La serie Once upon a time, sus personajes y demás mencionados aquí no me pertenecen.

Las mismas advertencias de siempre.

Lunediose, este capítulo y fanart es para ti. Feliz cumple atrasado.

CAPÍTULO 9 – El Oscuro Parte 2

EMMA

—Te amo —dijo mi padre a Regina—. No lo dudes ni un solo segundo, no importa lo que pase, no dudes que mi amor por ti es real.

No necesité ver a mi madre para saber lo mucho que eso la afectó, estaba a punto de echarlos, pero Regina no se dejó llevar por el sentimentalismo.

—Dime qué está pasando. —Preguntó.

—Soy el oscuro.

—¿Qué? —Reí—. ¿Qué clase de broma es esta?

—No dejes que me acerque a ustedes, Emma. No me permitas hacerles daño.

—No. No. No es cierto. Tú mismo me dijiste que era una locura, todo estaba en mi cabeza. David. —Regina parecía al borde de un colapso nervioso.

—Voy a solucionarlo. Lo haré y volveremos a estar juntos. Lo prometo.

Hubo algo definitivo en sus palabras. Algo que generó una duda en mí. Salió del departamento cerrando la puerta tras de él, y antes que Regina pudiera seguirlo la detuve.

—¡Déjame ir!

—No.

—No es tu decisión.

Intentó llegar a la puerta nuevamente, pero la agarré por la cintura levantándola sin problema y empujándola hacia la sala.

—¡Suéltame! —Gritó enojada e hice lo que pidió, pero sin moverme del camino a la puerta—. ¡No te das cuenta que debo ir tras él!

—No. Vas a calmarte…

—¡No me pidas que me calme!

—Baja la voz, no quiero que Henry te escuche.

Eso pareció funcionar.

—Déjala ir. No la quiero en mi casa. Ya he tenido suficiente.

—Haremos lo que papá pidió.

—No toleraré compartir el mismo espacio que esta mujer. No le bastó con enviarme esas sucias fotos, tiene que venir aquí luciendo como…

—¿De qué fotos hablas? ¿Por qué no he escuchado antes de eso? —Me pareció extraño porque habíamos vuelto a contarnos todo.

—No es algo que quiero que veas.

—Hagan lo que quieran. Me voy de aquí.

—No te vas a ningún lado.

—Querrás dejarla ir después que mires lo que me envió —dijo mi madre entregándome un sobre con unas fotografías.

Eran demasiado explícitas, cerré mis ojos por un momento y luego tuve que obligarme a verlas para razonar rápidamente que eso no podía ser algo que Regina hiciera para lastimar a mi madre. Por muy loca que Regina fuera a veces, no llegaría al punto de contratar a alguien para que la fotografíe teniendo sexo con mi padre.

—Es evidente que ella no las envió.

—¡Claro que no! ¡¿Qué clase de truco sucio es este?! —Preguntó Regina indignada, y no podía culparla, yo también lo estaría si mi intimidad fuera expuesta de esa manera—. No tengo tiempo para perderlo con ustedes. Necesito ir con David.

—No lo harás. Ve a tomar una ducha, toma prestada algo de mi ropa y entonces hablaremos.

—Tú no me mandas.

—¿Quieres pasar por encima de mí? Porque es lo que tendrás que hacer si quieres salir de aquí. Así que cierra la boca y has lo que te digo.

Me sentí muy bien hablándole de esa manera, fue liberador, en especial al verla hacer exactamente lo que le ordené ya que no tenía más opción. Podría cumplir lo que David me había pedido, pero no tenía por qué convertirme en la mejor amiga de su noviecita, Oscuro o no, para mí seguía siendo una traición de su parte, aunque tuvo la decencia de terminar su relación primero, no dejó pasar tiempo suficiente para perseguir a la última mujer en la que debería haberse fijado jamás.

—No puedo creer que tenga que pasar por esta humillación, no es suficiente con que tu padre me haya dejado por ella y tenga el descaro de mostrarla como su novia delante de todos nuestros amigos, ahora debo aguantar esto.

