CAPÍTULO 8 Los primeros pasos.

Después de desayunar, Harry siguió a Narcissa Malfoy hasta una habitación limpia, pero obviamente en desuso, que se encontraba en los sótanos. Con un movimiento de varita, la bruja hizo aparecer dos sillas de aspecto confortable que llevaban grabado en el respaldo el escudo de los Malfoy, señal de que se habían llevado de la mansión algo más que ropa y las joyas de la familia.

-Toma asiento, Potter-dijo ella, que desde la noche anterior le hablaba en un tono impersonal, menos ofensivo que el frío desprecio de siempre-. Tus secuestradores pudieron usar varios métodos para borrarte la memoria. Deberíamos empezar primero con la Legeremancia; puede que así consigamos averiguar qué te hicieron exactamente.

Harry asintió y se concentró, dejando entrar a Narcissa en su mente. Revivir los sucesos de aquella tarde no era nada agradable, pero se esforzó en revivir con la mayor exactitud posible el momento en el que había entrado a su dormitorio y había visto a Ginny. Era su último recuerdo; lo siguiente era despertar en aquella habitación mugrienta del callejón Diagon. Narcissa estuvo buscando y husmeando durante un buen rato, hasta que Harry, que nunca había tenido demasiada paciencia y además detestaba notar a alguien en su cabeza, empezó a ponerse nervioso. La bruja se retiró en cuanto empezó a notar las primeras señales de resistencia.

-¿Qué ocurre?

-Necesito un descanso.

-De todos modos, no parece que haya nada. Déjame probar un par de cosas.

Unos hechizos le alcanzaron sin conseguir efecto alguno. Cuando ya se encontraba listo para otra sesión, Narcissa volvió a usar la Legeremancia, pero esta vez, en lugar de buscar los recuerdos perdidos, intentó sentir el modo en el que habían desaparecido. Después de casi media hora, se retiró.

-¿Has encontrado algo?

Narcissa meneó negativamente la cabeza, se quedó en silencio unos segundos.

-Veritaserum. Es lo único que no hemos probado aún.

-¿Veritaserum?-repitió Harry, sorprendido.

-Si te han hipnotizado, con esto podremos saltarnos el bloqueo. Una gota, quince minutos.

Si no hubiera sido capaz de resistir la poción, Harry jamás habría accedido a tomarla para ser interrogado por Narcissa Malfoy, sin importar lo convencido que estuviera ahora de la inocencia de su hijo. Pero si trataba de jugársela y le hacía preguntas indiscretas o maliciosas, podría aguantar en silencio. Y luego se lo haría pagar.

Unos segundos después de que se tomara la poción, Narcissa empezó a hacerle las típicas preguntas rutinarias dedicadas a relajar la mente y luego empezó el interrogatorio sin previo aviso.

-¿Mataste a Ginny Weasley?

-No.

-¿Qué pasó cuando encontraste su cuerpo en la cama?

-Vomité, me eché a llorar, oí un ruido y perdí el conocimiento.

-¿Qué pasó después?

-No lo recuerdo.-A Harry le hubiera encantado poder contestar otra cosa.

-¿Alguien te sacó sangre?

-No lo recuerdo.

-¿Hablaste con alguien?

-No lo recuerdo.

Narcissa siguió preguntando y preguntando para intentar encontrar la más mínima brizna de información, pero la respuesta de Harry no varió. Pasados quince minutos, él dejó de sentir la obligación de decir la verdad.

-Todo lo que puedo decir es que no te han hipnotizado, no te han borrado la memoria con una poción o un Obliviate, no han alterado tus recuerdos y tampoco han usado un Pensadero. Eso sólo nos deja una posibilidad: te mantuvieron inconsciente durante todo ese tiempo.

-¿Inconsciente?¿Con Desmaius?

-Es posible. O puede que usaran alguna droga muggle. O algún otro hechizo desconocido.

Harry dio un pequeño suspiro.

-Entonces, estamos como antes.

A Narcissa no le quedó otro remedio que asentir.

-Esperemos que tengáis un poco más de suerte esta tarde.

