Ep. 9: Movilización

Tras su vuelta de Suna, los días transcurrieron lentamente y en paz para Ino. Vivían tiempos agitados, pero de alguna manera, una cuerda invisible seguía reteniendo aún los acontecimientos que tarde o temprano sucederían. Volvió a los entrenamientos con su padre, para mantener activas las técnicas especiales del clan Yamanaka; también a su práctica médica en el hospital junto a Sakura, pues aunque sabía que nunca podría ser tan buena como su amiga, eso no significaba que ella no lo fuese; regresó a las misiones de poca importancia con su equipo (y eso es algo que definitivamente no añoró mientras estaba en Suna), y cómo no, también a su trabajo en la floristería. Todo había vuelto a su rutina habitual... de no ser por las frecuentes visitas de Sai, la kunoichi rubia se habría muerto del aburrimiento.

- Buenos días, hermosa - la saludó el ninja de la eterna sonrisa.

- Buenos días, demonio - le respondió Ino con otra sonrisa, que en su caso era auténtica - ¿Qué puedo ofrecerte?

- ¿Ofrecerme? - Sai se llevó una mano a la barbilla y fingió pensarlo seriamente - Podrías ofrecerme tu sujetador de hoy. ¿Es... blanco? - volvió a sonreír, mirándole descaradamente los pechos - Blanco todavía no tengo ninguno.

- Sai, me refería en materia vegetal. No puedo continuar regalándote mi lencería - se rió la kunoichi - Si tanto te gustan esas prendas, ¿por qué no vas tú mismo a comprarlas?

- No es lo mismo si tú no te las has puesto antes. Además, ¿no se vería raro que un chico comprase ropa interior femenina?

Si en algún momento Ino había tenido la más mínima duda sobre el fetichismo de su amante (que no era el caso, desde la primera vez que se acostaron y él se quedó con sus braguitas) se desvaneció en ese mismo instante.

- Sí, tal vez un poco. Pero realmente, no voy a ponerme a pensar en lo que hay dentro de la mente de un hombre... menos si se trata de un shinobi de Konoha. Los veo por aquí a diario, así que podría quedarme traumatizada de por vida. Ya una vez que mi padre no estaba tuve que acceder a la mente de un enemigo del País del Agua, y fue espantoso.

- ¿Por qué? - se interesó el moreno con verdadera curiosidad, igual podía copiar alguna idea - ¿Tan horroroso fue?

- Ni te imaginas cuánto. ¡Había un montón de cosas pervertidas en su cabeza! - Ino arrugó la frente frustrada - ¡Después me pasé semanas queriendo hacerlas con alguien!

- Vaya, realmente tuvo que ser duro - aceptó Sai muy comprensivo - ¿Cómo lo solucionaste?

- Mmmm... - Ino rodeó el mostrador para ir al lado del ninja, y juguetonamente deslizó las manos por su torso - Si no recuerdo mal, te invité a mi casa, te subí a mi cuarto... y empecé a hacerlas contigo.

- Oh, ya entiendo - Sai volvió a sonreír, posando las manos en las caderas de su compañera - Dime, ¿había muchas cosas pervertidas en la mente de ese shinobi?

- Muchas, muchísimas - los dedos de la rubia se cerraron tras su nuca - Esta noche te puedo enseñar algunas, no me importa pasar nuevamente por la tienda de ropa. A fin de cuentas, para eso me hizo la dueña un carnet especial de socia...

- Lo siento, hermosa, pero hoy no puedo - replicó Sai tan tranquilo - Mañana temprano salgo para una misión, y si paso la noche contigo no dormiremos ni un minuto.

- Qué lástima - suspiró Ino, deshaciendo el abrazo y volviendo a su lugar tras el mostrador - Entonces, estimado cliente, ¿en qué puedo ayudarle?

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Diecisiete.

