BEWARE THE FROZEN HEART
CAPITULO 9
Olaf estaba de pie entre la desmayada Elsa y la mujer que había aparecido a su lado, en un inocente pero tonto intento por proteger a la joven. La mujer que se hacía llamar Reina de las Nieves, paseó alrededor de la habitación, mirando a su alrededor, sin que Olaf se moviera. Tras unos minutos, Elsa volvió en sí.
-Mmm… ¿qué pasó?- murmuró Elsa, llevándose su mano a la cabeza. Se incorporó, quedando arrodillada sobre el suelo de hielo. La otra mujer se dio cuenta de sus movimientos, y se volvió a ella.
-Aléjate de Elsa- dijo Olaf al notar que la mujer caminaba hacia ellos.
Con un gesto de su mano, la mujer mandó a un lado a Olaf, quien se estrelló contra la pared de la habitación.
-¡Olaf!- exclamó Elsa, estirando debilmente la mano hacia donde se había estrellado el muñeco de nieve, con nube y todo.
La mujer se puso en cuchillas, para quedar a la misma altura de Elsa. La tomó por la barbilla y la miró fijamente. La obligo a mover la cabeza de un lado a otro mientras inspeccionaba el rostro de la joven.
-¿Qué haces?- dijo Elsa, cansada y confundida.
-Sí, entonces eres tu- dijo la mujer- te dije que no podrías detenerme por más que quisieras. Y aquí estoy por fin- soltó la barbilla de Elsa y se levantó, para darle la espalda y dirigirse a la ventana- la verdadera reina de Arendelle por fin volvió…-
Elsa frunció el entrecejo.
-Yo soy la reina de Arendelle, no tú- declaró Elsa. Trató de levantarse, pero sus brazos no tenían la suficiente fuerza. Olaf, ya rearmado, se apresuró al lado de Elsa de inmediato- ¿quién eres tú?-
La mujer se puso de pie frente a Elsa.
-Yo soy tú, Elsa- dijo la mujer- yo soy tu yo malvado, que gracias a un conjuro por fin estoy libre de tu débil y patético corazón. Y con todos tus poderes también…-
Elsa miró sus manos, e intentó producir algo de nieve, en vano. Un pequeño copo se formó en su palma y se derritió casi de inmediato. La mujer, mientras tanto, produjo sin esfuerzo cientos de copos a su alrededor.
-No es posible…- dijo Elsa, mirándola incrédulamente.
-Eso no se hace- intervino Olaf- devuélvele sus poderes a Elsa, Otra Elsa-
-¿Otra Elsa?- rió la mujer, y por fin puso atención en el pequeño muñeco de nieve- me acuerdo muy bien de ti, gusano insignificante. Fue por tu culpa que no me pude liberar antes. Haré lo que Elsa debió haber hecho hace tiempo…-
Elsa empujó a Olaf detrás de ella, un tanto de manera protectora, pero no fue suficiente. La malvada mujer señaló la nube sobre la cabeza de Olaf y, con un rápido movimiento, la hizo desaparecer, provocando que el muñeco de nieve comenzara a derretirse.
-¡Olaf!- gritó Elsa, juntando sus manos e intentando rehacer la nube sin éxito- ¡por favor, Olaf, no te derritas…! No debí traerte…-
-Exacto- dijo la mujer- no debiste-
-No le hagas caso, Elsa, y recuerda- dijo Olaf, con la nariz de zanahoria ya en el suelo- hay gente por quien vale la pena derretirse…-
-No, no, tú no te derritas, Olaf- dijo Elsa. Estiró su mano y tomó la cabeza de Olaf, y éste dejó de derretirse y recuperó su forma original- no quiero perderte-
-¡Elsa!¡Me salvaste!- exclamó Olaf. Elsa lo miró sorprendida. La otra mujer hizo una mueca.
