Como están mis amores?

Les traigo el capitulo de este mes(?) ¡Nah! Mentira, actualizare en una o dos semanas por que ya tengo escrito el siguiente capitulo.

Los dejo leer, los amo.


Cap. 9

Puertas.

Gajeel despertó aquel día con un gran dolor de cabeza y con el cuerpo entumecido (producto de haber dormido en el pequeño sillón de su sala). Las dos mujeres de azules cabellos habían dormido en su habitación.

El dragón no logro evitar notar la reacción de Juvia al entrar en la pequeña casa. La joven muchacha se había maravillado con hasta el más pequeño detalle, desde el piso de madera hasta la pequeña colección de figurillas que Gajeel negaba coleccionar. Se había paseado por la casa entera con los ojos brillantes de anhelo y alegría desde el momento en que observo la puerta de un peculiar azul a la entrada.

Aquella casa era tal vez demasiado pequeña, muy fuera del estilo de aquel hombre, demasiado pintoresca y alegre. Era tal como Juvia había imaginado un hogar alguna vez.

Para Gajeel seguía siendo un misterio el por qué aun no había cambiado muchos de los detalles de su vivienda. La casa de la puerta azul. Juvia lo había hecho conservar el letrero de "en venta", que permanecía en el fondo de un baúl.

"Se vende:

Informes al lado"

El día que Gajeel se tropezó con ese cartel iba caminando con la lista de apartamentos en renta que el maestro de su nuevo gremio y Juvia le habían conseguido. La chica lo había empujado por la puerta del gremio con una gran sonrisa y gritado "¡Ve a buscar un hogar Gajeel-kun!".

La puerta de color azul lo llamo de una manera insana. La destartalada casilla de madera (en algún momento de color blanco) lo observaba desde el final de la calle, el pálido y casi deslavado blanco de la casa contrastaba con el brillante azul de la puerta. La casa era de dos plantas, sí, pero era pequeña, un jardín enorme y un par de árboles la rodeaban.

Justo cuando tenía pensado seguir de largo, su cuerpo lo traiciono, un segundo más tarde se encontró a si mismo tocando la puerta de al lado. Compro aquella casa ese mismo día por el precio equivalente a tres meses de renta en algún otro lugar.

Días después cuando había llevado a Juvia a ver su nueva adquisición la chica había brincado de un lado a otro como una niña pequeña riendo y repitiendo una y otra vez "¡Una casa de puerta azul! ¡La casa de Gajeel-kun tiene una puerta azul!".


Tardo en reparar esa casa varios meses. Algunas veces solo, otras en la compañía alegre de Juvia que lo ayudo a decorar hasta el último centímetro del que decía ella era su nuevo hogar. Lo cierto era que él había tenido varias razones para comprar aquel lugar: la principal sin embargo había sido la chica. Había guardado la esperanza de que al ver la pequeña casita la muchacha se retractara de vivir separados, él llevaba tanto tiempo con ella que no podía recordar lo era estar solo. A pesar de eso la mujer de la lluvia decidió que era mejor tomar caminos separados, aceptando su decisión Gajeel se conformó con la idea de que al menos le había cumplido un sueño de infancia a la maga.

En sus recuerdos aun sonaba la alegre vocecilla contándole sobre el lugar de sus sueños, sobre el único recuerdo que tenia del que alguna vez había sido su hogar. En un principio él nunca logro entender por qué la niña quería regresar a la casa de sus padres (padres que la habían dejado en la puerta del orfanato y no se habían molestado en volver), luego entendió que lo que Juvia quería era formar un nuevo hogar a base del único concepto que tenia del mismo.

La niña pasaba horas describiendo cada detalle, a pesar de que lo único que su joven mente llegaba a recordar era dicha puerta. Le narraba las paredes blancas y al amplio jardín cubierto de flores silvestres, los naranjos e incluso el interior, conforme se fueron haciendo más cercanos la niña incluyo aún más cosas en su imaginación, la más destacada fue un cuarto para el dragón.

Aquel había sido el sueño de infancia de Juvia. Un hogar para los dos.

Un sueño que nunca se cumplió del todo.

Después del desayuno los tres magos y Lily se encaminaron con paso lento y cansado al gremio, aún era muy temprano por la mañana cuando llegaron a su destino y distinguieron el ajetreo que causaba aquel día. Juvia se estremeció de solo pensarlo, era el día donde un montón de desconocidos entraba en su mente.

Todos habían cumplido al pie de la letra sus tareas, Levy había prácticamente devorado el libro entregado por la curandera—algo que le había servido de excusa para no dormir hasta la madrugada—, Wendy y Charle se pasaron gran parte de la noche terminando una gran cantidad de aquella complicada poción bajo la supervisión de la mujer de rosas cabello. El resto de sus amigos habían sido mandados a dormir y reportarse a primera hora de la mañana.

