Como siempre, aquí les traigo un nuevo capítulo, que lo disfruten :D
Capítulo IX
Momento de colisión
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Parte I
La distancia entre dos puntos
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"Suicidio", eso era lo que salía en el acta de defunción del Vizconde de Eversley pero Sasuke sabía muy bien qué era lo que había pasado, la verdadera identidad de El Kyubi logró contactar con el Vizconde, quien voluntariamente vino desde su refugio hasta Londres sólo para encontrarse con la muerte.
El detective, ante estos hechos, decidió interrogar a todos los donceles en su lista de sospechosos con respecto al Vizconde mas todos negaban conocerlo. Tanto Sasuke como Suigetsu pensaban que ellos mentían, era obvio que en más de una reunión social habían tenido la oportunidad de compartir instancias con tan sociable y amable anciano.
Ambos agentes se sentían descorazonados y más cuando llegaron a la residencia del último doncel a interrogar durante esa tarde del veintidós de marzo: Su Excelencia, el Duque de St. Albans. Sasuke tenía los nervios de punta, él no había cruzado palabra alguna con el doncel desde el día en que éste le cazó la cara en una bofetada; de sólo recordar tal evento Sasuke se estremeció y de forma instintiva llevó su mano hasta la mejilla afectada, la cual aún ostentaba un color rosáceo.
Con todo el estoicismo que su humana condición le permitía entró a la residencia Uzumaki muy nervioso por dentro pero frío y apático por fuera. Los agentes fueron recibidos por el mayordomo de la casa, quien, con una tenue sonrisa, les condujo hasta el salón y solicitó la paciencia de los policías para ir en busca de su amo.
—No estés nervioso, mio caro amico, todo va a salir bien; después de todo, no creo que el doncel te pueda despreciar más de lo que ya te desprecia
—Mayor consuelo en mi vida no puede haber, "mio caro capo" (mi querido jefe); gracias por tan dulces palabras —Sasuke le miraba con su mirada de hielo negro, tratando de que el italiano entendiese su sarcasmo, pero era caso perdido: Suigetsu le miraba con una sonrisa de diez mil libras—.
—No hay de qué, Don Giovanni. (Don Juan)
En el momento en que Suigetsu pronunció esas palabras entró al salón nuevamente el mayordomo de cabellos color plata para darle aviso a los señores que Su Excelencia les esperaba en el subterráneo. Los policías se pusieron de pie y se miraron extrañados entre sí. Mientras seguían al mayordomo por los suntuosos pasillos de aquella lujosa estancia Suigetsu se acercó discretamente al oído de Sasuke para susurrarle.
—¡Ey! Sasuke, ¿qué hay en el subterráneo?
—¿Cómo quiere que lo sepa? No tengo ni la menor idea…
—¿Me insinúas que exploraste antes la virginidad del doncel que su hogar?
Sasuke enrojeció de forma inevitable y tratando de controlar su ferviente ira asesina se dedicó a desviar la cara y manifestar su enojo con una mirada de soslayo petrificante ante la cual el italiano era completamente inmune.
Al llegar hasta el lugar señalado vieron unas escaleras que descendían hasta un vasto salón, de bellos cortinajes y de bellísimos ornamentos. En aquel lugar había muchos ítemes de curiosa relevancia: obras de arte de toda índole, un hermoso piano de cola, una despensa de licores personalizados; todo en esa habitación era especial de alguna u otra manera. Llamaban mucho la atención, por ejemplo, una seguidilla de bellos retratos tamaño natural de la familia Uzumaki; entre ellos uno donde aparecía la famosa hija de Jiraiya Uzumaki, la progenitora de Lord Naruto. En el retrato se podía apreciar al sonriente Jiraiya vestido con ropas de pontifical dignas de un duque y a su derecha la hermosa y grácil señorita de unos doce años, vestida con simpleza y elegancia, con una mirada altiva como desafiando a quien se parase frente al cuadro; se mostraba ella tan frágil y fuerte a la vez.
Al ver el cuadro los policías no dudaron ni un segundo sobre el parentesco de la muchacha con el joven doncel; era ella simplemente hermosa en todo lo ancho de la palabra y, aunque los rasgos de la dama no estaban presentes en los de su retoño, había algo en la manera de sonreír de ambos que denunciaba su parentesco de forma cabal. Sin embargo al poco caminar encontraron un siguiente cuadro; éste llamó tanto la atención de ambos, en especial de Sasuke, que tuvieron que quedarse unos momentos parados mirando. Se trataba de un retrato del viejo Duque Uzumaki, nuevamente sentado usando ropas de pontifical, pero esta vez serio y con una expresión algo triste, empero se notaba que hacía un esfuerzo en sonreír. A su lado se encontraba él, Naruto Uzumaki, de unos once años de edad, vistiendo ropas blancas con bordados dorados que lo asemejaban a un ángel pero a la vez luciendo muy diferente a su aspecto actual: se veía como un niño serio y triste, con ojos vacíos y sonrisa ausente, como un muñeco sin vida; tan ajeno a la imagen de "sociable y perfecto príncipe" de la cual hacía gala en ese entonces. Su aspecto de esa época distaba sobremanera del actual doncel, no sólo por la ausencia de su característico remolino de cabello en la cúspide izquierda de su frente sino por una sombría aura que se desplegaba a su alrededor, captada a la perfección por la mano ágil del pintor.
Sasuke no supo qué sentir frente aquella imagen, sin saber cómo, aquel retrato había despertado en él una profunda curiosidad y al recordar las palabras de Shikamaru y de Hinata volvió a él la inquietud respecto a la misteriosa infancia de Lord Uzumaki.
Los policías absortos en el cuadro se sobresaltaron al escuchar un sonido repentino que les sacó de su estado de ensoñación: el sonido de dos bolas sólidas chocando entre sí de forma precipitada, el ruido típico del juego de billar. Al voltearse para ver el origen del sonido los policías vieron en una esquina recóndita del salón al joven doncel con un taco de pool en sus manos, echando tiza en la punta del mismo para luego reclinarse de forma sutil y calculada y efectuar otro golpe, logrando de forma acertada que uno de sus esféricos objetivos cayese en uno de los orificios de la mesa. Al lograrlo habló a los policías lenta y tranquilamente sin detener su juego.
—Buenas tardes, caballeros, ¿a qué debo atribuir el honor de su presencia?
—¡Oh, Su Excelencia! Tanto tiempo sin saber de usted —Suigetsu caminó hacia la mesa de billar, siendo seguido por Sasuke de forma discreta. El detective estaba un poco aturdido por la situación así que sólo se limitó a seguir a Suigetsu y a hablar sólo cuando lo ameritase—. No sabía que jugara usted al billar, me parece sorprendente ya que no es precisamente la actividad más común en donceles por estos días.
—Mi abuelo me enseñó a jugarlo, le gustaba mucho este juego y quería que alguien pudiese acompañarle —Naruto hablaba sin prestar atención a sus invitados, golpeando con su taco fuertemente, provocando un estruendo que daba ligeros sobresaltos a los policías—. Si gustan pueden tomar asiento en aquel diván.
