Muchisimas gracias por todos sus reviews, lamento haberlas hecho sufrir. Espero no haberme demorado tanto y les prometo el próximo capítulo lo van a amar.
Damon e Isabella como punto de vista, varios e intercalados.
Forgiveness.
"Mas su mitad de amor se negó a ser mitad y de pronto él sintió que sin ella sus brazos estaban tan vacíos que sin ella sus ojos no tenían qué mirar que sin ella su cuerpo de ningún modo era la otra copa del brindis" La otra copa del brindis, Mario Benedetti.
Vete, solo vete. Me quedé frente a la puerta de mi momentánea casa. Vete, solo vete. Mi respiración se hizo pesada e inconsistente a medida que tomaba consciencia de sus palabras.
Vete, solo vete.
Abrí la puerta. Numerosos pares de ojos estaban concentrados en mí pero hice lo mejor que he hecho durante siglos: los ignoré.
Sin decir ni una sola palabra subí hasta mi habitación y me dejé caer sobre una silla al borde de la cama. Odiaba estar lejos de mi hogar. Lejos de la comodidad de mi habitación en la casa Salvatore donde podía ahogarme en botellas de whisky y sentirme cómodamente como el ser más estúpido sobre la faz de la tierra.
Dejé de usar mis sentidos y me sumí en mi propia miseria, dejando que sus palabras, y su reciente odio me acribillaran con justa razón. Era un imbécil, años en este mundo y no había aprendido una mierda.
Pasaron un par de minutos antes de sentir golpes leves pero firmes en la puerta.
"Damon," quizá si me mantenía en silencio se fuera, "Damon, ¿puedo entrar?" quizá no. Un par de segundos más pasaron, "¿Damon, estás bien?" bufé.
"Vete," repetí las palabras de Isabella, "solo vete Anabel," escuché un suspiro.
"Bien, volveré más luego."
"O tal vez no," sugerí. No hubo respuesta.
-…-
Todo desde ese momento se vino abajo. Mi mundo completo se hizo añicos mientras la verdad y las nuevas revelaciones me golpeaban con fuerza y sin piedad.
Sabía que tenía piernas sin embargo no las sentía. Sabía que mi corazón estaba latiendo pero sentía un vacío en el pecho. Estaba consciente de que pronto iba a amanecer y que había estado en el piso por horas en la misma posición, y… no me importaba.
Los recuerdos que Damon había implantado en mi cabeza los estaba viviendo uno a uno. Era como ver una película de tu vida que no sentías como tuya. Me sentía una extraña, una ajena viendo recuerdos que no me correspondían.
Sin embargo ahí estaba, repitiendo en mi cabeza los recuerdos de Damon, especialmente las noches que habíamos pasado juntos. Repitiendo como sus manos acariciaban mi cuerpo con dulzura, como sus ojos brillaban cada vez que le sonreía. Era una tortura. Una dulce, masoquista, dolorosa y exquisita tortura.
Quería poder recordar, quería no vivir tras los recuerdos de Damon si no los míos, pero por más que lo intentaba mi mente estaba completamente en blanco.
Como si fuese poco, la muerte de Piper pasaba por mi memoria cada hora, y el dolor crecía más cada vez que pasaban los minutos abriéndome la ventana de la tentación a apagar las molestas emociones que sentía en ese momento. Pero no iba a hacerlo, sentir era la parte humana que aún me quedaba y que disfrutaba.
Me levanté del frío piso y mis piernas me reclamaron la mala posición de las más de diez horas. El hambre comenzaba a nublar mi vista por lo que como un robot impulsado por inercia caminé hasta la cocina, busqué dos bolsas de sangre y las abrí, o más bien las desgarré y las bebí sin importarme en hacer un desastre. Al fin y al cabo, ya no había nadie en la casa para reclamarme. La sensación de placer que inundó mi cuerpo al sentirse alimentado me revitalizó un poco y comenzó a llenarme de energías y fuerza.
