Hola a todos!
Juro solemnemente que intenté responder los reviews, pero el sitio comenzó a lanzarme mensajes de que estaba enviando spam! WTF? O _ o En fin, que no quiero que me vayan a restringir la cuenta, así que solo espero que les haya llegado mi respuesta.
Muchas gracias por sus reviews a: Mss Brightside, lisicarmela, Naza Ford, EmDreams Hunter, Neah20, LuNaChocoO, caroone, mariana ojeda733, mariapotter2002, Serena Princesita Hale, Sally ElizabethHR, Pekis Fletcher, duglenys, luna-maga, seremoon, seilor mercuri o neptune, Mary Malfoy Mellark, Baddy, Duhkha, krumy, littlemuser, sakuralovely, midnight rose 08, Jaaaviera, Brenda Nott Hgo, Pam Malfoy Black, Krissa Malfoy, jeanette a garrido, Isabella876 y un guest.
Y ahora, a leer el nuevo capítulo!
Capítulo 9
Draco entró el Malfoy Manor con una expresión mortalmente seria, unos ojos grises centellantes y una pila de libros bajo el brazo. La chimenea activada en ese momento para las llegadas, era la del despacho de su padre. Maldijo para sus adentros su mala suerte, porque estaba tan cabreado que no se sentía capaz de soportar ninguna conversación con ninguno de sus padres. Trató de mantener el tipo todo lo humanamente posible y se apresuró a escabullirse de allí a toda velocidad. Todo lo que deseaba en ese momento era refugiarse en su habitación, colocar un hechizo silenciador y gritar su frustración todo lo que dieran sus pulmones.
Sintió los ojos preocupados de Narcisa sobre él, casi desde el mismo instante que puso pie en el despacho. Su madre sabía leer sus ojos como nadie más en el mundo. Solo ella y últimamente, también Hermione, con quien se había abierto más allá de lo que siempre había considerado prudente, podían hacerlo y llegar a las conclusiones correctas solo con ver la expresión de sus ojos. Narcisa supo que algo no andaba bien con Draco. Esa mirada atormentada le traía dolorosos recuerdos de cuando su hijo estaba adolescente y se vio obligado a hacer cosas, cuya carga no eran para un joven, ni siquiera para un hombre adulto. Pero no había podido cambiar nada. Eso era. Lo que Draco llevaba en sus ojos era pura y llana impotencia.
—Buenas tardes —les saludó y se encaminó hacia la puerta.
—Pensé que ibas a estudiar con tu compañera —comentó Lucius como quien no quiere la cosa aunque el énfasis que puso al referirse a Hermione no les pasó desapercibida, ni a Draco ni a Narcisa.
—Eso hicimos. Hasta que a ella le surgió un imprevisto en el hospital y tuvo que ir a atender la emergencia —mintió Draco. Lo que menos quería era dar explicaciones de por qué llegaba temprano a casa y agradeció que las emergencias que atendían dentro de su profesión le sirvieran de pretexto creíble cada vez que lo necesitaba.
Cuando puso su mano en el pomo de la puerta, su padre le detuvo.
Este sí que es un día de mierda, pensó Draco. Respiró profundo imponiéndose calma. Su padre seguía siendo un zorro viejo, así que se giró colocando su máscara de cansancio y fastidio en su rostro. No permitiría que viera o intuyera nada más.
—Sé que estás cansado y trabajando en tu tesis, pero quisiera tener contigo unas breves palabras —comenzó Lucius, mientras Draco caminaba hacia una de las sillas que estaban frente al escritorio de su padre—. Sobre todo, aprovechando que tu madre se encuentra con nosotros.
—Dime, padre —dijo el joven sentándose frente a su padre colocando la pila de libros sobre su regazo. Lucius no quería interrupciones ni pretextos para evadir la conversación, porque llamó a un elfo y lo mandó a dejar los libros de Draco, para quitarle la carga.