-Vaya, veo que conservaste una pequeña, infinitesimal parte de tus poderes- dijo la malvada mujer- mejor así, será divertido ver que decides hacer con la última pizca de tus poderes. ¿Escapar? Pero eso significaría perder al muñeco de nieve. ¿Mantenerlo sin derretirse? No durará para siempre. Opciones, opciones…-
Elsa frunció el entrecejo. Si era cierto, que solo le quedaba una pizca de sus poderes, tenía que meditar en que los iba a utilizar. No podía abandonar a Olaf. Pero sabía que no podría resistir mucho tiempo.
Mientras Elsa pensaba, la mujer comenzó a usar sus poderes, lanzando rayos de hielo a los lados de Elsa y Olaf. Antes de que pudieran moverse, la mujer creó una jaula de hielo en la que Elsa quedó encerrada, solo pudiendo sacar de ella su mano para seguir tocando a Olaf y evitar que se derrita.
-¿Qué…?-
-Quédate quieta, Elsa- dijo la mujer, levantando la vista- parece que tengo visitas en mi palacio, de las que me tengo que deshacer…-
"Oh, no" pensó Elsa "¿habrá venido Hans?"
-Deja ir a Elsa, Otra Elsa- dijo Olaf.
La mujer se detuvo por un segundo, y se echó a reír.
-No soy Otra Elsa- dijo la mujer- mi nombre será Evilyn-
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Hans llegó a la montaña norte cuando estaba a punto de amanecer. El palacio de hielo brillaba en la oscuridad de la madrugada. Hans reconoció el color del palacio: recordaba muy bien como el hielo se había vuelto de rojo a amarillo cuando los hombres del duque la atacaron, y dejó de tenerles miedo y se enojó con ellos para atacarlos. Sabía que ese color significaba que Elsa estaba enojada.
-Elsa…- susurró.
Hans se acercó, y Marshmellow apareció enfrente de él, impidiéndole el paso.
-Oh, no, tu otra vez, gigantesco cabeza de nieve- dijo Hans, poniendo los ojos en blanco, molesto- ¡hazte un lado! Es importante…-
-Elsa dijo no dejar pasar a nadie- gruñó Marshmellow.
Hans se aferró a las riendas de Sitrón aprehensivamente.
-¡Esto es una emergencia!- dijo Hans- Elsa puede estar en peligro. Déjame pasar-
-Elsa dijo NADIEEEEEE- gritó Marshmellow, haciendo pasar su garra muy cerca de donde se encontraban Hans y Sitron.
Hans evaluó la situación, apretando las riendas de Sitron en sus manos. Podría esquivar a Marshmellow por la fuerza y entrar al palacio. ¿Elsa se enojaría con él por haberla desobedecido? No. Tenía que avisarle que John había salido hacia el castillo de hielo. Ahora que lo pensaba, ¿que tramaba John, quedándose en Arendelle y siguiendo a Elsa? Hans frunció el entrecejo. Si se atrevía ponerle un dedo encima…
-Espero que ese John…- comenzó a decir Hans, cuando de repente fue interrumpido.
-¿Me hablas, Hans?- el príncipe de las Islas del Sur escuchó la voz de su supuesto amigo.
Cuando Hans, sorprendido, se volvió al escucharlo, John lo estaba esperando, montado en el caballo que había robado de los establos de Arendelle. Antes de que Hans pudiera hacer o decir algo, John lo golpeó en la sien con el mango de su espada, dejándolo inconsciente.
-Lo lamento, querido amigo- dijo John con una sonrisa maliciosa- no puedo permitir que interfieras con la transformación de Reina de las Nieves-
Hans cayó hacia delante, sobre la crin de Sitron. John tomó al caballo por las riendas, lo obligó a darse la vuelta y le dio un latigazo, haciéndolo correr de regreso hacia Arendelle.
-Hasta pronto, Hans- dijo el hombre mientras Hans y Sitron se alejaban.
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Regina se acercó dudosa al balcón del palacio, desde donde sabía que la verían todos sus súbditos. Miró el suelo con tristeza. Todo su esfuerzo, todo el sufriendo de su padre para nada. Gruesas lágrimas caían por sus mejillas, imaginando lo decepcionado que estaría su padre de ella.