El doncel señaló con el taco el mueble a un lado de la mesa de billar y luego prosiguió con su indiferente actividad. Suigetsu y Sasuke se sentaron. El detective miraba a Lord Uzumaki con desconcierto y asombro: quizás fuese la concentración propia del juego de billar mas el semblante del doncel lucía contrariado y; a pesar de que Sasuke no podía negar que se veía tan hermoso como siempre y más gracias a un cuarto de stone* a su favor que hacía que luciese más delicioso que de costumbre, vistiendo refinadamente con una casaca de terciopelo púrpura que emitía un brillo rojo sangre que acentuaba la ligera sensación de una "ira apagada" en el doncel; Sasuke se hallaba desconcertado, algo le decía que el doncel no estaba bien. Luego de un largo silencio el italiano empezó la conversación.
—¡Juega usted maravillosamente, milord! Realmente su abuelo hizo un muy buen trabajo enseñándole tales destrezas. Lamento tener que importunarle durante su tan prodigioso juego pero necesito hacerle un par de preguntas, ¿le molestaría?
—Claro que no me molestaría, es decreto real el contestar esas preguntas, ¿no? —Naruto hablaba sin desviar su atención de su juego—. Así que no hay forma de que me niegue, se las contestaré con total y sincero agrado. Aunque… me sorprende que sea yo sospechoso después de los hechos acontecidos durante enero… pero ustedes son la autoridad y debo acatar, ¿no es así?
—¡Oh, Su Excelencia! ¡No piense eso, por favor! Usted no es sospechoso de nada, son sólo preguntas protocolares.
—Puede entonces usted empezar con su "protocolo", Míster Hozuki.
—Pues bien: lo primero es saber qué hacía usted el primer día de marzo.
—¿Fue en marzo? ¿Qué habrá pasado con el "ataque" de febrero? Ya me había acostumbrado a que una vez al mes atacase el Kyubi, pero al parecer esa escoria no diferencia entre un febrero normal gregoriano de un febrero bisiesto. Pues bien, creo que ese día estaba yo en mi estudio leyendo cómo Dante baja a los infiernos en busca de su amada.
—Divina Commedia! ¿Gusta usted de la poesía épica?
—Sí, y al Vizconde de Eversley, Lord Charles, Shaw-Lefevre también le gustaba y lo digo porque supongo que esa es la siguiente pregunta, sobre mi cercanía con la víctima; pues sí, ¡cómo no!, si era un ferviente opositor de mi abuelo es obvio que le conocí porque mi abuelo con quien mejor se llevaba era con sus enemigos, no con sus amigos. Muchas veces tuve el placer de compartir en esta misma habitación con el señor vizconde, sin embargo él no me prestaba mucha atención; yo era sólo un niño después de todo. En ese diván en el cual están ustedes sentados mi abuelo y Lord Charles compartieron muy buenos licores y bajo la petición de mi protector yo amenizaba el ambiente con aquel piano de allá. Creo que una de las pocas veces en que crucé palabras con él fue cuando se paró a mi lado mientras yo tocaba y me preguntó «¿Conoces a Bach?».
—¿Qué le respondió usted, mio caro Duca?
—Que no había tenido el placer de conocerle pero que dudaba que él si lo hubiese tenido —el italiano arrojó una estridente risa ante el comentario del doncel. Luego de una pausa el doncel siguió con su narración—. En un principio él se ofendió pero yo procedí a tocar una sonata en re menor del maestro Johann Sebastian Bach y él olvidó su enojo rápidamente, fue entonces que me di cuenta que él era un buen hombre a pesar de todo, dicen que sólo los buenos hombres son capaces de perdonar sin necesitar palabras.
—Creo que las demás preguntas no serán necesarias, ¿no es así, Sasuke? —al darse por aludido por Suigetsu, Sasuke se sobresaltó ligeramente mas, aparentando indiferencia, se limitó a asentir de forma discreta—.
—¿Por qué? ¿Tan sólo eso necesita su detective saber para determinar al culpable? —la hostilidad de las palabras de Naruto se ocultaban muy bien bajo un tono de voz amable y desinteresado, una sonrisa tranquila y su mirar absorto en el juego—.
—Mi detective no está buscando culpables, sino inocentes, ¿no es así Sasuke?
—Ciertamente.
—Y me puede decir, Míster Uchiha, ¿si soy yo culpable o inocente? —Naruto preguntaba como si su duda fuese sólo motivada por el placer de hablar, no obstante, estaba muy atento realmente a la respuesta—.
—No vinimos aquí con ánimos de dudar de su inocencia… milord.
—¿Entonces?
—Vinimos a hacernos una idea clara de la situación de la sociedad con respecto a El Kyubi y el suicidio del Vizconde. Al fin y al cabo, tal y cómo esperábamos, usted es el único quien no ha negado el haber conocido al Vizconde.
—¿Eso era todo? Es obvio por qué no negaría el haberle conocido: no soy estúpido; y el mentir en una situación tan delicada como ésta es ponerse una soga en el cuello. Si desean mi opinión, creo que los donceles han mentido todos producto del miedo de ser confundidos con El Kyubi.
—¿No siente usted miedo, mio caro fanciullo?
—Sí que lo siento pero más le temo a la mentira.
—Pues bien, creo que con eso nos basta. Gracias por darnos un poco de su valioso tiempo, Su Excelencia —Suigetsu se acercó y tomó una de las manos del doncel para obligarle a interrumpir su juego y besarle la mano—. Espero que nos veamos nuevamente con prontitud.
—Lo mismo digo —Naruto sonreía ligeramente, y cuando el italiano emprendió la retirada, el doncel quedó de frente con Sasuke, quien lo miraba con una mirada fulminante que el joven Lord no supo interpretar de forma alguna. Repentinamente Naruto estiró su mano hacia Sasuke—. Adiós, Míster Uchiha.
—Adiós… Su Excelencia.
Sin tomar la mano Sasuke hizo una pequeña venia y se retiró de forma rápida, dejando a Naruto con la mano aún suspendida en el aire. Suigetsu observó la actitud del detective con pleno asombro, mientras lo seguía con la mirada en su retirada. Ambos, el doncel y el italiano, se preguntaban qué pasó por la cabeza del detective al hacer eso mas esa respuesta sólo Sasuke la sabía.
Al irse los invitados Naruto seguía impactado por el reciente hecho. «¿Por qué me importa tanto?», se preguntaba mientras observaba la mano marcada por la ausencia de los labios del detective. Luego de un rato, al reaccionar, el doncel se dirigió hasta el diván donde estuvieron sentados los policías y se dejó caer. Al hacerlo sintió cómo se despedía por el aire el olor de su Sasuke, inspiró fuertemente y cerró los ojos. «Debe ser porque mi cuerpo se acostumbró a su amor». Naruto restó importancia a su sentir y sin darse cuenta cayó dormido presa del olor que tanto le había hecho falta en este último mes.
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Parte II
El arte de las palabras y la puntuación
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Kakashi acariciaba a su durmiente amo mientras Ino limpiaba los restos de tiza de los alrededores de la mesa de billar.
—Fue, en efecto, una brillante idea de tu parte, Kakashi, el haber recomendado al joven amo venir a ensuciarse con la tiza del taco; así pasaría desapercibida las manchas de tiza de la pizarra de Sasuke Uchiha.
—Realmente lo fue, justo a tiempo. Cuando llegaron los policías me asusté ya que sería muy sospechoso decir que el joven amo estaba indispuesto y había muy poco tiempo para quitar todos los restos de tiza de su ropa, manos y cabellos. ¡Ay, niño del alma mía! ¡Es tan arriesgado! Haber ido a la casa del detective mientras él estaba ausente sólo para tomar notas de las sospechas en su pizarra y hablar con Itachi.