Por su parte, Draco escuchó los pasos de su madre a sus espaldas, hasta que la sintió sentarse en la silla que estaba junto a suya. Narcisa se miraba impasible, como siempre que hablaba con su marido, y de manera casual dio unas pequeñas y suaves palmadas en el dorso de la mano de Draco. Madre e hijo ni siquiera volvieron a verse pero esa caricia tuvo la virtud de calmar a Draco un poco más. Sabía que podía contar con ella incondicionalmente, que no importaba lo que su padre dijera esa noche, Narcisa siempre lo apoyaría a él. Era un vínculo formado desde la guerra. Narcisa amaba a Lucius, pero su hijo estaba antes de cualquier otra cosa.
—¿Qué tienes pensando para el futuro? —le preguntó Lucius al fin, viéndolos a ambos con aire satisfecho.
—Abrir mi consultorio privado. Padre, eso ya lo hemos hablado en varias ocasiones y me siento lo suficientemente cansado como para repetir, otra vez, esa conversación—respondió Draco, extrañado por la pregunta y con su innato sarcasmo a flor de piel.
—En cuanto a lo profesional, sí, lo hemos hablado muchas veces, pero sigo sin saber hacia dónde llevas tu vida personal —añadió Lucius. Draco mantuvo la expresión fría, cansada y fastidiada, sin alterarla lo más mínimo. Estaba seguro que su padre estaba midiendo todas sus reacciones. Sintió a su madre hacer una pequeña presión en su muñeca, instándole a mantener la calma—. Cuando yo tenía tu edad, ya estaba casado y tú ya habías nacido —continuó Lucius—. Es importante que también comiences a trazarte metas familiares. Metas que incluyan un heredero para los Malfoy.
—Lo sé, padre. Pero bien sabes lo demandante que son mis estudios, sobre todo en este momento de mi especialización —le rebatió Draco—. Tu situación fue distinta porque te dedicaste por completo a los negocios de la familia. Yo tengo años de estudios qué cumplir antes de poder establecerme.
—Eso es porque no has querido escucharme. Si trabajaras en el Consorcio Malfoy…
—Ay por favor, padre. No empecemos otra vez con el mismo tema. Quiero ser sanador y para eso estoy estudiando. No me gustan los negocios y lo sabes. Hace años que este tema está más que zanjado. Por lo menos en lo que a mí se refiere —lo interrumpió Draco con sequedad.
Lucius odiaba que lo interrumpieran y Draco notó que un pequeño rubor comenzaba a cubrir el rostro de su padre. Y no era necesariamente por vergüenza. El hombre respiró profundo también imponiéndose calma y buscó con la mirada el rostro de su esposa. Pero Narcisa solo le vio impasible, como si creyera que toda la conversación era un gran desatino. Bien, probablemente no había escogido el mejor momento.
—Creo que nos estamos desviando del tema que en realidad me interesa —dijo Lucius al fin—. Que te cases o no, quizás no es el problema, Draco. La cuestión es a quién debes escoger como tu esposa y madre de tus hijos, y como bien dices, escaso de tiempo como andas, casi no estás socializando —dijo y Draco pensó que o él ya estaba muy cansado que le costaba seguirle a su padre el hilo de la conversación o Lucius estaba desvariando. Su padre continuó—: Por eso quiero que tu madre comience a organizar pequeñas cenas, con amigos de la familia que tengan hijas en edad casadera y así, tal vez puedas analizar enlazarte con alguna de ellas.
—Padre... —comenzó Draco con voz cansada al comprobar que no era ningún desvarío—. Créeme que te comprendo, de verdad que sí, pero mis turnos en el hospital son una mierda, en este momento estoy trabajando en un caso especial que demanda más de mi tiempo y el poco espacio libre que me queda, lo dedico a mi tesis. Lo siento, pero no puedo.
—No te niegues tan en redondo, Draco —le pidió Lucius con una mirada preocupada—. Los meses y los años van pasando...
