Hola, mis estimados lectores.

Muchas gracias por la muestra de apoyo que me están dando.

Hay personas a las cuales no he podido responder sus comentarios, pero les agradezco bastante el tiempo que se toman al leer.

Muchas gracias ELIZABETHSHANE, quien me ha dado muchos consejos.

Dejen por favor sus comentarios. Pueden ser de cualquier tipo. Incluso, si piensan que mi historia está bien nefasta, no se preocupen porque la escritora original así la hizo.

Disfrútenlo ;)

CAPITULO 9: PASEO

"Señor Taisho, ¿nos contara por fin quien es esa bella joven con la que ha estado paseándose Con frecuencia?" pregunto el coronel Royakan.

Sesshomaru se giro para mirar a Royakan, que conversaba con Gatenmaru, y ver la sonrisa que llevaban los dos en la cara. Los dos portaban típica ropa de la época, pero ambos llevaban consigo sus espadas ya que eran hombres de guerra.

"Eso es de poca importancia para ustedes."

"Con que una joven, señor Taisho. Espero que sea presentada cuando aun todos los grandes hombres de Japón nos encontremos en su esplendida mansión." Menciono Kagewaki Hitomi, joven heredero de la dinastía Hitomi. Demasiado gentil y caritativo para el gusto de Sesshomaru, pero con el que podía entablar una conversación más o menos decente.

Sesshomaru arrugo el entrecejo.

"Sesshomaru, es acaso esa bella mujer la que todos comentan." Dijo Miroku. Señalo con la cabeza hacia donde Sesshomaru daba la espalda.

"Mírala, señor Sesshomaru y viene con dos niñas." Dijo Bankotsu un importante samurái de larga y espesa cabellera oscura y de aspecto atractivo.

Dejo inconclusa una ligera discusión que tenían sobre el potencial de las armas de fuego. Y lo hizo para aplastar el césped bajo sus pies cuando se volvió para ver a Kagome… demasiado alejada de él.

Caminaba con elegancia, y llevaba de la mano a Rin y a Shiori.

No hacia ni cuatro horas le había ordenado que no fuera con las niñas…

"¿Las niñas son de ella?" pregunto lord Kagewaki.

Sesshomaru le dio una mirada de advertencia. Sabía muy bien qué clase de insinuación tenía su pregunta. Y el guapo Kagewaki al darse cuenta de cómo el mayor de los Taisho lo veía, prefirió fijar sus ojos en la otra dirección.

"No lo parece, señor Kagewaki. La señorita se ve muy joven." Comento Sango mientras se abanicaba con gracia. Después de la muerte sus padres. Kagewaki se hizo cargo de la joven y su hermano, hasta que ella contrajo nupcias con Miroku. Aunque, todos sabían muy bien el tipo de cariño que le tenía a la joven, no tuvo corazón para impedirle que ella fuera feliz lejos de su hogar.

Kagewaki solo asistió.

Sesshomaru había ordenado a los sirvientes, especialmente a ese tal Shipo, Sota y a Kaede, que ayudaran a la joven para que estuviera lista para el paseo. Los sirvientes se mostraron felices, imaginando que el apoyaba los insensatos planes de la institutriz, cuando lo único que el planeaba era que ella cometiera un error. Quería que la humillaran. Que los sueños que tenía fueran destrozados y pisoteados.

Pero a nadie se le ocurrió que a esa tonta podía tener en mente llevar a las niñas.

Bueno, Kagome no había hecho ningún daño a las niñas, quizá no fuese una enemiga.

Para Sesshomaru todo estaría bien si no fuese porque a ella se le había ocurrido también llevar a la hija ilegitima de Inuyasha, para que desfilara delante de la alta sociedad, en un intento por arruinar el compromiso de este.

Sesshomaru no permitiría tal cosa.

El destino de Inuyasha era casarse con Kikyo. Y nadie en el mundo le diría lo contario al comandante Sesshomaru Taisho.

Se volvió a los caballeros con una sonrisa que hizo que a todos se les erizaran los bellos.

"Discúlpenme." Palmeo el hombro de Miroku. "Puedes poner a los caballeros al tanto sobre las nuevas mejorías que pienso hacer con eso de las armas de fuego."

"Claro que si, Sesshomaru." Dijo sonriendo.

"Naraku, espero que escuches lo que está a punto de decir Miroku."

Naraku estaba a unos pasos de ellos, platicando con Byakuya y con otro caballero.