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Aquella tarde, Harry fue a que Daphne le cortara el pelo y después se vistió con unos vaqueros, un suéter y un abrigo negro que le había dejado Zabini. Malfoy le había dicho que podría arreglarle pronto una cita con un discreto representante de Gringotts, pero aún no tenía dinero para comprarse ropa nueva. Había intentado sin éxito usar un hechizo para hacer aparecer algunas de sus cosas. No sabía qué había pasado con sus pertenencias, pero estuvieran donde estuvieran, se hallaban protegidas.

Tampoco es que le resultara nuevo llevar ropa de segunda mano.

Malfoy le esperaba en la puerta principal del monasterio, vestido también con ropa muggle. Se había teñido el pelo de castaño y lo cierto era que un cambio tan nimio le hacía parecer una persona completamente diferente. Si había aurores vigilando la casa de los Tennant tardarían unos segundos preciosos en reconocerlos. Cuando Draco lo vio, se lo quedó mirando con una ligera sorpresa.

-¿Qué?-dijo Harry, pasándose la mano por el pelo en ademán un poco defensivo.

-Nada. Es la falta de costumbre. No estoy acostumbrado a verte peinado y bien vestido.

-Perdona, pero yo me visto bien-replicó, un poco molesto.

Los dos salieron al exterior.

-En Hogwarts nunca llevabas ropa muggle de tu talla-dijo, sonando más curioso que insultante.

-Eso es porque mis tíos me hacían llevar la ropa vieja de mi primo, que era dos veces más grande que yo.

Los dos echaron a caminar hacia el límite del hechizo anti-Aparición que rodeaba los alrededores del monasterio.

-¿Eran pobres?

-No. Me odiaban.-Draco lo miró con extrañeza, pero no dijo nada y Harry apartó a sus tíos de su mente con suma facilidad. Aunque el objetivo de aquel viaje no era exactamente agradable, se sentía animado por la perspectiva de cambiar de aires -.¿Cuándo iremos a hablar con Remus?

-Estoy terminando de preparar una remesa nueva de poción multijugos. Dentro de once días estará lista.

Harry meneó la cabeza.

-No podemos esperar tanto. No sabemos si tenemos ese tiempo.

-Potter, te recuerdo que está vigilado. Saben que es tu contacto más probable. Nos han dicho que le han pinchado la red Flú y le vigilan el correo. Se supone que esos son los aurores, pero si descubren que le has escrito se lo contarán a Robards, y ese cabrón y sus amigos mortífagos irán a por él.

-Entonces tenemos que encontrar otro modo.

-Si se te ocurre algo, soy todo oídos.

Después de caminar un rato más salieron de la zona protegida por el hechizo y Harry puso la mano en el hombro de Malfoy para Desaparecerse con él. Como nunca había estado en la casa de Tennant, se materializó en el punto del bosque en el que había hablado con el niño. Un pequeño sendero de tierra conducía a la carretera muggle y diez minutos más tarde se encontraron caminando por el asfalto. Harry tenía fresca la dirección de los Tennant gracias a la sesión de Legeremancia con Narcissa y sabía qué dirección tomar. Al cabo de un par de millas distinguieron la única urbanización que se veía en los alrededores y pudieron usar la Aparición para ahorrarse el resto del camino. Una vez allí lanzaron sendos hechizos para detectar posibles magos disfrazados en los alrededores. Harry, además, usó un encantamiento que había aprendido durante su entrenamiento de auror y que hacía las veces de chivatoscopio. La zona parecía despejada, así que empezaron a buscar la casa de Tennant. Ahora iban en silencio, lanzando miradas disimuladas a un lado y a otro por si los hechizos les habían fallado y había aurores vigilando la urbanización. La mente de Harry había iniciado una muda súplica. "Por favor, que no esté muerto". Ian Tennant se había puesto en peligro por confiar en él. Si Robards le había pasado su dirección a los mortífagos... Aunque el jefe de los aurores fuera ahora sospechoso, a Harry le costaba creer que fuera capaz de matar a un niño.

La urbanización estaba bien señalizada y no tardaron en encontrar la casa que buscaban. Después de repasar por última vez la historia que habían preparado para evitar suspicacias de los padres, entraron en el jardín y Harry llamó al timbre. Unos segundos después, un hombre de unos cuarenta años con cara de tortuga les abrió la puerta.

-¿Sí?

-¿Señor Tennant?

-No. Me llamo Doug Davenport.

Harry frunció ligeramente las cejas.