—Entiendo que esto es muy parecido a una pesadilla. Regina es la madre de mi hijo, nuestra familia ya estaba lo bastante enredada, pero…

—Ella tuvo que enviarme esas fotos, quién más haría algo así.

—¿Aquí en Storybrooke? Conozco de primera mano este tipo de trabajo, no necesito tener magia para saber que fue Sidney.

—¿Por qué haría algo así?

—No lo sé. Pero es el menor de nuestros problemas.

—¿No estarás creyendo lo que dijo David?

—No. Pero algo muy malo está pasando.

—Yo tenía mis dudas, pero Regina debió hacer algo para que me dejara, para que creyera que siente algo por ella.

—No es el momento de perder la cabeza. Las dos sabemos que no es así. Lo que sea que está pasando no tiene nada que ver con tu separación.

—¿Vas a ponerte de su lado?

—No. Solo intento ser sensata.

—Eso no me ayuda, y no me ayuda tener a esa mujer semidesnuda en mi casa. No la quiero aquí.

Tomé todas las fotos del sobre y las quemé una a una. Mary Margaret parecía sumergida en sus pensamientos, un análisis introspectivo del que no parecía dejarme ser parte. Decidí darle un poco de espacio y algo de tiempo para calmarse. Fui a la habitación esperando que Regina no hubiese huido, la encontré sentada en el borde de la cama observando a Henry dormir, había lágrimas resbalando por sus mejillas. Debió escuchar mis pasos porque limpió su rostro rápidamente.

—Parece que encontraste algo que ponerte.

Su cabello estaba mojado. Llevaba unos pantalones negros de algodón y un abrigo grande tejido de color blanco.

—No creo que David sea el oscuro, pero quizá alguien ha hecho que él lo crea.

—Yo creí que lo era. Se lo dije y…

—Tampoco creo que tienes algo que ver. Tenemos dos opciones: Rumple y Azul.

—¿Crees que sea así de fácil?

—Mi cabeza va a explotar de pensar tanto pero no se me ocurre nadie más. Los dos disfrutarían perjudicarte. Rumple perdió sus poderes cuando dejó de ser el oscuro y Azul…

—Siempre me ha odiado.

—Mira. Trata de dormir un poco, quédate aquí con Henry, yo dormiré abajo. Sé que puedes irte a casa, pero ya he aprendido suficiente de no ser precavida.

—No fui yo quien envió esas fotos.

—Lo sé. Realmente quiero borrarlas de mi cabeza.

Salí de la habitación y antes de acostarme a dormir, aseguré bien el departamento y dormí con mi arma cargada debajo de la cama.

—EC—

La llegada de un nuevo día no estuvo lleno de arcoíris y soluciones mágicas. Desperté sin saber dónde estaba mi madre, Henry estaba revolviendo la cocina preparando el desayuno para todos, yo recibí cereal con leche, mientras que Regina obtuvo un vaso extra de jugo y un tazón repleto con frutas picadas.

—Mamá necesita nuestro apoyo.

—Soy Francia en esta situación o debería decir Suiza. Nunca recuerdo las cosas importantes.

—¿Cómo podemos convencerla de que no hizo nada malo? No quiero que dude que el abuelo la ama.

—Sigo sin ser la persona adecuada para esto.

—Ella no hizo nada malo. En un principio creí que el abuelo debía estar con la abuela, pero es un error, él ama a mi mamá.

—Arreglaré lo que está pasando y volveremos a la normalidad. Prometo que siempre estaremos en los mejores términos, por ti.

—Eso no parece suficiente.

—Henry.

No me escuchó, se alejó de mí para ir corriendo hacia su… verdadera madre. Se demoraron cerca de una hora desayunando en mi habitación, encerrados planeando quién sabe qué hasta que decidí unirme a ellos y espiarlos.

—Quizá puede ser una trampa.

—No puede ser tan fácil.

—¿Por qué no? La opción más simple siempre es la correcta.

—Existe la posibilidad de que David esté diciendo la verdad.

—Pues entonces si logramos librarlo de la daga volverá a ser el mismo de antes y se dará cuenta que nunca te quiso realmente —dije haciendo notar mi presencia y recibiendo una mala mirada de mi hijo.