—¿Qué necesitaba el amo por parte de Itachi esta vez? Pensé que con sólo enterarse del punto débil del detective Uchiha bastaba… ¿Por qué se arriesgaría así?
—De alguna u otra manera nuestro querido amo se ha encariñado con Itachi Uchiha; es obvio que se identifica con él: ambos fueron víctimas de las crueldades de esta sociedad, sólo que abordaron el tema de forma diferente; Itachi volviéndose loco y ensimismándose negando a la sociedad y sus normas, sacándolas abruptamente de su mente y su vida… y nuestro amo por su lado también enloqueció pero de ira e impotencia, la cual ha canalizado para convertirla en fuerza y valor para enfrentar a la sociedad y al mundo que tanto le hizo sufrir. Nuestro amo está perdiendo la batalla pero sus ideas van a ganar la guerra…
—¿Y su corazón? Kakashi… ¿logrará su corazón ganar "algo" después de todo esto? —Ino se acercó hasta el doncel y con un paño empezó delicadamente a limpiar los restos de tiza en el durmiente rostro de su querido amo—.
—Si el corazón de nuestro niño amado logra ganar algo o no, no sabría preverlo; eso lo determinará la eficacia de nuestras tretas de dejarle a solas a merced de su querido Dupin.
—¿Estará consciente nuestro amo de su sentir? ¿Sabrá él cuánto ama a ese joven detective?
—No lo creo. Naruto es un niño y para los niños la palabra "amor"… es un juego.
Una vez que Ino terminó de limpiar al joven doncel Kakashi lo tomó en sus brazos y juntos se dirigieron hasta el cuarto de Naruto. En el camino se encontraron con Gaara, quien los siguió de cerca admirándose de la hermosa y serena faz de su adoración durmiente. Los sirvientes recostaron al joven en su suntuosa cama y luego de contemplarlo unos segundos los tres salieron del cuarto, cerrando la puerta tras de ellos. Una vez se hallaron los tres en el pasillo Gaara habló.
—Supongo que ustedes dos también lo notaron… —Kakashi e Ino asintieron de forma instantánea, ambos con la mirada triste y lejana perdida en la alfombra del pasillo—. Se supone que nosotros estamos para protegerle pero… ¿cómo protegerlo de sí mismo? Su rostro…
—Su rostro reflejaba la paz, Gaara: la paz de quienes saben que hagan lo que hagan… morirán de todos modos.
—¿Y qué se supone que hagamos nosotros Kakashi? ¿Sentarnos a mirar cómo Naruto camina al cadalso!
—Baja tu voz, querido Gaara, interrumpes la paz de este hogar. Tú sabes que tanto Ino como yo no estamos dispuestos a ver cómo nuestro amado amo se condena a sí mismo a muerte empero todos sabíamos desde la primera vez que vimos a mi dulce niño con su máscara de El Kyubi que esto era una forma que tenía nuestro niño de tratar de cambiar el mundo antes de morir. Nos ilusionamos y pensamos que su vida como Lord Uzumaki sería compatible con la del zorro pero no fue así; especialmente después de matar con sus inocentes y frágiles manos a la mujer digna de su infantil amor platónico.
Los tres sirvientes se dirigieron entre sí miradas de tristeza, luego de un rato de estar ahí parados reflexionando sobre el destino de su desafortunado amo decidieron separarse para dedicarse cada uno a sus quehaceres; Ino y Kakashi bajaron a la planta baja mientras Gaara se apoyó en la puerta de la habitación de su amo y se concentró lo suficiente como para poder escuchar el ritmo de la respiración de Naruto al otro lado de la puerta. El sirviente cerró los ojos y, sintiendo cómo su corazón se aceleraba de sólo pensar en su amado doncel, tomó una decisión: «morirás cuando tú decidas hacerlo; nadie te quitará la vida si así no lo deseas, de aquello me encargaré yo… y cuando decidas partir… te seguiré y seré tu sombra en el otro mundo».
Los cortos días de marzo llegaban a su fin y para cuando el viernes trigésimo del mes llegó a inundar con sus fríos temples el escenario londinense Sasuke y Naruto llevaban un mes de completa indiferencia. Los compañeros de Sasuke, incluyendo a su jefe Suigetsu, ya estaban sacando conclusiones y tenían serias sospechas de ciertos donceles respecto a la identidad del Kyubi mas Sasuke no estaba del todo convencido del curso de la investigación, "algo" le parecía extraño de todos los presuntos sospechosos en la lista de Suigetsu: cada vez que los entrevistaban consideraba que nadie estaba al nivel intelectual siquiera para acercarse a El Kyubi. Todo era muy extraño; sentía que la jefatura estaba perdiendo el tiempo pero no sabía qué otra opción le quedaba sino acatar las órdenes que su exasperante jefe le daba.
Sasuke no tenía ánimos para nada aunque lo arrastraba su hiperactivo jefe por todo Londres haciéndole preguntas una y otra vez a ingenuos y asustadizos donceles que tenían noción nula siquiera de técnicas de combate. Por su mente empezaron a cruzar muchas ideas, una de las tantas era declararse incompetente en Scotland Yard e irse a Whitefield a administrar su hacienda.
Pensó muchas posibilidades aunque todas le parecían lejanas e imposibles ya que cada una de ellas implicaban un serio defecto: contemplaban separarse para siempre del doncel. Por alguna razón, a su juicio inexplicable, el renunciar al caso de El Kyubi le daba la sensación de también estar renunciando a Lord Uzumaki. ¿Cómo era aquello posible? Si al fin y al cabo él pensaba que de todos modos ya había perdido al doncel para siempre. Sin embargo algo en su interior lo incentivaba calladamente a insistir y enfrentar al Duque de St. Albans y confesarle su incondicional amor. Tantas veces pensó en aquello que empezó a alimentar dicha esperanza hasta lentamente adquirir una determinación digna de un Uchiha, tanto con respecto a El Kyubi, como respecto a Naruto.
Esa noche de finales de marzo decidió vestir tan bello como jamás había vestido, recordando los tantos consejos de moda los cuales había recibido de parte de su difunta amiga, Lady Sakura. Había sido invitado a una fiesta en el Club; como siempre, se iba a excusar de ir evadiendo con elegancia, empero al enterarse que Lord Uzumaki había ya confirmado su asistencia el detective concentró todas sus energías en tratar de lucir lo mejor posible en función de enamorar al doncel.
Llegada la noche del viernes Sasuke esperó bastante antes de dejarse ver por el club ya que, como bien hacía Lady Sakura, el hacerse esperar y llegar tarde es una buena técnica para llamar la atención. Fue precisamente por esa razón que apenas hizo su aparición junto a Suigetsu en el club todas y cada unas de las miradas voltearon a verles; normalmente el italiano, por el sólo hecho de serlo, llamaba bastante más la atención que el reservado y frío Sasuke pero esta vez era todo lo contrario: Sasuke vestido con una fina casaca de tela brillante oscura, dejando ver debajo de su chaleco negro una camisa de un rojo tan intenso como las rosas del infierno; algo había en su estampa que daba la sensación de verle salido del inframundo, tan incitante al pecado, con su palidez perfecta y una sonrisa ligeramente orgullosa que su normativa humildad jamás había revelado con anterioridad.