Miroku miro con desconfianza a Naraku, y este solo le devolvió una sonrisa que denotaba arrogancia. Ese hombre nunca seria de su agrado. Además, sentía que algo en el no cuadraba. Como trataba a las personas que eran inferiores, era lo que más odiaba de ese ser oscuro y lleno de maldad. Aun no podía entender porque Sesshomaru lo consideraba su aliado.

Y pensó. No hay peor ciego que el que no quiera ver.

Sesshomaru sabía que esos dos pondrían al tanto a los demás hombres. Los dos manejaban bien el área, pero a decir verdad, la mayoría disfrutaba más la compañía de Miroku que la de Naraku.

"Naraku es mi mano derecha, pregúntenle lo que deseen." Insinuando la más breve de las reverencias, encaminándose hacia Kagome abriéndose paso atreves de los invitados que charlaban en los senderos. Tenía que hacerla regresar antes de que mucha gente viera a las niñas.

Demasiado tarde. El joven Hiten, un joven guapo, conocido como uno de los hermanos relámpago por su astucia y ser despiadado con los débiles, alcanzo a Kagome. Ésta sonrió eh hizo una reverencia; acto seguido se inclino hacia las niñas y le susurro algo.

Suficiente tenia con los murmullos que había sobre Inuyasha y su constante coqueteo con las mujeres. Ahora también tenía que lidiar con explicarles a todos del porque de la presencia de Shiori.

Sesshomaru supuso que la mayoría de los invitados debían estar preguntándose ¿Quién era la pequeña albina? Entonces sintió un vuelco que hizo alzar su ceja derecha ¿Qué estaba diciendo Kagome acerca de las niñas?

El mayor de los Taisho dirigió una mirada hacia lord y lady Kaneshiro quienes estaban al lado de Kikyo que traía puesto un elegante kimono rojo, con estampados de flores blancas y negras y un hermoso peinado a la moda. Ésta última estaba mirando fijamente a las tres señoritas que apenas llegaban. Aquel no era un buen momento de que ella conociera a Shiori, ya que estaba dudando de si Inuyasha era buen postor.

Pero era tarde. Todo el mundo estaba especulando del porque de la presencia de niños a tal evento. Los niños no iban a las reuniones.

Kagome y las niñas dieron varios pasos, mientras el joven Akitoki Hojo las seguía de cerca.

El terrateniente Kuranosuke Takeda, un hombre de negocios importante en todo Japón, tomo por sorpresa a Kagome en el camino.

Sesshomaru lo miro con furia. El muy mujeriego andaba detrás de la ahora casada Sango Asaka, y ahora, parecía interesado en Kagome. Aquel estúpido de Takeda no dejaba de ver a la joven Higurashi, y el no podía hacer nada.

Se dio cuenta que era hora de detener sus pensamientos.

Con su belleza y tono de voz, no había duda que Higurashi atraía a los caballeros, sobre todo en un lugar tan informal, donde ellos se podían presentar pos sí mismos.

La muchedumbre estaba revuelta entre los amplios jardines y alguno que otro invitado se quedo conversando mientras veían el paisaje.

"Señor Taisho."

Ignoro la fría voz que provenía detrás de él y concentro toda su atención en el cada vez más grande grupo de Kagome.

"¿Sesshomaru?"

Giro bruscamente con impaciencia… y se encontró frente a Kikyo.

La joven no retrocedió ante la mirada dorada del hombre. Sin duda el no la intimidaba.

"Señorita Kikyo." Demasiado difícil de herir, pensó.

"¿Puedo acompañarlo mientras sigue a esa chica?" Kikyo se lo pidió de forma coqueta.

Ella era una mujer muy bonita, y por alguna razón fuera de su conocimiento, nunca trataba de un modo especial a Inuyasha. Siempre esas miradas y esas sonrisas iban dirigidas a otros hombres, tal vez, por eso, Inuyasha la odiaba.

Otra complicación más en el momento menos oportuno.

"Pensé en unirme con usted, en lugar de quedarme con mis padres."

"Estupenda idea." No tenía intenciones de disuadirla de lo contrario.

"Quiero a mis padres, pero a veces me confían a ti, porque soy…" Se detuvo la hermosa joven antes de decirlo. "Casi tan mezquina como tú." Concluyo la joven. Por alguna razón el juicio de ella lo molesto, aunque ignoraba la causa del por qué. "Además te conozco desde hace años, eres alguien importante para mí."

