Capítulo 9: Intriga. Segunda parte.

Sasuke.

Sus cabellos eran suaves, rebeldes; los removí con gusto y me perdí en los brillos que desprendían con la luz del sol que se colaba por la ventana.

Su azulina mirada clavada en la mía; mi cuerpo temblaba con la sola idea de que parecía acariciarme con los ojos.

Sus manos, lentas, suaves, se dirigían por mi pecho. Las mías hacían algo similar en su marcado torso.

Bajaban, palpaban, sus uñas rozaban mi piel. Me estremecí.

Sasuke...

¿Por qué no se acerca y cierra la distancia entre nuestros labios? ¿Por qué tarda tanto ese contacto en llegar? Pareció leer mis pensamientos, porque sonrió, como solo él sabe hacerlo. Se recostó suavemente contra mí, la calidez de su pecho invadiéndome de inmediato. Él era cálido y seguro; era seguro dejarse tocar por aquellas manos acaneladadas, sentir ese cuerpo sobre el mío. Quería tocarlo, lamerlo, besarlo... Besarlo primero.

Acércate.

Sonreí al ver como acercaba su rostro al mío, su aliento ya rozando mis labios, dándome una probadita previa de lo que sería beber de él.

Naruto.

OoOoOoO

Un pitido molesto inundó mis oídos y moví mis manos a ciegas hacia su fuente. Pasaron unos segundos antes de que encontrara el interruptor de la pequeña alarma a lado de la cama y lo oprimiera buscando algo de paz.

Luego de un momento abrí los ojos para encontrarme con la luz matinal colándose entre las cortinas, iluminando tenuemente toda la habitación y resaltando el color de las paredes.

Azules, como sus ojos.

Ni bien el sopor comenzaba a abandonar mi mente, el sueño de unos momentos antes apareció en mi cabeza en forma de fotografías.

... Joder.

¿Cómo es que había soñado algo como eso? Pero apenas me removí entre las mantas, la hipersensibilidad de mi piel se hizo presente.

Y supe cuál era el maldito problema.

— Mierda...

Si Gaara hubiera cerrado la boca , posiblemente podría argumentar que me sentía mal y no salir hoy de la habitación. Pero debido a que el secreto de mi condición no lo era más, tendría que estar al lado de Naruto todo el día.

Sintiendo su calor, su perfume… Aunque tal vez no fuera tan difícil y solo se tratara de una situación más de las que convertían en trágicas las últimas dos semanas, desde que Tenten desapareció.

Sin pistas ni datos, la búsqueda había procedido como el protocolo y las brigadas salieron a buscarla. Incluían también miembros del Departamento General de Defensa en el distrito, pero Shikamaru, Kiba y Naruto tenían que supervisar los movimientos.

Cada día sin respuestas era más presión para el Departamento de Híbridos. Shikamaru ya no encontraba manera de quitarse de encima a los reporteros para que el asunto no se divulgara por La Red.

Un secuestro común no habría alertado a tantas personas, pero dado que era un híbrido y además protegido por la Élite, el miedo se había expandido no solo entre los híbridos, sino la población en general.

En medio de todo el alboroto y las largas horas de búsqueda infructuosa, lo único que había conseguido relajarme era las largas charlas con Naruto mientras recorríamos las calles. Sabía que a él también le tranquilizaba y eso provocaba una sensación extraña dentro de mí. Cuando me di cuenta de lo que era, me obligué a hacerlo al lado. Ahora sonaba imposible.

El primer día siempre era el más difícil, los demás iban reduciendo en intensidad de "deseo" hasta que en el séptimo volvía a la normalidad. Pero ahora aquello me sonaba muy lejano, mucho más después que mi mente me traicionara de forma tan sucia.

Me levanté apresuradamente y entré al diminuto baño que tenía la habitación. Luego de unos minutos de preparación mental en que me prometí a mí mismo olvidar el asunto, salí completamente vestido y listo para empezar nuestra rutina.

Pero apenas llegué a la sala, me percaté de que Naruto no estaba en el sillón. Las mantas estaban revueltas y, para mi sorpresa, en el suelo.

No sonaba como la gran cosa, pero desde que me compró aquella extraña alarma nunca se levantaba antes que yo; terminaba despertándolo a golpes media hora después porque se nos haría tarde si lo dejaba dormir.

Agucé el oído y luego de unos segundos noté el sonido de una respiración agitada dentro del cuarto de baño.

Me acerqué a la puerta.

— ¿Naruto? — Pregunté con voz clara, lo que provocó una reacción exagerada dentro del cuarto, ya que escuché un fuerte golpe y los artículos de limpieza del mueble rodando por el piso. "Kuso" se escuchó. Sí, era él.

Pero algo le ocurría, porque no contestó a mi llamado y su respiración se notaba muy acelerada.

— Hey, ¿estás bien? — Hice ademán de abrir la puerta, pero su grito desesperado me detuvo.

— ¡No entres!

… ¿Qué? Pasados unos segundos le escuché poner el seguro.

