¡Mejor sé Slytherin! – Capítulo 9
Por jharad17
Traducido por Relena Sakurazuka

Disclaimer: No es mío. Desafortunadamente.

Resumen: Durante su primer año, Harry es seleccionado en Slytherin en vez de Gryffindor y nadie está más sorprendido que su nuevo Jefe de Casa.

Anteriormente:

Al día siguiente, la respuesta al problema del Buscador de Slytherin cayó, casi literamente, a sus pies.

Harry durmió muy mal, justo como pensó que lo haría. Estúpidos y entrometidos profesores y sus estúpidas y entrometidas enfermeras. Al menos algo bueno ha salido de todo ese jaleo, pensó. Ya no tendría que esconderse para tomar una ducha en la mañana, por lo menos, ya que la mayoría de sus moretones habían desaparecido. Zabini seguía tan arrogante como siempre, haciendo comentarios acerca de cómo Harry finalmente dejó su timidez de lado, pero Harry sencillamente le ignoró. Era lo más fácil de hacer. No sabía cuál era el problema que tenía el otro chico con él, pero conocía a cabalidad los muchachotes en Little Whinging, así que el concepto no le era desconocido.

Al desayuno, sorprendentemente, Millicent se sentó a su lado, mientras Teddy tomaba la otra silla igualmente a su lado. Ella le sonrió tímida, la cual él respondió, pero como ella permaneció en silencio, lo hizo de igual forma.

-Tenemos lecciones de vuelo esta tarde, - Dijo Teddy después de tragarse un bocado de huevos - ¿Te has subido alguna vez a una escoba?

Harry negó con la cabeza – Criado por Muggles, ¿Recuerdas? – Él mismo estaba tratando de olvidarlo. Pero anoche lo hizo imposible. - ¿Tú te has subido alguna vez?

Teddy le dedicó una de sus medias sonrisas. – Sí, pero no te preocupes por eso. La mitad de los Griffintontos tampoco se han subido antes a una.

Harry rió por lo bajo al escuchar ese apodo; era bastante suave comparado con algunas cosas que oía en la Sala común. - ¿Tenemos nuestras lecciones con ellos?

Teddy asintió, mientras se llenaba la boca con trozos de tocino. Luego señaló la botella con contenido azulino frente al plato de Harry, intact, que había aparecido apenas había terminado de digerir todos sus alimentos. - ¿Quién te está enviando pociones?

-La Sra. Pomfrey, - admitió Harry encogiéndose un poco sobre sí, ya que de todos modos mentir era inútil en este caso, y si podía seguir actuando casual, Teddy no notaría cuán molesto todo el asunto le ponía. – Ella piensa que necesito un suplemento nutritivo o algo así. Fue cuando le fui a ver ¿Recuerdas?

Teddy asintió. –Luce asquerosa.

-Y lo es. – Concordó Harry con el chico fervientemente. –Estoy tratando de idear alguna forma de mezclarla con algo para mejorar su sabor.

-No con pociones, no querrías entrometerte con eso. Tú podrías pedirle eso a nuestro Jefe de Casa. Es un Maestro Pocionista, después de todo.

Harry no iba a pedirle absolutamente nada a él. Jamás, si tenía la última palabra sobre ello. –Nah, está bien. Sólo me tomará un minuto.

-Buena suerte –dijo Teddy con una sonrisa socarrona.

-Ja-ja, gracias.

Teddy se reía silenciosamente, y Harry se tapaba la nariz mientras se tomaba el contenido de la botella. Ni siquiera quería oler su hedor primero esta vez. La poción estaba tan mala como la que se había tomado anoche, y otra vez, Harry tuvo que hacer acopio de su fuerza de voluntad para no vomitar. Rápidamente se bebió un vaso de jugo de calabaza, para tratar de pasar un poco el sabor. Asco.

Millicent lo miraba con preocupación mientras dejaba su vaso de lado. – No te ahogues ni nada, - dijo ella. - ¿Quién me ayudará en mi estudio de grupo entonces?

-Ah, sólo me quieres por Encantamientos, ¿verdad? – Le tomó el pelo.

Ella se río. – Me tienes.

Al otro lado de la mesa, Draco escupió sin querer un sorbo de jugo, haciendo al resto de ellos carcajearse mientras se secaba la cara. – Gracias, no sabía que se preocuparan por eso – les dijo pedante.