-Este es el número 21 de la calle Acacia¿verdad?

El hombre asintió.

-Mi mujer y yo nos trasladamos aquí hace diez días. Creo que la familia que vivía aquí antes se llamaba así.

-¿Sabe dónde podemos encontrarles? Es muy importante que hablemos con ellos.

-No, ni idea. Pregunten en la casa de enfrente. La mujer que vive ahí cuidaba de su hijo algunas noches.

-¿Le ha pasado algo al niño?-preguntó Malfoy, de pronto.

La cara del hombre se ensombreció y Harry se temió lo peor.

-¿No lo saben? Murió hace dos meses.

-¿Murió?-repitió Malfoy-. ¿Cómo?

-Eso no lo sé. Creo que fue así, de repente.

Harry quiso decir algo, pero tenía un nudo en la garganta. Sólo veía la cara ilusionada del niño mientras escuchaba sus historias sobre Hogwarts. Sin pretenderlo, al encontrarlo lo había matado.

-Vaya, pobre niño-oyó que decía Malfoy-. Bien, gracias por atendernos, señor Davenport. Le preguntaremos a su vecina, a ver si ella sabe dónde encontrarlos. Vámonos, Potter.

Harry sintió que alguien le daba un golpecito en el brazo y se puso en marcha, siguiendo a Malfoy hasta la casa de enfrente. Una mujercita de edad indefinida y aspecto amable les dijo que sólo sabía que los Tennant se habían marchado a Manchester. Al hablar del niño, los ojos se le llenaron de lágrimas.

-Lo encontraron muerto en su cama, angelito. Los médicos dicen que se le paró el corazón sin más.

Un Avada Kedavra, seguramente. Pensar que no habían practicado el Eviscerus con él era un triste consuelo. Malfoy se despidió de la mujer y salieron de la casa. Los dos echaron a andar en silencio hacia el mismo sitio en el que se habían Aparecido. Harry caminaba con el rostro sombrío y la vista baja, sumido en la culpa y la rabia. No se había sentido así desde los últimos años de Hogwarts, cuando había comprendido que cualquier persona que le importara, cualquiera que se acercara a él, se convertiría en un objetivo de Voldemort. Y ahora todo había vuelto a empezar, y Ginny y Ian Tennant estaban muertos por su causa. Como Cedric, como Sirius, como sus padres.

-¡Joder!-gritó, con frustración. Draco dio un respingo y lo miró sin decir nada-. ¡Tenía nueve años¡Tenía nueve malditos años!

La furia le ahogaba, el deseo de venganza le quemaba en las tripas y, sin pensarlo, estrelló el puño contra un árbol. El estallido de dolor enfrió sus ánimos, pero no borró de su cabeza la imagen de Neil Tennant. Le había dicho que nunca le haría daño. Le había dicho eso y ahora estaba muerto.

Incapaz de soportarlo, apoyó la frente en el árbol y luchó contra los sollozos que le agarrotaban la garganta, indiferente a los pulsos de agonía que le llegaban desde la mano. Un par de lágrimas se escaparon y rodaron por sus mejillas, pero no quería llorar. Quería atraparlos y matarlos. Quería dejar de llevar la muerte a quienes deseaba proteger.

-Déjame ver esa mano, Potter.

La voz de Malfoy sonó neutra, casi profesional, como si fuera un sanador de San Mungo. Harry casi se había olvidado de él, pero al oirlo, al notar su fría calma, consiguió serenarse lo suficiente como para tragarse el resto de su pesar. Entonces le mostró la mano, con los nudillos reventados, el anular hinchado, seguramente roto. Draco le apuntó con la varita y pronunció un Episkeyo. El dolor remitió y las heridas de los nudillos cicatrizaron casi por completo.

-Tendrás que tomarte una poción para el hueso roto, pero creo que me queda algo del último partido de quidditch.-Harry asintió sin decir nada-. Vámonos de aquí.

