el periodo de la luna llena sí que duraba una semana, el plenurio (que la luna estuviera completamente iluminada) solo ocurría tres noches seguidas. Antiguamente los licántropos sí que habían estado ligados a las fases de la luna y su transformación había sido inevitable durante esas tres noches. No obstante, la necesidad había obligado a los licántropos a evolucionar y ya no necesitaban la luz de la luna llena para transformarse aunque su presencia sí que los fortalecía. Con entrenamiento y concentración, los licántropos eran capaces de producir el cambio sin la ayuda lunar o ignorar su llamada en esas noches específicas. Por eso los licántropos recién despertados eran incapaces de evitar transformarse en las noches de luna llena, ya que desconocían el poder que la luna ejercía sobre ellos. Con el tiempo, los licántropos alcanzaban la concentración necesaria para desoír la llamada. En el caso de Hermione, el estrés de no saber si su familia seguiría viva o no, había mantenido al licántropo a raya.

Estaba claro que había mucho de ese nuevo mundo en el que acababan de aterrizar que no conocían y en algún momento deberían sentarse y hablar de ello. Aún así, ese no era el momento, de modo que tras respirar hondo un par de veces, Hermione volvió a tumbarse y a rodear con el brazo el pequeño cuerpo de Luna extrayendo toda la tranquilidad que podía de ella. No tardó mucho en volver a dormirse esta vez en un sueño ligero y aún intranquilo.


Al día siguiente:

Tras un nuevo registro al despacho de Vernon Dursley, habían logrado hacerse con los planos originales de la enorme mansión que pensaban hacer habitable. Incluso habían aparecido las llaves pertenecientes a la enorme mansión y ello les había facilitado un poco las cosas ya que al volver a la mansión habían sido capaces incluso de pasar por las puertas. La propiedad estaba tan mal como habían imaginado, haría falta más de una máquina de cortar el césped para deshacerse de la jungla que había tomado posesión del jardín. Muchas ventanas estaban rotas y la cara norte de la mansión estaba llena de musgo que había ido creciendo por todas partes.

Y no había sido hasta entrar en el enorme cobertizo de herramientas de la zona más cercana al bosque que habían descubierto la mayor sorpresa. Había decenas de botellas rotas tiradas por el medio, varios envases de ganchitos y patatas fritas diseminadas por doquier y unos cuantos sofás destrozados que parecían haber sido usados no mucho antes de su llegada. El lugar olía a moho , a polvo y a orina, un olor que Hermione prefirió no identificar ni en su mente. No había que ser muy listo para imaginar que alguien había estado usando el cobertizo para celebrar alguna fiesta por las noches. A juzgar por la cantidad de bebidas alcohólicas y envoltorios de aperitivos grasientos, seguramente se trataría de un grupo de adolescentes que habían aprovechado el edificio para beber sin preocuparse de que la policía los viera.

Eso significaba que habían encontrado la manera de entrar en la propiedad sin usar la puerta (las viejas cadenas y el candado oxidado de la puerta que había desprendido una nube de oxido lo corroboraban) y era incluso posible que hubieran sido los responsables de destrozar la puerta del cobertizo para poder entrar. Por suerte las puertas de la mansión eran de sólida madera unida a placas de acero que el abuelo de Harry había insistido en instalar. Además, en todas las ventanas de la planta baja había barrotes de hierro forjado que impedían la entrada a quien tratara de entrar por ellas. Las ventanas del primer piso no poseían barrotes, pero sí que tenían contraventanas de madera cerradas y se hallaban a una altura lo suficientemente alta como para evitar que alguien pudiera tratar de escalar hasta ellas.

Lo primero que debían hacer, antes incluso de intentar abrir las enormes puertas de la casa, era hallar el lugar por el que esos visitantes indeseados habían accedido a la propiedad y cerrarlo. Cuanto antes comprendieran que el lugar no era tan desconocido como creían, menos posibilidades habían de que intentaran entrar en la casa en un mal momento. Y puede que no fuera mala idea colocar algo de cordón policial (por suerte en el barrio donde Hermione vivía había más que se sobra) para que creyeran que la policía vigilaba el lugar. Nadie era tan tonto como para allanar una propiedad vigilada por la policía cargados de alcohol que legalmente no podían beber.

Así que tras dejar sus cosas en la entrada, se repartieron el terreno en partes iguales y cada uno registró a conciencia la propiedad en busca de ese hueco por el que habían podido pasar. La valla de metal que recorría el enorme muro por arriba demostró seguir en perfecto estado, de modo que había que buscar un orificio en el propio muro. Y fue Luna la que halló dicho agujero tras seguir las huellas de varias pisadas en el barro de la propiedad. Por alguna razón que desconocían, el muro parecía haber cedido un poco en esa parte y alguien lo había aprovechado para abrir un agujero lo suficientemente grande como para que una persona entrara arrastrándose. Por fortuna, dicho agujero no era muy grande, apenas medio metro de ancho por medio metro de alto así que no debería ser muy difícil cerrarlo.

Desgraciadamente, ninguno de los presentes poseía los materiales o los medios necesarios para cerrar esa improvisada entrada y tuvieron que recurrir a una solución más bien peculiar. Fue Luna la que propuso a Hermione mover una de las enormes piedras que se hallaban en la parte delantera del jardín hasta ese agujero. Y aunque los otros no estaban muy convencidos de que se pudiera hacer (Hermione la primera), no tuvieron más remedio que intentarlo ya que no se les ocurrió alternativa alguna.

Fue necesario enfurecer a Hermione lo suficiente como para que intentara mover la mencionada roca y la castaña fue la primera en sorprenderse al notar que la roca realmente se movía bajo sus manos. A pesar de ello, fue necesaria la ayuda de los otros tres para mover la piedra hasta el lugar correcto ya que Hermione no se veía capaz de recorrer la distancia necesaria con ella. La teoría de Luna era que dado que Hermione no confiaba en sus nuevas habilidades, su propia mente limitaba sus capacidades. Fuera o no eso cierto, la piedra finalmente fue colocada en su sitio y el agujero fue tapado.


El lunes siguiente en el instituto:

El resto del fin de semana lo habían pasado con los planos en la mano y teniendo que decidir las habitaciones que necesitaban reparar primero e informarse de cómo arreglar las goteras del techo para evitar acabar inundados en la próxima tormenta. Además, habían elegido las habitaciones que ocuparían cada uno de ellos e incluso habían comenzado a trasladar algunos de los muebles de las habitaciones con el objetivo de hacer más fácil la limpieza de las mismas. El polvo que se había ido acumulando allí a lo largo de las décadas que había permanecido abandonada y cerrada era abundante y no descartaban tener que llevar mascarillas a la hora de limpiar para evitar morir asfixiados.