— ¿Qué diablos te ocurre?

— ¡No me ocurre nada, es solo que...! Uh...

Fruncí el ceño, mas no me separé de la puerta. Iba a insistir de nuevo, pero recordé que días atrás no me percaté de que se estaba duchando y un proyectil de calibre de un litro y base de jabón había impactado certeramente en mi sien. Se disculpó unas veinte veces a lo largo del día, pero no pasaría por eso de nuevo.

— ¿Así que nada? Si parece que tienes un ataque de asma, Naruto.

— ¡Asma! ¡Es eso-ttebayo! Sí, justo eso.

Ajá, sí, bravo, ¿y ahora?

… ¿Naruto era asmático?

— ¿Tienes el medicamento? ¿Necesitas que te lo traiga? — Su afirmación me causó extrañeza. ¿Cómo podía tener esa condición con aquella enfermedad?

— N-no... No lo tengo. ¿Crees que podrías ir a la farmacia por uno?

Me quedé de piedra, ¿tenía asma y no contaba con un medicamento en casa? Pero a pesar de lo apremiante de la situación, no pude dejar pasar algo por alto. ¿Acaso pensaba dejarme salir solo?

— ¿Hablas en serio? — Mi voz reflejó por completo mi incredulidad. Además de la evidente amenaza de parte de Shikamaru, Naruto no se había apartado de mí más de lo necesario. Incluso la semana pasada había sugerido meter el sillón a la recámara para dormir en el mismo sitio.

— S-sí, de verdad lo necesito, Sasuke —. Su voz sonaba muy aguda y algo rasposa. Por el sonido de fondo podía imaginar su pecho subiendo y bajando con rapidez y gotas de sudor cayendo por su clavícula.

... Mejor me iba ahora.

— Está bien, iré. No desesperes que no tardaré.

— Ya sabes dónde está mi cartera, Sasuke.

— Fui yo el que la puso ahí en primer lugar, idiota.

— ¡Serás bastardo! ... Pero gracias.

— Dile a los vigilantes que voy a salir, no quiero que me detengan.

Con su cartera y las llaves en mi mano, salí del departamento y caminé lo más rápido posible a la salida. Ya fuera del edificio, los guardias que estaban ahí para mi vigilancia me dejaron pasar, más aseguraron que habría alguien que me seguiría de cerca mientras hacía la compra.

No sabía mucho de asma, o más bien, casi nada. Sólo que era una enfermedad que no te permitía respirar correctamente y podía matar a la persona si no se atendía con rapidez.

Aún con la preocupación oprimiendo mi pecho, mi mente no pudo evitar pensar en las curiosas circunstancias. La cura para el asma no era un invento reciente y de hecho casi nadie usaba ya el inhalador que se necesitaba mucho tiempo atrás.

Tal vez no fuera un caso tan severo, o fueran episodios esporádicos. De una forma u otra, era muy descuidado que no tuviera un inhalador cerca. Aunque si esperaba esos descuidos de alguien, definitivamente serían de su persona.

Esos pensamientos consiguieron opacar el recuerdo del sueño de antes mientras volvía sobre mis pasos una vez compré el medicamento. Había sido un lío sacar el dinero con los ojos de la encargada sobre mis manos.

El auto de Shikamaru estaba estacionado fuera cuando regresé.

— He vuelto —. Dije apenas abrí la puerta del departamento.

— Hey, Sasuke —. Fue la voz que me saludó.

Me encontré de frente con Shikamaru, que estaba recargado en la pared externa de la cocina, con los brazos cruzados y mirándome con ese aburrimiento tan característico de sus facciones.

— ¿Qué haces aquí? — Jefe o no del Naruto, su presencia ahí no auguraba nada bueno.

— Naruto me pidió que viniera, no parece encontrarse bien.

— Traigo su medicamento.

— ¿Su qué? —. Nara frunció el ceño.

— Shikamaru, pásame el inhalador de una buena vez-ttebayo —. Fue la voz que se escuchó en el fondo de la recámara. Sonaba peor que antes.

Iba a acercarme y dársela cuando Nara me la quitó de la mano. Mi reclamo quedó ahogado con el sonido del pomo al girar.

— Toma y cierra la boca —. Le aventó la bolsa dentro y cerró la puerta con rapidez. No comprendí aquella actitud.

— ¿Qué diablos te pasa, Shikamaru? Naruto está mal.

Hice ademán de acercarme a la puerta, pero casi de inmediato el paso fue bloqueado por el castaño. Fue de forma disimulada, pero lo suficientemente evidente como para hacerme entender que no me quería cerca de Naruto.

Ese último pensamiento me enfureció.

— Quítate.

— ¿Desde cuándo tan interesado, Uchiha? — La burla en su tono me hizo rechinar los dientes.

— Eso a ti no te importa.

— Claro que lo hace. Además, Naruto ahorita no necesita nada de ti.

— Creo que eso debería escucharlo de él.

— Sasuke.

