Reloj de Arena

por Karoru Metallium


Disclaimer: Gundam y sus personajes no me pertenecen. Claro que si me regalaran a Zechs no me pondría brava... ¿quién no querría ese hermoso regalo? Lo que sí es mío son las situaciones en las que los pongo xD


Capítulo IX

Control

Cuando al fin alcanzaron la privacidad del apartamento, Duo se volvió hacia la silenciosa Noin, sus ojos violáceos expresando inquietud.

- ¿Te sientes bien, Noin?

- Perfectamente - repuso la aludida, con aparente indiferencia. El ex piloto no se tragó el cuento ni por un momento, pero prefirió no presionar.

La actitud de la chica indicaba que no tenía ninguna esperanza en lo absoluto de que las cosas entre ella y Zechs prosperaran; pero al menos no parecía que fuera a deprimirse gravemente por eso en un futuro cercano. Estaba verdaderamente calmada, aunque sus ojos azul oscuro mostraban algo de su tristeza.

Después de soltar su pequeño bolso sobre una mesa y echar el abrigo descuidadamente sobre una de las butacas, la joven se dejó caer en el sofá con un suspiro de cansancio, dando unas palmaditas en el cojín a su lado para indicar a Duo que se sentara.

- Ven aquí. No hace falta ser Einstein para darse cuenta de que te fue bastante bien con el Señor Arisco y Remoto, pero necesito los detalles exclusivos y jugosos. Lo más resaltante, ya sabes.

- Pues yo... uf, no sé por dónde empezar...

- Bueno, usualmente la gente comienza por el principio - aconsejó la joven, muy seria, agitando el dedo índice en el aire pata enfatizar su punto -, luego hace una progresión gradual desde la mitad, hasta el final...

- Muy graciosa - apuntó Duo con sarcasmo, fingiéndose ofendido y sacándole la lengua en un gesto marcadamente infantil.

- Sí, lo soy - Noin sonrió - ¡Hasta que al fin alguien reconoce mis múltiples talentos! Venga, hablar, que me tienes en ascuas.

El joven procedió a resumirle a grandes rasgos su conversación con Heero, lo cual hizo que la chica mostrara abiertamente su complacencia por el resultado del uso de sus tácticas dilatorias con Relena.

- ¡Ya decía yo que allí había algo! ¿Y en qué quedaron?

- ¿Quién dice que quedamos en algo? - dejó caer evasivamente Duo, enrojeciendo.

- Maxwell... no le mientas a tu vieja, que Dios te va a castigar - le regañó Noin, muerta de risa -. Vi con toda claridad que te susurraba algo y tú asentías. ¡Cuéntamelo ya!

- Bueno... me preguntó si podíamos vernos mañana para dar una vuelta por ahí, y yo le dije que sí, que al salir del entrenamiento en la tarde podríamos vernos - confesó el chico, con la cara como un tomate.

- ¡Genial! Me pregunto qué hará para apartarse de la vista de Relena unos segundos; le vigila como un halcón, parece que ella fuera su guardaespaldas y no al revés - de pronto, contuvo el aliento y miró a Duo con una sonrisa positivamente maliciosa que lo hizo estremecer - Maaaaaxweeeell... - canturreó divertida - ¡Tienes una cita! ¡Esta es tu primera cita con tu limón!

- ¡NOIN!

- Vamos, no te pongas así. Tengo razón, ¿o no?

- Pues... sí - admitió.

Duo se sentía feliz y al mismo tiempo aprensivo, inseguro. No sabía qué esperar de la salida con Heero, que en efecto sería su primera cita; no sabía cómo actuaría, qué le diría, ni qué pasaría. Entre ellos seguía existiendo la confianza que habían alimentado en los años de luchar y trabajar lado a lado, pero algo había cambiado. Su relación iba a cambiar de algún modo, y eso le daba algo de miedo.

- No tengas miedo - las palabras de Noin parecían indicar que había leído sus pensamientos. Sus ojos azul oscuro eran cálidos y reconfortantes al mirarle con afecto -. Yuy es tu amigo, un amigo que está abriendo una puerta para que puedas ser algo más. No temas.