Era en verdad una mansión imponente y cuando acabaran con las reformas sin duda iba a ser hermosa. Pero si había algo que la hacía perfecta por encima de todo se trataba de que fuera posesión única de Harry y que podrían convertirla en un verdadero hogar. Incluso Luna parecía contenta con el que iba a ser su nuevo hogar y Draco incluso había elegido una habitación como suya para las noches que había asegurado pensaba pasar en ella.

También estaban pensando en habilitar la vieja biblioteca en un aula de estudio (que era prácticamente el sueño de la castaña) y renovar la cocina para que funcionara. Estaba claro que había mucho trabajo por delante y que todo eso costaría mucho más dinero del que tenían ahorrado (a pesar de que Harry estaba dispuesto a usar el dinero que sus padres le habían legado para hacerla habitable) pero pensaban ir poco a poco. Según Luna, tras la primera luna llena de los chicos, ambos serían tan fuertes como ella de modo que se ahorrarían tener que contratar a desconocidos para llevar a cabo el levantamiento de objetos pesados. Y aunque ninguno tenía experiencia en carpintería, esperaban ser capaces de arreglar el techo de la mansión sin demasiados percances gracias a las nuevas habilidades que poseerían. En cuanto al amueblamiento de la misma, Hermione pensaba registrar la mansión a fondo para comprobar si había algo útil que pudieran usar y tal vez reparar algunos muebles que no estuvieran demasiado mal. Y si todo eso fallaba, conocía varias tiendas de muebles de segunda mano que poseían precios más adecuados a su presupuesto.

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Estaba realmente emocionada y entusiasmada con el proyecto que tenía por delante, por fin tenía algo con lo que llevaba soñando años, una casa a la que poder llamar hogar y ahora que realmente parecía que iba a cumplirse su sueño, estaba que no cabía en sí de gozo. Tan ensimismada estaba en las reparaciones que tenía planeadas que ni se dio cuenta cuando varias hojas de papel volaron por delante de su cara impulsadas por una ráfaga de viento que acababa de levantarse, hasta que una de ellas se estrelló directamente contra su frente. Sacudida de su ensimismamiento y más por reflejos que por un pensamiento consciente, sus manos se movieron sin problemas para retener el resto de los papeles a su alcance. Tras asegurarse de haber capturado todos los papeles voladores, bajó la mirada tratando de descifrar que era lo que había atrapado cuando para su sorpresa comprobó que se trataban de bocetos esbozados a lápiz muy logrados del patio del instituto así como de varios alumnos en distintas posiciones. Fuera quien fuese la persona que había trazado los bocetos, tenía mucho talento.

La misma ráfaga de viento que había hecho volar esos folios, era la misma que en ese momento estaba impulsando el embriagador aroma de lluvia recién caída hasta su nariz. Y tal como sus sentidos la habían indicado, Fleur no tardó en aparecer sonrojada y casi sin aliento de correr y con aspecto desesperado mientras miraba a su alrededor. Hasta que esos hermosos ojos azules se posaron en los folios que Hermione tenía entre sus manos y se detuvo en seco. Parecía estar debatiendo consigo misma y al final tras coger aire se dirigió hacia ella con paso firme y decidido.

"Bon jour." saludó Fleur un poco insegura con ese hermoso acento francés que hacía que la otra chica perdiera contacto con la realidad. Es decir, como saludas a la chica que ha presenciado como tu novio borracho trató de propasarse y que además te había ayudado a ahuyentarlo? Deberían escribir libros de ayuda al respecto: 1001 maneras de iniciar una conversación con la chica que se deshizo de tu novio borracho y te acompañó a casa. Seguro que se convertía en un best-seller.

"Hola" respondió Hermione tragando saliva compulsivamente cuando el viento atrajo ese olor directamente a su nariz. "Que haces por esta zona? Ocurre algo?"

"Huh? Oh, non." Se apresuró a asegurar la chica negando con la cabeza. Que podía hacer? Le decía la verdad? Tenía unos folios en la mano, y podía ser que… "Bueno, sí. Estaba sentada en la entrada y el viento ha hecho volar las hojas de mi libreta. Estaba tratando de encontrarlas."

Fue entonces cuando Hermione se fijó que en las manos de la otra chica había varias hojas muy parecidas a las que acababa de interceptar en pleno vuelo. Era posible que fueran de Fleur?

"Te refieres a esto?" preguntó Hermione enseñando las hojas que tenía en la mano aunque asegurándose de que solo se viera la parte de atrás que estaba en blanco.

"Tienen, ejem, tienen unos dibujos?" preguntó Fleur mientras el corazón se le disparaba. "Por favor, que sean esos. Por favor, no sé lo que voy a hacer como hayan desaparecido."

"Si, pero vas a tener que ser un poco más específica." Respondió Hermione sonriendo un poco para evitar que eso pareciera un interrogatorio. Si esos bocetos realmente eran de Fleur, estaba más que feliz de devolvérselos, pero en caso de que no fueran, la chica tampoco quería entregar los dibujos a los que alguien sin duda había dedicado tanto tiempo. "De lo contrario no voy a poder dártelos."

"Oui" asintió Fleur comprendiendo lo que pasaba. Con ello el respeto hacia la otra chica creció mucho. Cualquier otro se los habría entregado sin siquiera pensarlo, pero la chica que tenía delante estaba dispuesta a cuidar de los papeles que había encontrado y de hallar a su legítimo dueño.

"Se han volado unos cuantos" comenzó Fleur tratando de gobernar el cabello que el viento parecía estar obcecado en despeinar. "Había varios paisajes montañosos, el patio de delante, y un par de retratos, uno de ellos de Gabrielle."

"He encontrado los paisajes y el patio del instituto, pero me temo que no he hallado los retratos" admitió la chica viendo como el rostro de la chica se entristecía ligeramente. Aún así le entregó los papeles que había recogido asegurándose de que la otra chica los tenía firmemente sujetos antes de que el viento volviera a llevárselos.

"Oh" murmuró la chica tratando de que no se le notara la decepción. "Bueno, merci de todas formas."