Su voz se escuchó de nuevo. Para ese momento ya me encontraba casi encima de Shikamaru, mirándolo fijamente con ojos entrecerrados. Él no lucía intimidado, lo que me puso a pensar en las consecuencias que traería aquella actitud. Era el jefe, después de todo.

Me alejé lo suficiente y dirigí mi mirada a la puerta esperando encontrarla entreabierta, pero no era así.

— Sasuke, no me encuentro bien. Sólo por hoy, quedas bajo la tutela directa de Shikamaru —. La voz de Naruto sonaba como si estuviera recargado contra la puerta.

¿Hablaba en serio? Nara se permitió una sonrisa de suficiencia que agotó la poca paciencia que me quedaba.

Jódete entonces, Naruto.

— Bien —. Crucé mis brazos sobre el pecho antes de dirigir mi mirada de nueva cuenta al castaño, esperando sus dichosas "instrucciones".

Vi sus ojos vagar por el lugar hasta dar con la cocina, como si analizara todo con detalle. En el fondo sabía que lo hacía, la convivencia con él me dejaba en claro que era muy listo. Eso también me impedía confiar en él.

— Creo que deberías ir por las compras de la semana.

...Imbécil.

— ¿Te estás burlando de mí?

— No, creo que deberías comprar unas cuantas verduras, el idiota de Naruto apenas las come.

"Naruto me importa una mierda." Quise decir, pero por alguna razón las palabras se atoraron en mi garganta.

— Si no me quieren aquí, solo tienen que decirlo.

No iba a soportar más estupideces. Así que tomé mi chaqueta del respaldo del sillón, agarré mis llaves y salí del lugar azotando la puerta con fuerza. Escuché el sonido del jarrón de la entrada resquebrajarse al impactar contra el piso, pero lo sentí como una minúscula venganza que mi resentido orgullo tomó con gusto.

La brisa ligera de la mañana impactó en mi rostro y despejó ligeramente mi cabeza, más mi enojo no se iba.

¿Con qué derecho iba el idiota de Shikamaru al departamento y encima de todo no permite que me acerque a mi compañero?

Tardé un rato en darme cuenta de que gran parte de la frustración se debía a la actitud de Naruto. Con el tiempo que llevábamos viviendo juntos, aunque fuera poco, esperaba que depositara cierta confianza sobre mí, cosa que parecía cierta con nuestras interacciones diarias.

Y sin embargo, quien estaba ahora a su lado era su jefe, mientras que a mí me habían echado deliberadamente del lugar.

... A su lado.

Tal vez ellos...

El viento volvió a hacer acto de presencia y agitó las hojas de los escasos árboles con fuerza, haciendo que varias de estas fueran arrastradas con él hasta encontrar en algún momento la quietud en el pavimento.

Las hojas de otoño siempre eran las más frágiles, las que más fácil se quebraban contra la suela del zapato, pero lo que pasaba por mi cabeza en ese momento no tenía que ver con aquella débil naturaleza a mi alrededor.

Largo y lacio cabello negro, mejillas sonrojadas, pero más allá del recuerdo de aquella persona, me asaltó la imagen de mi hermano.

Era el momento perfecto para ir a verlo.

OoOoOoO

Tardé un buen rato en perder al policía encargado de vigilarme. Aproveché que debí dar la vuelta en una calle poco concurrida para escalar hasta el techo de un edificio. Esperé ahí hasta que le vi volver sobre sus pasos, con el celular en la mano seguramente alertando al resto de sus compañeros.

No me esperé más y comencé a caminar por el techo de los edificios, ya que así les sería imposible seguirme a través de las cámaras.

Cuando llegué, todo estaba quieto, a ojos de cualquier persona normal, claro. Los movimientos de los bultos recargados en las paredes eran omitidos por sus ojos inexpertos. Las manos tiesas que aferraban ropas viejas y los quejidos tenues de almas que han llegado a su límite, no eran para ellos más que el "susurro del viento" que les alborotaba los cabellos.

La desembocadura del acueducto era por excelencia el lugar de la gente desamparada y uno que otro criminal oculto. Una zona con tan escasa vigilancia que las personas en ella habían encontrado manera de hacer sus miserables vidas. Algunos solo iban allí a morir; otros cuantos, como Itachi y yo, nos establecimos de forma permanente. Al menos un techo no nos faltaba, cualquier cosa era mejor que lo que había en nuestro pasado.

Una vez pasé cerca de las últimas cámaras, me sentí libre de caminar por la maltrecha calle que llevaba a la entrada del acueducto número dos. Un muro de tres metros separaba al acceso.

Solo entonces los guantes nuevos abandonaron mis manos y quedaron cuidadosamente guardados en el bolsillo de mi chaqueta. Las garras brillaron brevemente con la luz vespertina antes de clavarse certeramente en la pared que tenía frente a mí.

"Rápido" Era lo que siempre gritaba mi mente en ese momento; cuando, al final del día, volvía a lado de Itachi y había riesgo de que alguna patrulla a la distancia me viera. En unos segundos estaba encaramado sobre el muro, y al siguiente me dejaba caer del otro lado.