Aventé las bolsas al mesón y monótonamente me moví hasta mi habitación, descambiándome en el camino. Llené la tina hasta que estuvo a rebosar y me metí. Mi cuerpo agradeció el contacto con el agua tibia de inmediato. Tomé una honda respiración y la sostuve mientras sumergía mi cuerpo completamente en la tina.
Había algo tranquilizante y a la vez angustiante en estar sumergida en el agua. Por un lado revitalizaba mi cuerpo y me relajaba. Por el otro, uno de mis más grandes temores era morir ahogada por lo que lo que pronto la sensación de asfixia y desespero comenzó a embargarme.
Salí nuevamente a la superficie y repetí el proceso un par de veces más hasta que definitivamente mi cuerpo sintió que no podía aguantar otra sumergida.
No me molesté en envolverme en una toalla, ni siquiera en secarme. Salí de la tina y caminé fuera del baño, completamente desnuda, completamente mojada.
Miré mi reflejo en el espejo, ¿quién era aquella mujer frente a mí? A veces creía conocerme, otras veces, como hoy, quería saber quién era. Mis ojos reflejaban todo de mí, podía auto leerme en ellos, podía ver la miseria en ellos, el dolor. Podía ver un corazón roto, o más bien un pecho vacío. Podía ver gotas de agua escurriendo sobre las mejillas, ¿o quizá eran lágrimas?
"Todo va a estar bien" susurré a mi reflejo manteniendo la voz suave de Piper en mi cabeza, "el dolor se va a desvanecer, todo va a estar bien."
Me tumbé en la cama sin importarme mojarla. Cerré los ojos. Cada vez que intentaba buscar una solución rápida al dolor o una forma de mitigarlo, un par de ojos azules aparecían en mi cabeza. Cancelé mis pensamientos por el día y me dejé vencer por el cansancio. Necesitaba solo un poco de tiempo para estar bien. Iba a necesitar solo tiempo para sanar. Solo eso necesitaba, un poquito de tiempo.
-…-
"¿Damon?"
"Vete Stefan," la puerta se abrió dejándome ver a mi pequeño hermano, "¿por qué nunca haces lo que digo?"
"Estuvieses muerto ya si hiciera siempre lo que dijeras," caminó unos pasos cerrando la puerta tras de sí y arregostándose a ella, "¿estás teniendo una fiesta de auto lastima y no me has invitado?" hizo una pequeña mueca irónica que podía ver con claridad a pesar de la cortante oscuridad. Sonreí ladinamente.
"Oh sí, se me olvidaba que tú eres el rey de estas fiestas," levanté mi vaso hacia él, "lo siento hermano, la próxima vez te avisaré con anticipación, salud," tomé lo último que quedaba del whisky.
"¿No saldrás de aquí?" me encogí de hombros.
"Eventualmente."
"Llevas ya dos días," apuntó Stefan. Me levanté de la silla hacia el mini bar de la habitación.
"Y al tercero Jesús resucito."
"¿Me estás citando la Biblia como una forma retorcida de decirme que saldrás mañana?" preguntó enarcando una ceja.
"Quizá."
"Te tocó resucitar antes Damon, Isabella llamó y quiere verte."
Tome una bocanada de aire y dejé el vaso en la mesita.
"¿Quiere verme?"
"Probablemente quiera cortar tu cabeza pero estoy tratando de ser optimista," lo miré. Stefan se acercó y puso una mano en mi hombro y apretó firmemente.
"Esto será feo, ella me odia."
"Ella no te odia," replicó.
"¿Ah sí? ¿Es que te perdiste la parte en la que le pregunté si me odiaba y…?"
"Y no te respondió, te pidió que te fueras."
"Soy un desastre andante," Stefan sonrió.
"El tiempo no corre a nuestro favor hermano, recuerda que hay gente detrás de ella," suspiré.
"Bien," me moví en busca de mi chaqueta y salí del cuarto.
Comencé a bajar las escaleras sintiendo la presencia del grupo de vampiros en el lugar.
"¿Mal día?" preguntó Klaus desde un sillón. Tenía un libro a un lado y al otro a Caroline acurrucada. Imagen bizarra, muy bizarra.