Los presentes del salón se le empezaron a acercar de forma casi automática; era como si un instinto de origen primitivo les impulsase a hacer contacto con tal belleza sobrehumana, tan peligrosa y grácil a la vez. Sasuke saludó cortésmente a las personas a su alrededor; quienes pudieron hablarle notaron enseguida que al detective lo acompañaba un confianza nunca antes vista en un joven taciturno como él. Al poco rato Sasuke estaba rodeado de personas quienes, entre palabras triviales, buscaban siquiera un contacto visual efímero de tales ojos profundos y maliciosos.
Sin embargo, los brunos ojos de Sasuke sólo buscaban al otro mirar complementario de su existencia y razón de que él estuviese ahí en ése momento: los azules ojos del Duque de St. Albans. Buscó los orbes claros de su amado doncel por todo el salón pero no los encontró luego de mucho tiempo vagando entre los salones de fiesta del club repleto de personalidades, quienes lo seguían para todos lados requiriendo la atención del lozano y bello detective. Al poco tiempo de esta sobredosis de "atención" Sasuke se sintió profundamente abrumado ya que no estaba acostumbrado a que la gente le mirase tanto con esos ojos de admiración y deseo. A su mente vino finalmente la idea de empatía con respecto a Lord Uzumaki, quien debía aguantar aquello en cada reunión social a la que asistía; el detective se preguntó cómo era capaz aquella joven y frágil criatura de soportar tales avasalladoras actitudes.
En desesperación plena, y hastiado de todos sus nuevos admiradores, Sasuke escapó discretamente hacia las terrazas para darse a sí mismo un respiro. Al llegar al balcón lo primero que vio fue una silueta delineada por la luna creciente a punto de llenarse que cruzaba aquella noche. Dicha silueta, posada en la barandilla del balcón, no era otra sino la del mismísimo Lord Uzumaki, quien al escuchar los pasos de Sasuke acercarse se volteó de forma repentina. Ambos se quedaron paralizados al mirarse y aunque estaban a varios metros de distancia y la noche estaba bastante oscura Sasuke pudo distinguir el brillo propio de las lágrimas en los cristalinos ojos del doncel.
Ambos cruzaron sus miradas como no creyendo lo que veían sus ojos. El primero en ejecutar un movimiento fue el doncel, quien, al sentir una lágrima resbalar por su mejilla, la secó rápidamente con su manga. Luego de esto el doncel bajo la mirada y caminó hacia el detective mas sin mirarlo; Sasuke se dio cuenta cuando el doncel estaba por pasar a su lado que éste pretendía evadirlo y volver hacia el salón sólo para no quedarse a solas con él. «No puedo permitir que Lord Uzumaki se aleje de mí… no de nuevo, al fin y al cabo yo estoy aquí por él», pensó para sí Sasuke; fue entonces que decidió ser osado y, reuniendo toda su valentía, tomó del brazo al doncel justo antes de que éste entrase, deteniéndole en el camino.
—Su Excelencia… —Sasuke le miraba penetrantemente aún con el brazo del doncel en su mano—. ¿Podemos hablar?
—¿Para qué? De todos modos "le cambiaré por otro" diga lo que diga —las palabras de Naruto eran motivadas por un dolor insospechado, tanto para el detective como para el mismísimo doncel—. Míster Uchiha, haga el favor de soltarme.
—Sasuke… —el detective desvió la mirada hacia el piso, tratando en vano de que el joven doncel no se diese cuenta de su tristeza—. Sólo lo soltaré si usted me bendice con la pronunciación de mi nombre aunque sea una vez más.
—… ¿Qué se supone que piense? La última vez que nos vimos ni siquiera fue capaz de besar mi mano…
—No tenía las agallas. Está dentro de mi conocimiento que he sido muy injusto y grosero con usted. También sé que no merezco su perdón ni siquiera que me dirija usted la palabra. Pero de nada me sirve saber todo eso si es que cada vez que lo veo mi corazón se pone así… —el detective haló el brazo del doncel de forma repentina y llevó una de las enguantadas manos de Naruto hasta su pecho. Al hacer esto el joven Duque pudo sentir de forma clara el palpitar de Sasuke—. ¿Lo nota usted? Mi mente puede saber muchas cosas, entre ellas lo inalcanzable que es usted para mí, pero mi corazón no logra entender razones… Fui un insensato y lo único que puedo decir en mi defensa… es que si en este momento usted cruza por esa puerta de cristal y me deja… mi corazón se romperá en mil pedazos.
—Sasuke…
Naruto le miró impresionado; por dentro se preguntaba cómo era posible que aquel varón tan frío y escrupuloso hiciese algo como aquello. Naruto todo ese tiempo supo las razones para el actuar de Sasuke ya que él mismo motivó los celos que ocasionaron aquellas palabras tan ofensivas mas por alguna razón aquello le afectó mucho, al punto de no saber qué hacer para volver a ver a Sasuke. Y ahora que lo tenía enfrente tenía ganas de salir corriendo, ¿por qué le pasaba aquello? Naruto no lograba entender del todo su propia reacción cuando Sasuke estaba cerca. Decidió dejarse llevar y tratar de entender un poco más la situación.
—¿Quieres que nos sentemos en las terrazas a charlar? Mandé a Gaara a volar hace un rato, no te preocupes.
Ambos se dirigieron en silencio hacia unas mesas en las terrazas; Sasuke dispuso una de las sillas para que el doncel tomase asiento, al hacerlo sintió el perfume que despedía la nuca del doncel. Cerró los ojos y exhaló. Luego de unos segundos de disfrutar aquello, tomó asiento enfrente del Duque, quien miraba el piso con tristeza.
—Sé que no puedo dirigirme a usted con toda libertad pero no puedo evitar preguntarme el motivo de las lágrimas de las cuales fui testigo al verle hace rato… ¿por qué lloraba usted?
—… ¿Por qué lo hacía? No lo recuerdo bien. Creo que inevitablemente mis lágrimas decidieron fugarse cuando le vi entrar hoy al salón. ¡Uy!, me sorprendió usted, no contaba con su presencia hoy; creo que el verle tan sonriente y radiante me empujó a pensar… que usted ya se había olvidado de mí… —Sasuke escuchaba las palabras de Naruto atónito—. ¿Le sorprende que sea así? ¿Acaso hay más formas que necesite para expresarle lo especial que es usted para mí? Fue usted el primero en mi vida, Sasuke… y creo… que eso debería ser suficiente, ¿no?
Sasuke quedó sin palabras, ambos se miraron largamente como tratando de poseer con la mirada el corazón del otro. Para sorpresa del doncel Sasuke esbozó repentinamente una ligera sonrisa, se puso de pie hasta llegar hasta su lado y se hincó con una rodilla en el suelo y, sonriendo dulcemente, le hizo un ademán requiriendo la mano del doncel. Este se la concedió y tomándola delicadamente con su mano derecha la besó. Luego de hacerlo posó su frente en los nudillos del doncel, cerró los ojos y sintió un alivio indescriptible: aquel beso significaba que toda la tortura del mes pasado había por fin concluido. Naruto sonrió ante esto, su primera sonrisa en toda la noche. Con su mano izquierda tocó la mejilla del detective y la levantó para que hiciesen contacto visual, cuando aquello ocurrió el doncel se dirigió hacia el detective con un tono infantil y pícaro a la vez.
—Siento que algo ha cambiado en usted —el detective se ponía de pie mientras escuchaba al doncel—. ¿A qué se debe tal catarsis?
