Kibō en japonés significa «esperanza». Sé que aún me aman, que siguen ahí. ¡Perdón por la demora!, mis lamentosas disculpas están en la nota de autora de abajo.

Este capítulo fue, obviamente, planeado antes del final de Naruto, al igual que la historia. En los tiempos en que comencé esto Madara aún tenía que ser sellado. xD Así que decidí continuar como tenía planeado hacerlo, sin importar el final (dhasjhfduewi SS canon fheiufhwu *o* —no crean que sólo fangirleé eso, fue un millón de veces más y por todo el final).

Los capítulos solían ser de seis u ocho páginas más o menos. Bueno… este capítulo tiene 30 páginas. xD Entenderán también por qué me demoré; había que revisar, corregir y releer millones de veces. Si de casualidad se me ha pasado un error, perdónenme y háganmelo saber. D: Espero que el largo recompense un poco la espera, y bueno, que el capítulo en sí valga la pena. :)) Ya saben: explicaciones, llantos y demás en la nota de autora del final.

¡Después de más de un año, Neko no Jutsu ha vuelto!


«Neko no Jutsu»

Capítulo nueve: Un gato no necesita compañía


—¿Sabes, Sasuke? —preguntó, rompiendo el cómodo silencio formado entre ambos. Pateó una piedrecilla en el camino, levantando un poco de tierra. Miró nuevamente a su acompañante, quien, como esperó, ni se inmutó con su pregunta, por lo que prosiguió—: La Noche Kibō es con traje formal, o sea, kimono. ¿Tienes alguno?

Sin desviar la vista del camino, inquirió con voz templada:

—¿Qué te hace pensar que iré a esa noche?

—Oh, no sé. —Sonrió. Sasuke notó la burla desde esa misma frase—. Puede que el hecho de que vayas con Sakura me lo haya insinuado.

Un nuevo silencio se dejó caer en el ambiente, a lo que el mayor sólo pudo sonreír. ¡Qué predecible se había vuelto con el tiempo! Sus silencios, sus miradas, sus palabras incluso… Todo en el Uchiha le parecía tan fácil de entender después de pasado cierto tiempo; podría ser que mucha gente dijera que estaba más frío y distante (pese a ni conocerlo), pero él se había dado cuenta de algo que ni Sakura ni Naruto, e inclusive Sasuke, habían notado: lentamente, volvía a ser el de antes.

Dejas lo malo de a poco, ¿no, Sasuke?

La razón por la que entendía al chico le era un misterio. Quizás se parecía demasiado a él.

—¿A qué has venido, Kakashi?

—Estaba paseando y decidí acompañar a mi gato… ¿o alumno? Ya no lo sé. —Se encogió de hombros con una sonrisa, obviando el hecho de que el chico lo fulminaba con la mirada para volver su vista al camino. Tanta es tu curiosidad que has roto tú el silencio; de a poco me estás sorprendiendo—. ¿Debería haber alguna razón en particular?

—Respóndete tú mismo.

—Tus maneras se han vuelto aún más cortantes. —Rió—. ¿Quién diría que el joven Sasuke se interesaría en la pequeña Sakura?

El chico se preguntó por qué el término «interesar» sustituyó deliberadamente al término «amar». Todos usaban la palabra amor para cualquier sentimiento que fuese un poco más de amistad.
De todas maneras, una parte de él —la que no encontraba a Kakashi un entrometido de primera— agradeció a su sensei por entender la lentitud de sus sentimientos y, de una u otra manera, respetar que fuese de a poco; la misma Sakura también debía entender eso, que no nacería amor (pese al cariño previo que ya le tenía) como por arte de magia.

(Porque Sakura debía saberlo. Debía entenderlo: algo existía.)

El odio marchitó mucho de los nacientes sentimientos que tenía; poco a poco iban a renacer o… No, simplemente saldrían de las cenizas donde estaban enterrados, no era algo que empezara de cero. Mas, el tiempo era necesario, sobre todo en alguien como Sasuke.

—No molestes.

Kakashi, en realidad, usó el terminó con intención de mitigar una pregunta que debía ser cautelosa. Ni siquiera has notado que le das más atención de la necesaria, y eso que yo lo noté enseguida en la Cuarta Guerra. Quizás incluso te gusta. Tus sonrisas, tus gestos…

Te delatas a ti mismo, Sasuke. Yo era como tú, por eso lo sé.

—Yo sólo vine a decirte que tengo un kimono sobrante.

—¿Para eso me sigues desde la casa de Sakura? —espetó.

—¿Y cómo irías a tu cita si yo no aparecía?

Dos minutos luego de dejar el corazón de la ciudad, donde el departamento de Tsunade ocupado por Sakura estaba ubicado, sintió que alguien se dejaba caer suavemente, sin ruido alguno, a su lado. Kakashi apareció. Despreocupadamente, leía su típico Icha Icha Paradise sin siquiera voltearlo a ver, haciendo que se preguntará por qué lo había abordado sin terminar de hacerlo.

Su sensei había llegado con aire burlón, riendo despacio sin despegar la vista de su libro, como si la causa de su gracia fuese éste; mas Sasuke ya sabía que Icha Icha estaba lejos de ser un libro de humor. Aunque, quién sabe, el Icha Icha era un misterio para los alumnos de Kakashi.

Después de salir del enorme centro de la ciudad, donde todo estaba abarrotado, congestionado y pegado, de manera casi abrupta dejaba de haber tanta civilización y sólo un camino de tierra con árboles a los costados lo acompañaban hacia el desolado barrio Uchiha; aún se veían casas de la aldea en sí, todavía no llegaban al límite en donde se notaba la clara marginación de los casi extintos Uchiha.

Tenía prohibido volver ahí de momento; estaba obligado a estar en la pensión donde Taka estaba.

—Hmph.

Quería dar un tranquilo paseo pensando, no quería a Kakashi a su lado molestándolo.

—Escuché su conversación, naturalmente —mencionó al momento de cerrar sonoramente su libro.

—No sabía que gustabas de escuchar conversaciones ajenas —objetó con ironía.

—Pues claro que sí, es un divertido pasatiempo, ¿sabes? —Hatake suspiró ante la actitud tan cerrada de Sasuke—. Te paso el kimono de inmediato, en un par de horas empieza la Noche Kibō. Luego me devuelves la ropa que te presté sin manchas.

Entornó los ojos.

De todas maneras, no alcanzó ni a bufar, ya que apenas había desaparecido la nube de humo que hizo acto de presencia debido al jutsu que su sensei utilizó para teletransportarse, cuando una nueva nube la reemplazó: Kakashi había vuelto. Dos segundos fueron, a lo mucho, lo que demoró. La velocidad del ninja no dejaba de sorprenderlo, y eso que se suponía que ya lo había superado.

Cuán falso se sentía eso cuando notaba cuántos ases bajo la manga tenía él.

—Ten el kimono. —Lo extendió con una sonrisa—. Es de tu talla o parecido, lo tengo hace un par de años.

Ya lo tenía preparado… El Uchiha sonrió: Era nuevo, tenía el símbolo Uchiha en la espalda y era de color azul. Claramente un traje que cualquier persona tendría porque sí. No le había dejado de extrañar que Kakashi no hubiese aparecido antes para molestar.

—Tómalo.

—… Sabes que no lo pedí ni lo agradeceré, ¿verdad?

—Te has vuelto tan divertido de analizar. —Hatake sonrió como si esperara su respuesta, frotándose la parte posterior del cuello.

No le preocupaba demasiado que lo tratara tan cortante, sin respetar el obviamente majestuoso rango que ser su sensei otorgaba (o que Sasuke ignorara que él fue el hombre que lo introdujo al mundo del chakra del rayo y le dio su amado Chidori, con el que intentó asesinar a medio mundo ninja), simplemente le gustaba ver que ya contestaba algo.

El chico tomó el traje. —Pero lo quiero limpio —prosiguió el mayor—. No quiero sangre de inocentes en el traje porque te molestaron, respiraron cerca de ti o simplemente porque existen, ni tampoco otros líquidos de dudosa procedencia.

—Vete —dijo con una mueca de hastío. El otro hombre nuevamente soltó una carcajada; el Uchiha se sintió tentado a decirle que estaba bastante risueño esa noche (el muy bastardo se reía de él en su cara), pero calló.

Inesperadamente, el ninja se puso a un lado de él con una expresión severa; un dedo alzado para realzar la misma expresión. Arqueó una ceja, indicándole a su sensei que hablara.

—Una sola advertencia, Sasuke: no te atrevas a tocar a Sakura demasiado ni a mencionar la frase «¿Vamos a un lugar más privado?», ¿entendido?

Tardó dos segundos en comprender qué insinuaba. Sasuke preguntó con veneno y el ceño profundamente fruncido:

—¿Qué mierda estás diciendo?

La expresión grave de él duró unos segundos más antes de quebrarse en una risa tan inusual como el mismo Kakashi. —Solamente quería ver la expresión en tu cara si decía eso.


El camino al barrio Uchiha fue como siempre lo recordó: largo y solitario. Kakashi lo dejó a su suerte más o menos en el límite donde la aldea, con su panorama de casas amontonadas y ruidosos locales de comida, se dejaba transformar en cientos de árboles frondosos, detrás de los que se encontraba la gran mayoría de los campos de entrenamiento. Por lo mismo, el desolado barrio Uchiha no estaba tan desconectado —o marginado, como prefería denominarlo él— de la aldea: gracias a los campos de entrenamiento.

Es porque somos unos traidores, se recordó al dejar que una cascada de fría agua chocara contra su cabeza, cortesía de su oxidada y antigua ducha. El camino a su antigua casa hubiese durado un suspiro de no ser por las constantes interrupciones en él —aunque la llegada a su hogar tampoco fue un suspiro, la gélida agua lo demostraba.

(Y no le importaba en absoluto que él tenía prohibido volver ahí. Debía ir con Taka, pero quería estar solo.)

Si no contaba la vez que fue hasta Konoha con Orochimaru, agregándose en el camino sus problemáticos compañeros de Taka, era la primera vez que pisaba su hogar desde hace años.

—Maldición… —Apretó los dientes para tragarse los insultos respecto a la temperatura del agua, ya que ¿cómo no se le ocurrió que le habrían cancelado el gas, y por consiguiente el agua caliente, hace mucho?

Tsunade, quien lo había interceptado a la entrada de su barrio, podría al menos haberle advertido sobre eso; si bien no era un aficionado a quemarse vivo en la ducha (como Sakura), tampoco lo era a congelarse (como Naruto). A veces se preguntaba por qué Naruto se bañaba con agua fría.

Bueno, fue discípulo de Jiraiya, no era difícil de imaginar. El frío apaga lo caliente.

La conversación que tuvo con la Hokage antes de siquiera entrar en el barrio llenó su mente, que requería de una distracción para evitar lanzar improperios contra la temperatura del agua.

¿Qué hace Uchiha Nekosuke por aquí? —La Hokage esbozó en ese entonces una mueca cínica mientras Sasuke gruñía ante el apodo. Neko y Sasuke no hacían linda combinación en «Nekosuke» para el Uchiha. No te conviene decir nada, intentaba apaciguarse el chico en esos momentos—. Creí habértelo prohibido.

Es mi barrio.

Dejó de serlo cuando desertaste para irte a jugar con Orochimaru al trágico vengador.

Quién sabe cuánto tiempo pasó entre eso; pudieron haber sido minutos o segundos en los que la pregunta quedó a la deriva, sin variación entre la sonrisa de ella y la indiferencia glacial de él. En ese momento Sasuke se sentía enojado e impotente por todo lo que había tenido que vivir al volver a Konoha, tanto que precisaba de una respuesta concreta, por lo que inquirió:

¿Por qué ese jutsu?, ¿por qué no encarcelarme? Soy un criminal.

¿Por qué no? El Neko no Jutsu funcionó bien. —Así que a esa Hokage nadie le borraba la sonrisa cínica y la voz autoritaria…—. Sé que esperas una respuesta creíble y bastante profunda, pero no te engañes, pequeño Uchiha: lo hice por diversión propia. Bueno, en realidad me demostrabas que eras de confianza intentando no librarte del jutsu ni intentando hacerle daño a alguien, aunque sí había formas más fáciles. No obstante, ¿no crees que después de todo lo que le hiciste sufrir a tus queridos compañeros de equipo, tú mereces algo de sufrimiento? —Al ver que Sasuke iba a replicar algo (él mismo no sabía qué, simplemente necesitaba no dejar que Tsunade tuviera la razón), añadió—: Lo más cariñoso que les has dado ha sido un Chidori, así que ni se te ocurra replicar o me veré obligada a golpearte.

En ese entonces sí que había callado, porque, pese a (por una mera cuestión de carácter, de orgullo, de tozudez) necesitar tener la última palabra, encontró razón en las palabras de la Hokage. Por más que no variara de expresión, el silencio era lo necesario para confirmar eso, por lo que, notando eso y esbozando una suave sonrisa, Tsunade se retiró tan rápido como llegó: Parecía haber corroborado lo que había ido a ver, o simplemente ya no hallaba cómo molestar a Sasuke.

—Tch, qué idiotez —rezongó, saliendo del pasado y de la ducha. Justo al momento en que se amarró una toalla a la cadera, una explosión se escuchó en su casa.

Sus orbes negros se entrecerraron ante eso; daba igual quién era el enemigo, algo de combate le vendría bien.

Recién saliendo del cuarto de baño para entrar al suyo, alguien le palmeó la espalda amistosamente, haciéndole fruncir el ceño. El chico se dio la vuelta con el Sharingan activado (la explosión le hizo creer que estaban atacando su casa, quería pelear con alguien), encontrándose con la cara de Naruto y su sonrisa idiota —como la denominó desde que lo conoció—. La ira lo invadió como antaño e intentó no asesinarlo ahí mismo; debía dejarlo explicar, quizás sí era importante.

—Sasuke, 'ttebayo —saludó él. Ups… ¿Hice algo malo para que el teme esté enojado?—. Creo… creo que tus paredes son muy débiles, dattebayo. Se quiebran con cualquier explosión pequeñita. —La mirada de su amigo se endureció—. Lo puedo explicar, ¡lo juro! S-sólo desactiva el Sharingan, ¿q-quieres, dattebayo?

Mentalmente, le dio tres segundos para que se explicara (en parte porque le intrigaba el hecho de que Naruto estuviera en ropa interior y en parte porque necesitaba que el rubio estuviera ahí para cobrarle la pared que derrumbó: Justo era la que conectaba su habitación con la sala de estar). Naruto se sentó en su cama con naturalidad, empezando a relatar su historia:

—Ponte algo de ropa, no es necesario que intentes seducirme de manera tan descara… ¡Oye, no seas imbécil! ¡Ese Chidori estuvo demasiado cerca y casi no lo esquivo, 'ttebayo!

—Habla.

El rubio suspiró. También se encogió de hombros como si ni él mismo supiera y a Sasuke, por décima vez en cinco segundos, le entraron las ganas de matarlo.

—En el baño te demoras tanto como una chica. No me abrías… Decidí abrir yo, 'ttebayo. —Se dio dos segundos para evaluar a Naruto con extrañeza, una pose triunfal en su cara se extendía como si hubiese derrotado a un ejército. Su habitual sonrisa se ensanchó con cada segundo que pasaba—. No es tan complicado; es incluso tu culpa.

Tras un par de segundos de resignación, la mirada de Sasuke preguntó «¿Qué diablos haces en mi casa en ropa interior?».

Él con sólo una toalla cubriéndolo y su amigo con ropa interior. Wuaw. Nunca había caído en cuenta de cuán raros eran todos…

Aquel hecho sí que daría para hablar por semanas y semanas en toda Konoha…

Naruto se encogió de hombros, como si fuera lo más obvio del mundo, paseándose por el cuarto. Tenía una vista bastante linda desde aquella habitación, el ventanal era extenso y la luz del atardecer se colaba deliciosamente dentro, aunque todo se veía bastante oscuro al entrar en la pieza del chico. Naruto concedió de manera interna que prácticamente todo lo que tuviera que ver con Sasuke era oscuro. El Uchiha siguió el camino que recorrió su amigo con los ojos, entrecerrándolos al ver que no contestaba nunca.

—¿Y? —apremió.

—No es mi culpa que tú estuvieras en el baño y te demoraras más que una chica —contraatacó él. Sus brazos estaban en jarras pero su expresión era de total alegría y triunfo ante la molestia de su amigo.

—¿Siquiera tocaste la puerta? —La expresión de Naruto se desplomó mientras decía un leve «Eh… no» rascándose la barbilla. El Uchiha bufó—. ¿Me dirás qué viniste a hacer o te tengo que sacar a patadas?

En menos de un segundo su loco amigo rubio estaba agarrándolo por los hombros, como rogándole tiempo para darle una explicación.

—Las chicas se iban a arreglar juntas y no me dejaron ir con ellas, dattebayo —explicó. Idiota—. Me sentí solo y pensé que tú también estarías solo; ¿qué mejor que venir aquí? Así me puedo reír de lo ridículo que te vas a ver con kimono, Sasuke.

Pasó de él completamente cuando dijo aquello. Intentó ignorar el hecho de que aún no le decía por qué demonios estaba semi-desnudo en su casa, ya que probablemente eran cosas de locos; la lógica de él sobrepasaba cualquier barrera, siendo totalmente inversa a la del común denominador. Casi compadecía al Kyūbi que lo acompañaba día y noche, qué terrible debía ser la vida de aquel Bijū.

La casa de Sasuke es tan ordenada… Realmente es un aburrido y estreñido teme. Se paseó por los corredores casi saltando, era la primera vez que estaba en casa del chico y tenía curiosidad por ver qué extrañas cosas podía encontrar —en su imaginación, hasta podría encontrarse con restos humanos; era Sasuke, estaba loco.

—¡Oye, Nekosuke!

—Vuelve a llamarme así y recibirás un Chidori, Naruto.

—Ya he recibido varios sin necesidad de molestarte. —Movió la mano como espantando una mosca al momento de hurgar en una bolsa encima de la cama del Uchiha, bolsa en la cual Sasuke no había reparado hasta ese momento—. Wuaw, qué vista tienes, teme. —Notando la curiosidad del otro chico, inquirió—: ¿Quieres saber qué hay aquí, no? —mosqueó.

Sasuke desvió la mirada y se cruzó de brazos. ¡Claro que no le interesaba en absoluto eso! Era una niñería, algo para gente tan infantil como Naruto. No le producía curiosidad saberlo, aunque su amigo sacaba lentamente el contenido para agregar misterio. Si sólo miraba un poco no perdería nada de dignidad, simplemente tenía que mirar disimuladamente y…

—Ees~… —canturreó—, ¡un volumen de Icha Icha de los que tanto te gustan~!

Hmph. Sin quererlo, frunció el ceño.