"Mal siglo," respondí caminando hasta la puerta.
"Damon," llamó, tomé una bocanada de aire y me giré para encontrármelo a pocos centímetros de mí. Aterrador. Odiaba como se movían los originales.
"Klaus," las miradas estaban sobre nosotros. La tensa postura de Caroline me indicaba que estaba lista para intervenir si algo sucedía, pero también había curiosidad en sus ojos y algo de desconfianza.
"No me quedaré por mucho tiempo, no puedo dejar mi pequeño gran reino solo y…"
"¿Tu pequeña hija?" una sonrisa extraña se apoderó de sus labios. Otra imagen bizarra, Nicklaus Mikaelson, un psicópata y extraño hibrido original siendo padre. Superaba los límites de cosas extrañas incluso para mí, y eso ya era decir mucho.
Gracias a Dios y a todo lo bueno en el mundo, el hermano cuerdo, Elijah estaba con la madre de su hija, Hayley, y además Caroline había aceptado… demasiado bien y se llevaban todos… bien, entre lo que cabía, por lo que, la niña no sufría muchos traumas.
"Descubrí algo," respondió con simpleza y supe a qué se refería.
"Después," sentencié dándome la vuelta y saliendo.
Tuve que tomar una gran bocanada de aire para poder entrar a la casa de Isabella. La podía sentir en la sala. La atmosfera del lugar era melancólica, casi como un triste soneto de Beethoven. Comencé a sentir un cosquilleo en mis piernas a medida que iba entrando al lugar.
Los ojos de Isabella se posaron de inmediato en mí y derrumbaron toda muralla que podía tener. Tenía una mirada suave y triste, su rostro demostraba cansancio.
"No pensé que fueses a venir," admitió. Me quedé en pie mirándola. Me crucé de brazos para quitarme las increíbles ganas que tenía de correr a su lado y abrazarla.
"Creí que me odiabas," se levantó y caminó hacia mí. Soltó un sonoro sus piro y pasó sus manos por sus brazos casi que de manera nerviosa.
"No puedo odiarte Damon," respondió quitando el peso del cielo de mis hombros, "no puedo hacerlo, solamente necesitaba tiempo para asimilar todo."
"Lo siento."
"Ya lo has dicho," mordió el interior de su labio y suspiró, "te creo, yo también lo siento," fruncí el ceño.
"¿Por qué?"
"No fui justa contigo, nos gritamos muchas cosas y muchas de esas cosas realmente no las sentía, estaba molesta," respondió.
"Está bien," me regaló una débil sonrisa.
"¿Quieres algo de tomar?" preguntó.
"No realmente, he pasado los últimos dos días bajo los efectos del alcohol," se movió lejos de mí y odié eso. No la quería lejos, quería que se acercara a mí, que me dijera que me perdonaba, que todo iba a estar bien.
"¿Tienes whisky en la sangre?"
"Más bien no sé por qué aún tengo sangre en mi whisky," el sonido de una risa suave proveniente de sus labios hizo que todo se sintiera en orden. Podía ocurrir un terremoto y aun así podía sentirme que todo estaba en perfecto orden. El mundo se veía como un lugar más feliz cuando ella se reía.
Isabella fue por una copa de vino a la cocina y se sentó nuevamente, hizo un ademán para que la imitase, cosa que por supuesto hice.
"Damon," comenzó, "hablé no hace mucho con Elena, y Anabel, además de Stefan y, bueno, todos."
"Ya veo."
"Quería saber todo, recopilar la mayor información sobre mí, no me malentiendas, tus recuerdos… aún siguen en mi cabeza, pero necesitaba verme con otras personas."
"Lo entiendo," tomó el vaso entre sus dos manos y desvió su mirada al líquido vino tinto.
"Es un poco confuso vivir tras los recuerdos de alguien y no ver tu vida bajo tus propios ojos," confesó, "hay muchas cosas que ahora tienen sentido para mí, la mordida en mi muñeca, las cicatrices en mi cuerpo, el por qué me gusta el color azul y mi odio por el frío, ahora entiendo mi conexión con este anillo de plata," dijo jugueteando con mi anillo que aún seguía en su dedo y esperaba que se mantuviese allí.
