De nuevo sean bienvenidos a un capítulo nuevo de este fanfic que sigue y sigue como ciertas pilas de conejitos rosas. En el tiempo que no publiqué recibí un par de reviews feos que ya me encargué de responder como sólo yo sabría hacerlo. Además, la cosa iba personal porque la ofensora se había atrevido a robarme uno de mis proyectos que tengo para el 2011 titulado "Mi Complejo de Edipo". Cabe destacar que fue bastante hábil al intentar plagiarlo pero habría fracasado si hubiese intentado seguir la historia por su propio pie, porque la única que podría escribirla adecuadamente sería yo, la autora original.
Dejémonos de rodeos y continuemos con la historia.
¡FELIZ CUMPLEAÑOS, NARUTO!
CAPÍTULO 9
TUYO ES MI CORAZÓN
En los ocho años que Rin, Ayame y Tamaki llevaban trabajando como sirvientas en Uchiha Vineyard, nunca habían visto tal show matrimonial que se ponía mejor cada día y superaba a las telenovelas mexicanas que diariamente pasaban por la televisión. Primero fueron testigos de la llegada de una pareja que se trataba con mucha indiferencia, después vino la amante por parte de él, luego se armaba un revuelo en la casa, y por último, un día el mismísimo matrimonio Uchiha amanecía compartiendo la cama que originalmente les pertenecía a ellos pero que había sido utilizada más por Sakura en el primer mes.
Rin aún se avergonzaba al recordar la mañana de mediados de Julio en que había entrado a la recámara de Sakura para llevarle su desayuno; pero en vez de encontrarla sólo a ella, también se topó con la imagen de su patrón con el torso desnudo. Tal sorpresa la hizo liberar un gritillo que ella intentó apagar con sus manos. Esto había sido en vano, pues Sasuke se despertó inmediatamente y con un simple gesto le ordenó permanecer callada y salir de la habitación. Ella así lo hizo y sus amigas se dieron por enteradas de todo cuando vieron a sus amos bajar juntos a desayunar y conversar tranquilamente, como si las cuatro semanas de discordia entre ellos jamás hubiesen existido.
De esto ya habían transcurrido cinco semanas, pero para la castaña no era algo tan fácil de olvidar. ¿Cómo era que su jefe la impactara hasta tal punto? Esto era algo que no le diría a nadie, ni siquiera a Kakashi, el supervisor de los vinos que se guardaban en la bodega y su novio.
A pesar de que Chiyo casi no participaba en el chismorreo de sus jóvenes compañeras más que para apaciguarlas; ahora se había mostrado bastante contenta de ver que sus patrones se llevasen mejor, y que por fin se hubieran reconciliado. También le gustaba recordar la cara de Karin cuando ésta se había percatado del nuevo romance, pues las cuatro estaban de acuerdo en que se lo tenía bien merecido. Chiyo sabía de estas cosas mejor que nadie, pero a su edad ya no venía al caso hundirse en los vagos recuerdos de sus amores de juventud. Ahora era más ameno disfrutar de la felicidad que Sasuke y Sakura compartían, pues ella los estimaba como si fueran sus nietos.
Lo que su vasta sabiduría no alcanzaba a ver era la enterrada confusión de Sakura. Ella ya no podía negar que realmente se había enamorado de Sasuke y no quería dejarlo; pero aparte estaba Sai. Él continuaba escribiéndole con una frecuencia alarmante, preguntándole cuando podían fugarse. Sakura le respondía sus cartas en raras ocasiones porque sentía que ya no debía seguir engañando a Sasuke ni dándole alas al ilusionado pintor. Ellos significaban mucho para ella, y no tenía deseos de herirlos, así que en su última carta, Sakura le explicó con mucha claridad la situación en la que se encontraba le reveló que sus sentimientos hacia él habían cambiado, y que tal vez sonaba frívolo y cruel de su parte, pero que su determinación final era la de permanecer casada con Sasuke hasta la muerte. También le deseó lo mejor y le suplicó que no volviera a buscarla, pues prefería pensar en que él sería feliz con otra mujer tanto como ella lo era con Sasuke.