La noche anterior se había formado la pregunta de quienes tendrían que ir aquella misión, Juvia tuvo que observar a esos anónimos rostros—extraños y amables—discutir sobre la importancia de su presencia en dicha tarea. Cuando preguntaron por su opinión ella se había limitado a decir que lo que Gajeel decidiera estaba bien.

Las cuatro figuras cruzaron la gran puerta con un repentino peso en sus hombros. Dentro ya se encontraban todos aquellos que habían decido participar y algunos más. Levy y Juvia se limitaron a sentarse en la barra más agotadas—física y mentalmente— de lo que querían admitir. Muy a su pesar la McGarden tuvo que admitir que la mujer de la juvia la tenía peor.

Wendy salió de la cocina cargando junto con Lisanna y Charle una pesada canasta llena de diminutos frasquitos repletos de líquidos de dos colores: Morado y azul. La colocaron con esfuerzo en la mesa.

Gray y Natsu se acercaron de inmediato a curiosear las pequeñas botellas.

—Esas son las dos pócimas que necesitaremos, —explica la ya no tan niña al ver la curiosidad de los mayores—una de ellas nos provocara un sueño profundo y la otra…Es para ya saben, para Juvia-san.

La mencionada frunció el ceño ante aquello.

—¿Y Porlyusica-san? —Pregunto Levy al no encontrar por ningún lado a la mujer.

Wendy la miro con una sonrisa tranquila a modo de disculpa—Se ha ido, dijo que con el libro que te dio serias capaz de guiarnos.

La maga de escritura solida sintió un repentino peso sobre sus hombros. Si Juvia no mejoraba seria su culpa, ¿Cómo mirar a Gajeel si eso pasaba? Peor aún, ¿Qué pasaría con ellos? Gajeel nunca abandonaría a Juvia siendo su único pilar, y la chica puede que tardara en entablar relación con el gremio. Y aunque fuera así sus lazos con el resto de los que fueron sus amigos nunca serian iguales, puede que nunca regresara la Juvia de Fairy Tail.

Con el pecho doliendo de la presión Levy sonrió a los demás dándoles ánimos. Juvia volvería a recordarlos a todos, ella se haría cargo de eso.

Mientras caminaban escaleras arriba la maga de agua sintió florecer el temor, ocho personas—siete de ellas completamente desconocidas—, ¡Y tres gatos! —igual de extraños—se meterían a fisgonear en su cabeza. Se detuvo dos peldaños antes de terminar de subir, forzándose a recordar el por qué hacía eso. Lo veía en sus miradas, esas personas la querían, aun cuando ella no los quisiera, aun cuando no pudiera ubicar sus nombres o rostros. Ellos la amaban y se dijo a si misma que ella antes los amaba, subió los escalones que le faltaban de un salto.

La enfermería había cambiado bastante desde el día anterior, Mira les había explicado que al no tener suficientes camillas para todos decidieron quitarlas y en su lugar dispersar un montón de cojines por el piso. Era irónico que los hubieran mandado a dormir bien cuando para cumplir su cometido tenían de hecho que estar dormidos, Levy les recordó que todo lo que harían seria trabajo puramente mental, por lo que deberían de estar en las mejores condiciones.

Los demás escuchaban con atención la explicación de la McGarden, ella no podía darse ese lujo. Sentada en el piso como todos los demás con un enorme cojín sobre sus piernas empezó a sentir su cuerpo temblar del más puro miedo. Sin embargo, se obligó a mantener su semblante tranquilo.

La dragona empezó a repartir los diminutos frascos entre las hadas, dando dos frasquitos a cada persona, en los pequeños envases de cristal solo cabían unas gotas. Primero la azul e inmediatamente después la morada les aviso.

Gajeel miro a su vieja amiga dándole confianza, Juvia ni si quiera se atrevió a pensarlo. Bebió las dos pócimas con rapidez, todos la siguieron segundos después, apenas con tiempo suficiente para acomodarse antes de caer profundamente dormidos.


El ancho y oscuro pasillo se extendía interminablemente hacia ambas direcciones, mientras más lejano se volvía daba la sensación de que se empezaba a desvanecer, solo había una sección de aquel infinito lugar iluminado. Debajo de esta luz se extendía una hilera de puertas de todos los colores y tamaños.

—¿…Esto es la mente de Juvia? —pregunto la maga elemental con la voz temblorosa.

—No—le contesto Levy de inmediato—Son las puertas al alma, hay una por cada uno de nosotros. No hay dos iguales, cada puerta es única por que representa al individuo.

Natsu aun lado de Lucy señalo lo obvio:

—Entonces… ¿Qué hay de esas dos?

Como burlándose de las palabras dichas por la maga dos puertas exactamente iguales a cada uno de los extremos les regresaban la mirada.

Dos puertas azules.


¡Mil gracias por sus comentarios! ¡Los amo mucho y agradezco lo bien recibida que ha sido la historia!

Besos

¡...Nos leemos pronto!

Los fic se alimentan de comentarios, alimenta este para que crezca fuerte y sano :)