-¿Estas bien querido?- susurro ella con dulzura contra su oído. El abrió los ojos con pereza y embozo una sutil sonrisa en sus labios. Ella no dejo de acariciarle el cabello, le encantaba verle dormir sobre su regazo, pero le asustaba cuando entre sueños fruncía el ceño.
-Si, solo estaba pensando..."Ojala sea una niña"-
Ella sonrió y pronuncio con ironía -¿Y si es un niño?-
-Lo querré igual, pero estoy seguro, es una niña- murmuro con cariño acariciando las pantorrillas de su esposa. Ella cerro los ojos y lo imagino.
-No estaría mal un pequeño Natsu-
El apretó el ceño y se reincorporo recargando su cabeza sobre el hombro de ella -No, un niño o una niña... ninguno debe parecerse a mi Lucy. Ninguno debe ser...- oculto la mirada sobre el hombro de ella -un monstruo-
Ella muy en el fondo sintió una gran tristeza que poco a poco la heria con mas profundidad, era una enorme pared que ella no era capaz de derribar, verle sufrir de tal manera la destruía; se limito a desviar el tema embozando una forzada sonrisa coqueta -Si es una niña seras un hombre muy celoso-
Para alegría de ella, el sonrió juguetón -¿En serio? ¿Porque?-
Lucy alzo el cuello -Porque sera tan hermosa como yo- pronuncio ella con voz fanfarrona y coqueta moviendo a su vez su largo cabello de forma traviesa. El la miraba fijamente y ella lo observo de reojo con malicia -Y tendrá un novio-
El cuerpo de el se tenso -No tendrá novio- Culmino, a lo que ella rió.
-¡Claro que si!-
-No, no lo tendrá-
Ella tomo su mano, dándole el pesame -Natsu, lo tendrá-
-No lo permitiré-
La rubia alzo la ceja sin poder ocultar su diversión -No quiero que sea una solterona amargada. Encontrara a alguien que la proteja y con el tiempo tú también lo amaras-
El gruño de solo imaginarlo y cruzo sus fornidos brazos ante la negativa -No pienso ser amigable con el bastardo que intente arrebatármela, ella me tendrá a mi y sera suficiente-
Lucy soltó una carcajada y se acaricio la gran barriga-¿Ya escuchaste cariño? ¡Papá sera un hombre malhumorada y posesivo!- Natsu frunció el ceño y se acerco al vientre que protegía al pequeño ser.
-¡Escucha bien tú ahí dentro! ¡El día que yo muera y una semana después, entonces podrás tener novio!-
Lucy soltó otra escandalosa carcajada y sin previo aviso le dio a su esposo un enorme beso en los labios dejándolo completamente mudo. Ella lo abrazo y aspiro su varonil aroma corporal mezclado con la menta; estaba perdidamente loca de amor por él -Dragón tonto, gracias por amarnos-
-Lucy... Lucy- Llamo una frágil voz.
-¿Quien es?- susurre sin poder abrir mis ojos, aturdida.
-No abras tus ojos, confía en mi... prometo no hacerte daño- pronuncio acariciando mi cabello.
-¿Quien es Lucy?- susurre sin comprender.
-Tu eres Lucy cariño, no tengas miedo-
-¿Quien eres tu?-
-Soy tu amiga-
-¿En verdad lo eres?- murmure con incredulidad
-Si, estoy protegiéndote justo ahora-
-¿Protegerme? ¿De que?- pregunte finalmente recobrando la razón, ¿Como es que había olvidado quien soy? Con mis sentidos percibí que mi cuerpo se encontraba recostado sobre algo sumamente cómodo, que parecía tratarse de una cama. Solo recordaba estar a punto de ser arrestada por los guardias de Edoras cuando una mujer vieja me llevo consigo, ¿Podría tratarse de la mujer junto a mi?
-Estas haciéndote daño a ti misma y al estúpido que te venera sin cansancio- pronuncio con cansancio lo que me lleno de curiosidad.
-¿Natsu?-
-El Rey Dragón del Fuego, no tienes que preocuparte por el, esta a salvo- pronuncio su magnifico legado, pero fueron solo palabras borrosas para mi. Solo resonaba en mi cabeza "Esta a salvo".