Aunque esto era lo mejor, la intuición de Sakura le dictaba que para Sai ella seguiría siendo su primer y único gran amor. A Sakura le daba pena imaginar que él pudiera quedarse solo el resto de sus días. Sai debía conseguir una compañera tan pronto reflexionara que ella ya no pensaba fugarse con él ni volverle a escribir. Al menos esperaba que no se tomara la noticia tan a la tremenda, porque siendo un artista tan sensible era probable que él cometiera alguna locura.
Para evitar agobiarse por ese pensamiento, Sakura acudió a las caballerizas para pedirle a Haku que le enseñara a montar su yegua, pero en vez de eso encontró a Sasuke poniéndole la silla a Relámpago. Tal vez sería bueno que ella aprovechara su presencia para que él fuese su maestro, pero no dijo nada y se limitó a observarlo. El moreno se percató de que no estaba solo y le sonrió confiado a su esposa con la intención de impresionarla.
Sakura permaneció en su sitio sin hablar, pero Sasuke supo leerle el pensamiento a través de sus ojos.
- Te gustaría montarlo?.- le preguntó y a Sakura se le iluminó la mirada.
- Yo… no…
- No te preocupes, estaré contigo en todo momento para asegurarme de que no te pase nada.
Convencida de que él iba a protegerla, Sakura se subió en el magnífico semental. Sasuke notó que su esposa estaba muy nerviosa, y no era para menos, pues recién se había recuperado de su tobillo. Era mejor que practicara con relámpago, pues a pesar de su fiereza, resultaba ser inofensivo. El caballo titubeó un poco mientras lo sacaban, pues podía sentir las emociones de su jinete y relinchó fuertemente.
- Tengo miedo, Sasuke…- musitó Sakura con preocupación.- ¿Podrías… subirte conmigo?
- Seguro.
- Con mucha habilidad, se subió detrás de su mujer, y tomó las riendas. Sakura se relajó un poco y unió sus manos con las de Sasuke para saber exactamente como manejar un caballo.
Resultó ser más fácil de lo que pensaba, y comprendió que Relámpago no era tan bravo como se imaginaba. De hecho, le recordaba a su amado cónyuge, y a lo mejor Estrella Fugaz se parecía a ella en cierto sentido. Si así era, entonces ya tenía la clave para poderla montar sin problemas en el futuro.
Ambos recorrieron los viñedos a paso normal porque Sasuke no quería separarse de ella tan pronto. Albergarla en sus brazos y brindarle seguridad eran móviles suficientes para continuar mostrándole las maravillas de Uchiha Vineyard. Él podía cabalgar y cabalgar por horas, pero a Sakura le dio hambre y decidieron volver a la casa para comer.
- o -
Mientras Sakura comía silenciosamente su estofado de cordero, puso especial atención en el aspecto de Sasuke. Su cara estaba libre de vello porque él se rasuraba diariamente y siempre usaba esa colonia de Chipre que podía reconocer de inmediato. Su cabello nunca estaba sucio, pero ahora que lo veía mejor, lo notaba un poco desaliñado.
El moreno la volteó a ver y ella se tensó. ¿Debía de hacerle notar este pequeño defecto? No, era mejor no decírselo o podría hacerlo enojar. Total, nadie era perfecto. ¿Para qué buscarse problemas por unos desajustes al peinado?
- ¿Hay algo que quieras decirme, Sakura?
- ¿Qué?
- Te veo un poco distraída, ¿te sientes bien?
Sakura sonrió y se mostró dubitativa, pero al final decidió revelar disimuladamente sus pensamientos.
- Un corte de cabello no te sentaría mal.
Sasuke se quedó de a seis. ¿Acaso había dicho corte de cabello? ¿A su esposa no le gustaba su cabello? Era increíble que a todas las mujeres con las que había estado les encantaba su cabello negro y lo encontraban sexy; pero a Sakura no le gustaba. ¿Hace cuanto que no iba con el estilista? De eso ya ni se acordaba. Su inseguridad le hizo llevarse la mano automáticamente entre su melena descuidada.