—Quizás porque me he determinado.
—¿Determinado a…?
—A no perderle la huella ni a El Kyubi… ni a usted —Naruto quedó pasmado con tal declaración pero, tratando de que no se notase, sonrió—.
—¿Y le está yendo tan bien con El Kyubi como le está yendo conmigo?
—No realmente, pero he… descubierto muchas cosas y estoy… empezando a entender otras.
—¿Entender?
—…No creo que usted pueda entender mis conclusiones con respecto al pensar de El Kyubi… no porque no fuese capaz de entender realmente, si no porque él y usted piensan tan diametralmente distintos…
—Obviamente yo no pensaría como ese infame ser desalmado.
—Eso está claro. Pero El Kyubi… no está tan loco como aparenta estarlo, ya que… se dio cuenta antes que yo mismo que si algo le pasa a usted yo… me muero.
—Creo… que estoy muy celoso… que esa abominación se haya dado cuenta mejor que nosotros mismos sobre nuestros… sentimientos… ¡Somos tan torpes, Sasuke! Creo que lo único que podemos hacer es dignarnos a aceptar que… hay una clara atracción entre nosotros, ¿tan malo puede ser eso? No creo que estar cerca de alguien tan… atractivo pueda ser malo. De hecho, lo único malo es los celos que me provoca usted en este momento… la verdad, estoy tan celoso que no quiero que los demás invitados vuelvan a verle siquiera un segundo vestido así tan… arrebatadoramente bello… —bufó al concluir esa frase—. Creo que mi vanidad se está viendo afectada de todo esto, me temo que la única solución es que usted acceda a acompañarme en este instante a mi residencia porque curiosamente… siento que acabo de indisponerme y tendré que disculparme con mis conocidos por mi ausencia.
—Y yo creo que es el deber de todo buen policía el acceder a escoltar a tan frágil y dulce joven noble a estas horas tan altas de la noche.
Ambos se sonrieron con complicidad, aquello significaba que por primera vez desde que se conocieron, de todas las batallas mentales que habían librado a través de sus ojos, en ésta por fin ambos salían victoriosos.
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Parte III y final
Impacto
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Ambos se miraban el uno al otro sin saber realmente lo que sus mentes pensaban… o bien podrían haber estado pensando en absolutamente nada; ¿cómo pensar si ambos había perdido la cabeza? Naruto sabía a la perfección que aquello no estaba bien, que él era su enemigo y no debía perder la razón ante la tentación de la perfecta imagen que proyectaba el detective; mas era inevitable, simplemente su razón desvariaba con sólo sentir al detective cerca así que su sesera concluyó al fin que no había mayor importancia en resistirse, que el desenlace sería el mismo con o sin el amor de su adorada obsesión.
Sasuke, por su parte, no planeaba otra cosa sino amarle. Él estaba consciente de que aquello lo tenía ahí en ese segundo, vistiendo como lucía, sonriendo como lo estaba haciendo y poseyendo en el bolsillo izquierdo de su casaca lo que estaba ocultando. Todo estaba sucediendo mejor de lo que había planeado, era como si sus deseos se hubiesen hecho súbitamente realidad. Ahora estaba plenamente seguro de lo que sentía, indistinto le era si no conocía al joven que estaba enfrente suyo sentado a la orilla de la cama en ese momento; ese doncel era el ser que amaba, todo lo demás… era insignificante.
—¿Sabe, mi querido Sasuke? Me parece que por más que trato que de adentrarme en su pensar no puedo hacerlo —señaló tranquilamente el doncel poniéndose de pie para caminar en dirección de una vidriera que contenía licores—. ¿Gusta usted amaretto?
—Por favor. Creo que entiendo su punto ya que me pasa lo mismo con usted. ¿Quiere saber qué es lo que pienso?
—¿Que si lo quiero? Es eso realmente obvio, pero al mismo tiempo me pregunto: ¿será divertido si me entero de su pensar de esta forma? Quizás sea más interesante sólo… investigar.
—Y dígame, mi querido Duque —Sasuke recibió el pequeño vaso con el licor que Naruto le sirvió—. Si me permite usted saberlo, ¿cuál sería su método de investigación?
—Oh, claro que se lo permito a usted: "dejarme llevar".
Naruto tomó un trago de su vaso y enseguida besó la boca de Sasuke, quien sintió el ardor de los restos de licor en su lengua. Desde hacía tiempo que Sasuke no sentía ese ardor, no porque no hubiese tomado en todo ese tiempo sino porque su lengua había olvidado lo ardiente que era la boca de Lord Uzumaki.
Luego del beso se miraron largamente con una sonrisa serena en sus rostros. El doncel se puso de puntillas para poder rodear con los brazos el cuello del detective. Aprovechando la pausa Sasuke tomó de una vez todo el contenido de su vaso, sorprendiendo al doncel.
—Veo que está usted nervioso, Sasuke.
—Más que nunca.
—¿Más que la primera vez?
—Mucho más.
—¿Más que la primera vez que se enfrentó usted a El Kyubi?
—Mucho, pero mucho más.
—¿Y qué de mí puede provocar en usted tal nerviosismo?
—¿Quiere usted que lo enumere? —ambos rieron—. Creo que es su inquietante mirar azul; me pregunto cómo unos ojos tan claros pueden ser tan enigmáticos. También me pregunto cómo hace usted para hacerme despedir la razón y comportarme como jamás me hubiese imaginado.
—Creo… Que eso podríamos comprobarlo aquí y ahora.
Naruto besó nuevamente a Sasuke pero esta vez sin ánimo alguno de separarse de él. Lo condujo a través de la habitación hasta que toparon con el borde de la cama, donde se dejaron caer. Sasuke se sentía muy nervioso, más de lo que pudiese controlar, y eso fue completamente percibido por el doncel, quien cambió sus planes de besar desesperadamente a Sasuke hasta comérselo y decidió ser más sutil y amable. Lo atrajo hacia sí gracias a la corbata y le dio un beso en la mejilla, haciendo que el detective se sonrojase. Con sólo un par de besos Sasuke ya estaba demasiado exaltado; su respiración era irregular y muchas veces se aceleraba en demasía.
—Sasuke… —dijo casi como en un suspiro, acariciando su mejilla—. Cálmate —ordenó serenamente, endulzando su rostro con una ligera sonrisa—.
Mas para Sasuke aquella orden era un imposible; sólo pudo serenar su respiración y aflojar sus brazos. Naruto se dio por satisfecho con sólo eso y le quito la corbata rápidamente, dándole un beso juguetón en la frente. Tímida, la mano de Sasuke comenzó a acariciarle la espalda de arriba hacia abajo mientras Naruto proseguía su tarea de desnudar al detective. A continuación el chaleco y la camisa. A medida que la camisa quedaba cada vez más desabotonada Naruto le bajaba por el pecho a mordiscos punzantes que le sacaban exhalaciones bruscas al detective hasta llegar al inicio de los pantalones, donde se detuvo abruptamente. Subió hasta quedar a la altura de la cara del varón. «Quítame los pantalones», le ordenó. Era notorio cómo, a pesar de que el doncel estaba muy dócil y trataba de ser tierno, le era imposible no ser autoritario.