-¡¿Lo conoces?! ¡¿Donde esta?!- Pregunte con ansia, pero ella no respondió. Suspire afligida, aun con mis ojos cerrados podía sentir su triste mirada sobre mi y eso me frustraba. Estaba cansada de sentir esa mirada en mi -Lo se. ¡Soy de lo peor, la mujer mas cruel de toda la Tierra! ¡El me demuestra una y otra vez sin cansancio lo mucho que significo para el y aun así yo, no se como corresponder a tales sentimientos llenos de devoción!-
-¿Es que acaso no lo amas?-
Trague saliva y mis manos temblaron -Si, lo hago... no recuerdo haber sentido nunca antes algo igual, cada poro de mi piel grita por el- solté una risa forzada pero ella solo siguió escuchándome con paciencia -Cada que el roza mi mano mientras me mira fijamente, sujeta mi cintura o me abraza... siento las piernas temblar y el corazón hasta la garganta, siento que puedo flotar...- susurre mordiendo mi labio inferior.
-¿Entonces porque dudas?- pregunto con dulzura.
Podía sentir mis ojos humedecerse -El ama a la Lucy que alguna vez murió con su bebe en el vientre, ella no soy yo, al menos ya no más. Entonces ¡¿Quien soy yo?! ¡El espero siglos por mi! ¡¿Como cumplo sus expectativas?!...- Una lagrima traicionera se escapo seguida de muchas otras, pude sentir la fría y arrugada mano de la mujer que con cautela se poso sobre mis humedecidos ojos y puse mis dos manos sobre ella en busca de esa llama maternal que me había sido robada -...¿Como dejo de compararme con alguien que ya no existe mas?... ¿Y si nunca recuerdo nuestro pasado? El lo guarda para si mismo, pero lo se, ¡Cuando el me mira, en sus ojos veo el anhelo de formar una familia! ¡¿Si quiera en verdad soy humana?¡ ¡¿Y si no puedo darle los hijos que quiere?! -Mi llanto se intensifico - ¿Y si termina aburriéndose de mi y me aleja de su lado? ¡Tengo miedo de enamorarme más y más de el! ¡Tengo miedo de volver a lastimarlo!-
-Eres una niña estúpida- pronuncio secamente, pero no pude negarlo. Poco a poco su voz se suavizo -¿Como podría ese estúpido aburrirse de ti? La simple idea es imposible... Fue hace siglos. Quizás fue su tristeza o la terrible casualidad, pero el día en el que lo conocí... el cielo se nublo de repente. Bañado en sangre y con una mujer entre sus brazos, me rogó de rodillas que devolviera a su amada a la vida.
Sentí sus palabras como si un balde lleno de agua helada cayera sobre mi, intente reincorporarme y mirar su rostro pero me sujeto con fuerza negándomelo rotundamente -¡¿Tu eres-?!- murmure fijando mis ojos en ella. Era una estilizada mujer de tez pálida, con un cabello similar al de Natsu y con unos intimidantes ojos color carmín. Ella bajo la mirada sin poder esconder su tristeza.
-Fui una mujer muy cruel. Creí que sus palabras eran barbaras mentiras. ¿Un dragón enamorado de un ser humano? ¿Un ser híbrido a pocas semanas de nacer? ¿Un asesinato? Todo eso tenia que ser una broma enfermiza y el un verdadero imbécil al intentar engañarme- ella bufo -Le cerré la puerta en la cara y el de una patada la destrozo. Me imploro tanto que por mera diversión decidí poner a prueba su corazón y como pago le exigí la mitad de su sangre; ese estúpido se abrió las venas sin dudarlo usando sus colmillos- Levanto la vista y me observo fijamente a los ojos-Solía ser una verdadera víbora, y con su sangre asesine a miles de inocentes- confeso, como si con sus ojos me pidiera que la juzgara por sus malas acciones. Tome sus arrugadas y delgadas manos sin romper el contacto visual.
-Hay... arrepentimiento en tu voz-
Ella aparto bruscamente mis manos a las de ella y desvió su triste mirada lejos de mi alcance -Eso no cambia nada, la muerte y las lagrimas derramadas por inocentes serán el castigo con el que siempre cargare-
Sonreí, sintiendo en mi corazón una indescriptible dicha al poder conocerla -Pero, aun cuando hiciste cosas terribles, cumpliste tu promesa... a pesar de todo, tú... me permitiste volver a su lado-
-Y a pesar de que lo conseguí, dudas de pararte junto a el- Sentencio sin dureza apretando mi corazón. Levanto la mirada hacia las altas pero pequeñas ventanas que permitían la entrada de pequeños rayos de sol. Di rápidas miradas a mi alrededor, nos encontrábamos en una pequeña pero linda recamara, pero por alguna razón sentía que había estado en ese sitio en el pasado -Lo hice esperar por mucho tiempo, pero finalmente logre regresarte a este mundo, regresar esa chispa, ¡La llama!...- la anciana mujer bajo la mirada y el silencio perduro un momento que por alguna razón, hizo a mi corazón temblar -De haber fallado, el también hubiese perecido. ¡Se lo advertí y a el no pudo importarle menos!; Quizás, en lo mas profundo de su ser, era lo que el mas anhelaba. En el día se ocultaba tras una mascara de arrogancia y despreocupación, llorando sin consuelo por las noches mientras susurraba el nombre de su difunta esposa-
Esposa...
