Hola!

Gracias por sus comentarios! Aquí les traigo un capitulo más de este fic que ya esta por terminar. Originalmente en el libro, la historia termina en el capitulo 9, pero como sabrán este fic tambien lo estoy subiendo en Sailor Moon Foro, y a petición de mis queridas amigas y lectoras, decidí escribir algunos capítulos más para alargar el fic. Asi que por ahora les dejare el capitulo 8 y 9, y muy pronto verán como continua la historia bajo mi inspiración.

XOXO

Serenity


Capítulo 8

El solar hervía de actividad cuando llegó Seiya. Habían empezado las excavaciones porque querían iniciar el proyecto en serio antes de fin de año, pues ya llevaban tres meses de retraso. Y tenía que agradecer que el proyecto le consumiera tanto tiempo, porque evitaba que pensara demasiado en Serena.

Se apoyó en la puerta del coche y miró la grúa que colgaba sobre el solar. Hacía más de un mes que ella se había ido y aún no había conseguido aceptar lo ocurrido, pero sabía que no lo quería y que no podía hacer nada para cambiar eso. La atracción de lo inalcanzable era para ella más fuerte que la posibilidad de un futuro con un hombre que tenía al lado.

-Pensé que te encontraría aquí.

Seiya se volvió hacia su padre, que se acercaba con un casco en la mano. Se lo tendió a su hijo.

-La seguridad ante todo -bromeó.

-Te dije que vendría yo, que no hacía falta que vinieras tú.

-Quería hablarte fuera del despacho.

-¿Qué pasa ahora? Porque te advierto que no estoy de humor para otra pelea.

-Pues me parece que vas a necesitar tapones además del casco, porque no te va a gustar lo que voy a decir –Taiki Kou hizo una pausa-. No creo que sea buena idea que te cases con esa chica. Su padre es amable, pero no podría pasar otra festividad con su madre. Y esto de la Navidad... Si se casan, su madre no puede decidir dónde tienen que pasarla. Serena y tú no estuvieron juntos en Nochebuena.

Seiya soltó una risita.

-No tienes de qué preocuparte, papá. Serena me dejó el día después de Acción de Gracias y no he vuelto a verla.

-¿Te dejó hace más de un mes y no has dicho nada?

-Sí. Supongo que no quería oír el sermón de siempre sobre que arruino mi vida.

Taiki frunció el ceño.

-Lo siento. Pero puede que sea para bien. Dicen que una mujer acaba pareciéndose a su madre -se estremeció-. Y dentro de veinte años, Serena sería igual que la suya.

Seiya lo miró con rabia.

-¿Por qué hablas así de ella si no la conoces? Es buena y sensible. Y es lo mejor que me ha pasado en la vida.

-Puede que lo creas así, pero...

-Me da igual lo que tú pienses, así que déjame en paz.

Taiki movió la cabeza.

-Estaba equivocado. No debo presionarte en un tema tan importante como el matrimonio. Esta mañana he hablado con Nicolás y le he dicho que te nombraré presidente ejecutivo en abril. Lo ha entendido y me ha asegurado que cuentas con todo su apoyo.

Seiya miró a su padre con la boca abierta.

-¿Así sin más? ¿Sin ataduras ni exigencias?

-Así sin más. Mañana empezaremos a planear la transición. El proyecto de Kyoto es tuyo.

Seiya levantó la mano.

-Espera, no sé si quiero el puesto.

-¿Qué?

-He estado pensando en montar algo por mi cuenta.

. -¿Y por qué? Yo te doy todo lo que he pasado mi vida construyendo -le dio una palmada en el hombro-. Acéptalo antes de que cambie de idea y luego sigue adelante con tu vida. El pasado es el pasado.

Seiya pensó que su padre tenía razón. No podía pasarse la vida lamentando lo que no podía tener. Era preciso seguir adelante.

S&S

-¿Segura que deberíamos estar aquí? -susurró Mina.