—No, compréndelo tú —lo interrumpió Draco otra vez. Sabía a lo que se estaba arriesgando al hacerlo y efectivamente, su padre comenzó a ponerse cada vez más colorado a causa del enojo—. No tengo tiempo, ni ganas ni fuerzas para hacerlo, a menos que a partir de este momento te resignes a que seré un completo fiasco para cualquier chica que venga a la mansión. Estoy tan agotado que lo que menos puedo hacer es jugar el papel de príncipe encantador frente a ningún invitado, eso si no caigo dormido sobre el plato cuando nos sentemos a la mesa.
Lucius se levantó ofuscado. Las cosas no estaban saliendo como él esperaba y se frustró más porque Narcisa solo seguía sentada allí sin decir nada.
—Quizás este no ha sido el mejor momento para tocar el tema. Veo que estás muy cansado.
—Lo estoy.
—Pero quiero que pienses en esto y en la idoneidad de la candidata a futura señora Malfoy. Por ejemplo, tu compañera Hermione Granger no sería la opción más adecuada... —lanzó al fin Lucius la pedrada. Draco terminó de tensarse bajo la preocupada mirada de su madre—. Dejemos de lado el hecho de que es divorciada. Lo importante aquí es la falta de hijos...
—No te metas con Hermione, padre —le pidió con voz contenida. Lucius se lo quedó viendo detenidamente, como si quisiera descifrar todo lo que pasaba por la cabeza de su hijo. Draco cerró su mente ante cualquier intento de Legeremancia. Su adorable tía Bellatrix había sido una excelente instructora.
—Hijo —dijo en un tono condescendiente que puso más de los pelos a Draco—. Como te decía, yo no tengo nada en contra de la chica, pero en más de tres años, no pudo darle un tan solo hijo al menor de las comadrejas, ¡de las comadrejas! —exclamó Lucius, totalmente ajeno a la centellante tormenta que se producía en los ojos de Draco—. Incluso, no le pondría objeción al hecho de que sea divorciada, ser amiga de infancia de Harry Potter y parte del ex Trío Dorado le otorga muchos puntos a favor, pero no tuvo hijos. Lo cual es imprescindible para quien sea la futura señora Malfoy.
—Bien. Muchas gracias por reiterarme que mi única valía ante los ojos de mi padre es darle a la familia un heredero —comenzó a hablar Draco con la voz helada—. Pero déjame decirte, y que te quede muy claro a partir de este momento: el próximo matrimonio Malfoy será cuando yo lo decida y con la mujer que YO considere conveniente.
Lucius se acercó al escritorio y lo golpeó con su puño.
—¡Demando saber quién es tu amante!
Draco se puso de pie también de un salto y enfrentó la mirada de su padre.
—En este momento no tengo ninguna amante, ni novia, ¡ni ningún puto prospecto que sea de tu maldita incumbencia! —Le respondió Draco sacado de sus casillas y golpeando el escritorio de la misma forma en que lo había hecho su padre, le gritó—: Y aunque la tuviera, ¡NO ES DE TU MALDITA INCUMBENCIA!
Draco se hizo levemente hacia atrás, tratando de recuperar la compostura y añadió con voz contenida de furia:
—Ya estoy lo suficientemente crecido para saber lo que me conviene o no.
—¡Eres un Malfoy! ¡Y tienes obligaciones para con la familia y tu linaje!
—Sí, Padre, y las sé a la perfección porque me las machacas y machacas siempre que tienes oportunidad —le recriminó Draco con voz excesivamente cansada aunque decidida—, pero ya no puedes darme órdenes como cuando era un crío. Ahora las cosas se hacen a mi modo. Y yo dispongo que no habrá búsqueda de prospectos, ni novia, ni boda, ni heredero hasta nuevo aviso. Ahora si me disculpas, estoy muy cansado y me retiro a mis habitaciones.