En la cabeza contraria de la mesa, varios Prefectos les gruñeron por lo bajo recordándole sus modales, haciendo a Harry y a los otros se sentaron derechos en sus sillas cambiando sus expresiones sonrientes a algo menos jocoso. Harry le echó un vistazo a la Mesa de Cabecera, y se encontró a Snape mirándolo fijo. De nuevo.

¿Es que acaso no ha hecho suficiente?

Le devolvió la mirada a Snape, luego ladeó su cabeza indicando la botellita vacía, para que el bastardo entrometido vea que ya se ha bebido ese horrible brebaje baboso, antes de volver sus ojos a la tostada.

El correo llegó pocos minutos después, y Harry estaba agradecido de que ninguna lechuza revoloteara sobre él, por una vez, para darle detención u ordenanzas a enfermería. A Draco le enviaron un gran paquete de dulces, pensó, desde su casa. Después de un minuto de pavonearse de ello, le dio un par a los alumnos de primero año. Harry alcanzó tarta de melaza y felizmente se la comió; hacía maravillas sobre el sabor de la Baba Azul en su boca. Después de finalizado el desayuno, Draco se llevó el resto de golosinas a sus habitaciones, con Crabbe y Goyle a sus lados, y el resto de primer año encaminándose a Transfiguraciones.

Draco y sus dos "guardaespaldas", lucían sonrosados un tanto, justo cuando se cerró la puerta.

-¿Largo viaje? – Harry le preguntó a Draco cuando se sentó a su lado.

-Algo por el estilo. Te lo contaré después – le sonrió socarrón y sacó su pluma mientras McGonagall empezó su clase.

A las 3:30 de la tarde, los Slytherins salieron, ya fuera de las fronteras del Castillo, y se dirigieron a los campos al lado opuesto del Bosque Prohibido, donde iban a tener su primera lección de vuelo.

Harry miró las escobas con desconfianza. Ninguno de los Gryffindor había llegado aún, pero la Señora Hooch, su instructor, estaba posicionando las escobas en línea recta, y un metro entre cada una de ellas. Teddy, a su lado, también miraba las escobas, luego estiró su cuello un poco hacia Harry mientras se inclinaba para echarle un vistazo más cercano.

-Escobas escolares – Teddy dijo bufeando, mientras indicaba un par de escobas cercanas. – ¿Ves como algunas tienen astillas o han perdido cerdas? Mejor evade esas. Esta de allá, a pesar de que se las han reemplazado, las nuevas cerdas están en un ángulo erróneo. No mucho, pero lo suficiente como para que el aire circule, y te haga inclinarte hacia la izquierda.

Harry miró de nuevo las escobas, y se dio cuenta de lo que decía Teddy – Bien, entonces esa puede ser una buena, ¿no? – apuntó a una escoba tres lugares desde donde estaban ellos. La porción de cerdas eran del mismo color, tenía un par menos, pero todas en las misma dirección sin nada pegado o raro en ellas.

Teddy asintió, con una sonrisita. – Buen ojo, Harry. Porqué no reclamas esa.

Harry así lo hizo, y Teddy tomó su lugar dos escobas más allá. Mientras los Slytherin terminaban de seleccionar sus escobas (Pansy terminó a la izquierda de Harry, y Millicent a su derecha) los Gryffindors llegaron.

Era la primera oportunidad que Harry tenía realmente verlos, esparcidos por todos lados. En Herbología, ellos estaban agazapados en las mesas bajo el calor y humedad del Invernadero, y nadie tenía una mínima chance de socializar. No que realmente quisiera hacerlo, pero aún estaba dolido por el rechazo de Ron y de alguna manera esperaba que pudieran ser amigos sin importar la Casa. Su mamá fue muy amable con él, al ayudarle a cruzar la pared de la Estación King, y pensaba que tener alrededor a los gemelos sería muy divertido también.

Mientras los miraba, se dio cuenta que Ron era el único de los Gryffindors que no lucía tan emocionado por esta lección. Con toda la conversación sobre Quidditch en el tren, Harry supuso que tenía sentido. Alguno de los otros, por otro lado, lucían positivamente muertos de miedo.

La Srta. Hooch, que tenía el cabello de una clase de gris y ojos amarillos como halcón, de pronto gritó. – Bien, ¿Qué están esperando? – a los asustadizos Gryffindors. – Todos pónganse al lado de una escoba. Vamos. Apúrense.

Se amontonaron a obedecer, y Ron tomó la escoba casi al frrente de Harry. Se estiró las ropas mientras la Srta. Hooch empezaba a hablar.

-Pongan su mano sobre la escoba – dijo, mientras ella iba caminando entre ellos, en línea recta – y digan, ¡Arriba!

