WALKIN' ALL DAY WITH MY MIND ON FIRE, I CAN'T STOP THINKING OF YOU

...

Sentía el frío. No el frío de la nieve que pisaba con sus botas, tampoco el frío del aire que inhalaba —aunque también influían—. Sentía el frío que emanaba de Craig Tucker. Sentía el frío que él mismo traía consigo. ¿Craig también tendría esa horrible sensación en el estómago?

—Dijiste que todo iba a ser igual, que nada iba a cambiar.

Eso no era lo que quería escuchar, pero al menos el silencio estaba roto, cosa que ayudaba bastante a sus nervios.

—Nada ha cambiado —respondió tratando de creer su propia mentira.

—Hasta Clyde lo notó.

No resultó. ¿Debería sincerarse? ¿Debería decirle que aquella revelación le había llegado como una bofetada helada? ¿Que se sentía inestable desde que rechazó su beso?

—Mira, Craig —Sonaba a buen inicio—. Pretender que nada pasó me está resultando más difícil de lo que esperaba.

—¿Por qué?

—Porque sí y ya... P-pero lo estoy intentando.

—Te incomoda.

No era exactamente eso, incomodidad, era más como la sensación de que perdía lentamente algo importante para él; ya no sentía que pudiese contar con Craig, no era nada en contra de sus sentimientos, era por protegerlo. No quería que su amigo sufriera por su culpa y ahora sentía que tenía la obligación de seleccionar mejor los temas de conversación para no herirlo. Por ejemplo, no podía hablarle de Rebecca, eso sería doloroso.

—No me incomoda.

—Claro que te incomoda.

—No es eso. Es sólo que... Es raro para mí.

—Chris no te incomoda.

—Chris no es mi amigo.

—Entonces sí te incomoda.

Demonios.

Paréntesis.

—Puedo dejarte de hablar si quieres.

¿Qué?

—¡No! ¡No es eso lo que quiero!

Craig era su amigo y, si tuviera más amigos, caería en categoría de mejor amigo. Claro que no quería que se alejaran por culpa de algo como aquello.

El azabache no respondió.

—... A menos que tú prefieras dejar de hablarme —murmuró Tweek.

El muchacho lo miró y luego rio.

—Como si quisiera dejar de hablarte.

Algo dentro de él le produjo una cálida sensación. Realmente quería mantener esa amistad. Dejó ver una sonrisa de lado.

De pronto notó que Craig guardaba cierta distancia que le provocaba tristeza. En serio quería que las cosas volvieran a ser como antes, no un par de días atrás, varias semanas, quería retomar aquel tiempo en el que no había sueños extraños, en el que Craig le hablaba de manera normal, en el que él no tenía miedo de hablarle... Y todo cobró sentido en su mente. Todas las reacciones de Tucker tenían su razón. ¿Cuánto tiempo llevaría su amigo sintiendo eso? ¡Y él pensaba que hablaba de Wendy!

Pronto la puerta de madera de su casa se alzó frente a ellos y Tweek rebuscó entre sus bolsillos la llave para abrirla. Le invitó a pasar. Craig le miró y negó con la cabeza. Dolía. ¿En serio estaba perdiendo a su amigo y no había nada que pudiera hacer para evitarlo?

—Craig, lo siento —dijo por fin—. Déjame i-intentarlo otra vez. ¿Sí? Yo también quiero que todo sea como antes.

Craig asintió y posó los ojos en la nieve.

El rubio entró juntando la puerta tras de sí y corrió escaleras arriba a buscar las cosas del muchacho. En realidad, pudo haberle llevado las prendas a casa de Clyde, pero había almacenado la esperanza de poder hablar a solas con el azabache. Lamentablemente, no logró hacerle pasar, que era lo que más deseaba. Anhelaba darle una taza llena de café humeante y dejar las cosas claras. Decirle que no quería separarse de él, pero que no quería lastimarlo. Quería decirle que era importante para él tenerlo cerca. Quería decirle que se sentía agradecido por todo lo que había hecho. Que era su mejor amigo. Pero a la vez no sentía las fuerzas de poder modular todo eso. ¿Le haría sentir peor? Dios, esto es tan frustrante.