- Esto es muy serio para mí, Noin. No puedo darme el lujo de equivocarme como lo hice con Hilde; le causé mucho daño por no estar seguro de lo que sentía...

- Pero ahora estás seguro de lo que sientes, Maxwell, por eso tienes que ponerle empeño. Pero debes hacerlo sin miedo, sin temores. Ya tienes una buena parte del camino recorrido, y eso es un gran logro, considerando que estamos hablando de Heero Yuy.

- ¿Y qué vas a hacer tú respecto a Zechs? - preguntó Duo directamente, expresando de una vez las inquietudes que la actitud de Noin le producía.

- Nada. La verdad es que esta velada me ha servido para darme cuenta de que, si alguna vez tuve una oportunidad con él, la he perdido.

- ¿Tan mal estuvo? ¿Qué te dijo?

- No se trata de que haya estado mal. Se trata de que él no me ve de la manera en la que siempre he deseado que me vea, y eso es definitivo. A veces... a veces tuve la impresión de que quería decirme algo, no sé el qué; pero no me hago ilusiones - sonrió desganadamente -. Tengo que curarme de esto, Maxwell, porque si no lo hago voy a parar en loca. Tengo que entender de una vez por todas que, si bien él es un príncipe, no es, ni será mi príncipe.

- Pero él te tiene mucho afecto, eso se ve...

- No es suficiente para mí, Maxwell, como no lo sería para ti. Me comprendes, ¿verdad?

- Creo que sí - suspiró -. Y entonces, ¿qué vas a hacer?

- Aguantarme mientras tanto, y esperar a que pase la tormenta. Y otros lugares comunes: no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista, el tiempo lo cura todo, etcétera. Un día despertaré y me daré cuenta con alegría de que todo lo malo ha quedado atrás y es sólo un recuerdo...

- Pero no te desanimarás, ¿verdad que no? - preguntó Duo con genuina ansiedad. Se habían tratado poco antes de todo esto, pero siempre se habían caído bien y ahora en pocos días se habían hecho verdaderos amigos. No quería verla triste ni desanimada.

- Trataré de no hacerlo.

- Espero que trates con todas tus fuerzas. Eres muy especial, sabes...

- ¿Estás coqueteando conmigo, Maxwell? - preguntó Noin, con una sonrisa pícara.

- No me jodas, Noin - repuso el joven haciendo un puchero y tomando uno de los cojines del sofá, el cual procedió a estampar en la bien peinada cabeza de la chica. Un ataque de risa y una guerra de cojines comenzó, y sólo después de algunos minutos, jadeante, pudo retomar la conversación -. Lo que quería decir con eso... bueno, es que eres una buena amiga, y una mujer muy inteligente, y atractiva, y tienes un cuerpazo, y...

- ¿Lo ves? ¡Estás coqueteando conmigo! ¡Oh! - exclamó la joven, fingiendo horror y deslizándose artísticamente del sofá a la alfombra - ¡Hiciste que te diera mi confianza sólo para atacarme después con tu lujuria! ¡Monstruo!

- ¡Para ya, mal bicho! - a estas alturas, hasta las orejas del pobre Duo estaban rojas y le dolía el estómago de tanto reírse.

- Te gusta que te friegue la paciencia, confiésalo - dijo Noin desde la alfombra, riendo aún.

- Pues sí, parece que soy masoquista...

- ¡Ah! Hablando de eso, ¿crees que a Yuy le vaya eso del bondage? Imagínate que te lleve vendado a algún hotel, te espose a las barras de la cama y...

- ¡Noin! ¡Eres terrible! ¡Basta ya!

- Sólo bromeaba, chico... aunque de veras, agradece que el sofá cama no tenga barras, porque podría querer ver qué tal luces vendado y con esposas... ¿a qué hora te vas a dormir, por cierto?

- ¡NOIN!

El rostro de Duo pasaba ya del rojo a púrpura y parecía que su cabeza iba a estallar en cualquier momento. Noin se reía cada vez con más ganas.


