Vivir en cadenas

Capítulo 8: Como perros y gatos.

4 de agosto

- ¿Qué has dicho? -preguntó Antonio intentando mantener, de manera inútil, el tono más neutral que podía recordar.

- Regresamos a Portugal, cubridnos la retirada. -repitió sin interés el inglés.

- Te lo he dicho miles de veces, aún podemos alcanzar a Francia y acabar con él.

- Yo también te lo he dicho miles de veces, Spain. Soult viene en camino, no realizaré acciones temerarias. -sentenció Arthur.

- Lo que pasa es que tienes miedo.

- No tolero que pongas en duda nuestra valía, español. -replicó con desdén el inglés- Así que, si no tienes nada más que decir, espero que tus hombres cubran la retirada de los míos como buenos "aliados" que somos. ¿Te parece bien o tengo que buscar un intérprete que te lo traduzca a tu triste idioma?

- Sigue jugando con fuego y te acabarás quemando, Arthur.

- Oh, me muero de miedo. Sí. Mira como tiem- Ah, no. No tiemblo.

- Te daré una ostia que te van a hacer palmas las orejas. Tú sigue provocando...

- No te hagas el listo, España. Aquí el que más depende del otro eres tú. Tú tienes más intereses y, por supuesto, tú pierdes más si esta alianza se rompe. Por ese motivo, creo que vas a tener que aguantar mis comentarios. Por mucho que te fastidien.

Antonio observó a Arthur con rencor. Tenía razón. Aún sin su ayuda, Inglaterra podía más o menos combatir contra las tropas francesas. Sin la ayuda de portugueses (que no iban a hacerlo sin estar bajo el título de "aliados de Inglaterra") y los ingleses, ellos no podían hacer nada contra Francia. Era la triste realidad. Apretó mucho el puño durante unos segundos.

- Reuniré a la mayoría de mis hombres. Te cubrirán la retirada. Ya no tendrás que sufrir por tu gordo trasero.

- Serás...

- Que te jodan a ti también.

Se marchó de la estancia y empezó a buscar a Cuesta. Dio la orden de dividir los efectivos en dos. La parte que no cubriría a los ingleses se dedicaría a perseguir los franceses. España lo tenía claro: aún sin la ayuda de Arthur, ahora era un momento clave para atacar. De hecho, lamentaba no haber empezado a perseguirle antes.


8 de Agosto

Tenía la certeza de que hubieran alcanzado a Francia y los demás de no haber sido por el gran imprevisto que se les había presentado. El 'imprevisto' en cuestión era un mariscal francés que respondía al nombre de Soult y que llevaba con él una gran cantidad de hombres que no estaban cansados y se encontraban listos para la batalla.

El resultado estaba siendo peor de lo que había imaginado.

- ¡Retirada! -gritó Antonio al resto de los soldados españoles.

Odió la mirada de prepotencia que Soult le dirigió. Aún así, éste no parecía moverse. Al menos no de inmediato. Les dejaba emprender la huída.

- ¡No pienso venir con vosotros! ¡Díselo a Francia si está cerca!

- Messire France no se encuentra aquí. Tiene otros asuntos de los que hacerse cargo. ¿Por qué debería perder el tiempo en este lugar? Nosotros controlamos la situación sin problemas. -dijo con sorna el mariscal galo.

- ¡Que te jodan, Soult! ¡A ti y a todos los franceses! -gritó alto y claro España. A pesar de que eran ellos los que huían, quería dejar claro que no se avergonzaban de ello. Porque era una derrota, pero había venido después de una enorme victoria.

- Yo dejaría los aires de grandeza para luego, español. -dijo con una sonrisa superior Soult- Corred. Os doy quince minutos. Después de eso, iremos a por vosotros. El señor Francia no está cerca. Creo que puedo permitirme el lujo de partirte una pierna o un brazo. Siempre podré alegar que fue en defensa propia.

- Gabacho hijo de puta...