—Rumple dijo que la oscuridad siempre me persigue, quizá por eso…

Torcí los ojos al darme cuenta que Regina en serio estaba resultando ser un poco inútil sin su magia.

—Eres una idiota si escuchas cualquier cosa que diga ese hombre. Eres más inteligente que eso.

—Tú no sabes nada.

—Soy la única cuerda en este momento, la única capaz de enfrentarse a lo que sea.

—Sé pelear mis propias batallas.

—Bienvenida a la realidad, princesa. En esta historia solo eres la damisela en apuros. Quédate aquí con Henry, estaré abajo por si me necesitas.

—No te necesito. No necesito a nadie.

—Ya lo veremos.

—¡Ya basta! —Gritó Henry.

Las dos guardamos silencio. Nos miramos fijamente un instante antes de darle nuestra mejor sonrisa de disculpa a nuestro hijo.

—Lo siento, Henry —dijo ella primero.

—No importa lo que sea todo esto, lo solucionaré.

—¿Cuidarás de mamá?

—Claro que sí, es como si fuese también mi mamá ahora.

Henry me regañó con la mirada y supe que fue un mal chiste.

Mi madre decidió seguir sus propios planes sin hacernos partícipes, no podía culparla y tampoco la culparía si estaba buscando la manera de empeorar las cosas en lugar de solucionarlas. Regina parecía estar dispuesta a hacer su parte de meternos en problemas también. Entró a la tienda de antigüedades dispuesta a matar a Gold con sus propias manos, pero él ni siquiera parecía molesto por interrumpir su día.

—Sé que estás detrás de todo esto.

—Creí haberte dicho que tu nuevo Rey era el nuevo oscuro. No me culpes por ignorarme la primera vez.

—Corta el rollo —dije perdiendo la paciencia—. No tienen ningún poder, no hay magia, y mi padre no es el oscuro. Regina tiene razón en que eres tú quien está detrás de esto.

—Solo debes poner al oscuro a prueba y quien mejor que su objeto del deseo para sacarlo a la luz.

—No podemos invocarlo si no tenemos la daga —dijo Regina.

—Estoy seguro que encontrarás una mejor forma de invitarlo a jugar y recuperar la daga.

Fue como si hablaran en clave, y aunque yo no comprendí del todo sabía que Regina estaba lista para hacer algo estúpido. No volvimos al departamento, llamamos a Ruby para asegurarnos que Henry continuara estando a salvo y nos instalamos en la biblioteca.

EC—

REGINA

Solo necesitaba una distracción que me permitiera librarme de Emma y aburrirla con libros fue lo mejor que se me ocurrió. Cuando la noche cayó, después de una búsqueda inútil entre páginas de libros, logré escabullirme y llegar a mi cripta sin ser descubierta. El lugar estaba por completo vacío, ni siquiera un cirio quedaba de todas mis cosas. Entonces recordé la insistencia de David de permanecer en casa, era allí donde el oscuro esperaría por mí.

La casa estaba en completo silencio y una luz en el estudio me llevó directo hacia él.

—David.

Corrí hacia él, pero me detuve en el momento exacto en que giró hacia mí. Sus ojos eran oscuros como la noche, desprovisto de toda luz.

—Es cierto.

—Hemos estado esperando por ti. ¿Por qué tardaste tanto?

—¿Qué es lo que quieres?

—Lo mismo que tú. El poder de la daga.

No comprendí. Si David era realmente el Oscuro, quién estaba en poder de la daga.

—David —dijo acercándose a mí—. Nosotros juntos es la única manera de ser felices.

—No te me acerques —puse una mano entre nosotros, pero eso no lo detuvo. Sonrió y continuó acercándose, a pesar que retrocedí él se estrelló contra mí, apresándome contra la pared del estudio.

—Es momento de jugar.

Sujetó mi mano con firmeza y prácticamente me llevó a rastras por las escaleras, incluso a pesar de mi resistencia me llevó hasta la habitación y me empujó dentro. Escuché el click de la cerradura, pero mis ojos se centraron en David. Corrí hacia él, sin importarme su estado de desnudez sobre la cama.