La joven se levantó con la misma actitud energética de todos los días y realizó su rutina de aseo mañanero con la misma rapidez y eficiencia de siempre. No tenía ojeras, ni sus ojos estaban hinchados, por la simple razón de que no había llorado, ni había permanecido despierta en la cama.

Lucrezia Noin era un soldado. De vez en cuando no podía evitar soltar alguna lágrima, como le había sucedido un par de días atrás; pero eso no era algo que sucediera con frecuencia, ni que ella permitiera a menudo. Estaba acostumbrada a controlar su cuerpo y su ritmo de vida, y eso hacía en este momento; actuando como si estuviera en medio de una guerra, el lugar y tiempo en el que una persona no podía permitirse ser regida por las emociones o por algo tan insignificante como un dolor de cabeza.

Tenía que acostarse y dormir para poder estar descansada al día siguiente y hacer bien su trabajo, y lo había hecho. No podía llorar porque no era una de esas personas afortunadas que son capaces de hacerlo con gracia y a las que no se les nota después ningún signo de haber llorado; a ella se le hinchaban y enrojecían los ojos, y se le tapaba la nariz durante horas. Así que no había llorado.

Disciplina y control, Noin; eso es lo único que puede ayudarte. Después de todo, es lo que te ha ayudado toda la vida, se dijo con algo de amargura. Sacudió la cabeza para alejar los pensamientos inútiles; no tenía porqué sentirse miserable si ejercía un poquito de control sobre sus emociones descarriadas.

Se concentró en la prosaica tarea de hacer el desayuno para sí misma y para Duo, que salía del cuarto de baño ya vestido con su uniforme, prístinamente peinado y luciendo terriblemente atractivo.

- ¿Y bien? - le preguntó el joven un rato más tarde, con la boca aún llena de tostada mientras lavaba los platos - ¿Cómo amaneciste?

- Muy bien. Todo está bajo control. Pero por el amor de Dios, Maxwell, no hables con la boca llena frente a los demás... es de mala educación y hace que pierdas todo ese delicioso sex-appeal que tienes...

- ¿Vas a seguir fregándome con eso? - se quejó Duo.

- Nadie te manda a ser tan bonito. Tienes que pagar por ello.

Ambos caminaron hacia el edificio de Preventer en el confortable ambiente de camaradería que les era habitual, hablando de música. Una vez allí, se dispusieron a separarse como de costumbre, pero antes de que pudiera escurrirse, Noin tiró de su manga y lo detuvo.

- ¿Qué? - preguntó receloso, temiendo lo que le diría la joven, cuyos ojos resplandecían de malicia y cuya boca lucía una sonrisa que no tenía nada de tranquilizadora.

- Hombre, ¿porqué tanta desconfianza? Sólo quería desearte buena suerte en tu cita con Yuy, Maxwell... - la sonrisa se amplió - Y si las cosas van bien, y necesitan implementos, hay una sex shop a una cuadra del apartamento. La allanamos buscando a un terrorista hace un par de meses, y por lo que vi está bien provista... ya sabes, esposas, cuerdas de seda, prendas de cuero de esas que tanto te gustan...

- ¡NOIN!

La exclamación de Duo hizo que varias cabezas se volvieran a mirar qué pasaba, y vieron a un joven muy atractivo con una larga trenza y el rostro enrojecido, dando enormes zancadas para alcanzar el pasillo que llevaba a la zona de entrenamientos. Detrás de él se había quedado la usualmente compuesta y estricta teniente Noin, riendo a mandíbula batiente.


Noin se concentró en el trabajo con todas sus fuerzas, terminando con su investigación a últimas horas de la tarde, tras lo cual tipeó el reporte correspondiente y se lo envió a Une. Había tomado por todo almuerzo un emparedado que se había hecho traer, prácticamente sin despegar los ojos del monitor. Para el momento en el que comenzó a recoger sus cosas, los ojos le ardían y la cabeza le dolía un poco.

- Buenas tardes, ¿es aquí donde venden la revista Mujeres Calientes?

