la primera vez que escribí este capítulo no me había quedado tan largo. .. supongo que es mejor así. Unas 4000 y algo de palabras sin contar mis anotaciones.

No les daré más escusas que la que mencioné en 'Mis fics ichiruki'. Mi teléfono borró el capitulo cuando lo termine de escribir, el muy puto.

Espero que lo disfruten y de nuevo, gracias por el apoyo! Fue tan lindo ver esta historia tan bien recibida :)

DISCLAIMER: NI LA HISTORIA NI LOS PERSONAJES NE PERTENECEN. LA HISTORIA ES PARTE DEL MANHWA COREANO ORANGE MARMALADE Y LOS PERSONAJES SON OBRA DE TITE KUBO EN SU MANGA BLEACH. YO SOLO LOS HE ADAPTADO A ESTA HISTORIA.

dedicado a jess Gates~~


Capítulo 11: Un club de música desorganizado (pt 2)

El cielo seguía despejado, el aire estaba limpio y puro. No había ni un alma cercana a ellas, por lo que se dejaron caer contra la pared y apoyar su peso en las piernas mientras daban su mejor intento por conseguir su aire perdido. Se encontraban en la pared trasera del enorme gimnasio del campus, conocido por ser poco visitado y demasiado silencioso.

Pocas personas conocían su existencia, de ahí el por qué habían llegado a ese escondite.

Una de ellas tosió un poco, se aclaró la garganta e intentó articular palabra -Ella no nos encontrará aquí ¿cierto? - decía entre respiraciones rápidas.

La de cabello naranja la ignoró. -Te dije que se iba a molestar-

-No hay nada que podamos hacer ahora- resopló la primera- esperemos a que se calme para poder pedir disculpas. -

Y ese era el plan, para ellas sonaba perfecto. Con lo que no contaban era con la chica pequeña -pero furiosa- que se acercaba al gimnasio. Agudizó su oído para retener las voces que buscaba y encontrar a las responsables de su humor. Unas cantarinas voces femeninas le llegaron desde la pared trasera del gimnasio, a donde se dirigió.

-Pero Kuchiki Rukia es aterradora cuando está enojada- susurraba alguien en esa dirección.

Y era cierto. La pequeña sonrió con maldad al acercarse a las voces.

-Lo sé. ¡Vaya que me sorprendió! -

La pequeña muchacha se asomó por la esquina de la pared, saltó frente a ellas con expresión gélida y aire desafiante. -Las encontré. - anunció con tono amenazador.

Las dos chicas se sobresaltaron con un grito, lleno de terror por la inesperada visita. Inoue siguió gritando, era más propensa a sorprenderse que Tatsuki, más calló al ver a Rukia acercarse a ellas.

-¡Woah, sorprendente!- comentó sorprendida Tatsuki, desviando la atención de la morena- ¿Cómo una estudiante transferida encontró mi escondite secreto? -

-Puedo seguirlas por su olo. ..- la morena se detuvo, enterándose de lo que estuvo a punto de revelar- no, eso no importa- miró a las chicas con el ceño fruncido como evidencia de su humor negro- ¿Por qué repartieron esos anuncios sin consultar primero? ¡¿Qué estaban pensando?!-

Inoue retrocedió unos pasos, asustada, más le plantó frente. -Bue-Bueno. . Kuchiki-san, estábamos en un apuro y...- sonaba más asustada de lo que quería- Kuchiki-san es popular así que pensé que, podríamos conseguir miembros de ese modo. ..-

La rabia se le subió a la cabeza a la pelinegra. Estaban usándola como publicidad y eso no podía dejarlo pasar.

-¡Me dijeron que yo podía unirme como una prueba a ver si decidía quedarme! - habló severa- Si esto es lo que pensaban hacer, olvídenlo. ¡No me uniré! -

Tatsuki mostró terror en todo su esplendor, se acercó con las manos en alto a Rukia, tratando de calmarla un poco -Espera, mejor nos tranquilizamos un poco. - sugirió- ¿Tienes idea de cuántos chicos de primer año decidieron unirse cuando supieron que tú estarías ahí? ¿Qué harás con ellos? ¿Nos vas a dejar como mentirosas?-

Tatsuki sabía muy bien que lo causarle simpatía era bajo, muy bajo, pero no tenía remedio. Requerían miembros para poder continuar y solo tres chicas -y una que tenía el club a prueba- no serían suficientes para mantener el club a pie. Tiempos de guerra requieren armas, por más sencillas que fuesen.