"¿Te gusta el azul?" levantó la mirada.
"Es el color de tus ojos," respondió vagamente y de forma casi automática haciendo que un atisbo de esperanza inflara mi corazón, "Damon, tú y yo… dame tiempo, por favor, yo…"
"Lo entiendo Bella, las aguas deben aclararse primero."
"Isabella."
"¿Ah?" fruncí el ceño.
"Mi nombre suena mejor cuando lo dices completo, solo tú, me gusta cómo suena," solté una suave risa, "¿qué?"
"No es nada," respondí de inmediato.
"¿Qué ha sido? ¿Damon, por qué….?" Se detuvo un momento y clavó sus ojos en mí, "he dicho eso antes, ¿no?" asentí con una sonrisa.
"¿Lo recuerdas?" negó.
"No exactamente, es como un sentimiento de deja vú," suspiró. Hubo un silencio cómodo entre nosotros mientras Isabella se terminaba su copa de vino, "hablé con Stefan y le pregunté sobre esta Victoria," la miré con cautela.
"Ajá."
"Quiero matarla."
-…-
Damon tenía sus deslumbrantes ojos zafiros puestos en mí. Había un brillo indescifrable en ellos mientras analizaba mis palabras. Admiré su rostro varonil mientras pensaba. Todo en Damon, desde sus cejas hasta la forma de sus labios irradiaba sensualidad y masculinidad, era como una obra de arte que podías ver durante horas y no cansarte.
"Está bien, puedes matarla," accedió, "¿te dijo todo lo que ha sucedido?" asentí, "en ese caso creo que nos iremos de cacería."
"¿Iremos a Nueva Orleans?" pregunté.
"Todo parece indicar que ella está allá, sin embargo cuando estuve con Stefan y Anabel no encontramos absolutamente nada," respondió.
"Hay algo raro en todo esto Damon," dejé mi copa en una mesita y me arregosté por completo al sillón sin perder de vista a Damon quien estaba al pendiente de todos mis movimientos, "¿con qué propósito quieren matarme?"
"Por venganza se hacen muchas locuras Isabella."
"Si ella me hubiese querido ver muerte hace mucho tiempo lo hubiese hecho."
"Quizá quiere hacerte sufrir de la forma más cruel posible, quebrar tu espíritu antes de quebrarte a ti," enarqué una ceja
"No estás siendo de ayuda," se encogió de hombros con una sonrisa condescendiente.
"Lo siento cariño, estás hablando con un antiguo asesino en serie, debo sopesar todas las posibilidades," rodé los ojos.
"No es solo venganza Damon, mira," me enderecé, "Victoria no está trabajando sola, eso ustedes lo dedujeron, ¿cierto?"
"Cierto."
"Hay alguien que está realmente a cargo de todo esto, alguien astuto y que está dejando que Victoria sea la cara de esta jugada."
"Cierto," volvió a acordar.
"Ella o él, o ellos," un escalofrío recorrió mi columna ante la posibilidad de muchas mentes maestras buscando mi muerte, "me quieren viva por algún asunto, le o les soy de más utilidad viva," Damon ladeó ligeramente la cabeza.
"Veo por donde vas."
"Hay una bruja también detrás de esto," las ideas sueltas comenzaban a unirse y a tener más sentido ahora, "ustedes pensaban que quizá era un vampiro tradicional, pero, ¿qué si es una bruja? Eso explicaría por qué no pueden encontrar a Victoria, por qué el olor del vampiro que me atacó es neutro."
"Las brujas no trabajan con vampiros, y mucho menos con fríos, prefieren morir, así que deben tener algún trato," mordí el interior de mi mejilla mientras me devanaba pensando, "y deben haber de los nuestros, los locos de ojos borgoña nos dijeron eso."
"Ah sí, Stefan me contó sobre ellos, ¿el plazo se vence hoy, no es cierto?" pregunté.