—Ooh, ¿esperabas algo más interesante? —Viendo que Sasuke claramente planeaba replicar «Jamás me interesó», sacó un precioso kimono de color naranjo con bordados en varias tonalidades de amarillo: remolinos del Clan Uzumaki, rayos por su padre, Minato, y algunos traviesos Narutomakis se mezclaban en perfecta armonía en el traje; todos los detalles eran pequeños para no sobrecargar demasiado. Eso sí logró acallar al chico unos momentos, muy ocupado en la labor de detallar aquel atuendo tan exquisitamente trabajado—. Kakashi-sensei me lo regaló —explicó, frotándose la parte posterior del cuello y exhibiendo unas mejillas sonrosadas mientras reía—. Puede ser una tontería para ti, pero fue un lindo detalle, dattebayo…

Inconscientemente, él miró hacia el rincón donde estaba su propio kimono. Era uno simple, de color azul oscuro y con el abanico característico de los Uchiha detrás, mucho menos vivo que el de su amigo, pero a él le lograba agradar más; no requería de recuerdos o simbolismos como el kimono de Naruto, más bien, él necesitaba olvidar varios momentos del pasado.

Kakashi acertó: Sasuke requería una hoja en blanco para seguir adelante. Naruto se valía del pasado como sustento, cuando el pasado más bien lo encadenó durante mucho tiempo; su fuerza provenía de superar el ayer, mientras que la carga de Sasuke fue el ayer, precisamente.

—¡Y mira! —Naruto dobló las mangas, mostrando el interior de éstas. Sasuke se sorprendió al notar que en la manga izquierda se veía un pequeño y muy rosado pétalo de cerezo, y que en la derecha un pequeño abanico Uchiha se alzaba con orgullo—. Creo que Kakashi-sensei quiere que estemos unidos siempre, dattebayo. —Rió.

Sasuke sonrió (un poco, sólo un poco, él lo podía jurar). El suyo debía tener un pétalo de cerezo y un remolino, ¿no? Kakashi les había mandado trajes a sus tres alumnos, cada traje con dos lazos afectivos diferentes y representados de manera individual. Los pensamientos de Sasuke y Naruto se unieron en uno solo: Equipo 7.

—Ya es tarde.

—Oh, sí, 'ttebayo. ¡Es hora de vestirnos! —concedió—. Pero antes, una duda. —El Uzumaki alzó un dedo para darle seriedad al asunto. Su amigo sólo alzó una ceja negra, un tanto intrigado por la repentina gravedad que invadía la cara de su amigo—. ¿Cómo… funciona exactamente el arena para gatos?

Naruto esquivó por poco el puño.

—Fuera. Ahora.

—¿O qué harás, dattebayo?, ¿me sacarás las garras o me maullarás?

Ahí estaba esa sonrisa socarrona que no soportó nunca: en la cara del rubio, extendiéndose como una enfermedad. ¡Si tan sólo alguien le hubiese enseñado a callarse de vez en cuando! De verdad que no lo toleraba, no entendía por qué no podía haber ido a vestirse a su propia casa sin ir a molestar y destruir la suya.

—Sal de mi casa antes de que te mate, dobe.

Ocupó el tono más frívolo que poseía y aun así Naruto se le abalanzó demasiado rápido como para detenerlo, porque la confusión lo llenó. De pronto, estaba siendo abrazado por el rubio, quien había comenzado a llorar a mares en el hombro de Sasuke.

—¿Q-qué diablos te pasa, idiota? Suéltame, estás demasiado cerca. —Le lanzó un puñetazo. Como aquella mágica solución no surtió efecto, ocupó su último recurso: un rodillazo en la entrepierna—. Demasiado cerca —siseó.

Naruto cayó inconsciente unos minutos ante el último golpe (los mejores de la vida de Sasuke, sin duda), pero, para desgracia del Uchiha, despertó. Miró un par de segundos a ambos lados para orientarse y luego, como Sasuke observó con horror, se acercó a rastras al chico y volvió a llorar al abrazar las piernas de su amigo.

—¡¿Qué diablos, idiota?!

—M-me… m-me lla-llamaste d-dobe, ¡ha-hace tanto que n-no lo ha-hacías, t-teme!

—Naruto, suéltame. ¡Maldita sea, Naruto, suéltame! ¡Que me dejes de abrazar, usuratonkachi! —Se removió desesperado entre aquellos fuertes brazos que lo ataban como una cuerda. Él detestaba tales demostraciones de afecto, le incomodaban en demasía—. ¡Y deja de llorar o te mato!

—¡Y ahora incluso empiezas a hablar más, dattebayo!

Él se separó un poco de las piernas de su amigo para observarlo; sus ojos estaban aguados todavía y ostentaba una de sus clásicas sonrisas que iluminaban al mundo, no obstante, para Sasuke todo ese teatro resultaba ser asqueroso, confundiéndolo por completo.

Ante la clara amenaza de un nuevo golpe, Naruto terminó por romper el contacto de una vez por todas para ofrecer una explicación a su extraña conducta; mas, tratándose de alguien como él, era evidente de mil maneras diferentes que jamás mostraría una conducta normal ante las personas.

—Ya, ya, ¡está bien, dattebayo, está bien! —resopló al momento de soltar las piernas de Sasuke—. Sólo vine porque quería tener un momento como en los viejos tiempos, 'ttebayo. —Guiñó un ojo y rió—. Ya sabes, peleando porque sí.

Mientras hablaba, Naruto repasó la pieza con la mirada; sus orbes azules dieron de lleno con una cosa que lo hizo sonreír como nunca lo había hecho: la foto del Equipo 7 se alzaba con gloria en el escritorio de Sasuke —aquella foto a la que él mismo había decidido posar en el escritorio, volteándola para que el retrato no se viera, el día en que decidió irse con Orochimaru.

Conque Sasuke en el fondo era un sentimental, ¿no? Naruto rió disimuladamente y el Uchiha, notando todo lo que pasaba por la cabeza de éste, farfulló (no sin cierto veneno):

—Sólo cállate y ponte ropa —Pasaron varios minutos de silencio hasta que Sasuke completó la oración—…, dobe.


Vaya.

Se quedó analizando el lugar un par de segundos, sin sacar a relucir ninguna expresión en particular más que cierta aprobación en sus ojos. Los adornos superaron sus expectativas (pobres desde un comienzo) y la cantidad de gente se le hacía abrumadora a cualquier ser que no estuviera acostumbrado a ésta: Llenando todos los recovecos de la aldea se encontraban los más excéntricos shinobis, desde las pieles más claras de Iwagakure hasta las más oscuras de Kumogakure, de los trajes más modestos a los que derrochaban elegancia, ¡y qué manera de existir combinaciones de cabellos y ojos! Él había visto más de diez colores —en diferentes tonalidades— de cabellos, ni qué decir de los ojos.

Sus expectativas fueron pequeñísimas desde un principio, no porque no tuviese fe en el comité de organización (con personajes como Yamanaka Ino dentro era difícil imaginarse algo sutil y discreto), sino porque jamás había asistido a fiesta alguna. Reuniones, celebraciones y festivales sí, mas no una fiesta a la que acudir con traje.

Suerte que llevar cita no era necesario. De serlo, habría quedado en blanco.

—Temari —llamó al finalizar la inspección.

Todo estaba perfecto y lo único a reprochar era la demora de los demás Kages; él había sido el primero en llegar y venía de Sunagakure, siendo que se suponía que los Kages recibirían a los invitados de las otras aldeas. Ni siquiera la Hokage estaba por ahí.

—No está aquí. Parece que está haciendo unos arreglos con Shikamaru. —Kankurō le rodeó los hombros con un brazo y esbozó una sonrisa complacida—. ¿Qué necesitas, pequeño hermano?

—¿Ya ha llegado Naruto, Kankurō?

Los orbes del mayor se movieron de un lado a otro para corroborar que no, Uzumaki Naruto estaba tarde nuevamente. El mayor lanzó un pequeño suspiro de resignación ante aquel hecho, porque él era fundamental en la celebración aunque no lo supiera. Gaara se limitó a asentir cuando Kankurō se encogió de hombros.

El Kazekage se quedó con la palabra en la boca, cortado por una expresión y un par de voces ya conocidas hacía tiempo.

—¡Todo está muy lindo!

—Hn.

Al voltearse dio de lleno con la imagen de tres de los cuatro integrantes originales del Equipo 7. Sasuke, con los brazos cruzados y callado pero atento, se alzaba sobrio y respetable con un kimono simple de colores oscuros, que hipnotizaba a las chicas con los sutiles diseños de líneas remarcados con tonos más claros que el azul original —casi imperceptibles, pero brillaban tenues en cuanto la luz los acariciaba—; al lado del chico se distinguía a Sakura, quien movía las manos para enfatizar y estaba enfrascada en una conversación de aspecto interesante con alguien detrás, aunque para ser justos se dificultaba el reconocerla ya que rara vez se la veía tan delicadamente arreglada: sus cabellos se recogían en un rodete alto, mas algunos mechones se negaron a sublevarse ante el peine y caían a los lados del rostro de ella, enmarcándolo; el kimono de Sakura partía en los hombros siendo casi blanco y terminaba con un rosado firme en las puntas (tanto en las mangas como en los tobillos), dibujándose flores de, cómo no, Cerezo en cuanto el rosado comenzaba a esbozarse, llenando los extremos del traje con alegría primaveral.

Quedó un tanto extrañado ante la visión de Sasuke nuevamente en Konoha, por lo que Kankurō fue el primero en acercarse a saludar.

—¡Hola, chicos!

Gaara se limitó a beber la visión de Kakashi mientras esos tres aún permanecían lejos. Se alzaba detrás de ambos adolescentes, conversaba de quién sabe qué con Sakura y vestía un kimono gris… ¿Y cómo alguien hacía para verse tan serio, tan respetable y elegante en algo tan simple? Sasuke lograba las dos primeras características por su fama de Uchiha —de talentoso, de traidor—, sin embargo Kakashi las exudaba por naturaleza. Al igual que la despreocupación.

Tanto Sasuke como Kakashi asintieron como saludo, pero este último ostentaba una sonrisa educada. Gaara los vio semejantes, preguntándose internamente si alguna vez Kakashi se había parecido a Sasuke.

—¡Hola! ¿Llegamos tarde?

—En absoluto. —Los ojos cafés se desplazaron de un lado a otro nuevamente. Sakura concedió que Kankurō se veía muy diferente con su maquillaje característico, pero estaba muy bien sin éste en esa noche—. ¿Naruto se les ha perdido en el camino?

—Algo así… —Sakura rió y ambos hermanos lo aceptaron como simpatía, no obstante su equipo sabía que era por nerviosismo. Naruto se había quedado prendado al asiento de Ichiraku, gritando algo que la chica no alcanzó a escuchar dentro de su bruma de enojo infinito.

De seguro fue algo estúpido como que el ramen de ahí es el mejor.

—¿Les ha gustado el lugar?

Sakura estaba tan ensimismada por la presencia de Gaara —el amor de la vida de Ino— que no reaccionó de inmediato para contestar, y Sasuke estaba tan ensimismado por el hecho de estar en una fiesta que tampoco hizo amago de querer, siquiera, responder. Ahí entró Kakashi.

—Se nota cuánto esfuerzo se le ha puesto a esta noche, Kazekage-sama —repuso con una sonrisa y extendiendo su brazo para estrechar la mano del pelirrojo como saludo—. Creo ya tener una vaga idea de cuál es la gran noticia de los Kages.

Él no respondió, entregado totalmente a la labor de examinar al maestro del Equipo 7. Por razones que Gaara desconocía, Hatake Kakashi se le hizo más interesante y humano de lo normal en aquella noche; esto sin duda lo orilló a preguntarse si se debía a la noticia que los Kages entregarían o al hecho de que Kakashi se encontraba bastante sonriente. Si ese repentino interés en él se debía a la noticia de los Kages, era porque el sensei se le hacía muy maduro, muy… muy como…

Gaara observó el panorama, decidiéndose a actuar. Aprovechando el hecho de que su hermano y Sakura se hallaban absortos en una acalorada discusión sobre el gran acontecimiento que representaba esa noche, y también del hecho que Sasuke no dejaba de mirar a Sakura de reojo con cierta curiosidad, presentándose extrañamente distraído, se acercó a Kakashi. La atención del mayor era suya mientras la de los demás estaba en cualquier lugar. Discreción asegurada, según notó el Kazekage.

—Si no estuviera Naruto… —comenzó a susurrar Gaara—, habrías sido un muy buen Kage, Kakashi.

Porque el sensei se le hacía muy maduro. Muy como un Kage.

Se mostró bastante sorprendido ante tales palabras, o al menos tuvo el detalle de abrir los ojos con sorpresa. No, él no es falso, se recordó Gaara y sintió cierta satisfacción ante la reacción del shinobi; se le podría apodar de cualquier manera, desde «perezoso pervertido» a «el ninja que copia», pero Kakashi jamás pecaría de arrogante y sin duda el título que más se merecía era el de humilde. Él sabía cuánto valía y no se otorgaba más ni menos. A Gaara le agradaba y le provocaba cierta admiración esa cualidad que era tan difícil de hallar.

—No es muy de mi estilo el ser Hokage, la verdad. —El ninja rió un poco. Estaba bastante feliz esa noche, como notaron todos por milésima vez—. Y, con todo su respeto, Kazekage-sama, preferiría que no dijera eso en voz alta. Con tantos candidatos a Hokage ahora, me matarían si supieran que yo también me sumo… Sobre todo mis alumnos. Pueden dar mucho miedo cuando quieren, ¿sabe?


¡Te estás retrasando, imbécil!

Déjame comer tranquilo y no me hables, Kurama. Gracias.

Solamente dos cosas representaban una real preocupación en ese momento: el cuenco entre sus manos, y que el contenido del cuenco no cayera sobre su kimono. ¡Oh, tan hermoso kimono! Él mismo recurriría al suicidio si lo ensuciaba de alguna manera estúpida…

¡Aquella prenda encerraba tanto significado dentro que casi lo asustaba!

—Ten otra ronda, es regalo de la casa. —El rubio miró con alegría infinita a Ayame, una de las primeras mujeres que conoció cuando era pequeño: siempre, cuando de niño comenzó a rondar la tienda de ramen, estaba ella ayudando a su padre. Sostenía un cuenco blanco entre sus manos, tan blanco como el vapor que salía del mismo.

Naruto extendió los brazos para recibir la nueva ronda de ramen. —¡Muchas gracias, dattebayo!

—Le hablaba a Hinata-chan… —murmuró Ayame un tanto sombría. Mientras el Jinchūriki reclamaba con un «¡P-pero si…!», ella continuó hablando—: Tú ya vas por la quinta ronda y ni te has terminado el plato, ¡este es apenas el segundo plato de Hinata-chan!

Los orbes azules se deslizaron de manera brusca hacia su derecha, puesto que el plato de ramen describía una trayectoria hacia un lugar en donde no estaba él. Hubiese sido inexcusable de no ser porque era a su acompañante a quien se lo daban, no a un extraño.

—Muchas gracias. —Hinata se veía bastante sorprendida. Tardó unos segundos en reaccionar para tomar el cuenco y depositarlo sin ruido alguno en la mesa. Sólo entonces miró a Naruto con delicada curiosidad e invisible sobresalto—. Si quieres podemos compartirlo, Naruto-kun.

Ella sonrió; él le devolvió la sonrisa. Ayame no pudo evitar pensar que el lugar se embellecía con ese par de sonrisas dulces.

—No hay problema, Hinata. Yo te invité, no puedo ser tan mal amigo y comerme tu comida… —La risa del chico le dijo a Ayame que era mejor volver a la cocina para no interrumpir y hacer un mal trío.

—No hay problema, Naruto-kun.

La sonrisa de la chica, el tono suave que ocupaba y las mejillas rosadas de ella lo llevaron a contestar, con un tono menos escandaloso de lo común:

—Pues comamos los dos entonces, 'ttebayo.

Sin quererlo, con los cubiertos ya sumergidos en el ramen, el Uzumaki comenzó a recordar algo.

Poco después de que ambos amigos terminaran de vestirse en la casa de Sasuke, se creó un momento un tanto tenso entre los dos. Naruto no lo advirtió de inmediato, mas las miradas de reojo de su amigo lo terminaron por intrigar; los ojos de Sasuke parecían querer decirle que se fuera, aunque era casi por sentirse incómodo, no porque no quisiera la compañía del rubio. En ese momento —porque no se cruzó palabra en bastante tiempo, incluso habían dejado la casa del Uchiha y caminado un par de cuadras antes de que Naruto se decidiera a hablar— le preguntó por qué estaba tan raro.

… —Sasuke le dio una rápida mirada de un segundo y luego pasó de él—. Hn.

Sasuke, en realidad, se encontraba pensando en que quizás debería pasar por su compañera de equipo en vez de encontrarse en el evento, o así, según entendía, se solía hacer. Pero la presencia de Naruto convertía aquella simple tarea en algo incómodo; de seguro el rubio lo iría a molestar con Sakura.

No obstante, los buenos modales que le había inculcado su madre terminaron por ganar (¡alguna batalla que ganaran!). Bueno, en algún momento tendría que demostrar que no era un hijo de puta a tiempo completo.

La casa de Ino está por aquí. —Parecía conversar consigo mismo e ignorar deliberadamente a Naruto.

¡Te estaba hablando, teme!

¡¿Eh, Sasuke-kun?! —Hasta el susodicho se sintió un tanto sorprendido por la interrupción del chirrido de una puerta cercana y de la voz de Ino. Era cosa de mirar a la izquierda, exactamente en aquella casa, un poco más al fondo que las demás, con bellas flores adornando la entrada y una puerta abierta de la cual salía mucha luz; ignorando, claro, a la rubia que sostenía el marco barnizado de la puerta con cierta curiosidad—. ¿Vienes aquí? Pasa, Sasuke-kun.

Eh, Ino, yo también estoy aquí, ¿sabes?…

Sasuke giró la cabeza hacia otro lado y soltó un sonoro «Hmph», poco dispuesto a responder aquella pregunta. Pese a aquello, sí aceptó la invitación de la rubia para entrar a la casa, en donde paredes de color crema, suelos de parqué y un solitario espejo con una pequeña mesa debajo (no olvidar las flores en el florero de porcelana) lo recibieron con calidez.

Para ser la casa de Yamanaka Ino, era bastante discreta.

Naruto por poco entró en la casa, ya que la rubia parecía decidida a soltarle un portazo en plena cara. Aunque pasó bastante rato sin ninguna novedad —en donde ambos pasaron a una salita con las mismas características que el recibidor, sólo que ésta tenía dos sillones individuales y una butaca de un bello color verde, una alfombra con diseños en tonos marrones y una chimenea de ladrillos en el centro de la pared del fondo—, Naruto creyó que lo más importante y extraño fue cuando Sakura salió a escena.