Sesshomaru la consideraba alguien inteligente y capaz de hacer lo que sea por tener lo que quería. Si, tal vez, si eran parecidos.

Miroku se paro delante de Kagome. El amigo de Inuyasha se le daba muy bien eso de la seducción y se creía irresistible para las chicas; mientras que Sango que iba agarrada de su brazo, ponía los ojos en blanco y hacía comentarios sobre los hombres ridículos.

Kagome hizo una reverencia y dedico una sonrisa a ambos.

Miroku al sentir un pellizco proveniente de su mujer, retorcedlo con una reverencia, y le dibujo una sonrisa a su esposa. Sabía muy bien que si no se alejaba pronto Sango lo reprendería y no le gustaba para nada ver a su amada mujer furiosa con él.

"Que estúpido." Pensó Sesshomaru.

Kikyo fijo su vista en Kagome. "Es muy bonita. ¿Quién es?"

"Es la señorita Kagome Higurashi. Acaba de volver de París."

"Higurashi." Susurro. "De parís, eso explica el porqué de su forma de vestir." La voz de la mujer que llevaba en brazos sonó desdeñosa. "Su ropa no es la más apropiada para Japón, pero nunca había visto a otra chica con esa vestimenta que se viera tan… inocente."

Kagome llevaba un vestido color rosa, que hacía que su cara se viera bronceada. Un cuello amplio le bajaba por el escote, y unos puños anchos le rodeaban las muñecas diminutas. La anchura de la falda realzaba su esbelto cuerpo, de la misma manera que el ceñido corpiño ponía de relieve la firmeza de su pecho.

Sesshomaru miro de reojo a Kikyo y se dio cuenta que la miraba de forma fiera. Aunque sus facciones dibujaban una sonrisa, una muy peligrosa.

"Querido Sesshomaru, eh oído que ella goza de tu aceptación." Kikyo lo observo sin siquiera quitar esa sonrisa de triunfo. Había visto la forma que ese apuesto hombre miraba con cierto brillo a la recién llegada.

Sesshomaru sintió un alivio. Había hecho una cosa bien. Kikyo creía que era él, y no Inuyasha, quien estaba enamorado de Kagome.

"Tal y como lo has dicho Kikyo, ella es muy bonita." Su semblante frio dejaba oculta una sonrisa.

"Y lady Sara Asano, ¿Qué ha pasado con ella?" Pregunto.

Sesshomaru se sorprendió. Había olvidado a Sara por completo.

"Ella ésta en Europa, ésta visitando a la familia de su madre." Comentó. Eso era verdad.

"Sesshomaru, la verdad es que lady Asano no es de mi agrado, pero es hermosa. Y tú y ella tendrán unos hijos bellísimos. Tengo envidia de que ella pueda tener el corazón de un hombre tan responsable como tú." Dijo mirándolo con una frialdad que habría penetrado cualquier alma y causado una pena en el corazón. Pero ha el no.

"Inuyasha te quiere."

"Inuyasha no lo hace, Sesshomaru. Por favor no intentemos probar lo contrario." Ella le sonrió.

La hija del jardinero y su sequito se estaban dirigiendo a la pagoda. Aquella no era la manera en que él había decidido presentar a Kagome; no era así como el había planeado que se desarrollaran los acontecimientos. Había imaginado que ella estuviera asustada. Que por temor digiera sus orígenes y que todos se reían de su pobreza. Pero fue todo lo contrario. El paseo podría haber sido organizado en su honor, y no en el de Kikyo.

Sesshomaru bajo la vista hacia su acompañante. "¿Éstas disfrutando la fiesta?"

"La disfrutaría mas si no hubiese ocurrido lo de la otra noche con Inuyasha." Kikyo arrugo el entrecejo enfadada.

"Si, es una lástima que le hubiesen pasado todos esos accidentes." El demostró una pequeña sonrisa que borro enseguida al sentir los ojos de Kikyo en el. Ella era de las mujeres que devoraban el mundo, ella era fría, calculadora; sabia controlar sus reacciones. Pero detrás de esa mascara, el sabia que ella era frágil, cálida y que solo buscaba la aceptación de Inuyasha.

"Mas tarde deberías ir a hablar con él." Sesshomaru agarro la blanca mano de la joven y la puso en su brazo, así pudieron seguir caminando. Imagino a su hermano celoso de cuando ella le platicara que estuvieron juntos caminando agarrados del brazo, y eso le dio gracia. Tal vez, era hora de que Inuyasha limpiara un poco de su propia porquería. "Claro, después del paseo. Esto ésta hecho en tu honor."

