Capítulo 9.

- ¿Cómo que rompiste fuente? – la expresión en el rostro era de puro miedo.

Maya lo miro con miedo, había oído sobre los partos tantas veces, y siendo sinceros ella no estaba preparada para ello.

- Creo que ya viene, siento la cama mojada – explico ella tratando de tranquilizarse.

- Pero si aún faltan varios días, no puede ser que nazca ahora.

- Díselo a él, vamos, ayúdame a levantarme – lo siguiente que Maya sintió después de esa frase fue un fuerte dolor que la tuvo gritando como una fiera en menos de dos segundos.

- ¿Maya? – pregunto Lucas levantándose de la cama.

- DEFINITIVAMENTE EL BEBÉ YA VIENE – grito ella con el rostro rojo por el dolor.

- Cálmate, le avisaré a mamá.

- Dame primero mi ropa, no llegare en pijama al hospital – dijo ella tirando de su pantalón.

Lucas agarro un vestido verde y se lo lanzo antes de salir corriendo de la habitación en busca de sus padres.

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- Lucas, necesitas tranquilizarte hijo, con esa velocidad nos mataras a todos – le dijo Lizzie desde el asiento trasero.

Lucas miro por el espejo retrovisor a las dos mujeres. Maya se retorcía de dolor y su madre le sostenía la mano con fuerza.

Cuando llegaron cerca del semáforo, este se puso rojo haciendo refunfuñar a Lucas.

- Lucas – grito Maya.

- ¿Qué sucede? – pregunte él girándose hacia ellas.

- Te amo Lucas – murmuro ella mirándolo directamente a los ojos.

Y allí él lo sintió, en ese instante, esa chispa de luz que se sentía cuando amabas a una persona, aquella que te hacía sentir ese calorcito en el vientre, y que hacía que se te hinchara el pecho de emoción.

- Yo también te amo, cariño.

Y de repente todo se volvió en cámara lenta.

Lo primero que Lucas vio fue el auto viniendo hacía ellos, lo siguiente que sintió fue el impacto, y lo siguiente, el grito de las dos mujeres. No era un grito abrumador, era un grito que salía de la parte frontal de la garganta y que se quedaba atascado allí, en medio de la situación que se había quedado entre escombros.

Lucas abrió los ojos luego de varios minutos y se sintió morir, o por lo menos su cuerpo lo sentía morir. Intento moverse pero la cabeza le daba vueltas.

- Maya – grito.

Fue en ese momento que se dio cuenta de que su cabeza colgaba hacía abajo. El rostro de Maya estaba blanco, y una línea roja corría por su cuello. La llamo varias veces pero ella no respondió.

- Mamá, mamá – la señora Friar reacciono rápidamente sobresaltándose en el proceso.

Los ojos de Lucas se encontraron con los de su madre. Lucas la miro con desesperación, intentando luchar con lágrimas que querían salir.

- Mamá ¿Estas herida? – pregunto mientras trataba de estirar su mano para tocarla.

- No, solo me duele la cabeza – murmuro ella mientras se inspeccionaba a sí misma.

- ¿Puedes tratar de despertar a Maya? Yo intentare soltarme.

Lucas trato de mover su brazo intentando sacar el cinturón de seguridad pero un dolor punzante lo hizo gritar. Toda su cabeza dolía, y si estaba en lo correcto no tardaría en desmayarse.

- No responde Lucas ¿Qué hago? – la voz desesperada de Lizzie sonó a los lejos.

- Mamá no me estoy sintiendo muy bien.

- ¿Qué sucede? Lucas, Lucas, despierta…

Los ojos de Lucas se sintieron cada vez más pesados mientras oía la voz de su madre a los lejos. Intento moverse pero cada vez era peor, sus ojos ya no lo soportaron y finalmente quedo inconsciente

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- Lucas, Lucas, hijo, despierta. ¡Por Dios Lucas, despierta ahora mismo! – los reclamos de su madre se hicieron más fuertes a la par que él despertaba.

Cuando los ojos de Lucas se abrieron la mirada de su madre fue lo único que encontró.

- ¿Mamá? – pregunto frotándose los ojos.

- No puedo creerlo, ya veo porque la pobre de Maya finalmente te dejo, no sé cómo te aguanto tanto – las cortinas se abrieron dándole con el sol directamente en el rostro.

- ¿Dónde está? ¿Está bien?

- Ahora seguro lo está. Lucas, yo no crie a esta persona, por favor, dime como ayudarte – dijo con suplica la mujer mirándolo con sincera preocupación.

- Yo…- la voz de Lucas se perdió entre los miles de pensamientos que empezaron a agolparse en su mente.

Todo lo que había vivido en los últimos meses, todo aquello se evaporo, estaba de vuelta en casa, y se sentía el ser más desdichado del mundo. Los recuerdos de Maya inconsciente, su bebé, su familia.

- ¿Lucas? ¿Estás bien? – pregunto su madre.

- Sí, yo solo…

- Cariño, te estás poniendo muy pálido.

- Solo necesito salir por un poco de aire, gracias por cuidarme, y te amo mucho mamá – le dio un beso en la frente a su madre antes de tomar una sudadera negra y bajar del edificio dejándola totalmente confundida.

El predio de Lucas seguía siendo el mismo de siempre, las mismas personas, los mismos árboles, la misma vecina agradable que le daba galletas cada lunes, los mismos pasillos, pero Lucas ya no era él mismo. Toda su perspectiva de vida giraba en torno a Maya, o al menos su mente, que no podía evitar pensar en ella.

- Hola ¿Puede darme un café por favor?

- ¿Con azúcar o crema?

- Solo café, y unas donas por favor – la mujer asintió y se alejó de la mesa.

Lucas saco su teléfono de su bolsillo y miro la hora, eran las nueve de la mañana y ni siquiera podía recordar lo que debía hacer ese día. Era sábado y lo único que recordaba era que Maya se había ido el día anterior.

- ¿Hola? ¿Lola? – llamo a su secretaria.

- Buenos días señor Friar ¿necesita algo? – pregunto la voz adormilada de la joven mujer.

- Siento despertarte pero necesito que me cuentes que tareas tengo asignadas para el lunes y yo… - un destello del rostro de Maya mirándolo lo interrumpió.

- ¿Maya? – pregunto él confundido.

- ¿Señor Friar? ¿Sigue ahí?

- Lo siento, yo me tomare un par de vacaciones, volveré el lunes.

- ¿Este lunes?

- No, creo que necesitare más que dos días, pásame por correo las cosas más importantes, pero solo lo esencial. Salgo ahora mismo.

- ¿Puedo saber a dónde va? No creo que su padre este muy contento – murmuro ella.

- Dile que fui a encontrar mi felicidad.

- Eso se oye muy optimista señor.

- Lo sé, nos vemos – Lucas colgó y se levantó de la mesa de la cafetería.

- Señor, su pedido – lo llamo la mesera con la bandeja.

- Tome, dé la comida a alguien que lo necesite – sentencio él pasándole un billete para pagar la cuenta.

La mujer lo miro confundida pero Lucas no se quedó a explicar. Volvió a su departamento y recogió lo necesario, iría al aeropuerto a buscar a Maya, no podía perderla, ya no más.

- Primero tengo que terminar esto – susurro para sí mismo mirándola la fotografía de Riley sobre la mesa.