Era la única manera de acceder al acueducto, a ese lugar apestoso que era, ¿o fue? Mi hogar.

Su olor característico llenó mis fosas nasales y fue inevitable que una mueca de asco se dibujara en mis labios. Era increíble cómo me había acostumbrado a aquel hedor antes y ahora no era capaz de soportarlo. La única parte buena de esos días estaba al final de una tubería secundaria ubicada a medio camino en la principal.

Solo que, al menos en ese momento, no estaba ahí.

— Itachi —. Llamé quedamente cuando llegué a nuestro lugar de siempre. Lo único que delataba presencia humana en ese lugar era la relativa limpieza del suelo y unos cuantos artículos recargados contra la pared.

Aun así, era evidente la capa de polvo de un lugar que no se ha utilizado en algunos días. El no captar su aroma en el aire me preocupó lo suficiente para aumentar la velocidad de mi recorrido de las tuberías alternas.

Teníamos un protocolo a seguir muy básico pero funcional. Si escuchas ruidos, corres de lado contrario a menos que sepas de quién se trata. Si no puedes correr, intenta escalar a una parte alta para que no te puedan alcanzar. Si no puedes moverte con esa libertad y sientes que no te queda de otra, lánzate a las turbulentas aguas del canal.

Ese siempre fue el último recurso, porque salir de los rápidos era muy difícil y prácticamente imposible cuando el nivel del agua no te deja tomar aire; pero era preferible a dejarse atrapar y volver a un laboratorio.

Siguiendo este acuerdo, me detuve a cada rato a escuchar los sonidos que me rodeaban, volteaba hacia los tubos del techo constantemente y aunque no me gustara, también dirigía mi atención de cuando en cuando hacia el mugriento río principal a ver si distinguía algo de él.

Nada.

Su aroma no estaba impregnado en el aire, como siempre; no había marcas ni pistas, ninguna forma de encontrarlo. Él no salía del acueducto salvo de noche; no debía dejar que nadie viera sus ojos.

Me sentí estúpido por haberle dejado solo, por creer que estaría bien durante más de quince días que llevábamos sin vernos. Podría estar muerto, pudo ser capturado finalmente sin alguien que le cuidara la espalda.

El pulso comenzaba a fallarme, mis extremidades se entumían a cada paso que daba. Sólo restaba revisar un último canal antes de volver sobre mis pasos a la entrada, porque después el acceso se cortaba y empezaban los rápidos.

Estaba vacío.

El nudo en mi pecho se rompió en mi garganta; mi respiración errática reflejaba la desesperación que me embargó y me apoyé en la pared en un intento de mantener el equilibrio y la cordura.

— Itachi… — Mi voz comenzó a salir sin permiso. — Itachi... ¡Itachi!

Tal vez si volvía sobre mis pasos descubriría que todo era un error, que siempre estuvo ahí y yo estaba enloqueciendo.

Ahora solo era consciente del piso bajo mis zapatos y el dolor en mis piernas debido a mi larga carrera. Mi visión estaba borrosa, ¿eran lágrimas? Ya no podría distinguir mi mano aunque la tuviera frente a mí.

Y doblé la esquina de la entrada.

— Sasuke.

OoOoOoO

No había nada que me diera más miedo en el mundo que perder a mi hermano. Lo había pensado tantas veces, imaginado de tantas formas, que había sembrado en mí un miedo irracional. Cuando me daba cuenta, ya estaba pensando idioteces.

Como en ese momento, en que había olvidado por unos minutos que mi hermano era un maldito prodigio en todo lo que hacía, y eso incluía salir de las cañerías para perderse en la ciudad aun cuando el sol matinal golpeaba contra su nuca.

Luego del reencuentro, le pregunté a qué debía esa osadía, cuando tiempo antes ni se nos ocurría salir de día por el miedo a que sospecharan de los guantes sobre mis manos.

Me enteré entonces de que Itachi llevaba buscándome desde el segundo día que no aparecí. El miedo de haberme perdido pareció reducir los síntomas de su enfermedad y le dio fuerzas para pasearse por la ciudad a altas horas de la madrugada. Venía de regreso cuando nos encontramos, pero solo era para recoger algunas cosas y volver afuera en su eterna peregrinación.

Varias veces ya habíamos discutido sobre qué haría cada uno si el otro desaparecía. La conclusión era la misma: seguir nuestras vidas porque recuperar al otro era algo imposible. También sabíamos que esa promesa no era más que una mentira. Itachi no era capaz de dejarme a mi suerte, mientras que yo tiempo antes había tomado la firme determinación de acabar con mi vida si perdía a mi hermano.

Me sentía mal por dejarlo solo tanto tiempo, pero no quería arriesgarme. Luego del secuestro de Tenten las cosas no habían mejorado y no había nadie en el departamento en quien confiara a parte de Naruto.

