CAPITULO 9

En los sueños ella era mujer de gran belleza, imponente altura, cabellos negros y largos y una piel morena que evidenciaba que pasaba los días al sol. Había vivido más de doscientos años y ahora los días de su existencia eran aciagos puesto que el mundo iba a cambiar y era culpa de ellos, por exceso de orgullo. Lloró durante días después de la destrucción del árbol, Nimloth, incrédula sobre lo que había pasado, pues era imposible que el árbol ya no existiera. Aquel día predijo el final, después todo fue peor, el terror en el que vivían era intolerable. El templo de Morgoth era la mayor de las desgracias, la muerte que este traía representaba todo lo malo de su pueblo y la guerra que se preparaba los condenaría. Si hubiera podido escapar en los barcos lo habría hecho pero no tenía ningún sentido pues le habían quitado la voluntad de vivir. Su compañero de vida había sido sacrificado en ese oscuro culto que ahora dominaba la isla y sus hermanos irían a Aman, en la peor de las decisiones que podrían haber tomado. La destrucción llegó y ella pensó que había sido correcto dejar de luchar, no creyó que se arrepentiría tan rápido. Quedaron atrapados en un lugar que no era ningún lugar, desde dónde podía ver la luz y la calidez de la tierra a la que pudieron haber escapado. Si ella no hubiera renunciando, si lo hubiera intentando una vez más. Pero lo había sido difícil recuperarse de la muerte de él, la había dejado vacía. Y el tiempo que pasó siendo solamente un espíritu perdido y triste le hizo desear haber luchado; haber escapado, haberlo salvado en vez de aceptar un destino terrible. Si ella hubiera sido fuerte, no alguien que esperara a ser rescatado, si hubiera conseguido sacarlo del templo, juntos habrían ido a los barcos y habrían terminado sus vidas uno al lado del otro y aquel habría sido el final. Pero no hubo final, sólo quedaron atrapados por la fuerza de la destrucción hasta que el fuego la liberó y le dio una segunda oportunidad para luchar por lo que era bueno, por lo que le traería la felicidad. El tiempo es relativo en el lugar en el que estaba, por lo que el fuego la sacó de aquel lugar que no era ningún lugar mucho después de que el dragón cayera sobre Erebor para que pudiera encontrar a la única persona a la que podía amar después de perder lo que ella consideraba el amor. Esta vez no se daría por vencida sin presentar batalla.

Dolía pero estaba convencida de que no debía llorar, el frío de la hoja y la sensación de que cortaba su carne, pero por más que doliera no iba a llorar. La arrastró cerca del río, donde aquella vez habían cruzado creyéndose sigilosos y habían visto que el campamento era más grande de lo que suponían. No podía gritar, la hoja del cuchillo se aplastaba contra su garganta y ella no se atrevía ni siquiera a dejar salir un gemido, nada.

-Sólo quiero hablar contigo –dijo Anoet pero no la soltó, la hizo que volteara para dejar su espalda recargada contra uno de los árboles, levantó el cuchillo ligeramente con lo que la obligó a alzar la mirada. En sus ojos había desprecio y el hombre sintió su odio renovado. Esta chica, una mujer común y corriente, más bella que ninguna, sintiéndose capaz de rechazarlo como si él no fuera nada.

-Quiero casarme contigo. –El hombre albergó cierta esperanza tras decir esas palabras. Era sincero en lo que acaba de decir, la quería para él y para toda la vida. Deseaba más que nada en el mundo estar con ella, poderla tocar y disfrutar como nadie más podría hacerlo, conocerla realmente, sólo él.

-No –dijo ella. Su voz le sonó insultante, ¿cómo podía estar negándose? Presionó ligeramente la hoja sobre su garganta y con ligero placer vio cómo se deslizaba un hilo de sangre por su cuello. Quería hacerla sangrar de verdad.

-¿Me vas a decir que estás enamorada de uno de esos enanos con los que vives? –su voz comenzaba a tomar un tono histérico, sin darse cuenta seguía presionando la hoja y además de la sangre que corría, Idris no podía hablar, sentía que le faltaba el aire.- ¿Será tal vez ese que llaman Rey pero que no es más que un vagabundo sin hogar?

-Thorin Oakenshield es mil veces más hombre de lo que tu jamás podrás ser -Idris respondió instintivamente con un susurro de voz, fue apenas audible pero él estaba muy cerca y al escucharlo, una rabia intensa lo invadió. Lo que hizo fue estrellar la cabeza de Idris contra el árbol, con tal fuerza que debió haberla dejado inconsciente pero no fue así, ella permaneció con los ojos abiertos pero era como si la hubieran desconectado de la realidad; veía todo pero no podía hacer nada, no podía moverse.

Sentía como la tocaba, como deslizaba su boca y sus manos por lugares que hacían que se le revolviera el estómago, tenía ganas de vomitar pero ni siquiera eso podía hacer. Sintió como le abría las piernas y como la tocaba con sus dedos y se quiso morir, si era tan horrible sentir aquello no quería sentir más.