"Sí, lo más probable es que veamos sus pálidas caras por aquí pronto," solté un suspiro.
"¿Qué pueden querer brujas y vampiros que los obligue a trabajar juntos, y que además tenga que ver conmigo?"
"Eres como el McDonalds del mundo sobrenatural, todos saben quién eres, todos quieren un pedazo de ti," negué divertida.
"Ese no ha sido tu mejor cumplido," se encogió de hombros.
"No puedes juzgarme por decir la verdad," se levantó de donde estaba y con lentitud se sentó a mi lado midiendo mi reacción mientras lo hacía. Su presencia era reconfortante y me llenaba de tranquilidad. Con él a mi lado me sentía segura, "eres como la pieza clave de un ejército," reí.
"Tampoco es así," Damon frunció el ceño y pareció sumido en sus pensamientos. Masculló cosas rápidamente.
"Las masacres, el robo de sangre de los congeladores de varios hospitales, las desapariciones," la mirada de Damon se perdió un segundo, "no, debe estar bromeando."
"¿Qué? ¿Damon?"
"Es una loca."
"¿De qué hablas?"
"Un ejército," fijó sus ojos en mí, "ella está haciendo un ejército."
"¿Ejército?"
"Ven," se puso en pie y me extendió la mano.
"¿A dónde?"
"Creo que acabamos de descubrir cosas importantes y hay que compartirlas con el resto," miré su mano y luego a él. Dudé solo un par de segundos pero me puse de pie y la tomé.
"Vamos," sentí el choque de electricidad de ambos cuerpos y afirmé mi agarre. Su cálida mano era familiar con la mía, no había otro lugar al que perteneciera.
Fue ese pequeño acto inocente en ese momento, después de todo lo que había pasado los últimos días, después de todo lo que había analizado la situación, después de darme cuenta de todo lo que realmente él había hecho por mí que me di cuenta de algo. Al Diablo con el tiempo, yo quería a ese hombre. Lo había querido cuando estábamos juntos, o al menos eso parecía. Lo quise mientras no tenía ni idea de quien era, y definitivamente lo quería ahora. ¡Dios, podía ser estúpida cuando quería! Lo amaba, lo amaba demasiado y no quería perderlo. Me detuve.
"¿Qué? ¿Qué sucede?" preguntó de inmediato. Escaneó el lugar, perdiendo su mirada más allá de la playa y la carretera, "¿Isabella, estás bien?" lo miré, y sin soltar su mano acorté la distancia que nos separaba y besé sus labios.
Lo tomé por sorpresa porque al principio no reaccionó pero demoró solo una fracción de segundos en rodearme la cintura con su mano libre y profundizar el beso haciéndome sentir que ya no había tierra bajo mis pies. La forma en que sus labios se amoldaban a los míos, la calidez con la que me besaba, el cariño, todo me hacía sentir llena. Mordí con suavidad su labio inferior provocando que un gruñido bajo saliera de él. Nos separamos.
"Uhm," protesté.
"No es que me esté quejando, para nada, todo lo contrario pero, ¿a qué ha venido eso?" preguntó aún cerca de mí. Le di una tímida sonrisa.
"No quiero perderte," me perforó con su mirada penetrante antes de sonreírme mostrando sus perfectos dientes blancos. Me dio un casto beso.
"Tampoco yo," acercó sus labios a mi oído, "te amo, no tienes ni idea de cuanto lo hago," su voz era suave y como un ronroneo, enviando sensaciones por todo mi cuerpo. Metió un mechón rebelde tras de mi oreja.
"Entremos," dije con una sonrisa, ese hombre iba a acabar conmigo.
Al entrar en la casa descubrí un par de cosas. Uno, jamás había entrado. Dos, estaba muerta de la vergüenza. El rostro de todas las mujeres en el lugar decía claramente que habían estado escuchándonos. Sin embargo puse mi mejor sonrisa sincera y suave y caminé al interior todavía con la mano de Damon entrelazada con la mía.
Damon dijo brevemente a las conclusiones que habíamos llegado.
"Un ejército," masculló Alaric.