Las huellas de la incansable búsqueda de mi hermano estaban presentes en todo su cuerpo. Su rostro estaba mucho más delgado de lo que recordaba y hasta sus ojos parecían haber perdido un poco de color. Aun así, mantuvo una sonrisa mientras salíamos del acueducto para encaminarnos al hospital más cercano.

Según Naruto, la atención se la daban a cualquier híbrido siempre y cuando tuviera un registro en La Red, el cual yo poseía gracias a mi recién adquirida ciudadanía.

— Toma.

Fruncí el ceño cuando Itachi me entregó las ya conocidas pastillas. Eran calmantes, abundaban en los botes de basura porque los ricos se convencían de no necesitar más de una para sus trastornos de ansiedad.

Con el líbido en su mejor momento, los calmantes me ayudaban a mantenerlo a raya y hasta apagarlo conforme pasaban los días. Que Itachi tuviera unas de estas era un milagro que agradecí profundamente, aunque no lo demostré. Las tragué en seco antes de reanudar nuestra marcha.

— ¿Tan evidente es?

— Apestas a celo, por eso supe que habías regresado —. Dijo con voz suave.

Pronto quedó claro que para mi hermano tampoco habían sido días fáciles. Cojeaba, había sangre seca en su gastada camisa y en la comisura de sus labios, además de un agotamiento que se hizo más evidente conforme hacíamos nuestro recorrido. Sin embargo, se negó a hablar del asunto; lo único que él quería era escuchar lo que yo tenía para contarle.

Así que lo hice: le hablé sobre el plan, mi encuentro con Gaara, la ciudadanía, los miembros que conocía del departamento y que ahora vivía con uno de ellos; que era solamente hasta el momento en que el plan diera resultado y me capturaran.

Para cuando llegamos al hospital, se apoyaba sobre mis hombros y sostenía su costado. Él había cerrado los ojos para contener el mareo mientras llegábamos a la recepción.

Curiosamente, en cuanto entramos, una enfermera se acercó y ayudó a mi hermano a sostenerse del otro lado. La miré con extrañeza. Muchos de los pacientes se habían alejado apenas Itachi abrió sus ojos, delatando su condición de híbrido; pero el cuerpo de enfermeras no mostró cambio en su actitud; hasta parecían acostumbradas a ello.

— ¿Qué le ocurre? — Preguntó la enfermera. Negué levemente.

— No sé lo que tiene, lleva así bastante tiempo.

— ¿Es de los recuperados por el Departamento de Híbridos? — Asentí. — Bien, lo llevaremos al piso asignado —. Terminó. Una nueva enfermera se acercó a nosotros y entre los tres dirigimos a Itachi al elevador. Una de ellas presionó el botón del séptimo piso.

La sala era exactamente igual a la de la planta baja: muy iluminada por las lámparas rectangulares de un techo tan blanco como las paredes, limpia y equipada. La sala de diagnóstico quedaba justo enfrente de los asientos de espera y fue donde llevaron a mi hermano, aunque dijeron que solo necesitaba un análisis valorativo.

Me dijeron que esperara afuera, así que me dejé caer en una de las sillas y suspiré cansinamente. El haber salido de la casa en la mañana sin desayunar ya me estaba cobrando factura, aunque antes pasaban hasta tres días para que pudiera probar bocado.

Ese trago amargo de pasado me hizo fruncir el ceño, pero casi de inmediato se compuso en una mueca neutra ante una realidad más palpable.

Estaríamos bien, si cumplía con mi parte del trato. Todo pintaba mejor después de eso: trabajo, alimento, un lugar donde vivir que no fuera el departamento de Naruto.

Naruto...

— ¿Cuál es su nombre? — La recepcionista del piso se había acercado a mí con una tableta. En su pantalla alcancé a notar un registro en blanco.

— Uchiha Sasuke.

— ¿Es la primera vez que vienen?

— Sí.

— ¿Cuál es el registro del paciente?

— Usaremos el mío —. Alzó brevemente la mirada hacia mí cuando dije eso, mas continuó con su trabajo con normalidad.

— ¿Tienes tu ciudadanía? — Extraje la tarjeta de mi bolsillo trasero y se la entregué. La escaneó con su tableta antes de devolvérmela.

— Todo listo. En breve te informarán la condición de tu hermano.

Asentí y la mujer volvió a su lugar tras el mostrador. Solo entonces noté la placa que estaba junto a la ventanilla de servicio. Era una inscripción en letras doradas sobre una lámina del mismo color.

"Atención de Híbridos"

"Creada y patrocinada por N. y M. Namikaze"

—Joven Uchiha —. Una de las enfermeras de antes me sacó de mi letargo al abrir la puerta del diagnóstico. Me dedicó una gran sonrisa. — El paciente ha sido trasladado a una habitación, puede ir a verlo.

Itachi se encontraba ahora en una camilla de hospital, con una bata de paciente y cubierto por las mantas hasta el estómago. Según palabras de la enfermera, los estudios arrojarían resultados hasta mañana, de mientras habían colocado suero para estabilizarlo y limpiaron sus heridas.