Con manos temblorosas, ya ansioso de la excitación, Sasuke puso al doncel al lado suyo y como el rayo, le desabotonó los pantalones y se incorporó un poco para bajárselos, admirando la belleza de sus extremidades tan anonadado como la primera vez. Naruto entrelazó la mano con la suya, lo cual le sorprendió gratamente y le dedicó una mirada llena de amor, Naruto haciéndose cargo del resto a pesar de que le encantaba que Sasuke le desvistiese. Los pantalones quedaron en el piso al igual que la ropa íntima del joven lord. A continuación Naruto se levantó lentamente, quedando a horcajadas sobre el largo y fornido cuerpo del detective, mirando claramente como el semblante de Sasuke se ruborizaba al verlo encima de él. Con toda la sensualidad que otorga el buen manejo de la calma y la ansiedad el doncel desabrochó uno a uno los botones de su camisa y se quitó lentamente el resto de la ropa interior dejando su pecho descubierto, proporcionando al detective una vista privilegiada y única.
Las miradas apasionadas que se dedicaron sólo acrecentaban los deseos de posesión mutuos que se tenían el uno al otro; fue por eso que la cúspide de la ansiedad entre ambos se centró cuando el doncel decidió empezar el espectáculo mayor retirando el pantalón de Sasuke para dejar libre la magnitud de su virilidad. Al hacerlo, la confianza que había desplegado hasta ese minuto el joven lord amainó.
—… Siempre… se me olvida lo grande que es y el miedo que me da al comenzar.
Sasuke levantó su cuerpo con sus antebrazos hasta lograr sentarse por completo aún con Naruto encima, le abrazó tiernamente sintiendo las doradas hebras del cabello del doncel deslizarse por entre sus dedos. Acercándose hasta el oído del joven en un susurro aireado pronunció: «el miedo que nos tenemos el uno al otro… es una de las tantas cosas que no nos dejan separarnos, que nos mantienen atados el uno al otro. Sea el miedo, la obsesión, el capricho, la admiración… el amor… no me importa qué cosa nos mantenga unidos… sólo permítame estar cerca cada vez que lo necesite usted, se lo ruego». Cuando el detective terminó de emitir aquellas dulces palabras Naruto sintió algo quebrarse dentro suyo, algo que no iba a poder arreglar él solo, algo que no sabía decir qué era; pero no era tiempo de pensar aquello, era tiempo de simplemente amar en su forma más primitiva, en la forma en que el doncel y su corazón de infante jamás lograría entender siquiera.
Naruto aprisionó entre sus manos las mejillas del detective y lo observó un segundo, segundo suficiente como para llenar su mente y saciar su alma de la belleza inherente del angelical rostro de Sasuke. Luego de aquello como zambulléndose en turbulentas aguas, sostuvo el aire en sus pulmones para sentir de lleno la floreciente boca de su adorada "obsesión". La pasión se apoderó rápidamente de aquellas almas perdidas en el limbo de no conocer con quién comparten el amor. Los vagabundos besos aventureros pasaron a ser lamidas, las lamidas pasaron a ser mordiscos, los mordiscos pasaron a ser pasaron a ser historia en el flagelo amoroso de sus cuerpos.
¿Qué tan conscientes estaban ambos de su actuar? Mucho más que las veces anteriores pero no lo suficiente como para detener aquella locura, aquel ponzoñoso frenesí de sus interiores. Ambos secretaban pasión por sus poros, ya no era una alternativa plausible el separarse; eso bien lo entendió el doncel, quien ya no veía la masculinidad del detective como un motivo de miedo más bien como un motivo de necesidad, imperiosa "necesidad" que debía ser satisfecha en la brevedad máxima posible. Ante aquello las traviesas manos del menor se colaron por entre los resquicios abdominales del detective para bajar hasta la prominente erección que tanta ansiedad le producía. Primero como buen niño jugueteó con una mano en la punta, salivando sus dedos de vez en cuando, sin dejar de besar al detective, sosteniendo sus cabellos con autoridad entre su mano izquierda.
El actuar del doncel trajo consecuencias notorias en Sasuke, quien luego de dejarse hacer por un rato empezó a sentir que el cúmulo de placer era insostenible y que debía tomar acción de alguna manera; fue por eso que bajó la mano con que acariciaba la espalda del doncel a investigar por entre las suculentas carnes con dos de sus dedos. Producto de esto Naruto experimentó un estremecimiento incontrolable mas no se permitió detener su afanosa tarea, así aumentando el placer proporcionado al aprisionar a mano llena la hombría de su acompañante.
Para ambos sus acciones eran incontrolables justo como la primera vez, siendo sus gargantas arrasadas por las notas de la pasión, sucumbiendo de forma cabal ante la necesidad de quererse y demostrarse afecto. Los movimientos ejercidos por los cuerpos al borde del delirio empezaron a tomar cada vez más ímpetu, cada vez más osadía. Ya nada podía importar, ya nada podía detener lo que era el adviento de un nuevo inicio, de un nuevo final.
El doncel en su postrero intento de tener algún manejo sobre la situación decidió dar comienzo al acto principal; con sólo una mirada indicó a Sasuke que se recostase por completo, sacando de sus interiores los dos dedos que habían estado hurgando las fronteras de sus sensibles entrañas. Luego tomando con una sola mano la virilidad del detective empezó lentamente el proceso de unir sus cuerpos, sintiendo como poco a poco la masculina extensión de Sasuke iba proclamando para sí sus tiernos interiores, produciendo el sórdido dolor en su corrupta entrada. Aquella sensación era única, tan dolorosa y tan placentera que no valía la pena ser descrita. La máxima expresión de los sentidos terrenales se manifestaban en la escena, con el joven Duque con todo su poder y su estampa siendo voluntariamente subyugado por la anatomía de un corriente burgués poseedor de la belleza más pura que sus nobles ojos habían visto. Eso era más que sólo una escena, un momento, un instante; aquéllo era simplemente la mejor razón para estar vivo: ser feliz.
Todo eso era como una recreación de su primera vez, una señal de que era borrón y cuenta nueva, una promesa para el futuro. Los dos se habían extrañado, les había hecho falta el complemento de su alma, esa intimidad que les permitía su relación.
Quizá por la ansiedad producto de la distancia, quizá por el deseo encendido aquella velada, lo que siguió fue demasiado rápido. Naruto movía sus caderas en un principio lentamente, disfrutando de cada segundo del dolor; sin embargo, luego sin poder controlarlo, ya estaba saltando encima de Sasuke ambicionando cada vez más, especialmente al enfocar su mirada en la extasiada expresión del detective quien se aferraba de los muslos del doncel como si su vida dependiese de ello. El placer que aquello le producía estaba por hacerle perder la razón, ¿pero no la había perdido ya? Él pensaba eso desde el primer día en que le conoció; era definitiamente la potencial razón de su locura.
Naruto Uzumaki desplegaba una serie de movimientos que, aunque torpes en un principio, ahora de forma copiosa iban incentivando un ritmo endemoniadamente placentero para ambos. El entrar y salir que provocaban dichos movimientos estaba empezando a tener efectos en aquellos jóvenes cuerpos, fue por eso que al sentir el éxtasis acercarse Sasuke tomó con una de sus manos el miembro de su amado doncel y empezó a jugar con él de forma violenta pero satisfactoria. Ante esto Naruto transformó sus gemidos en gritos ahogados con una de sus manos libres, eran demasiadas estimulaciones en su pueril y frágil cuerpo; y aunque rogaba entre sollozos a Sasuke que detuviese su actuar porque se sentía enloquecer el detective no tenía contemplado parar hasta sentir el elixir de sus entrañas salir; y así fue. Naruto tuvo un orgasmo que vertió su contenido en el pecho de Sasuke mientras que sus interiores se apretaban lo suficiente producto de aquello como para propiciar de forma efectiva el clímax del detective, llenando así sus carnes con aquel suero de pasión.
