Noviembre I

o

El del cumpleaños de Sirius Black


I

El mes de Noviembre era conocido en esa época en Hogwarts por la gran fiesta que se celebraba en la Sala Común de Gryffindor. Tenía como propósito la celebración del cumpleaños del Merodeador número uno: Sirius Black.

A pesar de que el chico lo había estado pasando mal después de todo lo que le había ocurrido, no sólo durante el baile de Halloween, sino desde que puso los pies en la estación de Hogsmade el uno de septiembre; ahora se encontraba con fuerzas, y con hambre de comerse el mundo.

Claro que no había sido fácil, pero tampoco había estado solo. Sus mejores amigos, a los que en un principio había casi echado de su vida sin quererlo, habían estado con él. Hubo unos primeros días de borrachera, cuya función era desinfectarse de cualquier mal pensamiento que retuviera en su cuerpo. También hubo días de confesiones, en las que se dijeron todo lo que en un principio se tendrían que haber dicho.

Pero lo que no hubo, pensó James, fueron días de disculpas. Tampoco es que sus actos merecieran perdones, pero un "Lo siento" no mataba a nadie. James había pasado por alto en un principio muchas cosas, que les hubieran ahorrado más de algún dolor de cabeza y por eso ahora se echaba en cara no haberse dado cuenta antes.

En ese aspecto todo seguía igual a cómo había quedado en Halloween. Ciara y Sirius habían terminado –lo que fuera que tuvieran–, y pese a que Sirius no lo admitiera jamás, eso le había dolido, suficiente para convertirse en uno de sus pesares, junto al hecho de que su hermano Regulus ahora era mortífago.

Sirius había conseguido anteponerse a todo eso, y ahora estaba apunto de dar comienzo, junto a sus mejores amigos, a la fiesta más loca y macabra jamás realizada por ellos.

II

Cherlène seguía en la cama, como solía ocurrirle desde Halloween. Había perdido las ganas de hacer nada, y mucho menos de salir de la cama.

Las chicas con las que compartía su habitación la miraron desoladas. Lo sabían todo sobre ella y lo que le había pasado. O eso creían, hasta que se enteraron por otras bocas, de que ella y Sirius habían sido algo más que amigos.

Lily y Nicole se le acercaron y se sentaron cada una en un lado de su cama.

–Charlie, no puedes seguir así –dijo la primera.

–Tendrías que comer algo, y sabes que ya has perdido muchas clases –añadió la segunda.

Charlène O'Connor seguía sin contestar. No estaba enfadada con nadie, menos consigo misma. Más que nada se sentía avergonzada por todo lo que había hecho, y lo que había pretendido ser.

–¿Por qué no nos lo contaste, Charlie? –se atrevió a preguntar Lily, refiriéndose a Sirius.

–Porque no quería que me juzgarais. No sabéis como es estar con él, cómo te hace sentir. Por una parte me creía especial, pero luego sabía que me mentía, que todo lo que él me decía era mentira, pero yo pensé que era mejor que él. Y no lo fui, fue culpa mía.

–No Charlie. Lo que hace no está bien, ¿sabes? No es culpa tuya, él te mintió, tú no tenías por qué saberlo –le contestó de nuevo la pelirroja.

–¿Y qué hay de Ciara? ¿Fui a caso mejor que Sirius?

–Las personas tenemos derecho a equivocarnos –dijo Nicole a la vez que la cogía de la mano, y añadió: Ahora tienes que decidir si vas a admitir que te equivocaste, o vas a continuar sin hacer nada para el resto de tu vida.

III

Lydia Jones tenía muchos amigos, o eso creía ella. Porque de la misma forma que trataba ella a sus amistades, ellos la traban también. Y no hacía falta decir que era rencorosa y cruel con quién ella creía que lo merecía.

