La Dama del Castillo
Las heridas todavía le dolían, y eso que habían pasado algunos días desde su captura, le dolían los huesos y seguramente tenía alguna costilla rota. Las heridas físicas dolían y mucho era verdad, pero aún más le dolían las heridas emocionales que ella había provocado, y que él jamás lo admitiría.
Levi era demasiado orgulloso para reconocer sus debilidades y pedir ayuda. Sus piernas apenas le respondían y vio como sus manos estaban ensangrentadas, lo habían tomado por sorpresa, esa fue la única explicación posible para ahora verse en ese estado. Estaba consciente, se encontraba en un sitio oscuro, húmedo...escuchaba como varias ratas campaban a sus anchas por aquel lugar, olía terriblemente mal, aquel sitio era una pesadilla para cualquier persona, pero él era más fuerte que cualquier persona, y conseguiría salir de aquel lugar, y vengarse de la persona que lo traicionó.
Las cosas no habían salido como ella quería, pensaba que cuando él se fuera todos iba a regresar a ser como antes, que ingenua fue, después de que él se fue o más bien dicho después de que le capturasen, todo se fue a la mierda, y aunque ella no lo reconocía aún, no había un día en el que no dejara de pensar en él. Sentía un terrible vacío en su corazón, y a veces sentía que este le hablaba, se había enamorado de él como una loca, necesitaba verlo, sentirlo, besarlo, abrazarlo... pero eso jamás pasaría. Él y ella nunca más volverían a estar juntos, aunque ante los ojos de todo el mundo, fueran marido y mujer.
Después del ataque que Mikasa había provocado, después de la traición que había cometido, todo cambió, aún recordaba la miraba enfurecida y asesina que él le envió, aún recordaba como lo capturaron entre varios ya que no había sido posible vencerlo en un combate contra uno, aún recordaba como lo habían dejado inconsciente a la vez que lo subían a una carreta para transportar animales.
Se arrepintió de todo en cuando lo vio, y fue muy tarde cuando se dio cuenta de sus sentimientos, fue muy tarde cuando se dio cuenta del amor que sentía por aquel hombre que ahora se marchaba para estar recluido en una celda de por vida o peor aún para encontrar en la capital la horca con la que se juzgan a los traidores a La Corona.
Después de aquel día había querido rehacer sus actos, intentó por todos los medios que los nuevos señores del castillo le dieran permiso para irse, pero no había manera de que cambiaran de idea. Habían llegado el día del ataque y se habían hecho con el control de la todo el castillo en poco tiempo de toda la fortaleza. Se trataba de dos militares mandados por el rey Fritz para "poner en orden El Paso", el rey además le comunicaba mediante una carta escrita por su puño y letra que, ya que "El Paso de Rose"'era un lugar estratégico y de gran importancia no podía permitir que una mujer lo gobernara, que ella como último miembro de la familia Jaeger se debería casar con algún noble y que sería este quien gobernará el Gran puente, más no ella, que no se preocupara ya que el mismo rey se encargaría de encontrarle un marido adecuado a su posición y casa, y además eliminaría cualquier rastro del matrimonio con el Bastardo Ackerman, y le sería muy fácil por dos razones, una porque era el rey y la otra porque el matrimonio no había sido "consumado".
Mikasa apenas se dejaba ver, permanecía recluida en su habitación, atormentándose con los recuerdos, primero de su familia y ahora con el recuerdo de él. ¿cómo pudo haber sido tan tonta?, ¿cómo pudo permitir que su sed de venganza le nublara el juicio?, cuando él estaba cerca suya sabía que no le era indiferente, y cuando la besaba sentía que no existía nada más en este mundo. Como no se pudo haber dado cuenta antes, ¿qué sería de él?, había mandado a preguntar con sus informantes, necesitaba saber que él seguía vivo, necesitaba verlo aunque sea una vez más...