La joven levantó la mirada, irritada, y los ojos casi se le desorbitaron al ver a la mujer alta y estatuaria que estaba de pie en el umbral, enfundada en el uniforme de Preventer y con una sonrisa divertida en su hermoso rostro.

- ¡Sally! ¿Qué rayos haces aquí?

- ¡Pero niña, vaya carácter! ¿Es así como recibes a tu mejor amiga en toda la galaxia y pueblos adyacentes, después de meses y meses sin verla? - la mujer sacudió la cabeza, haciendo bailar sus perfectos bucles castaños, y avanzó hacia la asombrada Noin. Ésta se recuperó lo suficiente para darle un abrazo.

- Te hacía en la estación lunar... en serio, ¿qué haces en la Tierra?

- Une me mandó llamar ayer. Y también a Wufei, a Winner y a Barton; además, me dijo que Yuy y Maxwell ya están aquí. Parece que vamos a tener una gran reunión...

- La muy... ¡no me dijo nada!

- Sabes que le gusta dar sorpresas. Oye, tienes mala cara - Noin le lanzó una mirada cargada de rencor -; no me refiero a que te veas mal, tonta. Es sólo que te conozco bien y sé cuando algo anda mal... deduzco que Zechs está aquí y que todo sigue igual, bla, bla. ¿Me equivoco?

- No. Le has acertado de medio a medio - repuso la joven, recogiendo su portafolios y pasándose una mano por el cabello en un gesto cansado -. Y como era posible que las cosas fueran peores, lo han sido.

- Oh-oh. Por lo visto ya te has enterado de su amistad tan "cercana" con la Knight... y yo que pensaba soltarte la bomba, ¡con lo que me gusta dar malas noticias! - bromeó la mujer, y Noin no pudo menos que sonreír - Me enteré de ese chisme hace unas semanas, pero no era algo que pudiera contarte por los medios públicos.

- ¿Y qué dicen?

- Que la tipa vive pegada a él como una sanguijuela; como la sacrosanta reina de espadas vive pegada de Yuy o algo así. Y que él no se la quita de encima como si fuera una papa caliente, precisamente; lo cual hace que las malas lenguas trabajen tiempo extra. Sabía que la cosa te iba a sentar mal.

- ¿Mal? Calcula que anoche cené con la plana mayor: Relena, Yuy, Maxwell, Zechs y la tal Knight.

- ¿Cóóóómo? ¿Y qué tal es la fulana? Me han dicho que es del tipo deslumbrante.

- Peor que eso: encima es simpática. Oye, Sally, perdona que suene un poco ruda, pero no quiero hablar de eso en estos momentos precisamente - dijo la chica, con una mueca.

- Tranquila, estoy acostumbrada a tu rudeza - la embromó.

- Pesada. ¡Oh! - los ojos de Noin se agrandaron al recordar algo.

- ¿Y ahora qué?

- Sally, me temo que esta vez no podrás quedarte en mi casa... tu sofá-cama lo está ocupando otra persona de momento - al ver la expresión sorprendida en el rostro de la otra mujer, se apresuró a explicarle -. Tengo a Maxwell en casa... digamos que lo he adoptado.

- ¡Vaya! Tendrás que contarme todo al respecto - una sonrisa maliciosa curvó la boca de la mujer -; pero no te preocupes, que no tenía pensado pedirte posada, ni quedarme aquí en el cuartel general...

- ¿Y dónde te vas a quedar? - preguntó Noin recelosa.

- Ya me he registrado en un hotel; y estoy esperando a que llegue Wufei, que se va a quedar... conmigo.

- ¿QUÉ?


Duo Maxwell estaba terriblemente nervioso mientras atravesaba el inmenso atrio en camino a la salida. Por primera vez desde que entrara a Preventer, había utilizado las duchas de las instalaciones para no salir de allí todo sudado y oliendo a zorros muertos; hubiera sido imperdonable, a pesar de que tanto él como Heero habían estado más de una vez juntos en la situación de no poder asearse durante días si se encontraban en una misión que lo impidiera.

