Tuve un rato largo de duelo, que se prolongó hasta el amanecer. Cuando era humana, solía sucederme algo con el sueño; me pasaba que yo podía dormirme destrozada de angustia por algún problema, por una situación, o lo que fuere, y cuando me despertaba, era como si ya lo hubiera digerido. Me despertaba habiendo aceptado el problema, resignada. A veces me dormía pensando en preguntas sin respuestas, y encontraba la repuesta en sueños. Siempre pensé que mi mente era un lugar casi físico, que en sueños yo podía recorrer y explorar…

Desde que me convertí en vampiro extrañé bastante mi mundo de sueños. Ya no puedo sumergirme en la inconsciencia cuando la realidad se vuelve insoportable. Y Tampoco puedo recluirme en mi mente para reorganizar mis pensamientos y contemplarlos desde otra perspectiva.

De algún modo, haber matado a una persona, por más que fuera un vampiro, un predador insaciable, y uno que me hubiera matado de haber tenido la oportunidad, era mucho más doloroso que nada que me hubiera sucedido hasta entonces. Una parte de mí estaba contenta de haber ganado, de haber vengado la muerte de Vivian, y otra parte no podía escaparle a la idea de que, ahora, yo era una asesina, igual que Victoria, igual que Laurent y James. Por otro lado, me aterraba lo que había sido capaz de hacer. No sabía muy bien cómo lo había hecho. Fue como un acto reflejo… No sé como explicarlo, fue… un deseo terrible. Como cuando uno desea desesperadamente algo; yo deseaba que no me viera todavía, porque sabía que de lo contrario estaba muerta.

Cerré los ojos, añorando dormir. Y pensé en los hermosos bosques de Forks, en su frondosa vegetación, y de repente abrí los ojos y vi lo más increíble que he visto en mi vida….

Estaba de pie en el bosque. El pasto era color verde esmeralda, la luz era brillante y dorada, y se dividía en pálidos arcoiris al tocar mi piel. Estaba descalza y tenía un pantalón de jean y una remera azul; mi pelo estaba largo y no sentía el flequillo contra la frente, como cuando vivía en Phoenix.

¿Dónde estaba? El clima no era el clima de Forks. El cielo era celeste y brillante y no había ninguna nube; el aire era cálido y a lo lejos se oía el canto de chicharras. Comencé a desplazarme con los pies descalzos sobre el pasto suave y fresco, y fui observando que la vegetación se hacía cada vez menos tupida, y el pasto comenzaba a escasear. Efectivamente, terminé llegando a una zona que reconocí como Arizona; era un parque de Phoenix llamado Japanese Garden.

Los colores de Arizona están marcados por la falta de agua; los árboles son de colores verdes desvaídos, la tierra de un marrón rojizo, el pasto es amarillento; todo parece mezclado con el amarillo casi histérico del sol. Mi ciudad natal en sí estaba pintada en una paleta de naranjas y marrones sólo interrumpida por los blancos de las casas y los colores metálicos de los rascacielos, y cuando otro color se asomaba era ahogado y camuflado rápidamente por los demás.

Yo conocía este parque, era hermoso, con su laguna y sus pequeños puentes de piedra.

En un banco del Parque estaba sentada mi mamá, con un vestido celeste. Me sonreía y me hacía gestos para que fuera con ella. Yo corrí a abrazarla, resplandeciendo en la luz del sol y reflejando arcoiris como un cristal gigante, y ella me recibió con los brazos abiertos.

Se río suavemente con la cara contra mi pelo, acariciándome.

-Te extrañé mucho.-le dije.

Ella siguió riendo mientras me abrazaba.

-Yo también, Bella.- dijo, y me acomodó a su lado, en el banco, como si fuera una niña pequeña. Me miraba sonriente. No parecía dolorida, por suerte, porque yo no deseaba verla dolorida. Yo sabía que mi desaparición debía haberla destruido, pero esta Reneé era joven, como cuando yo era pequeña; y tenía el rostro rosado y suave. Era hermosa con su pelo largo y su vestido celeste. Me dolía el corazón de sólo mirarla.

-¿Dónde estamos?- pregunté, sintiéndome muy pequeña a su lado. Ella me miró, aterrada.

-En el Japanese Garden. ¿No lo recuerdas? Dijimos que nos vendríamos aquí luego de que salieras de la Biblioteca.

Luego de que salieras de la Biblioteca…

Me miré las manos, y los pies descalzos, y noté que tenía los pantalones manchados de sangre, y la remerita azul. Ésta era la ropa que tenía cuando me atacaron; esta ropa tenía el último día que vi a mi madre; y ese último día íbamos a ir a pasear juntas. Claro que no llegué nunca a casa, y no pude recobrar la conciencia ni el dominio de mí hasta semanas después; y mi mamá había esperado sola…

-Mamá…

-Te estuve esperando.- dijo sencillamente.

-Oh, mamá.-lloriqueé.

