Capítulo 8.

Silvain abrió los ojos lentamente. Registró que se encontraba recostada en un colchón delgado y un poco pequeño para ella (uno que definitivamente no era el de su cama). La luz que caía en su rostro desde el lado derecho fue la confirmación definitiva de que no se encontraba en su cuarto. Estaba cansada, y le costaba ordenar sus pensamientos.

Tras unos momentos Silvain trató de enderezarse, se arrepintió casi de inmediato, le dolía mucho su abdomen, pero en verdad mucho.

Fue entonces que todo volvió a su mente: Shuichi, Izuki, Hiei, la pela contra los youkais, las revelaciones, el portal, el inesperado altercado y…y ella había interceptado el ataque dirigido a Kurama, con su propio cuerpo. Auch…eso explicaba el dolor que la estaba matando… ¿o casi la mata? Lo viera como lo viera, era una suerte tan sólo el estar viva.

Habiendo solucionado la cuestión de lo que había sucedido, lo que seguía era averiguar en donde se encontraba. Y la respuesta le llegó justo en ese momento, en la forma de una joven de figura pequeña, cabellos aguamarina en una coleta y ojos escarlata, vistiendo un vestido azul con verde, algo corto. Silvain no tenía problema alguno para saber quien era ella.

-¿Yukina? –le preguntó.

-Sí¿Tú eres Silvain, cierto? –preguntó la koorime.

-Sí, esa soy yo, Silvain Carrey. –le respondió Silvain, nuevamente tratando de enderezarse, mala decisión. –Auch…mala idea.

-No te muevas por favor. –me dijo la jovencita. –Traté tu herida cuando llegaste, aunque fue bastante grave y no logré sanarte del todo, pero como eres ningen es difícil saber cuanto de mi poder podría soportar tu cuerpo así que tuve que esperar tres días…

-¿Tres días? –preguntó Silvain sin ocultar su shock. -¿Pasé tres días inconsciente?

-Sí.

-Wow…Aunque considerando que estaba prácticamente segura que moriría, creo que tres días inconsciente no es tan malo. –suspiró. –Por cierto¿Cómo están los demás? Es decir, Hiei, Kurama, Izuki.

-Los tres están bien, aunque muy preocupados por ti. Kurama en especial, cuando llegaron era él quien te traía cargando. La señorita Izuki también estaba muy preocupada pero en cuanto nos vio pareció calmarse, la verdad no entiendo por qué, ella parece conocernos de algún lado, aunque estoy segura que al menos yo no la había visto antes.

-Esa es una historia algo complicada de explicar Yukina. –le dije yo. –Por cierto, no te molesta que te llame Yukina y te tutee¿o sí?

-No, para nada.

-Que bueno. Como decía, es una historia algo complicada, creo que Kurama sería el más indicado para explicarte.

La conversación de ambas se vio interrumpida por unos gritos, dos personas parecían estar discutiendo en el patio de Genkai, en una combinación de idiomas que parecía pretender volver loco a medio mundo.

-¿Esos son quienes creo que son? –preguntó Silvain cuando le pareció reconocer las voces, y ciertas frases características.

-Sí. –asintió Yukina algo apenada. –Hiei e Izuki, han estado discutiendo prácticamente desde que llegaron. Creo que por alguna razón él no quería que vinieran, y ella se la pasa diciéndole que no le pidió permiso, o algo así.

'Esa definitivamente es Izuki-nee-chan.' Asintió Silvain para sí con un dejo de humor. 'Ella es ciertamente la única persona que conozco en todo el mundo, de hecho la única en cualquiera de los mundos, que se atreve a llevarle la contraria a un youkai con el poder de Hiei sin siquiera inmutarse.' Volteó a ver a Yukina de reojo y río. 'Aunque bueno, también conoce mejor sus debilidades que cualquier otra persona, con excepción quizás de Kurama.'

Silvain volvió a la realidad cuando sintió como si un poder entrara en ella, fue como si de pronto todo su cuerpo se sintiera fresco, renovado, una sensación bastante agradable; cuando bajó la vista pudo ver que la koorime le había descubierto el abdomen y estaba tratando su herida, la cual era obvio era delicada.

'Eso se ve bastante mal ahora.' Pensó Silvain. 'No quiero ni imaginarme cómo estaba hace tres días, no debió ser algo bonito.'

Cuando Yukina terminó con su curación le dijo a Silvain que si seguía así estaría recuperada para el final de la semana.