Después de musitar esas palabras, con rabia, España se cercioró de que ningún soldado quedaba atrás y emprendieron la huída.


14 Octubre

El crujido de las botas contra la gravilla era el único ruido que en aquel momento se escuchaba en los jardines de aquel idílico palacio. Francia, de buen humor, observó la arquitectura del edificio y se perdió en cada rasgo único. La construcción era una mezcla entre un castillo y un palacio, y hacía honor a la elegancia austriaca que Francis respetaba.

Desde que Austria perdiese en Wagram, a principios de julio, que no había supuesto demasiados problemas. En vistas de las desastrosas actuaciones y de lo mucho que estaban perdiendo con aquella pelea inútil, habían decidido terminar la guerra de la Coalición de tontos (o así la llamaba Francis). Ya se habían unido cinco veces para intentar derrotarle y despojarle de todo poder y ahí estaba, más fuerte que nunca.

Pero no podía quitarles mérito. Habían visto que esa serie de derrotas no eran para nada productivas y habían querido firmar la paz. No como cierto país terco que se negaba en rotundo a dejar de luchar a pesar de haber perdido muchas batallas. La voz de la cordura, en la casa Habsburgo, no había sido España, eso lo tenía claro.

- Recuerda lo dicho por el emperador. No hay que ceder. Después de todo, ellos son los que han perdido las batallas.

- Lo sé. Voy a aprovechar esto al máximo. -replicó Francis sonriendo con confianza- Nos vemos en un rato.

Francia caminó hacia la entrada del castillo-palacio de Schönbrunn sin perder esa sonrisa superior. El servicio se desvivió en recibirle y guiarle hacia la sala en la que charlaría con Austria. ¡Cómo le gustaba eso! El cambio de actitud era maravilloso. Ojalá todos se comportaran así. Cuando entró en el gran salón, Austria se levantó como si hubiera tenido un resorte bajo su trasero que se hubiera disparado al aparecer él.

- Gracias por venir, Francia. -dijo el austriaco desviando su vista al suelo. Tenía alguna herida leve en el rostro y se le veía cansado.

- Claro~ No te preocupes. Después de todo, no me gusta tener que luchar todo el rato. Prefiero evitarlo. Aunque claro, no será bajo cualquier trato. Tal y como está la situación actual, tengo que cubrirme las espaldas.

- Lo entiendo. -dijo por puro formalismo Roderich- Toma asiento, por favor. ¿Quieres tomar algo?

- Algo ligero estaría bien, merci. -contestó el francés cruzando la estancia y sentándose en un sillón.

Después de ordenar que les trajeran algunos dulces y un vino, el cual había mandado a comprar únicamente para la ocasión, Austria esperó a que Francia empezara a hablar. Pero no fue así. El rubio parecía querer prorrogar el silencio hasta que les trajeran las cosas. Sonriente, se dedicó a mirar la sala y, de vez en cuando, al mismo austriaco. Le estaba poniendo los nervios de punta. Todo era un juego estratégico. Si lo alteraba, seguramente luego cedería a más cosas. Por fin la puerta se abrió y un par de mujeres les trajeron lo que había pedido. Francis se inclinó, tomó la botella de vino y empezó a servir las copas.

- Ah, no hace falta. Puedo pedirles que lo-...

- No te molestes. Me gusta hacerlo. -cortó Francia. Ladeó el rostro y sonrió con malicia. Era tan adorable verlo tan nervioso. Se había vuelto adicto a la sensación de poder.

Austria se sentó en un sillón y suspiró pesadamente. La situación era incómoda a más no poder. Aún así se mantuvo erguido, como un señor. Francis le acercó una copa. Aunque la miró, la otra nación no la tocó. El galo pegó un trago y después dejó la suya sobre la mesa. Observó a Austria, sonriendo de nuevo.