"¡Mira, Sesshomaru, un espectáculo de Geishas!" Kikyo casi grito de la emoción. "Me encantan las geishas, ¿Cómo lo supiste?" exclamo ella de forma tierna.

Eran diez señoritas, todas con un instrumento o abanico en mano para presentar su espectáculo.

Sesshomaru cayó en cuenta que ella pensaba que él había contratado a las mujeres que iban caminando con elegancia hacia el sendero cercano a la pagoda. Pero había sido Inuyasha quien los había mandado llamar. Estaba por comentárselo, pero la joven se separo de él y con paso rápido siguió hacia donde ya estaban Kagome y los demás invitados.

Izayoi dio la bienvenida a su jardín y dio gracias a los presentes. Enseguida las geishas comenzaron con sus instrumentos mientras que las demás bailaban con precisión y hermosura.

El mayor de los Taisho arrugo el entrecejo ante la visión de Rin sorprendida y emocionada. El pelo negro, su mirada franca y la forma en que se molestaba por no estar tan cerca de ellas, hacían que él se acordara de su esposa. Casi no había heredado nada de él, ni la seriedad, ni nada fuera de lo normal. La muerte de Kagura había sacudido los cimientos de la pequeña familia; Rin se había puesto muy triste, Sesshomaru se había esforzado por que su hija se sintiera segura.

Entonces había llegado Shiori, y la serenidad de ambos se había esfumado. Rin se empezó a volver más traviesa e incorregible.

La mirada de Sesshomaru se poso en Kagome. Aunque no fuese una espía, seguía siendo un peligro para la casa.

Y entonces, cayó en cuenta de los ojos tristes de Shiori.

La pequeña daba saltitos para lograr divisar a su madre entre todas aquellas bellezas, pero no alcanzaba a verla.

Sesshomaru sonrió. Ahora comenzaba la humillación de Higurashi.

Shiori desesperada se había soltado de la mano de Kagome y corrió entre la gente, tratando de mirar a la cara a cualquier dama que se ponía enfrente suyo para jalonearla y gritar que no era su madre.

Kagome soltó a Rin y corrió detrás de la pequeña niña. Pidiendo disculpas a todos los que había incomodado.

Y entonces, el caos reino.

Shiori empezó a llorar. Se tumbo en el suelo y grito el nombre de su madre.

Izayoi quien estaba un poco retirada de ellos, se acerco tratando de averiguar quién era la dueña de tal escándalo.

Kikyo al ver a su futura suegra acercarse, soltó a Sesshomaru tan rápido que el solo se dio cuenta cuando vio que la joven se alejaba de su lado.

Kagome se acerco hacia la niña, se arrodillo y la abrazo. Mientras que la pequeña gritaba y mordía de desesperación su vestido.

Kikyo se acerco a ayudarla, y Sesshomaru vio que Kagome decía algo y que Kikyo le dedicaba una leve sonrisa. El sabía que Kagome podría conquistar a cualquier persona, pero con Kikyo batallaría. ¿Qué le estaba contando a Kikyo sobre Shiori?

Sesshomaru se dirigió donde estaba Izayoi abriéndose paso entre los invitados. Y con una mirada, pidió a Izayoi que no siguiera avanzando.

Kikyo le dio unas palmadas a la pequeña niña, y la hija de Inuyasha dio un grito de molestia.

Kagome no supo qué hacer. No había imaginado que las cosas salieran así, había imaginado que todos se alegraban por verla. Llevo a las niñas para que convivieran con todos, pero ahora Shiori lloraba, llamando la atención de la mayoría de los presentes. Su mirada se encontró con la de Sesshomaru. Ella le pidió ayuda con la mirada. La joven había aparentado no haberlo visto en toda la reunión, pero era mentira. Ella se había dado cuenta que el la seguía, y que sus dorados y fríos ojos estaban destellando un brillo de molestia.

"¡Padre!" Rin sonrió encantada y le cogió la mano.

Sesshomaru prefirió seguirle el juego a la hija del jardinero, así que el también la trataría de manera indiferente.

"Rin, ¿As sido buena niña?" pregunto apretándole la mano como muestra de cariño.

Rin con alegría asistió. "Rin ha sido buena con la señorita Kagome." Y enseguida apunto hacia su prima que ahora lloraba mientras Kagome la consolaba en un abrazo. "Shiori, ésta muy triste. Dijo que su madre no estaba en la fiesta."