-Muchas gracias Yukina. –le dijo Silvain con una sonrisa. –Si fuera posible le podrías decir a mi hermana que deje de discutir con Hiei por un momento y venga que me gustaría hablar con ella un poco.

-Desde luego Silvain. –asintió Yukina. –Sólo ten cuidado y no hagas movimientos bruscos, no quiero que te vayas a lastimar.

-No te preocupes por mí. –replicó Silvain con una sonrisa. –Estaré bien.

Yukina salió de la habitación y poco después la que entró fue Izuki; llevaba puesta una falda negra de cuero con una blusa azul marino que Silvain dedujo que, o acababa de comprar o alguien se la había prestado; ahora, lo raro en Izuki no era la elección de su atuendo, sino que sus botas negras tenían algo de lodo y el cabello estaba desaliñado.

-Te diría que te pasó un tornado por encima. –le dijo Silvain casi en broma. –Pero creo que más bien fue Hiei.

-Je! –se rió Izuki. –Tienes razón, excepto que fui yo quien le pasó encima a él. Pobre, ni siquiera supo lo que pasó.

-Me dijo Yukina que se la han pasado discutiendo ustedes dos. –le comentó Silvain.

-¿Estuvo aquí Yukina? –preguntó Izuki. -¿Viste que en verdad se nota la relación…?

-Sí me di cuenta, y tú harías bien en recordar que ese es un asunto en el que no debemos meternos. Yukina vino a terminar de curarme.

-Cierto, me había dicho que haría eso. Me sorprendió que una sesión curativa de ella no fuera suficiente, aunque es cierto que tu herida fue horrible…Mal…

-Ni siquiera lo digas Izuki. No es momento de maldecir ni de que te eches la culpa por lo que sucedió. Te he dicho mil y un veces que cuando algo me pase a mí, es porque yo así lo decidí, y no hay nada que tú hubieras podido hacer para que fuera diferente.

-A que sí. Pude haberte cuidado mejor.

-Hasta donde yo tengo entendido es la hermana mayor la que cuida a la menor.

-Hasta donde yo tengo entendido es la más poderosa la que cuida a quien menos poder tenga. Y no es que te subestime onee-san, pero tú sabes que las peleas se me dan mejor a mí, tú eres la experta para usar el cerebro. –hizo una pausa. -¿Tienes alguna idea entonces qué pudo haber provocado que no te curaras del todo desde la primera ayuda de Yukina?

-Quizá era más grave de lo que todos creemos, o por el problema genético que tengo me es más difícil aceptar curaciones 'mágicas', o es el hecho de ser de otro mundo¿yo que voy a saber? Ahora sí te voy a pedir que me respondas lo que te plantee desde el principio¿Qué tanto discuten tú y Hiei?

-Ah pues es que él no ha dejado de repetir una y otra vez que nosotras no deberíamos de estar aquí, que sólo vamos a provocar problemas. Ay, ese tonto¿Qué acaso no se da cuenta que gracias a ti es que él y Kurama no acabaron ensartados?

-Tú y yo sabemos que ellos hubieran podido defenderse perfectamente bien sin nosotras. Es obvio que hubieran tenido algunos problemas, pero aún así no dudo que entre los dos se las hubieran arreglado para llegar hasta aquí sanos y salvos.

-De ser así nosotras les ahorramos los inconvenientes. –suspiró. –No les estoy pidiendo que nos alaben, ni nada parecido, es muy difícil pedir un simple 'gracias'.

-Creo que tú sabes la respuesta mejor que nadie. Has admirado a Hiei por tanto tiempo, no dudaría que lo conocieras mejor que él mismo.

-Pues sí, sé que siempre se carga una actitud que deja mucho que desear; pero eso no le da el derecho a decir que nosotras no tenemos nada que hacer aquí.

-¿Y si tiene razón? Después de todo, ambas sabemos que no pertenecemos a éste mundo.

-¿Y si no la tiene?

-¿De qué hablas Izuki-nee-chan?

-¿Y si nuestra llegada a éste lugar no fue casualidad?

.---.

Llegó nuevamente el sábado. Una semana exactamente desde la accidentada llegada de Izuki y Silvain al mundo de lo que alguna vez fuera su caricatura favorita.

Nadie les había hecho preguntas aún, pero ambas sabían que eso era porque estaban esperando a que Silvain se recuperara por completo para interrogarlas a ambas.