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La noche había sido larga, una de esas noches de insomnio, sombrías, en las que no conseguía dormir hasta que casi había amanecido, en las que los fantasmas de sus muertos le pinchaban el alma. Una de esas noches en las que se sentía maldito. Y sin embargo, había despertado de sus escasas horas de sueño con una idea para contactar con Remus. No sabía si funcionaría, así que decidió no decir nada hasta ver si la primera parte del plan salía bien. Entonces, después de desayunar, salió al exterior, se sentó sobre una manta con las piernas cruzadas, cerró los ojos y se concentró en pedir ayuda. Un par de personas acudieron a preguntarle qué estaba haciendo, pero él se las quitó de encima sin romper su concentración. Después de un rato, sencillamente se dispuso a esperar. De vez en cuando oteaba el cielo con expectación. La noticia del raro comportamiento del Chico-que-vivió ya había corrido por todo el monasterio y ya eran varios los que querían saber qué estaba haciendo.

-Es un experimento-era su única respuesta.

Lo cierto es que empezaba a sentirse un poco estúpido ahí fuera, ahora que había tanta gente pendiente de él, pero no quería entrar al edificio por si eso complicaba las cosas. De vez en cuando volvía a concentrarse en el mensaje de ayuda.

El sol empezaba a declinar cuando escuchó un rumor de música. Harry alzó la vista con los ojos entrecerrados, tratando de anticipar su llegada. La bella pureza de la canción se hizo más audible, provocando el silencio entre los mirones y, poco después, Harry, con una sonrisa, distinguió a su viejo amigo.

-Es un fénix-dijo alguien a sus espaldas.

-Es Fawkes, el fénix de Dumbledore-especificó Millicent Goyle.

La legendaria criatura descendió en círculos mientras terminaba de cantar y se posó en el hombro de Harry. Éste le hizo una carantoña en el buche.

-Gracias por venir, Fawkes. Me alegro mucho de verte.-Y era verdad, como si su presencia hubiera sido el primer calor que sentía desde la tarde anterior. Entonces se giró hacia los demás y vio a Malfoy entre ellos, junto a Adrian Pucey-. Creo que ya sé cómo enviar la carta.

"Querido Remus,

Supongo que esto te va a costar de creer, pero soy yo, Harry. Malfoy no me ha hecho ningún daño y me encuentro perfectamente. Imagino que te ha sorprendido un poco ver aparecer a Fawkes, pero tengo motivos para creer que estás siendo vigilado y no se me ha ocurrido cómo ponerme en contacto contigo hasta ahora. No creo que los aurores sospechen de él –no sé si alguien ha usado alguna vez una de estas criaturas como mensajera-y, en todo caso, confío en que no se atreverían a lanzarle un hechizo a un fénix, sepan o no de quién se trata.

Remus, es muy importante que hablemos. Sé quién anda detrás de todos los asesinatos, incluido el de Ginny. Es un asunto mucho más serio de lo que creíamos y necesito tu ayuda. Toma todas las precauciones necesarias y reúnete conmigo el viernes al mediodía en el lugar en el que te reencontraste con Sirius cuando escapó de Azkaban.

Con cariño

Harry Potter.

PD. Si tienes mi Capa de Invisibilidad y mi escoba, tráela, por favor."

Malfoy, cuyo pelo había recuperado su color natural, le observaba mientras ataba el pergamino a la pata del fénix.

-¿Crees que funcionará?

-Fawkes es lo bastante listo para burlar a los aurores y a los mortífagos si las cosas se ponen feas. Y Remus sabrá que él nunca lo conduciría hasta una trampa.-Harry aseguró el nudo de la nota y le volvió a acariciar en su punto favorito-.Busca a Remus Lupin, Fawkes. ¿Me has entendido? Busca a Remus Lupin.

El pájaro dio una vuelta alrededor de su cabeza y salió volando por la ventana. Harry se lo quedó mirando cuando se alejaba con una sensación de agridulce esperanza en el pecho. Sólo esperaba no estar condenando a muerte a Remus.

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El viernes, poco antes de las doce, Harry y Draco se Aparecieron en el interior de la Casa de los Gritos. El destartalado y sucio edificio seguía conservando la fama de lugar encantado, así que era improbable que algún habitante de Hogsmeade se acercara inesperadamente allí. El propio Malfoy no se había mostrado muy entusiasmado por su elección hasta que Harry le había explicado que los terribles gritos que habían dado nombre a la casa no eran otros que los del mismísimo Lupin en las noches de luna llena.

Se sentó confiadamente a esperar. Malfoy, sin embargo, se quedó de pie, examinando la habitación con aire de estar buscando todas las rutas de escape. El viento les llevó el sonido del reloj de Hogwarts anunciando el mediodía.