-Tengo que recoger el resto de mis cosas -Serena metió la llave en la cerradura-. ¿Quieres que lo haga con él aquí?

-¿Y por qué no las dejas? ¿Qué es eso tan importante sin lo que no puedes vivir?

-Mis plantas -respiró hondo-. Tengo que desactivar la alarma. Espero que no haya cambiado la clave.

-¿Y si lo ha hecho?

-Entonces corremos -abrió la puerta, introdujo rápidamente los números que le había dado Seiya la noche que llegó allí y comprobó con alivio que seguían siendo válidos-. Ya está.

-Esto no me gusta nada.

-No hacemos nada ilegal, tengo llave -tiró de Mina hacia las escaleras-. Pero Artemis tiene que estar por aquí y suele venir a la puerta cuando oye a alguien fuera.

Subió rápidamente las escaleras.

-Vamos a buscar las plantas y nos marchamos.

Cuando llegó a su antigua habitación, se detuvo de repente, con la atención fija en un ruido sordo.

-¿Qué es eso?

Se volvió y vio a Artemis en la puerta del cuarto de Seiya, cuya jamba golpeaba con la cola. Se acercó a ella y Serena le rascó las orejas.

-Buen perro.

-Deja de jugar con el perro -susurró Mina. Abrió la puerta.

Serena entró en la estancia. Sus plantas estaban exactamente donde las había dejado.

-Están vivas -comentó. Introdujo un dedo en la tierra de Molly-. La ha regado, tienen buen aspecto -reprimió una emoción repentina-. Las ha cuidado bien.

Mina sacó unas bolsas de plástico del bolsillo del abrigo y se las pasó.

-Yo me encargo de las plantas, tú recoge tu ropa y las cosas del baño.

-No puedo creer que las haya regado.

-Date prisa -susurró su amiga-. No quiero estar aquí más tiempo del necesario.

Serena salió de la habitación y fue al cuarto de baño del pasillo, pero cuando abrió la puerta, se encontró de bruces con un pecho desnudo. Soltó un grito y retrocedió un paso.

-¿Serena?

-Seiya -murmuró ella. Él llevaba sólo unos calzoncillos de seda y nada más-. ¿Qué haces aquí?

-Vivo aquí -sonrió él-. ¿Qué haces tú?

-He venido a recoger mis cosas. No esperaba encontrarte aquí a estas horas.

-¿Qué rayos pa...?

Los dos miraron a Mina, que salía del dormitorio. Ésta abrió mucho los ojos. -Hola, Seiya.

-Hola.

-Quiero que sepas que no ha sido idea mía.

-No sabíamos que estarías en casa - explicó Serena-, o no habríamos venido.

-Anoche me acosté muy tarde y esta tarde salgo en viaje de negocios para Kyoto -musitó él-. Seguramente pasaré mucho tiempo allí si conseguimos el proyecto. Tengo buenas noticias. Mi padre me deja la compañía desde el uno de abril.

-Estupendo -dijo Serena

-Sí –asintió Mina-. ¿Pero por qué quieres irte de Tokio? ¿No echarás de menos...? -vio que los dos la miraban-. Voy a terminar en el dormitorio.

-O sea que has conseguido todo lo que querías -murmuró Serena.

Seiya se apoyó en la pared del pasillo.

-Casi todo.

-Yo también estoy pensando en mudarme -anunció ella.

-¿Sí?

-Es difícil aguantar un negocio como el nuestro con este clima, así que debería irme a un lugar cálido, tal vez a Okinawa. Aunque allí las plantas serán diferentes y habrá otros insectos y... -se interrumpió.

-Los dos nos movemos -dijo él-. Eso está bien.

-Muy bien.

-¿Dónde te alojas ahora?

-¿Por qué?

-Por nada, por si te dejas algo y necesito contactar contigo.

-Estoy en casa de Mina y Yaten, en Jubban -buscó algo más que decir, pero no se le ocurrió-. Bueno, creo que debo irme.

Seiya le tomó una mano.

