Todos los personajes pertenecen a Hidekaz Himaruya, sin ánimos de lucro.
Si no hubiera sido por el domo o por la cantidad de cámaras escondidas que existían, aquello parecía una salida entre amigos de lo más normal. O una doble cita. Aquello era el sueño anhelado por los cuatro.
No habían dicho palabra alguna desde que se habían encontrado a las afueras de la casa de Tino y Berwald. Se limitaron a disfrutar del paseo por unos breves instantes, de tal modo de que pudieran ordenar sus pensamientos al respecto.
Llegaron a la plaza central y al igual que ellos, varias parejas más estaban dando una vuelta. Era casi como la vida real, si no fuera que en realidad eran conejillos de India de un grupo de científicos. Se sentaron en dos bancas y finalmente Magnus decidió iniciar la conversación.
—Entonces estamos todos de acuerdo de que algo debe hacerse, ¿cierto? —les preguntó a los tres sólo para asegurarse de que no hubiera dudas. El que sólo uno no estuviese a favor del plan, podría complicarlo todo. O salían los cuatro o se quedaban allí atrapados.
—Tenemos que hacer algo pronto —Tino respondió con determinación para sorpresa de los tres:—Esto no es vida para nadie y no quiero que él o ella sufra lo mismo —comentó. No tenía la menor idea de lo que podría hacerse, pero estaba dispuesto a lo que fuera.
Sigurd asintió y puso una mano en el hombro de Tino para demostrarle que estaba de acuerdo con él.
—Es sólo encontrar la manera en que ellos llegan a este lugar, ¿cierto? —cuestionó el noruego:—Hubo una buena razón por la cual nos sedaron antes de ingresar a este lugar. La puerta está en nuestras narices —explicó.
—Por supuesto pero…—Berwald pensó sus palabras antes de continuar pues no quería ser el que arruinara la fiesta. Había tantas cosas que podían salir mal y lo último que deseaba era que le apartaran a Tino de su lado:—Debe haber una manera de buscarla sin ser obvios.
Los cuatro se quedaron callados. Era evidente que no era por el techo del domo pues aquello hubiera llamado la atención de todos los que estaban recluidos en ese ese lugar.
Tino se removió en su lugar antes de animarse a hablar. Tenía una idea aunque no estaba seguro de que lo aceptarían. Sobre todo dudaba de que Berwald estuviese de acuerdo pero tenía que intentarlo. El futuro de sus hijos estaba en juego.
—En el próximo control podrían aprovechar… —comentó con cierta timidez antes de aclarar la voz:—Las atenciones estarían hacia nosotros y ellos apreciarían inclusive que los alfas no estuvieran presentes —añadió y luego sostuvo la mano de su pareja con firmeza.
El silencio se apoderó y el muchacho comenzó a sentirse algo nervioso. ¿De qué otro modo podrían hacerlo? Al fin y al cabo, las atenciones de los científicos se centraban más en los omegas que en los alfas. Era una oportunidad que sólo se presentaba una vez al mes y si no aprovechaban la siguiente vez, perderían treinta días. Si no hubiese embarazo de por medio, tal vez las cosas podrían planificarse con más tiempo pero éste no era el caso.
—Pienso lo mismo que Tino —A Sigurd le desagradaba que le tocaran el cuerpo de ése modo pero estaba dispuesto a soportarlo si con ello Magnus y Berwald eran capaces de alcanzar su primer objetivo:—Ese día sólo van a concentrarse en nosotros.
—Pero, Sigurd… —Magnus quiso protestar. No le agradaba en lo absoluto dejar al omega en manos de esos hombres a solas.
No obstante, el muchacho le agarró de las mejillas y lo miró con determinación, pues no pensaba aceptar ninguna objeción.
—Pero nada —le contestó:—Cuánto más rápido lo logremos, será mejor. ¿O acaso has olvidado que mi vientre va a continuar creciendo? —le preguntó:—Nuestro hijo tiene que conocer la libertad, Magnus —Le explicó con un tono suplicante.