- Bien~ Como comprenderás, tu hermanito Francia se encuentra muy decepcionado por haber tenido que llegar a esta situación, ¿sabes? Yo que pensaba que nos llevábamos bien y, de repente, me declaras la guerra. Así que, de algún modo me tendrías que compensar el mal rato que me has hecho pasar, Autriche.

- Puedo ofrecerte dinero. -dijo Roderich algo nervioso. Con lo que le dolía gastarse dinero en cualquier cosa. Ofrecerlo tan fácilmente...

- Ciertamente, eso estaría bien. -rebuscó en su chaqueta y sacó un trozo de papiro. Lo dejó sobre la mesita y se lo acercó a Austria- Esa cifra es la que demanda mi jefe. Me parece coherente.

Se inclinó para poder acercar el papel y así poder ver de cuánto dinero estaban hablando. Se le descompuso la expresión cuando vio la cantidad de ceros. Levantó la mirada con un deje de angustia en ella.

- ¡Pero esto es muchísimo!

- ¿Acaso no lo tienes? -dijo Francis con la copa de vino cerca de sus labios y una expresión curiosa.

- Sí, pero...

- Entonces, ¿cuál es el problema? -inquirió el galo con tono casual, como si lo que estuvieran hablando no fuese tan serio- Tú te metiste en esa guerra, Austria. Deberías haber pensado entonces que perder trae sus consecuencias. No puedes empezar a pelearte si no puedes asumirlas. ¿Acaso me equivoco?

- No... -murmuró el austriaco bajando la mirada- Está bien. Tendrás esa indemnización.

- Parfait. Pero, eso no es todo. -dijo Francis volviendo a dejar la copa sobre la mesa. Austria le miró de nuevo, atónito- ¿Qué? Te he dicho que realmente me dejaste afectado. ¿Creías que sólo con eso ya conseguiría recuperarme del impacto que supuso que quisieras hacerme caer? Me gustaría que me dieras algunos territorios~ Últimamente los colecciono.

- ¿Cuáles? -preguntó a desgana Austria.

- Te pediría la capital pero sé que es demasiado exigente y tu cara me demuestra que me dirías que no. -dijo Francis con aire divertido- Veamos... ¿qué tal Trieste y Dalmacia? Están al lado del río, creo que son lugares bonitos.

- Está bien.

- También me gustaría que cedieras Tirol y Salzburgo a Baviera. -prosiguió.

- De acuerdo.

- Ah sí, aquellos terrenos que tienes en Polonia, se los cederás al Gran Ducado de Varsovia. -se levantó del asiento mientras iba enumerando sus exigencias, acercándose al sillón en el que Austria se encontraba.

- De acuerdo. -repitió monótonamente el austriaco.

- También... -Francis apoyó el brazo en el respaldo del sillón. Aún sin tocarle, parecía que estaba acorralando a Austria, el cual cada vez daba la impresión de ser más pequeño, más irrisorio- Mi jefe quiere que reconozcáis sus anteriores conquistas.

- Vale.

- Y una última cosa. -la sonrisa del francés se acentuó- A partir de ahora, reconocerás a José Bonaparte como rey de España.

Austria no contestó inmediatamente. Miró fijamente sus piernas durante un par de segundos, luego ladeó el rostro lentamente para enfocar a Francis. Menuda sonrisa más horrible que tenía.

- ¿Quieres que lo reconozca como rey? ¿Que acepte que tú mandas ahora en España? -dijo Roderich con firmeza en su voz.

- Exacto. Tú serás el primero en aceptarlo y haré que todos lo hagáis. Entonces, él no tendrá más remedio que aceptarlo también. A ver si así deja de cometer estupideces. -arqueó ligeramente una ceja- No me mires así. España es mío.

Aunque dijo eso, el rostro de Austria no cambió. Le miraba con desaprobación. Se podía leer algo como: "No pensé que serías retorcido hasta estos extremos". No le importunó. Pocos sabían en realidad cómo podía llegar a ser Francis. Él se había ido limitando a ser cariñoso e intentar extender el amor por el mundo. Eso no quitaba que en el fondo sintiera ambición y ansia de poder. Eso no quitaba que Francia tuviera un orgullo y que, ahora que las cosas que le iban bien, no fuera a aprovecharlo.