—Te dije que te mantuvieras a salvo.

—No iba a dejarte.

—No te das cuenta que soy yo.

—Él no eres tú.

No había ninguna atadura que le impidiera levantarse y sin embargo parecía no poder hacerlo.

—Sal de aquí, Regina.

Sus labios no pudieron emitir ninguna otra palabra. Una risa me devolvió a la realidad y cuando regresé a ver al oscuro me di cuenta que se estaba desvistiendo.

—Quítate la ropa.

No me moví. Una lágrima resbaló por mi mejilla y antes de poder limpiarla él me apartó de la cama, me puso en pie y sus labios se estrellaron contra los míos. Me resistí lo más que pude, ignorando que sus labios sabían a mi David y cuando abrí los ojos sus ojos también eran azules.

—No podemos evitar desearte. Eres tú lo que necesitamos para despertar, hacerte el amor hasta que seamos uno solo. Debes ayudarnos, Regina.

Me estremecí al sentir una mano acariciando mis hombros detrás de mí, giré y eran los ojos dulces y cálidos de David, sus manos suaves abrieron los botones de mi blusa y sus labios se acercaron a los míos para besarme.

—Solo déjate llevar, mi dulce niña.

—Mi princesa —dijo la versión oscura de David detrás de mí. Sus manos rodearon mi cintura y desabrocharon mi pantalón mientras David me quitaba la blusa.

Gemí al sentir sus bocas apoderarse de mi cuello. Una mano desprendió mi brasier y apretó uno de mis senos mientras otra mano se sumergió en mis bragas. Abrí la boca en busca de aire ante la intensidad de sus caricias y gemí al sentir dos dedos entrar en mí sin previo aviso.

—Shhhh —me susurraron.

Clavé mis uñas en la espalda de David al sentir el dolor entre mis piernas. Su boca se prendió de mi pezón y chupó con avidez. Y el oscuro retiró sus dedos de mi interior. Abrí los ojos nerviosa. Sus ojos se fijaron en los míos. David soltó mi pezón, tomó la mano del oscuro y llevó los dedos que habían entrado sin permiso en mí directo a mi boca. Los chupé de forma instintiva, miré a David mientras lo hacía, hasta que él retiró los dedos del oscuro de mi boca y los guio de regreso entre mis piernas. Esta vez los dos me acariciaron, buscaron mi clítoris, frotaron mis pliegues hasta que mi humedad fue evidente. No se quién de los dos deslizó sus dedos en mí. Solo sé que David me besó y el Oscuro chupó mi cuello mientras apretaba uno de mis senos.

Mis piernas comenzaron a flaquear a medida que sus dedos se movían más rápido. Me faltaba el aire, mis uñas estaban marcando la espalda de David y el oscuro estaba marcando mi cuello. Quise protestar cuando sentí unos dedos en mi estrada posterior, pero no pude hacerlo.

—Eres mía —dijo David contra mi boca.

Jadeé y gemí con fuerza mientras alcanzaba mi orgasmo con sus dedos en mi interior. Sentí que salieron de mí cuando caímos sobre la cama. Agitados. Con sus lenguas recorriendo mi cuerpo. Era fácil abrir mis piernas para ellos, me sentí envuelta en la lujuria del momento, incapaz de decir que no a una sola de sus peticiones. David me sostuvo mientras el oscuro abrió mis piernas y hundió su lengua entre mis pliegues.

—¿Te gusta eso?

—Sí —contesté de inmediato—. Más… por favor.

El Oscuro se movió sobre mí. David separó aún más mis piernas sosteniéndome abierta mientras el oscuro introducía su pene en mí, puso la mano en mi vientre sintiéndolo comenzar a moverse en mi interior. Gemí y moví las caderas buscando tenerlo profundamente en mí. David apretó mis senos mientras el Oscuro me penetraba cada vez más rápido. Lo atraje hacia mí, desesperada por aferrarme a su cuerpo. Su lengua exploró mi boca y lo recibí gustosa. Su peso me impidió arquear mi cuerpo fuera de la cama, mis paredes vaginales se apretaron contra su grueso apéndice y no tardé en sentir su semilla caliente llenándome. Se balanceó contra mí lentamente, gimiendo contra mi boca, recuperando su erección con demasiada facilidad.