-Vamos, basta ya- dijo Mahaut- no parece que estas dejándolo voluntariamente-
-No lo hago- dijo Regina- me están amenazando… el pueblo de Dinamarca se dará cuenta, y se revelará contra ustedes-
-Solo limítate a hacer lo que acordamos- le dijo Mormoth bruscamente- y tu querido Bastian no saldrá lastimado…-
Regina le lanzó una mirada molesta pero astuta, y les dio la espalda. Mahaut y Michael se acercaron a Mormoth.
-Estaba pensando, quizá Regina tiene razón- dijo Michael, mientras los hermanos lo miraron interrogantes- ella no se ve nada convencida, y el pueblo no es tonto, sabrá que la obligaste y pronto tendrás una rebelión…-
Mormoth frunció el entrecejo.
-¿Quieres decir que abortemos el plan?- dijo Mormoth- porque ni creas que…-
-No, espera- dijo Mahaut- quizá podemos planear esto diferente- se volvió para asegurarse que Regina no la escuchara- hagamos esto: Regina anunciará que ella y tu hicieron las pases. Eso podrá explicar sus lagrimas y mocos. Y anunciará también que te convertirá en el comandante de su ejército después de la "lamentable traición" de Bastian Müller. Podemos inventar que espió para la reina de Arendelle o algo así-
-¿Y ella seguirá siendo reina?- dijo Mormoth, no muy convencido.
-Por ahora- dijo Mahaut- con el ejército me apoyarás en la toma de Arendelle. Una vez que terminemos con ese patético reino, confinaremos a Regina a una habitación y soltaremos el rumor de que está enferma. Poco a poco la haremos hacer desaparecer de la vista de la gente hasta que se olviden de ella, y de pronto, la eliminamos y te conviertes en el nuevo rey-
Mormoth no estaba seguro, pero tenía que admitir que eso minimizaba cualquier posibilidad de rebelión en su contra o a favor de Regina. Michael hizo una seña y los guardias acercaron a la joven reina a ellos.
-¿Y ahora…?- comenzó Regina.
-Cambio de planes, querida- dijo Mormoth- escucha con atención.
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Anna estaba casi arrancándose las trenzas, al tomar la responsabilidad del reino de Elsa. No entendía a que hora su hermana había aprendido a hacer tantas cosas administrativas. Todo le parecía mortalmente aburrido, y sin importar lo que le dijeran Kristoff o Kai, Anna no podía avanzar. Más aún, comenzó a enfurruñarse por la repentina ausencia de Hans desde la noche anterior.
-Se supone que iba a ayudar- dijo Anna, inflando los cachetes, enojada.
-Kai dijo que salió por un asunto importante- dijo Kristoff a su vez.
Antes de que Anna pudiera decir algo, Kai y Gerda entraron precipitadamente al estudio. El rubio y la pelirroja los miraron. Parecían agitados, como si acabaran de correr muchísimo.
-Sus altezas- dijo Kai, intentando recuperar el aliento- hay algo que deben ver con carácter urgente-
Kristoff y Anna se levantaron precipitadamente y corrieron hacia donde Kai los guió, que sorprendentemente era la habitación de Hans. Anna hizo una mueca, y Kristoff frunció el entrecejo sin entender que era lo que pasaba.
-¿Pero que…?- comenzó Anna, pero Kai la ignoró. Abrió la puerta, para asombro de ambos.
Hans estaba tirado en la cama, siendo atendido por un guardia y una mujer que limpiaba una herida sangrante que tenía en la cabeza. Parecía agotado, y frío. Y un copo de nieve se encontraba entrelazado en uno de sus mechones pelirrojos.
-Fue a la montaña norte con Elsa- dijo Anna en un susurró.
"¿Lo habrá lastimado ella?", se preguntó Anna "¡Elsa no podrá vivir con ella misma si es que así fue!"