Sasuke se encontraba en completo silencio y ensimismado, pero fue la voz de cierta rubia que lo orilló a voltearse:

—Las demás chicas se fueron hace un rato, pero Sakura ya está lista —anunció Ino con una sonrisa.

Ino… —Sakura trató de reclamar lo más bajo posible. En cuanto su vista se topó con la de Sasuke, el rosado de sus mejillas dejó de ser un poco de maquillaje—. Pensaba que nos encontraríamos allá —mencionó con sorpresa. Ella esbozó una sonrisa y él, por un breve segundo, le correspondió.

¡Wuaw, Sakura-chan! ¡Te ves hermosa! —Luego de la risa y el «¡Gracias, Naruto!» que la chica le dedicó, pareció como si Naruto se borrara del lugar. La atención de Sakura estaba entregada de lleno a Sasuke y, en ese sentido, él la correspondía porque se enfrascaron en una pequeña charla; el Jinchūriki solamente oyó la palabra Nekosuke de aquella conversación.

Como no sabía qué diablos hacer, e Ino no contribuía demasiado a hacerlo sentir cómodo, decidió sentarse en uno de los sillones. Justo en el momento en que su trasero tocó el sillón, Sasuke dijo un poco más fuerte, casi en forma de despedida:

Ya es tarde. Deberíamos ir.

Sí, es cierto. —Los orbes claros de Sakura buscaron los de Ino—. ¿Te molesta si?

¡No, claro que no! Váyanse y no se preocupen por mí.

Al ver cómo Sasuke y Sakura salían tranquilamente por la puerta, dio un paso en la misma dirección. Una mano en su hombro, de aspecto delicado pero de agarre fuerte, le impidió seguir a sus dos compañeros para conformar al autodenominado (por Naruto) el mejor equipo de Konoha.

El reclamo ahogado llamó la atención del Uchiha, quien miró de reojo la situación.

Ino sonreía amenazante, Naruto comenzaba a quejarse y si Sasuke devolvía sus ojos hacia Sakura sabía que era completamente ajena a la situación. Al Uchiha casi le dieron ganas de suspirar; allá esos rubios escandalosos, él no iba a inmiscuirse en problemas aún. Sin volver la mirada nuevamente, salió del umbral de la puerta para encaminarse a la Noche Kibō.

Al fin, silenciando las protestas del rubio a su lado, Ino dijo con amabilidad y una sonrisa que prometía muerte:

Quédate aquí un minuto. Te necesito.

Mentiras, patrañas, falsedades de Ino. Todo por regalarles un momento a solas a aquellos dos compañeros de equipo que contrastaban tanto por fuera, aunque por dentro tenían algunos puntos en común. Ambos cederían a la presión de la tristeza. Naruto no; él había forjado una fortaleza interna con los años que no le hacía caer tan fácilmente —lo que no quería decir que era invencible.

Ino jamás se imaginó el cupido de Sasuke y Sakura, en realidad ella consideraba que Naruto lo era, pero en esos momentos el mismo Uzumaki no entendía que debía darles un tiempo a solas.

Oye, Naruto, vete si quieres. —Un minuto después de que sus compañeros desaparecieran, Ino se relajó—. A mí todavía me falta arreglarme.

El rubio aceptó la sugerencia y salió dando un pequeño portazo, después miró a todos lados para ubicar a Sasuke y Sakura, pero como no los veía por ningún lado decidió caminar para buscarlos. Vamos, los kimonos y las cabelleras eran bastante reconocibles, no sería difícil encontrarlos. ¡Encima su estómago rugía de una manera!

Continuó buscándolos con la mirada, hasta que chocó de lleno con una persona más pequeña.

P-perdón, 'ttebayo. No te vi… ¡Hinata! Oh, eres tú, dattebayo. Perdón, perdón. No te vi.

La chica rió con dulzura. No te preocupes, Naruto-kun. Venía distraída. ¿Ino-san no está lista?

Negó.

Recién había salido a la calle en donde Ino vivía, porque su casa se hallaba al fondo para poder lucir el jardín por completo, así que tenía una entrada larga y el trayecto hacia la calle principal también era así, por lo que además de juntarse con Hinata, pudo ver a sus compañeros al final de la cuadra. Conversaban tranquilamente hasta que Kakashi se dejó caer a un lado de ellos, sorprendiéndolos a todos.

Está en todos lados, pensó Sasuke mientras se debatía si estar divertido, admirado o hastiado.

Espérame un segundo, Hinata —le pidió y la chica asintió—. ¡Kakashi-sensei, Sakura-chan, teme!

Los tres se voltearon. Sólo Sakura le respondió:

¿Qué pasa, Naruto?

Mm… esto… ¿Qué pasa si paso a Ichiraku un rato? —Sus tres compañeros lo miraron levemente sorprendidos—. No será mucho, ¡lo prometo, dattebayo! —Y sin esperar respuesta del Equipo 7, el rubio se volvió hacia Hinata—. ¿Me quieres acompañar, Hinata?

—Mm… Naruto-kun…

La voz de Hinata lo llevó de vuelta al presente. Ésta tambaleaba un poco, como si estuviese nerviosa, y al chico no se le ocurrían causas para un súbito nerviosismo, ¡sólo estaban comiendo!

—Me debo ir… —La mirada de la chica se fijaba con insistencia en un punto del local a un lado de la puerta y pese a que el chico no lo notaba, las manos de ella se movían nerviosas en su regazo.

—¿Qué? ¡Oh!, ¡pero quédate un poco más, dattebayo! ¡Nos han invitado ramen a los dos! —dijo, armando un pequeño puchero.

El viejo cocinero del renovado local de ramen, Teuchi, les había invitado un cuenco a ambos ninjas al notar que llegaban juntos. Sin duda se mostró feliz cuando vio que Naruto ingresaba al lugar con una linda chica, y le dedicó un «¡Cuánto has crecido!» que el rubio no terminó por entender. Según Naruto, seguía de la misma estatura.

En ese momento, Naruto sintió que un escalofrío lo sacudía, que algo había detrás de su espalda que presagiaba dolor. Esa sensación tan desagradable ya la conocía, pero… ¿qué era? Hinata también estaba un poco nerviosa, y seguía mirando detrás del rubio. Quizás ella sí entendía qué era aquel sentimiento odioso.

—¡Aquí estás, Hinata-sama! —Oh, esa voz. Naruto no precisó de voltearse para saber que era Neji, y que la desagradable sensación se debía al molesto Byakugan. Se acercó hacia los dos con la mirada fija en Hinata, pero en un momento Neji desvió su vista hacia su derecha, clavándola en Naruto con tanta intensidad que él tembló—. ¿Por qué estás con Naruto?

El tono sombrío con que salió aquella pregunta no lo relajó. Hinata se hundió otro tanto en el asiento, cohibida.

—E-esto… Naruto-kun… m-me invitó… —No tenía ni idea de qué decir sin que sonara comprometedor.

—¡¿Naruto te invitó a una cita?! —gritó con cierta alarma. Sonó tan comprometedor que ninguno de los dos aludidos pudo evitar sonrojarse.

—¡No… no es lo que t-tú piensas, Neji!

Tomándole la mano a su prima e ignorando los intentos fallidos de aclaraciones que salían de los labios del chico, decidió fulminar una última vez a Naruto con la mirada antes de hablar: —Se está haciendo tarde, Hinata-sama —acotó de manera glaciar—. No vale la pena llegar tarde a la gran noche por… Naruto.

Escupió el nombre del chico como si fuese una blasfemia y tomó firmemente la muñeca de Hinata. Desvió sus ojos blancos hacia ambos lados, inspeccionando todo el local, para luego observar fijamente al Jinchūriki una última vez, dándose el gran placer de gastar chakra en el Byakugan. Todo por una amenaza implícita bien hecha, pensó Neji satisfecho.

A continuación, el Hyūga mayor decidió que ya habían perdido tiempo suficiente, así que jaló a Hinata con un poco más de insistencia y desapareció entre las puertas de Ichiraku. La chica buscó los orbes azules del rubio, murmurando entre dientes una atropellada disculpa y un agradecimiento.

Naruto, un tanto aturdido, musitó como si Hinata pudiera escucharlo:

—Dejaste tu ramen…

—Hinata-sama, sé que es impertinente de mi parte —vociferó Neji, molesto. Naruto lo escuchó con claridad pese a que ya no estaban dentro de Ichiraku—. Son tus gustos, pero… ¿Naruto?, ¿en serio?

El chico, que continuaba con la mirada prendada a la puerta por donde segundos atrás habían salido sus amigos, careció de tiempo para sentirse herido ante las palabras de su amigo.

Ante los atónitos espectadores —Naruto y un señor a tres puestos que parecía no escuchar nada, o ignorarlos deliberadamente—, la puerta del lugar se abrió sonoramente y de par en par. Dos figuras hicieron contraluz, marcándose las siluetas de un chico y una chica. El rubio casi cayó de su asiento por lo súbito de la situación, sintiendo el corazón en la garganta por la sorpresa. ¡Él estaba pensando en que a Hinata se le enfriaría el ramen y ellos abrían la puerta como si la quisieran arrancar y…! ¿Y quiénes eran, en todo caso?

Las figuras dejaron su pose, por lo que la luz se coló por la puerta y reveló la identidad de los extraños. Se perfilaron como una chica pelirroja, de lentes y expresión casi huraña, quien se veía acompañada de un chico risueño, de cabello casi blanco y unos prominentes colmillos que dejaron atónito a Naruto. La mujer tenía un kimono rojo, con lenguas de fuego en las mangas, mientras que el hombre lucía un kimono azul claro, bastante normal.

(Aunque el kimono de la chica tenía gracia, no era nada comparado a los que Kakashi les regaló a ellos).

Él los conocía… No recordaba de dónde, pero lo hacía. Su memoria para los rostros parecía comparable con la de Gai.

—¡Eh, eh, que no me toquen! Sé que soy endemoniadamente irresistible pero, chicas, sean decentes —soltó el chico.

—Estúpido —canturreó la chica a su lado, burlándose—, ¿es que acaso ves a alguien del sexo opuesto en este lugar?

—Ahh… —se compadeció Suigetsu—, ¡es cierto! El único espécimen de sexo femenino aquí es… —Le dedicó una rápida mirada a Karin, negando—, nadie. Pues no hay ninguna mujer en este lugar, ¡qué mal~!

—Lo que más pena me da es que crees que me ofendes —masculló la pelirroja con una sonrisa, acercándose al rostro de su compañero para fulminarlo mejor con sus ojos rojos.

Él rompió un tanto más la distancia para responder a aquel gesto, imitándolo con más insolencia, agregándole un alzada de cejas despectiva a la fulminante mirada que le regaló.

—¿Cuál es tu problema, zanahoria? —preguntó, brusco y a la vez suave como sólo él podía hacer.

—Tú, tiburón. —Juntó más los rostros. Empeoró más la expresión, haciéndola más presuntuosa y atrevida. Pasados unos breves instantes, quebró la cercanía para cruzarse de brazos y desviar el rostro como si la ofendiera algo—. Además no sé qué hacemos aquí… Estamos tarde para la fiesta y yo quería ver a Sasuk…

—¡Admitiste que te gusta Sasuke! —molestó Suigetsu, interrumpiéndola. Rió al ver cómo ella se ponía roja—. Y yo tengo el estómago vacío, por eso estamos aquí. Tú pagas, claro.

—¡C-claro que no! —reclamó—, es que no me dejaste t-terminar. Quiero ver a Sasuke para preguntarle qué tal le ha ido con ser un gatito, era eso…

Antes de que Suigetsu le dijera el incrédulo «Sí, claaaro» que tenía en la punta de la lengua, una voz media ahogada (debido a que el dueño de ésta se encontraba comiendo) se dejó escuchar e hizo pedazos la tensión entre ambos:

—¡¿Sasuke?! ¿Hablan de Uchiha Sasuke?

Lo que frenó a ambos de responder de mala gana a aquel entrometido que se metiera en sus asuntos fue que, extrañamente, reconocieron al portador de la voz de inmediato.

—¡Naruto…! —bisbeó el chico, abriendo los ojos.

—¿Ah? —soltó Naruto. Pequeños pedazos de comida volaron ante la asqueada mirada de Karin—, ¿cómo saben quién soy?

—No hay shinobi en el mundo que no sepa quién eres, Uzumaki Naruto. —El susodicho alzó la mirada para encontrarse con la pelirroja que se acomodaba los lentes con un inusual brillo de inteligencia.

Suigetsu tomó asiento a su lado con camaradería, obsequiándole una sonrisa que le permitió una gran vista de su dentadura. Da miedo. Naruto lo miró incrédulo y él habló:

—Eres toda una estrella.

—Oooh, ¡ya los recuerdo, dattebayo! —Suigetsu soltó un «Oh, entonces es cierto que eres el niño-dattebayo» pero se vio ignorado—. Ustedes son esos ninjas raros que eran parte de ese equipo de Sasuke… ¿Cómo era que se llamaba?

—Nos d-dijo ra-raros… —La expresión queda de ambos casi desconcertó al Jinchūriki. Los dos se dedicaron una mirada entre sí. ¡Él es raro, no yo!, se intentaban conciliar. Segundos después hablaron nuevamente al mismo tiempo—. ¡No somos raros!

Si algo desarmaba a los antiguos integrantes de Taka era, sin duda alguna, que los calificaran de «raros». Entendían, obviamente, que por haber, de cierto modo, "pertenecido" a Orochimaru… se malentendiera y la gente creyera que eran como él. ¡Ilusos! ¡Ellos eran malditamente comunes! Sus habilidades ninjas eran únicas, pero fuera de aquello la normalidad los bañaba siempre.

Naruto se enfrascó por completo en la misión de detallarlos. No logró concentrarse demasiado tiempo, consiguiendo una única conclusión: no los entendía. Buscaban excusas para pelear y al mismo tiempo se regalaban miradas extrañas, acercando mucho sus rostros para desafiarse pero insultándose también. No sabía si querían besarse, matarse, molestarse…

Cuando comprendió todo, la sonrisa de Naruto se volvió insinuadora y tuvo que contener una gran risa:

—¿Y ustedes dos vinieron en una cita, 'ttebayo?

La exclamación de horror —dulcemente dicha al unísono— no se dejó esperar ni un segundo. Tanto él como ella se mostraron sorprendidos de mala manera, como si el chico les hubiese insultado de la peor forma existente. Sus rostros reflejaron pavor, desagrado y (jamás en la jodida vida lo admitirían) vergüenza traducida en un sonrojo.

Era la primera vez que se sonrojaban porque los molestaban. Generalmente sólo representaban pavor y desagrado.

—¡Claro que no!

—¡Qué asco!

Naruto entonces se permitió mostrarles una sonrisa pícara, cosa que paralizó a ambos. Se calmaron y él pudo apreciar que ambos tenían las mejillas un tanto rojas. Los ex-compañeros iban a inquirirle algo en tono balbuceante, pero él se les adelantó con un:

—Oh, así que es una cita~.

—Estás loco —aclaró Suigetsu de manera calmada. Instantes atrás había fingido una tos para disimular su pequeño sonrojo, y ya había recuperado las riendas de sí mismo. Procedió a explicar con una sonrisa simple la situación—: Nos odiamos. Y no vengas con eso de que del odio al amor hay un solo paso. Hay menos pasos desde Konoha hasta Kiri, ida y vuelta… y eso diez veces. No es una cita. Además, a esta chica que tengo a mi lado le gustan los chicos llamados Sasuke.

—¡Imbécil! No inventes… —Karin estuvo asintiendo, extrañamente de acuerdo con Suigetsu, hasta caer en cuenta de qué dijo al final. Se acercó con amago confidente al chico—: ¡Es su amigo, le podría decir esas mentiras! —susurró con alarma.

—Ustedes… casi parecen competir por quién se "odia" más.

Los dos se volvieron hacia Naruto, ya que al enfrascarse en sus pequeñas peleas solían perder el sentido y su concentración sólo se enfocaba en el otro. Para alivio de Karin, Naruto ignoró lo dicho por Suigetsu.

—Claro. —Fue el turno de Karin de hablar. La simpleza de igual modo se entreveía en su tono—. Somos bastante competitivos.

Se te hace tarde todavía… —le recordó Kurama a su Jinchūriki. Este se encontraba pensando sobre la palabra «competitivos» que la chica había dicho.

Luego, después de pensar bastante acerca de eso, Naruto tuvo una idea, a su sabio ver, genial.

—Hagamos una apuesta, 'ttebayo —dijo el rubio, despertando el interés de ambos. Los dos soltaron un expectante «Te escucho» antes de dejarlo hablar—. Mejor dicho, una competencia. —La malicia se dejaba entrever en cada movimiento del chico, cosa que sólo los ponía en un estado de impaciencia más crítico—. ¡Hagamos una competencia de comer ramen! Quien sea el que menos coma, paga la comida de los tres y… Ehh, y…

—¡Y sólo puede usar ropa interior por el resto de la noche!

La propuesta de Karin redobló el interés por la competencia. Si bien ambos chicos abrieron los ojos con cierta sorpresa, esta emoción sufrió una metamorfosis bastante grande, transformándose en una sonrisa maligna.

—Si tanto deseas mostrarme tu ropa interior —musitó—, debiste haberlo dicho antes, Karin. Espero que estés usando la ropa interior sexy.

—¡Hah!, estás seguro de que perderé, ¿eh? —le espetó con una sonrisa burlona—. ¡Jamás perderé contra ti! Y déjame aclararte, tiburón idiota, que mi ropa interior siempre es sexy.

Naruto, sintiéndose ignorado (una pesada atmósfera de seducción y odio —quién sabe cómo diablos era eso posible al mismo tiempo— se notaba justo encima de esos dos extraños miembros del antiguo equipo de Sasuke, mientras que su compañía brillaba por su ausencia), decidió que era hora de comenzar con la competencia. Total, no llegarían tan tarde…

—Entonces… —interrumpió en un carraspeo. Miró a Teuchi con complicidad y solamente cuando escuchó el sonido de los platos contra la mesa, gritó—: ¡uno, dos y a comer~!


Sakura ahora conversaba con Temari, como notó Sasuke. En medio de un mar de tantas personas extrañas que le miraban con una admiración tan ciega, que en algunos casos rozaba el temor, la única salvación que encontraba el Uchiha eran sus conocidos de antaño. Pero ella conversaba con Temari, Kakashi con Gaara y Naruto probablemente había muerto intoxicado por tanto ramen.

Y él estaba allí. Mirando, pensando. Y sintiéndose extraño y ajeno de pronto; porque Konoha había cambiado y él también, aunque deseaba dentro (no tan en el fondo) que todo fuera como antes, que su ida hubiese puesto pausa al mundo y que, al volver, todo se diera como si alguien presionase Play en la vida.

Sin cambios, pensó él.

—Shikamaru me necesita. —Alcanzó a oír. Volviendo la vista hacia las dos chicas, advirtió que Temari miraba hacia un punto incierto con algo de fastidio—. Lo siento, Sakura. Hablamos luego.