Siempre había dicho que era la mejor amiga de Ciara O'Connor, pero claro, ésta última ya no era la gran cosa que antes había sido. Ahora era una marginada, a la que nadie quería acercarse; puede que en parte por su culpa, pero ella se lo merecía, aunque no tuviera muy claro por qué. Y qué decir, que humillarla de vez en cuando, no hacía mal a nadie –Ciara se lo merecía, y ella era aplaudida por sus compañeros.

Por eso, cuando la vio sentada en ese banco, junto a un bastante deprimente Hufflepuff no pudo evitar acercarse a ella y decirle con malicia:

–Zorra –y diciendo eso se fue pasillo abajo, dejando a la rubia con una mirada impasible.

–No puedes dejar que ella te diga esas cosas –le dijo entonces, el chico a su lado.

–Cállate Catermole, me importa una mierda lo que ésa diga, o deje de decir.

Le mandó una mirada de advertencia al chico, recordándole que pese a que supiera en el meollo en el que ella estaba metida, no podía decir una palabra a nadie. Sin embargo, sabía que debía estarle en parte agradecida, porque gracias a él, ya no perdía las clases, y podía comer con él de vez en cuando.

Sabía que también debía agradecerle a Nicole Williams que en parte también, la ayudara con los trabajos que había estado dejando atrasados, por su repentino decaimiento como consecuencia de su estrepitosa ruptura de las relaciones con Sirius y también con su hermana.

Quizás de Sirius se lo hubiera esperado, y por eso tal vez, no estuviera enfadada con él, pero ¿qué había de su hermana? No había tenido suficiente con acostarse con él durante el año anterior, que también pretendía que él la dejara. Definitivamente, jamás perdonaría a su hermana.

Pero puede que sí que estuviera dispuesta a perdonar al chico que no sólo le había roto el corazón a ella, sino también a su hermana. Puede que estuviera loca, pero no hacía falta decir que el gryffindor le gustaba demasiado, y que no podía evitarlo.

Por eso, después de haberse decidido tras largas horas de un pequeño debate interno, se encontraba en la entrada de la Sala Común de Gryffindor siguiendo a otros alumnos, que también iban a la gran y elogiada fiesta. Al pasar por el retrato, encontró demasiada gente para un lugar tan estrechó, y buscó en cada uno de los rostros, al que más quería encontrar.

Estaba con esos Merodeadores de los que tanto hablaba, con una cerveza en la mano, fumando como un condenado y riendo a carcajada limpia. Se fue acercando a ellos evitando que su fino vestido se viera manchado por el líquido de alguna de esas copas que se agitaban en el aire, al son de la música.

Cuando él la vio justo en frente de ellos, cuando escuchó su tímido "Hola", él se quedó con la boca seca y por segundos desapareció la sonrisa que hasta el momento había tenido en el rostro. Se excusó, levantándose del sofá donde había estado sentado, y agarrándola de la mano la llevó a un rincón donde parecía que podrían hablar tranquilamente.

–¿Qué haces aquí? –le dijo en un tono calmado con sorpresa, sin ser amenazador.

–Quería felicitarte –dijo ella pegándose algo a él, hablando muy despacio y mirándole a los ojos–, así que, feliz cumpleaños, Sirius.

El chico le sostuvo la mirada y aproximó su rostro al de ella, como segundos antes habría hecho Ciara. Jamás hubiera esperado esto de ella, y menos sabiendo lo que había pasado entre él y su hermana. Él había dado por zanjada su relación, sin apenas luchar por ella. Y ahora era Ciara la que volvía a los brazos de él.

–No podemos hacer esto –dijo él, entonces retirando el rostro, pensando en todo el daño que podían hacerse el uno al otro, el que él le haría a ella, y el que le había hecho a su hermana.

–Me da igual todo Sirius, de verdad, no sabes cuánto –dijo ella antes de posar sus labios sobre los de él. Besándose y diciéndose así lo mucho que se habían echado de menos el uno al otro. Ajenos a todo, sólo a ese beso que ambos estaban compartiendo, cada vez más suyo, cada vez más íntimo.