-¡Hans!- exclamó Kristoff casi al mismo tiempo que Anna susurraba. Se volvió a Kai- ¿qué sucedió?¿cómo…?-
-Lo encontramos sobre su caballo merodeando junto a la puerta del palacio- dijo el mayordomo- el príncipe estaba ya inconsciente y con esa horrible herida en la cabeza. Parecía como si viniera de las montañas…-
Anna se sorprendió, y se dejó caer en el sillón junto a la cama del príncipe. Todo parecía indicar que fue Elsa quien lastimó a Hans. ¿Tendría hielo en su cabeza? Quizá debían llevarlo con los trolls.
"Pobre Elsa…", pensó Anna.
No pasó mucho tiempo para que Hans despertara, quejándose de un fuerte dolor de cabeza.
-Auch…- murmuró molesto el príncipe de las Islas del Sur- ¿qué fue lo que…?-
-Tranquilo, Hans, estás a salvo- dijo Kristoff, intentando tranquilizar al pelirrojo- te encontraron desmayado sobre tu caballo y te trajeron aquí. ¿Te sientes bien?¿Qué fue lo que pasó?-
Hans se frotó la cabeza, y de pronto recordó. Se levantó de golpe, pero el golpe lo hizo marearse, lo que lo obligó a volverse a acostar.
-Tranquilo, Hans- dijo Kristoff, ayudándolo- mejor dinos que sucedió. ¿Elsa te…?-
-John- dijo Hans entre dientes- John robó un caballo y se dirigía a la montaña norte. Como temí que tuviera malas intenciones hacia Elsa, lo seguí, pero el muy malvado me atacó por la espalda…-
Anna se levantó del sillón de golpe. ¡Elsa estaba en peligro!
-¿Qué estamos esperando?- dijo Anna- si Elsa está en peligro, hay que ir a ayudarla-
Kristoff la miró, dudoso.
-Anna, Elsa nos dijo muy específicamente que no fuéramos- dijo Kristoff- que nos podía lastimar-
-Pero es diferente, Kristoff- dijo Anna- un intruso como John puede aprovechar que está sola, y con lo escurridizo que parece ser…-
-No está sola- dijo Hans- aún está Marshmellow cuidando el castillo y no me dejó pasar-
-Y también está Olaf- dijo Kristoff.
Anna se cruzó de brazos, furiosa. Necesitaba asegurarse de que su hermana estuviera bien, que John no hubiera sobrepasado a Marshmellow como pudo hacer Hans durante la gran Nevada. Sobre todo con lo escurridizo que parecía ese John.
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Tras dar su discurso en el cual afirmaba que Mormoth y ella habían hecho las paces, y que su primo sería el nuevo comandante del ejército, Regina fue conducida a su habitación. Michael vigiló con cuidado la operación: sabía que no sobraba ser cuidadoso.
-Ahora quédate muy quieta, Regina, por el bien de tu Bastian- dijo Michael con una sonrisa malvada, una vez que los dos soldados la dejaron caer sobre un sillón en su habitación- cualquier intento de escapar nos enteraremos, y nos encargaremos de darle su merecido. Mahaut y yo tenemos un asunto pendiente, tomando el reino de Arendelle-
Regina no respondió ni se movió. Estaba destrozada de haber dicho lo que fue obligada a decir. Que Bastian había sido un traidor, que había espiado de parte de la reina Elsa de Arendelle y había intentado derrocarla para convertirse en reina de Dinamarca también. Que afortunadamente Mormoth lo había detenido y capturado. Que era necesario poner en su lugar a la malvada reina de Arendelle. Regina se limpió las lágrimas con el dorso de su mano.
Un par de ojos observaban a la joven reina con atención, detrás de uno de los muros. Bernard. Suspiró y entró con un vaso con agua. Regina no se movió.