- No quise decirlo de esa forma.- se apresuró a decir Sakura.- Tu cabello es verdaderamente… sensual.
- Creo que de verdad me hace falta despuntarlo un poco.- dijo Sasuke tratando de no sonar incómodo.- Acompáñame.
Sin hacer preguntas, ella siguió a su marido hasta uno de lso cuartos de baño. Sasuke se veía tan serio que Sakura se imaginó lo peor, y más cuando éste sacó unas tijeras bastante afiladas de un cajón. Él sonrió mientras depositaba las cuchillas en sus manos junto con un peine.
- Dejaré este asunto en tus manos.
- Pe- pero yo no tengo experiencia en esto. ¿Por qué mejor no acudes a una barbería?
- Porque quiero tener el cabello exactamente como a ti te guste, y si hace falta raparlo, conseguiré una rasuradora.
- ¡No hace falta!
Sasuke se sentó en el suelo y Sakura se inclinó sobre sus rodillas, un tanto nervioso de lo que estaba a punto de hacer. Nunca antes le había cortado el pelo a nadie, ni siquiera a sus muñecas ¡y ahora iba a hacerlo por primera vez con su pareja! Las manos le temblaron, sudaba copiosamente y aspiraba grandes bocanadas de aire. Finalmente tomó uno de los mechones que le caían a Sasuke sobre la cara y le dio el primer corte.
- Cuidado con esas tijeras, querida.- le advirtió Sasuke, un poco exacerbado.- No vayas a cortarme una oreja.
- Descuida, verás que te voy a dejar irreconocible.
- Eso es precisamente lo que temo…- murmuró en broma.
- Jo, qué malo eres…
Después de ese primer tajo, Sakura se fue relajando conforme daba vueltas en torno a Sasuke y le recortaba cuidadosamente el cabello. Alegremente observaba cómo las oscuras hebras se apartaban de su lugar de origen y caían graciosamente al suelo, formando una ligera masa peluda y brillante. Constantemente comprobaba que el pelo de Sasuke estuviera parejo, aunque para ser francos, sólo estaba consiguiendo que pareciera un nido de pájaros.
Sasuke la escuchó soltar un gemido ahogado y pensó que Sakura se había equivocado, pero él se limitó a bufar. A todos los hombres de su familia les crecía rápido el cabello, y por eso él no se preocupaba tanto de pensar en la posibilidad de tener un corte de lo más extraordinario. Ella continuó dando tijeretazos a diestra y siniestra, hasta que por fin comenzó a ver unos resultados aproximados a los que tenía en mente.
Tan pronto dio por acabado el trabajo, le peinó la cabeza, le sacudió el cabello cortado de los hombros y le incitó a verse en el espejo. Esperaba que Sasuke pegara un grito y le echara en cara su ineptitud, peor él no lo hizo. Sasuke sólo se vio fijamente a sí mismo mientras se tocaba su nuevo estilo.
- ¿Segura de que es tu primera vez cortando cabello? A decir verdad yo opino que no lo hiciste nada mal.- se cruzó de brazos e hizo su característica sonrisa altiva.- Ya está, tú serás mi nueva peluquera.
- Eh… claro. Trataré de mejorar mi técnica.
- ¿Te gustaría que fuéramos a la piscina?
- ¿Ahora?
- Claro. A esta hora no hay nadie en el jardín, así que podemos estar solos sin que nadie nos moleste.
- Pero…
- Vamos, será divertido.
A duras penas Sakura accedió a pasar el resto de la tarde en compañía de Sasuke disfrutando la frescura de la piscina. No es que verdaderamente lo odiara, sino que el problema era que ella le tenía fobia al agua, y por ende, no sabía nadar muy bien. Al explicarle esto a su marido, él la tranquilizó diciéndole que la alberca no era demasiado profunda y que él estaría cerca para cuidarla.