-Ya no tardará-dijo Harry.

-Ojalá tenga tu Capa de Invisibilidad. Eso explica muchos misterios sobre ti, Potter. Como aquella vez que me empezaron a caer encima bolas de barro no sé sabe de dónde y de repente vi aparecer tu fea cabezota flotando en el aire.

Malfoy y él apenas habían hablado desde su viaje a la urbanización y Harry se había dado cuenta de que echaba de menos su compañía. Ahora que lo tenía al lado, se preguntaba por qué.

-Y tú saliste corriendo y dando gritos.

Tal y como esperaba, a Draco no le hizo mucha gracia que le recordaran aquel momento tan poco aguerrido de su adolescencia, pero se recuperó pronto.

-Fue por tu pelo. Aún tengo ganas de gritar y salir corriendo cuando lo veo.

A Harry se le escapó un pequeño e involuntario resoplido de risa. Desde que habían enterrado el hacha de guerra y sabía que no era un asesino, estaba empezando a encontrar algunos de sus comentarios más divertidos que ofensivos. Algunos, no todos.

Malfoy esbozó una sonrisa.

Entonces oyeron cómo crujían los escalones que conducían a aquella planta y sacaron sus varitas. La puerta se abrió, pero no entró nadie. De pronto, Draco recibió un potente Expelliarmus lanzado desde el interior de la habitación y se estampó contra la pared, quedando medio inconsciente. Antes de que Harry hubiera podido reaccionar, sintió una súbita y punzante sensación en la mandíbula. La reconoció enseguida; era una varita amenazándole con freirle el cerebro.

-¿Quién eres?-susurró alguien a su espalda.

A pesar de las circunstancias, Harry se sintió aliviado al oir la voz familiar.

-Soy yo, Remus. Harry.

-Harry nunca se juntaría con Malfoy.

-Soy yo, Luni, te lo juro. Pregúntame lo que quieras.

Lupin tardó unos segundos en contestar y Harry pudo sentir su tensión, el olor del lobo impregnando su magia, volviéndola más volátil y peligrosa de lo que parecía.

-Dumbledore me dijo una vez que habías estado frente al espejo de Oesed-dijo al final-. ¿Qué viste allí?

-A mis padres-dijo, en voz baja-. A mis padres y a mis abuelos, conmigo.

El suspiro de alivio fue más que audible y Harry sonrió de oreja a oreja al sentirse abrazado por unos brazos invisibles.

-Oh, Harry...

-Remus, me alegro de verte.

El hombre-lobo se quitó la Capa y Harry lo observó con preocupación. Si en Azkaban le había parecido que tenía mal aspecto, no era nada con lo que veía ahora. Pero sus ojos, aunque subrayados de púrpura, brillaban ahora con energía y emoción.

-No puedo creer que estés bien. ¡No puedo creer que estés vivo!

Harry sonrió.

-Tenemos un montón de cosas que contarte, Remus.

Un Episkeyo bastó para reanimar del todo a Malfoy, que le dirigió una mirada a Lupin de muy pocos amigos. Las breves, pero sinceras disculpas del hombre-lobo le suavizaron lo suficiente como para que ayudara a Harry a ponerlo al día. Cuando terminaron de explicarle todo lo que habían descubierto y la verdadera naturaleza de los Renegados, Lupin estaba momentáneamente sin palabras. Harry, que conocía muy bien la sensación, le dio un poco de tiempo para que fuera asimilándolo.

-La Puerta de Estigia...-dijo al fin-. Creía que era un mito.

-Como todos-replicó Malfoy.

Lupin se lo quedó mirando.

-Y tú trabajabas para la Orden del Fénix. Muchas veces pensé que Ojoloco tenía a alguien más infiltrado, aparte de Snape, pero supuse que también había muerto. ¿Estás seguro de que el ministro no está al corriente de ese asunto?

-Si lo está, no ha levantado la orden de busca y captura contra mí.

Entonces Lupin se giró hacia Harry, como si quisiera asegurarse de que sí, era realmente él, y después, de nuevo, se volvió hacia Malfoy.

-Gracias por sacarlo de ahí-dijo, con gratitud casi desesperada.