Dedicándole una mirada triste, le entregó sus pertenencias. ¿Le diría?

—¿Craig?

—¿Qué?

No podía. No se atrevía.

—Nada.

—Bien.

Dio media vuelta, hizo un gesto de despedida con la mano y Tweek le vio distanciarse hasta perderse en la esquina de la calle, sin mirar atrás, avanzando lento y quedo. Recién ahí cerró la puerta y se dejó caer en ella.

La vida se tornaba tan difícil ahora y antes se veía tan simple…

Saludó y despidió a sus padres, subió los escalones al segundo piso casi sin energía y se preparó para terminar su día. De pronto la pantalla de su celular se iluminó atacando sus ojos en medio de la oscuridad de su cuarto.

Clyde te ha añadido al grupo "Bros", leyó.

Algo saltó dentro de su pecho y lo entendió. Acaba de pasar a formar parte del grupo. Ahora era uno más. Se sentía uno más. Pero… Craig…

Dejó que sus párpados se cerraran y se sumió en la imagen invernal del bosque nevado.

Los fuegos artificiales no eran lo suyo.

Debía admitir que los colores le fascinaban y encontraba que las figuras eran totalmente encantadoras, pero aquella explosión con ese ensordecedor estruendo… No. Él no estaba hecho para disfrutar de un espectáculo pirotécnico. Pero a nadie en casa parecía importarle, lo cual era bastante molesto. Le había suplicado a su madre que no le llevaran a ver la función de año nuevo, mas no obtuvo lo que quería. La mujer se rio de él enternecida y le acarició el cabello como si fuera un niño pequeño, cosa que le hizo sentir patético. Eso le fastidió bastante.

Ya era medianoche. Recibió el abrazo de sus progenitores y de un par de amigos de la familia. No estaba feliz. Tanta gente junta le producía ansiedad, así que decidió apartarse del grupo apenas tragó toda la champaña con el helado de piña y hubo triturado las doce uvas verdes de la suerte. Se atoró cuando contaba el mes de julio y, a pesar de no considerarse supersticioso, no pudo evitar detenerse a pensar en qué clase de tragedias le esperarían aquel mes antes de continuar con las siguientes frutas. Sí, en realidad sí era supersticioso.

Caminó rodeando la multitud, sabiendo que ponerse audífonos no tenía sentido gracias al sonido de los estallidos, pero de todas formas haciéndolo. Se dirigió hacia las rejas de una construcción y se encaramó en ella. Observó las chispas cayendo del cielo.

—¿Tweek?

Esa voz…

—¿Rebecca?

Giró la cabeza buscando a la muchacha de cabellos castaños.

—Ha pasado un tiempo —dijo escalando la cerca de malla metálica.

El rubio le tendió la mano.

—Sí… Pensé que saldrías de South Park.

—Siento no haberte hablado ni por mensaje. —Se disculpó Rebecca.

—Yo tampoco lo hice, perdón. He estado algo... Han pasado muchas cosas, ¿sabes?

—¿Hay algo de lo que quieras hablar?

La chica le miraba con los ojos brillantes, expectante.

—No. Prefiero no arruinar el reencuentro —Sonrió.

—Está bien. —Replicó—. ¿Traes tu cámara?

—No.

—¿Oh? ¿Y eso? ¿Los fuegos artificiales no son lo suficientemente buenos para ti? —Rio.

—No, me temo que no —respondió sonriendo una vez más.

Tras un rato de charla y nuevas historias en Instagram con el cielo inundado en colores y polvo blanquecino, sintió la mano de Rebecca sobre la suya. Entrelazó sus dedos y permitió que la muchacha se acercara a su rostro.