— Les agradezco por sus rápidos servicios —. Dije a la enfermera. Ella se limitó a una sonrisa, luego se retiró para que pudiera estar a solas con Itachi.

— ¿Otra vez con el entrecejo fruncido, Sasuke? Te van a salir arrugas a este paso.

— La escena que tengo enfrente no es muy inspiradora — Me acerqué a la cama y me senté en el borde con cuidado. —, te ves demacrado, hermano.

— Y tú te ves bastante bien, a decir verdad —. Contestó él con una sonrisa. — Si hubiera sabido que los tipos de ese departamento eran buenos, habría dejado que te capturaran mucho antes.

— Esa es una broma de mal gusto —. Dije con molestia aparente, aunque no pude evitar sonreír.

— ¿Cuándo le dirás a Naruto de mi existencia?

— He tratado de hacerlo en la semana, pero no estoy muy seguro de ello.

— ¿No crees que merece saberlo después de todo lo que ha hecho por ti?

— Claro que lo merece.

— ¿Cuál es el problema entonces?

— El Departamento de Híbridos se ha convertido en foco de agresiones las últimas semanas, no quiero ponerte en riesgo si se enteran de ti.

— Tal vez la noticia pueda esperar un poco —. Dijo con serenidad. — Claro, mientras me asegures que estar aquí no implica un gasto para él.

— No me han pedido nada más que mis datos para atenderte, no te apures por ello —. Apreté su mano suavemente con la mía. — ¿Qué pasó que te lastimaste de esa manera, Itachi?

Su sonrisa no se quitó, pero desvió la vista.

— Fue como lo que ocurrió hace un año, que nos encontraron tras esa galería. Son las mismas personas, nos están buscando.

Mi corazón se aceleró.

— ¿Fue cerca del refugio?

— No, cerca del muro de las élites, intentaron acorralarme y fue cuando lanzaron algo punzante a mi pierna. No está bien desde entonces.

— Si hubiera podido venir antes…

— Hiciste lo que pudiste, Sasuke, y estoy feliz por ello —. Me interrumpió. — Y lo mejor que puedes hacer ahora por mí es ir de nuevo con Naruto; deben estar preocupados.

— Hn, ten por seguro que soy lo que menos les importa ahora —. No quería sonar como un idiota, pero mi enojo aún no desaparecía del todo. — Todavía puedo quedarme un rato más.

Frunció el ceño.

— Si no me equivoco, ese departamento donde viven ahora está a dos horas de aquí.

— Y me esforzaré en llegar lo más tarde posible. No quiero encontrarlo despierto, si es posible.

Suspiró.

— No importa cuánto crezcas, seguirás siendo un necio.

— Tengo mis motivos, Itachi —. Había cruzado mis brazos. — Prácticamente me echó de su departamento porque no se sentía bien.

— Tal vez no quería que lo vieras en ese estado —. Comentó distraídamente mientras se acercaba la jarra de agua.

— ¿Por qué no querría? Lo he visto con solo una toalla amarrada en la cadera.

— Tal vez las cosas han cambiado.

— ¿Por qué lo harían? — Se encogió de hombros.

— Sugiero que lo hables con él, tal vez tenga algo importante qué decirte.

— Eso suena muy extraño viniendo de ti, Itachi —. Eso le provocó una corta risa.

— Es una suposición; de todas formas, se han vuelto muy cercanos últimamente. Por muy molesto que estés, no puedes negar que se te hace extraño su comportamiento.

Me tomé un momento antes de darle la razón

— Me preocupa.

— Deberías ir con él.

— ¿Por qué la insistencia? — Mi hermano a veces era muy misterioso; sentía que me ocultaba cosas, pero a la vez él sabía que las descubriría con el tiempo. Que sonara tan confiado con respecto a Naruto me desconcertaba, pero sus palabras coincidían con lo que, de hecho, tenía ganas de hacer desde hace buen rato. Ir con él.

— ¿Una corazonada? — Volvió a sonreír, a la vez que apretaba mi mano. — Sabes que estoy en buenas manos, no temas en dejarme aquí.

Luego de unos momentos suspiré y le dediqué una corta sonrisa. Correspondí su agarre antes de levantarme.

— Vendré a verte en cuanto pueda.

— Sé discreto.

OoOoOoO

Di una vuelta por todo el hospital buscando indicios de que no fuera fiable. Naruto me dijo que lo era y confiaba en él, pero desgraciadamente no en los demás y él no veía con sus propios ojos lo que podía esconderse en el piso exclusivo de híbridos.

Luego de esto y tras haberme asegurado de que Itachi estaba en buenas condiciones, salí del hospital y volví sobre mis pasos. La luz del atardecer me sorprendió, pero eso no hizo que aumentara mi velocidad. Adrede, en vez de caminar a paso normal, lo hice como si estuviera dando un paseo.

El hospital en el que instalé a Itachi estaba bastante lejos de lo que se considera el centro del distrito, donde estaban las bases de todos los tipos de seguridad incluyendo el Departamento de Híbridos. No muy lejos estaba el departamento de Naruto, pero caminando tardaría mucho en llegar.