Agitados se observaron hasta que Naruto se salió con cuidado y se tendió al lado del detective, las piernas de ambos colgando. Se miraron. A pesar de que era muy tarde los dos estaban despiertos y más conscientes del otro que nunca, sin ganas de terminar la noche aún. Se tomaron de las manos más cercanas como símbolo de su unión mientras intentaban calmar sus respiraciones y descansar un poco. Sin decirse nada, en una respuesta de su cansancio meditaron silenciosamente unos minutos, pero sin separar sus mentes entre sí, permaneciendo así por casi una hora, simplemente reconciliando sus mentes con la idea de haber poseído al contrario. Luego, aún de la mano con Sasuke, Naruto se apoyó en su antebrazo con su cuerpo ladeado y recogió un poco las piernas aunque le resultase incómodo.
—¿Sabe?
—¿Qué se supone que sé?
—A mí… A mí no me molestaría una repetición —dijo al colocarse seductoramente sobre el pecho del varón y acariciándole la cara con su mano libre—.
— A mí tampoco —con la otra mano rodeó a Naruto y le dio un beso casto en los labios—.
Sasuke se dejó del agarre de la mano del Duque y las bajó hasta sus caderas desnudas, sobándolas lentamente. El índice de la mano libre de Naruto empezó a recorrerle la clavícula, como incitándole a que continuase con todo: el acto, la conversación…
—¿Qué quiere que haga, Naruto? —el doncel se llevo el índice hasta sus rojos e hinchados labios, pensativo—.
—Creo, Sasuke querido, que la pregunta es «¿qué quiere usted hacerme?».
Sasuke quedó contemplando esa pregunta mientras sus cuerpos se recuperaban para una vez más, sumiéndolos a ambos en un silencio cómodo. Sus respiraciones sincronizadas contribuían al sentimiento de paz al tiempo que la mano más cercana a la cabeza de Naruto acariciaba su rubia y sedosa cabellera.
Pasado un tiempo, como en un acuerdo mutuo, se empezaron a tocar de forma cada vez más atrevida entrelazando sus piernas en la medida de lo posible. Sasuke se levantó bruscamente, haciendo que el doncel hiciese un mohín de contrariedad muy gracioso, por lo que Sasuke tuvo que pellizcarle la nariz con media sonrisa en sus labios. Naruto también se incorporó mientras Sasuke iba acuclillándose. Le besó apasionadamente en la boca; el doncel tan sólo se dejó llevar mientras esas manos codiciosas recorrían cada rincón de su pecho explorado con delicadeza en lo que Naruto hacía lo mismo con sus manitos torpes. Una mano fuerte y callosa echó su cabeza para atrás y besos comenzaron a bajar por su cuello como aleteos de mariposas inquietas así que el doncel se rindió y decidió dejarse llevar por las sensaciones que le provocaba Sasuke. Se tocaba descaradamente mientras le daba placer a su amante; a su parecer no había mejor cosa que ser el único que pudiese escuchar los sonidos que emitía el doncel.
El detective lamió la clavícula del joven y recorrió con su lengua el surco del esternón para luego succionar esos puntos rosados en el pecho del doncel con un hambre nunca antes vista. No había parte de su rubia adoración que no le resultase incitante. La respiración de Naruto se aceleraba y cuando el mayor dejó de venerarle emitió un quejidito de protesta, mirándole un poco molesto con el rabillo de los ojos asentados en medio de su cara sonrojada. Sasuke le dirigió una mirada candente con sus ojos fuliginosos (que ahora parecían tener brasas ardiendo en el fondo) y, tomándole de las caderas, lo forzó hacia atrás hasta que Naruto se tuvo que apoyar en sus antebrazos. Las manos dejaron de aprisionarlo con fuerza y una de ellas se posó en su vientre bajo. Una lengua traviesa recorrió el borde del ombligo del menor. El Duque estaba anonadado, expulsando el líquido claro que precede al éxtasis; el tacto lo desquiciaba: una mano posada en su bajo vientre andando en círculos mientras la otra recorría el interior de su muslo derecho.
El detective le miraba divertido observando con detenimiento cada una de las acciones de su querido doncel. Naruto se apoyó en sus manos más cómodamente hasta que una mano aprisionó su carne haciendo que desapareciese sin dudar entre los labios del detective.
—¡Sasuke! —gimoteó—.
La cabeza del detective iba con un vaivén estimulando la zona íntima del doncel, reclamándola para sí con su boca. Naruto podía observar cada movimiento con claridad, encendiéndole cada vez más; sin embargo eso no era lo que él quería, también quería a Sasuke gimiendo con él. «No, ¡detente!», imploró varias veces intentado cerrar sus piernas y halándole los cabellos entre gemidos. Sasuke cumplió la orden, no muy contento al respecto y perplejo.
—No… No así —cuando Sasuke ya iba a continuar, el joven lord le interrumpió—. Yo también… También quiero complacerte, Sasuke —admitió acariciándole los cabellos y apartando la vista encantadoramente abochornado—.
—¿Cómo planea hacer eso, Naruto?
—Tendremos que ser… creativos.
Subió las piernas y rodó por la cama hasta quedar en el lado opuesto, disponiendo su hermoso cuerpo en una pose tentadora que dejaba ver todas sus curvas, como ofreciéndole el lugar en la cama que acababa de desocupar con una media sonrisa seductora adornando su rostro.
Su mirar bruno centelleó del deseo y no lo dudó más, casi saltó a la cama colocándose al lado del rubio. Con su mano libre trazó la forma del rubio, desde sus hombros hasta las caderas un par de veces, estremeciéndose por la mirada de Naruto. Le deseaba. Naruto le deseaba. Podía ser que incluso le amase como Sasuke a él, ¡y qué alegría más grande es la posibilidad de ser correspondido! La media sonrisa que ostentaba se ensanchó y colocó sus brazos y cabeza sobre el pecho de Sasuke. Con sus dedos trazó sus labios mas en lugar de besarle como anticipó Sasuke, se deslizó rápidamente por su pecho pegajoso aún con rastros secos de enantes, cambiando la posición de su moreno cuerpo hasta quedar frente a la excitación de Sasuke, la cual engulló de una sola vez.
Aunque Sasuke soltó un alarido por la sensación de placer tan repentina en su hombría él no se dio por satisfecho (con el cambio de posición quedaban las piernas flexionadas de Naruto y su parte posterior enfrente) así que, encendido por las acciones obscenas del más joven, le ladeó el resto del cuerpo y, con la cabeza gacha al ser más alto que el otro, le lamió el bálano para envolverlo todo en su boca al tiempo que aprisionaba el tallo con su mano, lo cual hizo que el rubio casi se atragantase con la suya. El rubio lo fulminó con la mirada, pero esto no hizo otra cosa sino complacer al detective que ahora que tenía toda la atención del dulce doncel así que prosiguió a complacerle de la forma más procaz que fuese posible en esa posición con su lengua. Frunció el ceño al no escuchar nada y miró de reojo y apreció por qué: el menor se había mordido sus labios rojos para no gemir aunque le mirase con bastante interés.