- ¿Y bien, Austria? Vas a reconocer a José como rey de España, ¿verdad?

- Sí. Lo haré.

Le provocó repulsión la sonrisa que el francés dibujó. No podía decirle que no. Por su mirada, Francia estaba dispuesto a todo con tal de conseguir esas concesiones. Si eso implicaba retomar la guerra, que así fuera. Austria no podía permitirse volver a ella. Y ahí estaba lo que había tenido que hacer: ceder territorios no sólo a Francia, sino también a Baviera y al Gran ducado de Varsovia; una inmensa indemnización económica, reconocimiento de las invasiones de Bonaparte y vender a un país con el que había tenido mucha relación.

Horas después, en la puerta del sitio, Francia acababa de despedirse. Extendió la mano hacia Austria pero éste no la estrechó.

- Deseo profundamente que nadie más ceda a tus caprichos, Francia. Espero que España muerda tu mano bien fuerte y te escarmiente.

No esperó réplica alguna. Cerró la puerta.


27 de Octubre

Su aliado, por llamarlo de alguna manera, se había refugiado en Portugal después de la victoria en Talavera. La Junta Central lo había mandado llamar para una reunión en la que tratarían temas importantes y la respuesta había sido negativa. Los ingleses no querían arriesgarse a entrar en territorio español (y por lo tanto francés) de nuevo. Wellesley, consideraba la acción osada e imprudente.

Antonio apretó los puños con rabia ante aquella contestación. El aliado que había hecho era un mierda. Inglaterra siempre velaba por sus propios intereses. Aunque insistió a los miembros de la Junta Central, diciéndoles que no podían ir como perritos falderos detrás de los ingleses, éstos decidieron formar una pequeña comitiva que iría a Portugal a hablar con Wellesley sobre aquel tema.

Odiaba tener que ir detrás de alguien y aún más si ese alguien era Arthur. Detestaba depender de él casi tanto como detestaba estar bajo la invasión francesa. Era en esos momentos en los que España deseaba no haber conocido nunca a esos dos. Quizás convertirse en una isla no era mala idea después de todo.

Tras largos días viajando, allí se encontraban, en territorio portugués. Ladeó el rostro y se fijó en las miradas de desconfianza que la gente les lanzaba desde las ventanas. Su rostro no se inmutó. A pesar de que ahora estaban luchando juntos en el frente, la gente no olvidaba que había intentado invadir aquel lugar. Es más, parte de las tropas militares españolas aún seguían ayudando a los franceses. Claro que no es como si tuvieran mucha elección. Aunque sabía que algunos lo hacían por voluntad propia. En todas partes había traidores.

Un hombre le empezó a gritar en portugués. A pesar de que no sabía hablarlo, pudo entender perfectamente "Os lo merecéis, españoles d-" Bueno, el insulto no hacía falta reproducirlo en su totalidad. Antonio acabó desviando la vista al frente, sin cambiar ni un ápice su semblante.

- Lamento sus palabras. -dijo alguien a su derecha.

- No lo haces, Portugal. Podría creerte si no te conociera y si no viera esa sonrisa que tienes en los labios. -dijo España inmutable.

- Vaya, hermano. Ya podrías ser más-

- No he venido a hablar contigo. -interrumpió Antonio- No me interesa el lacayo del inglés.

El rostro de la nación lusitana se contrajo con rabia. Siempre estaban igual, España siempre se las arreglaba para mirarle por encima del hombro y despreciarle. Logró dibujar media sonrisa torcida.

- Lo dice el que está obligado a besarle los pies al francés. Qué irónico. Yo no soy el lacayo de nadie.