Kikyo lo observo. Sesshomaru sabía que tenían que arreglar eso antes de que ella se diese cuenta. Miro a todos lados. El espectáculo no había parado, y los invitados ignoraban el llanto. No se le ocurría nada. ¿Cómo alejar a la pequeña del lugar?

"Querida Sango, mira la pequeña Shiori está llorando. Qué te parece si la llevamos a cabalgar un buen rato para que su tristeza se vaya."

Sesshomaru se voltio hacia la voz de Miroku que se acercaba. Este lo miraba con una sonrisa de oreja a oreja. Tal vez, le daría las gracias después.

"Me parece bien, mi señor." Dijo Sango sonriéndoles a Kikyo y a Kagome.

"Shiori, preciosa." Le llamo Miroku agachándose mientras le daba una palmadita en la espalda.

Shiori, con la cara roja del llanto y con las lágrimas aun escurriendo de sus ojos, le dirijo una mirada a su padrino.

"¿Que te parece si vamos a dar un paseo y te enseño a montar como lo hacemos los mayores?" pregunto agarrándole un cachete a la niña.

Ella solo asistió y soltó a Kagome para dirigirle sus brazos a su padrino para que la cargara.

Kikyo, que no les quito los ojos de encima, se alejo hacia donde estaban sus amigas. Y así lo hizo toda la tarde.

Miroku tomo a la niña en brazos y agarro con su mano derecha la mano de su esposa.

"No es su culpa señorita." susurro sango sonriendo a Kagome. "así siempre se pone cuando ve a mucha gente a su alrededor."

"Gracias." Dijo Kagome haciéndoles una reverencia.

"Te la traeremos cuando la pequeña Shiori se canse de montar." Dijo Miroku a Sesshomaru, que solo asistió. Y se volvió hacia Rin. "Rin, ¿Quiere venir con nosotros?" pregunto y la niña corrió asía ellos.

Los cuatro se fueron caminando despacio. Hasta perderse de sus vistas.

Kagome se quedo callada. No sabía que decir. Había quedado en vergüenza delante de su jefe, delante de la mayoría de los aristócratas, delante de Kikyo. Y eso era algo que jamás se perdonaría así misma.

"Señor Taisho, supongo que tiene intención de reprenderme por haberme presentado a las niñas cuando pidió que no lo hiciera. Los otros sirvientes no lo sabían, así que le pido que solo se moleste conmigo."

Sesshomaru fijo su vista en las geishas, dándole a entender a la joven que no le había puesto la mas mínima atención. "¿Por qué trajiste a Shiori?"

"No podría traer a Rin sin Shiori." Contesto Kagome como si fuera lo más obvio del mundo. Estaba molesta. ¿Cómo se le ocurría al señor Taisho ignorarla de esa forma?

"¿Por qué has traído a Rin?" pregunto sin mirarla.

"Es una larga historia." Dijo agachando la mirada. "Llegue al cuarto de las niñas justo a tiempo. Pero va a tener que contratar a otra persona que cuide a las niñas y que no sea el señor Jaken."

"Otro… cuidador." Dijo Sesshomaru ahora si poniendo sus dorados ojos en ella. Había pedido su fiel sirviente que disimuladamente cuidara a las niñas mientras que el no estaba cerca, pero contratar a otra persona más fiel que él se le hacía imposible.

"Cuando llegue a la habitación, estaba atado y amordazado. En el suelo"

"Atado." El temor de que Naraku fuese un traidor y de que su hermano quisiera romper su compromiso, se sumaba a que su hija fuese una rebelde. "¿Dejaste que Shiori atara y amordazara a Jaken?"

"Lo siento, pero cuando yo llegue a la habitación, el hombre ya estaba así. Pero Shiori no ha sido. La que lo ha atado es Rin"

Sesshomaru abrió los ojos sorprendidos. Sabía tratar a personas como Shiori: una persona con el mismo carácter que su hermano, era peor la indiferencia que los insultos. Pero Rin, era fuerte, decidida y de buen corazón. ¿Cómo tratar a personas como ella?

"¿Qué has estado contando sobre la niña?"

Kagome aparento sorpresa. "Nada."

"¿Qué quieres decir con nada?" dijo con brusquedad el hombre.

Kagome se enfureció. "¡Oiga, no eh dado ninguna explicación sobre la niña! Podría ser que es una amiguita de Rin; podría ser la hija de alguno de sus invitados; podría ser su prima… la familia de su padre es un completo enigma para los demás. A los invitados no les importa quién es ella, señor Taisho. ¡Solo usted sabe que es un misterio!" Con casi gritos le dijo todo esto. Y después se sintió apenada.