El pulso descontrolado de Craig palpitando contra su pecho.

La respiración de Craig rozando su rostro.

Los labios temblorosos de Craig pidiéndole que olvidara.

El sueño. Los sueños.

De pronto todo se mezcló en su mente.

—Yo… —Interrumpió el beso.

La castaña le miró alarmada.

—No me siento muy bien —se excusó.

—¿Te duele algo?

La angustia se notaba en la voz de Rebecca.

—La cabeza… Estoy algo mareado. Año nuevo no es para mí, creo.

La chica le dedicó una breve sonrisa, apretó su mano acariciándola y sugirió que bajaran a tierra firme. Bajaron.

¿Qué demonios hacía Craig en su mente en un momento como ese? Maldita sea. Simplemente no podía olvidar. Las cosas no volverían a ser como antes por más que lo quisiera, por más que lo intentara. Aún sentía el perfume de Tucker en él y su aliento a chicle de menta para disfrazar el tabaco. Pero… ¿Por qué era tan diferente al de Clyde? Ya había besado a Clyde, obligado, pero lo había hecho. Y de eso sólo recordaba haber tratado de alejarse y la fuerte presión de las manos del castaño sobre su nuca.

Ni siquiera había besado a Craig y recordaba mucho más. ¿Serían los sueños? Esos donde de un momento a otro le robaba una caricia de sus labios y le prometía amor eterno.

Tal vez había pasado mucho tiempo con el azabache. Eso hacía que su mente vagara por imágenes que no tenían sentido alguno. Tal vez Craig estaba confundido a causa de lo mismo.

Tal vez lo mejor era dejar de verse por un tiempo.

No. No podía hacer eso. Le había dicho que trataría de hacer que todo volviera a la normalidad, no podía rendirse, no todavía. Si en verdad era su amigo, debía luchar por él.

Rebecca lo abrazó por la espalda.

—Hey, ¿qué tienes? ¿Pasó algo?

Sintió la necesidad de contarlo, pero había prometido que no lo haría…

—Es... Craig.

—¿Qué hizo ahora?

—Él... No sé si está bien decirte.

Guardaron silencio.

Los primeros copos de nieve comenzaron a descender del cielo negro. Las nubes comenzaron a verse.

Vio cómo las pestañas claras de Rebecca se llenaban de blanco semi transparente y tocó su rostro para apartarlas. Luego la besó.

Era mejor apartar a Craig de su cabeza, aunque no podía.

—No creo que Tucker sea una buena idea. —Soltó la chica.

—¿Qué? ¿De qué hablas?

—¿No te das cuenta? Te está manejando por completo. Hace que te sientas mal. Te habla como si fueras su mejor amigo y luego te ignora y grita —siguió—. Todo lo que hace... Es como si jugara contigo. No estoy segura si realmente es tu amigo, Tweek...

¿Qué? No. Todo eso tenía sentido después de la declaración de Craig.

—Pero se junta conmigo ahora. Me presentó a su grupo. Somos amigos.

—¿Estás seguro de eso? Sabes lo que ocurrió con Jason.

—¿Jason...?

Recordaba lo de ese chico. Años atrás había sido incitado a hacer una broma de tal calibre que fue expulsado del internado. Cuando preguntaron quién había sido, su supuesto grupo de amigos lo acusó y dejó como único involucrado en el acto.

—Ese fue el grupo de Craig, Tweek.

¡...!

—P-pero eso pasó hace mucho tiempo–

—No quiero hacerte sentir mal. Sé que lo aprecias mucho, pero debes tener cuidado. Es cierto que yo no confío en él —Admitió—. Aunque no es esa la razón por la que te lo digo. Él te hace mal. Sufres por su causa. ¿No crees que es mejor alejarse de lo que te daña?