Por su lado, Berwald aún dudaba de ello. No quería que Tino pasara por esa experiencia por completamente solo. El muchacho lo comprendió al instante.
—Ber, sólo será un día. Confía en mí —le pidió antes de darle un beso en la mejilla. Tomó una de las manos del sueco y la puso sobre su vientre:—Por él. Tenemos que hacerlo por él —Le recordó.
Era imposible negarle a Tino, aun cuando tuviera que actuar contra sus propios instintos. De algún modo, lograría mantenerlos a raya. Le dio un beso en la frente para demostrarle que estaba de acuerdo.
—Entonces ¿cuándo es el siguiente control? —preguntó Magnus para hacerse una idea. Tendrían que idear algo con Berwald mientras que los científicos se ocupaban de los omegas.
—La semana que viene —Tino había estado marcando en un cuaderno los días que transcurrían entre control y control, a falta de calendario. Si había algo que todos los que habitaban aquel domo ignoraban, era el paso del tiempo.
—Entonces esa noche tendremos que estar pendientes —Magnus le dijo a Berwald. Sólo tendrían un par de oportunidades para pillar por dónde ingresaba el equipo médico. Si fallaban tendrían que aguardar el siguiente mes. El danés estaba dispuesto a hacer lo que sea necesario para sacar a Sigurd de ahí.
Llegó la noche anterior al control. Tras despedirse, Berwald y Magnus se reunieron en la plaza. Por una vez en la vida, podrían emplear sus sentidos amplificados en su beneficio. Miraron por todas partes y emprendieron la marcha.
Como no estaban seguros hacia dónde ir, decidieron concentrarse en sus sentidos. Cualquier sonido extraño o movimiento que no correspondiera a lo que acontecía normalmente en el interior de aquel domo debía ser la clave suficiente para indicarles hacia dónde debían ir.
Decidieron tomar la dirección contraria a las casas de los omegas. El domo necesariamente debía contar con algún límite. De lo que se lamentaban ahora era no haber sido más curiosos que habían llegado al lugar.
De vez en cuando escuchaban a algún omega quejándose, pero nada más. El silencio se había apoderado de aquel sitio.
Caminaron lo que les pareció una eternidad. Magnus miró hacia arriba, el sol estaba a punto de salir. De repente, Berwald tironeó de su camisa para llamar su atención.
—Allí… —Señaló una especie de vidrio que apenas se podía detectar. Sólo la luz del sol le había permitido darse cuenta de aquel detalle.
Magnus estuvo a punto de saltarle encima pero sabía que debían ser cuidadosos. Ahora debían seguir aquella circunferencia hasta encontrar la puerta en cuestión. ¿Cuántas horas más les llevaría eso? Ni siquiera sabían cuán grande era el mismo. Pero el danés se rehusaba a darse por vencido.
—Bueno, ahora sólo tenemos que seguirlo hasta dar con la puerta —Magnus comentó como si fuera lo más sencillo del mundo.
Hasta aquel instante ninguno de los dos se había percatado de la inmensidad de aquel sitio. Quizás hubiera sido mejor si se dividían pero en el caso de que hubiera algún problema, dos alfas eran mejor que uno. Tardarían más pero no podían arriesgarse.
—Andando —le indicó el sueco antes de emprender la marcha una vez más.
Ambos tenían presente en su mente a sus omegas por lo que no les importaba caminar tanta distancia. Estaban decididos conseguir aquella meta de algún modo u otro ese mismo día. Sólo debían tomar las precauciones correspondientes.
De repente escucharon ruidos, así que se escondieron en un callejón. No, no se trataba de ningún habitante del domo. No reconocían el aroma de aquellos sujetos así que debían tratarse de los médicos. Debían estar relativamente cerca de la puerta.
Magnus se asomó y vio a un buen grupo de hombres vestidos de blanco movilizando algunas máquinas, en dirección hacia donde se hallaban las casas de los omegas. No obstante, tanto se había enfocado en ello, que cuando miró hacia la izquierda, no pudo ver ninguna puerta abrirse o cerrarse.