-Ustedes SON mentirosas-

Una espada le atravesó el orgullo a la de cabello negro y largo. Convencer a Rukia era difícil, ella debería saberlo mejor que nadie.

Muy bien. Si pasar la culpabilidad a ella no funcionaba tendría que optar por el plan B.

-Oh, ¡solo bromeaba! Estaba tan orgullosa de tenerte en el club que tuve que alardear. ..- añadió una risotada avergonzada para darle más credulidad al asunto.

Así es, el plan B era actuar como un padre orgulloso. Tatsuki se acercó a Rukia para darle una palmada en la espalda, detenida por la ira en la expresión de la aludida. Parecía increíble que tanta ira pudiese ser contenida en el envase pequeño que era Kuchiki Rukia -y debía asegurarse de no decir aquello en voz alta-.

-Además, - siguió intentando Inoue, que se había limitado a mirar con miedo la escena- ¿No te sorprendes de a cuántos chicos les gustas? Es inimaginable, Kuchiki-san. -

-Cierto, cierto. ¿Eso te sorprendió, verdad?-

La gélida expresión de póquer fue suficiente para responder. Por supuesto que no la habría de sorprender, las chicas hermosas a cierta edad comprendían que su aspecto iba a atraer a miles, uno más a lista no era mucho. Debió imaginarlo antes.

Rukia no respondió a sus preguntas, no mostró sorpresa alguna con la cantidad de chicos y esto no iba a llegar a ninguna parte si seguían bajo ese camino, así que sólo quedaba el plan C: suplicar.

-¡Muy bien, lo siento! - musitó Tatsuki, su cabeza estaba baja y sus manos juntas en muestra de su arrepentimiento- ¡Fue todo mi culpa y no lo volveré a hacer!-

Y era verdad. Había probado demasiado su suerte con la princesa de hielo.

Inoue, al ver a su mejor amiga suplicando, decidió colaborar en su intento por convencer a Rukia. -Kuchiki-san, lo sentimos, jamás fue nuestra intención que esto se saliera de nuestras manos de esta forma...-

Rukia no hablaba. Lo que decían tenía algo de sentido. Uno tiende a hacer tonterías para poder seguir haciendo lo que nos gusta. Y no podía culparlas por hacer lo imposible. De hecho hicieron lo imposible. ... ¡No! ¡No debía dejarse llevar por esos sentimientos! Incluso si querían hacerlo por el bien del club lo que hicieron estuvo m...

-¡Rogamos por tu perdón! - suplicaron ambas. En algún momento mientras ella pensaba si perdonarlas o no, ambas se habían dejado caer las rodillas al suelo y puesto su frente en este.

Y esa era la mayor forma de expresar arrepentimiento. Diablos, últimamente se sentía más vulnerable. Era una migaja..., no, era una vulnerabilidad incluso menor a una migaja, por esas chicas que le pedían disculpas en el suelo de manera dramática. ¡Pero nadie la haría cambiar de opinión! ¡Nada en este mun..

Excepto esa expresión. Ambas, Inoue y Tatsuki, elevaron sus cabezas para mirarla desde abajo apenadas. Sus ojos de cachorro y sus labios en puchero le mostraban lo inocente que fue su decisión, la inexistente intención de ofender a Rukia. Eso... eso era demasiado para ella.

Rukia denominaba esa expresión como 'La técnica secreta de Mamoru' cuando su hermanito menor la utilizaba, la mayor parte del tiempo para pedirle algo. Esa era su vulnerabilidad. Y no podría negarse. Ya había aceptado ponerlas a prueba, ¿por qué no dejarlas hacer aunque fuera sólo esa tontería? -

-... Como quieran- dijo al final. Las dos chicas saltaron de felicidad- pero si vuelven a hacer algo como eso me salgo del club en ese instante. Quedan advertidas. -

-okay, okay.- dijo Tatsuki, los brazos reposaban tras su cabeza.

Inoue le sonreía tanto que la morena tuvo que desviar la mirada. -¿Entonces ya no estás molesta con nosotras? -

La orgullosa Princesa del Hielo no respondió. No supo cómo se tomaron su silencio, solo pudo escuchar a las chicas detrás suyo riendo como bobas mientras bailaban en honor a su victoria.