No tuvo palabras. No supo cómo defender a Craig. ¿Y si Rebecca tenía razón?

No. Craig no sería capaz de jugar de esa manera tan cruel.

—Gracias por preocuparte —dijo finalmente.

Rebecca lo besó una vez más y sintió algo revoloteando en su estómago.

—¿Tweek? ¿Te puedo hacer una pregunta?

—Claro.

—Nosotros… ¿Qué somos?

Me preguntaba lo mismo.

—Depende. ¿Q-quieres dar el otro paso?

La muchacha le miró sorprendida.

—Claro que quiero.

Se besaron.

—Rebecca —Llamó una voz.

—¿Mark? ¿Qué pasa?

—Ya nos vamos —dictó—. Hola, Tweek.

Respondió al saludo y, de inmediato, se despidió. Los hermanos se alejaron.

Su celular vibró. Era Clyde.

"Los que esten en south park vengn el lunes a mi asa"

Vibró de nuevo.

"Estén* vengan* casa* Qué pasó con tu autocorrector?"

"Como si escribieras mejor Craig"

"Claro que escribo mejor"

"Esta no es la clse de lenguaje"

"A qué hora?" Se unió Token.

"4. Quedense a dormir"

"Yo llego por la noche. Voy más tarde" Agregó Jimmy.

"Y Craig?"

"Ya. Cuenta conmigo" Respondió el aludido.

"Y Tweek?" Preguntó Valmer.

" Tweek Savemos que nos estas leyendo" Escribió Clyde.

"Sabemos* estás*"

"Craig. PARA."

"Nunca"

" Tweek responde" Insistió Donovan.

Sus dedos temblaron.

Pensó en lo dicho por Rebecca y el temor le carcomió. ¿Confiaría en ellos?

"Tweek?" Pidió saber Token.

Suspiró.

"Tengo que atender la cafetería"

"No jodas" Envió Clyde.

"Anda"

"Escápate un rato"

Los chicos persistieron hasta que fue convencido de pedir permiso.

Volvió al último lugar en que vio a su familia para no encontrar rastros de ella ni de los amigos de sus padres. Rayos. Siguió caminando sin rumbo hasta que, ya rendido, decidió volver a casa. Pronto cayó en la cuenta de que había perdido la copa que llevaba consigo. ¡Demonios! De seguro le mataban. Estaba muerto.

Entró a la casa pretendiendo ser invisible, pero sus padres posaron su mirada en él, al igual que todos los demás adultos presentes. Como estaban distraídos, aprovechó de pedir permiso para ir a casa de Clyde a quedarse a dormir el lunes. Su petición fue aceptada, así que huyó despidiéndose de todos antes de que le preguntaran por la copa. Ya les contaría. Subió a su pieza y se perdió jugando en su celular hasta caer dormido.

Los días pasaban absurdamente lentos, pero quedaba poco para volver a clases, así que mientras más demoraran en pasar, mejor para él. Eso sí, se vio obligado a enfrentar a Craig el lunes. El lunes…

Ese lunes llegó temprano a casa de Clyde, casi al mismo tiempo que el joven Black. El castaño les pidió ayuda sirviendo potes llenos de papas fritas y otros. Luego se sentaron frente al televisor y retomaron el juego que Clyde tenía puesto. Hablar con Token y Donovan no fue tan incómodo como pensó que sería, de hecho, tenían varias cosas en común y conversar con ellos se hizo muy agradable. Tras un rato de charla viendo al dueño de casa jugar, pusieron el mismo juego de carreras de la vez anterior y jugó varias partidas contra Token. Se estaba haciendo bastante bueno y eso le hacía sentir bien. Ya no estaba haciendo el ridículo con los controles. Ahora podría jugar bien contra Craig. Craig…

—¿Craig? —Repitió Clyde—. Dijo que venía más tarde.

¿Lo había dicho en voz alta?

—Oh… Ya veo —respondió algo abochornado.