- ¿Ah, no? Claro... Eres su 'chica' para los recados, perdona por no haber entendido el matiz. Por eso me recibes tú en vez de sus soldados, ¿verdad? Al menos yo estoy luchando. Tú te estás dejando caer en sus brazos. Es repugnante.

- ¡¿Y acaso tú no te dejabas caer en los brazos de Francia? ¡Eso sí es asqueroso!

- Tú no conoces a Francia.

- Tú no conoces a Inglaterra. -replicó Portugal.

Se hizo un silencio tenso en el cual las dos naciones se miraron como si estuvieran contando mentalmente para lanzarse al cuello de la otra y empezar a pelearse. Siempre se producía la misma situación. Se lanzaban los trastos a la cabeza hasta que ya se caldeaban los ánimos y prescindían de las palabras. Los puños y las armas se les daban mejor. Uno de los hombres de España le sujetó por un brazo cuando parecía dispuesto a irse a pelear contra el país portugués.

- Hemos venido a hablar con Inglaterra, ¿recuerdas? -le susurró- Vamos.

Antonio recuperó la calma. Casi había perdido los estribos. No miró ni un segundo más a Portugal. Siguieron caminando, adentrándose en la ciudad. Aquello tornaba irascible a la nación lusa.

- ¡Un día de estos voy a patear tu trasero, España! -esperó respuesta pero no obtuvo ninguna- ¡España! -de nuevo ninguna reacción, ni un gesto que fuera dirigido a su persona- ¡Maldito hermano, no pienses que puedes ignorarme así!

Después de aproximadamente una hora, por fin les permitían encontrarse con Wellesley y Arthur. Se encontraban mirando unos papeles y comentando en voz baja algo que no alcanzaba a escuchar. Sus hombres tomaron asiento. España se mantuvo en pie, estático, mirando hacia los ingleses y esperando que tuvieran la decencia de saludarles como tocaba. No ocurrió.

- Deberías dejar de provocar a Portugal. Luego lucha impulsivamente y eso me trae problemas.

- Oh, qué bonito. La "es-po-sa" ha venido a quejarse a su maridito. -dijo con repulsión el español. No entendía cómo se podía aliar Portugal con ese cejotas por voluntad propia.

- No hagas chistes idiotas. Después dirás que soy yo el que los cuenta malos pero tú acabas de lucirte. -replicó Inglaterra.

- Portugal me la trae floja. Venimos a hablar contigo y con don Wellesley. Hemos estado debatiendo durante días sobre el tema y creemos que ahora es el momento de contraatacar. Debemos reunir todas las tropas de las que dispongo y, junto a las tuyas y a las de Portugal, expulsar a los franceses de aquí definitivamente. Nuestro ejército es grande y fuerte. Ahora necesitamos vuestra ayuda.

- Aunque me gusta escuchar tus súplicas, me temo que eso no es más que una ilusión que quedará en tu imaginación, Spain. No habrá ataque de tales dimensiones o, al menos, mis tropas no participarán en él.

- ¡¿Qué?

- No sea irracional, por favor. -empezó Wellesley- No tiene sentido realizar un ataque así. Si, por un casual, los franceses nos derrotaran, no tendríamos en el territorio ni un solo batallón que pudiera cubrirnos y protegernos de ellos. Los franceses camparían a sus anchas por el territorio, como si fueran una plaga de ratas.

- ¡Pero no vamos a perder! -exclamó indignado España- ¿Por qué tenemos que perder? Además, ¿acaso no están ya corriendo a sus anchas?

- Aún quedan territorios bajo dominio español, eso debería serte suficiente por ahora. Además, Portugal aún resiste. -dijo Inglaterra.

- Yo también soy tu aliado, ¿sabes? Deberías también velar por mis territorios en vez de saquearlos cuando me doy la vuelta. ¿Qué te crees que no me he dado cuenta? Si atacamos ahora, será una victoria.

- No. No voy a velar por los intereses de un único aliado. Mis intereses y los de Portugal son también una parte importante. La mayoría ha hablado y no se realizará ese movimiento suicida.