Entrevió la sonrisa que decía «Lo lamento» a gritos de la mayor, también los ademanes de «No te preocupes, nos vemos luego» de Sakura, pero no entendió mucho por qué la expresión de Temari cambió al voltearse y ver a Shikamaru. Era una sonrisa extraña, en cierto modo divertida, que decía algo como «Hola, idiota».

—Ahora sí estoy lista —dijo Sakura al llegar a su lado. Le sonó un poco a disculpa, y aunque Sasuke estaba un tanto incómodo en un lugar así, no se sentía mal.

Claro, no le agradaron las miradas que ciertas personas (como Kiba) le dedicaron, mas no era tan grave como el caso con cierto individuo que se le acercó a llamarlo directamente idiota (Kiba) o como otro que intentó voltear su vaso —repleto de misteriosos contenidos— "accidentalmente" en el kimono que Kakashi le regaló (, Kiba). Sasuke casi tenía ganas de averiguar si Kiba tenía algo en su contra. Casi.

Quizás se sentía un poco resentido por el hecho de que se declarara candidato a Hokage después de haber intentado destruir Konoha y al mundo, pero quién sabe. Para Sasuke no eran razones de odio (por más de que lo fueran para el común denominador; tal vez «común» —o cuerdo— era la clave allí).

—¿Te gusta?

Sasuke de verdad no sabía por qué, pero se encontró desarrollando la pequeña manía de romper el silencio en presencia de sus compañeros de equipo. Intentaba entablar conversaciones, o salvarlas de la muerte precoz como en ese caso.

—Sí… mucho. —Sakura se mostró sorprendida y las mejillas le comenzaron a arder: Él intentaba conversar, una especie de ¿educación? que antes tenía—. El lugar está espléndido, y la noche está especialmente hermosa; es cosa de mirar la luna. Es la de tu mano.

Cuarto menguante. Proporcionaba bastante luz pese a no estar en todo su esplendor, estando rodeada por un par de traviesas nubes de colores fríos que cortaban el negro infinito de la noche, negro que sólo destacaba los pequeños puntos que eran las estrellas y negro que Sasuke observaría toda la noche sin aburrirse.

Le gustaba la luna. La luna le robaba oscuridad a la noche, y prevalecía aún en el día, aún en la luz. Le gustaba mucho la luna.

—Es una noche muy linda —repitió Sakura, llevando su mirada a sus pies—, y estamos los dos juntos.

—Sí.

¿Por qué se sonroja?

—Me gusta que haya vuelto Sasuke-kun. —A él le tomó un tiempo comprender que eso no era lo mismo que «Me gusta que hayas vuelto, Sasuke-kun», sino que apuntaba al hecho de que, lentamente, volvía a ser el de antes, fundiéndose el pasado con el presente para crear a un Sasuke nuevo en diferentes aspectos.

Aparte de jutsus, aprendió de la vida. Porque quien tiene la maldición de ver la muerte también posee el don de la vida, o así funcionó en su caso. Porque Sasuke por primera vez estaba eligiendo qué quería, estaba guiándose por sus sentimientos porque… ya no quedaba nada más contra lo que luchar; ya no tenía que superar a su hermano, ya no tenía que superar a Naruto, a su equipo, a Konoha.

Ahora sólo se tenía que superar a sí mismo. Ahora sólo se debía dedicar a sí mismo. Él, Sasuke. A él, a conocerse, a conocer a los otros, a vivir.

—A mí también —susurró Sasuke, casi sin dejar que los oídos de su compañera captaran la primera parte. A mí también me agrada ser el de antes. No lo decía porque era su naturaleza; no lo omitía porque era Sakura, era la chica que lo abrazó cuando creyó que necesitaba consuelo—. Los hice pasar por muchas cosas.

Ninguno se molestó en preguntarse por qué no decía directamente que los hizo sufrir como un maldito.

—Sí… Aunque, de cierto modo, nos obligaste a crecer rápido. Lo cual no justifica lo otro, claro…

—La guerra cambia —dijo, seco.

—El dolor cambia a las personas —observó ella. Miró largamente a Sasuke y él sintió cómo le atravesaba el alma.

Molesto. Así calificaría a la sensación, debido a que su corazón aún tenía hielo dentro y Sakura se empeñaba en derretirlo —Naruto también, aunque de otra manera que no incluyera algo así como interés romántico. Aquella calidez que lo fundía cada vez que ella lo miraba (porque ella lo miraba con amor, como si pudiese perdonar todo lo que hizo porque deseaba entenderlo y él no entendía por qué ella, tan feliz como podría ser, elegía a alguien tan maldito como él y con un pasado tan pesado sobre los hombros; no llegaba a comprender qué veía en él: Sakura tenía el cielo a su alcance y seguía prefiriéndolo; a él, al infierno), le hacía pensar que algo se removía tan fuerte en su interior como hacía tiempo no lo hacía.

Sin saber cómo reaccionar, alzó la mirada al cielo. Sus orbes negros chocaron con la bóveda azabache que era el cielo, interrumpida por pequeños puntos luminosos.

—¡Mira, una estrella fugaz! —La voz de Sakura lo distrajo de sus pensamientos. Ella también miraba hacia arriba al decir lo primero, pero recargó sus ojos en Sasuke al volver a hablar—. Vamos, ¡pide un deseo, Sasuke-kun!

El Uchiha no sabía qué pedir. Para empezar, no creía en cosas así; de creer, seguía sin venir a su mente qué pedir: ya lo había perdido todo, no obstante, también había ganado todo lo que quería. Su nueva familia, su Equipo 7 estaba con él. Y Sasuke, más que pedir, agradeció al estúpido Neko no Jutsu por permitirle reintegrarse a su equipo a la fuerza.

Que siempre sea así, murmuraron sus pensamientos. Quería siempre tener a Sakura, a Kakashi y a Naruto, que siempre, siempre, siempre estuvieran con él. Quería sus abrazos, sus enseñanzas, sus peleas amistosas. Quería que lo invitaran a pasear, a entrenar, a una competencia de cualquier idiotez, y quería negarse a todo pero sonreír en el fondo, ya que le encantaba que su equipo siguiera insistiendo. Quería seguir sonriendo para sus adentros sólo para que su equipo no notara cuán dichoso era por el simple hecho de que estuvieran ahí con él. Y eso le pidió a la estrella fugaz, al mundo, al destino, a lo que fuera o quizás sólo a él mismo. Siempre.

Sus ojos volvieron a Sakura para descubrir que ella lo miraba desde antes con una sonrisa casi cómplice. La curiosidad pudo más que la estoicidad propia de él, por lo que le preguntó:

—¿Qué pediste?

—Nada. —Sasuke pocas veces se mostraba interrogante como en aquella vez. Ella le miró con una sonrisa que irradiaba tanta luz que parecía propia de Naruto, del Sol—. Porque mi deseo ya está aquí.


Tenía una muy buena razón de por qué iba tarde; era porque necesitaba realizar una visita con suma urgencia e impostergable, para lo que era necesario sumergirse en la oscuridad más profunda que se podía encontrar en Konoha: la cárcel de máxima seguridad. Solamente los ANBU más poderosos y dignos de confianza, sumados al actual Hokage que gobernara, sabían dónde se encontraba ésta, siendo que cambiaba de posición y escondite con cada Hokage, de manera que los villanos más poderosos —y que continuaran vivos— no pudiesen idear planes para escaparse.

Con un ingenioso sistema, cortesía de Tsunade, a éstos se les quitaba la facultad de pelear y defenderse privándolos de energía física. El chakra quedaba en un nivel tan bajo que incluso efectuar un pequeño jutsu era imposible; sólo en casos extremos se llamaba a algún Yamanaka, haciendo que éste destruyera la mente del individuo —siempre y cuando fuera potencialmente peligroso incluso con una cantidad ínfima de chakra, o sea, que fuera un genio.

Los clásicos tacones de la Hokage hicieron eco hasta que llegó a la celda que buscaba y a la única que estaba ocupada en toda la cárcel. Paró con tranquilidad.

—Hoy los fuegos artificiales se alzarán nuevamente. Lástima que no podrás verlos.

No se podía distinguir del todo cuál era la mueca del sujeto, porque la oscuridad dentro de las amplias y mohosas celdas era muy densa. Para Tsunade, era claro que una sonrisa se había formado al instante. Casi lo compadecía por ser de los únicos "villanos" que habían sobrevivido.

—¿Cuánto deberé estar acá? —Ahí estaba, podía oír la sonrisa en sus labios—. Me aburriré pronto, he de avisarte.

—Tch, no es cosa de aburrirse. El Consejo decidirá eso.

Escuchó cómo él se acercaba, el pesado y metálico sonido de las cadenas rasgando el silencio. —¿Esos traidores?

Tú no estás en posición de hablar. Una burlesca, sarcástica y odiosa risa se escapó de los labios de la mujer, aunque no respondió nada en absoluto. Aún no conseguía ver al interior de la celda, él no deseaba mostrarse según parecía. Ella extendió una copa, sacada de entre sus ropas, hacia la celda en total silencio, insistiendo para que la tomara.

—Nunca pensé que me darías de tu preciado sake —se burló—, hoy ha de ser un día especial.

El prisionero tomó la copa entre sus manos, dando un sorbo con deleite y lamiéndose los labios en el acto. La Hokage miró hacia otro lado con apuro, taconeando levemente; el eco era tan profundo que la ponía ciertamente nerviosa estar con él tanto tiempo, ya le tenía confianza, mas su presencia era tan o más incómoda que antes.

—Lo es. Por otro lado, el Consejo será juzgado. Quienes están tomando la decisión de qué hacer contigo son los nuevos integrantes de éste.

—Me tenéis un mes aquí sin dejarme hacer nada pero… ¿qué planeáis después? Yo odio a Konoha y Konoha me odia a mí.

Ambos sabemos qué pasará.

—Tu pupilo, Uchiha, pasó por algo peor. Era un gatito. —Escuchó cómo el hombre se relamía los labios con gusto ante la mención del chico y Tsunade no pudo más que entornar la mirada—. Si continúas así, creeré en los rumores de que tú querías el cuerpo de Uchiha Sasuke de otra manera y me veré obligada a mantenerte alejado de él. —El sannin iba a objetar algo pero Tsunade se alarmó de repente al darle una rápida ojeada a su reloj—. Oh, debo irme ahora; adiós.

Se dio media vuelta y caminó un par de pasos antes de que la voz del hombre la interceptara. Vio cómo se pegaba a la reja y cómo sus ojos centellaban incluso en la oscuridad cuando se volteó. Al fin se podía detallar: el cabello sedoso, largo y perfectamente liso; los ojos del mismo color exótico e hipnotizante, y casi daba gracia el pequeño y vacío vasito de sake en una mano, mientras que con la otra sujetaba la ceja.

Sintió que los ANBU, invisibles en esa cárcel, se tensaban. Ella, por el contrario, se relajó ante el gesto de él.

—Oye —Nuevamente podía oír su sonrisa divertida. No maligna—, feliz Noche Kibō, Tsunade… Disfrútala mientras puedas, porque cuando salga destruiré Konoha.

No recordaba haberlo escuchado bromear así hace mucho tiempo. Sin mentiras, porque ambos sabían que ya no era verdad eso; por más que la mujer no lograra entender las razones de su antiguo compañero, sí comprendía que había desistido, quién sabe por qué, de Konohagakure.

Tsunade sonrió. —Feliz Noche Kibō, Orochimaru.


—¡SI NO PRESTAN ATENCIÓN AHORA, LOS MATO!

Todos callaron ante el potente rugido del Raikage, quien lucía un puño en alto y un ceño profundamente fruncido, asustando a la mayoría de los invitados. Había pedido de manera paciente y educada silencio durante un par de minutos, mas los shinobis parecían bastante sumidos en conversaciones triviales como para prestarle atención; subió un poco el tono de las peticiones, viéndose ignorado con más descaro ahora. Perdió la paciencia y les gritó: Después de todo, era una persona imponente y el infundir terror se le daba bien.

Era claro que los Kages habían demorado, haciéndoles esperar un tanto, pero ésa no era razón lógica para que les faltaran el respeto así. Fue media hora de retraso, a lo mucho, y, después de todo, los ninjas se entretenían conversando entre sí; los espacios que se creaban debajo del edificio del Hokage daban cabida a miles de personas, por lo que era inevitable terminar conversando con alguien próximo.

—Hasta que se callan —bufó A.

—Siempre tan sutil, Raikage-sama. —Un suspiro de amor se elevó ante la llegada de la Mizukage, quien sonrió para el público al quitarse el sombrero de Kage, dedicó una pequeña disculpa ante sus pares y volcó toda su atención a los shinobis. Un par de hombres cayeron desmayados y Mei rió delicadamente, haciendo que otro par más sucumbiera ante su presencia—. ¡Bienvenidos a la Noche Kibō! —El vitoreo no se hizo esperar ante aquella frase—. Como saben, tenemos un gran anuncio que dar, pero esto no se hará hasta el final de la noche, ¡así que disfruten de todo lo que puedan!, ¡y —Alzó un dedo, esbozando una sonrisa pícara— aprovechen de… hacer "amistades" con gente nueva!

Por sobre la risa del público, se elevó la voz de la Hokage quien subía apresurada:

—¡¿Llego tarde?!

—En absoluto —respondió Oonoki con una sonrisa. A su lado estaba Gaara y Tsunade no pudo evitar pensar en cuán cercanos eran ellos ahora; del desagrado pasaron al interés, y usualmente se les veía discutiendo sobre qué era un ninja o cómo habían cambiado los tiempos—. Sólo te has perdido de los gritos del Raikage-dono.

El susodicho desvió la mirada con un «Tch» de resignación.

—¿Qué hacías, Hokage? —La voz de A era dura y rasposa, aunque sonreía.

Hablaba con el idiota que intentó destruir mi aldea.

—Hablaba con un… viejo amigo.

La Mizukage se encontró a sí misma en la encrucijada tarea de revelar o no quién podría ser aquel viejo amigo, puesto que la sonrisa que la Hokage se permitió en ese momento fue cansada y nostálgica, pero con un toque de esperanza en el medio de todo el caos provocado. Mei también sonrió con su decisión ya tomada; aquella sería una linda noche y no valía la pena arruinar el humor de Tsunade con preguntas inoportunas.

Desde allí podía ver al mar de gente que asistió a la adorable velada que habían preparado con tanto esmero. La Torre del Hokage era un lugar ideal para dirigir y observar, y ahí era donde los cinco grandes líderes convergían en un solo punto, listos para actuar en cualquier situación.

En medio del gentío, algo llamó la atención de Mei. Con cierta sorpresa curvándole la boca en una sonrisa, habló suavemente:

—Hokage-sama, tu alumna. —Uno de sus dedos señaló una pequeña cabellera rosada, acompañada por una brillante cabellera negro azabache y un insolente rubio detrás haciendo escándalo al escuchar a los Kages. Naruto, concluyó la Mizukage.

—¡¿Pero qué…?! Ah —Suspiró con cierto cansancio—, está con Uchiha Sasuke.

A frunció el ceño notoriamente, muy dispuesto a despotricar en contra de aquel ninja joven tan atractivo que Mei amenazó en antaño. Oh, claro que ella recordaba bien a Uchiha Sasuke. Los Uchiha, aparte de un orgullo emblemático y buenos ojos, tenían rasgos bien definidos, con una belleza casi legendaria; Sasuke era el último vivo, y sí que había heredado esas facciones duras tan atrayentes propias de su clan.

Su carácter parecía también una herencia.

—Oh, un chico problemático.

—¡¿Problemático?! ¡Mizukage, debes estar bromeando! El muy imbécil intentó destruir… —La mirada de Gaara frenó las palabras del Raikage, terminando la oración con un bufido de exasperación.

—Él selló a Kaguya.

Y entonces la Mizukage rió. Ella recordaba cuando se escapaba con chicos a la edad de Sakura, ¡las aventuras que había acumulado en esos tiempos eran impagables! Sí, definitivamente aprobaba que la linda chica pasara tiempo con Sasuke, de seguro que lograba pasar un buen rato. Los chicos como Sasuke no se encuentran muy seguido, a criterio de Mei, así que lo mejor era aprovechar.

Bueno, ella carecía de los antecedentes que sí conocían Gaara y Tsunade sobre Sasuke, así que le parecía casi un buen partido.

—Pero qué juventud la de hoy… —soltó Mei entre la risa, ajena a que ésta produjo más desmayos que las veces anteriores.


Los orbes negros de Sasuke lucían más oscuros al observar a su compañero.

Tan pronto como el discurso de bienvenida de Terumī Mei finalizó, Naruto se acercó discretamente a su amigo, preguntándole si tenía un minuto para hablar. Él, intrigado, accedió, porque el rubio se veía más serio que de costumbre, cosa rara. Se lo llevó a un lugar más alejado y caminaron durante un rato. Uno de los caminos que llegaba a la Torre del Hokage también pasaba por un pequeño bosque, en donde se hallaba un campo de entrenamiento detrás de los árboles, y Naruto se mantuvo un poco silencioso y ajeno durante todo el trayecto hasta que encontraron una pequeña banca, solitaria, a un lado.

Naruto procedió a sentarse y al fin habló:

—Me preocupas.

—¿Por? —Se sentó a un lado—. Desde la Cuarta Guerra que no…

—No es eso —cortó—. Eres tú. Le prometí a Itachi que te cuidaría y no puedo cumplir eso a menos que seas feliz.

El Uchiha se quedó sin palabras, al igual que careció de expresión. ¿Qué podía responder a eso?, ¿que era feliz? No quería mentir. No era tan pleno como lo había sido antes, cuando no todos lo miraban con temor (lo que, en realidad, le daba igual, pero le molestaba no poder sentirse normal y tranquilo en general. Le gustaba no llamar la atención, la gente le solía apestar).

—Sasuke —le llamó Naruto con una seriedad inusual, a lo que él respondió mirándolo—, déjame decirte algo, teme. ¿Quieres ser feliz un instante? Véngate, haz que permanezca ese odio y rencor dentro de ti que sé que está todavía… Puedes elegir ese camino y ser feliz.

—Dobe, ¿quién te ha dicho esas tonterías? Ya estoy aquí, ¿no te basta? —respondió bruscamente. Sabía que sus pecados eran duros, pesados, pero no requería que le recordaran a cada minuto que los había cometido. Conocía su lugar.

Su amigo, al entender que lo había puesto a la defensiva, decidió poner su mano en el hombro del chico y una sonrisa luminosa en su cara para expresarle su felicidad. Él sólo era bueno con las palabras cuando se trataba de cosas que entendía, como era el dolor y la soledad… Mas, ahora, comprendía de igual manera cómo se sentía Sasuke.

Debía estar muy contrariado.