—¿Qué pasa? ¿Crees que no vas a poder sobrevivir sin él?

—¿Qué?

—Déjalo, Clyde. —Pidió el moreno—. Tú mismo te encargaste de que no confiara en nosotros. ¿Crees que no sé lo del golpe?

—Sí confío en ustedes.

¿Lo hacía?

—¿En serio? —Preguntaron ambos.

—Si no, no estaría aquí.

El ambiente se tornaba algo denso a esas alturas.

—Y no necesito a Craig para sobrevivir —continuó—. Siempre me las he arreglado solo.

—¿Sí? A mí me parece que sin él no harías nada.

—¡Clyde! —Lo retó Token—. Basta.

—¿Qué? Tweek sabe que es broma.

No, Tweek no sabía que era broma y agradeció de corazón la presencia de Token. ¿Clyde seguía enojado con él por lo de Bebe o era algo más? ¿Craig le habría dicho algo?

—Déjalo, Tweek. Clyde sólo está celoso de ti. Craig ya casi no le presta atención.

—Te estoy escuchando, Token.

El timbre sonó. El pelinegro se levantó a atender la puerta.

—¿Quién está celoso de qué? —Escuchó la voz de Craig y lo vio entrar con un pack de cervezas en la mano y una mochila al hombro.

—¡Woah! ¡Las conseguiste! Te amo, Craigy. Eres el mejor —chilló Clyde.

—Clyde —dijo Token—. Clyde está celoso porque lo dejaste de lado por Tweek.

Sintió la mirada severa de Craig chocar con la suya. Le dio un escalofrío. Seguro pensaba que había dicho algo.

—Oh, pero, Clyde, sabes que tú eres mi favorito.

El recién llegado abrazó al castaño y le revolvió el cabello. Este se dejó apretujar y luego golpeó el hombro del azabache.

Craig se hizo lugar de inmediato frente a la TV y tomó uno de los controles, preguntó con quién jugaría y, tras recibir respuesta de Token, pidió a Tweek que sacara las botellas de su mochila.

Vodka negro. Eso probaría aquel día. Vodka negro para evitar las asquerosas cervezas que Clyde parecía amar. ¿Podían beber ahí? ¿Y el señor Donovan?

—Tweek, te toca.

Recibió el control de Black y este se levantó para dejar que se sentara junto a Craig. Start. Aceleró y, completamente embebido en la pantalla, logró llegar a primer lugar con Craig siguiéndole de cerca. Aún le costaba no raspar el auto en las curvas con las barreras de contención, pero qué demonios, al menos ahora podía ir en el primer puesto. Era ya la tercera vuelta y Craig ya se le había adelantado al menos cinco veces, pero había vuelto a ser puntero. Y terminó la carrera así, como ganador. Craig dejó caer el mando en sus piernas de un golpe y apretó los dientes insultando al mundo. Tweek sonrió y el pelinegro le pasó el control a Clyde.

Su siguiente partida terminó con un Clyde victorioso. Token también perdió contra él y, al tocarle de nuevo contra el castaño, perdió fácilmente una vez más. Se dedicó a conversar con Token mientras los otros dos jugaban y notó pronto el nivel en el que estaban Craig y Clyde. Miró la tele fastidiado. Maldito Craig. Le había dejado ganar. Ahora que veía cómo jugaba contra Donovan, lo notaba.

Ya cansados de seguir rotando los mandos apagaron el televisor y ayudaron a Clyde a subir a su cuarto. Ahí dejaron la comida, las bebidas y el alcohol. Se sentaron alrededor de las cosas.

—¿Y qué tal vas con Rebecca?

Encontraba divertido que fuera el tema recurrente de Token.

—B-bien.

—Se veían muy felices en el video que subió—dijo el afroamericano—. ¿Ya es oficial?

—Sí.

—¿Cuándo pasó eso? —Preguntó Clyde, emocionado.