Al Duque subierónsele los colores al notar la forma en que el detective lo miraba y para desviar su atención embarazosa su mano descendió por su hombría y aprisionó a sus dídimos, para la sorpresa del detective, quien no pudo evitar emitir una especie de sonido ronco que al pequeño le pareció bastante sensual. Jugueteó con ellos mediante su lengua, los absorbió, la coló inquieta por debajo de ellos. Al mismo tiempo no podía dejar de gemir pues el detective empezó a friccionar su extremidad con su mano mientras libaba de la punta, sin dar la impresión de querer separarse de ahí.
Era un juego de iguales, ya nadie tenía poder sobre el otro sino que disfrutaban en igual medida de las acciones hechas por ellos y en ellos, una manifestación de la confianza nacida de los sentimientos que había de por medio. A pesar de que era más sosegado que la primera vez de aquella noche y que tal vez había más pasión carnal de por medio sus acciones eran muy conscientes de la situación, de ellos mismos y de lo que despertaban en el otro, siempre pensando más en la satisfacción contraria que en la misma.
Sasuke, no satisfecho con sus acciones y con ansias de saber más del doncel, le apartó las piernas entre protestas del otro, quedando una doblada y apoyada completamente sobre la cama y el antebrazo de Sasuke y la otra sosteniéndose en la planta del pie, y se perdió entre las carnes prietas del doncel. Se abrió un camino con la ayuda de su mano libre, siguiéndolo con la punta de su húmedo órgano, trastornando al doncel de este modo, quien jadeaba tratando de recuperar su aliento.
—¡Sa… Sasuke! Eso no… no… —reunió todas sus fuerzas y continuó, soltándolo lo siguiente en una exhalación antes de quedarse corto de aire otra vez—. ¿Qué te pasa? ¡No es limpio! —le reprochó con confusión pueril. Sasuke pausó con su tarea al escuchar eso—.
—Eso… —y dio un lengüetazo—. Eso… a mí no me importa —presionó la puntita húmeda contra aquella entrada cohibida. Naruto inhaló bruscamente ocultando sus orbes azules con fuerza—. Si es con usted… de usted… No hay nada, absolutamente nada, que me disuada.
El joven lord escondió su cara entre el pelambre negro de Sasuke. Incluso aquella acción tan vergonzosa era preferible a que el varón viese su cara consternada. ¿Cómo era posible que ese hombre tan correcto dijese cosas tan poco apropiadas tan a la ligera? Otra vez sintió como su lengua oprimía su entrada aunque ahora con una gran fuerza, esta vez logrando tener cierto éxito en penetrarle. El rubio, deseoso de arrancarle a Sasuke más suspiros, decidió poner sus colmillos congénitos a buen uso. Ladeó la cabeza, rozando con sus dientes las venas hinchadas a flor de piel, y sonrió complacido al notar el estremecimiento del detective. Cuando llegó a la parte de arriba y tanteó el orificio con sus colmillos Sasuke sufrió una sacudida de placer violenta.
Ambos podían sentir como el otro estaba llegando al punto álgido del placer así que intensificaron sus atenciones, pendientes de cómo el contrario se estremecía para continuar ministrando de la mejor manera. Por primera vez terminaron juntos, sumergiéndose en un mar de sensaciones y complacencia, perfectamente saciados por fin.
Cuando emergieron de su ensoñación producto de la liberación, Sasuke se tendió boca arriba y se pasó una mano por los cabellos, nervioso. Ya se acercaba el momento. Naruto se sentó a su lado y comenzó a acariciar los cabellos brunos del detective. Aún podía sentir el sabor amargo del detective en su boca pero lo que verdaderamente le hizo encogerse cohibido fue ver su semilla escurriéndose por la barbilla y pecho del detective. Se sintió culpable así que agarró su camisón de debajo de una de las almohadas y, con la manga, limpió al varón con ternura mientras éste le miraba de forma indescifrable, que por alguna razón le llenaba de nervios.
Al cabo de un rato Sasuke se irguió ante la mirada de Naruto y dobló su torso para agarrar la casaca. Hurgó en ella, sacó de uno de los bolsillos un pequeño objeto, sostuvo aquello entre sus manos y luego se sentó al lado de su amado.
—¿Qué tiene usted ahí Sasuke?
—Mi alma —ante esta respuesta Naruto se sorprendió inevitablemente—.
—¿A qué se refiere usted?
—Tengo en mi mano izquierda mi alma, está fuera de mi cuerpo desde que le conocí a usted y desde entonces no soy capaz de cuidarla por mí mismo… ¿me ayudaría usted?
—No entiendo a qué se refiere —habló confuso el doncel pero luego culminó su frase con una sonrisa agregando—, pero yo gustoso cuidaría de su alma por usted.
—¿Es eso cierto?, pero el problema es que si le doy mi alma… tiene que prometerme que cuidará de ella para siempre… ¿desea usted ser el dueño de mi alma por el resto de mi vida?
Naruto empezó a entender a lo que se refería Sasuke y pensando un poco en lo extraña que era esa situación para él, decidió limitarse a asentir con curiosidad. Al hacerlo Sasuke sostuvo con su derecha la mano del doncel, para luego situar sobre esta su puño izquierdo cerrado. Al abrir lentamente su mano dejó caer en la palma de Naruto un pequeño objeto dorado y reluciente, que al ser identificado por el doncel, éste abrió los ojos con desmesura: era una argolla de compromiso. Sasuke, por su parte, sonrió ligeramente y procedió a hablar con un tono de voz frágil pero decidida.
—Naruto Uzumaki… ¿desea usted casarse conmigo?
Continuará…
Notas:
*Un stone son 14 libras, así que un cuarto de stone son 3.5 libras; es decir, poco menos de un par de kilos :D
Bien, primero:
NOTICIA IMPORTANTE: Debido a exámenes de Kólera todas las siguientes fechas de actualización se corren una semana. Así, la próxima no será el próximo jueves (12/06/2012) sino el siguiente. El horario queda así, si no hay más contratiempos:
—Capítulo 10 - 26/07/2012
—Capítulo 11 - 02/08/2012
—Capitulo 12 - 09/08/2012
El horario:
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(quiten los espacos y los guiones del http)
Espero que les haya gustado todo, especialmente el final porque es su despedida hasta de dentro de dos semanas :D
Ahora, los reviews:
Moon-9215: querida, el fanfic no es mío, soy sólo la correctora. El fanfic es de Kólera. Pero bueno, ¡qué gusto que te haya gustado! ¡Gracias por pasarte a dejar un review!
Guest: Wow. This is such a bad trollbait it's like you didn't even bother. Had you put more of an effort you'd see that I didn't even write this, I'm the editor. Trolls: No longer made the way they used to.
DarkPotterMalfoy: entonces te va a decepcioanr aún más que no es hasta la semana de más arriba que se va a actualizar. Es que el m-preg es irrelevante para el fic, y la verdad sería sólo un chliché más en fics con donceles. ¿Te gustan los personajes con un lado oscuro? Porque eso es lo único que le veo similar a Naruto del fic y a Sasuke del manga XD Sipis, tienes razón; es básicamente anarquía. Sí puedes, pero espera a que termine porque estoy trabajando en una versión final de todos los capítulos, para que esté lo más bonito posible :D
¡Gracias por los reviews!