Ese día Yukina finalmente le había dicho a Silvain que ya estaba bien y podía moverse todo lo que quisiera, sólo tuviera cuidado porque iba a cansarse fácilmente, había pasado tanto tiempo en cama que era algo normal.

Todos se reunieron en la sala con algo de té preparado por Yukina.

-Bien, comencemos. –dijo Genkai. –Yo soy la maestra Genkai, aunque según me dijo Kurama, eso ustedes ya lo saben.

-Así es maestra. –Silvain fue quien habló. –Nosotras conocemos a la perfección el nombre y poder que poseen cada uno de ustedes, al menos hasta las fechas del regreso de Yuske al Ningenkai, años después de la Reunificación del Makai. Lo cual sería hace unos tres años si mis cálculos son correctos.

-Siempre lo son onee-san. –afirmó Izuki.

-El hecho es que no dudo que hayan pasado muchas cosas en esos tres años. –siguió diciendo Silvain. –De hecho, es lo más lógico.

-Si tan sólo considerando lo que nos ha pasado a nosotras en el último mes. –comentó Izuki. –Quién diría que hace un mes nuestra única preocupación era qué hacer para entretenernos.

-Bueno. –los interrumpió Genkai. –Nos han dicho lo que saben, pero no cómo es que lo saben; ni exactamente quienes son.

-Ahí es donde viene la parte complicada. –dijo Silvain. –Todo lo que ustedes vivieron desde el punto en que Yuske fue hecho Reikai Tantei y hasta lo que ya les dije es una famosa caricatura en nuestro mundo, bajo el nombre de Yu Yu Hakusho. Acerca de mí les diré que mi nombre es Silvain Carrey, tengo 22 años, trabajo como traductora y maestra de natación; probablemente ya les habrán comentado que no tengo mucho talento para la pelea, a excepción de la arquería que realmente me gusta. –hizo una pausa. –Por cierto¿Dónde está mi arco?

-Yo lo guardé onee-san, está en el cuarto que me dejó Genkai. –le dijo Izuki. –Aunque vas a necesitar flechas nuevas si planeas usarlo, porque agotaste todas las que tenías justo antes de que llegáramos aquí.

Silvain sólo asintió.

-Bueno, me parece que es mi turno. –notó Izuki. –Yo soy Izuki Calher, 20 años. Estudio arte, específicamente pintura. He estudiado diversas artes marciales desde que era muy chica y obtuve el grado maestro en dos o tres de ellas, no recuerdo bien cuales; también sé manejar armas, aunque mis favoritas son las sais.

-¿Por qué si se llaman hermana una a la otra tienen diferentes apellidos? –preguntó Kuwabara.

Silvain e Izuki se miraron por un momento¿Era posible que Kuwa-baka acabara de hacer una pregunta inteligente?

-Sucede que no somos hermanas realmente. –contestó Silvain finalmente. –Como ya le conté a Kurama en una ocasión, yo perdí a mis padres hace unos diez años y fue la familia de Izuki la que me acogió; nos conocíamos desde chicas y no fue difícil para nosotras vivir juntas, fue como si hubiéramos nacido como hermanas.

-¿Ustedes son humanas? –preguntó Keiko.

-Pues… -Izuki volteó a ver a Silvain como esperando alguna reacción.

-Hasta donde nosotras sabemos… -siguió Silvain también mirando a su hermana.

-Sí. –concluyeron ambas.

-De ninguna manera puede esa onna ser una ningen. –dijo Hiei.

-¿Qué te hace decir eso Hiei? –preguntó Kurama, él también tenía la misma idea en mente pero quería saber si era por la misma razón.

-Ningún ningen, onna o no, es capaz de romperle el cráneo a un youkai con sólo golpearlo con sus manos. –dijo Hiei convencido. –Ni tampoco de correr a una velocidad que casi se compara con la mía.

Esto llamó la atención de todos, incluso de Silvain, que miró a su hermana con una expresión que mostraba verdadero asombro.

-Eso no significa que yo tenga que ser una youkai. –dijo Izuki sin perder la calma, o al menos eso aparentaba.

-¿Entonces cómo vas a explicar lo que hiciste? –preguntó Hiei.

-Simple. –respondió Izuki con sencillez. –Sangre de valkiria.

-¿Sangre de qué? –preguntó Yuske confundido.

-¿No sabes qué son las valkirias? –preguntó Silvain.

-Si no me equivoco las valkirias son figuras de la mitología escandinava¿cierto? –inquirió Keiko con cierta duda.