—Eso fue –

El timbre interrumpió la conversación. El chico Valmer fue invitado y ayudado a subir por Craig. Al llegar, saludó a todos alegremente y les deseó un buen año. Después de eso se sentó en la cama y las botellas negras fueron abiertas.

—Deberíamos celebrar —propuso Clyde.

—¿Celebrar qué? —Preguntó el otro castaño.

—Tweek y Rebecca ya son novios —dijo Token.

—Oh, ¡e-eso es genial!

Estaba recibiendo demasiada atención, tanta que se sentía avergonzado. Vio los rostros alegres del grupo brindando con ese líquido oscuro por él y la chica, pero también vio, tras la máscara de Craig, el dolor que aquel festejo le proporcionaba.

—¿Cuándo decías que pasó? —Retomó Tucker.

El suave gusto a alcohol le produjo cosquillas en el estómago.

—Año nuevo. Por la noche.

—¿Y ya han tenido s-s-sexo? —Quiso saber Jimmy.

Esa conversación no hubiese sido tan incómoda de no ser por la presencia del chico del chullo, que por cierto, no llevaba puesto ese día.

—No.

—¿Qué están esperando? —Preguntaron los dos castaños al unísono.

—N-no lo sé.

Jamás se le había ocurrido tener relaciones sexuales con la muchacha. Apenas lograba besarla por su cuenta, así que, tan solo pensar en subir tanto de nivel tan rápido, le parecía demasiada presión.

—¿Y tú con Nichole? —Preguntó Valmer.

—N-no. La verdad no.

—Sí, claro. Y yo tampoco he tenido sexo con Bebe —dijo Clyde, rodando los ojos—. Esa se la dejo pasar a Tweek porque acaban de empezar, ¿pero a ti? Ya llevan más de un año.

—Clyde, no todo es sexo —se defendió.

—¿Y tú, Jimmy? ¿Volviste con esa chica… Shauna?

—Claro que sí.

—Te costó conseguirla, ¿no? —Rio Clyde—. ¿Van en serio?

—Por supuesto que no. E-e-es pasajero. Definitivamente no quiero quedarme c-con ella.

—No aprendas de Clyde, por favor —pidió Token—. Con uno nos basta.

Rieron.

—Craig, ¿y tú? —Preguntó Clyde—. Para serte franco, no me creo eso de que eres virgen.

—Sabes bien que sólo he estado con una chica.

—Y sabes bien que no te creo. Nos ocultas algo.

—¿Tendrías sexo con Wendy?

Ugh. Se sentía mal por Craig.

—Claro que sí, ¿qué crees? ¿Qué soy de piedra? —Rio bebiendo.

¿Uh…?

¿Hablaba en serio? Imposible. ¿O podría ser que…? ¿Le mintió? O tal vez sólo estaba tratando de seguirles el juego, después de todo, no quería que sospecharan de él, ¿no? Era un secreto. Uno que sólo los dos compartían.

No se dio cuenta de que había bebido tanto hasta que trató de pararse.

—Este vodka es suave. Ni te das cuenta de cuánto alcohol te metes en la sangre hasta que es muy tarde —le dijo Craig—. Asumo que no lo sabías.

—No. Nadie me dijo. —Bufó poniéndose de pie a duras penas.

Tampoco se había dado cuenta que ahora, al alejarse Token, habían quedado los dos separados del resto. Se tambaleó y Craig le sostuvo las piernas.

—Gracias —murmuró sentándose otra vez.

—Entonces… Ahora sí son novios, ¿eh?

—Craig… Ahora no.

—¿Por qué no? Es normal. —Rio.

¿Por qué no? Porque estás ebrio, maldita sea.

No quería tener esa conversación con él en ese estado. Podía sentir el odio de Craig desde donde estaba.

—¿Ya la puedes besar?

—Craig…

—Antes no podías, ¿recuerdas? Siempre empezaba ella. Me lo dijiste.