Habían pasado exactamente 17 días desde que ella se fue y regresó a su aldea. ¿Cómo lo sabía, si él NO llevaba la cuenta y no había ningún calendario a la vista en su oficina? Porque no lo hacía, era simplemente que... bueno, el sol había salido diecisiete veces desde entonces, y también eran diecisiete las noches que había pasado en el tejado mirando la Luna como cuando tenía al Shukaku dentro. Únicamente lo sabía porque esas cosas seguían sucediendo aunque Ino no estuviese con él, porque desde luego Gaara NO llevaba la cuenta de los días que llevaban separados.

Ahora su vida estaba vacía. Ino había regresado a Konoha, Matsuri le había abandonado, Kankuro se había ido de misión, Temari estaba ocupada llevando las relaciones con el consejo de ancianos (a quienes él no soportaba más de tres minutos seguidos), Ino había regresado a Konoha... espera, eso ya lo había dicho. Sí, había regresado con el idiota de la eterna sonrisa, su amante. Gaara clavó los dedos en el relleno de su sillón de kage, sintiendo hervir una ligera furia en su interior al pensar en la relación de esos dos; sí, era ligera, de esas nimiedades que se solucionaban reventándole un par de órganos al enemigo o rompiéndole unas cuantas costillas, nada serio. En cuanto a ella... se calmaría si tan sólo Ino le dijera que él le agradaba mucho más que el moreno, que era más fuerte y poderoso, que le gustaría estar a su lado por siempre (en cualquier aspecto que implicara) y que su cuerpo y su corazón le pertenecían sólo a Gaara. Sí, con eso era suficiente.

... ... ...

Kami-sama, ¿en qué momento comenzó a pensar tantas idioteces? Gaara cerró los ojos y se reclinó hacia atrás, apoyando la cabeza sobre el respaldo del sillón. ¿En qué momento su vida se convirtió en un sinsentido? ¿Fue cuando nació, cuando se convirtió en ninja, cuando controló por primera vez al Shukaku para defender a su alumna, cuando la vieja Chiyo le resucitó... cuando se encontró nuevamente con Ino? Era culpa suya, seguro. Desde el primer instante en que sus ojos se cruzaron, cuando ella vino a hacer la misión de espionaje, toda su vida se había puesto del revés. Su voz, sus ojos, su cabello, su aroma... su delgado cuerpo, su suave piel, su elegante y sensual forma de caminar... toda su persona le atraía como una polilla a la luz. Y qué decir de su boca, la cual desesperaba por sentir a cada minuto del día.

Eso era del todo ridículo. Él era Gaara del Desierto, un ninja frío y despiadado con sus enemigos, el Kazekage de la Villa Oculta de la Arena; también tímido con la gente, serio y callado, pero leal con sus amigos... Podía ser todo eso, pero ella le hacía comportarse diferente. Cuando tenía a Ino cerca no se sentía un ninja, no se sentía tímido, y ni qué decir que tampoco se sentía frío en absoluto... no, cuando estaba con ella era simplemente un hombre, un hombre como cualquier otro. Sin miedos, sin responsabilidades, sin deberes ni sufrimientos... Ino alejaba todo lo malo de él hasta convertirlo en nada más que un hombre anhelante de estar con la mujer que ama.

Ella le daba calor, en todo sentido. Gaara sentía tantas necesidades cuando pensaba en esa kunoichi de la Hoja... Quería que le abrazase como a un niño, que le apreciase como un amigo, que le valorase como compañero ninja, que le desease como amante... En todo aspecto imaginable, quería que Ino le amara como el simple hombre que en el fondo era. Quería que todas sus emociones fueran para él, tanto su cariño como su rabia, su dolor y su alegría, su esperanza y su tristeza... Gaara quería convertirse en todo lo que ella necesitara para que no pudiera vivir sin él, de igual forma que él se moría por ella. Ciertamente era estúpido, y también egoísta, pero no podía evitarlo.

La última brisa de la noche revolvió sus cabellos de sangre mientras el sol aparecía lentamente sobre el desierto. Ahora eran dieciocho.