"¿A qué te refieres?" preguntó Elena.
"La creación de muchos fríos explicaría por qué hay tantas desapariciones, y un neófito necesita alimentarse lo cual explicaría también las muertes," explicó Damon.
"Es una posibilidad," acordó Stefan, "¿puedes hacer un hechizo localizador?"
"Para eso estoy aquí, ¿no?" Ángela se perdió en la cocina y comenzó a buscar Dios sabe qué.
"¿No podía hacerlo en Nueva Orleans?" le pregunté a Damon, negó.
"Nueva Orleans es una ciudad libre de magia, algo sobre una cosecha y brujas muertas, estoy seguro de que Klaus podrá explicarte mejor porque él colaboró en eso," miré al original quién se encogió de hombros con su ya típica para mí sonrisa maquiavélica.
La voz de Ángela comenzó a escucharse mientras hablaba en latín. Me acerqué a la cocina. Había un mapa de la ciudad en la mesa, varias especias de un lado y un camino de tierra formándose por todo el mapa. Era escalofriante.
"Es difícil encontrarla," masculló aún con los ojos cerrados, "no la veo claramente, hay algo que me lo impide, pero…" calló abruptamente, las luces de la casa comenzaron a titilar y el foco de la cocina se reventó, "la tengo."
"¿Dónde está?"
"A las afueras de la ciudad, cerca de un cementerio abandonado."
"Sé dónde es," dijo Klaus rápidamente.
"En ese caso vamos, estamos perdiendo tiempo," Anabel se puso en pie.
"Esperen," interrumpí, "¿no se supone que los Voulturi vendrán? Si no encuentran a nadie averiguaran donde estamos y pueden arruinarlo todo," Elena me dio una mirada y luego compartió miradas con Stefan.
"Nosotros nos quedaremos aquí, ustedes vallan," Damon se acercó a su hermano.
"¿Seguro?" Stefan asintió.
"Estarán bien sin nosotros, ahora vallan, están perdiendo mucho tiempo,"
Todo tardó un par de minutos, bastante rápido en realidad pero en veinte minutos todos estaban embarcados en autos. Klaus y Caroline iban en uno, mientras que Alaric y Anabel junto con Ángela iban en otro. Y bueno, yo iba a ir con Damon, pero antes tenía algo importante que hacer.
Elena y Stefan estaban en la puerta mirándonos partir. Le hice señas a Elena de que se acercara.
"¿Qué sucede Bella?" preguntó de inmediato.
"Nada, solo quería darte las gracias," sonrió.
"¿Gracias, por qué?"
Poco después de que saliera de mi pequeña recaída, Elena estaba en la puerta. La había casi que llamado con el pensamiento. Le pedí que me contara absolutamente todo y así lo hizo, cada detalle de mi vida fue dicho por mi mejor amiga. Además ella me escuchó mientras me desahogaba, diciéndole cómo me sentía y ni en un solo momento me juzgó, en sus ojos había solo comprensión.
"Por todo, por haberme escuchado, por ser mi mejor amiga," solté un suspiro, "no sabes cuánto te agradezco por nunca rendirte conmigo," se acercó y me rodeó con sus brazos.
"Eres la persona más terca del mundo, pero eres mi amiga, mi hermana y uno nunca renuncia a la familia," se alejó y sus ojos me escrutaron toda, "¿recuerdas algo?" negué, por su rostro pasó una tristeza repentina que fue reemplazada rápidamente por una delicada sonrisa.
"Vivo tras sus recuerdos," contesté, "pero, quizá pueda hablar con Ángela y preguntarle si hay algún truco de lobotomía vu dú o algo así," rio.
"Ten cuidado Bella," esta vez la abracé yo.
"No te preocupes, estaremos bien," le sonreí a Stefan para luego subir al asiento de copiloto.
"¿Lista?" preguntó Damon con la mirada fija en el camino y una expresión indescifrable.
"Lo estoy," el motor ronroneó y con suavidad el auto se deslizó fuera de las entradas rumbo a la carretera con camino a Nueva Orleans.
Σοφία.
