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Cosas de Hombres

(Capítulo 9)

Eran pasadas las nueve cuando los tres autos los dejaron en la puerta de La Madriguera. Bill, Fleur y Charlie bajaron del primer auto, del segundo bajaron el señor y la señora Weasley con George y por último, Harry, Ron, Hermione y Ginny bajaron del tercero.

Entraron en fila india a la casa y, una vez adentro, todos pusieron manos a la obra. La madre de Ron sacó cacerolas, de la alacena, luego un gran trozo de carne del refrigerador y papas y batatas de la despensa y, con la ayuda de Ginny y Hermione, que se ocuparon de pelar las papas y batatas, comenzó a preparar la cena a toda velocidad. Mientras desgrasaba el trozo de carne, les ordenó a Harry y a Ron que subieran a preparar la cama en la que Harry dormiría.

Los chicos subieron al dormitorio pero, en cuanto entraron, no comenzaron a tender la cama, sino que se tumbaron sobre ellas, Ron sobre su propia cama y Harry sobre el colchón desnudo de la aquella en la que dormiría y en la que ya había dormido un sinnúmero de veces antes. Permanecieron unos cortos segundos observando el techo y luego, Ron tomó al palabra.

- ¿Crees que debería pedirle a Hermione que sea mi novia? –.

Harry lo miró.

- ¿Aún no se lo has pedido? – Ron movió la cabeza hacia ambos lados en señal de negación – Creí que de verdad te gustaba –

- Sí, así es –

- Y entonces ¿Por qué no se lo has pedido? –

- Bueno,… no lo sé. No estoy seguro de si deba hacerlo –

- Ron, si quieres que sea tu novia, entonces no debes dudar, sólo ve y pídeselo –

- Y ¿qué tal si ella me rechaza? ¿Qué tal si ella no quiere? –

- Vamos Ron, ¿de verdad crees que Hermione puede llegar a decirte que no? –

- Pues, no lo sé… ¿Cómo saberlo? –

- Ron, sabes que le gustas ¿Acaso no estás seguro de que te guste a ti? –

- ¡Por supuesto que no, sí me gusta! Es sólo que… no lo sé. Tú sabes Harry, ¿qué tal si lo nuestro no funciona? De verdad me gusta pasar tiempo con ella, me agrada su amistad y no quiero perderla si la relación llegara a fallar – El chico no se imaginaba que aquella misma inquietud era la que rondaba por la mente de la chica.

- Ron, debes arriesgarte si de verdad la quieres, sino, nunca podrás saber si hubiera funcionado o no –

- ¿Te das cuenta? Lo tuyo con Ginny es más sencillo –

- Eso no es cierto Ron –

- Sí que lo es. Ella no era tu amiga antes, entonces no te dolerá perderla –

- ¡Ron, no seas estúpido, como puedes decir que no me dolerá perderla! Además, en realidad lo mío con Ginny es más complicado que lo tuyo con Hermione, porque si llegara a fallar la relación, no la perdería a ella, sino tambien a ti, ¿no me dijiste que me matarías si la hacía sufrir? –

Ambos sonrieron, Ron le había hecho aquel comentario a modo de broma, pero Harry sabía que en parte era verdad.

- Tú sí que estás enamorado –

Harry volvió a mirar el techo. Sí, lo estaba, la amaba con todo su ser y no sabía cómo ni porque, pero estaba seguro de que nunca, absolutamente nunca, la dejaría. Su amor sería eterno.

- Y entonces ¿qué harás? – le preguntó Harry a su amigo.

- Aún no lo sé –

- Pues, decide rápido, Hermione no te esperará la vida entera –

- Lo sé… Sí, ¿sabes algo? Se lo pediré esta misma noche, sí voy a pedírselo. Tienes razón, si no me arriesgo, entonces nunca sabré si hubiera valido la pena y, al fin y al cabo, de eso se trata el amor ¿no? De tomar riesgos… -

Harry lo miró, extrañado por aquellas últimas palabras "de eso se trata el amor, de tomar riesgos" ¿de dónde había sacado Ron aquello? Estuvo a punto de hablarle pero se interrumpió.

Golpearon la puerta del dormitorio y luego ésta se abrió y Ginny se asomó por ella. Los observó a ambos curiosa.

- ¿De qué hablaban ustedes dos? – preguntó.

Ron recordó cuando aquella misma situación, pero a la inversa, se había dado en la Sala Común de Gryffindor y decidió darle la misma respuesta que ella le había dado a él entonces.

- Cosas de hombres –

Ginny puso los ojos en blanco.

- Ah, entonces nada importante – dijo con una sonrisita – como sea, ya vamos a cenar –

Los chicos se pusieron de pie. Harry recordó que aún no había tendido su cama, apuntó con la varita al ropero de Ron.

- ¡ Accio sábanas!

Un juego completo de sábanas salio despedido del placard hacia él que lo agarró, lo colocó sobre la cama y volvió a apuntarles con la varita.

- ¡Accomodiatte!

Las sábanas se elevaron en el aire y prolijamente, se fueron acomodando, una a una cubriendo el desnudo colchón, la almohada se enfundó sola y en unos segundos, la cama ya estaba tendida.

- Bien, vamos – dijo, volviendo a guardar su varita.

Los chicos caminaron hacia Ginny, Harry la tomó de la mano y entonces los tres, comenzaron a bajar las escaleras de regreso a la cocina.