-¡Arriba! – todos gritaron.

La escoba de Harry se volvió a su mano al instante, y así lo hizo igual la de Teddy, pero fueron sólo unos pocos más a los que les funcionó al primer intento. Otras de las escobas solo giraban en el aire, que patético, y algunas temblaban, pero no ascendían ni un poco. Después de unos intentos más, todos tenían su escoba en mano, y la Srta. Hooch les decía cómo tenían que montar y patear, cuando uno de los Gryffindors (¿Longbottom? Harry no podía recordar) de pronto viró en el aire y se elevó antes que ella tocara el silbato. Él lucía aterrado.

-¡Vuelve acá, chiquillo! Gritó la Srta. Hooch, pero él seguia subiendo y subiendo, tan rápido que parecía un cohete, y luego se deslizó de un lado y cayó, y cayó… y golpeó el piso de un porrazo mudo que hizo a todos estremecer.

-Muñeca rota – dijo la instructora mientras ella lo examinaba cuando él yacía en el pasto. – Ven acá, chico; está todo bien, párate. – Ella se giró al resto de la clase.. – ¡Ninguno de ustedes se moverá mientras llevo a este muchacho a la enfermería! Dejen esas escobas tal y donde están o estarán fuera de Hogwarts antes de que puedan decir 'Quidditch'. Vamos, cielo.

Tan pronto estuvieron fuera del lugar, Draco rompió a reírse. ¿Viste su cara, la del gran tonto?

Alguno de los otros Slytherins se rieron con él, pero Harry les frunció el ceño. – Cállate, Draco, estaba herido. Me gustaría verte con una muñeca rota a ti.

¿Porqué te preocupas del estúpido de Longbottom? – Preguntó Draco - ¿Ahora también defiendes a bebitos?- giró su mirada hacia Millicent, la que le fijó la mirada enojada.

La sangre se agalopó en el rostro de Harry. – Sólo porque no me dedico a molestar a quien no merece qu-

-Tal vez tú debiste haber sido un Gryffintonto, Potter – se mofó Zabini. –Así podrías defender a todos los perdedores que quieras desde la comodidad de tu pequeña torre en el cielo.

-Cállate, Zabini. – Gruñó Harry. -¿Recuerdas la regla número uno?

Zabini le frunció el ceño de vuelta, pero cerró su boca.

-Oh, hey, miren – Dijo Draco de repente – Es la cosa estúpida que la abuela de Longbottom le envió. – agarró algo del piso y lo sostuvo alto. Una bola de cristal del tamaño de un puño, lucía llena de humo blanco, y brillaba con el sol.

-¡Hey, esa es la Recordadora de Neville! – gritó Ron.

Harry se puso delante de Draco. – Devuelve eso.

-¿Por qué debería? Tal vez debiera dejarlo en algún lugar para que Longbottom lo encuentre. Como arriba de un árbol.

-¡Vuelve acá!

Draco se subió a su escoba y estaba en el aire, flotando cerca de los árboles en segundos. -¿Ah, sí? Pues ven y tómala.

Sin siquiera pensar, Harry agarró su escoba. Lasangre bombeaba en sus oídos, cuando pateó fuerte el suelo. Se elevó, muy arriba, y el viento le surcaba el cabello mientras subía, como si hubiera nacido en el aire, nacido para volar. El podía hacer esto; era fácil. Era fabuloso. Después de jalar su escoba para elevarla, se giró violentamente hacia Draco, enfrentándolo cara cara en medio del aire. Extendió su mano –Dame eso, - dijo con claridad, pero en voz baja.

Draco meneó la cabeza. Su voz igualmente era baja; como por acuerdo tácito, ambos decidieron que su conversación quedaría sólo entre ellos. ¿Sin piedad, recuerdas? Deja esto, Harry.

-No lo haré. El chico está herido y asustado, y no te hiz nada a ti, ni a ninguno de nosotros. No dejaré que rompas también el regalo de su abuela.

- Como gustes, - dijo Draco. – pero tendrás que atraparla.

Harry frunció el ceño y entendió lo que Draco quería decir cuando el rubio tiró la bola al aire y luego se volvía al suelo antes de que pudiese hacer algo para detenerle.

Como en cámara lenta, la bola giró en el aire y comenzó a caer. Harry se inclinó hacia adelante y bajó su escoba, virando hacia abajo (cayendo en picada, tras la bola), y a un pié de distancia con el piso agarró la bolita, justo a tiempo para jalar la escoba hacia arriba y mantenerla derecha, y aterrizó suavemente sobre el pasto con la Recordadora agarrada confiadamente en su mano.