Hasta ese momento, Harry no se había parado a pensar que nunca le había dado las gracias a Malfoy por el rescate, y viendo el gesto de Lupin se sintió un poco mal por ello. Draco, por su parte, apartó la vista con evidente incomodidad.

-Sólo estaba pagando una deuda-farfulló, con el ceño fruncido.

-Gracias de todos modos-dijo Lupin-. Y ahora, decidme qué queréis que haga.

-Lo primero es reunir toda la información que se pueda encontrar sobre la Puerta de Estigia y la llave que la abre-empezó Harry, animado-. Habla con Hermione; ella...

Pero Malfoy le interrumpió.

-¿Qué¡No! Potter, no podemos fiarnos de ella.

-Por supuesto que podemos. Hermione nunca nos traicionaría.

-¡Granger declaró contra ti en el juicio¿Cómo sabes que no está de su lado?

-Porque no lo está-replicó Harry, un poco irritado-. Además, no es necesario decirle que es un encargo nuestro.

-¡Si está compinchada con ellos lo sabrá!

-¡Te estoy diciendo que no lo está! Si declaró contra mí en el juicio fue sólo porque manipularon sus recuerdos de algún modo¿está claro?

El gris de los ojos de Malfoy se volvió tormentoso.

-La sangresucia se queda fuera de esto.

Harry apretó los puños y dio un paso hacia él.

-No. La. Llames. Así.

Lupin se puso rápidamente entre ambos, algo perplejo.

-Chicos, chicos... Harry, si las cosas están como decís, Malfoy tiene razones de sobra para recelar de todo el mundo. Pero Hermione tiene una capacidad sobrehumana de investigación, Malfoy, y yo también creo que es imposible que forme parte de toda esta conspiración. Y necesitamos toda la ayuda posible.

Los dos chicos aún se estaban mirando a los ojos, pero después de unos segundos, Malfoy, muy disgustado, asintió.

-Está bien. Pero ni una palabra sobre nosotros-dijo, y Harry sabía que se refería a los refugiados-. Dile que es un asunto de vuestra Orden del Fénix o algo así.

-De acuerdo-asintió Lupin-. ¿Algo más?

-¿Me has traído mi escoba?-preguntó Harry.

El viejo amigo de sus padres meneó la cabeza a modo de disculpa.

-No, lo siento. Está en tu casa y tu casa está vigilada desde la fuga. Pero tengo una buena noticia-dijo, esbozando una sonrisa-. Tengo tu moto, Harry. La moto de Sirius.

-¿Qué?-exclamó, contento y sorprendido-. ¿Cómo?

-Ron me la dio cuando fuiste supuestamente secuestrado por Malfoy, igual que la capa. Estaba seguro de que te iba a matar, si es que no lo había hecho ya, y supuso que querría quedármelas como recuerdos de Sirius y de tu padre. La moto está en casa de mis suegros: ellos no tienen vigilancia. Y ahora es un buen momento para ir a recogerla. Tonks se los ha llevado a pasar el día en el Londres muggle.

Harry asintió. Le encantaba volar en la moto de Sirius. Más de una noche, cuando Ginny estaba concentrada con el equipo, se iba a dar una vuelta él solo, haciéndola rugir al máximo de su capacidad. Pero ya no podía seguir apartando a los Weasley de su mente.

-¿Cómo están Ron, Hermione y los demás?-preguntó, en voz baja, casi tímida.

Lupin dio un suspiro y se encogió de hombros.

-Esto les ha destrozado, Harry. Y no sólo por Ginny, también por ti. Ron... Ron lo está llevando muy mal. Sé cómo se siente, yo pasé por lo mismo cuando pensé que Sirius había traicionado a tus padres y matado a Peter.

Una parte de Harry quería que Ron sufriera como un perro. Se lo merecía, por haberlo creído capaz de semejante atrocidad. Pero era una parte pequeña. Echaba de menos a sus amigos y compartía con ellos su pena por Ginny y lo que realmente deseaba era que las cosas volvieran a ser como habían sido siempre.

-Ojalá pudiera hablar con ellos...

El bufido de Malfoy no pudo ser más expresivo.

-Sí, eso, vamos a contárselo también a la comadreja.