Hermione y Fleur, colocaban los cubiertos junto a cada plato en la mesa. Arthur, Charlie, Bill y George ya habían ocupado sus lugares en torno a la mesa. Los chicos se sentaron también y, una vez que Hermione y Fleur hubieron terminado de colocar los últimos cubiertos, también los imitaron. Entonces, la señora Weasley se acercó cargando una enorme cacerola repleta de estofado y comenzó a repartir generosas cantidades en cada plato. Molly Weasley se sentó tras depositar, por arte de magia, la olla nuevamente sobre la cocina y la cena tuvo inicio.

Harry, Ron y George, tenían el estómago lleno por las ranas, tortas y grageas que habían comido en el tren pero, aún así, engulleron estofado hasta reventar, que no fue sino hasta luego del tercer plato. Ron observó a Hermione durante toda la cena, estaba decidido, cuando ésta hubiera concluido, hablaría con ella y le pediría que fuera su novia.

Pocas palabras se dijeron durante la comida y se debió, en parte a que el estofado estaba realmente delicioso y en parte, a que a todos les resultaba doloroso que Fred no estuviera acompañándolos en la mesa. Ninguno mostraba manifestaciones de que les doliera que no estuviera allí, pero cada uno sabía que así era.

Los platos no tardaron en vaciarse y, cuando esto hubo ocurrido, la señora Weasley, ayudada por Ginny y Hermione, recogió los platos para reemplazarlos por unos más pequeños y luego, colocó una tarta de manzana sobre la mesa. Repartió porciones en cada plato y todos se dedicaron a saborearlas.

Finalmente, todos ayudaron a juntar la mesa y la señora Weasley mandó a los chicos a la cama, argumentando que ya era tarde y al día siguiente deberían levantarse temprano. Los chicos no presentaron objeciones y se dirigieron hacia la escalera, aunque sin entender por qué deberían levantarse temprano. Entonces, antes de que comenzaran a subir por la escalera el señor Weasley les dijo:

- Mañana nos levantaremos temprano. Por la mañana celebraremos el funeral de Fred –

Todos estaban en silencio y así permanecieron. Esta vez, la señora Weasley, que sollozaba cada vez que a alguien se le escapaba el nombre de su hijo, no emitió sonido alguno y los chicos se limitaron a mover la cabeza en señal de asentimiento. Aún nadie había mencionado a Fred y resultó difícil oír al señor Weasley pronunciar aquel nombre. El chico ya no estaba y, por más que lo desearan, ya no regresaría, se había ido para siempre.

Los chicos no sabían que hacer. Dieron media vuelta y comenzaron a subir en silencio por la escalinata, sólo se podía oír el crujir de la madera de los escalones.

El negro manto de la tristeza y de la angustia había vuelto a caer sobre La Madriguera, y sería aún más oscuro el día siguiente.

Al llegar a la puerta del dormitorio de Ginny, ella y Hermione se despidieron de los chicos. Ginny besó a Harry en los labios. Fue un beso triste.

- Sueña con migo – le dijo al muchacho.

- Lo haré –

Ron miró a Hermione, con aquella noticia de su padre, su intención de pedirle que fuera su novia se había frustrado. Todos estaban tristes y él ya no sentía ganas de hacerlo.

Luego, fueron Harry y Ron quienes se despidieron de George al llegar al dormitorio de Ron. George tuvo que continuar solo el camino hacia su habitación.

Llegó a la puerta, pero no quería entrar, no quería tener que enfrentarse a la soledad del lugar. Ver la cama de su hermano vacía junto a la suya, y saber que jamás volvería a ser ocupada por Fred, ver sus pósteres pegados en las paredes y saber que el chico ya no volvería a admirarlos, ver los experimentos inacabados de los Sortilegios Weasley y saber, que tendría que terminarlos por sí solo. Suspiró, cerró los ojos, se armó de valor y abrió la puerta. Por un momento, esperó ver a su hermano en el interior esperándolo con una sonrisa y recibiéndolo con algún nuevo chiste, pero sabía que no sucedería, eran sólo él y su dolor en aquella triste y solitaria habitación.

En la habitación de Ron los chicos, sentados sobre las camas, se vestían con sus pijamas lenta y silenciosamente. Ninguno de los dos sabía qué decir, porque sabían que en la mente del otro estaba latente el recuerdo de Fred y no querían interrumpir sus memorias. Se acostaron y, tras un débil y desganado "buenas noches" apagaron las luces para sumirse en la más profunda oscuridad.

Las cosas en el dormitorio de Ginny, no eran muy diferentes de cómo lo eran en el de su hermano. Ni Hermione ni Ginny hablaban, pero silenciosas lágrimas caían por las mejillas de ambas, como lentas gotas de lluvia en una fría noche de otoño. Se colocaron la ropa de dormir y antes de meterse bajo las sábanas en el calor de sus camas, Hermione abrazó a su amiga.

- Todo estará bien – le susurró al oído.

Ginny asintió, pero no estaba del todo segura ¿Cómo iba a estar todo bien siendo que su hermano ya no estaba ni estaría con ella?

- Te prometo que todo estará bien. Y yo estoy aquí para ayudarte a que así sea Ginny –

- Gracias, Herms –

Las chicas se acostaron y se taparon con las sábanas, apagaron las luces y se desearon las buenos noches. Era sólo por costumbre, aquella noche estaría lejos de ser una buena.

El señor y la señora Weasley, Charlie, Bill y Fleur seguían en la cocina. Fleur lavaba la vajilla mientras que su esposo secaba la que iba lavando, Arthur Molly y Charlie, estaban todavía sentados a la mesa.

- Será difícil para ellos – dijo el señor Weasley, refiriéndose a los chicos que acababan de irse.

- Será difícil para todos – corrigió la señora Weasley – pero tendremos que aprender a seguir, no debemos bajar los brazos. Lo hecho, hecho está y ya no hay nada que podamos hacer, sólo ayudarnos a superarlo –