"Quieres que te ayude a buscar? Cuatro ojos ven mejor que dos" se ofreció Hermione en un impulso repentino. Cuando esos ojos azules se posaron en los suyos, luchó por mantener el sonrojo bajo control. "Si quieres claro."

"Sérieusement ? (En serio?)" se quiso asegurar la chica sorprendida por el repentino ofrecimiento. Al ver el asentimiento de la otra sonrió hasta que le dolió la cara. "Merci. Me encantaría."

Y durante los siguientes minutos registraron los alrededores felices de que no hubiera nadie más cerca que pudiera haber encontrado los dibujos y haberse deshecho de ellos. A cada minuto que pasaba Hermione podía sentir como la inquietud de la otra chica aumentaba y ello la llevó a hacer algo de lo que no estaba muy segura y que jamás abría hecho de no estar sola. Debido al viento reinante, iba a ser muy difícil si no imposible encontrar las hojas que buscaban mediante el olfato, ya que el embriagador aroma de la otra chica lo rodeaba todo dificultando la tarea. No obstante la cara de tristeza de Fleur que se iba acentuando a cada minuto que pasaba la obligaba al menos a intentarlo. De manera que cerró los ojos y recordando los consejos de Luna se concentró en el olor que buscaba (olor a papel y a grafito de lápiz mezclado con el olor de Fleur) y aspiró profundamente.

Parecía que el mundo acababa de explotar en un océano de fragancias que se abrían paso a su nariz con una precisión difícil de superar. A pesar de que el viento seguía danzando juguetón a su alrededor, ello no dificultó la tarea y no tardó mucho en seguir el olor que perseguía firmemente concentrada y por suerte lejos de la vista de la otra chica. Cuando su nariz le informó que se acercaba a la fuente del olor, solo tuvo que abrir los ojos y examinar un poco el terreno. No tardó en encontrar los dibujos atascados en las ramas de un árbol bastante grande de uno de los rincones del patio.

Contenta con su hallazgo, Hermione observó los alrededores un par de veces para asegurarse de hallarse sola en esa parte del instituto y una vez lo comprobó, pasó a la acción. Al igual que había hecho en su sueño, flexionó las rodillas y apuntó hacia su objetivo tomando impulso. Su nuevo status como licántropo le permitió efectuar el salto de más de un metro en el aire sin ninguna dificultad y una vez tuvo los bocetos en sus manos solo tuvo que dejarse caer al suelo aterrizando suavemente en la hierba de debajo.

"Hermione?" llamó justo en ese momento Fleur doblando la esquina del edificio.

"Los he encontrado." Gritó la castaña alegremente blandiendo los dichos papeles cerca de la otra chica.

Fleur al oír eso, apuró el paso para asegurarse de que realmente fueran los suyos, y una enorme sonrisa iluminó su rostro cuando se dio cuenta de que realmente eran sus dibujos. Con un grito de júbilo y sin pensar muy bien en lo que hacía, se abrazó con fuerza a la otra chica mientras la agradecía repetidas veces en un rápido francés. No fue hasta que Fleur sintió la rigidez de la chica que tenía abrazada que recordó donde estaba y a quien estaba abrazando exactamente. Iba a retirar sus brazos avergonzada y temiendo haber estropeado la primera tentativa de amistad (a fin de cuentas Cho ya la había advertido que la otra chica le costaba un poco abrirse a los demás y ella la había abrazado sin avisar) cuando sintió como los brazos de la propia Hermione la rodeaban lentamente para formar un abrazo propio y sintió como una nueva sonrisa aparecía en sus labios.

Hermione por su parte no estaba muy segura de si estaba soñando o estaba despierta, pero fuera lo que fuese quería continuar así durante el resto de su existencia. Cuando Fleur la había abrazado sin avisar, se había quedado paralizada por la sorpresa, pero sus ansias de corresponder al abrazo habían triunfado sobre su parálisis. Y ahora que podía sentir el cálido cuerpo de la otra chica estrechado firmemente contra el suyo, no podía ser más feliz.

"Tengo, tengo que irme" susurró Fleur varios minutos después, no muy segura de por qué estaba susurrando mientras deshacía lentamente el abrazo. "Tengo clase y voy un poco tarde."

"Yo también tengo clase" respondió Hermione también en un tono mucho más bajo de lo habitual y sin terminar de reaccionar.

"Merci pour trouver mes dessins (Gracias por encontrar mis dibujos)" añadió Fleur encantada por no haberlos perdido. "tout à l'heure (hasta luego)."

Y tras apretar cariñosamente las manos de Hermione que por alguna razón aún no había terminado de soltar, dio media vuelta y echó a correr hacia su clase, sin darse cuenta de que acababa de dejar a la más conocida sabelotodo del instituto sin palabras.

El cuerpo de Hermione activó el piloto automático, ya que parecía que la mente de la castaña estaba en pleno apagón de circuitos, y dirigió a la chica hacia la clase en la que debería haber estado casi diez minutos atrás. Pero por primera vez aquello no la inquietó y durante el camino continuó con la misma sonrisa atontada que se le había adherido al resto en el patio tras el abrazo. Y durante el resto del día, nada ni nadie fue capaz de quitar esa extraña sonrisa de sus labios, aunque Severus Snape hizo todo lo posible cuando la chica apareció en su puerta doce minutos tarde y con aspecto de estar flotando en una nube. Ni siquiera el castigo de fregar todas las probetas del laboratorio después de las clases durante toda la semana pudo bajarla de la nube en la que estaba subida.

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Al salir de clase:

Se suponía que Hermione debía encontrarse con Cho y Fleur en la entrada para que la primera las transportara a todas hasta la mansión Delacour. La castaña no solía tener que ir entre semana, pero por lo visto Gabrielle tenía un gran proyecto de historia entre manos, y había pedido a Hermione que la ayudara ya que estaba teniendo problemas con la redacción y el vocabulario del mismo. El castigo de Snape sin embargo, acabó con cualquier posibilidad de que la pudieran llevar, y ahora Hermione debía encontrarlas y explicárselo.

"Fleur!" llamó Hermione al ver a la chica apoyada en la puerta de la entrada.

"Hermione" la saludó Fleur con una sonrisa algo caída. Poco después de despedirse de Hermione, le había venido un horrible dolor de cabeza y la garganta le había comenzado a molestar. Los síntomas habían ido aumentando durante el resto del día y se había comenzado a marear un poco después de la última hora. "Estás lista?"