El timbre de la campana sonó en ese momento, marcando el fin del tiempo escolar. ¿Había pasado tan rápido? Se llegó a preguntar la morena. La mayor parte del día estuvo persiguiendo a las chicas así que el tiempo, el cual era usualmente molesto y aburrido, pasó más deprisa para ella por primera vez.

Tatsuki e Inoue chillaron de emoción. La primera se volvió hacia Rukia con una sonrisa que rodeaba su boca de lado a lado.

-¡Bien! ¡Vamos Rukia!- la instó. -¿A dónde? -

Arisawa tomó, inesperadamente, la mano pálida de Rukia al tiempo que corría sin soltarla por el campus, más allá de todos los edificios.

-¿Cómo que a dónde? Ya es hora de las actividades después de clases, ¡Las del club! Debemos correr-

Inoue corrió tras ellas, sus manos cercanas a su semi sonrosado rostro en felicidad. Una risita tierna escapó de sus cabales -Aquí es donde verdaderamente comienza esto- les dijo, sin esperar respuesta.

Y así las tres chicas emprendieron el camino hacia el edificio del club de música, hacia sus ventanas rotas y notas de canciones ocultas tras sus recuerdos; sin soltar la suave mano de la pelinegra.

Por primera vez en muchos años, la mano de o un humano le pareció. .. cálida.

-¿Crees que van a haber muchas personas? - preguntaba la de cabello naranja -Supongo que sí, por Rukia.-
-Espero que vayan muchos chicos apuestos. -
-¡No puedo esperar! -

Rukia quiso agregar algo, un comentario tonto e innecesario, cualquier cosa con respecto al tema, más no pudo hacerlo. De pronto recordó lo crueles que podían ser los humanos y lo que ocurre al involucrarte con ellos y no pudo decir nada. Recorrió al lado de sus compañeras los pasillos y zonas verdes o libres del campus, hasta llegar al club de música.

La tarde le daba al lugar un aspecto más acogedor. No había estado tan abandonado como para hacer a alguien huir de miedo, pero no era muy comodo que digamos. Era tan estrecho que no podía soportar la maratón masculina que había llegado al lugar, y algunos incluso tenían que observar hacia dentro desde las rotas ventanas.

Cuando las tres llegaron al edificio, ni siquiera Rukia pudo mantener los ojos cerrados. ¿Cómo era posible que hubiesen llegado tantas personas? Eran incontables. Una cantidad exagerada de chicos. ¡Casi más de la mitad de la población masculina!

Tatsuki tuvo que usar de su fuerza para apartar a los muchachos que bloqueaban la entrada y permitir a Rukia llegar dentro de la sala sana y salva. Quién sabía que podría suceder en medio de tantos sementales, cualquier cosa que se sobrepasara de la paciencia de la pequeña chica sería el fin del club de música. La morena podía sentir la mirada de miles clavada sobre ella mientras se habría paso entre la gente. Justo lo que quería evitar, y mírenla ahora.

Para la mala fortuna de Tatsuki e Inoue, los chicos que se encontraban dentro del edificio no eran para nada atractivos. Tatsuki suspiró, la inspiración casi desaparecida. Los chicos deslumbrantes se habían quedado fuera y ella debía enfrentar a los hombres corrientes. Oh, como había deseado ayudar a un muchacho de cuerpo majestuoso...

-Ho...hola a todos. - dijo sin ganas- un placer el conocerlos.

Ninguno de los muchachos de la primera fila parecía escucharla, estaban demasiado ocupados mirando al centro del salón donde cierta pelinegra se miraba las manos, incómoda. Tatsuki tomó del brazo a Inoue, suplicaba ayuda para hablar. Inoue pretendió no haber entendido el gesto y se alejó al otro extremo de la sala que no estaba tan abarrotado. Ella era tímida, si hablaba en ese lugar bajo las miradas de los hombres podría desmayarse.

'Espero que Tatsuki-chan lo entienda...' rezó. No quería enfrentarse a un regaño más tarde.

Rukia, a quien Tatsuki había dejado sentarse en un banco en medio de la habitación, se revolvía en su asiento; la mirada de todos los hombres estaba sobre sus hombros. Cada movimiento que hacía parecía ser vigilado, incluso su respiración. Ella era fuerte, difícil de intimidar y asustar, más no podía soportar bien tanta presión. Esperaba no estar revelando lo insegura que se sentía. '¿Estoy haciendo lo correcto aquí? '

Fue cuando Tatsuki trataba de presentar al resto de los miembros, que la entrada del edificio se llenó de ruido y movimiento, llamando la atención de quienes estaban dentro.