No podía hacer que las cosas fueran igual si Craig no cooperaba.

—Sí, sí lo recuerdo.

—Supongo que mis consejos sirvieron, ¿o no?

—Sí. Y mucho.

Quería desaparecer de allí. ¿Por qué nadie miraba hacia allá? ¿Por qué nadie podía intervenir?

—No confío en ella, Tweek.

—¿Otra vez con eso? Craig, déjala en paz.

—No creo que le gustes —sentenció.

Oh, no. Craig ya no podía controlar lo que decía, estaba claro. Tenía miedo de que se le escapara algo de lo que se arrepintiera más tarde, podían escucharle. ¿Qué podía hacer para frenarlo?

—No. De hecho, estoy seguro de que no le gustas.

—Craig, para.

El problema era que comenzaba a fastidiarle y él tampoco estaba en buenas condiciones. Se paró y el azabache le imitó.

—Digo, ¿por qué le gustarías a alguien como ella?

¿Qué demonios…? ¿Hace un par de días le confesaba su amor y ahora lo despreciaba?

—Bien, ahora sí estás cruzando la raya, amigo.

—Te está usando.

—Para.

—Es una perra y te está u–

No supo si el golpe le dolió más a Craig o a él, pero sí sabía que le había roto el labio y ahora el azabache le miraba confundido. Sintió los ojos del resto del grupo centrados en ellos. Clyde miró a Token y este se puso de pie lentamente.

—Cuida tus palabras, Craig Tucker —musitó Tweek, furioso.

Tanto tiempo junto al chico, extrañamente, le había hecho olvidar que Craig era considerado un tipo peligroso. Había conocido de cerca la otra parte del muchacho y perdió por completo la imagen inicial que tenía de él. Fue mala idea. Rápidamente notó a Craig alzándose sobre él y no pudo reaccionar antes de que le sujetara del cuello de la camisa estampándolo contra el closet de Clyde.

—¿Qué dijiste?

Mierda.

Trató de zafarse, pero no lo logró. Token trotó hacia ellos e hizo lo posible por hacer que Craig lo dejara. Los chicos le gritaban desde el otro lado de la pieza, sin poder levantarse rápido para intervenir.

—Dije que cuides tus malditas palabras, Craig.

Le miró fiero. No iba a ceder ante un Craig ebrio. Tweek no era de meterse en peleas, pero cuando lo hacía, las llevaba hasta el final sin dejar ver el miedo que a veces le producían sus contrincantes. Vio la sangre comenzar a brotar del labio del chico. Craig era fuerte, mucho más que él, de eso estaba seguro. Si quisiera, podría quebrarlo. Pero en el fondo, sabía perfectamente que el siguiente golpe no llegaría. Craig no se atrevería a hacerlo. Por eso no dejaba la actitud superior a pesar de ser él quien estaba contra la pared y ahogándose un poco. Lo que sí, Craig parecía estar debatiendo mentalmente si soltarlo o no y deseaba con todas sus fuerzas que se decidiera de una vez, pues le dolía. Apretó los dientes y entrecerró los ojos aún incisivos.

Token tuvo cuidado al acercarse y lo tomó del hombro.

—Hey, hey, amigo, déjalo. Deja a Tweek, ¿quieres?

Más tarde se enteraría de que el grupo conocía perfectamente a ese Craig y por eso trataban de evitar hacerle enojar cuando estaba en tal estado y le dejaban hablar eternamente hasta que caía dormido.

—¿Qué vas a hacer, Craig? ¿Pegarme? —dijo por fin, usando lo último de aire que le quedaba—. Ya suéltame.

Estaba jugando sucio y Craig lo sabía.

El grupo le miró aterrado por lo que vendría a continuación. Pero Tucker sólo resopló y lo soltó. Los pies de Tweek aterrizaron en el suelo alfombrado y se sobó el cuello tomando aire, aliviado. Habían sido unos segundos muy tensos.