Con cautela, ella se fue adentrando en el agua hasta que ésta le llegó a los hombros. Sasuke le tomaba la mano en las profundidades y luego la soltó para hacer bucitos. A Sakura le invadió un gran terror en un principio pero no se movió porque no quería hacer el ridículo chapoteando a lo tonto y procuró divertirse.
O al menos eso intentó hasta que se alarmó porque pensó que el moreno llevaba demasiado rato en el fondo. Temiendo que se fuera a ahogar, ella se sumergió y lo encontró inmóvil en lo más profundo de la piscina. Por un instante creyó que Sasuke estaba muerto puesto que no le salía ninguna burbuja de las vías respiratorias; sin embargo, su pareja abrió los ojos de golpe y ella se sustó tanto que tragó una gran cantidad de agua y pataleó como desquiciada para salir a la superficie.
- ¡¿Qué crees que haces pegándome esos sustos?
- Estaba comprobando que tanto me amabas.
- No era necesario que te fingieras ahogado para que sea evidente lo mucho que te amo.
- Ahora lo sé.- repuso Sasuke besándola.
Sakura no quería corresponder el beso ya que seguía enfadada, pero los labios de Sasuke envolviéndose deliciosamente con los suyos la convencieron de ceder ante él. Si fuera posible, le encantaría estar así de cerca toda la tarde pero el destino tenía planeado algo distinto para ellos.
- ¡Hola, temee! ¿Interrumpo algo?
La pareja rápidamente se separó al escuchar esa voz tan escandalosa y familiar para ellos. En la orilla se encontraba Naruto observándolos con una sonrisa picarona en el rostro, y la interrupción sí que molestó a Sasuke. Sakura también estuvo a punto de reclamarle, pero se quedó callada al ver que el rubio Uzumaki no venía solo.
Junto a él, su amiga Hinata estaba de pie con si mismo porte recatado de siempre. No se esperaba ver a una de sus amigas tan pronto, pero le alegraba tanto que salió del agua, se puso una bata y corrió para abrazar a la heredera Hyuuga.
Aún para tratarse de la visita de su mejor amigo, Sasuke no recibió de buena manera a Naruto porque quería pasar al menos seis meses en compañía de Sakura antes de siquiera ocurrírsele invitar a alguien a su casa, fuera un pariente o un amigo. Estuvo a punto de pedirle al rubio que se regresara por donde había venido, pero notó que a su esposa le encantaba recibir visitas, y desistió de sus intenciones.
Los cuatro tomaron asiento en el porche mientras bebían un vaso de sangría casera. Ya puestos con la idea de hospedar a Naruto y a Hinata por algunos días, Sakura les preguntó discretamente cómo era que ellos habían terminado juntos. El ojiazul arqueó ligeramente las cejas y prorrumpió en carcajadas.
- No creerás que Hinata y yo somos novios, ¿verdad?.- inquirió.- La verdad es que ella ha sido la única chica que no ha salido corriendo cuando le dirijo la palabra.
- ¿Y cómo se supone que no van a huir si te la pasas diciendo idioteces?.- comentó Sasuke sarcásticamente.
- ¡Cállate, temee! Como decía, Hinata realmente es una chica muy linda y agradable
, y como buenos amigos que somos pensé que sería buena idea viajar juntos para hacerles compañía. ¿Verdad que a ti no te molesta viajar de improvisto, Hinata?
- N-no… me gusta… me gusta estar contigo, Naruto-kun.
- ¿Ven? Les dije que era muy mona.
Como mujer que era, Sakura se percató de que Hinata estaba enamoradísima de Naruto ya que nunca antes se había comportado tan irresoluta y nerviosa ante la presencia de un chico. Probablemente Sasuke también veía lo mismo que ella, pero el que debía saberlo en primera instancia era Naruto; pero ni aunque le echaran las indirectas más directas que se conocían, él no iba a darse cuenta de nada. Con el Uzumaki uno debía decirle las cosas de frente para que las captara, o de lo contrario conseguiría confundirlo aún más.