No me importaba. Por primera vez me permití contemplar la ciudad desde un punto de vista muy distinto. Teniendo que esconderme, era muy difícil ver algo que no fuera zonas de penumbra. Ahora caminaba en una de las calles más concurridas, con la mirada en alto y fingiendo ser tan normal como las personas a mi alrededor.

Estaba muy lejos de la zona comercial, pero había pequeños puestos repartidos por toda la calzada y las calles aledañas, mucha iluminación y carteles con anuncios de nuevas tiendas o productos. De vez en cuando los carteles cambiaban su proyección y aparecían las últimas noticias en la corte de la élite, donde se tomaban todas las decisiones importantes para la Unión. Aunque rápidamente volvían a sus proyecciones normales porque esas información no era de verdadero interés general.

Dejé que mis pies me llevaran y entré a un pequeño local a comprar un café. Al salir mis pasos se volvieron aún más lentos, lo suficiente para desesperarme en cualquier situación menos en esta. No estaba para enfrentar preguntas de parte de Naruto, ni para un regaño injustificado de su parte. Y aun así, una parte mía necesitaba saber si al final del día se encontraba bien.

Dos horas después la noche se había caído. Las calles del centro bullían de actividad nocturna, pero la del departamento de Naruto se encontraba casi vacía, apenas tenuemente iluminada por las altas luces de la acera.

Al acercarme, reconocí el auto frente al edificio.

— Así que al fin te dignaste a aparecer —. Shikamaru estaba apoyado contra el marco de la puerta del conductor. Tenía ojeras, un café en la mano y un humor de perros.

— Me alegra que por fin hayan terminado sus pendientes —. No me importaba su humor o lo que pudiera hacerme. Yo no era de los que se quedaba callado.

Sin embargo, lo siguiente que mostró su expresión fue una corta sonrisa.

— Bienvenido seas.

Arquee una ceja.

— No tienes que ser tan lamebolas, esconderé la información que quieras.

Su ceño se frunció, pareció no entender mi comentario. Aunque no tardó mucho en hacerlo y entonces soltó una fuerte carcajada.

— ¡No puedo creer que hayas salido de aquí con esa idea! — Casi derrama su café por la risa, pero cuando se recuperó, su gesto de aburrimiento regresó. — No tienes que ocultar algo que no pasó; lo has malinterpretado.

Parte del peso que sentía en el pecho se quitó, pero seguía confundido.

— ¿Entonces a qué debo tan cálida bienvenida? Para estos momentos ya me imaginaba encerrado.

— Eres de nuestros miembros más importantes y desapareciste casi doce horas. Te buscamos por diez hasta que alguien te vio regresando cerca del centro. Estás sano y salvo, contrario a lo que esperábamos y lo más importante: volviste por tu cuenta. Debes entender ahora los motivos de mi tranquilidad.

— Suena a que les di bastantes problemas.

— Bueno, sí; Naruto casi enloquece, pero parece que finalmente consiguió dormir.

No sabía cómo reaccionar ante esa información.

— Entonces, ¿puedo entrar sin más? — Shikamaru asintió. — ¿No habrá represalias?

— Tal vez, pero lo único que quiero hoy es ir a dormir y tú también debes estar cansado; así que será en otra ocasión.

— Lo tomaré como una oferta de paz.

— Más como tu condena —. Aseguró. — Eres ingenuo si crees que Naruto lo pasará por alto.

— ¿Qué tiene que ver él en todo esto?

Se encogió de hombros, luego abrió la puerta de su auto.

— Siempre le decimos que no se involucre, pero esta vez exageró al no hacernos caso.

Quise preguntar a qué se refería, pero arrancó el motor y cerró su puerta. Me subí a la acera a tiempo para verle arrancar y al doblar la siguiente esquina el sonido se apagó.

Unos minutos después me encontraba frente a la puerta del departamento, con una mano en el picaporte y debatiendo internamente si entrar fingiendo que no había pasado nada o con todo el orgullo que desgraciadamente no poseía.

Estaba preocupado por lo que sea que le había afectado en la mañana, pero al final había sido él quién me sacó de la casa, aunque fuera a través de Shikamaru.

Tal vez la indiferencia fuera suficiente y podríamos volver a la normalidad lo más pronto posible; aunque, honestamente, esperaba una disculpa de su parte.

Otro aspecto en cuestión era que el efecto del calmante que me dio Itachi comenzaba a desvanecerse, por lo que esas extrañas sensaciones volvían a mí. Lo mejor sería entrar y dirigirme de inmediato a la recámara, tal vez pasar antes por la cocina para conseguir alimento.

No parecía difícil; daba la impresión de que ya estaba dormido porque las luces estaban apagadas. El crujir de la puerta al abrirse fue lo único que me delató, pero el brillo de la luz del pasillo que dejaba atrás no iluminó lo suficiente la estancia para distinguir su figura entre las mantas.