-Me alegro de verte. Es agradable tenerte de nuevo aquí aunque sólo sea un rato.

Serena asintió con la cabeza y volvió al dormitorio. Antes de entrar, miró hacia atrás, pero Seiya había desaparecido ya escaleras abajo.

-¿Y bien? -susurró Mina-. ¿Qué tal?

-Guarda las plantas y vámonos -musitó Serena con voz temblorosa-. Ha dicho que me enviará el resto de las cosas.

Tomó una de ellas y avanzó hacia las escaleras. Esperó a Mina en la acera, envuelta en una nube de emociones distintas e impaciente por alejarse de allí. Cuando vio salir a su amiga, corrió hacia la camioneta.

-¡Espera! -gritó Mina.

-¿Has visto eso? Está frío y distante. Y anoche se acostó tarde. ¿Qué crees que significa eso?

-No sé. ¿Qué?

-Que estuvo con una mujer. ¿No te has dado cuenta de lo satisfecho que parecía?

-Parecía dormido, como si acabara de salir de la cama.

-Exacto -Serena movió la cabeza-. Es evidente que ya ha olvidado todo lo que tuvimos juntos y seguido adelante.

-Eso no lo sabes. A lo mejor estuvo trabajando o viendo una película.

-¿Por qué lo defiendes?

Mina levantó las manos en un acto de rendición.

-No lo defiendo. Sólo digo que no debes sacar conclusiones precipitadas. He visto cómo te ha mirado.

-¿Y cómo me ha mirado?

-No te quitaba los ojos de encima, Serena. Te mira como un hombre enamorado.

Serena se volvió y siguió andando por la acera.

-No digas eso, no puedo dejarme llevar otra vez por esa fantasía. Tengo que seguir con mi vida y él tiene que seguir con la suya.

-¡Eh! ¿Adónde vas? El coche está aquí.

Serena se detuvo y volvió hacia el coche de su amiga.

-No quiero oír nada más, ¿entendido?

Se hizo la firma promesa de dejar de pensar en Seiya en aquel mismo momento.

S&S

-¿Te vas a pasar el resto de tu vida en ese sofá? -preguntó Mina.

Serena levantó la vista.

-No. Sólo un mes o dos más, hasta que se anime el trabajo.

Llevaba ya dos meses viviendo en casa de su amiga y durmiendo en el sofá. Los fines de semana iba a casa de sus padres para dejar intimidad a Mina y Yaten, pero no podía soportar más de dos noches con su madre y solía a acabar de nuevo en el sofá el lunes por la noche.

-Si se anima -Mina se dejó caer en un sillón y puso los pies en la mesa de café-. Tenemos, que hablar de eso.

Serena se incorporó en el sofá.

-Lo sé. Empiezo a pensar que un negocio como el nuestro no puede sobrevivir sin trabajo de invierno.

-Supongo que podríamos colocarnos de dependientas -dijo su amiga-. O yo puedo trabajar en la empresa de Yaten

-¿Qué?

-La administrativa acaba de irse y Yaten me ha pedido que ocupe su puesto. El sueldo no está mal -Mina se mordió el labio inferior-. Pero si no quieres, no aceptaré. Moon Gardens era nuestro sueño y no quiero dejarlo hasta que no lo dejes tú.

-No -Serena apretó la mano a su amiga-. Ya es hora. Además, yo estaba pensando en irme hacia el sur a empezar de nuevo, buscar un sitio donde las plantas crezcan doce meses al año.

-¿Y Seiya? -preguntó Mina.

-¿Qué pasa con él?

-Todavía lo quieres. Creo que siempre lo has querido.

-Eso no significa que tenga que seguir queriéndolo.

Mina miró su reloj.

-¿Llegas tarde a algún sitio? -preguntó Serena

-No, es sólo...

Sonó el timbre de la puerta y Mina se puso en pie

-Creo que debes peinarte y sacudirte esas migas de la pijama -dijo.

-¿Por qué?