Fue cuando él llegó, de un golpe tremendo lo derribó y se lo quitó de encima. Comenzaron a pelear justo en su campo visual, Thorin presó de una furia ciega lo golpeaba sin miramientos. Idris se sintió tan pequeña, tan indefensa que quiso desaparecer, una vez más, que su vida terminara porque después de esto no podría más que quedar destrozada.

Y entonces lo recordó. Lo había prometido, si podía salir de aquel lugar donde todos vagaban sin sentido, si podía sentir de nuevo el calor, si podía de nuevo respirar, no se daría por vencida sin luchar. Se levantó, a pesar de que sentía la cabeza flotar y el mareo la hizo estar a punto de caer; ellos seguían peleando enfrente de ella, Thorin había logrado a base de golpes que la cara de Anoet se volviera una masa sangrante e hinchada. Lo tenía hincado frente a él, suplicando su perdón. Pero el humano no era alguien digno de confianza, mientras pedía por su vida con la mano derecha buscaba otro cuchillo que tenía en su cinturón. Otro cuchillo, Idris volteó a la izquierda y a unos pasos estaba el arma con la que la tenía amenazada, lo tomó en el acto y antes de que ninguno de los dos se diera cuenta de que ella se había movido, hizo algo impensable.

Se colocó detrás de Anoet y con un solo movimiento le rebanó la garganta, el cuerpo sin vida del hombre cayó a sus pies.

Y ahí estaba, si Thorin la hubiera mirado con otra luz que no fuera la luna, habría creído simplemente que no era verdad. Pero a la luz de la luna ella parecía alguien más, alguien que hubiera estado esperando demasiado tiempo para defenderse y defender aquello que más amaba. En ese instante ella era la mujer de Númenor, la que al principio fue abiertamente contraria al culto a Morgoth y que fue capaz de ver a Sauron al rostro y dar la vuelta sin caer en el embrujo. Ella, la que nunca habría sentido miedo o se habría acobardado. Pero dejo que se lo quitaran, que sacrificaran a la única persona por la que ella hubiera dado su vida. Esta vez no sería así, nadie pondría en riesgo lo más valioso que tenía.

Thorin se acercó a ella con mucho cuidado, tomó su mano derecha y la hizo soltar el cuchillo. Luego la abrazó, olvidando por un segundo todo lo demás. El pasado realmente no le importaba, aunque sabía que para ella era algo presente porque los sueños siempre se lo recordaban, la persona que había sido y la manera en que murió. Pero para él era simplemente una niña y a pesar de eso la amaba con todo su corazón. Antes había sentido algo así pero no tan intensamente. En esa ocasión había sido él a quien habían considerado un niño, había sido mucho muy joven y las cosas no terminaron bien. Pero había sido mejor así, ahora podía estar aquí, sintiendo que el mundo era solamente para ellos, sin haber estado ligado a nadie más.

Pero el mundo no era para ellos, había más cosas por las que preocuparse y eran urgentes.

Itariel los vio entre los árboles y aunque no sabía cómo interpretarlo, supo que Idris estaba bien. Pero cuando Fili y Kili tuvieron ante sus ojos la visión del cuerpo de Anoet, suprimieron lo que podrían haber sido gritos de horror. Antes siquiera de preguntarse quién lo habría matado o cuáles serían las consecuencias de ello, sus mentes pensaron en qué habría hecho para merecerlo y las respuestas que se dieron probaron ser de lo más espeluznantes.

La elfa silbó a su caballo, un sonido agudo pero bastante difícil de escuchar a para cualquiera que no supiera su significado. Los tres caminaban casi sin hacer ruido hasta que quedaron a unos pasos de ellos. La mirada de Idris de repente los recorrió y era, diferente. Itariel sintió que estaba siendo observada por alguien con demasiados años en su haber, muchísimos más que los que ella tenía. La elfa sintió un escalofrío, a pesar de saber lo que Idris soñaba, jamás pensó que fuera tan impresionante ver a la hija de Númenor.

El caballo llegó al claro junto al río dónde estaban todos y su sutil relincho los sacó de sus pensamientos.

-Itariel, sácala de aquí. –dijo Thorin en su tono imperioso, ese que usaba para que nadie cuestionara sus órdenes.

-¡No! –gritó Idris. Mil sentimientos se debatían en su interior, ahora recordaba lo que era el abandono, el no hacer nada, el quedarse esperando que las cosas pasaran y lo odiaba. Se quedó esperando la destrucción y esta fue completa. No quería alejarse de él, no quería no saber que estaba sucediendo.

Itariel ya había montado y en un movimiento que Idris no vio por tener su atención fija en Thorin la jaló del brazo y la subió al caballo. A veces olvidaba qué tan fuerte era la elfa y lo poco que pesaba alguien pequeño como Idris.

-No vayas a casa, ve con los elfos. –dijo Thorin sintiendo que se le partía el corazón pero era lo mejor, no podía arriesgarse.