—Maldición —murmuró para sí y luego se sentó contra la pared de un edificio:—¿Y si vamos explorando el domo con el tacto? —le propuso el danés.
El sueco negó con la cabeza.
—Tenemos que ver que va a pasar primero si lo tocamos —le sugirió. Estaba seguro de que aquel domo era aún más peligroso de lo que ellos suponían.
Buscó con la vista y finalmente encontró una piedra. Estuvo un par de segundos jugando con la misma, hasta que se decidió a arrojarla.
Berwald se vio obligado a retroceder al darse cuenta de la chispa que había saltado y golpeado a la roca. El maldito domo estaba electrificado.
—Eso responde a lo que querías hacer, Magnus —El sueco se limpió las gafas.
Tenían que dar con el lugar exacto de la puerta o iban a sufrir una terrible consecuencia.
—Nos queda una larga espera —El danés cerró los ojos por un instante para descansar.
Mientras tanto, Tino se encontraba sumamente incómodo en el control y la verdad era que deseaba que Berwald estuviera allí para sostenerle la mano. Aquellos sujetos eran invasivos, le trataban como si sólo fuera un ratón de laboratorio.
Sin embargo, uno de ellos era un viejo conocido de Tino. Mucho antes de que éste fuera introducido al domo, ya habían intercambiado algunas palabras e inclusive Eduard le había extraído sangre para algunos estudios.
—Ya vamos a terminar, te prometo —le explicó Eduard mientras que tomaba algunas notas.
—¿Está todo bien? —Tino se animó a preguntar antes de sobarse el vientre. Hasta el momento nunca le habían dicho nada sobre su hijo, excepto que su corazón latía.
Eduard se aseguró de que el resto de los técnicos se hubiera marchado. Sentía cierta simpatía por el finés. Las veces que le atendía, intentaba ser lo más delicado posible. Tino no daba mucha pelea. Simplemente lucía extremadamente triste y el técnico lo entendía. Probablemente él sentiría lo mismo si estuviera en su misma situación.
Se sentó a su lado y sonrió.
—Pronto sabremos el sexo del feto —le contestó. Sabía que estaba hablando de más, pero quería darle cierto alivio. Al igual que Tino, conocía de sobra la suerte de ese pequeño niño pero quería pretender que ese destino no llegaría a suceder.
Tino abrió los ojos asombrado al escuchar esa noticia. Ansiaba poder tener a su hijo entre sus brazos. Berwald y Magnus no debían fallar en su plan para que eso sucediera. Sabía que les estaba poniendo mucha presión sobre sus hombros pero no se veía a sí mismo entregando a ese pequeño ser que llevaba dentro de sí.
En ese instante, Tino pensó en algo más.
—Ed, hay algo que me gustaría pedirte para el siguiente control —El finés sabía que se estaba sobrepasando pero tenía que intentarlo. ¿Qué era lo peor que podía llegar a suceder? No lo había hablado con el resto del grupo, pero o lo hacía ahora o perdía un mes. No, era demasiado tiempo desperdiciado.
Eduard asintió. Tenía una idea más o menos de lo que podría tratarse.
—No quiero tener a mi hijo en este lugar —le dijo en susurros:—Sé que te estoy pidiendo demasiado. Pero… —Sus ojos miraron al suelo antes de atreverse a mirar al rostro del técnico:—¿Podrías conseguirnos un mapa del lugar? —le preguntó antes de tragar saliva.
El técnico se levantó y respiró profundamente.
—Tino… —Eduard no sabía qué hacer en ese instante. Por un lado, se daba cuenta de que Tino estaba verdaderamente desesperado para recurrir a él. Por otro, su trabajo estaba en peligro.
—No, no es necesario que me des una respuesta ahora. Sólo piénsalo —Lo miró suplicante. Era la única forma en que realmente podrían salir de allí luego de que encontraran la salida:—Por favor —le rogó.