"No, de eso quería hablarte. Tengo cosas que hacer y no voy a poder acompañaros a casa ahora mismo. Puedes decirle a Gaby que llegaré lo antes posible, y que siento retrasarme?" preguntó Hermione sin terminar de ubicar lo que pasaba con la chica. Se balanceaba ligeramente de lado a lado como si no pudiera tenerse quieta.

"Oui" asintió la chica frunciendo ligeramente el ceño y con una sensación parecida a la decepción en el pecho. "Por qué no puedes?"

"Bueno yo…" comenzó la chica tratando de encontrar una buena excusa a la velocidad del rayo cuando la voz de Harry se oyó justo a sus espaldas.

"El maldito Snape la ha castigado a fregar el laboratorio después de clase durante toda la semana."

Hermione se giró rápidamente para clavarle la mirada cuando se dio cuenta de que Harry venía acompañando a Cho y llevando sus libros. Eso hizo que levantara una ceja en señal de confusión y que Harry se sonrojara ligeramente.

"Por qué te ha castigado?" se horrorizó Fleur pensando en lo desagradable que iba a ser limpiar el laboratorio esa semana. Habían comenzado con las disecciones en clase de ciencias y le iba a tocar limpiarlo a la castaña.

"Por llegar tarde esta mañana" admitió Hermione derrotada.

"Pero si tú nunca llegas tarde" se extrañó Cho aportando su pequeño granito de arena a la conversación.

Eso fue suficiente para que la mente cansada de Fleur hiciera la conexión, y se sintiera aún peor.

"Mon dieu, ha sido por mi culpa, non? Tenías a Snape a primera hora, y por mi culpa has llegado tarde."

"No te preocupes, ha sido un placer ayudarte. Además a Snape no le caigo bien. Me habría castigado con lo mismo por alguna otra tontería. Así al menos me consuela saber que lo he hecho por una buena causa." Se apresuró a asegurarle la castaña.

Fleur sintió que se sonrojaba ligeramente y que una genuina sonrisa sustituía a la mueca dolorida que había sido capaz de crear unos minutos atrás.

"Y será mejor que vaya yendo, no quiero que don tengounpalometidoporelculo tenga una excusa para aumentar el castigo." Mencionó Hermione sonriente.

A Fleur le habría gustado quedarse y charlar con esa nueva versión de Hermione que tan amable y divertida estaba resultando, pero estaba claro que la chica realmente tenía prisa y además le había pareció ver una cabellera pelirroja conocida al fondo del pasillo. No queriendo volver a encontrarse con William tan pronto, se despidió de Harry y de Hermione precipitadamente y arrastró a una sorprendida Cho al coche. Por suerte la otra animadora conocía bien a Fleur y prefirió no comentar nada de lo sucedido mientras arrancaba el coche y ponían rumbo a la casa de la rubia.

"Bueno Harry" comenzó Hermione una vez el coche hubo desaparecido en la lejanía. "Me vas a contar por qué le estabas llevando los libros a Cho Chang?"


El viaje hasta la casa de los Delacour no fue precisamente agradable para una de las chicas. Cho comenzó a parlotear emocionada sobre algo que Fleur no llegó a escuchar. Con el movimiento del coche, el mareo estaba adquiriendo su punto crítico y su mayor preocupación en ese momento era no vomitar en el coche de su amiga. De modo que apoyó su dolorida cabeza en el frío cristal de la ventanilla y rezó para que el viaje acabara lo antes posible.

Cuando finalmente vislumbraron las puertas de acceso a la propiedad, Fleur sintió puro alivio al saber que ya estaba casi en casa. La voz de Cho había subido y bajado de volumen durante todo el viaje, aunque Fleur no estaba segura de si su amiga lo había hecho así o de si sus oídos le habían jugado una mala pasada. Cuando el coche finalmente se detuvo, Fleur poco menos que saltó del coche agradeciendo esa helada brisa que alivió un poco el dolor de cabeza que sufría. Sabiendo que era el día libre de Charlotte y que Gabrielle estaría en su cuarto estudiando, Fleur sacó las llaves de su bolsillo y abrió las puertas con una charlatana Cho siguiéndola.

"En serio Fleur, deberías haberlo visto, estaba tan pálido el pobre. No fue hasta que estuvimos en lo alto que me confesó que tenía vértigo y que no le gustaban las norias. Más mono." Continuaba hablando Cho ilusionada mientras entraba a la casa. "Y cuando le pregunté por qué había subido, me dijo que no quería que me quedara sin hacer algo que me gustaba. Fue taaan caballeroso. Y cuando finalmente bajamos, me propuso dar una vuelta por la feria, y dios, es tan gracioso. Y guapo. Tiene unos ojazos verdes que… Fleur? Oye, me estás escuchando?"

"Oui, perdona" respondió Fleur sacudiendo la cabeza ligeramente con la intención de sacudirse el mareo. A juzgar por la nausea que acompañó a ese movimiento, decidió no volver a hacerlo.

"Estás segura de que estás bien?" preguntó Cho preocupada fijándose por primera vez en la mirada algo perdida de su amiga.

"Oui, solo me duele un poco la cabeza. Entonces tú cita fue bien?" desvió Fleur el tema no queriendo admitir que el dolor de cabeza la estaba matando.

"No fue una cita" se sonrojó Cho negando con la cabeza. "Solo fue… un agradable paseo entre amigos."

"Si tu lo dices…" bromeó Fleur contenta por haber logrado cambiar de tema y por el sonrojo que había aparecido en las mejillas de Cho. "Tenemos que hacer el trabajo de ciencias, non?"

Varias horas después:

Llevaban ya un rato atascadas en la misma parte de modo que decidieron hacer un descanso y bajaron a la cocina a tomar algo para reponer las fuerzas.

"Te apetece un zumo?" preguntó Cho con la cabeza metida en el frigorífico y sorteando entre las opciones que había. "Fleur?"

Ante la falta de respuesta por parte de la otra chica, Cho se giró para ver lo que pasaba. Fleur estaba inmóvil, con el rostro muy pálido y la respiración algo acelerada mientras agarraba el borde del marco de la puerta fuertemente.

"Fleur? Te encuentras bien? No tienes buen aspecto." Preguntó Cho preocupada cerrando la nevera y acercándose a la otra chica con rapidez.

"Oui, estoy bien" murmuró Fleur, y Cho pudo escuchar como su voz sonaba rasposa y más tenue de lo habitual. "Solo me he mareado un poco."