Sesshomaru pensó que esa joven lograba no dejar de hablar cuando estaba molesta. Como también logro algo que pocos habían conseguido; hacerlo sentir como un idiota.

"Le aseguro, señor Taisho, que nunca usaría a una niña como arma."

Quiso disculparse, pero él nunca lo haría. Los demás eran inferiores, que ellos pidieran perdón si querían. Entonces se dio cuenta que tenía una seducción pendiente, y que Kagome lo veía de manera menos formal que la noche anterior. Así que añadió: "Te recompensare este bochornoso momento, pídeme lo que quieras."

Kagome se dio cuenta que ese hombre era tan arrogante que no se daba cuenta de sus equivocaciones.

"Pasar toda la noche en el cuarto de las niñas. Y también dormir allí."

Sesshomaru no había planeado las cosas de esa manera, y estaba arto de que ella le arruinara los planes. "Asistirás mañana a la cena."

Kagome entendió eso como una orden. "Para mi primera aparición basta con el paseo."

Al mayor de los Taisho le dio la impresión que la institutriz había manipulado todo de manera deliberada, llevando a las niñas como distracción y creando una atmósfera informal que disuadiera de cualquier conversación profunda.

Lo estaba irritando. Pero su cara no lo demostró. Ella no le iba a decirle que era lo que había que hacer. A ella no le incumbía hacer planes. Ella tenía que obedecerlo a él.

"Elegiré a otra doncella para que cuide de las niñas. Tú iras a la cena mañana."

"Debería permitirme que yo las cuide. Le aseguro señor Taisho que ellas estarán mas seguras conmigo." La terquedad de Kagome hizo que la mirara con furia.

"Señorita Higurashi, usted se limitara a obedecer mis órdenes." Sesshomaru le dio la espalda dispuesto a irse. "Y quiero que mañana a primera hora este en mi despacho." Y así se fue. Se alejo percatándose de que había dejado a la joven con el ceño fruncido.

Una sonrisa pequeña apareció en su rostro.

S:S:S:S:S:S:S:S:S:S

"¿En dónde está ella?" Pregunto Inuyasha molesto. "¡Contéstame Sesshomaru!"

Sesshomaru ignorando el grito de su hermano, se acomodo el peso del brazo de Inuyasha por encima de sus hombros. Se había dado cuenta que Kagome no era la espía y hacia que su cabeza estuviese en otro lugar.

"¿Dónde está mi Kagome?" Inuyasha volvió a detenerse en el largo y oscuro pasillo de abajo. Cogió a su hermano, le clavo una mirada incrédula y somnolienta. "Los sirvientes me dijeron que su habitación estaba ahí."

El aliento a sake de su hermano casi tumba a Sesshomaru, quien agradeció haber escuchado gritar a Inuyasha el nombre de la institutriz antes de que alguien más lo hiciera.

"Higurashi se ha quedado a dormir en la habitación de las niñas para cuidarlas." La fría voz del mayor de los Taisho se hizo firme al decir esto. Odiaba a esa chiquilla; y todavía tuvo que soportar su falta de respeto en los jardines y el dormir en el cuarto de su hija y sobrina.

"Llevo días sin poder verla." Inuyasha arrugo el entrecejo con angustia, característica de cualquier persona que se entregaba de lleno a la bebida.

"No seas estúpido, solo ha sido un día. Y el que no quiere salir de su habitación eres tú." Puntualizo Sesshomaru mientras lo seguía conduciendo hacia una de las antorchas y los miro entrecerrando sus fríos ojos. "Ya no deberías traer esa venda en la cabeza, no te ha sangrado" Lo que era una desgracia. "Si salieras, podrías ir a ver a tu prometida."

No a Kagome. Más tarde se encargaría de alimentar la falsa impresión de estar enamorado de ella. Le llevaría a su alcohola y seria indiscreto. Naraku buscaría a Kagome, y con su estilo despiadado y encantador, le sonsacaría la información. La joven se lo comentaría todo y los ejércitos del sur serian engañados.

"Vino a visitarme hoy."

Sesshomaru se detuvo de golpe antes de empezar a subir las escaleras. "¿La señorita Higurashi?"