-¡Muévete! -
-¡Hey! ¡Yo estaba aquí primero, si quieres oír hazlo desde afuera! -
-¡No me toques! ¡Apártate! -

Los ojos curiosos de la sala estaban fijos en la puerta de entrada, incluyendo a las tres chicas. Fuera quien fuera el que estaba apartando a los chicos para entrar, estaba cavando su propia tumba. Afuera solo habían chicos resplandecientes, musculosos y carismáticos. Sin mencionar de carácter fuerte. No había manera de pasar por ellos a la fuerza sin ser lastimado.

O eso creían todos. Cuando la puerta se abrió, dejando con ella el chirrido del acero oxidado, un chico pasó sin cuidado a través, mientras los muchachos que "vigilaban" la entrada lo miraban con temor en los ojos. -Dioses, este lugar está asqueroso- a través de la puerta pasó un joven alto, de apariencia tan tosca como la de los chicos de la entrada- ¿Qué clase de edificio es este para un club?-

Por un momento la sala se quedó en silencio, casi sin aire para respirar. El muchacho que entró por la puerta era bien conocido por la población estudiantil, incluso por la antisocial Princesa de Hielo. Musculoso, tanto que no importaba la talla de la camisa que usara se le marcaban los brazos y estómago, alto, bien parecido, con un particular cabello color naranja que formaba parte de su encanto. Odiaba las actividades después de clase más que nadie, rechazaba invitaciones a todos los club, incluso si se trataba de uno de deportes. Quizá por eso nadie daba crédito a lo que veían frente a ellos.

-¡Ku-Kurosaki-kun!- exclamó Inoue.

La chica se había levantado del asiento que encontró libre, miraba maravillada al hermoso muchacho que recién entraba a la estancia. Él apenas si le dedicó una mirada, no por orgulloso, simplemente odiaba a las mujeres.

Kurosaki Ichigo entró como si nada, colocándose en medio del salón. No era extraño que los apuestos hombres de la entrada lo dejaron pasar sin problemas. Si ese pelinaranja era conocido por algo, era por derrotar a todo aquel que lo invitara a pelear. La atracción principal de los buscapleitos, aunque él no les era indiferente.

-Hola a todos- comentó con una sonrisa perfecta, saludando de lado a lado con sus manos- Estaba pensando en unirme a un club de música de nuevo.

La declaración los dejó algo confusos, después de todo, era la última persona que los miembros del club de música esperaban anotar a sus miembros. Inoue fue la primera en hablar.

-¡Bien. ..Bienvenido! - su voz sonaba más nerviosa de lo que hubiera querido.

Rukia tenía sus ojos clavados en él. ¿Qué hacía ahí él? Un club de música no iba muy bien con su personalidad. Al menos eso pensaba ella. ¿Acaso estaba ahí para fastidiarla? Mordió ligeramente su labio inferior, maldiciendo por lo bajo. Los ojos de Ichigo recorrieron el lugar, pasando por cada persona -menos las mujeres- y cada rincón. Fue un vistazo rápido, que culminó cuando sus ojos mieles se encontraron con unos violetas y, ahí se quedaron.

Ichigo dejó que su mirada la envolviera, casi como si deseara que ella notara su presencia, y solo la de él. Cuando Rukia le cuestionó sus acciones con la mirada él desvío los ojos. Le pareció extraño, pero no le importaba.

-¿Este es el club de música en el que están solo ustedes dos?- preguntó a Tatsuki, mirándola por primera vez, sin embargo, fue Inoue la que respondió. -Así es, Kurosaki Ichigo-kun. ..-

'Así que ese es su nombre' pensó la morena. Ya había olvidado todo de ese chico. Casi, al menos.

-¿Y esos son los nuevos miembros? - siguió él, refiriéndose a los chicos del salón- Parecen todos de primer año.

Y no se equivocaba. Los del salón eran apenas unos niños, a la vista del resto del club. Apenas había sonado la última campana del horario escolar corrieron hasta el edificio a esperar en primera fila a la Princesa de Hielo. Lástima que ninguno de los que corrió tan deprisa al edificio era apuesto.