"Venga, vamos al sofá y te sientas un poco" aconsejó Cho preocupada acompañando a su amiga cuyas piernas parecían de goma hasta la sala.

Durante las horas que habían estado estudiando, el dolor de cabeza había aumentado aún más y su garganta había comenzado a dolerle. Se había tomado una aspirina con la esperanza de que eso detuviera el dolor, pero el malestar general solo había aumentado. Bajar las escaleras había sido toda una tortura y cada vez se sentía más y más mareada. Apenas alcanzó a dar un par de pasos, cuando una nueva oleada de mareo la golpeó con fuerza y sintió que todo se volvía oscuro.

"Dios mío Fleur" gritó asustada Cho viendo que su amiga se desmayaba ante sus propios ojos. Por suerte sus reflejos la permitieron sujetar el inerte cuerpo de la otra chica antes de que el cuerpo colisionara con el suelo y la cabeza golpeara la dura superficie. "Pero que te pasa? Despierta!"

Ahora que la tenía entre sus brazos, se presentaba otro problema que Cho no estaba segura de ser capaz de solucionar. Tenía a una inconsciente Fleur entre los brazos, pero no se veía con fuerzas para moverla de su sitio y por si fuera poco, sus gritos histéricos parecían haber atraído la atención de la joven Delacour que acababa de asomarse a la escalera.

"Fleur?" se asustó Gabrielle al ver a Cho sujetando el cuerpo inerte de su hermana. "Que ha pasado?"

"Se ha desmayado" explicó a toda prisa Cho agarrando aún más firmemente a Fleur. "Donde está Charlotte?"

"Es su día libre" respondió Gabrielle bajando las escaleras a toda prisa.

"Maldita sea" masculló Cho por lo bajo. "Y Cecille?"

"Ha ido al mercado" volvió a responder Gabrielle llegando a su altura. "No sé cuándo volverá, tenía muchos recados que hacer.

"Vale" murmuró Cho pensando y tratando de mantener a Fleur erguida. De todas formas, tampoco le habría servido de mucho si la cocinera octogenaria no hubiera estado en el mercado.

"Qué hacemos?" se angustió Gabrielle viendo que Fleur no abría los ojos y que su respiración era cada vez más acelerada. "Donde está Hermione?"

"Tenía castigo después de clase." murmuró Cho fastidiada. Se habría sentido más aliviada al tener a Hermione cerca. No hacía mucho que se podían considerar amigas, pero si algo le había quedado claro a la chica era que Hermione era una chica de recursos.

"Y no podemos llamarla?" preguntó Gaby que también pensaba como Cho.

"No sé si ya habrá acabado el castigo. Snape no es precisamente blando. Donde están tus padres?" volvió a preguntar Cho mientras ella también consideraba esa opción.

"No llegarán hasta mañana, aún están en Praga" respondió Gabrielle sacando su móvil del bolsillo.

"A quien estás llamando?" preguntó Cho sorprendida. "Hermione no tiene móvil."

"A Draco" respondió la chica acercando el teléfono a la oreja. "Draco? Soy Gabrielle. Oye, estás con Hermione? Vas a encontrarte con ella? Genial. Podrías decirle que tiene que venir a mi casa cuanto antes? Yo estoy bien, pero algo le pasa a mi hermana, creo que se ha desmayado. No, no sabemos lo que es y mis padres no llegan hasta mañana. Gracias Draco, eres un sol. Adieu."

"Que te ha dicho?" preguntó Cho ansiosa.

"Que va a encontrarse con Hermione en unos minutos y que la traerá inmediatamente. Ahora que hacemos?"

"Voy a llamar a mi padre." Murmuró Cho. "Él sabrá que hacer. De momento ayúdame a llevarla al sofá."

"Pero ese sofá es muy incómodo" se quejó Gabrielle preocupada. "Estaría más cómoda en su cama."

"Si te ves capaz de subirla, por mi encantada." Fue la respuesta de Cho.

"Al sofá entonces" accedió Gabrielle ayudando a Cho a llevarla. Una vez consiguieron posicionarla en el mueble, Cho sacó su móvil y marcó el número de su padre. Tras unos segundos, Cho bufó y colgó. "Que ha pasado?"

"Salta el buzón de voz" gruñó Cho enfadada. "Puede que esté en un sitio sin cobertura. Volveré a intentarlo en unos minutos."

Un cuarto de hora después, Fleur seguía sin abrir los ojos y Cho aún no podía contactar con su padre. Ambas chicas estaban al borde del ataque de nervios, cuando unos sonoros golpes resonaron en la puerta. Gabrielle se apresuró a abrir.

"Que ha pasado?" preguntó de inmediato Hermione entrando a la casa seguida de cerca por Luna. Cuando alcanzó el sofá en el que yacía Fleur, tuvo que reprimir un gemido de preocupación al poder olfatear la enfermedad en el cuerpo de la chica.

"No lo sé. Durante todo el día parecía estar como aturdida, pero no ha querido ir a la enfermería. Al llegar aquí solo mencionó que le dolía un poco la cabeza, pero hace un cuarto de hora ha palidecido y se ha desmayado. No consigo localizar a mi padre y Fleur no despierta. Qué hacemos?" preguntó Cho mostrando la desesperación que llevaba guardando desde el desmayo.

"Lo primero tranquilízate" le ordenó la castaña al ver que Cho estaba al borde del ataque de histeria. "Respira profundo."

"Vale, ya respiro" murmuró Cho haciendo exactamente eso. Aunque con el esfuerzo, parecía que la respiración lejos de ser tranquila y serena era cada vez más acelerada. "Y ahora?"

"La hija del médico eres tú." señaló Hermione sin apartar la mirada de la rubia animadora y obligándose a continuar calmada.

"Aquí no está muy cómoda, sería mejor subirla a su cama" recomendó Cho una vez se hubo calmado un poco. "Pero yo no puedo con ella, casi no la puedo sujetar. Está Draco aquí?"

"No, tenía cena familiar y no ha podido quedarse. Pero tú tranquila, cada cosa a su tiempo" trató de apaciguar la castaña solo para ser interrumpida por la otra chica que volvía a ponerse nerviosa.