- Suicida, dices... -dijo Antonio apretando dientes. Repentinamente miró a sus hombres- Nos vamos.

- Pero señor, debería habl- -empezó uno de ellos.

- ¡Os dije que era una pérdida de tiempo! ¡Os lo dije! ¡Este tío es un cobarde que sólo mira por sus propios intereses! ¡Una sucia rata cobarde que no se distingue de las que corretean por casa!

- No te permito que me vilipendies así y menos estando yo presente. -dijo Arthur levantándose de la silla.

- ¡Que te jodan! ¡Me importa una mierda lo que me permitas o no! Estoy hasta los mismísimos de que todos os creáis con derecho a decirme a mí qué puedo hacer o no. ¡Que te jodan mucho! -exclamó España señalándole con el dedo.

- ¡Vaya! Yo que pensaba que a ti aún no te habían jodido suficiente y necesitabas que te dieran más por culo.

- Hijo de puta...

En un momento, España se había plantado cerca de Inglaterra y le había pegado un puñetazo. El inglés estaba recuperando la estabilidad para devolverle el golpe cuando fue retenido por Wellesley. Antonio también estaba siendo sujeto por sus hombres, que le instaban a que se calmara de una vez. Viendo que no lograrían nada, calmarlo u obtener el apoyo inglés, los hombres de la Junta Central tiraron de España para sacarlo de aquel lugar.

- ¡Vuelve a hacer eso y te juro que te vas a quedar más solo que la una, bastard spaniard!

- ¡Ya me gustaría ver eso, inglés hijo de puta!


10 de noviembre

España, como un miembro más de las tropas de Aréizaga, se preparaba para otra batalla contra los franceses a las puertas de la ciudad de Ocaña. El sol apenas empezaba a despuntar y los efectivos ya estaban dispuestos para una nueva pelea. Primero habían ido hasta Santa Cruz de Mudela. Unos días después habían vuelto a trasladarse, esta vez hasta Herencia. A Antonio le gustaba más este general. El anterior, Eguía, les había hecho perder un tiempo valioso debido a su prudencia. No era una mala cualidad pero, dada la situación, no cabía lugar a la duda en la mente de nadie.

Sin embargo, no era lo mejor de todo, no. La nación hispana había visto como las tropas francesas, en vista de la rapidez con la que iban avanzando, abandonaban jinetes imperiales de Milhaud y París para poder retirarse. Los franceses estaban huyendo de ellos y la sensación era impresionante. Aún sin la ayuda de los ingleses, España sentía que podía hacer algo por él mismo.

Habían luchado una vez en Cuesta del Madero y ahora lucharían otra vez a las puertas de Ocaña. No sabía si esta vez Francis estaría en el lugar. En realidad no sabía ni si iba con aquellas tropas a las que prácticamente iban persiguiendo. Bueno, aunque estuviera, Antonio no le vería. No participaría en esa batalla.


11 de noviembre

Ocaña

Todo el ejército español se encontraba reunido junto a la villa de Ocaña. Además, los franceses habían huido rápidamente de ella durante la noche. A veces España se sorprendía de la rapidez con la que Francia se retiraba: sigiloso, como un fantasma. Eran buenas noticias, habían ganado tiempo. Podrían aprovisionarse, dejar que sus tropas descansaran un poco y mientras ir pensando cuál sería el próximo movimiento a realizar.

Aranjuez

Las primeras tropas francesas llegaban allí después de haber emprendido la huída. Francis no estaba contento con aquello, pero no había más remedio. La fuerza y rapidez con la que las tropas españolas estaban arremetiendo no estaban siendo contrarrestadas de manera eficiente por sus soldados. Ahora tendría que esperar a que sus efectivos fueran llegando. Ojalá no les asaltaran guerrilleros por el camino... Claro que eso era quizás pedir demasiado. Harían recuento de bajas y entonces plantearían la estrategia a seguir. Algo tenía por seguro: Los españoles estaban luchando solos esta vez y Francia no iba a permitir que le derrotaran. Se jugaba su orgullo en ello.