-Los de segundo año están todos ya en otros clubes. No puedo hacer nada sobre eso- respondió secamente.

-¿Y qué hay de ella? - el pelinaranja movió la cabeza en dirección de Rukia, quien se sobresaltó ligeramente- ¿También es miembro? -

Tatsuki sonrió con ganas. -¡Por supuesto! Ella es la que trae fuerza al club. ¡La belleza de la clase, Kuchiki Rukia!-

Casi parecía una madre orgullosa mientras hablaba. La morena la fulminó con la mirada mientras la veía hablar con orgullo. '¿Cuándo va a entender que solo estoy poniendo a prueba el club?'. Tatsuki sintió la mirada asesina clavada en su espalda, pero se rehusó a volverse.

-Tzk. ¿Belleza?- Ichigo se giró en la dirección donde se sentaba la morena. Su tono de voz mostró demasiada burla, pero Rukia no enseñó expresión alguna. El pelinaranja se detuvo a observarla. Su fino rostro, sus delgadas piernas, sus hermosos ojos... un sonrojo se asomó en su rostro- Yo no llegaría tan lejos. - comentó con mofa en los labios.

El bastardo le dio la espalda a la chica, quien rompió su cara de póquer para mirarlo molesta.

Mentiría si dijera que nadie dijo nada, pero todos los de primer año se susurraban entre sí. Era extraño ver a Kurosaki Ichigo hablar mal de una chica, era cierto que las odiaba, más nunca las ofendía si no le daban motivos para hacerlo. Y Rukia no había movido ni un solo dedo.

Tatsuki se acercó a Inoue, buscando su atención- Hey, - le susurró al oído- ¿Usualmente es así de rudo? -

La voluptuosa parecía no importarle. Miraba al de cabello naranja con ojos brillantes, las manos juntas y expresión enamorada. Casi podía ver baba salir de sus labios. -¿Qué importa si fue rudo? ¡Él es genial!-

La de cabello negro se apartó con repulsión. ¿Qué tenía de genial lo que acababa de hacer? Si se lo hubiera dicho a ella, él ya no tendría dientes.

Ichigo se acercó a uno de los pupitres apartados en las paredes del salón, puso una mano sobre él y miró a todos con apatía. Tenía autoridad escrita en toda su frente.

-De acuerdo novatos, no vine aquí a jugar- sonó demandante- fuera de aquí si no piensan ser parte de la banda de club. Si se quedan y me dicen que ya no les interesa o tienen otras cosas que hacer no los dejaré salir. ¡¿Entienden?!-

El salón se quedó en silencio. Tatsuki estaba de pronto sorprendida, el chico había ido al frente y dicho lo que le placía y ni siquiera mandaba en el club, más no pudo moverse de donde estaba. Los de primer año se miraban entre sí, incómodos. Algunos incluso comenzaron a retroceder. Demonios, ¡incluso los de afuera parecían arrepentirse! Suficiente.

-¡Kurosaki! - gritó Tatsuki, con un pie al frente y tratando de llegar a su altura (lo cual era bastante difícil) - ¡Estos chicos llegaron aquí hoy, y tú eres también un novato así que...!-

-Te dije que no vine aquí a jugar- interrumpió, amenazante- Vine a revivir este desmadre desorganizado que ustedes llaman club de música, así que cállate. -

Los ojos de Tatsuki se abrieron como platos- ¡¿Qué? !- Casi no se lo podía creer. Un chico en realidad le estaba hablando así a la que una vez fue la 'diosa del judo'. -¡¿Qué acabas de decir, desmadre desorganizado?!-

-Sí. Desmadre desorganizado. ¿Y qué? -

-¡Fuera de aquí! - le ordenó la chica- ¡Si viniste solo para hablar así mejor te largas de una vez!-

-Tampoco es que estoy aquí por que quiero- replicó furioso- Vine porque su profesor guía de club me lo suplicó, si quieres sacarme, pídeselo a él. -

Tatsuki no pudo responder a eso. Ambos se miraban con odio, chasquido entre dientes. Casi podías ver las chispas de ira entre sus ojos.