—Lo pensaré —Eduard le contestó. No obstante, había algo que le había parecido un tanto desconcertante y decidió preguntárselo antes de retirarse:—¿Dónde está Berwald? —Le resultaba extraño que un omega estuviera por su cuenta el día del control.
—Fue a buscar algo para desayunar —mintió. Tuvo tanto tiempo para inventar alguna excusa y había usado la peor.
Eduard arrugó la nariz pero decidió no hacer más preguntas. Estaba seguro de que la respuesta que buscaba no era una que le había gustado. De ése modo, se retiró a continuar realizando los exámentes.
Tino se quedó tirado en la cama. Se cubrió con una sábana y miró al techo. Realmente deseaba que Berwald regresara pronto y con buenas noticias. Era lo único que podía consolarle en aquel instante.
Por su lado, Sigurd estaba tratando de no pensar demasiado en todo el asunto. Sólo deseaba que Magnus tuviera éxito.
El que le estaba examinando en aquel momento se había dado cuenta de que había demasiada calma alrededor del omega. Si mal no recordaba, en otra ocasión anterior, el alfa había creado un problema tal que habían tenido que sacarlo ahí entre varias personas.
El muchacho de pelo largo y ojos verdes sentía lástima. Podía comprender por qué aquel hombre se había puesto de ése modo. Él había tenido la suerte de ser un simple beta.
—No veo a Magnus por ningún lado —Toris trató de hacer un poco de conversación con el omega, para distraerlo de todo el asunto.
—No quería que fuera una molestia para ustedes —Sigurd le excusó:—Lo más importante es saber en qué estado se hallaba el bebé al fin y al cabo —El noruego se mordió los labios.
—Sí, sí. Por supuesto —comentó el muchacho mientras que tomaba nota.
Una vez que hubo finalizado todo, Toris se dio cuenta de que Sigurd no había hecho una sola pregunta en relación al feto.
—Está creciendo bien —Estaba hablando de más, sus superiores le habían instruido que no dijeran nada a los omegas. Sin embargo, si él hubiera estado en aquella posición, le hubiera gustado saber cómo se encontraba el niño:—Quizás… Quizás sabremos el sexo del pequeño en el siguiente encuentro —murmuró antes de retirarse.
Sigurd se sorprendió por un breve instante. Se acarició el vientre. Había estado tan ensimismado en sus pensamientos que no se le había pasado preguntar sobre su hijo y de algún modo, eso le alivió. Tenía una buena noticia para contar a Magnus.
Mientras tanto, Berwald y Magnus continuaban esperando. No se habían movido del lugar desde el amanecer. Cierto, tenían hambre pero necesitaban cerciorarse de que ése era el lugar por dónde salían los técnicos.
Pronto escucharon a los mismos y se agacharon. Sólo tenían que rogar por el hecho de que éstos no se percataran de su presencia.
Una puerta se abrió en el medio del domo y fueron ingresando los técnicos.
Berwald y Magnus estaban entusiasmados con lo que habían descubierto. Efectivamente había una forma de salir de allí. Bajaron la cabeza y se escondieron detrás de la pared de uno de los edificios aledaños. Ninguno de los dos daba crédito a lo que estaba ocurriendo.
—Ahora sólo tenemos que buscar la manera de abrir la puerta —Berwald murmuró.
Magnus sonrió con una enorme confianza y luego colocó su mano sobre el hombro del sueco.
—Eso no será ningún problema —le contestó en tanto observaba cómo el equipo médico regresaba al laboratorio —Es más, te aseguro que eso será pan comido con lo que tendremos que enfrentarnos luego —le recordó.
—Bueno, esto es un comienzo —Berwald se consoló.
Ambos hombres se aceraron para asegurarse de que ése era el lugar preciso. Al final, parecía ser que quizás sus familias podrían disfrutar de la libertad en el futuro.
Los capítulos se están haciendo más cortos. Sorry for that. (?)
Van a comenzar a aparecer más personajes. Hay una buena razón por la cual Eduard y Toris hicieron su entrada a la historia.
¡Gracias por leer!