-Poco a poco-dijo Lupin, antes de que Harry pudiera decir nada-. Si encontramos pruebas de que la Puerta de Estigia no es un mito será mucho más fácil convencerlos de que esto ha sido un montaje. Ah, se me olvidaba. Ya sé cómo podemos mantenernos en contacto sin que nadie sospeche. Sabes lo que son las cuentas de correo electrónico¿verdad?-Harry asintió y Lupin le tendió un trozo de pergamino-. He abierto una. Abre otra y mándame un e-mail para decirme tu dirección¿de acuerdo?

-Claro. Es una idea genial, Remus.

El hombre-lobo se puso en pie.

-Si no necesitáis nada más de mí, debo irme ya. Se supone que yo también estoy pasando el día con mis suegros.-Harry sintió una punzada de pena, pero no dijo nada-. Aquí tienes cincuenta galeones. Ya me los devolverás cuando te pases por Gringotts.

-Gracias por todo, Lunático-dijo, dándole un abrazo de despedida.

-No hay de qué, cachorro-contestó el profesor-. Cuídate¿quieres?

-Lo intentaré.

Lupin le tendió la mano a Draco.

-Cuídate tú también, Malfoy.

El Slytherin aún seguía malhumorado y Harry pensó que no iba a querer estrechársela, pero se equivocó, porque lo hizo y además murmuró algo que no llegó a entender. Entonces Lupin le dirigió una última mirada-una mirada preocupada y feliz a la vez- y se Desapareció. Harry se habría dejado llevar por la sensación de añoranza que le había embargado de pronto, pero la áspera voz de Draco se lo impidió.

-¿Puedo saber quién te ha puesto al mando aquí, Potter?

-¿Quién me ha puesto al mando¿Qué coño estás diciendo?

-¡No tienes ningún derecho a decidir por tu cuenta a quién le hablas de este asunto¡Y no vas a meter en esto a todos tus jodidos amigos!

Lo único que Harry estaba sacando en claro era que le gustaba tan poco que Malfoy le gritara como cuando estaban en el colegio.

-¿Te has vuelto loco o qué?

-Te lo estoy diciendo muy en serio, Potter.

-¿Sabes cuál es tu problema? Estás tan acostumbrado a dirigir el monasterio que no soportas que alguien haga algo sin pedirte permiso primero.

-¡Y eso lo dice alguien que se cree el puto centro del universo!

-¡Yo no me creo el puto centro del universo!-exclamó, exasperado-. ¿Y tanto te cuesta entender que necesitamos AYUDA?

-¡Estamos hablando de una sospecha¡Aún no estamos seguros de que esa maldita Puerta exista de verdad, pero el peligro que corre el monasterio es real¡Y no voy a dejar que lo arriesgues por algo que podría ser sólo un cuento de viejas!

Había una chispa de miedo en sus ojos y fue eso lo que hizo que Harry comprendiera que, por una vez, no estaban peleando por el liderazgo de nada. La precaria seguridad que Draco había creado para su gente se estaba tambaleando; estaba perdiendo el control y eso le asustaba. Y como serpiente que era, cuando se asustaba amenazaba con morder.

-Yo tampoco quiero que les pase nada, Malfoy-dijo, en tono más tranquilo-. Pero dudo mucho que Robards sea capaz de ensuciarse las manos de esa manera sólo por un cuento de viejas. Tiene que saber algo, algo que nosotros no sabemos.

Draco le dio la espalda y Harry se quedó observando la línea de sus hombros, la coleta que le rozaba el cuello de la camisa. Con quince años había empezado a llevar a cabo misiones no oficiales para Voldemort. Con dieciséis había tomado la Marca Tenebrosa. Con diecisiete se había convertido en espía y antes de cumplir los dieciocho, en el jefe de un campamento de refugiados. Parecía mucho tiempo cargando mucho peso.

-De acuerdo-dijo Malfoy finalmente, girándose-. Pero no me importa si toda la Orden del Fénix acaba tomando cartas en el asunto. No voy a dejar que toméis las decisiones sin consultarme.

Lo estaba mirando como si estuviera listo para pelearse con él si era preciso, pero Harry no sentía deseos de pelearse.

-Nadie pretende tal cosa-le aseguró, conciliador-. Anda, vamos a casa de los padres de Tonks a recoger la moto de Sirius. ¿Te has subido alguna vez en una?

-No.