—Sí, estás aquí después de hacerte rogar mucho —bromeó. El Uchiha frunció el ceño—. Yo y Sakura-chan sabemos que no eres el mismo y que has pasado por muchas cosas como nosotros, pero déjame decirte la otra parte de lo que te diría. Si quieres seguir guardando el rencor y cerrándote al mundo, hazlo. Pero ¿quieres ser feliz toda la vida?… Perdona.

¿Perdonar?

Él creía haber perdonado en el momento en que entendió todo el pasado de la aldea, el motivo de sus acciones, aunque todavía no entendía el gran amor que profesó su hermano mayor hacia Konoha del todo, el hecho de que Itachi quiso sacrificarse de manera voluntaria. Cuando accedió a interceder a favor de Konoha en la guerra, creyó perdonar.

—Es difícil deshacerse del rencor que siempre queda al empezar a perdonar, lo sé. Sólo hay una forma de deshacerse de ese rencor que te hace estar más distante, cambiarte a ti mismo y alejarte.

Sasuke alzó levemente las cejas como si quisiera saber qué seguía.

—Nosotros. Tus amigos —dijo Naruto con una sonrisa.

Quizás ahora era más arisco, más frívolo, más sombrío. Veía las cosas desde perspectivas diferentes desde hacía tiempo y negando el innegable cariño por sus amigos solamente se sumía más en la soledad, haciéndose daño.

Entendió a lo que se refería Naruto: no era que no hubiese perdonado, era que tenía que dejar ir todos esos dolorosos recuerdos. La mirada azul del rubio le decía que se quedara con los buenos momentos, que ése era el último paso para perdonar; quería decirle que recordara con cariño a Itachi y con amor a su sacrificio, que recordara los momentos en que la villa era lo más preciado para él, que no viera a sus padres ensangrentados, sino que los viera vivos, alegres, jugando con él.

E innegablemente decía que él se encargaría de los del Consejo, que eran los únicos culpables. ¿Para qué asignarle la culpa a toda la aldea cuando habían sido tres personas? Es más, ¿para qué seguir con el doloroso recuerdo de su pasado?

—Intenta hacer eso y vuelve a ser el mismo teme de siempre. —Golpeó suavemente su hombro, él lo fulminó con la mirada—. No estés tan amargado ni distante. Recuerda lo bueno y sonríe, idiota.

—Dobe —concedió con una pequeña sonrisa.

Era verdad que había cosas que dejaban cicatrices que jamás sanarían, que quedarían marcadas en el alma como quedan las profundas heridas marcadas por siempre en la piel, como un recordatorio de qué te lo causó o de por qué te lo hiciste. Sin embargo, si te echas alguna crema o pides al médico algún tratamiento para sanarla, el dolor que causa se aliviará y sólo será un recordatorio, no un dolor constante.

Era hora de que Itachi, la aldea y su dolor fuesen recordatorios. Era hora de que dejara que algo sanara esa cicatriz que aún estaba un poco abierta. Quizás la alegría de Naruto o el cariño de Sakura o la presencia paternal de Kakashi eran lo que necesitaba, como siempre.

Era hora de cerrar la cicatriz por completo, quedarse con lo mejor y continuar como empezó su camino. Con un dobe, una molestia y un pervertido a los que quería.

Naruto, no muy seguro de si Sasuke comprendió o estuvo de acuerdo, inquirió:

—Teme, ¿me escuchaste?

Sasuke quiso decirle muchas cosas luego de lo que había escuchado, cosas que se entremezclaban en su cabeza de tal modo que no sabía qué decir en realidad. Todo era una mezcla difusa de varias ideas, de varios trozos de frases que podría exponerle a su amigo mas nada estaba completo por sí solo, o siquiera era coherente sin algún, valga la redundancia, complemento; carecía de una respuesta que lo dejara satisfecho. Su cabeza hacía de todo menos aunar las ideas.

En parte podría haberle respondido algo confuso, como que sí sabía, que sí quería, pero que no encontraba cómo. Otra parte de su ser le gritaba que por favor le dijera a Naruto que no podría lograrlo sin ayuda de ellos, de su equipo. La última parte solamente le rogaba que respondiera lo que fuera, con la excepción de algo estúpido (vamos, no iba a perder la dignidad a estas alturas. Lo de Nekosuke fue un golpe bajo al ego Uchiha).

Por alguna razón, lo que escogió para decir fue:

—¿Dijiste algo, dobe?

Naruto iba a explotar y a gritarle un millón de cosas, pero se vio cortado por una voz bien conocida antes de comenzar con la pataleta ya planeada.

—Naruto.

—¡G-Gaara! —fue una suerte de exclamación ahogada—. ¿Pasa algo?

Naruto se veía ilusionado. No era difícil entender qué clase de pensamientos desfilaban por su cabeza; de seguro esperaba que el Kazekage viniese acompañado de la gran noticia de que él sería nombrado Hokage. Los ojos le brillaban y pasó un par de segundos sin parpadear.

¡Quizás el gran anuncio sea… sea…! El rubio no podía ni pensar.

—Conque aquí has estado. Los Kages requieren tu presencia.

Sasuke temió, durante breves segundos, que su amigo se desmayara ante tal declaración: Temblaba levemente y tal era su sorpresa que ni siquiera pudo formular una sonrisa instantánea como acostumbraba. Gaara no ostentaba ninguna expresión en particular, hecho que hizo que el Uchiha afinara el ojo para sacar conclusiones rápidas según pequeños detalles que observaba.

Comenzando, Gaara jamás estaría tan indiferente si el título de Hokage estuviera esperando a Naruto. Era cosa de saber leer entre las líneas de la expresión, talento —o condena— adquirida por Sasuke a la fuerza, ya que él tenía un parecido lejano con la actitud del pelirrojo, así que sabía cómo esconder emociones y de qué manera se escapaban algunas expresiones.

Mucha felicidad: voltearse y sonreír para que no lo vieran. Aunque Gaara no fuera así… tampoco lucía feliz. Oh, si era cosa de ver la preocupación plasmada en los ojos claros del chico para notar que no era una noticia buena para Naruto, o tal vez para comprender que Gaara temía ilusionar a Naruto en vano.

El Uchiha cayó en cuenta de que cierta vacilación se fundía con la ilusión en la cara de su amigo, como si no tuviese muy claro si estaba bien ir y dejarlo solo cuando el mismo rubio lo había llevado a un lugar aparte para conversar mejor, privándolo de la compañía de Sakura —quien había alegado querer decirle algo importante también. Aun así, Sakura sigue esperándome.

Vamos, no era tan difícil darse cuenta de que a Sasuke no le interesaba seguir hablando de momento. Que se fuera de una vez, no le influía en nada.

—Vete.

—Lo que hablamos…, recuérdalo —musitó un tanto preocupado, mientras Gaara lo jalaba levemente para desaparecer del lugar. Mas Naruto se resistía, viéndolo con intensidad.

Ya vete, dobe. Entendí.

—Oye —Sasuke pudo ver de lleno la expresión grave de Naruto, quien, al volverse para decir esto, estaba más serio que de costumbre. Le rogó un segundo a Gaara con la mirada para decir—: te hablo en serio. ¿Vale?

Sasuke tomó una decisión drástica. Le sonrió. —Los Kages te necesitan.

Sólo ahí Naruto se fue tranquilo, cargando también con una sonrisa.


Se encontraban frente a frente. Ella casi temblando de nervios y él impasible, aunque curioso.

—¿Y? —preguntó él en un susurro.

Quizás era una manía nueva adquirida: odiaba perder el tiempo; inmediatamente se ponía a pensar en cómo podría estar aprovechándolo (aprendiendo cosas nuevas, entrenando o demás). Tal vez era porque al estar con Orochimaru solía ser exigente consigo mismo, los horarios eran sagrados: necesitaba ser fuerte de manera rápida, cosa que sólo resultaría si era constante. El orden era su líder en ese entonces, y aunque nunca le gustó perder el tiempo, esto se reforzó bajo la tutela del sannin.

Momentos después de que Naruto desapareció con Gaara, Sasuke decidió ir por Sakura, que también le había dicho que necesitaba hablar con él. No obstante, dio un par de pasos y se encontró con la chica, que alegó haberlo estado buscando durante un rato de ocio. Sasuke no quiso preguntarle si se había cruzado con Naruto, pese a que era evidente que sí.

—Necesitaba…, em, darte algo.

Su tono correspondía a una persona que se trataba de infundir valor. Sasuke alzó una ceja.

—Pero antes quiero preguntarte algo. —Verde y negro se encontraron—. ¿Por qué…? Quiero decir, ¿por qué siempre nos alejaste a mí y a Naruto?

El silencio se tornó espeso y Sasuke, aunque endureció la expresión y apretó la mandíbula, se incomodó. Se avergonzaba de lo que había llegado a hacer, mas no se arrepentía del todo; tenía sus razones entonces y las seguía encontrando válidas. Fue a extremos, lo admitía, pero en realidad en esos tiempos no se sentía con demasiados ánimos como para pensar en qué estaba haciendo o en qué consecuencias tendría, recién ahora le tomaba el peso a todo. Quiso tener una pequeña oportunidad para evadir la pregunta pero era cosa de ver a Sakura, con sus ojos verdes brillando con expectación, y de recordar a Naruto, haciéndole un discurso hacía dos minutos sobre asumir las consecuencias y continuar adelante —hasta que Gaara lo interrumpió.

Entonces Sasuke suspiró imperceptiblemente, diciendo:

—Naruto y tú no hacían más que interponerse en mi meta.

Sakura también juntó la mandíbula con ira, no obstante, Sasuke no dijo nada más, esperando atentamente la reacción de su compañera. Se irguió un poco y la miró con su usual máscara indiferencia.

—¿Interponernos? —Optó por preguntar, con la rabia e impotencia escapándose en cada palabra pero con un tono casi cansado.

—Siempre que me proponía algo… ustedes aparecían. Y ustedes no hacían más…

—No lo digas —siseó Sakura, herida y enojada.

—No hacían más que estorbar —sentenció entonces él—. Te lo dije una vez: ni siquiera tú me podrías separar de mi objetivo. Estaba mejor sin ustedes.

De un segundo a otro, el Uchiha sintió un dolor punzante en una de sus mejillas, casi pudiendo ver cómo el calor subía a ella para colorearla de un rojo intenso y sintió cómo su cuerpo se iba hacia atrás. Abrió los ojos con sorpresa antes de caer en cuenta de qué había pasado: Sakura le había dedicado un puñetazo. Por mera inercia el Susano'o se había activado, atenuando el golpe contra el piso que Sasuke se llevó; los reflejos ninjas eran más rápidos que el pensamiento.

El impacto no fue tan grande, sino que cayó sobre su espalda al tropezar consigo mismo, recomponiéndose al instante. Había pasado por cosas peores.

Desactivando el Susano'o, que le cubría la espalda con un armadura y ni un centímetro más del cuerpo, Sasuke se llevó una mano hacia la mejilla magullada. Creo que me rompió algo. Cuán fuerte era Sakura y eso que no había usado ni siquiera chakra. El chico casi se sintió idiota por haber activado aquel jutsu por un simple puñetazo (que le dolió: no tuvo tiempo para reaccionar y cubrirse).

—Perdón… —musitó ella sin mirarlo, aunque aquella disculpa era claramente falsa—. Es solo que estás siendo injusto.

Él no dijo nada, porque ¿qué era un golpe en comparación a lo que él había hecho? No obstante, Sakura no lo había dejado terminar de hablar. Decidió que ella debía tomar la palabra un momento, parecía a punto de explotar y él no tenía problemas en no hablar. La expresión de Sakura fue entonces la misma que cuando insultó a Naruto debajo de aquel puente en donde peleó contra Danzō, minutos después de intentar asesinar a dos de cuatro integrantes del Equipo y a poco de intentar pelear contra el rubio.

Porque a Sakura le podían hacer daño, pero no a Naruto. Ni siquiera Sasuke.

—Eres un idiota. —El silencio se cortaba por los suaves susurros de ella, que parecía querer dejarle algo muy en claro pero sin demostrar enojo—. Lo eres y antes lo eras aún más, pero Naruto y yo estuvimos ahí. Sobre todo Naruto. —Ella exhaló profundamente, como si estuviera cansada de repetir ese discurso—. En ningún momento esperamos que nos recibieras con los brazos abiertos, aunque después de la indiferencia, las palabras despectivas y los intentos de asesinato te sigues comportando como un idiota. ¡No toleraré que insultes a Naruto, menos cuando es gracias a él y a que se haya humillado por ti el que estés vivo!

Sasuke, como pocas veces en su vida, quedó perplejo. Su cara era de hielo, pero bien sabía Sakura descifrar qué había debajo —no tan bien como Naruto, claro: para él, Sasuke era un libro abierto (complicado, contradictorio, pero abierto al fin y al cabo).

—Prácticamente no hay un shinobi en todo el mundo que no hayas intentado asesinar. —Alzó un dedo—. Indirecta o directamente.

Repasó mentalmente la lista de la gente que deseó matar en algún momento, y era cierto que era tan variada como para contener enemigos de Konoha, Konoha, enemigos de él, enemigos de sus amigos, sus amigos, la gente que mató a su clan, la gente que continuaba viva de su clan… Sí, no tenía nada que rebatir respecto a esa afirmación. Era un imbécil, no un hipócrita.

—Así que al menos, sólo al menos, podrías ser un poco más agradecido con quienes te han soportado todo. Y cuando digo todo, tú mejor que nadie sabe qué es todo. ¡Deja comportarte como un tonto, como si te hubiésemos hecho un favor al irte a buscar o soportando tus maltratos!

Al Uchiha se le hacía extraño el haber recibido dos sermones el mismo día; no, de hecho, tres: uno por cada miembro del Equipo Siete. Naruto y Kakashi solían ser los que se los regalaban, mientras Sakura se mantenía al margen, porque ella no entendía demasiado la lógica que movía a Sasuke. Entendía que él quería vengarse, aunque al mismo tiempo le era inexplicable cómo podía renunciar a todo por un motivo tan vacío; después de todo, ella era una de las pocas personas que no tuvo demasiadas muertes que lamentar en su vida. Quizás por eso se enamoró de Sasuke, para conocer algo del dolor de perder a alguien, o por eso se hizo mejor amiga de Naruto, para comprender cuánta impotencia generaba el no poder cumplir tus sueños.

Ella no lloraba ni sus ojos insinuaban querer hacerlo. Más bien, fulgían.

Sasuke compuso una sonrisa de un segundo y se puso de pie. Había escuchado sentado en el suelo lo que Sakura tenía para decir, pero él también deseaba acotar algo. Su gesto varió a algo serio, rozando la gravedad, y habló:

—Estaba mejor sin ustedes, era lo que solía pensar —aclaró—, porque mi camino era oscuridad. Los intenté alejar, pero ustedes insistían. Les… hice daño —terminó en un murmullo—… Perdón. Los hice sufrir. He hecho muchas cosas de las que me arrepiento. —Ahora sí: su expresión era solemne.

Los ojos de Sakura se abrieron con sorpresa para luego entrecerrarse un poco al esbozar una sonrisa enternecida. La chica susurró: —Eso quería oír.

La Haruno dio un par de pasos hacia Sasuke, quien no se movió ni un centímetro ante esta acción porque deseaba ver qué haría ella ahora. La expectación lo llenó, aunque de una manera menos violenta de la que estaba acostumbrado (solía ponerse así al preguntarse qué ataque ocuparía su oponente). Su expresión era la misma de siempre, bañada en indiferencia que a ojos de extraños parecía una cara grosera, un semblante duro y hostil que les decía a gritos «Déjame tranquilo», pero que sus compañeros conocían bien como algo natural y que, en realidad, ésa era su cara neutral.

—Eres un idiota.

Los pozos negros y sin fondo que Sasuke tenía por ojos fueron a parar a su izquierda, tratando de observar la mejilla afectada, pero sobre todo grabando a fuego el lento camino que recorrió la mano de Sakura, primero para tocar ligeramente y con sabor a una caricia el lugar donde lo había golpeado, y luego para registrar cómo el suave chakra de Sakura se activaba. La mano femenina se separó de su piel, porque el chakra servía como conector entre la mano y la herida, así que no era necesario el contacto. Pero a Sasuke le agradó. No lo admitiría, claro.

Ella le murmuró:

—Déjame sanarte.

Cuando quieras, murmuraron los pensamientos del chico en un tono suave —porque ya no tenía que negar el cariño de sus compañeros, tampoco sus cuidados.

Permaneció en silencio, sin variar la expresión, no obstante se dedicó a disfrutar del contacto: El chakra de Sakura, y deducía que el de la medicina en general, irradiaba una calidez que se terminaba por fusionar con una sensación de alivio, ya que la sanación era, en efecto, rápida y agradable. Sasuke lo comparaba con su propio chakra y obtenía claras diferencias; el color de éste ya era una —azul, mientras que el de Sakura era verde—, para qué hablar del propósito. Él mismo sentía que el Chidori, por ejemplo, era un tipo de chakra violento, frío, aunque liviano (para hacer más fácil su uso, claro), e incluso los ataques de alguien como Naruto carecían de la calidez que un ninja médico podía entregar.

Karin era la excepción a eso. Ella no sanaba de la misma manera de Sakura, por lo que aún no sabía entregar esa misteriosa calidez.

—Me alegra que estés aquí —habló Sakura, apenas mascullando. Aunque en medio del súbito silencio era fácil oír. Ella, que dos segundos atrás analizaba con exagerada concentración la mejilla del muchacho y el proceso de sanación, subió la vista para que sus ojos verdes se dieran cuenta de que los ojos negros ya la estaban mirando—. Es… casi como en los viejos tiempos, Sasuke-kun.

—Hn.

Traducción: Sí. Y me gusta.

Ambos sostuvieron la mirada un par de segundos y permanecieron en un cómodo silencio. Literalmente, carecían de pensamientos en esos momentos, como pasa cuando la situación se roba tu concentración.

Entonces la mano de Sakura se deslizó hacia un lado, lejos de su mejilla, y ella comenzó a acercarse hacia él de manera lenta, tranquila pero sin vacilar, como tanteando terreno y dándole espacio de rechazarla. Pero él no se movió. Los ojos de ella se cerraron a unos centímetros y los de él la imitaron. No hubo tiempo de pensar «¿Qué estoy haciendo?».

En pocos instantes, Sakura capturó la boca de Sasuke con estudiada lentitud, como si se recordara a ella misma que debía tener precaución para no asustarlo. Sasuke, con la vaga idea de cómo había que responder, intentó hacerlo. Ninguno tenía prisa y nada rasgó el silencio salvo unos arbustos moviéndose escandalosamente, pero la atención de ambos estaba en otra cosa. Los labios de Sakura guiaron vagamente a los de Sasuke y ambos se sentían cómodos, bien, cálidos y se entregaron de lleno al beso.

Para el chico era extraño y diferente sentir una boca sobre la suya. Era una unión. Un lazo.

