- ¿Cómo sabías que iba a preguntártelo?- me miró asombrada.

- Intuición, siempre lo haces, ¿qué iba a cambiar?- respondí con una mentira, deseando que me creyera.

Suspiré agradecida al verla encogerse de hombros y dedicarme una sonrisa, hecho que significaba que me había creído. Aún así, el problema no estaba solucionado, pues según pasaban los segundos, más voces se introducían en mi cabeza, mezclándose, sin que pudiese escuchar ninguna con claridad, aunque la verdad es que no me apetecía hacerlo.

Cerré los ojos recordando lo que me habían enseñado cuando era pequeña, como bloquear mi mente, como impedir que las voces traspasaran la frontera, sin embargo, estaba siendo mucho más complicado que la última vez que lo había hecho, pues no conseguía librarme del todo de ellas. Si era sincera, no estaba preparada para esto, ya que creí que no iba a volver a ocurrir, así que no sabía exactamente como actuar, como evitarlo o simplemente, como anularlo.

Permanecí de esta forma hasta que lo único que permaneció en mi cabeza fueron mis propios pensamientos, indicando que había conseguido bloquear mi mente lo suficiente como para aguantar durante un rato, pues sentía que me iba debilitando por momentos.

Volví a la realidad en el momento que sonó el timbre de casa, asustándome, causando la risa de mi hermana y la preocupación de Alex, sin embargo, ninguna de las dos dijeron nada antes de dirigirse hacia la puerta y abrirla.

- ¿Cómo están mis niñas?- preguntó Eliza abrazándolas antes de dirigir esa mirada hacia mí- Tu debes de ser Kaelah- me sonrió.

- Si, esa soy yo- sonreí tímidamente- Encantada- susurré levantándome del sillón para acercarme.

- Lo mismo digo, cielo- respondió de vuelta.

Permití que la conversación se desviase pronto, que se me dejase de prestar atención, más bien, yo misma había cambiado de tema para finalmente no participar en él. Además la emoción de mi hermana ante la tarta de chocolate era suficiente como para que se concentraran en ella, para que la negaran el cuarto trozo, haciendo que se enfadara.

- Kara...- la miré sin querer regañarla- Has comido tres trozos, vas a acabar con su existencia- comenté ante su enfado- No, no me mires así. Tanto azúcar no es bueno, así que deja la tarta- dije apartando el plato de ella.

- Kaelah...- empezó a quejarse- Por fi- suplicó con una mirada digna de un cachorrito.

- He dicho que no- traté de mantenerme firme.

Respiró fuertemente enfadada, cruzándose de brazos. En estos momentos me recordaba tanto a la niña que había visto por última vez en Krypton, que se saltaba alguna que otras normas cuando se quedaba a mi cargo, bueno, mejor dicho, yo era quien se lo permitía, pero cuando lo repetía en varías ocasiones poniéndose en peligro..., no podía evitar regañarla, indicarla lo que estaba mal y lo que estaba bien.

- Vaya..., por fin alguien que es capaz de quitarla la comida- comentó entre risas Alex- Necesitabas mano dura, Kara.

Sonreí levemente ante su comentario, sobre todo al ver la mirada que me estaba echando mi hermana, quien parecía estarme perdonando la vida.

- Lo hago por tu bien- la sonreí a la vez que ella entrecerraba los ojos.

Sin embargo, mi sonrisa no tardó en desaparecer en el momento que sentí que las voces trataban de hacerse un hueco en mi cabeza. Lo estaba intentando, estaba intentando mantenerlas fuera, pero cada vez parecían conseguir una mayor intensidad, sin permitir que las echase de mi mente.

No quería levantarme de la mesa, causar el pánico, pero sinceramente, no encontraba otra opción, pues tenía la sensación de que me iba a explotar la cabeza.

- Si me disculpáis- susurré levantándome de la mesa, luchando por mantenerme de pie.

- ¿Estás bien?- preguntó mi hermana.

- Sí, me duele un poco la cabeza- respondí mientras avanzaba hacia la habitación.

Nadie volvió a preguntar nada en voz alta, pero si podía escuchar sus preguntas en mi cabeza, en serio, me estaba matando lentamente todo esto. Solté las lágrimas contenidas en mis ojos a la vez que el dolor de cabeza se incrementaba, seguido de un pitido en mis oídos que lo único que conseguía era que escuchase aún más voces, sin embargo, lo que por fin consiguió tirarme al suelo, fue el hecho de que empezase a traspasar todo con la mirada. Cerré los ojos encogiéndome sobre mi misma, deseando que terminase pronto, que se acabase cuánto antes, intentado comprender por qué no era capaz de controlarlo de la misma forma que lo hacía en Krypton.