Nadie le había dicho nada, lo habían encerrado sin darle ninguna explicación, apenas y le daban alimento, la comida olía y sabía a mierda, pero tenía que alimentarse si quería salir de aquel lugar. Después de estar días y días en aquel lugar, por fin había recibido una noticia. Celebrarían un juicio para determinar sus crímenes, sin embargo y por órdenes del rey el juicio se aplazaría hasta dentro de unos 3 meses, ya que por lo visto el monarca deseaba alargar su sufrimiento. Iba a morir y todo por imbecil, por confiar en una mujer, por haberse enamorado como nunca lo había hecho. Y lo que más le jodía, lo que más le molestaba era que aún y con todo lo que había pasado, no había un solo día en el que no pensara en ella. La necesitaba, quería verle, reclamarle por todo lo que había, decirle lo bajo que había hecho, necesitaba sus explicaciones, y porque no decirlo, necesitaba su cuerpo, necesitaba hacerla suya, necesitaba hundirse en ella, estar entre sus muslos, en aquella celda no había nada que hacer a veces se ejercitaba, y cuando su cuerpo no podía más, dejaba que su mente divagara, y pensara otra vez en ella. En todo lo que le haría si ahora mismo se encontraba ahí junto a él.
Levi jamás le había hecho daño, le había complacido en todo lo que ella quería, le había entregado su corazón y todo para que... fue un tonto dejándose engañar por una cara bonita y un cuerpo perfecto. Tal vez y todo había salido como él menos se lo esperaba, tal vez era un castigo divino por haber asesinado a su familia adoptiva, en tres meses moriría y sin embargo no se arrepentía de haberle conocido.
Varias semanas pasaron desde la ultima vez que lo vio, semanas y noches angustiosas donde no se lo podía quitar de la cabeza, no podía dormir, si su cabeza quería descansar, su corazón no se lo permitía, pensaba en todo lo que él estaría pasando en ese mismo momento, ¿la odiaría?: seguramente, pero por mucho que él la odiara ella tenía que salvarlo de alguna manera. Los informantes ya habían regresado a la fortaleza y le comunicaron que aunque Levi Ackerman estaba aún vivo en pocos meses lo ejecutarían. Esto le dio algo de esperanza ya que no todo estaba perdido, necesitaba explicarle las razones de sus actos, sus motivos, necesitaba explicarle como la venganza no la dejaba en paz, le atormentaba día y noche y ella fue muy débil dejando que esta tiñera su frágil corazón de odio.
Ella se había propuesto olvidarle, pero por mucho que lo intentaba no podía, todavía sentía en su piel sus caricias y sus labios, ella nunca podría remplazarlo, era único y por mucho que él la odiara, ella tenía ayudarlo y por fin confesarle todo, confesarle que nunca admitió; que estuvo enamorada, pero que ahora no lo podía negar. Podía vivir con su odio y desprecio, pero no podía cargar ni vivir con su muerte.
Hannes intentaba animarle por todos los medios, pero no lo conseguía, no comía bien, no salía de su habitación y estaba seguro que tampoco dormía adecuadamente. Varias semanas habían pasado y su señora seguía en el mismo estado, sin embargo todo cambio cuando llegó un mensajero real con las indicaciones para El Paso y para su señora. El viejo soldado se apresuró hasta los aposentos de Mikasa, caminaba con prisa mientras en su mano llevaba una carta firmada por el mismo monarca.
Tocó la puerta pero nadie respondió, con cautela abrió la puerta para confirmar todas sus sospechas, su lady se encontraba en la cama tumbada, con las cara roja y llena de lagrimas, nunca la había visto así, ni siquiera esa vez donde regresó del bosque...
-Perdonad la intromisión mi lady, pero ha llegado una carta para vos, viene de la capital, tiene el sello real...- se acercó con cuidado hasta donde se encontraba la joven.
Mikasa se movió pesadamente, quitándose algunos cabellos que tenía en su rostro, fijó su miraba en Hannes que la miraba preocupado. -Todavía no he muerto- dijo sin esperar respuesta. -Seguramente son las instrucciones que debo seguir, ahora me he convertido en una marioneta del bastado de la capital- estiró su mano recibiendo de inmediato la carta. La abrió con desgana, tiró el sobre, y se dispuso a leerla. Después de varios segundos Hannes analizaba el rostro de su señora, pudiendo encontrar varias expresiones que delataban las malas noticias. Sin embargo después de varios minutos por fin se decidió a hablar.
-Parece que ya tengo un nuevo marido, hay un noble en la capital que me reclama como su esposa. Y si quieres saber de quien se trata, debes saber que es él- confesó con desprecio. Hannes palideció con esa confesión, miró a su señora y comprendió que los fantasmas del pasado habían vuelto para atormentarla. -No, eso no es posible, él está casado con alguien de la realeza, nos llegó una carta de invitación hace años a su boda y vuestro padre rechazó la invitación- angustiado comenzó a dar vueltas por la habitación. -Tiene que se un error- pronunciaba incrédulo ante las palabras de Mikasa.