Usar las duchas implicaba, por supuesto, el tener que aguantar estoicamente las miradas de otros mientras se bañaba lo más rápidamente que podía. Y tener un conato de pelea con un imbécil al que había sorprendido mirándole el trasero como si se tratara de un pedazo de filete, asado a la plancha y con guarnición. Pero una vez bañado y vestido como de costumbre con jeans no demasiado desteñidos, una camiseta blanca y una de sus chaquetas de cuero, se sintió mejor... claro, sin mencionar la sensación de mariposas en el estómago que no le había abandonado en todo el día.

Había entrenado duro, pero sin la misma concentración de siempre, por lo que un par de veces tuvo que aguantarse los gritos de la "vaca" Cowley; el tipo estuvo respirándole en el cuello prácticamente todo el día, como si su olfato animal percibiese que andaba distraído y sus pensamientos dispersos. Sonrió al recordar que ni siquiera los bramidos de Cowley habían podido sacarle de la burbuja de ensoñación en la que estaba encerrado.

Cuando salió a la calle ya había caído la noche; buscó con la mirada a Heero, quien había dicho que lo esperaría en la acera de enfrente. Casi al instante lo localizó, vestido de negro y recostado indolentemente contra un poste, cuya luz amarilla formaba un círculo perfecto a su alrededor; la leve sonrisa de saludo que curvaba sus labios hizo que el corazón de Duo diera un salto triple en su pecho.

- Hola - dijo tímidamente. ¡Rayos! ¿Porqué se sentía tan cohibido? Hacía años que se conocían, lo había visto en las mejores y peores circunstancias, habían pasado las buenas y las malas... bueno, más bien las malas. ¿Porqué de pronto tanta indecisión?

- Hola - repuso Heero. Había un brillo de diversión en sus ojos, que hizo que Duo de pronto se sintiera un poco menos incómodo y sonriera.

- ¿A dónde planeas arrastrarme?

- Bueno... por ahí. Así me cuentas lo que has hecho en los últimos meses.

Por pura casualidad terminaron en el bar en el que sólo unos días antes, Duo había encontrado a Noin. Duo pidió un whisky, pero Heero se limitó al agua mineral, arguyendo que no había fuerza humana capaz de hacerle beber para terminar haciendo el ridículo.

Fue una velada agradable, intercambiando recuerdos y anécdotas de lo ocurrido en el tiempo que tenían sin verse. Duo se encontró confesándole el trago amargo que había pasado con Hilde, y por su parte Heero, que aunque fiel a su costumbre no hablaba mucho, le contó algunas cosas que le habían pasado con Relena. El joven de la trenza se sentía tan confortable en su compañía como con Noin, con la pequeña diferencia de que sus sentimientos por el ex piloto de L1 hacían el ambiente un poco más... cálido.

Después de pasar un par de horas allí, simplemente decidieron caminar por un parque cercano. Estaba bien iluminado, y terminaron sentándose en una banca cerca de una enorme fuente con luces de colores. Había poca gente circulando por allí, pero a Duo igual casi le da un infarto cuando Heero, con toda tranquilidad -al menos en apariencia- le echó un brazo alrededor de los hombros. Ese gesto, viniendo de cualquier otra persona, podía ser interpretado como simplemente amistoso; pero viniendo de alguien como el estoico joven, era casi como si le hubiese besado.

Al rato de estar así, ya Duo sentía los párpados pesados, perdido en el calor del brazo que Heero tenía echado "amistosamente" alrededor de sus hombros; pero cuando los dedos de la mano perteneciente a ese brazo rozaron suavemente la hondonada en la base de su cuello, justo por encima de la camisa...

Heero nunca lo había tocado así. De hecho, Duo podía contar con los dedos de una mano las veces en las que el estoico piloto de L1 lo había tocado -fuera de una situación desesperada en la que hubiera tenido que sostenerlo, cargarlo o arrastrarlo, claro está-, y aún le sobrarían un par de dedos.