—¿Pero qué mierda, Craig? —Chilló Clyde—. ¿Qué demonios le hiciste a Tweek?

El aludido se notaba lento.

—Te acompaño afuera —ordenó Token, frunciendo el ceño.

Craig sacó de su bolsillo dos cigarrillos y le pidió encendedor al moreno. Ambos bajaron las escaleras y dejaron la casa.

—¿Qué mierda le dijiste…?

—Pensé que te iba a matar —dijo Jimmy.

—Nada. Es un imbécil.

—Jamás pensé que haría eso. Desde que se conocen se ha comportado como si fuera tu mamá o algo así —le aseguró Clyde, aún sorprendido.

—¿Está muy enojado? —Preguntó Tweek.

—Token lo va a tranquilizar, siempre lo hace. De seguro se olvida de todo esto mañana.

—No te p-p-preocupes. Él es así.

—¿Les ha hecho eso?

—Tú viste cómo me dejó por pegarte —bufó Clyde—. No fue la primera vez que lo hizo, eso sí.

—Sí. Craig y Clyde solían pelear bastante a-antes.

—Ambos somos un poco irritables cuando tomamos mucho.

Clyde sonrió.

—Vamos, dinos, ¿qué te dijo? Le dijiste que cuidara sus palabras, ¿no?

—Está algo molesto con Rebecca, es todo. Supongo que el alcohol también me hizo efecto.

Recordó cuando le empujó por arruinarle el día con Rebecca, Craig también estaba ebrio ese día. Recordó muchas cosas, en realidad, y todo se vio resumido al intento de beso del chico. Se mareó.

—Me voy a dormir ya, si no les importa.

—La casa es tuya —dijo Clyde.

Repartieron los dos colchones de la cama de Donovan y los pusieron a disposición de Clyde y Jimmy. Los demás dormirían en sacos de dormir. Tweek se encerró en el suyo y cerró los ojos fingiendo dormir, porque, en realidad, no podía hacerlo. Había mucha información en su cabeza, y lo peor, en toda esta protagonizaba Craig Tucker.

—Vas a tener que pedirle perdón, Craig, no lo dijo, pero está claro que no se siente bien por todo esto. —Era la voz de Token en susurros—. Él no es como Clyde, no te lo dejará pasar sin más.

—No puedo hacerlo.

—Sí puedes. Te vas a arrepentir si no lo haces ahora.

Al parecer, Jimmy y Clyde dormían ya. Tucker y Black acababan de entrar a la habitación.

Escuchó la puerta cerrándose y se encontró perdido en el mundo de los sueños.

—¿Tweek? ¿Estás despierto? —Escuchó.

Ahora lo estaba.

—¿Qué quieres?

—Sobre lo de hace un rato…

No sabía qué decir a continuación.

—Olvídalo, Craig. No pasa nada. Sé que si hubieses estado sobrio no habrías hecho eso.

De eso sí estaba seguro.

—De todas formas, lo siento.

—No debí haberte golpeado. Yo lo siento.

En realidad sí creía que merecía ese puñetazo.

—¿Tweek?

—¿Qué?

—Gracias. Por perdonarme.

—Ya duerme, Craig. Mañana parten las clases, debes descansar.

...

Abrió los ojos en medio de la noche. Esperen. Cuando Craig habló de tener sexo con Wendy, ¿hablaba en verdad sobre él…? Dude...

Y cerró los párpados sin poder evitar soñar una vez más con Craig Tucker.

...

Muchas gracias por su apoyo, en serio. Me hace muy feliz ver que les gusta la historia.

Y Center, siento no haber podido contestarte antes, pero ahora te lo digo: Por supuesto que no hay problema con que hagas un dibujo con la temática del fic, es más, me encantaría verlo si llegas a hacerlo c:

Les deseo un buen día.