-Regina- dijo Bernard entre dientes, en un susurro casi imperceptible- bebe solo agua. No bebas nada más de lo que te den. Escuché decir a Mormoth que planean poner la sustancia que le dieron a Bastian en todo lo que bebas para mantenerte quieta e inconsciente. Toma un sorbo si entendiste lo que dije-
Como respuesta, Regina tomó el vaso de agua y dio un sorbo.
-No te preocupes por Bastian, iré a asegurarme de que esté bien- continuó susurrando Bernard, fingiendo recoger los vasos sucios que se encontraban sobre la mesa y colocarlos sobre su bandeja- te traeré noticias. Recuerda que no estás sola-
Bernard se inclinó y se retiró, bajo las miradas carentes de sospecha de los guardias de la habitación. Regina se tranquilizó. Sabía que Bernard la ayudaría. Sabía que los sirvientes estaban de su lado y sabían la verdad. Solo esperaba que eso fuera suficiente.
x-x-x
Elsa continuaba con su mano estirada, fuera de los barrotes de su pequeña jaula, en la que apenas cabía sentada o de rodillas, luchando por no soltar a Olaf.
-Elsa, no puedes seguir así para siempre- dijo Olaf tristemente- tienes que dejarme ir-
-No, nunca- dijo Elsa, intentando no llorar. No tenía miedo de Evilyn, solo tenía miedo de perder a su Olaf.
-Elsa, te digo que…- comenzó Olaf, pero no terminó. Una risa fría y cruel se escuchó detrás de ellos. Elsa volvió su cabeza con esfuerzo y frunció el entrecejo. Evilyn había regresado.
La malvada mujer, la réplica malvada de Elsa, caminó alrededor de la jaula con una sonrisa perversa.
-Parece que alguien ahuyentó a tus visitantes, Elsa- dijo Evilyn- menos mal que tu guardián de nieve los alejó de aquí. Si hubieran podido entrar, les aguardaría un destino mucho peor que la muerte…-
Elsa la miró molesta.
-¿Qué es lo que quieres, Evilyn?- demandó saber Elsa.
-Solo un par de cosas- dijo Evilyn- quiero tu reino. Quiero congelar a tus seres queridos. Solo eso…-
-¡Déjame ir!- dijo Elsa, furiosa.
-Oh, Elsa, mira como terminaste por no poder controlar tus emociones- dijo Evilyn- perdiste tus poderes, y ahora perderás a tu muñeco de nieve-
Elsa frunció el entrecejo, y vio a Evilyn rodearla de una vez y colocarse justo frente a ella, justo donde su brazo izquierdo sobresalía de la jaula para seguir tocando a Olaf. Con total malicia, Evylin comenzó a empujar con su pierna la mano de Elsa, obligándola a poco a poco separarla del cuerpo de Olaf.
-¡No, detente! ¡Por favor!- gritó Elsa, poniéndose de rodillas y estirándose para no perder a Olaf- ¡no me hagas soltarlo!¡Olaf!-
Elsa se aferró al muñeco de nieve, hundiendo sus dedos en uno de sus pies. Cruelmente, Evilyn siguió empujando su mano hasta obligar a Elsa a soltarlo por completo. Una vez que lo logró, con sus poderes empujó la jaula, con Elsa dentro de ella, a varios metros de distancia de Olaf, quien siguió derritiéndose lentamente.
-¡No!¡Olaf!- gritó Elsa con lágrimas en los ojos.
-No te pongas triste, Elsa, no es una despedida- dijo Olaf, su nariz ya en el suelo y sus piernas completamente derretidas- yo soy parte de ti, siempre viviré dentro de ti- Olaf sonrió con lo que le quedaba de boca- te quiero, Elsa, te quiero mamá-
Elsa quiso gritar, pero la voz no salió de su garganta. Solo pudo oír junto a ella la risa malvada de Evilyn, mientras Olaf se convertía en un pequeño charco de agua.
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¡Hola! Perdón por detenerme aquí. Espero que les esté gustando ahora ahora. Muchas gracias por sus reviews, y nos seguimos leyendo.
Abby L.