- Kaelah, hey, ¿qué pasa?- sentí los brazos de mi hermana rodeándome, apoyando mi cabeza en su hombro.

- Haz que pare- sollocé- Por favor, Kara, haz que pare- la pedí.

- ¿El qué?- preguntó.

Traté de responderla, pero no era capaz de hacerlo, no era capaz de hablar de susurrar la más mínima palabra, pues el simple hecho de pensar lo que iba a decir me dolía. El dolor, los pitidos, todo iba en aumento, sintiendo como me debilitaba por momentos, como mi cuerpo dejaba de responderme, cayendo inconsciente en sus brazos.


Nadie entendía lo que hacía apenas unos minutos se había vivido en el apartamento, razón por lo que habían decidido trasladarla al DEO, realizarla pruebas muy a su pesar, pues estaba en contra de que utilizasen a su hermana de aquella manera, pero, en esos momentos, era lo único que podría darles una respuesta a lo que estaba pasando.

Habían llegado a la conclusión de que tal vez su hermana pudiese estar experimentado condiciones similares a la de los poderes, pero había tantas cosas que se escapaban de su comprensión ante esa afirmación, que no quería darla por válida. Si los tenía, ¿por qué no había sucedido antes?, además del hecho de que la kryptonita seguía sin afectarla, no la debilitaba, ni siquiera dejaba una pequeña marca de quemadura. ¿Cómo era posible aquello?, deseaba saberlo, pues ella misma se debía mantener alejada de aquel mineral si no quería sufrir los efectos que provocaba en ella.

Suspiró cada vez más nerviosa, observándola, deseando tener una idea clara de que estaba sucediendo, queriendo que todo hubiese sido diferente, pues no podía dejar de sentirse culpable, no podía dejar de pensar que ella podría haberla ayudado, haberla enseñado a controlarlos.

- Cuando se despierte os quiero fuera, a las dos- comunicó Hank.

- Necesito saber que está bien, por favor- suplicó sintiendo que iba a ponerse a llorar si escuchaba una negación.

- En el momento que te hayas asegurado, te quiero fuera- la respondió de vuelta.

Asintió confusa, sin entender por qué no quería que ninguna de las dos permaneciese en la estancia, por qué la negaba estar con su hermana, en serio, no lo entendía.


Abrí los ojos queriendo volver a cerrarlos, pues estaba volviendo a suceder lo mismo de antes, y con ello las voces estaban regresando, volviendo a torturarme.

- Kaelah, abre los ojos, por favor- pidió mi hermana recibiendo una negación por mi parte- Sé que estás asustada y lo entiendo, yo también lo estuve, pero podemos ayudarte, sólo necesito que me digas que pasa- dijo acariciando mi pelo, apartándolo de mi cara- Por favor.

Negué de nuevo sin querer abrir los ojos, sin querer contarla lo que sucedía, que podía leer su mente, que estaba escuchando todos y cada uno de sus pensamientos, los cuales estaban relacionados conmigo, todos lo interrogantes que tenía, a los cuales tenía respuesta, pero no podía dársela.

Sollocé con fuerza al volver a escuchar el pitido, aquel que incrementaba las voces en mi cabeza, que solo conseguía que las ganas de gritar se hiciesen presentes, pues necesitaba que parara, no iba a aguantar mucho más. Sin embargo, sólo había una mente que no era capaz de leer, la de Hank, y la verdad es que lo agradecía.

- Kara..., necesito que...- traté de hablar luchando contra el dolor- Necesito que tanto tú como Alex os salgáis fuera, por favor- la pedí.

- Pero...- empezó a quejarse.

- Ya la habéis escuchado- dijo Hank- Os avisaré si sucede algo.

Abrí los ojos para mirar a mi hermana, observando el dolor en su mirada, como si la costase creerse que la había echado de la habitación, sin embargo, me sonrió levemente antes de salirse de esta.

- Eres un marciano- afirmé ante asombro de Hank.

- ¿Cómo?- dijo.

- No puedo leer tu mente- expliqué.

Me miró completamente confuso ante lo que le estaba diciendo, y aún sabiendo que iba a realizar muchas preguntas acerca de lo que acababa de soltar, cerré los ojos empezando a tener un mayor control sobre mi misma.

Suspiré, buscando palabras, iba a tener que dar demasiadas explicaciones...


Gracias por leer,

Ayrin