Silvain asintió y con un ademán la animó a continuar.

-Según lo que recuerdo eran divinidades, cuyo deber era elegir en una batalla quienes serían los guerreros que morirían. –siguió diciendo Keiko. –Y una vez que ellos llegaban al 'otro mundo' ellas los atendían, les servían vino y toda clase de manjares en recompensa por lo que habían logrado en vida.

-Así es. –asintió Izuki. –Esa es la versión general de las valkirias, sin embargo hay una parte de la historia de ellas que muy pocos conocen.

-¿De qué se trata? –preguntó Kurama.

-Es una vieja historia que su abuela solía contarnos cuando éramos más chicas. –dijo Silvain. –En ella se contaba que hubo una batalla en la que las valkirias no quisieron que los guerreros murieran, ellas estaban cansadas de siempre traer únicamente muerte a los guerreros, y darles recompensas hasta que ya morían, así que dejaron una gran batalla sin muertos. Al resto de los dioses no les agradó mucho eso y en consecuencia las condenaron a vivir como mortales, y envueltas en el mismo mundo del que ellas habían querido salvar a otros, el de la guerra. Hay quienes dicen que al vivir en ese mundo no sobrevivieron por mucho tiempo, pero hay otros que aseguran que una de ellas se salvó, logró escapar de esas tierras en guerra y hasta otro país donde se acostumbró a su vida como mortal, se casó con un buen hombre, un campesino, e incluso tuvo descendencia.

-Cada vez que yo escuchaba esa historia acostumbraba ponerme a soñar despierta. –siguió diciendo Izuki con melancolía. –Me gustaba imaginarme cómo serían las cosas si yo fuera descendiente de esa valkiria.

-¿Realmente crees que es posible que tú seas descendiente de una divinidad que fue condenada a vivir una vida de mortal? –preguntó Keiko.

-Pues a mí me parece más lógico eso que creer que uno de mis padres, o ambos son youkais y nunca me lo hayan dicho. –replicó Izuki. –Especialmente considerando el hecho de que en nuestro mundo no hay youkais; con excepción de Kurama y Hiei que como todos sabemos no pertenecen ahí.

-¿Tú sabes si algo de lo que ellas dicen es cierto Botan? –preguntó Yuske.

La chica que muchos consideraban como la 'Deidad de la Muerte' tenía la misión de pasar un informe a Koenma de lo que descubrieran acerca de esas chicas.

-No lo sé Yuske. –respondió Botan sinceramente. –El mundo del que vienen ellas está más allá del control de Koenma y el Reikai. Es difícil saber si allá existen valkirias, o youkais o cualquier otro tipo de seres.

-¿Y no hay manera de que lo averigüen? –preguntó Kuwabara.

-No. –respondió Botan. –Porque si alguno de nosotros fuera a ese mundo sus poderes se reducirían poco a poco, existiría el peligro de perderlos eventualmente. Y aunque en teoría Koenma tiene una autoridad equivalente a las deidades de otros mundos, no podemos estar seguros de que esos otros dioses respetarían esa autoridad.

-Yo todavía no estoy muy seguro de que alguien pueda tener ese tipo de habilidades sólo por ser descendiente de una valkiria, diosa o no. –dijo Hiei sin convencerse.

-Hiei… -murmuró Kurama.

-Creo que es normal que él piense así. –dijo Silvain tranquilamente. –Seguramente eso mismo pensaríamos nosotros de ustedes si no supiéramos todo ya desde antes…

Todos voltearon al ver que Silvain se había interrumpido a media frase.

-Sil… -comenzó Kurama.

-Si alguno de ustedes usa armas para pelear y no las tienen aquí ahora les sugiero que vayan por ellas de inmediato. –dijo Silvain con una seriedad que espantaba.

-¿Por qué? –preguntó Kuwabara.

-Enemigos se acercan. –respondió Silvain con convicción. –No sé el número exacto, sólo que son muchos, y vienen rápido hacia acá.

-¿Cómo estás tan segura de eso? –preguntó Botan.

-Estoy teniendo uno de mis presentimientos. –dijo Silvain en el mismo tono. –Izuki-nee-chan, tú sabes lo que eso significa.

Con eso Silvain salió de la sala, Izuki suponía que para ir a buscar su arco, y si era posible algunas flechas.

Genkai sólo observó a la chica de ojos azul-verde marcharse, la maestra del Reiko-Hadoken era conocida no sólo por su poder espiritual y físico, sino también con su gran inteligencia; y era esa misma inteligencia la que en ese momento la llevaba a ella a sospechar que había más de esas chicas de lo que habían dicho.