"¡Claro que no!" Inuyasha bajo la mirada de forma triste. "Estoy hablando de la tonta de Kikyo. Aunque tengo que admitir que huele muy bien. Me fascinan las mujeres que huelen bien. ¿A ti no?"

Si tan solo Inuyasha, el día de mañana, pudiese recordar lo que estaba diciendo, Sesshomaru no batallaría tanto para que aceptara su matrimonio.

"Si Inuyasha, Kikyo huele muy bien." Sabía que su hermano era celoso así que quiso molestarlo.

El tono irritado de Inuyasha se hizo presente. "¿Por qué has estado oliendo a mi prometida? ¿Por qué se supone que la has olido?" Inuyasha se zafo del agarre de su hermano y le intento dar un golpe, pero al estar alcoholizado lo único que golpeo fue la madera de los escalones al caer de rodillas. "Kagome, ¿Dónde estás?"

Sesshomaru lo levanto y lo volvió a guiar para que no chocara con el barandal de la escalera.

"Iré a hablar con ella, sabes, ella es casi tan bonita como Kikyo. Así que hermano, no me detengas." Dijo Inuyasha con una risa formándose en su garganta.

"Si intentas hablar con ella en medio de la noche, su padre vendrá a arrancarte el corazón con la espada que tengo en mi despacho. Y si tienes suerte, te enterrara en los jardines."

Si Higurashi supiera que Sesshomaru planeaba utilizar a Kagome, haría lo mismo con el… Y lo tendría bien merecido. El fin justificaba los medios, y todo era para bien del imperio.

Sin embargo, la idea de dejar a solas a Kagome con Naraku, un traidor y asesino, le puso la piel de gallina.

Aquella era la razón por la cual Inuyasha no podía verla de noche. En la puerta de la habitación de la joven, había puesto a Jaken a vigilar, y estaría ahí todas las noches hasta que ella regresara a parís. Lo que pasaría después de los cinco días de fiesta acabaran, y ella se diera cuenta que jamás podría tener a Inuyasha ni a Sesshomaru.

"¿Crees que sería un problema que me casara con la hija del jardinero?" pregunto mientras Sesshomaru terminaba de ayudarlo a subir las escaleras.

"¿Así que te casaras con ella?"

"Si, porque es bonita, ya te dije, se parece a Kikyo, pero Kagome sonríe mucho."

A Sesshomaru le dieron ganas de tirar por las escaleras a su condenado hermano. ¿Eso era lo que veía en Kagome? Una copia de Kikyo.

"Lady Kikyo es muy bonita y yo la eh visto sonreír." Sesshomaru dijo apretando los dientes.

"Pero Kagome no espera nada de mí." Inuyasha lanzo un eructo tan potente que era capaz de despertar a un muerto.

"¿Y que espera Kikyo de ti?" Normalmente Sesshomaru no entablaba tanta conversación con su hermano, pero ésta vez era necesario para poder entenderlo.

Un escalofrió recorrió el cuerpo de Inuyasha. "Dice que soy un buen hombre, y que soy inteligente. Dice que seré bueno protegiendo una familia y que dedicaría toda mi vida en darle lo mejor a mis hijos."

Esa mujer había sido capaz de decirle a Inuyasha con palabras muy sutiles que era hora de madurar, y a Sesshomaru le gusto eso.

Tan solo dos horas antes, el mayor de los Taisho había escuchado a una mujer herida hablando, mientras escupía el agua que había tragado en el rio de donde la habían sacado él y sus soldados. Había visto las huellas de los dedos en su cuello, y las apuñaladas que tenía en su cuerpo… las que Naraku le había causado. Había tenido que darse a la idea de la traición de su amigo. Kanna había muerto, pero tenía que conservar cerca a Naraku para que pasara información falsa al ejército del sur.

Y a Inuyasha le daba miedo enfrentarse a la madures.

"Ni siquiera sé qué hacer con la niña que tengo." Dijo el menor de los Taisho hipeando.

"Basta con que le pongas atención, es lo único que ella quiere."

"Kagome sabría que hacer con mi hija." La expresión de Inuyasha se ilumino.

"Entonces, déjala en la habitación de las niñas para que pueda hacer el trabajo." La forma irritada en que lo dijo hizo que Inuyasha se soltara de su agarre.

"¡Feh! ¿Cual es tu problema, Sesshomaru? Deberías ir a dormir."

"Después de dejarte en tu habitación." Sesshomaru lo obligo a caminar a su lado. "¿Así que Lady Kikyo fue a visitarte hoy?"