Ella me abrazó con una sonrisa. A diferencia de mi vida real, podía llorar con lágrimas verdaderas y era maravilloso, porque ahora llorar era sentir picazón en los ojos y no poder producir más que unas infames gotas de veneno que humedecían las córneas provocando más ardor aún.

-En realidad, estamos en tu mente.-dijo la voz de mi mamá en un susurro ronco. Levanté la vista para mirarla, y estaba en brazos de Charlie, que me miraba con su bonachona cara llena de cariño. Ya no estaba sentada en el parque, sino que estaba de pie en la cocina de mi padre. Me sobresalté y me separé ligeramente de él.- Esto es un sueño.

-Eso es mentira, no puedo soñar.- le respondí.

-Está bien.- respondió dulcemente. Me alzó en brazos.- es hora de ir a la cama.

Yo asentí y me acurruqué contra su pecho. Subió las escaleras tarareando una canción de cuna; y me puso en la cama sin preocuparse de mi ropa ensangrentada, tapándome cariñosamente con las frazadas y cobijas llenas de puntillas que solía tejer mi abuela.

-Buenas noches, hija.- me dijo, dándome un torpe beso en el cachete.

-No te vayas papá.- le dije.

-No, volveré pronto, sólo voy a buscar algo. Espérame.

-Está bien.- accedí.- pero cuando vuelvas quiero que me cuentes un cuento.

-Bueno, te contaré el cuento del oso y el cazador…

-Está bien.- suspiré. Lo ví cruzar la puerta y me reacomodé perezosamente en mi cama. Cuando volví el rostro hacia la pared mi habitación había desaparecido; y estaba tendida en una silla hamaca en el porche de nuestra casa en Skowhegan, Maine. Podía ver las columnas sucias pintadas de blanco como si estuvieran allí, y las acaricié con un dedo para comprobar su rugosa textura. A lo lejos se veía el puente Swinging y el río Kennebec brillando como plata líquida en la noche. Era una noche fantástica, no había nubes y se veían perfectamente todas las estrellas gracias a la ausencia de luz artificial.

-Sabía que estarías aquí.

El sonido de su voz me dio ganas de llorar. Tenía una voz dulce y juvenil, pero un poco rasposa. Era una voz totalmente encantadora, y fue lo primero que me gustó de ella. Estaba sentada sobre la baranda del porche, y miraba las estrellas sin prestarme atención.

-Vivian…-susurré, y me levanté para acercarme.

-No, no soy Vivian, ella está muerta.- respondió suavemente, sin dejar de mirar el cielo.- Soy una simulación que forma tu mente en base a tus recuerdos de ella. Si me preguntas algo te responderé como tú crees que ella te respondería; me veo como tú la recuerdas, pero no soy ella.

-¿Una simulación¿Entonces Charlie tenía razón?

-Sí, estamos dentro de tu hermosa cabecita.-respondió, riendo durante un momento. Me acomodé sobre la baranda con ella. Estuvimos sentadas un rato largo sin decirnos nada. Vivian pateó una piedrecilla del suelo y la atajó en el aire.

-¡Orión!- dijo apuntando hacia la constelación de Orión. La piedra voló hacia las copas de unos árboles que estaban a unos sesenta metros. Mi amiga ahogó una risita.

-Dices que me responderías como si fueras Vivian.

-No, te respondería como tú crees que ella lo haría.

-Y eso… ¿sería una aproximación cercana a la realidad?

-Bastante. Estabas en sintonía con ella y eres una persona perceptiva. ¿Qué quieres preguntar?

-Muchas cosas… no sé.-balbuceé.- ¿Voy a volver a verte?

Vivian suspiró.

-Sabes que ni siquiera la verdadera Vivian podría responder eso.- respondió con tristeza.

-¿Estamos haciendo lo correcto?

-Nadie sabe jamás si está haciendo lo correcto.

-Pero… ¿qué harías tú?

-Yo confiaría en Manoel.-dijo en voz muy baja, mirando hacia el otro lado. La dulzura de su voz era imposible de ignorar.- Cuídalo bien.

-Lo haré.

Hubo otra larga pausa. Miré su perfil blanco y perfecto, y ella volvió a hablar.

-Todos los amigos de Manoel son mis amigos. Nunca se equivocó. Y, por otro lado, si yo fuera tú no sufriría más.- dijo, y me miró con sus ojos rojos. Tenía el pelo castaño claro y ondulado suelto sobre el hombro, y una expresión compasiva en la hermosa cara angulosa.- No puedes culparte por lo que pasó con Victoria y lo sabes.

-Lo sé, pero una parte de mí no quiere pensar así. No quiero… ser una asesina.- susurré, mirando de nuevo en dirección al río.

-Sí, me imaginaba.- murmuró.

Después de unos minutos de silencio, Vivian volvió a hablarme.

-Debes volver.

-¿A dónde?- pregunté, confundida.

-Debes despertar.

-No puedo dormir, no seas ridícula.

-¿Y qué piensas que estás haciendo?