Estuvieron un tiempo breve besándose, hasta que la Haruno se separó con tranquilidad. Temía ir muy rápido para Sasuke, y ella estaba bien como estaba. Tenía las mejillas sonrosadas y la boca aún entreabierta, un poco más roja de lo normal. Sonrió con dulzura y Sasuke tragó duró, cayendo en cuenta de qué cosas habían pasado y vio a Sakura muy bella.

(Realmente, la vio).

—Iré con Naruto y los demás —anunció.

Sasuke asintió, porque el beso le había robado las palabras. Vio cómo Sakura desaparecía sin mirar atrás —el Uchiha jamás presintió que la chica estaba roja a más no poder, preguntándose qué rayos había hecho y hundiéndose en un mar de felicidad a la vez— y se quedó parado un rato más hasta reaccionar.

Deambuló hasta una banca solitaria que estaba a un lado del camino, procedió a sentarse y observó la noche como nunca antes la había visto: con intensidad. La noche. Sasuke era un ser nacido de la noche: De la noche en que Itachi asesinó al clan, de la noche en que dejó Konoha, dos sucesos que lo cambiaron notablemente. Acalló a sus pensamientos al notar que la noche se coloreaba.

Vio cómo los fuegos artificiales iluminaban el cielo con sus colores. Rosa… Naranjo… Gris…

Podría haber enumerado todos, no obstante prefirió nombrar los que le parecieron más llamativos; una sonrisa inusual apareció en su cara y llenó sus ojos que también parecían sonreír, como sólo lo lograban hacer sus compañeros. Sasuke era un ser nacido de la noche que era iluminado por fuegos artificiales de color rojo, como el emblema Uchiha que le enseñó que el amor de familia jamás se olvida y que tus raíces te acompañan siempre; rosa, como el cabello de la chica que le enseñó que el amor prevalece incluso en el odio y que tener a alguien que se preocupe por ti te conforta; naranjo, como las ropas del chico que le enseñó que siempre hay esperanza y que nunca es tarde para empezar de nuevo; gris, como el cabello del sensei que le enseñó que perder a una familia no quiere decir que no vayas a encontrar a una nueva, y que el encontrar una nueva familia no significa reemplazar a la antigua.

Ya entiendo por qué llamaste "Noche Kibō" a esta noche, Tsunade.

Más que deseo, Sasuke sintió una calidez constante en su boca luego del beso. Sumada a sus pensamientos, esa calidez se juntó y derritió la coraza de hielo que inútilmente construyó para protegerse de volver a querer. Una calidez, un fuego interior que lo hizo sonreír un leve segundo y afirmar, más que preguntarse:

—Estoy en casa.

(Y casi escuchó cómo sus compañeros y su familia le respondían: «Al fin. Bienvenido de nuevo»).


—¿Naruto-kun? —musitó una voz suave—, ¿estás bien?

El aludido, antes de salir de entre los arbustos, cerró la boca porque la mandíbula casi le tocaba el suelo. Fingió una risa despreocupada mientras se frotaba la parte posterior del cuello, como siempre hacía cuando estaba nervioso o mintiendo. No entendía cómo ella había llegado a parar allí, pero era un momento incómodo para hablar.

Se sacudió los posibles residuos que de seguro quedaron en su kimono y miró hacia donde estaban los arbustos (en realidad, a lo que había detrás), cerciorándose de que sólo él mismo hubiera visto lo que vio. Si la chica había presenciado aquel "espectáculo" de igual manera, no sabría cómo explicarse a sí mismo. Comenzó a caminar en dirección al edificio del Hokage, así no se arriesgaba a que sus compañeros los escucharan y se hiciera un gran momento tenso.

—Claro que sí, Hinata.

—¿Ocurrió algo?

La voz de Hinata ahora era clara y suave, porque la guerra le había arrebatado los tartamudeos usuales. Si bien su timidez persistió, cuando la situación y persona lo requería, podía hacerse escuchar; se sentía orgullosa por eso, no era cosa de que fuera tímida o no, era hacerse respetar cuando debía. Algunas veces se avergonzaba frente a Naruto, aunque, por lo general, los titubeos se hacían a un lado cuando la ocasión involucraba a Naruto.

El chico, ante la insistencia, se desarmó un momento.

—No, dattebayo. —Rió alegremente. Inusualmente, a ella le pareció muy falso; aquel acto la hizo preocuparse, cosa visible en sus facciones. Naruto, al caer en cuenta de eso, también se enserió un poco y procedió a reiterar—. En serio, no pasó nada.

Evaluó la figura de él despacio, pensando en qué decir. —Puedes confiar en mí, Naruto-kun.

El rubio cambió su aspecto falsamente alegre a uno un poco más serio y un tanto melancólico. Hinata dio un paso más cerca, casi dispuesta a reconfortarlo con un abrazo de ser necesario.

—No es nada importante… —dijo con la cabeza gacha—, de verdad, 'ttebayo. Es sólo que Sasuke y Sakura-chan… Ellos…

El fingido tono alegre fue decayendo tras cada palabra para convertirse en un inaudible murmullo hacia el final. La cabeza de Naruto, acompañando a su tono, también bajó y sus orbes dejaron de posarse en Hinata, paseándose por el suelo de tierra. Hay un «ellos», completó el rubio en sus pensamientos.

—Oh…

No podía decir nada más que un monosílabo, no porque su timidez hubiese aflorado nuevamente, sino porque no sabía qué podía decirle para que no sonara a compasión. Repasó suavemente sus pensamientos para llegar a lo esencial que quería decirle a Naruto, deseando poder hacer que ya no tuviese esa expresión triste.

El Jinchūriki no le quiso explicar que luego de que el Kazekage lo arrastrara lejos de su mejor amigo, Sakura apareció en medio de aquel camino de tierra. Realmente estaba muy bella. La sonrisa de Naruto se ensanchó en ese instante, queriendo recordarle lo linda que se veía a su compañera.

¿Sabes dónde está Sasuke-kun, Naruto? —Antes de que él abriera la boca, ella soltó aquella pregunta, intentando mirar detrás de su compañero.

¿Por qué siempre lo buscas a él?

Sigue el camino de tierra hasta que comience a aparecer el bosque. Encontrarás una banca y unos arbustos frondosos a un lado. Sasuke debería estar ahí. —Aunque Naruto, luego del rezongo soltado, lo fulminó con la mirada por la información entregada, el Kazekage ni se inmutó. Tomó el antebrazo de Naruto con más fuerza y prosiguió con el camino.

A duras penas alcanzó a divisar la linda sonrisa que Sakura les regaló. Estaban un par de pasos por delante de la chica y ella misma emprendió rumbo hacia Sasuke, por lo que se comenzaban a alejar cuando dijo:

Gracias, Gaara.

De nada —murmuró él en respuesta—. Naruto, los Kages te necesitan —le dijo al chico cuando éste intentó soltarse por décima vez.

¡Quiero ir un rato donde mis amigos y vuelvo de inmediato! ¡Lo juro, lo juro!

—… —Los ojos claros de él lo observaron, con su rostro que rogaba por una oportunidad—. No.

Entonces el rubio miró con sorpresa al cielo, justo encima de la cabeza de Gaara, y señaló un punto incierto.

¡U-un ataque, dattebayo! —El Kage se volteó con rapidez, posicionando sus brazos, habiendo soltado a Naruto con antelación para tenerlos desocupados y ocupar la arena como defensa. Mas, al darse vuelta e inspeccionar el cielo, cayó en cuenta de que era una broma de mal gusto. Volvió su vista hacia su amigo, pero este ya corría a varios metros—. ¡Vuelvo enseguida!

Como nunca en su vida, el pelirrojo quiso aporrear algo. Qué desesperante era. Procedió a seguir al chico, pero éste se desvió del camino principal y se introdujo en los campos de entrenamiento que se ubicaban a un lado del lugar. Lo siguió, casi maldiciendo, aunque se encontró con algo obvio desde el principio: se había escondido.

Lo continuó buscando mientras Naruto se carcajeaba en su súper escondite: los arbustos a un lado del camino en donde había conversado con Sasuke. Habían llamado su atención desde el principio, así que les dio una utilidad práctica al utilizarlos para hacerse invisible. Si miraba hacia su izquierda, encontraría a Gaara rehaciendo sus pasos una y otra vez para deducir dónde estaba escondido, y si miraba a su derecha tenía la perfecta visión de Sasuke y Sakura besándose, nada del otro mundo.

¡¿Qué diablos está pasando aquí, dattebayo?! Naruto se tapó la boca con muchísima fuerza y se tropezó consigo mismo, consiguiendo que el arbusto se moviera hasta el punto de hacer muchísimo ruido. Era obvio que no era natural. Lo iban a encontrar, encima el Uchiha creería que los espiaba por, quién sabe, pervertido; era Sasuke, jamás se sabía qué locura podía pensar, pero de lo que estaba seguro era de que tenía un instinto asesino que no podía ser calificado de sano.

Sin embargo, ninguno de los dos se dio por enterado y siguieron con lo suyo. Los ojos azules del chico casi se salían de sus cuencas.

Wow —habló Kurama, con los ojos bien abiertos y una de sus enormes sonrisas—. Jamás me lo esperé de un Uchiha, menos de alguien como Sasuke.

Yoyo tampoco, dattebayo… —respondió.

Su idea al escaparse de su amigo pelirrojo fue juntarse con sus dos mejores amigos y supervisar que el chico de pelo azabache que tenía por amigo socializara, que se viera feliz y abierto, aunque nada demasiado extremo. Era Sasuke, después de todo, según Naruto se recordaba. Ver a sus dos compañeros compartiendo saliv… No, dattebayo, ¡qué asco! Ni lo podía pensar. Fue muy inesperado, tanto que en cuanto los vio, desvió su atención a otro lado en vez de dedicarles un segundo más.

Ni siquiera vigiló su Gaara seguía al acecho y comenzó a salir de su escondite. Ahí lo encontró Hinata.

—No sé cómo llegaste a este lugar tan solo y deprimente, pero debió haber sido extraño encontrarme en medio de un arbusto —acotó con una sonrisa. Hinata se la devolvió.

Toda Konoha sabía que a Naruto le atraía Sakura, aunque nadie podía intuir con cuánta intensidad o profundidad lo hacía. Los pensamientos de la chica vagaban en torno a eso. Si bien a ella jamás le molestó eso o le causó envidia, le preocupaba que él saliera herido; Sakura amaba a Sasuke y dudaba que eso cambiara. Con el tiempo, cuando casualmente su mirada blanca caía en un rubio y una chica de pelo rosado acompañándose el uno al otro, se alegraba cada vez más de la estrecha relación que Naruto llegó a tener con ella; se notaba a leguas que su amistad se había profundizado mucho durante el tiempo, que podían apoyarse por un tácito lazo de hermandad nacido.

La mente del chico, por otro lado, viajaba entre la duda de qué estarían haciendo sus compañeros en ese minuto y la locación actual de Gaara. Se sentía mal por haberse escapado, de seguro que el universo lo castigó con tan horrible visión.

—Ino-san me pidió si podía buscar al Kazekage-sama, porque los demás Kages lo necesitaban. No fue extraño —aseguró, sonriendo—. Sobre lo otro… lo entiendo —mencionó Hinata, tan suavemente—. ¿T-te sientes muy mal?

Creyó, como todos y el mismo Naruto, que el sentimiento de admiración y atracción se fue transformando en algo más profundo pero por un camino diferente. Estimaba que todo se convirtió en hermandad. De todas formas, entendía perfectamente su sentimiento de contrariedad: él la había querido mucho y ahora verla con otro, sin haber dejado en claro sus sentimientos previamente, fue algo que lo tomó por sorpresa.

—Eh, fue una sorpresa, ¿sabes? —Sonrió con esa aura de alegría que siempre le había gustado—. Es sólo que hace un tiempo he estado un tanto confundido y nunca quise decirme abiertamente que Sakura-chan me quería como amigo. Fue un poco chocante verla con el teme… así —Lo recorrió un escalofrío—; nunca me lo imaginé.

Había sido un golpe duro verlos, debía admitirlo. Sus sentimientos por Sakura eran un ciclo a medio cerrar que él mismo nunca quiso aclarar; siempre se alegró de que ella fuese feliz, mas la posibilidad de que fuera con Sasuke nunca la evaluó.

A él le había llamado la atención una chica hacía un tiempo, no obstante, no podía entregar por completo sus sentimientos a ella hasta que cerrara el ciclo con su compañera. Verla besándose con el Uchiha fue la forma de cerrarlo por fin, un poco dolorosa y abrupta, pero eficaz.

—Aunque… ¡a mí también me había empezado a atraer una persona hace mucho tiempo, dattebayo! ¡Y esta vez en serio!

Le dolió porque todavía albergaba unos sentimientos por la chica, aquellos que se negaban a transformarse en amistad o hermandad. No se había esforzado en que éstos tuviesen su metamorfosis, después de todo, así que no se quejaba demasiado. Aunque él creía que no había pasado por esa necesidad casi desgarradora que sufría Sakura en los tiempos en que Sasuke estaba lejos; él no sentía tan profundamente la ausencia de la chica, no necesitaba tanto su presencia. Si comparaba sus sentimientos con los de Sakura, se quedaba corto, ya que incluso para él era palpable el cariño que tenía por el Uchiha.

Tampoco podía decir que se lo veía venir. Lo último que imaginó fue a Sasuke besando a alguien.

—¿De verdad? —Un rubor recorrió sus mejillas. ¿Podría ser ella? No, sería imposible.

… Y el desagradable recuerdo de su primer beso vino a él. Sasuke sí había besado a alguien: a él. Vomitó a un lado de unos árboles (no habían parado de caminar y cada vez estaban más cerca, aunque sus pasos eran cortos y lentos), haciendo que Hinata lo mirara dubitativa y con cierta alarma. —¡¿Naruto-kun?!

—T-tranquila —murmuró, luchando por no limpiarse el vómito con el puño de tan caro y valioso traje—.Ya estoy bien.

El suspiro de alivio de ella no pasó por alto para él. Se preocupaba por él incluso por estupideces como esa.

—A-así que ya tienes a alguien…

—¡Sí! Ella es genial, ¿sabes? Siempre tiene una palabra de aliento para mí aunque se arriesga por tonterías. —Puso un dedo en su barbilla para pensar qué más podría decir—. Es dulce y creo que le gusta el ramen, además es simpática pero siempre se desmaya cuando le hablo demasiado, ¡y no entiendo por qué, 'ttebayo!

La cara de Hinata se encendió con un fuerte rubor, un nudo en su garganta le impidió soltar alguna exclamación de sorpresa o demás, un nudo causado por la timidez. ¿Soy yo? N-no puede ser… No me debo hacer falsas ilusiones.

—Pero por sobre todo, ¡le debo un gran agradecimiento por todo lo que ha hecho por mí! —exclamó, usando sus brazos para darle más efecto a lo dicho, extendiéndolo como abarcando todo y más todavía—. ¿Tú crees que esté loco, dattebayo?

—N-no —negó fuertemente con su cabeza—, claro que no.

—¡¿Eh?! Estás rojísima, ¿no tendrás fiebre?

En un intento por tomar su temperatura, posó su mano en la frente de ella y Hinata sintió que le faltaba el aire, mareándose por unos segundos. Se obligó a sí misma a no desmayarse o hiperventilarse por culpa de esa acción que era tan inocente.

Confianza en ti misma, confianza en ti misma, ten confianza en ti misma y no te desmayes…

—No es nada. E-en serio no es n-nada, Naruto-kun —titubeó, rogando para que se quitara antes de que fuese demasiado. Si era verdad que ella era de la que hablaba él, sería demasiado para ella por un día; pudo enfrentar tomar su mano, no obstante una casi-declaración-aún-no-confirmada era más de lo que podía soportar—. No es nada…

Antes de que Naruto pudiese abrir la boca, unos apresurados pasos, seguidos de un suave llamado se dejaron escuchar. Sai apareció de la nada, viniendo desde la Noche Kibō. —Gaara-sama te llama, Naruto.

—Ajá. —Se sentía culpable. Debía ir—. ¿Dónde está?

Sai pareció evaluar la situación, ignorando la pregunta de Naruto y su expresión confundida, poniéndose un dedo en la barbilla.

—¿Interrumpí algo? —Observó con sumo interés la pequeña sonrisa que tenía la chica, más tranquila ahora que el rostro del rubio estaba a una distancia prudente y sus pensamientos eran claros—. Ya veo, a ti te gusta Naruto; leí en un libro que la gente se pone roja cuando está con quien quiere y sonríe mucho. —Miró la noche, pensativo—. ¿O eso significaba que quería tener relaciones sexuales con la persona?

La chica se avergonzó muchísimo más, intentando acallarlo. ¡Naruto no podía escuchar eso!, ¿y si de verdad lo creía? La heredera del clan más antiguo de Konohagakure se sintió desfallecer al pensar en la mínima posibilidad de que él tomara en serio lo que Sai le estaba diciendo. Contrario a los temores de la chica, el rubio negó con desesperación al ser ignorado.

—No le hagas caso, Hinata. Es un poco raro… No entiende jamás cuándo parar de mentir, 'ttebayo —dijo, casi exasperado—. Dime dónde está Gaara de una vez, maldito.

—Por la parte trasera del escenario principal, creo. Entiende por «escenario principal» a la Torre de la Hokage-sama.

—No soy idiota. —Al ver que Sai planeaba responderle algo, lo miró enojado y ocupó un dedo acusador para indicar al pálido chico que se quedó con la palabra en su boca sonriente—. ¡Tú quédate callado, no estás en posición de hablar, dattebayo!

Él asintió con una falsa sonrisa. Naruto lo miró cabreado, odiaba sus falsas muecas que, según él, eran útiles para salir de aprietos. Inspeccionó la cara del chico, falsa y pálida, pasando al traje: tradicional, simple, nada al lado del regalo de Kakashi. Sonrió con superioridad, se veía mucho mejor que Sai, quien ni pareció haber hecho un esfuerzo para lucir más o menos bien, sino que parecía que su kimono tenía años de uso, con su azul deslavado (¿es que todos los hombres ocupaban azul? Naruto casi sentía ganas de darles consejos de moda. Sí, Naruto el estilista, sonaba genial. Bueno, él era genial) y acabado común. Hah, me veo mejor que alguien al menos, dattebayo.

Prácticamente negando con la cabeza, su mirada dio de lleno con Hinata. Abrió los ojos con sorpresa. ¡Pero si estaba muy linda! No lo había notado por estar inmerso en trivialidades. Su cabello estaba suelto y lacio, al igual que siempre, pero se recogía un mechón a un lado del rostro con un pinche elegante, de metal dorado y piedras de colores; el kimono era de tonos morados: el fondo era el lila más sutil y se hacían un par de círculos que jugaban con las tonalidades; lila en el centro y violeta en los bordes de aquellos círculos, pasando por el morado en el medio. El clan Hyūga debía querer lucirse aquella noche, puesto que el Jinchūriki también había examinado a la rápida el traje de Neji y se veía muy bien.