-Te gustará.

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Tonks o Lupin tenían que haber hecho algo en los hechizos protectores de la casa porque Harry pudo traspasarlos sin ninguna dificultad y menos de cinco minutos después estaba subido sobre la moto y la apuntaba con su varita.

-Semper raudum.-La máquina empezó a rugir y Harry sonrió con satisfacción. Remus la había tratado bien. Entonces miró a Malfoy, que permanecía algo alejado y tenía la vista fija en la moto con una expresión que oscilaba entre el interés y la precaución-. Venga, monta, Malfoy. Haremos una entrada triunfal.

Draco ladeó la cabeza un segundo, como si estuviera sopesando los pros y los contras, y finalmente se acercó y se subió detrás de él.

-Si nos matamos por tu culpa te mataré.

Harry se echó a reir.

-Si no quieres matarte, sujétate con fuerza.

Las manos de Malfoy le rodearon la cintura. Entonces le dio al acelerador y la moto despegó. A Harry se le escapó un grito triunfal y sonrió al notar que Draco le sujetaba con mucha más firmeza. Entonces le dio más velocidad y durante un buen rato simplemente se dejó llevar por la maravillosa sensación de potencia y libertad. Sólo sentía algo parecido cuando montaba a Buckbeak, pero el hipogrifo, al contrario que la moto, no se dejaba dirigir.

-¿Qué tal allá atrás?-preguntó, acordándose de pronto de Malfoy.

-Esperaba algunas piruetas más, Potter.

Harry sonrió ferozmente, aceptando el reto y empezó a hacer todas las barbaridades que Ginny, pese a ser una total temeraria sobre la escoba, nunca le había dejado hacer cuando iba en la moto con él. Malfoy, sin embargo, parecía absolutamente entusiasmado con la experiencia. Y aunque habría sido divertido oirle gritar de pánico, Harry se alegró de que estuviera disfrutando del paseo. Cuando ya se cansó de conducir a lo loco, redujo ligeramente la marcha y se limitó a volar en línea recta.

-¿Contento?

-Casi mejor que una escoba-dijo Malfoy, que era un hombre de tradiciones.

Su voz sonó extrañamente cerca de su oreja y el cosquilleo de su aliento, cálido en comparación con el frío aire de octubre, hizo que a Harry se le erizara ligeramente la piel. Absorto en la maravillosa intensidad del vuelo no había sido consciente del cuerpo de Malfoy presionado contra el suyo, pero ahora estaba notándolo todo: el calor de su pecho, su respiración, sus piernas apretadas contra las suyas, el peso de sus brazos en su cintura. Nunca había estado tan cerca de él, al menos sin estar a punto de pegarle, y algo en aquella situación resultaba familiar y turbador a la vez. No tardó en recordar su vuelo desde Azkaban al monasterio, muy vago ya en su memoria. Era la misma sensación. ¿Habría sido él? Antes lo había descartado por el gesto amable de taparlo con una túnica, pero ahora parecía un poco menos imposible.

-Malfoy... Cuando me sacasteis de Azkaban¿con quién hice el viaje en escoba hasta el monasterio?

Draco tardó unos segundos en contestar, pero Harry lo sintió tensarse en su asiento.

-¿Por qué?

Harry se giró un poco, intentando mirarle a los ojos.

-Por nada. ¿Fue contigo?

-Sí. Era el que más posibilidades tenía de aguantar sobre la escoba si te despertabas y empezabas a forcejear.

Claro. Harry asintió y volvió a mirar hacia delante. Portsmouth ya se divisaba a lo lejos. Ninguno de los dos dijo nada más hasta que llegaron al monasterio.

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Tefi, así que de vacaciones a las Barbados¿eh? Chica, vaya suerte! Espero que te lo pases muy bien y que aprendas mucho inglés. Piensa en todos los ff que podrías leerte sobre Harry y Draco¿qué mejor incentivo que ése?

Drakitap, hola, guapa. Gracias por pensar que parezco una experta en misterios, espero que sigas pensando así al final, jaja. Harry y el monasterio se están acostumbrando mutuamente, pero van por muy buen camino. Me alegra que te gustara el plan de huída de Draco. Y bueno, ya sabes, prácticamente acabamos de empezar. Aún queda aventura por delante. Besitos y hasta mañana.