-Porque Seiya está aquí.

-¿Qué?

-No te enfades. Llamó el otro día para decir que quería devolverte unas cosas y yo le dije que podía venir.

El timbre de la puerta volvió a sonar y Serena se puso en pie de un salto.

-No le dejes entrar.

-Yo creo que está enamorado de ti - dijo Mina-. Y sé que a ti te pasa lo mismo, pero los dos son demasiado testarudos como para admitirlo.

-Tú lo conoces tan bien como yo y sabes que no es capaz de amar.

-¿Cómo lo sabes? Tú viviste un mes con él. ¿Se iba con otras mujeres o se quedaba toda la noche por ahí con sus amigos? ¿Te hizo sentir alguna vez que no podías confiar en él?

-No, pero eso no significa...

-¿Qué? Porque yo veo a un hombre que ha madurado mucho en seis años y puede estar preparado para aceptar un compromiso. Sugiero que entres al baño a peinarte y pintarte los labios mientras le abro.

Serena soltó un grito y sacó unos jeans y un jersey de la maleta que había en un rincón. Entró en el cuarto de baño, donde se lavó la cara y pasó los dedos por el pelo revuelto.

El corazón le latía con violencia, pero se esforzó por mantener la compostura. Hacía casi un mes que no veía a Seiya, pero eso no le había impedido pensar en él.

Se vistió y se puso perfume en el cuello y las muñecas. Se sentó un momento en el borde de la bañera para tranquilizarse.

Mina llamó a la puerta con los nudillos y entró.

-¿Te vas a quedar aquí toda la noche?

-¿Qué aspecto tiene? ¿Parece con ganas de pelear o parece contento?

-Está muy guapo -declaró su amiga-. Si yo no estuviera casada, intentaría algo con él. Y parece ansioso por verte, así que sal ahí y habla con él. Y procura ser amable -Mina la empujó hacia la puerta.

Serena respiró hondo y entró en la sala de estar. Seiya estaba cerca del sofá, de espaldas a ella.

-Hola.

Él se volvió al oírla.

-Hola.

Ella cruzó la estancia hasta el sofá, donde se sentaron los dos en silencio.

-¿Cómo estás? -preguntó Serena

Seiya estiró el brazo y le tomó la mano. -Bien, ocupado con el trabajo.

-Yo también. Muy ocupada.

Seiya respiró hondo.

-Te echo de menos, Serena. Creo que me acostumbré a tenerte en casa.

-¿Por mis maravillosas comidas y mi gran gusto para la decoración?

-Claro -declaró él-. Por eso y muchas más cosas. Y Artemis también te echa de menos -le soltó la mano y tomó una bolsa que había dejado en la mesa de café-. Te he traído esto. Es tu DVD de Desayuno con diamantes. Estaba dentro del reproductor.

-Gracias. No la había echado de menos.

-Tengo algo más -dijo él-. Una especie de regalo de Navidad retrasado, aunque, como casi estamos en San Valentín, también puede ser por eso -le pasó la bolsa.

Serena miró en su interior, donde había un Blu-Ray de Desayuno con diamantes, otro de Vacaciones en Roma y otro de Sabrina.

-Recuerdo que te gustaban mucho las películas de Audrey Hepburn -dijo él-. También te he comprado un reproductor de Blu-Ray, está en el coche.

Serena le dio un beso en la mejilla.

-Gracias. Audrey Hepburn es mi favorita.

-Lo recuerdo.

Volvió a tomarle la mano y la acercó a su boca para besarle los dedos.

-¿Cómo te encuentras? -preguntó de nuevo.

-Bien -repitió ella-. Ocupada con el trabajo. Estoy buscando otro apartamento. Creo que Mina y Yaten empiezan a cansarse de tenerme aquí.

Seiya la miró sorprendido.

-Pensaba que querías mudarte.

-Eso también está todavía en el aire, no he tomado una decisión.

-Yo puedo ayudarte a buscar apartamento -se ofreció él-. Trabajamos con varias inmobiliarias. Cuando estés preparada...