Los dejaron atrás muy rápido, antes de que Idris pudiera protestar, ya habían puesto bastante terreno de distancia entre los enanos y ellas. La humana pensaba muchas cosas, demasiadas para ser expresadas. Entre recuerdos y los actos que acababan de suceder, su mente parecía a punto de explotar. La elfa tenía sólo dos pensamientos, poner a salvo a Idris y luchar en contra del deseo de detener el caballo, dar media vuelta y regresar por Kili.

El amanecer las encontró ya en las habitaciones que habían compartido años antes. Itariel tuvo que informar de la situación a los demás elfos y tuvo que sufrir su mirada de reproche, pero las aceptaron y se los agradeció. Últimamente no entendía la manera en que los elfos respondían ante ciertas cosas, ahí estaba ella contándoles como su única familia había sufrido un ataque y ellos simplemente habían mirado para otro lado. Idris se había quedado dormida y ella estaba sentada en la cama a su lado, esperando que los sueños la dejaran tranquila aunque fuera por esa vez. Como siempre le sucedía a la elfa, mientras todos dormían ella se concentraba en sus pensamientos y tenía la costumbre de cerrar los ojos para hacerlo con más claridad, por eso Kili pensaba que estaba dormida y ella había dejado que lo creyera. Porque cuando él creía que estaba dormida él ponía un beso en sus pequeños dedos y luego con ellos tocaba los labios de ella.

Extrañaba a su padre y a su hermano. Era raro pensarlo ahora cuando muchas veces creyó que no era del todo bienvenida por su padre, pero la verdad es que tal vez podría siempre haber estado mal interpretando las cosas. Su padre no era como ella pero eso no significaba que no la quisiera. Pero su hermano, era ahora a quién necesitaba. Siempre viendo las cosas con tranquilidad, con esa sonrisa cálida que siempre acudía a su rostro. Él seguramente le diría que todo estaría bien, que al final lo importante era que a Idris no le había pasado nada. Sin embargo, ella sabía que algo había cambiado, que la pequeña niña ahora veía las cosas desde la perspectiva de la mujer de Númenor y no sabía bien qué esperar de eso. Su hermano le diría que Idris jamás dejaría de ser Idris, por mucho que su vida anterior se permeara a su presente, que siempre sería aquel ser pequeñito que había cautivado su corazón y que había despertado su instinto de protección.

Con las horas del día avanzando, Itariel encontraba sus pensamientos regresando una y otra vez hacía Kili. No podía hacer otra cosa que imaginar que la decisión lógica de Thorin fuera sacar a los hermanos de ahí antes de que llegaran los humanos. Ese pensamiento la llevó a preocuparse hasta por Thorin, qué clase de posibilidades tenía si había un enfrentamiento. ¿Estaría Kili ya en su casa? De repente se arrepintió de haber acatado la orden del enano, debió haber ido a su hogar en vez de regresar con los elfos. Pensé que tu hogar era Mirkwood, diría su hermano y cómo ella no podría responderle, él la miraría intrigado. Pero claro, si tu corazón vive con el enano, es obvio que tu hogar sea a su lado. De repente Itariel sintió como si la voz de su hermano se hubiera podido escuchar en la habitación, como si verdaderamente hubieran estado llevando esa conversación.

Idris seguía durmiendo a pesar de que el sol estaba lo más alto en el cielo. Itariel cerró los ojos de nuevo y se concentró en su deseo de que todo estuviera bien y en poder volverlo a ver. Cuando los abrió su deseo se había convertido en realidad. Dís apareció entre los árboles seguida por sus hijos. Lo siguiente la elfa lo hizo sin pensarlo dos veces, se lanzó para alcanzarlo justo antes de que abandonaran el bosque y pisaran el césped del claro, se dejó caer de rodillas frente a él y lo abrazó, fuerte, muy fuerte. Gracias gracias gracias, era lo único que podía pensar y ni siquiera se dio cuenta de que estaba llorando.

Los elfos que se habían acercado al sentir la presencia de los enanos no podían creer lo que veían sus ojos. En cierto punto pese a lo raro de la situación, una elfa abrazando a un enano (y una elfa de Mirkwood abrazando a un enano heredero de Erebor para hacerlo más incomprensible), no era tan difícil de entender, cuando el amor es más fuerte que todo lo demás, las diferencias no son importantes.


Por si alguien se lo pregunta, estoy escribiendo la historia del primer amor de Thorin (ese que se menciona, cuando él era muy joven), nada más que esta disfrazado de fanfic de Legolas (se llama Eryn Lasgalen), así que pueden leerla si gustan. Por eso, al final, los tres fanfics que estoy llevando acabarán colisionando… aunque por supuesto cada uno puede leerse por separado.

ady prime y daya, les agradezco mucho que sigan leyendo y dejando sus reviews, se los agradezco de todo corazón. Espero que les guste y que no crean que dejé que Idris sufriera mucho.