- Por cierto, ¿dónde está Ino?.- preguntó Sakura a Hinata.
- Hace como un mes me llamó para decirme que se iba al amor. La verdad no entendí a qué se refería con eso, pero en su casa no está. ¿Crees que haya salido de viaje?
- Es lo más probable. Tal vez esté por ahí buscando inspiración para sus diseños. Aunque es extraño quee lla sea la única que no tiene una cita formal.
- Pareciera ser que a las mujeres les gusta mucho competir sobre quién puede ligar más.- bromeó Sasuke.
- Oye, si antes de casarme contigo no era capaz de pescar siquiera al chico más desesperado.- comentó Sakura, haciendo un mohín.
- Pero ahora me tienes a mí, así que ya no deberías preocuparte más por tener alguien que te ame.
- Oigan, tórtolos, cuando quieran pueden irse a su habitación que al cabo Hinata y yo nos haremos buena compañía.
Los tres sólo suspiraron profundamente por la ignorancia y el pésimo chiste de Naruto. Definitivamente caía en la definición del idiota simpático.
-o-
En el restaurant del hotel Windham los huéspedes disfrutaban las especialidades de la carta acompañadas de las mejores bebidas y vinos con los que contaba el lugar. Bien valía la pena pagar los precios tan exorbitantes sólo para gozar de lo mejor que se le podía brindar al paladar.
El único ahí que no parecía disfrutar la comida era Sai. Recién había recibido una carta de despedida por parte de su estimada Sakura. Aquella misiva había sido el hundimiento. Era larga, llena de expresiones de amistad, muy exquisitas, muy veraces, en la que finalmente le decía que sus relaciones no podían continuar ya que ella le pertenecía a otro. Y para rematar anteponía esa frase espantosa: "Espero que algún día llegue otra mujer que te pueda hacer más feliz que yo". Sai sintió una horrible pesadez que le atravesaba el alma como un cuchillo helado, haciéndole ver de golpe la dura realidad.
Sus palabras le deprimieron tanto que ni siquiera comer su cena favorita le ayudaba de mucho. Pareciera que con la lectura se le había escapado toda la esperanza y el ánimo que tenía. Cada bocado de la deliciosa paella de mariscos le sabía a hiel, y eso lo desalentaba aún más. ¿Cómo podría olvidarse de la mujer a la que tanto había amado y que ahora era feliz con otro?
Inmediatamente, Dios respondió a su pregunta.
- Paella valenciana de mariscos con vino Chardonnay... es una excelente combinación.- comentó Ino, tomando asiento enfrente de él.
- ¿Usted de nuevo?.- masculló Sai
- Vamos. Tú y yo estamos solos en este hotel y no creo que sea mala idea divertirnos juntos mientras podamos. Te aseguro que no te arrepentirás.
- Discúlpeme pero no quiero su compañía, prefiero estar solo.
- Tus gestos no dicen lo mismo.
Sai la miró y quitó su cara de mal genio para mostrarle su falsa sonrisa que tanto lo ayudaba a salir de los problemas, especialmente los que tenían que ver con pleitos entre Sakura y él. Probablemente así la rubia se convencería de que estaba bien y no necesitaba a nadie. Contrario a lo que esperaba, Ino se molestó.
- Si crees que con esa sonrisa me vas a engañar estás más que equivocado, querido.
- ¿Desea ordenar algo, señorita Yamanaka?.- preguntó un camarero.
- Sí, un Sai por favor.- respondió efusivamente.
- ¿Disculpe?
- Nunca entenderé tus bromas.- dijo Sai, bebiendo con desgano su vino.
- ¡No es una broma! ¡Sai, cásate conmigo!.- le pidió Ino, con ojos suplicantes.
- ¡¿Que?
-o-
Esta era la última noche en que había luna llena y Hinata quería disfrutar tanto como pudiera. En su cada le era difícil obtener una vista tan bella como la que estaba teniendo desde el porche de Uchiha Vineyard. No era que la cama de su habitación fuera incómoda, sino que a la joven Hyuuga le emocionaba pensar que el cuarto de Naruto estuviera justo al lado del suyo. Le avergonzaba ser tan nerviosa y alterarse con su cercanía, seguro él debía pensar que era una extraña por actuar así.