-¡JOVEN POTTER!

Su corazón se hundió en su pecho tan rápido como cayó en picada hace poco. El Profesor Snape enfilaba sus pasos hacia él, con las túnicas largas y negras ondeando como alas de murciélago. Sus ojos negros brillaban peligrosamente. La Profesora McGonnagal estaba apresurando el paso, pero infructuosamente en igualar el de Snape.

Harry se puso de pie, temblando.

-¡De todas las cosas idiotas, imbeciles e irresponsables que puedes hacer,…! – Snape le gruñó mientras se se avalanzó contra Harry. Le sacó de un jalón la Recordadora de la mano de Harry, y se la entregó a McGonagall sin siquiera mirarla. - ¡Te pudiste haber quebrado tu estúpido cuello!

-Profesor, no fue su culp-

-No empiece ahora, Señorita Granger, - dijo McGonagall, y Harry se giró para ver quién era quien lo había defendido, notando una chica con el cabello abultado, y luego la recordó de haberla visto en el tren. Hermione Granger. Pero antes de que pudiera decirle gracias, una mano agarró su brazo y lo arrastró camino al Colegio.

Tropezó mientras lo llevaba Snape, que iba gruñendo, - Señor Malfoy, Señor Potter, síganme – y luego daba tan largos pasos que Harry y Draco tuvieron que correr tras el para mantenerle el ritmo.

Oh, Dios. Harry iba a ser expulsado, sabía que iba a serlo. Y justo ahora, después de haber sanado de todas las heridas y cosas, iba a tener que volver donde los Dursley. Draco también lucía preocupado, pero el sólo volvería a un lugar donde la gente le enviaba grandes bolsas de caramelo, ¿Cómo eso podría ser tan malo?

Aún así, se sentía mal; si no hubiera retado a Draco acerca de la Recordadora así, ninguno de ellos hubiera tenido que estar en el aire. Ninguno de ellos estaría lidiando con la expulsión. Mientras seguían a Snape, Harry se sintió enfermo y como si no pudiera obtener el aire suficiente. Tal vez si salía corriendo ahora, podría estar lo suficientemente lejos para que ellos no puedan localizarlo y ellos no podrán meterlo de vuelta a ese tren… tal vez podría esconderse en el Bosque.

Snape marchaba por los pasillos, subía las grandes escaleras, y se detuvo frente una puerta, luego subió las escaleras que le dirigían al salón de clases de Defensa Contra las Artes Oscuras. Abrió la puerta de un golpe, asustando a todos los alumnos que había en su interior. – Profesor Quirrel, - le dijo al hombre del turbante en frente de los alumnos en la Sala – quisiera hablar con el Señor Flint.

-P-P-Por supuesto, Profesor – Quirrel agitó levemente su mano hacia una de las filas de alumnos, y el Prefecto Flint se puso de pie frunciendo el ceño, pero su expresión se suavizó tan pronto llegó al corredor y vio a Draco y Harry.

Snape agarró por el cuello de la camisa a Draco con una mano y al de Harry con la otra, los sacudió a ambos y luego los soltó de golpe. – Mi oficina. ¡Ahora!

Los dos se apresuraron a obedecer. Harry ni siquiera se molestó en mirar atrás mientras enfilaban sus presurosos pasos a la mazmorra, pero estaba seguro que Snape les pisaba los talones durante todo el camino. Cuando llegaron allí, sin embargo, Snape no estaba con ellos, y tuvieron que esperarlo en el pasillo, ya que la puerta estaba cerrada.

Modiéndose el labio, Harry se puso frente a la puerta, y Draco se apoyó contra la puerta.

-Lo lamento – dijo Harry después de un minuto, cuando no pudo aguantar el silencio.

-¿Por qué lo dices? – dijo Draco. –Atrapaste la maldita cosa. Incluso una Sangresucia te defendió.

-Pero seremos expulsados por ello – siseó Harry.

-Tal vez tú sí, ¿Pero un Malfoy? Lo dudo.

Harry sabía que ahora sí se sentía enfermo.

Después de apenas un par de minutos apareció Snape, luciendo tal cual como un vampiro de una película de terror, acechando sobre su presa. Harry se agazapó a la contra la pared, permaneciendo fuera del alcance de las garras del Profesor, pero Snape sólo se limitó a agitar su varita frente al a puerta para abrirla, antes de que parcamente les indicara entrar.