Para sorpresa de Naruto, Hinata llevaba un poco de maquillaje. Si bien sus ojos blancos y su cabello oscuro le solían dar un aire de una fotografía en blanco y negro, esta vez se había retocado los labios en un tono rojizo que armonizaba a la perfección con su rostro, ya que, en vez de pintárselos de un rojo intenso, había optado por destacarlos solamente con algo más discreto. El rostro le cambiaba con los labios pintados.

—¡Hinata! —exclamó Naruto de pronto. Ella no alcanzó a preguntar qué sucedía cuando él continuó—, ¡te ves muy bien, dattebayo! No lo había notado.

—Gracias… Tú también te ves bien —dijo, aunque por dentro se preguntaba de dónde había sacado el valor para decir eso—. El kimono es muy lindo.

La dulce sonrisa que Hinata ostentó hizo sonrojar a Naruto, aunque él no entendió por qué. Acometido por una inesperada emoción, no supo bien qué decir y resultó en que tropezara con sus propias palabras:

—Y-yo… debo ir donde Gaara. ¿Vienes?

—Ino-san me pidió buscarlo, después de todo. Pero no puedo. —La boca de Naruto, tirada por una sonrisa, pasó a estar boquiabierta con un «¿Ah?»—. Mi hermana aún no llega, así que la iré a buscar también.

—Oh… bueno —murmuró, sintiéndose súbitamente alicaído—. ¡Nos vemos en la pista de baile, entonces! Y no vayas al inicio del bosque o verás algo desagradable. —Hizo una mueca de asco puro al recordar el beso entre sus amigos. Un temblor lo sacudió. La chica rió, asintiendo—. Oh, y Hinata…

—¿Mm? —El chico la miró, realmente la miró. Vio sus suaves gestos, como su boca curvándose en una mueca interrogante o sus cejas juntándose para realzar el gesto, justo arriba de sus ojos que todo lo veían; vio su cabello cayendo delicado en sus hombros, prolijo pese al viento frío que corría, y el peinado lindo y elegante que ostentaba; vio el hermoso kimono que tenía y la vio a ella. A Hinata. Vio a la chica y no a una compañera.

Él mismo también se sorprendió al notar eso. Sai los miraba inexpresivo, intentando sacar en limpio alguna conclusión sobre lo que estaba pasando. Entonces, sin saber bien qué quería decir, pero sabiendo que tenía que decirle algo, habló:

—Una última cosa —susurró con una sonrisa, medio volteado hacia ella, sintiendo la curiosa mirada de Sai delante de él—: Gracias… por todo lo que has hecho por mí, dattebayo.

«Pero por sobre todo, ¡le debo un gran agradecimiento por todo lo que ha hecho por mí!»


Gaara hizo acopio de toda su fuerza —tanto de voluntad como física— para cumplir con el cometido que se le había sido asignado. Naruto era un ninja testarudo y distraído; cada tramo del camino trataba de iniciar una conversación, cambiando de tema al instante, y no paraba de preguntar para qué lo necesitaban tanto. El Kazekage no era estúpido, entendía a qué tema quería llegar su amigo. Lo intentó ignorar.

—Así que… ¿me van a dar mi título de Hokage? —Naruto comenzó casual, llevándose las manos detrás de la cabeza de la típica manera en que solía caminar, pero al terminar alzó las cejas un par de veces con picardía hacia Gaara, con esperanza de que contestara a su indirecta—. ¿No, dattebayo?

Gaara ni siquiera lo miró.

Desde que Sai le había llevado al chico —por precaución, Gaara lo esperó en la misma entrada de la Noche Kibō; no fuera a ser que escapara nuevamente—, con frecuencia se vio obligado a liberar un poco de su arena para guiar los pasos de Naruto (como en aquel entonces en donde el rubio lo salvó de Akatsuki, y, avergonzado como nunca, no quiso darle la mano; su misma arena guió la mano de Naruto a la suya, uniendo, sin que nadie más lo supiera, a la Arena y la Hoja, a Suna y a Konoha, al viento y al fuego), ya que seguía y seguía intentando desviarse o adelantarse. Estaba muy inquieto.

—Por aquí, Naruto —señaló, con su voz haciendo eco en las frías paredes y sonando un tanto más grave—. Sube.

—Ehh, ¿por qué estamos detrás de la Torre del Hokage, dattebayo? —Siguió la orden del pelirrojo, sintiéndose despistado. Se encontraban, como ya había dicho, en la parte trasera de la Torre del Hokage, justo en donde se derramaban las escaleras que guiaban hasta el techo. La fiesta era justo en frente de la torre, por lo que Naruto se sintió aislado y aburrido al verse detrás, donde ni un alma acechaba el lugar—. Casi da miedo… —habló entre dientes.

—Sube —reiteró Gaara parsimonioso, y Naruto casi tuvo ganas de fusilarlo con la mirada.

¡Eso hago, dattebayo! Mas no habló, obligando a sus pies a subir con la desgana marcándose en cada movimiento, todo adrede. Llegaron a la cima en un escaso minuto que se alargó eternamente por los obvios intentos de Naruto de hacer notar que no quería estar allí, o al menos no sin el título «el Hokage-sama más genial» como estimulante.

De nuevo, Gaara pasó de él.

—Llegamos.

—Sí, llega… —El Jinchūriki quería estampar su aburrimiento en sus palabras, sin embargo la visión que se le otorgó al llegar lo dejó casi mudo. Sí había estado en aquel techo y vislumbrado todos los tejados de la ciudad, los árboles allá al fondo que se apelotonaban formando el bosque, incluso un poco del borde de las murallas de la aldea, pero verlo repleto de gente de todas las naciones, con la noche bañando con un aire irreal el lugar y la luna como reina absoluta (Es la de la mano de Sasuke, recordó Naruto), era muy diferente. Aturdido por tanta belleza, repitió—: Sí.

—¡Bienvenido, Naruto-kun!

La vista, para alguien como Naruto, resultaba espectacular. Cuando pequeño, se subía a pintar los rostros de los Hokages y de igual manera veía muchas personas, aunque sus rostros siempre eran de ira o desprecio; de pronto se encontró a sí mismo siendo mirado por cientos de ojos felices y cada persona ostentaba una sonrisa. La voz feliz de la Mizukage lo llevó de vuelta a la realidad y también el suave empujón que ésta le dio. A, para sorpresa de Naruto, le sonrió como diciéndole «Hazlo». Gaara y Oonoki se hallaban detrás del chico, mientras que Tsunade le sonreía a un lado de A. Las manos de Mei lo guiaron hasta el borde del techo del edificio, en donde una pequeña reja cortaba la caída hasta el piso.

Antes de poder hablar para preguntar qué pasaba, un aplauso sacudió la tierra y asustó a Naruto, quien, con los ojos muy abiertos, tuvo que darse unos momentos para poder reaccionar con normalidad: primero, se restregó los ojos para comprobar si estaba viendo bien, para luego pellizcarse y así corroborar que estaba despierto.

Sólo entonces, cuando comprendió que las cosas ocurrían en la realidad y no las imaginaba, fue capaz de descifrar qué gritaban las personas:

—¡Feliz cumpleaños, Naruto!

Todas los países, todas las aldeas, todos los elementos y todos los ninjas se fusionaron en un único y feroz grito que remeció hasta el más firme de los cimientos.

Naruto, el Naruto que alguna vez lloró porque nadie lo necesitaba; el Naruto que hacía travesuras y reprobaba cada examen; el Naruto que quedó en el Equipo 7, que definió su camino ninja con Zabuza y Haku, que juró jamás faltar a su palabra y ser Hokage; el Naruto que fue discípulo de Kakashi, de Jiraiya; el Naruto que salvó al Kazekage; el Naruto que encontró a Sasuke; el Naruto que peleó con Akatsuki; Naruto, el héroe que venció a Pain; Naruto, la esperanza; Naruto, el héroe que guiaba al mundo cuando estaba perdido; Naruto, el que hizo entrar en razón a Obito, que se las vio contra el gran ninja Madara y la temible princesa Kaguya; Naruto, quien luchó contra Uchiha Sasuke y lo hizo reír, llorar y sonreír; Naruto, al que Kakashi confundió con Minato y llamó sensei; Naruto, por el que Sakura moriría para proteger sus sueños… Naruto, Uzumaki Naruto, miró con creciente incredulidad a la multitud y, tras un breve silencio, rompió en llanto.

Todos los Naruto, fusionados en uno, en la madurez que alcanzó y le faltaba por alcanzar, sollozaron cada sentimiento que lo invadía y lo sintió: la felicidad, el enorme orgullo que se gana al conseguir su meta más deseada. Recordaba como si hubiese sido ayer cuando Haku le dijo que lo peor que le puede pasar a alguien es no ser necesitado, porque se había sentido terriblemente identificado. ¿Quién querría a alguien como él?

En el camino que recorrió encontró compañeros, maestros, a su padre y madre, a su padrino, amigos, ¡gente que estaba con él! Tenía amigos, tenía compañeros, tenía familia, ¡lo necesitaban, lo querían!

No es que «el Hokage será reconocido por todos», sino que «quien sea reconocido por todos será Hokage».

Las palabras de Itachi lo golpearon, aturdiéndolo más. Quiso hablar, pero el llanto le robaba la voz cada vez que deseaba articular palabra. Y es que, en mucho tiempo, no lo sacudían tantas emociones a la vez. Aunque el título de Hokage no estuviera esperándolo, parte de su sueño se había cumplido; en un principio quería el título de Hokage para que la gente supiera que él valía algo, que su nombre quedara grabado en sus lenguas y que sus ojos se abrieran con sorpresa y admiración ante alguien como él, pero a medida que fue caminando y creciendo, sintió que el ser Hokage le movía el piso y remecía el corazón: de verdad que quería liderar a la gente de Konoha.

—Es un poco tarde. —Tsunade se acercó para descansar una mano sobre su hombro, sonriéndole con cierta ternura al notar que Naruto no podía parar de llorar—. Tu cumpleaños fue hace un tiempo, pero, de alguna forma, todos queríamos celebrar al héroe.

—Gra… gracias —logró articular, regalándoles una sonrisa—. ¡Muchísimas gracias, dattebayo!

Le tardó unos minutos cambiar las lágrimas de alegría por una luminosa sonrisa. Deseaba dominarse y hablar, pero por cada vez que abría la boca, un nuevo recuerdo, siempre feliz, mutaba en una emoción tan fuerte que lo acometía, que le robaba el habla.

Ahora, con la compostura recuperada, les entregó su alegría en forma de sonrisa:

—Muchísimas gracias de nuevo, ¡ustedes son mis compañeros, dattebayo! Es… gracias a que estuvieron a mi lado. —El corazón de Hinata dio un vuelco al oír eso. Naruto lo había hecho a propósito. ¡Hinata!, ¿me estás viendo?—. ¡Son mis amigos, y no se librarán tan fácilmente de mí, dattebayo! —¡Sasuke, eso va para ti en especial! Rió en sus pensamientos—. ¡Gracias por estar ahí para cuidarme y regañarme cuando hacía tonterías! —Sakura-chan, Iruka-sensei, sin duda son ustedes—. ¡Y por enseñarme tantas, tantas cosas! —Kakashi-sensei, Ero-sennin, Bee, ¡papá, mamá, todos!—. Yo… ¡El ser Hokage es mi sueño y no pararé hasta cumplirlo!

La mano en su hombro, cortesía de Gaara, le indicó que no era necesario decir más. Naruto tampoco tenía más que aportar, así que le asintió a su amigo para hacerle notar que era todo lo que deseaba decir y se volteó, dando de lleno con la imagen de los Kages sonriéndole con orgullo. Tsunade vio en un leve flash al niño que besó en la frente, casi embriagándose de tanta nostalgia que la acometió: Naruto había crecido de una manera…

—¡Nuestro héroe!

Y él volvió a sonreír cuando las Cinco Naciones Ninjas se unieron en aquel grito.


Sasuke había vuelto a la fiesta pocos instantes después de que Naruto había subido a aquel escenario.

Abrumado por todas las sensaciones que lo invadieron de pronto (el beso de Sakura palpitándole en las sienes, en la memoria, en los labios), creyó necesario un instante para meditar. Él no era de actuar sin pensar; contrario al común denominador, sus acciones solían tener un porqué (exceptuando las que cometió cuando, bueno, perdió la cabeza). Caminó el tramo en silencio y se extrañó un tanto al ver que Hinata pasaba a su lado en cierto momento, como si recién estuviera llegando al gran acontecimiento, aunque la breve sorpresa se le pasó rápido cuando él mismo ingreso a la Noche Kibō.

Casi hipnotizado por los vítores hacia Naruto, se quedó quieto en una esquina cercana (miró un segundo hacia su izquierda y notó que los Doce de Konoha revoloteaban justo por la zona donde se encontraban las mesas repletas de diversos manjares; debía ser por la exagerada curiosidad que todos poseían y por Chōji, concluyó Sasuke), se apoyó en la pared que tenía detrás, se cruzó de brazos y escuchó tranquilamente todo lo que el rubio tenía para decir. No pudo evitar sonreír al verlo llorar, recordando el lema de la vida de Naruto:

¡El ser Hokage es mi sueño —Veía a Naruto de doce años nuevamente, ajustándose su bandana ninja y sonriendo con confianza— y no pararé hasta lograrlo!

Para Sasuke era evidente que el chico lograría su sueño: tenía un carisma innato y su esfuerzo conmovía a cualquiera, además de que con sacrificio y muchos años de soñar con ser el mejor, lo había logrado. Más veloz que el Rayo Amarillo, más fuerte que la Habanera Sangrienta —aunque Sasuke no tenía cómo saber eso. Luego, para sorpresa de Sasuke, Naruto sí mencionó su clásica frase acompañada de una indirecta bastante directa hacia él: No te desharás de mí tan fácilmente.

Hn. Qué recuerdos.

Comprendiendo que su amigo idiota daba por acabado su breve discurso-agradecimiento, decidió reunirse con su equipo, anticipándose a que alguien se diera cuenta quién era o que Naruto gritara lo anterior. A pocos pasos del lugar donde los Doce de Konoha estaban, Sakura y Kakashi conversaban quizá sobre el discurso del integrante más revoltoso del equipo. No obstante, Kakashi reparó en la presencia e intención de Sasuke y procedió a excusarse con la médico y emprender camino hacia el Uchiha; este, con gesto interrogante, dejó que su sensei llegara a él, deteniéndose pasos antes de lo planeado.

—Kakashi —mencionó, como saludo y pregunta tácita.

—Sasuke. —Después de parar a su lado, el mayor lo dejó de mirar, metió sus manos a sus bolsillos y posó la vista en Naruto, allá arriba con los rastros de llanto, y en Sakura, que, en afán de no quedarse sola, mantenía una (a la vista) agradable plática con el prodigio Hyūga y Rock Lee. Su rostro, incluso cubierto con la máscara, pareció tonarse más relajado, feliz, sereno—. Las cosas han cambiado de maneras que no esperé. —La voz de Kakashi casi sorprendió a Sasuke, quien se encontraba mirándolo fijamente. Su sensei, que a diferencia del joven, no le dedicó ninguna mirada, posó de lleno sus ojos oscuros en los del Uchiha—. Han crecido.

—Las cosas cambian. Siempre nos sorprenden —concedió Sasuke, observando de igual manera a sus compañeros. En su rostro se divisó algo así como anhelo, mezclado perfectamente con nostalgia.

—Los extrañas, ¿no es así?

La pregunta de Kakashi lo desconcertó. Su cuerpo dio un leve respingo, porque de verdad que lo había tomado por sorpresa, y vio directamente a su sensei con la misma emoción reflejada en el rostro. Sin embargo, su respuesta fue casi un murmullo resignado, con cierto dolor impregnándose a cada palabra.

—Después de las cosas que he hecho… no los merezco.

—El tema es, pequeño Sasuke —inició, sonriendo y elevando un dedo, como hacía cuando daba una enseñanza—, que el amor no se trata de merecer. Si así fuera, habrías perdido a Sakura y Naruto hace mucho. Pero ellos te perdonaban siempre, sin preguntas, sin necesidad de que les respondieras; en sus corazones, ellos intentaban entenderte y se aferraban a la posibilidad de volver a ser lo de antes.

—Equipo Siete… —susurró Sasuke, más para sí que para el mayor.

Él sonrió.

—Sí, al Equipo Siete. Es por el amor que te tienen que intentaron salvarte de la oscuridad. Es por el amor que te tienen que Sakura y Naruto soportaron que los trataras de matar. —Los sentimientos de Sasuke bullían, alocados, en la boca de su garganta. Querían salir, de la forma que fuera: un grito, una lágrima, una frase—. Es por el amor que te tienen, y por el que les tienes, que debes restablecer los lazos que intentaste cortar. Disculparte es un buen comienzo; ellos no te pedirán más.

Los sentimientos del chico sentían la agobiante necesidad de salir, tanto que el nudo en la garganta era doloroso y le ardía al tragar —ese nudo que se forma antes del llanto.

Le iba a decir a Kakashi que ya lo sabía, o que gracias, o que perdón, o que Sakura y Naruto son mi familia, o que perdón de nuevo, o que no lo volveré a hacer, o que no saben cómo me salvaron, o que gracias a ustedes estoy vivo, o que tú también eres mi familia, Kakashi. Sin embargo, el nudo en la garganta pudo más y silenció esas palabras. Lo único que salió de su boca fue:

—Yo…

—Inequívocamente, un gato no necesita compañía. —Con el único ojo visible que poseía, lo miró transmitiendo todas las emociones que Kakashi mismo jamás había transmitido—. Pero tú, joven Sasuke, no eres un gato: necesitas de alguien.

El Uchiha observó en silencio a Naruto hablar allá arriba y a Sakura reír con un sonrojo frente a un ramo de flores, regalo de Rock Lee (enfundado en un inusual kimono verde chillón) mientras Neji lo veía con desaprobación grabada a fuego en el rostro. No podía escucharla, no obstante, deducía que le estaba agradeciendo su atención y a la vez, rechazándolo con dulzura.

Un segundo después Sakura lo miró con cierta sorpresa, notando la mirada que le estaba dirigiendo; luego de salir del aturdimiento, ella lo llamó con una sonrisa. No respondió al llamado más que con un asentimiento, elevando la vista hacia la luna. Me recuerda al Tsukuyomi, hn. ¿Qué sería de él si esa técnica se hubiese concretado?, ¿qué estaría viviendo en su "mundo perfecto"?