IV

Lily había decidido sentarse en cuanto había visto un sillón suficientemente apartado y libre. No haría falta decir que la cabeza le daba vueltas, y se maldecía por haberse dejado convencer por Mary y Sarah para bajar a la dichosa fiesta; se maldecía por haber bebido esa copa de whisky de fuego que ahora le estaba demás.

–¿Suficiente fiesta por hoy, Evans? –le dijo la voz de James Potter que se encontraba a su lado, con esa pose del galán de las películas de blanco y negro. A pesar de que ella no contestó, James se sentó junto a ella en el estrecho sillón, haciendo así, que ambos estuvieran muy pegados.

–Es agradable –dijo entonces Lily, después de haber estado los dos en silencio por minutos.

–¿El qué?

–Tú y yo, cuando estamos así, y no nos peleamos.

–Sí, también lo creo. Por eso estaba pensando que tal vez pudiéramos –empezó él.

–No saldré contigo Potter – se apartó algo de él.

–Calma pelirroja, estás hiriendo mi orgullo.

–Yo no –empezó ella.

–No te preocupes, sé que he sido algo insistente, y–

–Demasiado diría yo.

–Está bien, demasiado insistente –rectificó y tras una pequeña pausa añadió: Creo que quizás tú y yo sólo debamos ser amigos, ¿qué te parece?

–Vaya, pues... –se sorprendió la pelirroja sonriendo– claro James, eso estaría bien –dijo ella cerrando los ojos y recostando su cabeza en el hombro del chico, quedándose así dormida.

A la mañana siguiente se despertó en su habitación y recordando la conversación, se le revolvió algo el estómago. Se sintió sofocada y salió de la cama aprisa. Fue paseando por los pasillos desiertos a esas horas de la mañana del castillo, y mientras, le iba entrando un fuerte dolor de cabeza. Sus pies la llevaron a la lechucería y por cosas del destino, una carta era lo que llevaba Europa, su lechuza.

No le hizo falta leer el remitente para saber que era de Elliott, y por ello decidió abrirla en la Sala Común, pese a que se moría por leerla en aquel momento, pero sino se helaría en la fría estancia.

Casi corrió, ahora sí, muerta de frío, y colocándose frente la chimenea, deslizó el papel por sus manos y empezó a leer:

«Querida Lily:

Me alegra que todo esté bien por Hogwarts, pero no puedo evitar pensar en que todo lo que pasa aquí fuera, también puede pasar allí dentro. Ves con ojo, por favor.

Te dije que no te preocuparas por lo de la Orden, lo creas o no, tomamos muchas medidas de seguridad y todos –me incluyo– somos magos muy cualificados, ya lo sabes.

Además, no voy a dejarme maldecir, no ahora que queda tan poco para verte.

Así que, ¿te puedo hacer una pregunta? Claro que sí, espero. Cuando te vuelva a ver en Hogsmade probablemente te abrace muy fuerte, y creo que te besaré, Lily, así que no te enfades por favor. (Puede que no fuera exactamente una pregunta).

Te echo mucho de menos Lils,

E. Williams»

Lily se sonrojó completamente y dobló la carta en sus manos. La pregunta que debía hacerse era: ¿dejaría que Elliott la besara de nuevo?


N/A: Whats up folks? Hoy otro capítulo más, ¿qué os parece? Sinceramente, no estoy del todo contenta con el resultado, pero creo que no me hubiera salido mejor. A partir de aquí, poco a poco las cosas se irán centrando más en Lily y James, y los demás al segundo plano, que ya era hora, jajajaja. Intento escribir todos los días, ya han empezado las vacaciones para mí (yay!), así que sigo teniendo muchísimos capítulos escritos, no problem. ¿Merece review? (Sí, no seáis malos) Que paséis una feliz noche de San Juan y

Viva la vida,
–Clara