"Dios mío, qué hacemos? Su cama está escaleras arriba, pero como la subimos? Cecille no tardará en llegar de la compra, pero con ella no podemos contar, no tiene edad para andar subiendo chicas inconscientes por las escaleras. Y Gabrielle y tu prima no serán de mucha ayuda. Tal vez si yo la cojo por los brazos y tú por las piernas podríamos tratar de llevarla, pero que pasa si se nos cae y se golpea en la cabeza?" parloteó Cho a la velocidad del rayo comenzando a volver a ponerse histérica. Luego pareció recordar el consejo de Hermione y comenzó a respirar profundamente hasta que sintió que volvía a estar tranquila.

Hermione, sorprendida por el hecho de que la siempre calmada y tranquila Cho Chang estuviera al borde del ataque de pánico, tardó un poco en reaccionar a la escena que tenía delante. Una vez se repuso de la sorpresa, arqueó una ceja mirando a la otra chica como si la estuviera hablando en un idioma desconocido y sin mediar palabra se acercó a Fleur y tras pasarle el brazo derecho por la parte de atrás de las rodillas y el brazo izquierdo por detrás del cuello la levantó en vilo sin ninguna clase de esfuerzo dejando a Cho y a la ya más callada Gabrielle con la boca abierta.

"Donde decías que estaba su cuarto?" preguntó Hermione algo incómoda por las miradas de pura adoración que estaba recibiendo de las dos chicas que tenía delante.

"Arriba, tercera puerta a la derecha" acertó a balbucear la otra animadora que estaba parpadeando lentamente, como si no quisiera perderse detalle de lo que sucedía.

"Deberías seguir llamando a tu padre" le recordó Hermione sacando a Cho de su estado atontado.

"Em, si cierto" admitió Cho rezando por que el sonrojo no se le notara. No solo se había comportado como una histérica, si no que se había quedado mirando a Hermione embobada pensando lo mucho que le habría gustado estar en esa posición con los brazos de Harry rodeándola y… "Concéntrate idiota. Este no es el momento para fantasear con caballeros de brillante armadura que rescatan a princesas. Fleur está mal y necesita tú ayuda." " volveré a llamar."

"Bien, mientras tanto la llevaré a su cuarto" murmuró Hermione recolocando a la chica en sus brazos y comenzando a subir las escaleras acompañada por Luna y Gabrielle.

No tardaron mucho en alcanzar el cuarto en cuestión y Hermione depositó a Fleur en la cama con sumo cuidado. Lo mejor era cambiarle la ropa que llevaba y ponerle el pijama, pero la castaña no se veía con fuerzas para hacer eso sin mirar algo que no debiera. De modo que tanto la castaña como Luna miraron hacia otra parte mientras Gabrielle se encargaba de desvestir a su hermana y ponerle el pijama en cuestión. Una vez terminada la operación, Hermione la ayudó a meterla en la cama y la taparon con la sábana.

Repentinamente el brazo de la chica sin sentido se disparó de su posición y agarró el brazo de Hermione fuertemente. Comenzó a murmurar palabras sin sentido mientras abría los ojos lentamente. Su mirada era vidriosa y parecía que le costaba mucho mantener los ojos abiertos. Solo hizo falta que Hermione le pasara la mano por la frente para descubrir que su temperatura era más elevada de lo debido.

"Creo que tiene fiebre. Le habéis mirado la temperatura?" preguntó entonces a la silenciosa Gabrielle que pareció preocuparse aún más al oírlo.

"Oui, hace cinco minutos tenía 37,5ºC."

"Creo que le ha subido" murmuró Hermione frunciendo el ceño. "Donde está el termómetro?"

"Me lo he dejado abajo. Voy a por el" murmuró Gabrielle saliendo a toda prisa del cuarto en busca del termómetro.

La castaña también quiso levantarse a por agua para tratar de bajarle la temperatura a la chica, pero en vistas de que esta había vuelto a cerrar los ojos pero no la había liberado de su agarre, tuvo que delegar la tarea.

"Luna, corre ve a la cocina y llena de agua esa palangana de ahí. Y pídele a Gabrielle un trapo o un pañuelo limpio" ordenó la chica mirando preocupada el rostro de Fleur que estaba cada vez más pálido y había comenzado a sudar. Incluso murmuraba en sueños.

"William, no! Para!" habló cada vez más alto sobresaltando a Hermione. "Me duele. Suéltame."

"Ssshh tranquila. Todo está bien" susurró la castaña apartando el pelo húmedo de la frente de la chica tiernamente. "No va a hacerte daño."

Esas palabras parecieron funcionar ya que Fleur se calmó y dejó de hablar, aunque no terminó de soltar el brazo de la otra chica.

"Aquí traigo el termómetro" jadeó Gabrielle después de haber subido las escaleras de tres en tres.

"Esto no es bueno" murmuró Hermione al leer los 39 grados que marcaba ahora el aparato. "Como le ha subido tan rápido?"

"Mi padre está en camino" anunció Cho entrando por la puerta. "estaba en una reunión. Ha dicho que si tiene fiebre que intentemos no abrigarla mucho y que le refresquemos la frente con un paño húmedo mientras llega."

"Traigo el agua" mencionó Luna tímidamente desde la entrada del cuarto. "Que hago con ella?"


Durante la media hora que tardó el padre de Cho Chang en llegar, las chicas vigilaron con ojo avizor a la enferma mientras le refrescaban la frente cada poco. Aún así, para cuando llegó Henry Chang, la temperatura de Fleur estaba rozando los cuarenta grados.

Mientras el señor Chang trataba a Fleur, las cuatro chicas se mantuvieron sentadas a las afueras del dormitorio cada vez más inquietas a medida que pasaba el tiempo y el médico no salía. En plena espera, Cecille llegó a la casa cargada con las bolsas de los recados que no había mandado traer a casa mediante repartidor. Una vez fu informada, la disgustada señora se unió al grupo de espera mientras murmuraba por lo bajo plegarias que alternaban el francés y curiosamente el italiano.
Finalmente, Henry Chang emergió de la dichosa habitación y comunicó las noticias.

"Parece ser que Fleur ha pillado la gripe" constató tranquilamente. "Por desgracia, parece que se le ha juntado un desagradable catarro y eso es lo que lo ha empeorado notablemente. Sabéis si últimamente ha cogido frío? Tal vez permanecido en una corriente de aire?"

Y entonces fue cuando a Hermione le vino la memoria de la otra noche, en la que un alcoholizado William Wesley, había retenido a la pobre chica bajo la lluvia en algo tan poco abrigador como un simple jersey. De repente el darle caza y atravesarle el pecho con sus dedos no parecía tan mal plan.