Ese cuarto se estaba convirtiendo en uno familia para Harry, más de lo que quería. No tuvo siquiera tiempo de echar un vistazo, antes de que la puerta se cerrara de un golpe tras ellos y Snape les interrogara siseante ¿Qué, en nombre de Salazar Slytherin, pensaban que estaban haciendo?

Draco se encogió un poco, mientras Harry decía – Lo siento, señor.

Snape no parecía escucharle siquiera mientras continuaba gritando – son afortunados de que yo fuese quien presenció su pequeño espectáculo o McGonagal los habría tenido a ambos en el siguiente tren a Hogsmade. Sí, ambos, Señor Malfoy. Tu padre tiene casi nula influencia con la Jefa de Casa de Gryffindor.

-Sólo dimos una vuelta, Profesor – Draco empezó a decir. – Ninguno se las-

Snape le interrumpió – Las reglas no están hechas para ser quebrantadas, independiente de lo que pueda pensar, Señor Malfoy. Y el juguetear con las posesiones de otros estudiantes, especialmente frente a dos docenas de testigos puede difícilmente tener alguna consideración especial. ¿Me pregunto, qué diría tu Padre al respecto?

Draco palideció y quedó de un color aún más blanquecino que su normal color lechoso, y Harry no pudo evitar contener la respiración cuando la mirada oscura del Profesor se posó sobre él - ¡Y TÚ! ¿Es que acaso no pasamos horas en la enfermería, enmendando tu malagradecido cuerpecito? ¿ Es así como le pagas al duro trabajo de la Sra. Pomfrey? ¿Arriesgando tu vida por una inservible bola de vidrio?

Harry bajó la mirada cuando no pudo soportar sostener la de Snape por más tiempo. La vergüenza lo bañó, pero ni siquiera se molestó en negar lo dicho por Snape; era la verdad, total y completamente. No importa que el volar se haya sentido como si hubiese nacido para ello, él realmente pudo haberse matado, y aún podía ser expulsado, por una Recordadora. – Lo siento, señor. – dijo nuevamente.

El silencio entre ellos duró un momento, luego Snape, mucho más calmado, dijo – ambos tienen detención la semana próxima. Señor Malfoy, la suya será con Filch, y Señor Potter, usted tendrá sus detenciones conmigo. Empieza hoy a las siete en punto. Eso sería todo, caballeros.

Harry dejó salir el aliento que estaba conteniendo, sintiéndose un tanto mareado por la falta de aire. ¡No iba a ser expulsado!

-Señor Potter, permanezca un momento más aquí, por favor – dijo Snape, y el estómago de Harry se torció nuevamente.

Draco le dio una mirada compasiva mientras se retiraba de las oficinas de Snape apresurado, pero Harry difícilmente podía soportar el suspenso.

-Señor Potter.

-¿Sí, Señor?

Le he pedido al Joven Flint que se reúna con nosotros en breve. Por favor, toma asiento.

Con la boca de par en par por el cambio radical de tono, Harry se desparramó en la silla en la que noches atrás se había sentado antes de hundirse en ella. Snape le observaba, sus ojos negros ilegibles, y Harry no podía despegar la Mirada. Ninguno de ellos medió palabra.

Un golpeteo fuerte en la puerta al cabo de unos minutos, sorprendió a Harry, que lo hizo saltar de su silla.

-Entre – llamó Snape, y la puerta se abrió para dejar pasar a Marcus Flint. El gran chico de quinto frunció el ceño a Harry antes de asentir hacia Snape.

Ninguno de ellos esperaba la media sonrisa en el rostro de Snape, o las siguientes palabras que salieron de su boca. –Señor Flint, - dijo Snape, sonando casi complacido. – Creo que he hallado a tu nuevo Buscador.

TBC . . .

A/N: ¡MIIIIIIIIREN! Un Nuevo episodio, ¡Un día después! Debo realmente amarlos chicos.

He estado organizando el orden de qué clases están tanto los de primer año Slytherins como Gryffindors, y quería esta escena antes de la primera clase de pociones. Espero que no les importe. Además, un par de los diálogos de la lección de vuelo fueron tomados tal y cual salen de la novela original. Probablemente saben cuáles.

Recuerden, ¡Todos los días son buenos para dejar comentarios! Abrazos a todos.

T/N: Lamento muchísimo mi tardanza respecto a este proyecto, es mi culpa en parte, aunque si quieren tirarle un dardo al responsible real pueden venir a mi Universidad el día en que quieran. En serio. :D

Gracias por su paciencia a todas ustedes. Son lo mejor.