-No hay ningún error Hannes, él va a volver a ser parte de mi vida... otra vez- suspiró resignada, mirando hacia la nada. -Sin embargo- dijo de repente, -Tal vez esta sea la excusa perfecta para ir a la capital, tal vez esta sea mi oportunidad para ver a Levi- argumentó decidida.
-No se si eso será una buena idea mi lady- contestó Hannes nervioso. -¿Y si él se da cuenta, seguramente debe saber todo lo que ha pasado, ¿y si el intentará haceros daño?, iré con vos, pase lo que pase- pronunció en tono protector. Mikasa sonrió ligeramente, se apresuró a levantarse de la cama, se fue hasta su tocador y peinó su cabello mientras lo recogía en una trenza larga. -Tenemos que darnos prisa, hoy mismo partiremos hacia la capital, y no lo digo yo, esa una orden real- dijo animadamente mientras Hannes negaba con la cabeza.
Los días y las noches eran iguales para Levi, había pasado más de un mes desde que estaba encarcelando, hacía todo lo posible por no enloquecer, por mantenerse cuerdo y centrado, tenía que encontrar el modo de escaparse ya que cada día que pasaba encerrado sus posibilidades de fuga se reducían, se había estado ejercitando para mejorar su fuerza y rapidez, por si tenía que huir o por si se enfrentaba cuerpo a cuerpo con algún soldado. Necesitaba encontrar la salida, sabía que aquellas mazmorras no eran del todo seguras, había mucha corrupción dentro de ellas, si eras rico o tenías algo de dinero podías "comprar" ciertas cosas que normalmente no se dejarían ver en una prisión, pero que sin embargo si eras un puto bastardo sin ninguna moneda lo tenías muy crudo para sobrevivir en aquel lugar.
El día de su boda, todo su mundo se vino abajo, ¿cómo pudo ella haber sido capaz de traicionarlo de esa manera?; ya claro el había matado a su familia, puede ser que ahora mismo estén igualados, sin embargo si la volvía a ver le reclamaría por todo, y tal vez solo después de eso la perdonaría. Su cabeza debe de estar muy mal al pensar en él perdón después de todo lo que había pasado entre ellos.
La humedad del suelo hacía que toda la celda oliera mal, el silencio reinaba en aquel lugar, de repente sintió que unos pasos avanzaban con rapidez, el sonido de unas llaves lo sacaron de sus pensamientos, los pasos eran cada vez más fuertes y parecían que iban en la dirección de su celda. Los pasos cesaron a la vez que la enorme puerta de metal comenzó a sonar de forma estruendosa, tal vez era de noche ya que los soldados traían unas antorchas para iluminar el camino, uno de ellos entró con un saco y unas cuerdas y se abalanzó con rapidez sobre Levi, quien entre la confusión y el golpe que le dieron en la cabeza cayó de forma inconsciente.
Mikasa había llegado a la capital hace unos días, se había alojado en una humilde pensión de la capital, no quería que nadie supiera de su llegada ya que era la mejor forma de pasar inadvertida y no dar explicaciones a nadie. Había dejando su hogar con gran pesar pero segura de sí misma. Tenía que hacer lo que fuera por sacar a Levi de su celda y eso haría costara lo que costara.
Hannes le había acompañado, no podía permitir que su señora fuera sola a un sitio tan peligroso e inmoral como la capital, ambos habían salido de la fortaleza con la excusa de conocer al futuro esposo de su señora, ya que según el rey era una buena idea el que ella se presentara en la capital para conocer a su futuro marido, y además le invitó a la corte para que le pusiera al día de lo acontecido en la fortaleza y para hablar de todo lo que conllevaría regir al lado de su noble marido el Paso de Rose.
Se habían alojado en una modesta y humilde posada regida por una mujer de edad avanzada, Hannes en sus días de soldado se había hospedado en aquel lugar, era el sitio perfecto para pasar inadvertido, la mujer que era la dueña y encargada del lugar siempre había tenido un buen corazón, se encargaba de darles comida y techo a los niños, mendigos e incluso perros abandonados. Era conocida como Mamá Juana, ya que siempre estaba rodeada de niños.
La mujer vivía no sólo gracias al alquiler de las habitaciones, que aunque humildes estaban limpias y ordenadas, si no gracias a sus niños, que eran como pajaritos viniendo y llevando información de un sitio a otro, y eso en la capital del reino era algo de mucha utilidad, ya que la información se pagaba a un alto coste.