Draco dio media vuelta y con grandes zancadas, se dirigió a la puerta del despacho de su padre. Se retiró antes de que Lucius pudiera hacer o decir algo más. El hombre estaba estupefacto por las palabras de su hijo. No sabía que lo tenía más impactado, que le dijera que no habría heredero en un buen tiempo o la manera en que le había hablado.
Lucius se dejó caer en la silla y vio con un poco de impotencia a Narcisa.
—Deberías haberme apoyado —le reprochó a su esposa.
—Lucius, sabes que te amo tanto como cuando nos casamos —le respondió ella, sin inmutarse un pelo—, pero comportándote así, no lograrás acercarte a Draco. Lo único que conseguirás es echar a perder la débil relación que ahora tienen.
—Es que no me gusta la estrecha relación que se tiene con la chica Granger —le confesó al fin.
—Es cierto —concedió Narcisa—, pero si Draco decide establecerse con ella, dudo que nuestra opinión le haga cambiar su decisión.
—¿Te ha confiado algo?
—No —mintió ella con suavidad. Lucius confiaba en su esposa pero en ocasiones como esta, trataba de no recordar que su mujer había tenido la sangre fría de mentirle al mismísimo Voldemort y durante una situación de alto estrés. Narcisa continuó—: sin embargo, tienes que aceptar que tu hijo ya es un hombre. Uno de opiniones fuertes. Si tienes esa sospecha, mi recomendación es que no le lleves la contraria.
—Pero…
—Ponerse intransigente en este tema, solo provocará que pierdas definitivamente a tu hijo, Lucius.
—¡Ella no tuvo hijos con la comadreja, Narcisa!
—Lo cual es un alivio. ¿Te imaginas teniendo que socializar con esa familia a causa de los niños? —le preguntó Narcisa con el rostro ligeramente escandalizado.
Lucius la fulminó con la mirada.
—Narcisa…—comenzó él a hablar. Narcisa no se lo permitió.
—No, Lucius, escúchame. Draco está estudiando para sanador, ¿no? Pues bien, en el supuesto caso de que estuviera interesado en Hermione Granger y de que ella tuviera problemas para concebir un hijo, te aseguro que Draco buscaría y probaría todas las alternativas a su alcance para lograr tener un hijo. Y no es precisamente porque se lo exijas tú. Es porque siempre ha querido tener una familia.
Con tranquilidad, se puso de pie y salió también del despacho. Narcisa no se lo pensó dos veces y se fue en busca de Draco.
Narcisa tocó varias veces a la puerta de la habitación de Draco sin obtener ninguna respuesta. Se paseó un momento, considerando dejar a su hijo solo mientras se calmaba de lo sucedido con Lucius y de lo que fuera que hubiera sucedido con Hermione. Avanzó un poco por el pasillo, deteniéndose pensativamente. Necesitaba saber lo que estaba sucediendo y pronto. Entonces, llamó al elfo personal de su hijo.
—¿Está Draco en sus habitaciones?
—Sí, ama Narcisa. Acabo de prepararle la tina, me pidió un baño caliente.
—Pregúntale si puedo pasar.
A los pocos minutos, el mismo elfo le abría la puerta y ella entró en busca de Draco. Se lo encontró ya metido dentro de la tina, con espuma que le llegaba hasta la barbilla, la cabeza echada hacia atrás y los ojos cerrados. A pesar de todo, Narcisa sonrió al verle. Él debía sentirse muy desesperado para haberle permitido entrar cuando se estaba dando un baño. Los Malfoy eran tan propios para desenvolverse en la vida diaria...
—No has tenido una buena tarde, ¿verdad? —dijo ella, sentándose en una de las otomanas redondas que estaban en la esquina del cuarto de baño.