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El ninja se quedó estático en su lugar, pensando calmadamente en lo que iba a hacer a partir de ahora. Mientras el sol aparecía lentamente tras la montaña, haciendo que las sombras a su alrededor se aclarasen, él permaneció inmóvil, dando en su mente los últimos retoques a su plan. En realidad no había mucho que pensar, ya que de una forma u otra el resultado sería el mismo: destrucción total. Sus ojos querían ver ríos de sangre, y no únicamente ser quienes los derramasen. Quería que Konoha pagase por cada miembro de su clan, especialmente él...

Danzou.

Le había buscado hasta el cansancio, haciendo discretas averiguaciones y ocasionando terribles torturas cuando fue necesario (aunque no más que en un par de ocasiones), pero todo lo que había averiguado era que supuestamente estaba en la Raíz. Y decía "supuestamente" porque nadie le había visto en meses, ni siquiera sus más fieles subordinados. Al parecer había desaparecido por la misma época que Madara, cuanto él tomó control de lo poco que quedaba de Akatsuki en ese momento: nada más él, Sasuke Uchiha, y su equipo Taka.

La luz de la mañana en sus ojos casi ciegos empezaba a molestarle. Puede que casi no viera, pero seguía siendo sensible a los rayos del sol. De modo que se levantó con gesto pausado, y regresó a la cueva en la que sus aliados habían decidido pasar la noche.

- Levantaos - ordenó con voz fría y severa - Debemos prepararnos con tiempo, y asegurarnos que nadie entorpezca nuestros planes. Konoha no tardará en caer.

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- ¡Tsunade-sama!

La Godaime ocultó rápidamente el vasito de sake que estaba a punto de llevarse a la boca, y tomó en sus manos varios documentos fingiendo que trabajaba. Luego, aparentando seriedad, le prestó atención a su agitada asistente, queriendo saber qué cosa era tan grave para que la comedida Shizune entrase gritando de esa manera en su despacho.

- Shizune, ¿qué ocurre?

- ¡Tsunade-sama, ya tenemos... los resultados del sondeo... sobre los ninjas que... se presentarán al examen de chuunin este año! - respondió la morena toda alborotada mientras intentaba calmar su respiración - El mayor porcentaje es un 38%, y corresponde a nuestra aldea. ¡Así que nuevamente, las pruebas se desarrollarán en Konoha!

- ¿Otra vez? Bueno, qué remedio - la Godaime soltó los documentos y se levantó de su asiento, comenzando a pasearse inquieta por la oficina - Eso supone un honor para Konoha, pero teniendo en cuenta lo sucedido la vez anterior... Shizune, ¿de cuánto tiempo disponemos?

- Según el informe - la morena consultó un papel que tenía en la mano - tenemos exactamente dos meses y tres días, antes de que el primer examen deba estar listo.

- Dos meses - repitió la kage - Es bastante tiempo, creo que será suficiente para prepararlo todo. Avisa al cuerpo de seguridad de la aldea para que comiencen a desarrollar nuevas estrategias de defensa, sólo por si acaso. Cuanto antes empiecen, mejor.

- Sí, Tsunade-sama - asintió Shizune, pero ya se dirigía hacia la puerta cuando repentinamente se giró de nuevo hacia su superiora - Oh, casi se me olvida, con la emoción del examen chuunin... También hay otra noticia importante, es acerca de Ino Yamanaka.

- ¿Ino Yamanaka? La mejor amiga de Sakura, la que tomaste bajo tu responsabilidad para enseñarle medicina ninja - la morena asintió - Regresó no hace mucho de la Villa Oculta de la Arena. ¿Qué hay con ella?

- También han llegado los resultados de las pruebas que realizó antes de marchar a Suna, y debo decir que no me sorprenden - Shizune habló con evidente satisfacción de su discípula - Ino Yamanaka, kunoichi jounin de Konoha, ha sido admitida en la Raíz. Pronto habrá una nueva anbu en las Fuerzas Especiales.