No tuve tiempo de recuperarme. Nuestros cuerpos giraron sobre la cama y el Oscuro sostuvo mi cadera colocándome en mis rodillas aún sobre él. David lo quitó de mí interior y grité al sentirlo acariciar mis pliegues con la cabeza gruesa de su pene. Estaba demasiado sensible, el semen del oscuro resbalaba por mis muslos y David no dudó en entrar en mí, su pelvis chocando contra mí con fuerza.

—¿Vas a venir tan rápido? —Dijo el Oscuro riendo, sujetándome mi cadera y obligándome a moverme con las embestidas de David—. Aun necesitas que te enseñen cómo complacer a un hombre.

Mordí su pecho al sentir un nuevo orgasmo golpearme con fuerza.

—Eres tan estrecha —dijo David casi quejándose por no poder moverse tan rápido dentro de mí.

Se detuvo un momento, acarició y besó mi espalda. Salió despacio de mí y me atrajo hacia él para poder besarme. Colgué mis brazos alrededor de su cuello acomodándome de rodillas sobre la cama, sintiendo al oscuro acomodarse detrás de mí.

Todo me parecía tan familiar, como si no fuese la primera vez que estuviéramos juntos.

—David —dije en un gemido contra su boca.

Levanté la pierna contra su cadera, se alineó contra mi entrada y se deslizó suavemente en mí. El Oscuro me sostuvo desde atrás, David abrió mis nalgas y le permitió penetrarme analmente. Mordí su hombro mientras me acostumbraba, casi sentí que era demasiado, pero acariciaron mis senos y mi clítoris, se movieron suavemente hasta que encontramos nuestro propio ritmo.

—Soy tuya —escapó de mi boca con facilidad—. Soy tuya.

La cama parecía moverse con nosotros. Nuestros gemidos llenaron por completo la casa. Me estremecí y volví a alcanzar un nuevo orgasmo. Me sostuvieron entre sus cuerpos calientes sin dejar de moverse mientras nos recostamos de lado en la cama; la nueva posición les permitió moverse más rápido. Mordí el labio inferior de David. El Oscuro mordió mi hombro, sus dedos buscaron mi clítoris y lo frotaron. David se agachó para tomar uno de mis pezones en su boca, chupó con fuerza y sus embestidas se volvieron más profundas y erráticas. El Oscuro no quiso quedarse atrás, clavó sus dedos en mi cadera y los dos gruñeron descargando su semen caliente en mi interior.

—¿Dónde está la daga? —La pregunta se escuchó como un susurro lejano y mis ojos se cerraron antes de poder oír la respuesta.

EC—

GOLD

Abrí la puerta con una de las llaves maestras, caminé sin afán, escuchando los gritos y gemidos guiándome con facilidad, podía haber recorrido la casa con los ojos cerrados sin ningún problema. Mi lentitud para subir los escalones solo era parte de mi pierna inservible.

El sonido de mi bastón chocando contra el piso de mármol se mezcló con la nube de lujuria que envolvía la casa. Empujé la puerta abierta y me detuve en el umbral. Regina era una mujer hermosa y siempre sería nada más que mi ingenua aprendiz, incapaz de hacer aún lado sus sentimientos, el medio para un fin, casi tan inservible como el hombre que hace tan solo unas horas había buscado hacer un trato conmigo a cambio de la verdad. La verdad tiene demasiados rostros.

Los dos se movieron presos del sueño del que eran parte, dos cuerpos sudorosos sobre sábanas mojadas que no eran más que una ilusión que me permitiría recuperar lo que era mío.

—¿Dónde está la daga? —dije tras deleitarme al verlos terminar—. Solo el verdadero oscuro es capaz de romper el hechizo. —No me gustaba del todo cómo sonaba, después de todo si vamos a contar una historia debemos contarla bien—. Solo Rumpelstilskin es capaz de romper la maldición. Es momento de despertar.