—Ha sido una tarde de mierda, para serte honesto —respondió él, abriendo sus ojos e incorporándose ligeramente para platicar con ella. Aun así, no lo pudo evitar y movió sus manos para acumular la espuma sobre su cuerpo… Narcisa podía haberle parido, pero hacía muchos años que él no se sentía cómodo estando desnudo cerca de ella, pero también le urgía racionalizar lo sucedido y para eso, no había nadie mejor que su madre—. Primero, Hermione corresponde mis besos, para luego rechazarme y pedirme que me fuera de su apartamento. La conversación con mi padre fue la gran cereza del pastel.
—¿Te besó y luego…?
—Sí, madre —la interrumpió Draco. Sentía que si Narcisa lo decía en voz alta, sería como si le restregaran el rechazo en el rostro.
—¿Cómo sucedió? —quiso saber Narcisa. Draco sabía que en boca de su madre, eso equivalía a un velado cuéntame-hasta-el-último-detalle.
—Estábamos hablando del caso de la niña Weasley. Ella como siempre, se descolocó un poco —comenzó a relatarle. Draco no quiso entrar en detalles, porque si bien podía confiar en su madre, tampoco quería traicionar la confianza de Hermione—. La abracé y en ese momento, no hubo ninguna resistencia. Es más, creo que mis muestras de afecto fueron bienvenidas. Entonces, decidí correrme el riesgo y la besé. Al principio, todo fue bien pero de pronto, se puso medio histérica… y me pidió que la dejara sola—finalizó con un suspiro. Volvió a quedarse dentro del agua con los ojos cerrados.
—¿Y te dijo algo o solo te pidió que te fueras? —preguntó Narcisa con interés.
—Dijo que lo nuestro no podía ser, que ella no estaba lista y que yo tenía derecho a ser feliz con alguien que me complementara y con quien pudiera tener una familia —detalló, poniendo énfasis en la última parte.
—Por Merlín, Draco, ¿tú crees que ella tiene problemas en ese aspecto?
—Su ginecólo en San Mungo es uno de los pocos especialistas en embarazos de alto riesgo en el mundo mágico —le confesó Draco, quien hasta ese momento se había mantenido muy reservado con las averiguaciones que había hecho acerca del pasado de Hermione. Incluso con su madre—. Con seguridad que tiene algún tipo de problema, ya sea para concebir o para llevar a término el embarazo… me inclino más por la segunda posibilidad. Ella tuvo tres ausencias en sus estudios durante el tiempo que estuvo casada, ¿te acuerdas? Probablemente tuvo tres embarazos fallidos.
—¿Habrá sido esa la causa real de su divorcio?
—No me extrañaría en lo más mínimo. Weasley es un pendejo y engatusado por la loca que ahora es su mujer… —especuló Draco.
—Que sea un pendejo a la larga se convierte en un beneficio para ti, ¿no? Míralo por el lado amable.
—No puedo, le tengo manía desde que éramos niños —exclamó, dejando salir al niño mimado y caprichoso que todavía llevaba dentro, y que ahora solo mostraba a su madre en momentos de confianza como este. Narcisa sonrió—. Además, yo soy el que ahora está lidiando con las consecuencias de los actos de ese pendejo. No sé si hice bien, porque Hermione me puso una cara como si la hubiera abofeteado, pero le pedí que no me midiera con el mismo rasero que a Weasley, que yo no era él.
—Pues yo creo que hiciste bien. Un poco de cruda honestidad ayuda en casos desesperados, pero no te habitúes a eso —le recomendó guiñándole un ojo.
Draco sonrió sin poderlo evitar. Su madre era una Slytherin completa, igual que él, que podía contar los momentos de cruda honestidad de toda su vida, con los dedos de sus manos. De pronto, su rostro volvió a ensombrecerse.
—Lamento el exabrupto con mi padre —continuó Draco con un suspiro cansado—, pero sacado de onda como venía, me fue imposible solo seguirle la corriente...
—Tú despreocúpate de tu padre. Ya me encargaré yo de que cambie de opinión —le aseguró Narcisa—. Lo más importante aquí es desmadejar todos los hilos de esta historia, para que tú puedas acercarte a ella sin problemas.