14 de noviembre

Después de tres días, la estrategia se había decidido y los españoles avanzaban en pos de los franceses. Ahora debían cruzar el Tajo para así seguir ganando posiciones. La División Lacy efectuaría la operación por Colmenar de Oreja. El resto por Villamanrique de Tajo. Los ingenieros habían empezado a construir puentes de carros para permitir el paso de todas las tropas y Aréizaga miraba hacia el horizonte con esperanza.

La vista de España, en cambio, se centró en el cielo, de un color negro que presagiaba contratiempos. Una gota de agua le cayó en el rostro, resbaló por el puente de la nariz y parte de su mejilla. Se llevó una mano allí y se la secó antes de que pudiera seguir bajando. En cosa de segundos, empezó a diluviar.

- ¡Continuad! -ordenó el general- ¡Pronto escampará!

Los mandos importantes tomaron refugio en los puestos que tenían bajo su control. Fue curioso ver el cambio de actitud en el general. Al principio apenas miraba la ventana y se centró en papeles y diversas cosas. Después de dos horas, empezó a contemplar el exterior con más frecuencia. El ventanuco crujía con fuerza por culpa del viento que se había levantado.

- No amaina.

- Lo veo. -dijo Antonio levantando la vista de unas hojas de papel.

- Si mañana no ha parado, las tareas van a ser imposibles. La tierra se mojará demasiado y se tornará fango. Seguramente los puentes no aguanten.

- No lo sé. Yo no soy experto en esto. -confesó.

- No quiero arriesgarme a perder las tropas por culpa de un puente que seguramente no estará bien construido. Además, si siguen trabajando bajo estas condiciones, no tardaremos demasiado en tener a los soldados enfermos. Y estos males se extienden con la misma rapidez con la que arde la pólvora.

- Me dices estas cosas como si buscaras mi aprobación y yo no puedo ofrecerte tal cosa. Tú sabes más que yo en este tema. Eres el que está al mando de esta operación y yo te sigo. -dijo España volviendo a leer- Sabes que, decidas lo que decidas, te apoyaré. Por eso soy vuestra nación. Vosotros decidís a dónde queréis que vaya y yo os hago caso.


15 de noviembre

- ¿Aún no hay noticias de los españoles? -preguntó Francia a uno de sus soldados.

- No. Aparentemente ninguno se ha movido desde por la noche, cuando pararon de construir los puentes, según nos han informado nuestros hombres. Quizás el temporal les esté reteniendo, aunque tampoco me fiaría demasiado.

El rubio entornó el rostro y miró por la ventana. No había parado de llover en toda la noche y los vientos huracanados hacía que las gotas de agua sonaran como si fueran granizo al chocar contra el cristal. La estrategia de Soult era muy inteligente. Hacía ya unos días que había pedido ayuda a José para tener más fuerza ofensiva. Habían recibido una misiva el día anterior que decía que le enviaba sus tropas y que él mismo las acompañaría. Francia, inicialmente, pensó que aquello era una tontería. ¿Para qué tenía que venir el hermano de Napoleón? Claro que, a medida que lo fue pensando, la idea le parecía cada vez más buena. Si vencían de manera aplastante, José consolidaría su posición como un mandatario poderoso. Eso le daría caché y quizás hasta respeto.

Caminó hacia otra ventana y observó la insondable oscuridad, buscando Ocaña entre tantas sombras.

- Où est-ce que tu es? Est-ce que tu es là-bas, Espagne?-murmuró.


Traducción de la última frase: "¿Dónde estás? ¿Estás allí, España?"

Sobre el título del capítulo: Bueno creo que está bastante claro. Me he dado cuenta que en este capítulo Antonio y Arthur se pelean un montón xD No sé qué más decir sobre el tema o.o... No hay mucho más.