Fue por esto que Hannes llevó a su señora a aquel lugar, no solo por lo seguro que era, si no porque si alguien les podía ayudar con información sobre Levi Ackerman, esa era Mamá Juana, y además estaba seguro que de ella conocía a las personas adecuadas para sobornar, y para llevar a cabo la misión de fuga para sacar de prisión al bastardo.
Mikasa contemplaba el atardecer con gran curiosidad a lo lejos se divisaba las murallas que protegían el reino, estaban cubiertas de los últimos rayos de sol, y bajo su ventana veía como todo el mundo dada por finalizado el día, los niños se retiraban a sus hogares, y los vendedores ambulantes guardaban su mercancía y la cargaban al hombro. Nunca había estado en un sitio tan ruidoso, las calles tenían vida propia y la gente aunque pobre y miserable, siempre tenían una sonrisa en el rostro. Ella había tenido mas suerte que cualquiera de esos desgraciados, sin embargo nunca supo valorar todo lo que tenía...Se retiró despacio del balcón y se puso en marcha ya que esa noche tenía una cita muy importante.
El sonido de los cascos de los caballos lo despertó de sobre manera, se asustó al no poder ver nada, solo podía escuchar como el viento soplaba con mucha más fuerza de la habitual, se podía decir que el aire olía a lluvia y es que aunque no hubiera llovido en poco tiempo lo haría. Viajan a gran velocidad, traía una venda en los ojos que no le dejaba observar nada de lo que pasaba, tenía las manos atadas y apenas escuchaba lo que decían, lo estaban transportando en una carreta, eso era seguro por el sonido de las ruedas y la madera dura que sentía bajo el. Tal vez este sería su fin y lo estaban llevando a un sitio apartado para meterle una bala entre ceja y ceja, sin embargo, no entendía porqué se estaban tomando tantas molestias, si lo hubieran querido matar lo hubieran hecho en la misma celda, ¿por qué entonces tomarse tantas molestias para llevarlo a otro sitio?...
No dijo nada en todo el camino, lo mejor era que sus captores pensaran que estaba dormido, así soltarían la lengua mas rápido, pero para su mala suerte ninguno de los hombres habló. Había pasado más de una hora desde que despertó y no se detenían, le llenaba de curiosidad saber cual era su destino, tal vez y ahora lejos de los guardias podría ingeniarse alguna manera para escapar, lo único que tenía que hacer era cortar la maldita cuerda que aprisionaba sus muñecas.
El relinchar de los caballos y el descenso de velocidad hizo que sus sentidos estuvieran más alertas que nunca, en poco tiempo ambos hombres bajaron de sus caballos, escuchó como abrían la carreta y lo bajaban sin cuidado tirandolo en la tierra dura. -Tienes una flor en el culo*-le susurró uno de sus captores mientras lo empujaba para que caminara más deprisa. Ambos hombres rieron a la vez mientras caminaban, parecían felices, seguramente iban a recibir alguna recompensa por traelo a quel lugar, donde quiera que se encontrara.
-Caballeros, dejadlo ahí- Dijo una voz extraña que no supo reconocer. Sintió como nuevamente lo empujaron y dado su estado cayo sin dar mucha pelea. Escuchó el sonido de muchas monedas, aquel hombre contaba las estaba contando, eran bastantes monedas ya que le llevó unos cuantos segundos contarlas todas. -Como ven aquí tienen su recompensa- añadió con fastidio. Escuchó como unos pasos se retiraban con rapidez. -Gracias mi señor, si necesita alguna cosa más, no dude en llamarnos, ya sabe donde encontrarnos- Decía agradecido uno de los hombres mientras se retiraba de aquel lugar.
Aquel personaje misterioso se paseaba de un lado para otro sin decir ni una sola palabra, Levi notó que estaba nervioso. -Lo mejor será que me desatases y me dejes marchar- se animó a hablar -De lo contrario tal vez no seré tan benevolente contigo, ¿me has escuchado?- Exclamó furioso. Los pasos de detuvieron, y la puerta nuevamente se abrió, había ingresado otra persona en la habitación. La puerta se cerró nuevamente y está vez los pasos sonaban diferentes, sin lugar a dudas se trataba de una persona completamente nueva.