-Además escuché que ustedes ni siquiera saben tocar instrumentos- prosiguió el chico, como agregando carbón al fuego- Y curiosamente soy bastante bueno en ellos. ¿No crees que sería incluso mejor para el club que tú te fueras y yo me quedara? -

Y, por segunda vez en un día, la pelinegra no supo qué responder al chico. Su irritada expresión la delataba. Nadie había conseguido hacer eso en ella jamás, lo cual le pareció incluso más atractivo a Inoue, quien no paraba de mirarlo.

-Geez. No entiendo ni que estaba pensando ese profesor, tratando de sacar algo de este basurero. Aunque, supongo que eso también habla mucho del profesor, ¿no?-

Un 'crack' sonó en la cabeza de Tatsuki, de la poca paciencia que le quedaba. -¡¿Qué tan maldito puedes llegar a ser?!- La pelinegra levantó sus puños y los colocó en modo de batalla- ¿Quieres pelear? ¿Eso es lo que quieres? - tomó a Ichigo del cuello de la camiseta y lo acercó a su rostro para enfrentarlo.

El aludido se apartó lo más que pudo de ella, ambos se miraban con odio. -¿Qué rayos haces? ¡Suéltame! -

-¡No! ¡No hasta que te disculpes!-

Y dicho y hecho, Arisawa se colgó del cuello de Ichigo -si lo golpeaba, su madre la castigaría de por vida- mientras el alto muchacho trataba de zafarse de su agarre. Era algo cómico de ver, de hecho, no todos los días veías a Kurosaki Ichigo tratando de quitarse a una chica gindante de su cuello.

Orihime se unió a la batalla, al menos para detenerlos. -¡Basta! ¿Qué pasa con uds dos?- preguntó al lado de ambos, muy nerviosa como para acercarse al chico de sus sueños, incluso si solo se trataba de alejar a su mejor amiga de su intento de asesinato.

Rukia miraba todo desde su asiento en medio de la sala, cuestionando su presencia en ese lugar. Llegó a preguntarse si notarían su ausencia. 'No sé si estar aquí es lo correcto' se levantó de su asiento y se propuso salir del lugar 'Sí, mejor me voy".

No pudo llegar a la puerta. -¡Kuchiki-san! - la llamó Inoue desde el otro lado del salón -¡Ayúdame! -

Su voluntad del deber la obligó a hacer lo que le pedían. Rukia fue al lado de los chicos que peleaban en medio. -Ya basta. Deténgase- ordenó. Su voz sonó más débil de lo que deseaba.

En cambio, Tatsuki se aferró más fuerte al cuello del muchacho, consiguiendo que él la balanceara mientras buscaba escapatoria.

-Esto en serio es molesto- comentaba el chico- así que suéltame mientras te hablo de buena forma. -

-¡No!- replicó ella- ¡Discúlpate! -

-¡Que se detengan! -

Ichigo, desesperado, zafó su brazo bruscamente de Tatsuki. Su mano dio un recorrido de 180 grados, rápido, que llegó a dar al rostro de una chica. Una chica de metro cuarenta y cuatro, con cabello negro azabache y ojos violetas, para ser exactos.

-¿Huh? -

Fueron las últimas palabras de la pequeña, antes de que él retirara su mano. 'Esto... en definitiva. ... no fue mi mejor decisión. ..' Las paredes daban vueltas a su alrededor hasta que finalmente, Rukia perdió el equilibrio y el peso la llevó a irse hacia atrás, de espaldas. Lo último que llegó a ver fue la cara petrificada de Tatsuki, así como el brazo estirado de el tal Kurosaki, tratando de alcanzarla sin éxito, después cerró los ojos y esperó el impacto.

Todo pasó demasiado rápido.

Esperó. Esperó de nuevo. Esperó y esperó. Esperó, más no sintió ningún golpe.

Al abrir los ojos, se topó con un hermoso color naranja. Estaba sobre sus brazos, casi tocando el suelo, más a salvo de él. Ichigo había conseguido atraparla justo antes de recibir el golpe.

Sus orbes violetas indagaron en su rostro, para finalmente hallar su objetivo. Violeta se encontró con miel, y todo otro color que hubiera en esa habitación, desapareció. Sus brazos la rodeaban gentilmente, protectores. Podía escuchar su respiración, sentir su propio abrazo. Él no se quedaba atrás. Estudiaba sus contornos, la suavidad de su cintura, todo lugar donde sus pieles se tocaran. Estudió la forma de su cabello, sus hermosos y bellísimos ojos.