Otro dato que la había hecho abandonar su cama era una serie de ruidos hechos por la pareja Uchiha, que ocupaban la otra recámara contigua a la de ella. No había sido su intención hacer caso de eso, así como tampoco sonrojarse y medio excitarse. ¿Pero porqué rayos experimentaba esas sensaciones? No era decente que una señorita como ella tuviera pensamientos pecaminosos con Naruto Uzumaki.
Qué desesperante era que el rubio sólo la viera como una amiga, pero en ella recaía que esa visión cambiara. Si su hermanita Hanabi tenía una actitud más desinhibida, entonces ella también podía ser osada de vez en cuando.
Sí, en cuanto estuviera a solas con Naruto le diría unas cosas realmente interesantes.
- Naruto-kun…- susurró para sí misma.
- ¿Qué quieres, Hinata?
La morena casi se cayó del balcón al reconocer la somnolienta voz de Naruto. Se dio la vuelta y él sólo llevaba una bata encima que dejaba ver su torneado y bronceado pecho. Se frotaba los ojos mientras bostezaba ruidosamente. Al parecer él recién se había levantado de la cama en medio de su quinto sueño, y ella lo encontró raro porque cuando ellos habían hecho el viaje en avión Naruto permaneció dormido tan profundamente dormido que no despertó ni cuando hubo una pequeña turbulencia.
- A ti tampoco te dejaron dormir esos dos, ¿verdad?.- preguntó el rubio.
- Bueno, en realidad… quiero decir… no.
- Aaargh, me pregunto si yo también seré así de escandaloso en la cama cuando esté casado. ¿Tú que opinas, Hinata?
- ¡¿Eh?.- la aludida se puso tan colorada que su cara brillaba casi tanto como un carbón encendido.
- Ah, discúlpame. Pensé que una chica tan guapa como tú ya tenía experiencia en el tema.
¿Guapa? ¿Naruto le había dicho que ella era guapa? Hinata sentía que si él continuaba diciendo esas ocurrencias ella se iba a desplomar por el sólo éxtasis que le provocaba imaginar5se a sí misma teniendo intimidad con Naruto. Si eso ocurría seguro los dioses la castigaban.
- En serio no quise faltarte el respeto.
- No te preocupes.- repuso ella con una sonrisa disimulada y un evidente sonrojo.
- ¿Sabes? Nunca antes en mi vida me había topado con una chica así de tímida, extraña y oscura.- el comentario de Naruto aporreó el ánimo de Hinata y a ésta le apareció una gota en la cabeza.- ¿Pero te digo una cosa? Me gustan las personas como tú.- agregó, sonriéndole y retirándose a dormir.
Hinata se quedó estática y observó cómo Naruto se perdía en la oscuridad de la casa. Ya no escuchaba a Sasuke y Sakura, sino el susurro que emitía su corazón al bombear rápidamente su sangre y repartiendo adrenalina por todo su cuerpo. Quería brincar, quería reír, quería gritar el nombre de su amado a los cuatro vientos, pero por ahora se rió despacio y volvió a la cama. Con eso ya podía decirse que ella tenía hecho un gran avance.
La frase de Ino "Me voy al amor" es similar a la que dijo la bailarina Isadora Duncan justo antes de morir ahorcada por su propia bufanda. Esa renombrada mujer era tan vanidosa como nuestra adorable rubia y por eso creí adecuado utilizarla en este capítulo. También me entró antojo de poner tintes NaruHina en honor a mi precioso kitsune que hoy cumple un año más de vida. ¡Es demasiado lindo como para ignorarlo! w
Ya saben que su reconocimiento es mi mayor recompensa. ¿Alguien se anima a echarme porras que me inciten a continuar? XDDD
Cuídense y nos vemos en la siguiente entrega.
¡Mata Kondo Ne!
Firey Girl Out.