Con disimulo —cosa que Kakashi percibió con una sonrisa—, volvió su vista hacia Sakura nuevamente. ¿Estaría ella en su mundo ideal, en un mundo de fantasía? Tal vez, sólo tal vez (se recalcó en sus pensamientos), ni siquiera el Tsukuyomi Infinito, capaz de crear el mundo perfecto, sería tan acogedor e ideal para él como esos momentos; porque Itachi no volvería, sus padres, su clan… ninguno volvería. Pero se sentía bien dejarlos ir, soltarlos: la carga se alivianaba. Mirar hacia adelante, recordó el Uchiha.
Si bien antes tenía quien le enseñara cómo ser un ninja, quien le daba abrazos y besos, quien era su hermano, ahora tenía a Kakashi, Sakura y Naruto y no eran un reemplazo, sino que tenía dos familias y las quería a ambas y joder, no las soltaría por nada aunque no lo admitiera.

—¿Lo sabes, Sasuke? —reiteró su sensei—. Ambos lo hemos perdido todo ya, deberíamos entenderlo de manera parecida.

Entonces respondió:

—… Lo sé.

Sé que hay gente a la que necesito, se guardó Sasuke para sí.


—Oh, hola, Sasuke-kun —saludó Sakura. Sasuke la miró un segundo, pero su mirada se terminó por volcar hacia Neji, quien, de igual modo, tenía sus ojos blancos posados en él.

Kakashi lo había dejado libre después de asumir que había lazos que necesitaba tanto como respirar, desapareciendo en medio de la multitud para dirigirse a un destino incierto, y como Naruto optó por conversar con Gaara luego de terminar su pequeño agradecimiento y aún no terminaban de hablar, sus pies lo llevaron al integrante femenino del equipo —quien se robaba las miradas de ciertos ninjas, porque Sakura resplandecía por sí misma. Pero, siempre había un pero, ella estaba perfectamente cómoda y tranquila conversando con su Neji-mi-pelo-es-el-de-una-princesa-kun.

Como un orgulloso Hyūga, el chico se había vestido con formalidad y elegancia más bien clásica. Vestía un kimono negro con detalles en blanco, que bajo la luna brillaba plateado, que dibujaban pequeñas hojas puestas al azar por la tela, quizás en alegoría con la libertad, porque las hojas parecían volar suavemente, y con Konoha, la villa oculta entre las hojas; su cabello lucía igual que siempre, pero sin la bandana ninja éste se encontraba moviéndose con más soltura al no estar tan peinado como de costumbre.

Lee huyó apenas vio al Uchiha. No sabía cómo hablar frente a él, así que, para no insultarlo sin querer, decidió ir a conversar con el sensei más genial, a su ver. Gai lo recibió con alegría.

Sasuke.

Neji.

Desde los exámenes chūnin que aquella relación entre ellos era tensa. Neji deseaba pelear con Sasuke y viceversa, pero nunca se dio y ambos quedaron con las obvias ganas de demostrar quién era mejor en combate. Ni hablar del detalle de que ambos deseaban demostrar qué tan buenos eran sus ojos. Una causa desconocida había aumentado la rivalidad espontánea que se generó hacía tanto.

(Léase: Sakura).

Los hombres se fulminaron con la mirada y parecían a pocos segundos de activar sus respectivos Dōjutsus; Sakura rió nerviosa, huyendo hacia donde se encontraba Kakashi. Antes de que la chica abriera la boca para explicar qué había sucedido, Naruto se les unió con su clásica sonrisa luminosa y los ojos un poco rojos por el llanto, dejando a Gaara a su suerte.

—¿Qué tal, dattebayo?

—Todo está muy lindo. De verdad que se esforzaron. Cuando hablaste allá arriba, todos estaban escuchándote, Naruto —respondió la chica con gesto dulce. Naruto la hacía sentir casi maternal. El chico se lo agradeció con un poco de timidez y riendo con sus mejillas sonrojadas—. Aunque el ambiente de allá atrás… —agregó en un susurro.

El rubio desvió la vista hacia donde Sakura había señalado. —Wow, el teme y Neji parecen tensos.

Kakashi observaba la situación con cierta gracia pero sin entrometerse, así que su curiosidad aumentó cuando, sin dedicarles alguna otra palabra, Naruto partió riendo hacia donde estaban los dos chicos. Entabló una conversación (que Sakura y Kakashi no lograron oír) por un par de minutos, en los que los ambos portadores de Dōjutsu parecieron enojarse y detestarse un tanto más.

—¿Provocando conflictos entre hombres? —sugirió Kakashi con una leve sonrisa.

Sakura enrojeció de golpe.

—C-claro que no, somos sólo amigos.

—Ya eres toda una mujer, Sakura —dijo su sensei, llevando la vista hacia el escenario y dejando a Sakura más avergonzada de lo que ya estaba.

La Haruno iba a replicar algo, pero el bullicio de atrás no la dejó concretar esa idea. Sasuke y Naruto de nuevo se peleaban, aunque Neji ya no estaba dentro del escenario; Sakura lo buscó con la mirada para encontrarlo conversando con la escandalosa Hanabi, a varios metros —y personas— de distancia. Al parecer, se había retirado pacíficamente y sin mencionar insulto alguno, no obstante esos dos idiotas —modo en que Sakura los denominó en sus pensamientos— sentían una necesidad de discutir increíble.

Miró a su sensei, mas éste no le dirigió ni una mirada de reojo, por lo que decidió que podía retirarse por unos momentos. Kakashi sonrió debajo de la máscara.

Con extrañeza, se acercó al dúo dinámico. La invadió una sensación de nostalgia al verlos discutir como antaño.

—¡Admite que sin mí, Neji te habría dado una paliza!

—Cállate, dobe.

—¿Qué pasa aquí? —inquirió Sakura, poniendo los brazos en jarra.

Naruto, cuando deseaba pelear con Sasuke, armaba un griterío y eso estaba atrayendo la atención de todas las personas. El rubio calló de inmediato, asustado de su amiga, mientras que Sasuke permanecía callado en discusiones por el estilo. Sakura los miró a ambos con el claro mensaje de «No tienen remedio», riéndose un poco y poniéndose al lado de ambos chicos.

Aun así, Naruto tenía la necesidad de tener la última palabra e intentar sacar de quicio a Sasuke.

—¡Teme~! —llamó el chico, sacándole la lengua a su adversario.

Sasuke miró a otro lado y Sakura miró a Naruto, molesta. Con el ceño fruncido, le dijo:

—Ya deja de molestar a Sasuke-kun, Naruto.

—¡Pero Sakura-chan~! —reclamó—. ¡Él empezó!

—Hmph.

—Basta los dos —resopló Sakura, poniéndose en el medio nuevamente—. La noche está muy linda, ¡hay que disfrutarla!

Luego de regalarles una sonrisa luminosa que dejó sin palabras a ambos chicos, tomó a los dos de las manos, guiándolos hacia donde estaban los Doce Novatos. A un lado del gran grupo se encontraba una de las tantas mesas largas con bocadillos deliciosos, lo que hizo que Naruto no reclamara, en cambio Sasuke habló:

—No me jales, Sakura.

—Oh, claro. —Con cierta sorpresa, disminuyó la presión en la mano del chico. Sakura no sabe medir su fuerza, concluyó Sasuke, volviendo a sentir la sangre fluir hacia su mano de a poco.

Cuando faltaban un par de pasos para integrarse al grupo de antaño (que permanecía ajeno a que el Equipo 7 deseaba unirse a ellos), Naruto se soltó de la mano de Sakura para salir corriendo mientras gritaba que le guardaran el ramen. Todos, atraídos por el griterío del rubio, se volvieron. De cada mano, la chica llevaba a un chico, así que si Naruto se soltaba la escena se veía rara y

Sasuke y Sakura no tuvieron tiempo de soltarse las manos antes de que eso pasara. Los ninjas los veían con sorpresa, combinada con una leve expectación por ver qué pasaría luego, aunque Sakura se encargó de soltar la mano de Sasuke un segundo luego de que los vieran.

—¿Ustedes dos están juntos? —Kiba verbalizó la duda de todos, siendo casi tan escandaloso como cierto rubio—. ¿Esto quiere decir que tiran?

—Vamos, Kiba. Dudo que Sasuke sepa cómo tirar, dattebayo. Además… no hablen así de mis compañeros. Qué miedo. Y qué asco.

—¿Tirar? ¿Hablan de tirar la basura? No hay manera en que Sasuke-kun no sepa cómo tirar la basura. Yo le enseño si así lo desea; es fácil.

—No, Sai. Hablamos de otra cosa. Por lo demás, podrían hablar más bajo, es molesto que todos nos miren como si estuviéramos locos.

—Shikamaru, shh. ¡No molesten a Sasuke-kun! Es cosa de preguntarle a Kakashi-sensei por unas lecciones, aprenderá rápido.

—Ino, eso suena a que follará con Kak…

—Ni siquiera completes esa oración, Kiba.

—Sakura podría enseñarle a Sasuke. ¿No dicen que ella tira la basura muchas veces y con muchas personas?

—¡Nadie está hablando de tirar la jodida basura, Sai! ¿Cuál es tu puto problema?

No hables así de Sakura-chan o te golpearé, Sai. Es nuestra compañera, 'ttebayo. Y repito: qué miedo.

—No entiendo por qué Sasuke-kun no sabe cómo tirar la basura —reiteró Sai.

Como todos soltaron un bufido de exasperación ante la nueva intervención de Sai (Hinata, quien se había mantenido al margen, intentó evitar que Kiba golpeara a Sai), ninguno notó que ambos en aquel dúo enrojecieron, aunque Sasuke tosió para disimularlo y no cambió la expresión. La chica se encontraba alarmada y avergonzada, la única solución que hallaba era gritar que no tiraba con Sasuke, pero sonaba realmente estúpido por el hecho de que, diablos, ¿dónde quedaría su dignidad? Y, más importante, estaban rodeados de extraños que conocían muy bien a cada integrante del Equipo 7, de igual modo a los Doce de Konoha.

Eran famosos o algo por el estilo. Gritar ¡No tiro con Sasuke-kun! iniciaría rumores; algo como «¿Oíste lo que Sakura dijo sobre Sasuke? Sí, hablo de los que sellaron a Kaguya» sin duda se diría. Ser reconocidos mundialmente también tenía sus contras.

—¡Cállense de una vez! ¡Es un malentendido!… —trató de explicar Sakura.

—¿Eso quiere decir que ya no tiras con Neji?

—¡Shannaro! —La chica, furiosa, alzó uno de sus puños de acero—. ¡Repite esa mentira si te atreves, Kiba!

El Inuzuka prefirió no contestarle ni dedicarle una sola mirada, así que, un tanto asustado, se dirigió a la mesa de bocadillos a atragantarse de deliciosa comida; Naruto ya estaba allí, y los Doce comprendieron que seguir molestando a Sasuke era potencialmente mortal. En dos segundos se hallaban conversando con naturalidad, como si nada hubiera pasado. Sasuke, quien frunció el ceño ante tal pregunta, relajó el gesto por la respuesta de Sakura.

Una parte en el fondo del chico (muy, muy en el fondo) agradeció que nadie supiera que él y Sakura se habían besado. Qué alboroto hubiesen armado. Intentó enmascarar la vergüenza por esos pensamientos, traducida en un leve sonrojo, como molestia.

Luego de resoplar para ahuyentar la ira que quedaba, la chica rió y se integró al grupo, así que Sasuke dio un paso para ingresar al pequeño círculo que formaban sus antiguos camaradas y evitar quedar demasiado apartado (trataba de seguir los consejos del idiota de su amigo), pero el Uchiha sintió el peso de una mirada en su espalda, por lo que se volvió. Se quedo quieto en su lugar, observando a aquella persona, intentando descifrar sus siempre enigmáticos pensamientos.

Era Kakashi.

Mm… veamos… Mi primera impresión de este grupo es que son una bola de idiotas.

Kakashi rió, viéndolos primero como a los niños a los que les dedicó aquellas palabras y después como a los adolescentes que eran hoy (viendo, en el medio, cada progreso que tuvieron). Cada roca que Sakura destruía y cada enfermo que sanaba; cada jutsu que Naruto perfeccionaba y cada persona a la que salvaba; cada genjutsu que Sasuke dominaba y cada persona a la que vencía. Y después de años, el sueño secreto que como sensei mantenía, se hizo realidad.

Al sellar a Kaguya, vio al Equipo 7 de nuevo. Ahí Kakashi lo supo, lo sintió: a esa perfección estaba destinado el Equipo 7. Este Equipo 7 sí le gustaba, y mucho. Sólo requerían de un poco de tiempo para volver a ser exactamente lo que eran antes, aunque ya estaban cerca, muy cerca; sólo pocos pasos separaban al Equipo 7 de volver a ser una familia.

—Son los mismos idiotas de antes —murmuró, pero el cariño que destilaban sus palabras las contradecía. Luego se cruzó de brazos, sin despegar la mirada y un aire nostálgico invadió sus palabras—. Cómo han crecido…


N/A:

SÍ, ESTOY VIVA. (?)

Imaginen la tortura china que fue revisar este capítulo. :') El comentario de autora será largo porque quiero explicar muchas cosas.

Perdónenme la demora, peeeero este es el penúltimo capítulo y deseaba trabajarlo muy bien; sin contar la infinidad de problemas y motivos por los que tuvo que posponerse: mi computador murió, las fiestas, vacaciones, salidas, no poder ordenar bien lo que quería decirles, demás. Sobre todo lo último: estuve meses sin escribir palabra en este capítulo porque no sabía cómo decirles lo que, valga la redundancia, quería decirles, pero después me obligué a continuar, aunque dejé durante mucho tiempo las partes sin terminar (por ejemplo, la parte donde Sasuke y Naruto hablan, la del beso, demás). No sabía cómo transmitir mis pensamientos al "papel". Mi idea era dejar esto antes de año nuevo, aunque en realidad no me tenía mucha fe (por cierto, ¡feliz año nuevo! Que sea un súper año 2015).

¿Recuerdan que en algún momento dije que Naruto tendría un mal momento? Pues, ése fue. Una de las escenas planeadas desde el inicio; no me gusta hacer sufrir a Naruto, aunque ¿nunca nadie pensó que saldría herido? Si lo notara, se sentiría mal al principio (desde la infancia que la quería —no sabría decir si amor, porque Kishimoto nunca ha explayado en los sentimientos de los chicos—, por lo que igual saldría algo lastimado) pero luego se alegraría por ellos. Al menos eso creo.

Vamos, este capítulo debió estar listo por las fechas en que el ending del anime era Sasuke violable, justo antes del ending de Obito y Rin. xD Bueno, el último capítulo de este fic fue publicado cuando Madara tenía que ser sellado y la vida de Shikamaru peligraba. Ahora, Naruto ya terminó. Es difícil asumirlo, me encantaba y de hecho lo seguí por algo así como uno o dos años, no como gente que lo seguía desde diez años atrás. No me lo imagino. D: ¡Pero el SasuSaku es canon! (L) Fangirleé muchísimo con el final.

Bueno, hablando del fic, igualmente, sé que hay algunos momentos algo OoC pero el punto es que es algo más relajado, es humor. Intenté mantener lo más posible las personalidades pese a que fuera algo de humor. Hago todo lo humanamente posible para que sean Sakura y Sasuke, pero insisto en que me digan si están demasiado OoC. Siempre insistiré en que trabajar con Sakura es más difícil que con Sasuke, lo que no hace que éste sea algo simple. xD Las reacciones de Sakura son muy diversas, pasando por una cantidad de emociones impresionante; las de Sasuke son más complicadas de describir y justificar, pero el rango es más pequeño. Sakura puede reaccionar de mil formas diferentes dependiendo de la situación (me refiero a que podría reír o molestarse con la misma situación, todo dependiendo de quién lo dice, cómo lo dice, qué pasa, con quién pasa), mientras que Sasuke mantiene la calma a menos que sea algo muy fuerte. Para mí, ni Sakura es una tsundere ni Sasuke un chico frío: van más allá.

Es apenas el inicio de la Noche Kibō, la parte sentimental era necesaria, no obstante los personajes se divertirán a lo grande en la segunda parte y los Kages tienen un gran anuncio.

Sé que el capítulo tiene menos humor que los demás y habla bastante de cómo Sasuke se va a reintegrar, pero tiene una razón. Yo planeé este capítulo, y Neko no Jutsu en general, bajo la perspectiva de que Sasuke volvía a Konoha luego de la guerra, pero sin haber cambiado. Siempre supe que el Naruto vs Sasuke sería una batalla que se daría para cambiar a Sasuke, devolverlo a quien era en los tiempos en que tenían doce años, aunque como eso no había pasado cuando yo estaba escribiendo la historia, decidí poner mi propia parte y los regaños de los tres integrantes del Equipo 7 son lo que hacen reflexionar a este Uchiha y cambiar, volver a quien era. Perdón si se hizo denso, pero una vez que empecé no pude parar.

Este será el único capítulo tan largo y tiene un poco menos de humor que el resto, aunque espero que les haya sacado al menos una sonrisa. :) También jamás mencioné cómo terminó la guerra, porque sabía que Kishitroll daría giros inesperados (aunque no me esperé que metiera la fumada de Kaguya…), así que hagan como si el Naruto vs Sasuke no existió para que no parezca que Sasucakes no entendió en su momento. :D

What. Yo había escrito la parte de que Kakashi sería un buen Hokage antes de que Obito dijera que él debía ser el próximo Hokage y de todo el rollo de Naruto: The Last (la que, por cierto, me tiene muuuuuuy expectante. Miento, fue hace mucho que escribí eso, ahora ya no me tiene expectante porque sé que Sasuke aparece menos de un jodido minuto y JODER, TODA LA PUTA SERIE ESPERANDO QUE ESE IMBÉCIL VOLVIERA A KONOHA PARA QUE DESPUÉS NO NOS MUESTREN A SASUKE EN KONOHA. Además, sé que el NH necesitaba justificación pero, vamos, ¿el ChoujixKarui no? ¿El SaiIno tampoco? Deberían haber mostrado aunque sea un segundo de cada pareja).
HE DECIDIDO que no cambiaré el final de Neko no Jutsu aunque llegue a contradecir el propio final del manga (*yo leyendo el final del manga* ASDFGHJKLÑASDFGHJKLÑASDFGHJKLÑ… esperen, ¿y la siguiente página? ¿YA ACABÓ? *llora*), porque así es la vida. (?) Así que el fic continuará como si nada hubiera pasado, con el mismo final que le tenía pensado de siempre. Mencioné el Sasuke vs Naruto porque, no sé, lo sentía necesario, aunque hagan como si Naruto venció a Sasucakes pero sin cambiarlo, o simplemente ignórenlo.

¡Manden sus apuestas! ¿Quién perderá la competencia de comer ramen? Suigetsu y Karin no han vuelto a la fiesta aún.

En serio, si es que aún alguien me lee, háganmelo saber por un review. Y putéenme si quieren, están en su derecho jajaja pero me gustaría saber qué opinan del largo laaargo capítulo de hoy. Para ver cuánto falta para el próximo capítulo, vayan a mi perfil.

¡Adiós!