"Se pondrá bien?" se atrevió a preguntar Gabrielle que había permanecido callada todo el rato. Le había asustado mucho ver a su siempre fuerte hermana mayor teniendo que ser llevada como un monigote y si no hubiera sido por la presencia de Hermione que la tranquilizaba, no sabía cómo habría reaccionado. Luna también la había ayudado mucho dejando que Gabrielle la abrazara o que le apretara la mano en los mayores momentos de angustia. Si no fuera por su fuerza extra, Luna estaba convencida de que tendría alguna costilla hundida. Esa chica tenía el abrazo de una boa constrictora.

"Le he dado una inyección que debería bajarle la fiebre y le he recetado unos antibióticos que ayudaran con lo demás. A partir de ahora, mucha cama, que beba muchos líquidos y las comidas mejor que sean ligeras con aportes nutricionales. Sopas o caldos de gallina suelen ser los mejores." Explicó Henry sonriendo comprensivo ante las caras preocupadas de los demás. "Debería estar repuesta en una semana más o menos."

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Al final, las cosas se habían acabado complicando un poco. Cecille no tenía permitido entrar a la habitación de Fleur debido a su edad y al riesgo del contagio. A Gabrielle también se la mantuvo alejada debido a su historial de enfermedades previas y Luna se mantuvo a su lado para hacerle compañía. Henry Chang tuvo que irse poco después por una emergencia y eso dejó a Cho y a Hermione como principales enfermeras. Los padres de Fleur fueron avisados y confirmaron que cambiarían su vuelo y que llegarían lo antes posible. Por desgracia eso no sería hasta las cinco de la madrugada, de modo que las chicas se prepararon para pasar la noche.

Cho y Hermione acamparon en la habitación de Fleur para asegurarse de estar cerca en caso de que algo sucediera y aunque Luna hubiera preferido no mantenerse alejada de su alfa acató la petición de Hermione y se juntó con Gabrielle en la habitación de esta con la misión de tranquilizarla un poco. La pobre chica no tenía ni idea de con hacer eso, pero la castaña le aseguró que bastaría con que se mantuviera al lado de Gabrielle. Y hasta que el sol despuntó en el horizonte, Cho y Hermione se turnaron para refrescar la frente, hidratar y consolar las pesadillas de la aún enfebrecida chica.

Era una nueva faceta que Hermione había podido observar, y lejos de repugnarla el tener que apartarle el pelo cuando había comenzado a vomitar (por suerte su desarrollado olfato había elegido ese momento para desactivarse) o incorporarla cada vez que parecía que se iba a ahogar con los ataques de tos que comenzó a sufrir, eso la alegró. Fleur estaba pasando un mal momento y ella estaba haciendo lo que podía para aliviar ese dolor, y aunque no fuera mucho lo que pudiera hacer, le consolaba esa pequeña sonrisa con la que la chica se volvía a dormir al saber que no estaba sola en la habitación.

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Días después en el centro comercial:

Los padres de Fleur habían conseguido llegar a casa e inmediatamente se habían hecho cargo de todo. Habían agradecido a las chicas incontables veces por haber cuidado de Fleur y las habían ordenado dormir un poco. Los días siguientes, tanto Cho como Luna y Hermione, vivieron prácticamente en la gran mansión animando a Gabrielle y asegurándose de que Fleur no se sintiera sola. Por suerte tras varios días de cama y reposo absoluto, parecía que Fleur ya se encontraba mejor, así que Hermione y Luna habían decidido visitar el centro comercial.

Luna había insistido (o todo lo que Luna podía insistir) en que su alfa ya estaba lista para una nueva prueba, de modo que ambas habían puesto rumbo al centro comercial con la intención de continuar sus lecciones de licantropía. Incluso Luna se había asombrado del fino oído que Hermione había demostrado en su forma humana y ahora que el olfato estaba más o menos bajo control, la pequeña estaba dispuesta a que su alfa también controlara ese sentido. De modo que habían decidido visitar uno de los lugares más bulliciosos que se les había ocurrido, y si la cara de angustia de Hermione era un buen medidor, habían dado con el lugar correcto.

Cientos de personas hablando y gritando a la vez mientras la música de cada tienda tronaba a ritmos distintos eran poco menos que una tortura para la castaña. Su oído que ya había sido fino siendo humana ya había considerado el centro comercial como demasiado ruidoso, pero ahora que sus nuevos oídos examinaban cada voz, cada ruido, cada latido de cada corazón de cada cliente, estaba comenzando a cuestionar seriamente su internamiento en un psiquiátrico. Era una locura sin sentido en la que cada vez se sentía más perdida.

"Debes centrarte en un único sonido" aconsejó Luna preocupada por la palidez de su alfa. Era normal que los licántropos tuvieran sentidos más desarrollados que los humanos en su forma no transformada, pero ningún miembro de su antigua manada había mostrado esa capacidad. Por una parte eso la llenaba de un prohibido y secreto orgullo, su alfa cada día demostraba ser mejor de lo que creía y a veces no podía evitar pensar que tal vez era un sueño y que pronto se despertaría en las garras de Fenryr una vez más. Por la otra, el ver el sufrimiento en el rostro de la otra chica le daban ganas de gimotear y tumbarse en el suelo y suplicar perdón por haber insistido en una actividad que claramente estaba dañando a su alfa. "Pero si no te ves capaz, podemos irnos. Tal vez hemos empezado demasiado fuerte. Podemos intentar otra cosa."

"No" gruñó Hermione apretando los dientes y negando con la cabeza. "Tengo que superar esto lo antes posible. La próxima luna llena no está muy lejos y cuando llegue deberé ayudar a Harry y a Draco a controlarlo. Debo aprender a dominarlo lo antes posible si quiero serles de ayuda. Además, estoy harta de saltar de mi sitio cada vez que suena la campana de clase. Puedo hacerlo, dame un momento."

Luna asintió y permaneció lo más quieta posible mientras la otra chica trataba de concentrarse en algún sonido que le permitiera ahogar el resto del ruido reinante. Nunca había estado en un centro comercial (al menos no mientras estuviera abierto) y todo lo que ahí se hallaba le parecía fascinante. Tantos humanos juntos riendo y charlando mientras compraban la acabaron distrayendo y pronto se encontró canturreando por lo bajo una melodía de una tienda cercana. Era una canción bastante repetitiva, pero a Luna le había gustado y se veía incapaz de quitársela de la cabeza. En cuanto se dio cuenta de lo que estaba haciendo se sonrojó y paró del todo mientras se recriminaba por no estar ayudando mejor a su alfa en vez de distraerse con tonterías.