La puerta se cerró tras de mí y me quedé de pie en la entrada, esperando que mi vista se adaptara a la oscuridad.

El panorama no había cambiado en casi nada desde que me fui. Todas las puertas estaban entreabiertas y un resquicio en la cortina de la ventana mandaba pequeños rayos de luz a la habitación en penumbra.

Entonces dos brillos azules llamaron mi atención. Se encontraban envueltos en la oscuridad de la recámara, pero fue hasta que mi vista se ajustó por completo que me di cuenta de lo que eran.

— ¿Naruto?

Las lucecitas parpadearon cuando cerró los ojos, luego escuché sus lentos pasos acompasados acortando la distancia entre nosotros.

La luz que se colaba por la ventana finalmente dio con su rostro y el desconcierto en mí creció. Su mirada era seria, intimidante, sentí mis vellos erizarse advirtiendo un peligro que mi parte racional no veía. Su expresión era neutra, hasta aburrida, se quedó de pie frente a mí y no apartó sus ojos de los míos.

Vestía solo con una playera interior blanca y jeans gastados; la extraña palidez de su piel y sus labios enrojecidos confirmaron que no se encontraba bien todavía. Y aún así, parecía que no había olvidado ponerse su perfume, por lo que el aroma se coló por mis fosas nasales y mi cuerpo inevitablemente reaccionó.

Había algo parecido a reproche en su mirada, lo que me hizo fruncir el ceño casi de forma inconsciente.

—Vaya,así que ya te dignaste a salir —. Tenía que terminar con él rápido.

Mas no hubo reacción. Aquello hizo que me pusiera más nervioso. Luego de un momento, sus ojos bajaron lentamente por mi torso.

— ¿Qué crees que haces?— Una parte de mí se cuestionó si me buscaba heridas, pero ese brillo inusual no indicaba eso.

Era algo más.

El silencio llenó la habitación como bruma; no podía ver otra cosa que no fueran sus ojos. Los latidos de mi corazón se incrementaron y hasta sentí mi mente dejar de funcionar cuando su mirada volvió a la mía y cerró la distancia entre nosotros.

Sus labios sobre los míos, eso es lo único que alcancé a procesar. Y que sus ojos no estaban cerrados, tal vez ansiosos de ver cómo reaccionaba ante aquello.

El cálido contacto pareció adormecerme, entumir esa parte mía que se cuestionaba lo que acababa de pasar. Mis ojos tampoco se cerraron y por un momento parecieron fundirse con sus zafiros. Pude notar sus manos en mi cadera en una lenta caricia y aunque su expresión era la misma podía sentir su precaución.

Alejarlo nunca pasó por mi cabeza.

Me gustaba.

Ese extraño y repentino contacto me gustaba.

Y quería más.

Mis manos se movieron a sus caderas sin mi permiso, la rodearon para alcanzar su espada y lo apegué más contra mí.

El contacto entre nuestras bocas se profundizó y lo sentí estremecerse; sus manos aumentaron su agarre y esta vez vi complacido como sus ojos se cerraban.

Fuerte, cálido, ese tacto diferenciaba de cualquier otro por la seguridad que me transmitía. Además me hacía vibrar, suspirar, aunque sus caricias fueran cortas y sin gracia. Sus labios se movían sobre los míos de forma inexperta, pero no me importaba; nada más me importaba que no fuera su cercanía.

El tiempo pareció alargarse, o detenerse. En lo que creí un segundo, nos separamos para conseguir algo de aire. Al siguiente, nos metimos de nuevo en la furiosa batalla y nuestras lenguas chocaron de forma exquisita. Momentos después, mis impulsos reprimidos habían llegado para cobrar su factura y no pude evitar empujarlo hacia la pared, haciendo que su espalda se estrellara contra ella.

Ahogó un quejido mientras mis manos ansiosas se removían en su cadera, un momento antes de subir a su torso. Sobre la delgada prenda era evidente el calor que desprendía su piel; moría por deshacerme de ella de un rápido tirón, rasgarla si era necesario.

Una sensación agradable me invadió cuando lamí su labio inferior; sentía sus manos subir lentamente por mi espalda y nuestros cuerpos estaban tan juntos que nuestros pechos llegaban a rozarse.

— Sasuke...— Gimió en medio del beso.

Pero escuchar mi nombre de sus labios, en ese silencio casi mágico que se había formado, fue suficiente para despertarme.

¿Qué demonios estaba haciendo?

Me aparté con escasa delicadeza y parpadee varias veces, tratando de salir del ensueño. La realidad me cayó como un balde de agua fría, pero su mirada pareció arrojarme hielo.

Su expresión era demasiado tranquila para tratarse de él. Sus ojos se abrieron levemente cuando me alejé, pero luego se tornaron tan vacíos como antes.

Me contempló unos largos segundos con indiferencia antes de separarse de la pared y sin más, volver a la habitación.

Escuché como se cerraba la puerta con fuerza, su cuerpo caer en la cama y después nada.

Todo había terminado tan rápido como empezó.

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Continuará.