Bella
2. Sucesor
Sus brazos fríos me tomaron por la cintura dejándome colgando de un solo brazo, como si fuera un saco de basura, sucio y alejado de su cuerpo. Me sentía… mejor dicho, no lograba sentir algo, nada, ni dolor ni ira… mucho menos amor. Solo me sentía como antes… como alguien viviendo sin vida propia solo viviendo por capricho de Dios… aunque no podía estar segura por cuánto tiempo.
Él caminó hasta su carro y después me deposito en el asiento trasero, cerró la puerta y camino hasta la suya, con la misma gracia que yo recordaba y con la camisa rasgada completamente. Entro al coche, se quito la camisa y con los harapos se limpio su rostro, igualmente bello como yo lo recordaba… pero tan animal y bestial que parecería un coyote dentro del cuerpo de un humano, siempre con esas facciones silvestres y siniestras.
Empecé a sentir que la resignación me consumía. La decisión ya había sido tomada por él. Ahora era suya, como si hubiese sido yo subastada y fuese él el que ofreciera mas. Solo suya ya que nadie estaba a la altura de Edward Cullen.
–Llévame con Charlie –salió de mi, de alguna parte de mi cuerpo que se negaba a dejarse vencer.
–No creo que se pueda. –su vos llevo a mí una serie de sensaciones fatales –jamás… nunca –me levante del asiento e intente rasguñarlo aunque no logre siquiera tocarlo, gire y desesperadamente intente abrir la puerta pero antes de que lograra hacer algo el aceleró violentamente, haciéndome caer bruscamente hacia atrás.
Comencé a sollozar y después esos sollozos se convirtieron en un llanto amargo, un llanto lleno de ira y una sensación de vigor que no había sentido hasta ahora. No lograba pensar con claridad, solo me interesaba escapar de él.
– ¡Déjame ir! –le grite y comencé a patear la puerta, me daban unas punzadas de dolor por las heridas pero eso no me detuvo.
–No puedo –me dijo con una vos aterciopelada y dulce que parecía más humana que antes… eso no cambiaba nada.
–Déjame ir –la vos se me empezaba a quebrar y comencé a sufrir lentamente, sentía como si sangrara por dentro y la sangre me quemara sin misericordia ni compasión. –Por favor –le rogué, haciendo a un lado mi orgullo y mis ganas de seguir luchando sin conseguir nada… simplemente no quiero estar más nunca con él.
–No puedo arriesgarme, Isabella –reino un silencio casi molesto y entonces comprendí a que se refería… no se trataba de nosotros 2… si no de su secreto, un secreto que yo acepte como mío cuando me enamore de Edward… francamente ahora recordarlo como antes no me dolía, no tenia significado alguno ni para él ni para mi… era la única humana que conocía su secreto pero no pareció importarle eso cuando me abandonó, había algo más que yo no sabía.
– ¿Qué pasa? –pregunte con un tono seco sin sentimientos ni dolor.
–Tenemos que estar juntos… sabes a que me refiero –en otro momento me dolería lo que él me acababa de decir pero ahora no tenía sentido.
– ¿Por qué? Cuando te largaste no parecía importarte –trate de echárselo en cara escupiéndole cada palabra.
–Ya lo sabe Aro… sabe de ti–necesité un momento para entenderlo del todo.
Siglos… quizá milenios, fuerza y obediencia sublime describía lo que eran los Vulturi; Aro, Cayo y Marco… la única regla para los vampiros era guardar el secreto de su existencia y parecía haber sido desobedecida en el instante en el que Edward me acepto en su maldecida vida de vampiro… Carlisle era amigo de los Vulturi ya que vivió con ellos mientras estudiaba su vocación por la medicina, eso sin duda fue lo que evito que vinieran a buscarme directamente.
–Pero cómo –pregunte y algo cambio, Edward se llevo las dos manos a la cabeza e intento liberarse de su cinturón de seguridad… me quede perpleja mientras el parecía vivir un instante de dolor o sufrimiento, pero había algo mas… llevaba puesto su cinturón de seguridad pero no lo necesitaba, no porque era inmortal… algo andaba raro en el… ¿a quién le importa?
De repente volvió a la normalidad… o eso parecía, puso sus dos manos sobre el volante y se acomodo de nuevo en su asiento.
– ¿Cómo se entero? –insistí.
– ¿Cuál es tu jodido interés? Confórmate con saber que ahora eres mía y me espera a mi algo mejor, asquerosa humana. –cada palabra me hirió y me hizo sentir completamente desprotegida e insegura… quise morir pero no tenía posibilidades de hacerlo, no mientras estuviera el allí…
El dolor era poco comparado a lo que sentía… a caso ¿hay algo peor que sentirte la zorra miserable y poca cosa de un ser al que amaste? ¿Hay alguna salida del infierno que me esperaba o solo había resignación? De repente, como respuesta a mis preguntas sonó el celular de Edward.