-Espero que tengas hambre- dijo aquella voz que él tanto reconocía. Tal vez era un sueño, sí seguramente era eso, él estaba soñando y cuando se despertara estaría nuevamente en la sucia y asquerosa celda de estos últimos meses, o tal vez se volvió loco de atar al pasar tanto tiempo en penumbras que su cabeza le estaba jugando una mala pasada. Si de eso se trababa seguro, todo aquel secuestro, todo lo que había pasado hasta ahora solo era un espejismo que en poco tiempo se desvanecería y lo volveria a la realidad.
Sintió como unas manos que reconocía perfectamente le acariciaba el rostro y como a poco le fue quitando la venda de sus ojos. La luz de las velas le dio de lleno en la cara. Su enfoque todavía no era muy nítido y sus ojos al igual que su cabeza también lo engañaban, no podía ser que ella estuviera en aquel lugar, acariciando su rostro, mirándole con preocupación, con los ojos humedecidos y acercando peligrosamente su boca a la suya. Sus labios se unieron una vez más, como lo habían hecho hace tiempo, el beso fue demandante, sentía como ella lo anhelaba como tocaba con desesperación su cara y hundía sus largos dedos en su caballera azabache.
Sus bocas se complementaban, sus lenguas recorrían toda la cavidad del otro, su beso fue intenso y desesperado, Mikasa había soñado con este momento y no pensó que se hiciera realidad. Sin embargo su sueño se desvanecio cuando el retiró de mala forma su cabeza. -Desátame mujer- exclamó furioso. -Y luego que, ¿me matarás por lo que te hice?- preguntó Mikasa en el mismo tono. -Ojalá pudiera matarte mujer, pero no puedo, consideraré esto como un empate, tu has ganado y yo gano escapando- argumentó lleno de sarcasmo. -¿Y a donde irás?, la capital es peligrosa, los caminos son peligrosos, no tienes ni un caballo ni dinero, dime Levi Ackerman- preguntó ella. -Eso no es de tu incumbencia. Iré donde me de la gana, desátame de una buena vez, dame un caballo, dinero y me largaré, no volverás a saber de mi, incluso puedes decir que he muerto de esa forma te conviertes en viuda y podrás casarte con algún noble que te llene de hijos- escupió venenosamente, al imaginarse a Mikasa en manos de otro.
-Hoy estás muy hablador; El rey ya tiene un candidato para mi- respondió con calma. Levi le miró furioso, -Es una buena noticia, para ti claro, es lo que siempre quisiste y te felicito, bravo lo has conseguido- Argumentó sarcástico. -Dice que nuestro matrimonio no es válido ya que no fue consumando...- dijo con la misma calma que antes. -Es de lo único que me alegro, menos mal que no te toqué eres tan fea que odiaría tenerte en mi cama- Respondió dolido, quería hacerle sufrir, que su palabras le dolieran aunque en el fondo sabía que todo aquello que le decía una gran mentira.
Mikasa no se inmutó se acercó de nuevo a él, llevaba entre sus manos un cuchillo y con gran destreza logró cortar la cuerda que sujetaba las adoloridas muñecas de su marido. Levi se paró enseguida, acarició sus muñecas y fijo su vista en ella. -Es una lástima, que te sea tan indiferente, yo que había pensado en joder al Rey y consumar nuestro matrimonio- Llevó sus manos hasta el abrigo que llevaba puesto, comenzó a quitar uno a uno los botones del mismo mientras notaba la mirada penetrante de Levi. El enorme abrigo cayó al suelo y reveló la desnudez de Mikasa, Levi no podía creer lo que estaba viendo, tanto tiempo había pasado para que llegara este momento, cuantas veces se había imaginado verla desnuda y ahora ella se le ofrecía así sin más, si eso era un sueño él no quería despertar nunca. -Sabes que Mikasa, respondiendo a tu primera pregunta te diré que sí, tengo mucha hambre- contestó mientras peligrosamente se acercaba a ella.
Continuará...
*Tener una flor en el culo es una expresión coloquial española que significa que tiene mucha, mucha suerte.
Este capítulo me inspiré en la canción de Aitana, "Vas a Quedarte" la escuché hace poco y la verdad es que siento que expresa muy bien los sentimientos que Mikasa siente hacia Levi. Si pueden escúchenla ya que es una canción estupenda. Les dejo el link aquí abajo.
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Y bueno ya nos quedan pocos capítulos, he decidido terminar la historia, así que en breve tendrán el desenlace de este romance. Espero que el capítulo les haya gustado y no se olviden de dejar los comentarios. Gracias por leer.
