Dedicaré este capítulo a Misaki, Mika, Fujimy y Conejato. Gracias por sus comentarios.
Capítulo IX: Cercanía
Kise había dicho que era feliz cuando pasaba su tiempo con Aomine.
Aomine quiso decir que él también, que disfrutaba esos momentos en la preparatoria, que sus risas eran sinceras y que la comida que Kise cocinaba era deliciosa, pero los días pasaron y no lo hizo. A juzgar por las sonrisas de Kise, el rubio debía estar enterado de todo eso y Aomine pensó que no era necesario decirlo en voz alta.
En cambio sonrió y apretó la mano cálida que se entrelazaba con la suya. Su corazón latía fuerte y rápido. Siempre sucedía eso cada vez que Kise y él estaban tan cerca. Por un momento, pensó que no iba a ser capaz de dormir ese día, como había sucedido con los días anteriores a ese, pero pronto, entre la calidez que Kise emanaba, recostado a su lado y el sopor que le provocaba estar con el estómago lleno, cayó dormido.
Kise podía provocar todas esas cosas en él. Era extraño pero llegados a ese punto ya no tenía sentido seguir pretendiendo que tales cosas no existían.
Cuando despertó después de la siesta sobre la terraza, encontró a Kise mirándolo fijamente, como si estuviera viendo algo grandioso. Se preguntó si él mismo ponía esa expresión tan boba cada vez que se perdía en el rostro de Kise.
—¿Por qué me miras así?
—A-Aominecchi. —Kise rio nerviosamente y en seguida se puso en pie. El sol ya se había ocultado en el horizonte y algunas estrellas empezaban a brillar ligeramente en el cielo azulado—. Vamos, tenemos que ir al entrenamiento.
El entrenamiento.
Aomine hizo un gesto. —Nah, no voy a ir.
—Vamos a llegar tarde de nuevo. No quiero volver a correr hasta tener arcadas, además seguro que Akashicchi…
Aomine se levantó también, cogiendo su bolsa e ignorando la barbotea de palabras que Kise había empezado a soltar. Después de estirarse tal y como lo haría un gato, tomó la mano de un sorprendido Kise y lo guio hasta la salida del instituto. Todas las preguntas de "¿A dónde vamos?" y "Espera, Aominecchi, el entrenador va a molestarse" quedaron relegadas en cuanto cruzaron el gran umbral de Teiko. Aomine dejó de jalar, sin embargo, no soltó la mano de Kise.
Empezaron a caminar. Ya era tarde y hacía mucho que los estudiantes habían regresado a sus casas, la calle se encontraba casi vacía. Después de avanzar unas cuantas cuadras llegaron hasta el parque cuyo mayor atractivo era la cancha de baloncesto.
—Oh, ya veo. Quieres jugar un uno a uno conmigo, ¿verdad? —Kise le sonrió y corrió hasta la mitad de la cancha, levantando el brazo para que Aomine le lanzara el balón—. He mejorado bastante, Aominecchi. Eso lo sabrías si fueras más a menudo a los entrenamientos.
Aomine sonrió genuinamente y le lanzó el balón.
Después de unos minutos jugando, Aomine comprobó que, ciertamente, Kise había mejorado su técnica en el poco tiempo que llevaba practicando baloncesto, sin embargo no era suficiente. Nunca nadie tendría lo suficiente como para derrotarlo.
—Woah, Aominecchi es fantástico —jadeó Kise, mientras se acercaba a la banca donde habían dejado sus cosas. Tomó su botella y bebió de ella como si fuera la fuente mágica de la vida.
Aomine se acercó a él y le pasó el brazo por lo hombros para luego quitarle la botella en un movimiento ágil. Bebió de ella hasta terminar el contenido y luego sonrió: —Vamos a casa.
Aomine no se dio cuenta, pero ese simple acto fue capaz de sonrojar a Kise. Una chispa (en forma de beso indirecto) había prendido el fuego en su interior y Aomine podría haberlo sabido si tan solo le hubiera mirado a los ojos, en ese instante en el que los orbes dorados refulgían con determinación.
Caminaron bajo la tenue luz de los faroles en dirección a la estación de metro, hablando de tonterías como era usual. Llegados al punto en que ambos tomaban caminos distintos, Aomine levantó la mano para hacer una seña de despedida, sin embargo Kise no soltó su mano y en cambio se acercó a él.
La distancia entre ellos se evaporó tan rápido que Aomine casi ni se dio cuenta que, efectivamente, la calidez húmeda que sentía en sus labios no era más que los labios de Kise.
Aomine no iría a aceptarlo nunca, pero aquel era su primer beso. Había estado casi toda su vida ocupado en el baloncesto y en hacer el vago por allí por lo que nunca buscó la oportunidad para robarle un beso a alguna de las amigas chillonas de Satsuki.
No tenía muy en claro por qué la idea de besar a Kise (el rubio-tonto-de-los-cojones que además era un hombre) no le molestaba tanto, así que le correspondió, abriendo sus labios y sintiendo a Kise hacerse dueño de la situación.
Kise sonrió en el beso y luego se alejó sin perder su sonrisa.
—Entonces, nos vemos mañana, Aominecchi. —Y con eso se alejó. Rubio y muy satisfecho de sí mismo.
Aomine se quedó inmóvil por unos cuantos segundos. Le iba a dar algo a su corazón si no dejaba de latir de esa forma.
Sonrió y relamió sus labios.
No había estado mal. Nada mal.
N/A: Sé que dije que el capítulo anterior era el último, pero leí sus comentarios y me hicieron reconsiderarlo (? O tuve mucho tiempo y vi mucho fan art así que decidí escribir más.
Espero sinceramente que les haya gustado. Ustedes me pidieron esto así que ojalá llene sus expectativas.
He escrito un borrador con más ideas de lo que podría pasar después, así que síp, habrán más capítulos. Y espero que pronto. :P