Sobre el capítulo: Me lo pasé bien escribiendo a España y Portugal peleando. En mi mente, como os he dicho, Portugal es un chico porque sino España no podría pelearse bien con él. Y vista la relación, si no se pelean, me parece blasfemia (XD) El momento de Francia puteando a Austria me gusta porque es una muestra de supremacía del francés. Me gusta imaginarlo en su gloria (a pesar de que puteaba a españoles entonces XDU)

No sé qué más comentar, así que pasaré a comentar vuestros reviews :3

Yakumo2112, oooh dios xD El Crash Bandicoot! El oso polar! Sé qué pantalla es XDDDD Aww, lamento haberte puesto los ovarios de corbata escribiendo eso xD Pero sabes que la tensión en el fondo te ha gustado! XD Gracias, me alegro que te gustara la batalla. Merci también por el review ;v;

Kitshunette, Ah, don't worry. It's really difficult to translate owo. Ahahaha xDDDD Spain is not amused by that kind of weapons! xDDDDDD The battle is the perfect way to show how is their relationship. Something wicked and hateful xD Merci for the review~ You're so sweet~ -hearts-

Eakeless, xDD Pues se te pasó, se te pasó ;v;... No intentaba matarlo. Quedaba a la altura de las piernas.. Sólo le hubiese clavado la bayoneta en las piernas =D -sólo... xDDD- Bueno ya pero si no hiciese nada, Arthur también se quejaría de que no se mueve y sólo es lastre. España lo ha intentado, pero Inglaterra no hizo caso. De hecho, esto es cierto. Los españoles quisieron perseguir a los franceses pero los ingleses no querían y al final los españoles se fueron tras los franceses pero se encontraron con Soult. Espero que te guste el capítulo~ :3

hetheli, Bueno pero a Francia ya le estaban diciendo que se fuera así que ya dejó el tema y pensó que estaba paranoico. Se putean mucho, se putean mucho xD No podía ser eso~ Porque esa batalla la ganaron ingleses y españoles~ :) No sería coherente históricamente. Sí, el puteo es genial =D Uff... No sé cómo hubiese reaccionado Francia si le hubiese dicho eso xD Es que Escocia es un sitio bien bonito ò.ó

Kirsu, sí, es muy curioso. Leyendo historia te encontrabas con cosas así. Los franceses de la noche a la mañana (a veces literalmente) desaparecían del campo de batalla. Una habilidad que pa qué xD. Bueno, los países parecen tener instinto para encontrarse. Además, ellos han sido amigos (y no amigos) durante mucho tiempo xD. Hombre no quieren que le pase algo a España por diferentes motivos: los de Francia ya los sabemos y Arthur es porque sabe que es el único que le ha plantado cara a pesar de estar jodido y que está fastidiando a los franceses. Si le pasa algo y se va quedando solo, entonces sí que lo tendría jodido. ;D

Atsun, ¿te da penita el guerrillero? XDD Qué maja. En realidad se hizo el inocente, que no lo era tanto XD. Pobre España, ¡él paseaba y se tuvo que encontrar con un francés desnudo! Le di esa personalidad a Víctor porque todo lo de atacar y tal es real y me parecía muy muy impulsivo. Me hizo mucha gracia. Me imaginaba a Francia totalmente desesperado con ese comportamiento XD. Lo de las armas de de los franceses es cierto xDDD No es una frase random que puse yo. Leí que en esa batalla los cañones franceses eran una mierda por eso. Porque los compraban en mercados baratos y no tenían fuerza ni nada. Francis sabe soltar dagas envenenadas y mantener el glamour. Con Arthur se luce xD. Los franceses huían rápido, era asombroso xD Imaginar a Arthur y Francis bailando la macarena, priceless. :3 Abracines~

Y eso es todo por esta vez (o_o... Ha desaparecido gente... XDDUUU)

Nos vemos en el próximo capítulo owo

Miruru.