Baje la mirada, intentando callar a mi corazón quien me gritaba sin la menor compasión, lo despreciable que era al hacer sufrir a un hombre/dragón, tan maravilloso como el -Me regresaste a la vida, el contrato termino... ¿Porque estoy aquí?-
Ella señalo el centro de su frente y se llevo las manos al corazón -Me ha atormentado en sueños, el rostro del Dragón que se lanzo al vació sin dudar para salvarte de aquel acantilado-
Natsu se lo contó todo...
-No, no entiendo. ¿Que tiene que ver contigo ahora?-
Ella cerro los ojos, como si intentase concentrarse -Tu eres mi creación, eres mi hechizo casi perfecto-
-¿Casi?- susurre sintiéndome más incompleta que antes y con miles de problemas por avecinarse.
Ella se acerco mucho mas a mi y con suma delicadeza toco mi vientre -Desconoces al Dragón que amaste, el que engendro un bebe en tu interior- abrió sus ojos y estos ya no eran mas de color carmín, eran iguales a los míos, marrones como el chocolate -Todas tus memorias, las he recuperado y canalizado en mi interior. Son recuerdos llenos de tristeza y furia, pero también de dicha y amor. Son los recuerdos de un ser humano que amo y fue amado sin importar las adversidades. Ha llegado la hora de regresartelas, Lucy. Dile que lo siento y que espero que finalmente pueda ser feliz- no me dio la oportunidad de contestar. Junto su frente a la mía y de esa unión un enorme resplandor se libero.
Mi cuerpo se desvaneció. Mis pupilas se dilataron pero no era capaz de ver nada. Dentro de mi cabeza me encontraba perdida y sin rumbo en un laberinto sin color, con millones de fotografías en cada pared, fotografías que no lograba comprender. Todas pasaban por mis ojos en lo que era apenas un destello -Natsu- Mi corazón latió lleno de adrenalina, la información se introducía en mi cerebro desenfrenadamente permitiéndome comprender, el rompecabezas se armaba por si solo. Finalmente lo entendía. El siempre había dicho la verdad. El siempre me había amado. El siempre lo había sido todo para mi.
La palabra majestuoso se quedaba corta para definirlo. En mi niñez lo contemple en silencio por mucho tiempo pese a los rumores de que comía los corazones de las vírgenes y mutilaba el cuerpo de los hombres.
Un día, cuando ya no era más una niña, el se acerco a mi con tal agilidad que me dejo sin escapatoria y al ver mi reflejo en sus magníficos ojos me dejo sin aliento... en el preciso momento en el que creí que esa bella e impresionante criatura me mataría, me dijo que era preciosa.
Nunca se lo dije a nadie. No fue de inmediato, pero volví a verlo en varias ocasiones. Solo nos recostábamos sobre la hierva y observábamos el cielo, jugábamos en el río o dormíamos sobre la sombra de un árbol... hasta que finalmente llego el día en el que me beso y me dijo que me amaba. Un viejo y enorme árbol hueco era nuestro pequeño nido de amor, lejos de las miradas y palabras que nos juzgaran. Fui muy feliz, era mi primer amor y por alguna razón era reciproco; por alguna extraña razón el amaba a alguien tan simple y efímero como yo.
Pero solo amor no era suficiente. El era diferente a mi y habían muchos otros como el, y él, era el Rey de todos ellos.
Uno de sus súbditos nos descubrió en uno de nuestros tantos encuentros secretos y trato de alimentarse de mi pese a las negativas palabras de su Rey y en un intento por protegerme, termino viéndose obligado a derramar sangre de un compañero importante para el, todo por mi culpa.
Desde entonces el siempre se sintió intranquilo, temiendo por mi seguridad cada vez que me encontraba a su lado. Pero nunca dejo de repetir cuanto me quería. Hasta que un día, el no regreso más a nuestro árbol.
Mi corazón lloraba por dentro, pero me negaba a la idea de creer que el me había abandonado y me daba esperanzas de que un día volvería por mi.
Amaba a mi familia, así que un día dije la verdad y le implore a mis padres que lo aceptaran, pero ellos me prohibieron verlo desde entonces encerrándome en casa y vigilandome constantemente.
Una noche, mientras todos dormían, junte unas cuantas sabanas y un poco de comida y escape, jamas volví; miraba el cielo constantemente en el día y dormía dentro de nuestro árbol esperando su regreso por las noches. No podía creer que lo nuestro se había terminado.