Podía buscar y buscar en sus memorias, más no importaba cuanto buscara, jamás podría encontrar orbes más hermosos que los de esa mujer. Recorrió cada pestaña, cada mejilla, hasta que finalmente, encontró sus labios. Dulces, rojos, tentadores. Rukia pudo escuchar como su corazón latía más rápido de pronto.

Casi se había olvidado de la presencia de las otras chicas, hasta que una de ellas toció incómoda.

-...Oh. - dijo él al enterarse de lo que estaba haciendo

Ichigo se levantó precipitado, dejando caer por completo a la pobre Rukia en el suelo. Por lo menos solo se golpeó el trasero, pero igual lo fulminó con la mirada. -¡Auch! -

La de cabello azabache largo reaccionó de nuevo. -¡Hiciste eso a propósito! - acusó- ¡Discúlpate también por eso!-

'¿Qué diablos le pasa a ese tipo? ' se preguntaba ella mientras sobaba su trasero. Él miraba hacia el otro lado sin responder, y por un momento, a Rukia le pareció ver una de sus orejas extrañamente rojas...

La sala se llenó de un silencio incómodo. Uno de ellos estaba avergonzado, la otra adolorida, y otra molesta. El aire que respiraba Inoue era de pronto muy pesado. Hasta que se asomó en quienes estaban en la habitación.

-Tatsuki-chan. ..- llamó.

La aludida se volteó a ver a su voluptuosa amiga, quien le señaló la sala entera del edificio; desierta.

-¡¿A dónde se han ido todos?!-

El grito llamó la atención de Rukia e Ichigo. Efectivamente, la sala estaba vacía, a excepción de unos dos chicos de primer año. Incluso los hermosos jóvenes que estaban fuera del salón habían desaparecido.

-Todos se han ido, menos estos dos- reportó su amiga.

Y ellos no eran nada prometedores, al menos a ojos de Tatsuki. Uno de ellos era un rubio llamado Wonderweiss y solo abría la boca para decir: "Ahhh" u otros ruidos extraños.

El otro era un poco más interesante, en su propio estilo. Tenía el cabello negro, una expresión indiferente y ojos verdes como el pasto. Unos muy lindos ojos verdes. Era delgado, regular, no era para nada feo, más no era tampoco el más guapo. Agradable a la vista. Al menos eso opinaba Inoue, lástima que su amiga no pensaba de la misma forma.

Tatsuki parecía drenada de todo energía. Ichigo en cambio, satisfecho.

-Así es mejor. Solo ocupamos a los que se esforzarán desde el inicio. -

-No. . no puede ser. ..- murmuraba la chica. 'Todo el esfuerzo que he puesto hasta ahora...'

Inoue examinó a los novatos que quedaban, pensando qué tipo de talento podrían tener en los instrumentos musicales. Fue cuando se dio cuenta de que el chico de cabello negro la miraba.

Ella se sintió algo avergonzada, sin saber la razón. El chico parecía estudiarla. Inoue le sonrió amablemente, más eso solo sirvió para hacerlo mirar hacia otra parte, con un tono más brillante de lo usual.

-¿Hmm? -

Rukia se incorporó y regresó a su asiento en el medio al notar que había perdido su chance de escapar. Ichigo se sentó en un pupitre al frente de los presentes para ser escuchado mejor.

-Bien, ahora que las cosas se han calmado- empezó a decir- ¿podemos hablar de la dirección que va a tomar este club de música desorganizado? -

Tatsuki le prestó su atención de nuevo, fulminante.

En la sala hubo silencio, con excepción de Inoue que exclamaba fascinada, más por el interlocutor que por el mensaje.

Hubo silencio, más total atención.


En vez de pedirles un review, les mostraré información que he aprendido en los años sobre los honoríficos en Japón!

-kun: se usa sobre todo en hombres, más es común también en mujeres. Para referirse a alguien que se respeta, es mayor o al que se refiere con formalidad

-san: común en chicas, también usado en hombres. Las mismas cualidades que el anterior, aunque me parece que el kun indica mayor respeto

-chan: común al referirse a algo adorable, lindo, a personas menores o a chicas. Indica una relación más cercana

-senpai: usada para referirse a alguien que esté en un grado más alto que el tuyo. Por ejemplo, si estas en segundo año, los de primero se refieren a ti como senpai y los de tercero serían tus senpai.

Hay otros pero solo mencionaré estos por hoy!