'Hay secretos que siguen en las sombras, verdades que aún no han sido reveladas.' Se dijo Genkai pensativa. 'Y sin embargo, no creo que ellas sean una amenaza, sino más bien todo lo contrario, una esperanza…

-¿Qué significa? –ésta vez fue Yuske quien preguntó, volteando a ver a Izuki.

-Significa que cierres la boca de una buena vez y te prepares para pelear. –le espetó Izuki levantándose y sacando sus sais de la bolsa que tenía a un lado. –Mi hermana podrá no tener mucha fuerza física o habilidad en batalla, pero nunca ha errado en sus 'presentimientos' como ella suele llamarlos.

-¿Silvain es una vidente, o psíquica o algo así? –preguntó Keiko.

-No lo sabemos. –respondió Izuki. –Lo cierto es que no tiene visiones, ni puede mover cosas con la mente; aunque yo siempre he creído que ella debe ser empática o algo parecido, nunca se equivoca al evaluar a una persona, con sólo verla a los ojos sabe si es buena o mala.

-Sí, ella me dijo algo así cuando teníamos poco de conocernos. –admitió Kurama.

-Ahora la pregunta es¿Nos vamos a quedar aquí charlando o vamos a salir a enfrentar a quienesquiera que se les ocurrió venir a darnos lata? –preguntó Izuki.

No hubo respuesta, realmente no hacía falta.

.---.

Y mientras Izuki y el Reikai Tantei salían a hacer frente, cada uno con sus propias habilidades, a los youkai que se dirigían a atacar el templo; Silvain se había quedado estática en la entrada del cuarto que le había sido asignado, su rostro estaba dirigido hacia la ventana, pero sus ojos estaban en blanco, y su conciencia…muy, muy lejos.

Visión

Una batalla campal está teniendo lugar a las puertas del templo de Genkai, pero no es la que está sucediendo en ese momento afuera con una chica y cuatro detectives espirituales contra varias docenas de youkai; ésta es mucho mayor, hay más personas involucradas, grandes poderes usados en ambos bandos, pero ni siquiera todos unidos parecen tener suficiente poder como para conseguir la victoria.

Sólo hay una manera de conseguir la victoria…

"Cuando las lágrimas y los lamentos de desesperación sean ya más fuertes que el valor y la voluntad, cuando la existencia misma pende de un hilo, la esperanza puede encontrarse en las páginas olvidadas de viejas leyendas."

Un libro abierto, viejo, podía verse flotando en el aire, en él sólo se distinguían frases sueltas, en otro idioma:

"Blanc...Noir...

Divinités mortelles...

Deux Sacrifices Disposés,

Leur Sang Sacré...Le Dernier Espoir Vivant."

La batalla seguía, hasta que todos los valientes guerreros estaban rodeados por los enemigos, el momento en que, según las leyendas, las valkirias debían elegir a los héroes que habían de morir, pero las valkirias no querían que nadie muriera, no querían…

Dos pares de manos llenas de sangre, de su propia sangre, dos vidas que se pierden cual arena escurriendo entre los dedos…y sin embargo, esa fue su decisión, su destino.

Fin de la Visión

Silvain cayó de rodillas al suelo, llorando.

Olvidada había quedado la razón de que ella se hubiera apresurado hasta esa habitación; en ese momento lo único en su mente era lo que ella acababa de ver, algo que aún no había llegado a suceder, pero ella sabía que sí pasaría, sabía el dónde, el cuándo, el cómo, incluso el por qué, sólo una cosa era un misterio para ella¿Valdría la pena?

Una única frase salió de sus labios, repetida una y otra vez, como una especie de mantra, como si de su tabla de salvación se tratara:

-En Siete Días, la Decisión, el Destino…Siete Días, la Decisión, el Destino…


Y todavía más misterios por resolver. Apenas empiezo a explicar la verdad sobre Silvain e Izuki, y ya estoy complicando más las cosas. Lo que si les digo es que éste fic ya está por llegar a su clímax. Espérenlo muy pronto (tan pronto como tenga suficientes fics como para actualizar).

Decidido. No vuelvo a actualizar sino hasta que crea que he recibido suficientes fics, que ahorita no estoy recibiendo más de cinco (de hecho ni a eso llego).

Así que, dejen reviews si quieren saber qué sigue.