-Te llamaré -terminó ella.

Él miró a su alrededor con nerviosismo.

-Supongo que debería irme. Sólo quería traerte esto y ver cómo estabas.

-Estoy bien.

Seiya se levantó y echó a andar hacia la puerta, pero cambió de idea y volvió al sofá.

-Serena, sé que sigues enamorada de él y comprendo que te resulte difícil olvidarlo porque no creo que yo pueda olvidarte en mucho tiempo.

-Seiya...

Él volvió a sentarse y colocó una mano en los labios de ella.

-No necesito explicaciones ni promesas. Sólo quiero decirte que tu felicidad es lo que más me importa en el mundo y si no puedes ser feliz conmigo, quiero que lo seas con ese otro hombre -entrelazó los dedos de ella con los suyos-. ¿Está casado? ¿Es por eso por lo que no pueden estar juntos?

Serena negó con la cabeza.

-No.

-Eso está bien.

-¿Por qué?

-Porque necesitas ir a él. Si no sabes dónde está, te ayudaré a buscarlo, pero tienes que decirle lo que sientes y que él te diga lo que siente. Hasta que no hagas eso, no podrás seguir adelante con tu vida.

-¿Y si él siente lo mismo?

Seiya se encogió de hombros.

-Pues tendré que aceptarlo. Pero espero que no sea así y que tú te des cuenta de que lo que tienes conmigo es mejor que nada de lo que puedas tener nunca con él.

-Yo sé dónde está -dijo ella-. Supongo que puedo ir a hablar con él.

-Eso está bien -Seiya la miró a los ojos y ella pidió en su interior que la besara.

Cuando lo vio levantarse, intentó ocultar su decepción y lo acompañó a la puerta.

-Gracias por venir.

-Voy a traerte el reproductor.

-No -dijo ella, decidida a qué ésa no fuera la última vez que se vieran-. Puedes hacerlo la próxima vez.

Seiya sonrió.

-De acuerdo. Hasta la próxima vez - le apretó la mano y salió al pasillo. Serena cerró la puerta y se apoyó en la madera.

-¿Se ha ido? -preguntó Mina.

-Sí.

-¿Qué tal? ¿Han arreglado algo?

-No, pero por lo menos seguimos siendo amigos. Y supongo que, si quiero algo más, tendré que elegir entre Seiya y el otro hombre de mi vida.

-¿Qué otro hombre?

Serena volvió al sofá.

-No hay otro.

Mina frunció el ceño.

-¿Me he perdido algo?

-Seiya cree que estoy enamorada de otro desde la universidad. Al parecer, mi madre leyó mis diarios y le dijo a Seiya que en la universidad estaba enamorada de un chico que respondía a las iniciales de P.C.

-Pero en la universidad estabas enamorada de él.

-Exacto. P.C. Príncipe de Cuento. Yo lo llamaba así en mis diarios.

-Y Seiya cree que estabas enamorada de...

-De otro. Y ahora quiere que lo busque y le diga lo que siento, porque no puedo avanzar con él hasta que deje atrás al otro.

-¿Y a cuál de los dos amas?

-A los dos. Al que conocía entonces y al que conozco ahora -Serena sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas, pero no intentó contenerlas-. Lo quiero, pero creo que no me había dado cuenta hasta esta noche.

-¿Y me dejarás ser dama de honor? - preguntó Mina-. Y no me digas que tienes que preguntárselo a tu madre.

Serena sonrió entre lágrimas.

-Si me caso con Seiya, creo que me fugaré con él a Las Vegas.

Mina la miró horrorizada.

-Si te casas en Las Vegas, tu madre no te lo perdonará nunca, y yo tampoco.

Serena se echó a reír y Mina la acompañó. Todo saldría bien. Por primera vez desde que empezara aquel lío, Serena creía que Seiya y ella podían tener una oportunidad juntos. Sólo había que buscar el modo de que eso ocurriera.