Casi suspirando, Duo se humedeció los labios nerviosamente y abrió los ojos para mirarlo. La cara de Heero estaba muy cerca de la suya, y podía distinguir en la semioscuridad el brillo de sus ojos, que hablaba de afecto y curiosidad.

- Heero...

- ¿Sí?

- ¿Este es tu lado oculto de osito de peluche mimoso? - terminó el joven, tratando de no sonar demasiado atrevido. Para su sorpresa, el otro dejó escapar una risa divertida.

- Me descubriste, Cero Dos.

Duo no pudo evitar reírse y cubrió la mano que acariciaba su cuello con la suya propia. Los fuertes dedos retornaron el gesto entrelazándose con los suyos, enviando una vibración por todo el cuerpo del joven.

Se volvió para mirarlo de nuevo, y encontró esa mirada intensa clavada en él. Asombrado y atontado, observó cómo la expresión en la ruda y atractiva cara de Heero pasaba de la diversión a algo que no pudo reconocer. Pero, aunque no pudiera reconocer ese algo, no podía negar su propia reacción: perdió el aliento y un calor inefable se extendió por todo su cuerpo; inconscientemente, se acercó más a su compañero.

Podía sentir el aliento cálido de Heero en su mejilla, y se inclinó un poco más hacia él.

La presión de los dedos de Heero en los suyos aumentó a extremos casi dolorosos, pero no hizo ningún ademán de moverse o apartarse, y el corazón de Duo se llenó de una salvaje alegría, sabiendo lo que significaba ese gesto.

Sus ojos se nublaron y un suspiro, casi un gemido, escapó de su boca cuando sus labios tocaron los de Heero.


N.A.: Ya sé que piensan que estoy fregando mucho a la pobre Noin con las esperanzas y desilusiones... pero piénsenlo: es una persona que se ha pasado AÑOS en ese plan, mirando, soñando, esperando. ¿Qué hace cuando al fin se da cuenta de que tal vez ha esperado en vano? Pues muchas cosas... incluyendo quizás meter la pata. Les repito que a esta historia le falta mucho, y van a pasar la mar de cosas. Una puede tratar de convencerse de que ha renunciado por completo a algo, pero si ese algo es fuerte e importante, regresa cuando una menos se lo espera... respecto a Zechs, siempre he sido de la opinión de que lo que siente por Noin es lo más reservado y oculto de su universo, y para sacárselo será necesario un taladro. Pierdan cuidado que yo tengo ese taladro y pienso usarlo xDDDDD.

Gracias a mis reviewers: Kinyoubi (¡gracias! Y lee la nota de autor xD), Takami Megunata (pues nada, bienvenida a las reviews. Y esos diálogos simplemente fluyen cuando me imagino a los personajes hablando xDDD), Niacriza (el amor no correspondido siempre es deprimente xD. Verás, Duo es un seductor nato e inconsciente, pero Heero necesita un impulso... y aquí lo tiene xD. La depre: falta de dinero y se acerca mi cumpleaños, que siempre es la época más depre del año pa mí xDDD), Ashura (efectivamente xD. No es de caucho, pero aguanta, lee arriba), Matti Haibara (¡essso misssmo! Sí, van a aparecer. Y eso le pasa a uno cuando ha leído mucho fic de GW xDD), María (Bichex!! 1x2 rulez!!! xDD. Gracias, mana... tu amistad es una de las mejores cosas que me ha pasado en la vida, y conste que las cosas buenas no abundan xDD. Bueno, soñar no cuesta nada xD), Ako Seto (es un reto xD. Sí, a veces la depre lo pone a uno más creativo, la prueba está en ese Elricest todo angsty-lime que escribí xDD), Ryo Asakura (puede uno imaginárselos hablando, ¿eh? xDD), Keiko Urameshi (Bueno, chica, todavía falta muuucho), Asuka Maxwell Allilui (¿película? xDDDD Es la primera vez que me dicen algo así de uno de mis fics, aunque muchos dicen que mi fic El Ganador merece ser una telenovela xDDD. Gracias, aunque todavía hay mucho camino que recorrer...), Dark (pues aquí tienes otro cap... y creo que hay de lado y lado xDDD).