-No lo sé, yo… estaba deseando poder dormir, porque así podía olvidar las cosas malas… y siempre me sirvió para, ya sabes, atar cabos sueltos…

-Y te refugiaste dentro de tu cabecita.- concluyó Vivian con ternura.

-No… yo…

-Vamos, Pequeña Isabella, no te queda mucho tiempo, y Manoel está por llamar al Doctor Cullen.

-¿Qué… cómo sabes…?

-Que tú no le prestes atención al mundo real no quiere decir que yo tampoco deba hacerlo.-sonrió.- Escúchame con atención; tu mente es tu refugio privado¿sí? Parece ser que puedes refugiarte en ella para que los demás no te vean, o que puedes perderte en ella para olvidar, como cuando dormías. Pero óyeme bien, todo lo que veas aquí está sólo dentro de tu mente. No vengas aquí para no enfrentar la realidad¿me oyes?

-Sí…

-Escucha, porque no vas a entender esto hasta más adelante; sé cuidadosa. Esta particularidad de tu mente te resultará muy tentadora, pues aquí puedes ser humana y ver a tus seres amados cuando quieras, pero sólo será un sueño, una mentira. No te quedes aquí más de lo necesario…

-Está bien.-respondí, en voz baja, y sintiendo que el porche y mi amiga se difuminaban.

-De cualquier modo, siempre estaré aquí para evitar que te pierdas.

-Vivian, gracias, yo…- dije.

Y de repente abrí los ojos y estaba acostada en la cama, y Manoel me miraba preocupado. Se abalanzó sobre mí en cuanto me vio consciente, murmurando incoherencias.

-¿Qué pasó?- pregunté, sintiéndome completamente despierta.

-No sé, era como si te hubieras…-dijo, refugiando la cara entre mis hombros, y se quedó sin aliento, horrorizado.

-Estaba soñando.- murmuré. Sentí que Manoel dejaba de acariciarme el pelo.

-¿Cómo?- preguntó.

-No lo vas a creer, pero estaba soñando…

-No… podemos… dormir…- musitó Manoel, que se había separado de mí para mirarme con el ceño fruncido.

-Mira… ¿escuchaste lo que le dije a Alice?

-¿Qué cosa?- Manoel tenía una expresión más aterrada a cada minuto.

-Que Victoria no podía verme. Estuve frente a ella y estaba pensando que no quería que ella me viera, y entonces ella pasaba delante de mí y no me veía… y Edward me dijo que no puede leerme la mente y ahora Vivian dice que mi mente es mi escondite y que puedo volver a esconderme en mi subconsciente, con mis sueños…

-¿Que te dijo… cómo entró… ella… en esta conversión?

-Soñé con ella…

-Pero no podemos soñar,- respondió desesperadamente Manoel. – a ver, espera, déjame que me calme.

Manoel tomó aire un par de veces, todavía mirándome con cara de terror. Me tocó la cara un par de veces, como para tomarme la temperatura o para verificar que yo estaba allí realmente.

-Dices que… ¿puedes explicarme de nuevo lo que dijiste hace un rato?- preguntó, con el semblante más compuesto.

-Según Edward, mi mente es un lugar inaccesible, pero parece que yo puedo refugiarme allí.- expliqué.- Tienen la teoría de que yo me escondí allí, y recién parece que me refugié dentro de mi mente de nuevo, sólo que de otra manera…

-Ah.- respondió mi hermano. Estaba esforzándose por pretender que entendía y que la situación no le ponía los pelos de punta.- Y… hablaste de…

-Bueno, fue como un sueño. Vi a Charlie y a Reneé, y luego a Vivian. Ella me explicó que puedo soñar, puedo meterme en mi mente para refugiarme de la realidad, o para… dijo algo de explorar, creo. Peor dijo que nada de lo que había allí era real, como los sueños. Soñé con ella y me explicó lo que pasaba y creo que tenía razón.

-Pero… ella misma te dijo que nada era real…

-Sí. Pero tú no entiendes. Yo siempre soñaba con mis problemas y podía encontrar soluciones mientras soñaba.

-Nunca me habías contado eso.

-Es que no sueño desde que te conocí.

Manoel se recostó a mi lado, apoyando la cabeza en mi hombro.

-Wow.- dijo.

-Sí.

Lo dejé reposar un rato, conociéndolo como lo conozco sabía que iba a necesitar un buen rato para procesar esto. Cuando pareció haber reflexionado y estaba más calmado, le pregunté qué íbamos a hacer en el día.

-Eso depende.- comenzó.- ¿Estás mejor?- preguntó, con un poco de ansiedad.

-Sí. No voy a lamentarme más. Me siento muy mal por lo que tuve que hacer, igual. Pero voy a estar bien.-

-Bueno. ¿Lista para retomar la búsqueda?- me preguntó.

-Sí.

-Perfecto, porque tenemos que salir de aquí.

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Bueno, qué les pareció? Les mando muchos besos a todos: karyta34, PatsyBlack, ady-maniquis, nonblondes, y Lia Du Black.