—Por lo menos sé que en esto cuento con Potter como aliado. Detesta a Weasley como nunca pensé que lo haría y aunque es muy protector con ella, me ha dejado en claro que son solo amigos y que no debo tenerle celos de ningún tipo —le detalló entonces. Draco tampoco le había contado nada a su madre de la conversación que había tenido con Potter en el apartamento de Hermione.
—Eso es interesante de saber. Deberías hablar con él. Como buen Gryffindor, Potter se ablandará si le dices que la amas en serio y que no piensas jugar con ella. Puedes manipularlo, usando su lado flaco del sentido del honor. La mayoría de Gryffindors sucumbe por allí —le recomendó Narcisa con suavidad.
—No sé, no sé… algo me dice que a pesar de todo Potter tiene algo de Slytherin en las venas. No es alguien fácil de engañar. Sabe leer las intenciones de las personas tan bien como nosotros —dijo pensativo.
—Es algo que tú sabrás manejar cuando sostengas la conversación con él. No te preocupes. De momento, lo bueno que puedes sacar de todo esto es la certeza de que Hermione también tiene sentimientos hacia ti. Eso no se puede negar. Es solo que no supera lo que le ha sucedido.
—Fue una agresión grave, madre. Aun me cuesta asimilar que Hermione tenga tanto miedo. ¡Luchó contra mortífagos que le doblaban la edad cuando era una adolescente por Merlín bendito! —estalló sin poderlo evitar. Sabía que a pesar de los años transcurridos era un tema sensible entre sus padres—. Y aun así, cada vez que mira a esta mujerzuela, Hermione se queda paralizada.
—Lo sé hijo, es difícil de creer —aceptó Narcisa—, Pero tú y yo sabemos muy bien cómo las cosas pueden cambiar de un momento a otro, y cómo el miedo puede sobrepasar todos nuestros límites. Si alguien puede comprenderla en eso, eres tú.
—Sé que tienes razón, madre, es solo que me frustra un poco. Quiero tener una relación con ella y pareciera que siempre tendremos la sombra de la comadreja encima —exclamó un poco frustado—. O es él, o es la loca de su mujer la que llega a descomponer todo.
—No seas impaciente, lo bueno siempre se hace desear. O al menos era lo que siempre nos decían las abuelas cuando alcanzábamos la edad casadera —afirmó Narcisa haciendo una pequeña mueca divertida.
Draco rió, liberando un poco la tensión que sentía en ese momento.
—Mi sugerencia es que no presiones a Hermione. Mejor habla con Potter y si él realmente apoya una relación entre ustedes, sabrá orientarte en cómo debes actuar con ella, para que las cosas vuelvan a la normalidad. De todas maneras, tienen pendiente una tesis por hacer. No la considero tan caprichosa como para pedir un cambio de compañero de tesis a estas alturas.
—Yo tampoco creo que Hermione llegue a esos extremos… pero ya no quiero hablar de eso —dijo Draco a renglón seguido—. Necesito despejar un poco la cabeza.
—Descansa, hijo —le recomendó ella—. Toma fuerzas y enfría la mente. Sabes muy bien que no se logra nada cuando la ira nos controla. Pronto, todo se resolverá para bien tuyo.
Su madre se acercó a él, le acarició el flequillo en actitud cariñosa. Draco le vio agradecido. A él no se le daba muy bien eso de ser afectuoso, pero su madre lo conocía mejor que nadie, así que ella solo le dio un pequeño beso en la frente y se retiró a sus habitaciones.
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Mi Narcisa es un sol, a que sí? Y solo quiero pedirles que no se preocupen por Lucius, él no es el antagonista de la historia, es solo que decidió presionar a Draco en un muy mal momento. Espero que les haya gustado el capítulo, gracias por leer y ya saben que sus reviews son muy apreciados.