Pero para su sorpresa fue la propia Hermione la que la agarró del brazo y la ordenó en voz baja.

"Sigue cantando, por favor."

Mientras trataba de encontrar un sonido en el que poder centrarse, había oído como Luna tatareaba una conocida melodía casi sin darse cuenta y eso la había alegrado mucho. La pequeña siempre estaba demasiado tensa y asustada como para dejarse llevar un poco y a la castaña le gustaba que la chica se sintiera tan a gusto con ella como para hacer algo tan simple como canturrear. Además, ahora que lo pensaba, desde que le prestaba atención a esa tonadilla, el resto del ruido se había evaporado durante unos instantes. Por ello, en cuanto Luna se detuvo y el ruido volvió con fuerza, le había agarrado el brazo y le había pedido volver a cantar. Y en cuanto lo hizo, comprobó con alivio que una vez más el ruido disminuía.

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Un par de horas después:

El oído iba a resultar más difícil de dominar de lo que ambas habían esperado, ya que a pesar de que en ocasiones parecía que Hermione podía controlarlo, apenas un instante después volvía a descontrolarse. Era algo realmente frustrante, pero la castaña no permitió que eso se reflejara en su rostro ( no quería que Luna pensara que su frustración era culpa suya) y decidió dar el día por concluido. Invitaría a Luna a un helado por lo mucho que la había ayudado y seguirían el próximo día. Mientras lograba controlarlo, tendría que seguir usando el método que habían ingeniado por el momento. Unos tapones en los oídos y para cubrirlos unos cascos de música especialmente acolchados que Draco le había cedido. Dado que el cable desaparecía en el interior de la ropa de Hermione, nadie sabría que en realidad no había reproductor de música y así podía pasar desapercibida sin tener que andar con las manos tapándose los oídos.

Del dinero que se habían agenciado en almacén ya no quedaba mucho, pero Hermione realmente esperaba que fuera suficiente como para poder comprar los helados y que también alcanzara para comprarle algo de ropa a Luna. Era cierto que le había cedido todos los pantalones que poseía antes del cambio ya que a ella ya no le servían, pero aún así eran pocos y no en muy buen estado. La castaña había estado estirando la ropa todo lo que había podido y no siempre había sido la primera en estrenar la ropa que se compraba. Las tiendas de segunda mano poseían ropa igual de buena que las tiendas de primera aunque estuviera algo gastada. Y gracias a gente como la madre de Draco, a veces incluso se podían encontrar verdaderas gangas.

Ella también debía comprarse algo de ropa, ya que tras el último estirón que había pegado, tampoco le valían mucho los pantalones que Draco tan amablemente le había dado. Y de paso tampoco estaría de más encontrar algo que les permitiera poseer algo de ropa tras las transformaciones, ya que no le había gracia volver a encontrarse en la misma situación que la primera vez.

Tan inmersa estaba en sus pensamientos y maquinaciones, agradecida de estar poco menos que aislada del resto del mundo que ni se dio cuenta de la aparición de cierto olor que indicaba la presencia de alguien muy conocido.

"Hermione? Eres tú?" se sorprendió Cho al darse cuenta de que la chica que estaba viendo realmente era la castaña. "Que haces por aquí?"

"Teníamos un momento libre así que estábamos echando un vistazo" respondió Hermione sin ningún tipo de problema en oírla incluso con los tapones y los cascos puestos. "Y tú?"

"Estoy con unas amigas" explicó la chica señalando a un grupo de chicas que estaban parloteando cerca de un escaparate de ropa. A la castaña no le costó identificarlas como animadoras. "Estamos aquí para comprar los disfraces de Halloween."

"Halloween?" se extrañó la chica.

"Sii, ya sabes, esa fiesta en la que la gente se disfraza y los niños piden caramelos por las puertas. La fiesta que se celebra cada año en el gimnasio del instituto." le recordó Cho de nuevo adoptando esa voz de profesora superior. "No me digas que no sabes lo que es?"

"Pues claro que lo sé." Se indignó la chica sin querer mencionar que nunca había tenido motivos para acudir a dicha fiesta. "Pero Halloween no hasta finales de mes, apenas estamos a mediados."

"Cierto, pero si esperamos mucho no tendremos buenos disfraces entre los que elegir." Razonó Cho sonriente. De pronto su sonrisa se hizo aún más pronunciada y eso provocó escalofríos en la espalda de la otra chica. "Por qué no os venís? Siempre está bien tener opiniones ajenas al grupo."

"Nosotras? Ir con una panda de animadoras?" repitió incrédula Hermione no muy convencida de haber oído bien. Tal vez su invento bloqueara mejor el sonido de lo que se había imaginado.

"Son buenas chicas" se defendió Cho mirando por encima de su hombro a las cuatro chicas que había allí reunidas. "Bueno, al menos las que están hoy conmigo lo son. Y las dejaste muy impresionadas con tus conocimientos en la feria. Estoy segura de que les encantará, voy a preguntarles."

Y sin dar tiempo a que Hermione dijera una palabra, Cho se alejó apara hablar con sus compañeras. Y una vez que lo hizo, todas comenzaron a sonreír cálidamente (Hermione estaba más que familiarizada con las sonrisas irónicas y crueles, no le era difícil observar la diferencia) de modo que ni Hermione ni Luna tuvieron mucha elección al respecto. Y tras ver como las chicas parloteaban y reían y señalaban las tiendas y entraban en ellas para probarse modelitos que no entraban en la categoría de disfraces ni de lejos, Hermione comprendió con horror que acababa de ser abducida a una salida de compras con las animadoras.

"Esta va a ser una tarde muuuuy larga"

"Y hasta aquí hemos llegado. Parece que a Fleur ya no le hace tanta gracia William y que Hermione está ganando puntos. En fin, en el próximo capítulo llegará Halloween y con ello… bueno, mejor no desvelar nada, aunque os aseguro que no será una fiesta tranquila."

"Muchas gracias por haberlo leído y como siempre todos los comentarios/desvaríos serán bien recibidos ya sean buenos o malos (las amenazas y las sugerencias/demandas de suicidio hacia mi persona serán recibidas solo que no tan bien como el resto). No sé cuando publicaré el próximo capítulo ya que estoy de exámenes, pero trataré de que sea lo antes posible . Gracias por leer el capítulo y hasta la próxima. Paz y amor".