"Ella está loca por mí." Dijo con egocentrismo.

"Tú la motivaste a estarlo." Dijo Sesshomaru en el momento en que llegaban al cuarto de su hermano.

"Pensé que me casaría con ella. Porque en realidad es hermosa. Cuando llegas a conocerla bien es inteligente y divertida. Es una de esas mujeres fascinantes que podrían pasar hablando toda su vida y jamás te aburrirías de ellas. Me hizo reír, y a cambio deje que me viera. Me hizo sentir… como si fuera un dios. Luego…" Bajo la voz hasta convertirlo en un audible susurro. "Me dijo lo que ella me creía capaz de hacer por la familia." Soltó una muy estruendosa carcajada. "Tiene al hermano equivocado." Le dio un golpe en el pecho a Sesshomaru. "¡Tu deberías casarte con ella!"

Sesshomaru perdió la paciencia. Empujo a Inuyasha contra la pared, sus puños estaban en el cuello de la camisa y le acerco la cara, haciendo que Inuyasha dejara de reírse. "Ahora escúchame, hermano. Mañana iremos de cacería. Saldrás de tu habitación y serás amable con Kikyo y sus padres. Y dejaras que me ocupe de la hija del jardinero." Lo zarandeo haciendo que la cabeza de su hermano golpeara superficialmente con la pared. "¿Entendiste?"

Inuyasha asustado, asistió con la cabeza.

Sesshomaru lo soltó, pero agarro su brazo y lo metió a su habitación a empujones. "Y no bebas."

"Hermano, no puedo hacerlo." Su voz sonaba ronca como si estuviese a punto de llorar.

Sesshomaru despertó a la ayuda de cámara de Inuyasha (quien dormía en el suelo frio, mientras esperaba a su amo), y le limpio la cara con un pañuelo, para que no durmiera con toda el sake derramado en su barbilla.

Salió de la habitación y se dirigió a grandes zancadas a la escalera. Permitió que sus pasos lo llevaran al piso de arriba, hacia la habitación de las niñas.

Sabía que Higurashi le despertaba cierto impulso sexual que él no podía controlar. Así que cuando las celebraciones terminaran, y por el bien de todos, ella sería enviada devuelta a parís, se detendría a Naraku, y por supuesto, se le daría a Kagome cierta cantidad monetaria por los males causados y por su ayuda.

Pero… si Sara se enterara. No, ella jamás podría enterarse que de eso. Ella sería su esposa, y Higurashi quedaría en el olvido.

La boca del mayor de los Taisho se curvo en una sonrisa cínica que borro de inmediato.

El señor Jaken lo vio e hizo una reverencia exagerada.

"Jaken, dentro de poco dejare a otra persona encargada de este asunto, se que tu deber no tiene nada que ver con este tipo de cosas."

"Señor Sesshomaru, no diga eso. A mí me complace ayudarlo, sé que me contrato para vigilar a su servidumbre, pero mi deber con su padre siempre fue servir en lo que usted me pidiera. Por favor señor, permítame complacerlo. Al fin y al cabo, los otros sirvientes nunca me cuestionan." Dijo el pequeño hombre con su voz chillona volviendo a hacer una reverencia.

"Ésta bien, ahora, ábreme la puerta."

El hombrecito corrió y abrió la puerta corrediza para su amo.

Sesshomaru entro y se dio cuenta que el cuarto solo estaba iluminado por una sola vela. La habitación era casi tan grande como la de él. Avanzo procurando no pisar la madera con fuerza.

Durante su estancia en la China, había aprendido a moverse con cautela, y en ese momento dio gracias por tener esa habilidad. Levanto la vela del suelo y se acerco hacia el futon donde dormía su hija.

La niña dormía con su cabello hecho un revoltijo. Las mantas estaban a un lado, apartadas de su cuerpecito y su penda de dormir estaba casi a la rodilla. La tapo. Le retiro suavemente el cabello de la cara; Sesshomaru sintió una emoción que solo un padre sentía al ver a su hija. Quería proteger a Rin de cualquier daño; solo quería lo mejor para ella. Si le llegase a pasar algo a la niña, ¿Qué escusa le diría a su difunta esposa?

Se puso de pie y camino hacia donde dormía Shiori. La bravucona criatura dormía pacíficamente, como si solo al dormir pudiese tener paz. Pobre niña. Al verla destapada por el calor, sintió pena de que su hermano nunca fuese a ver como se encontraba. La cubrió con las mantas y se alejo de ella.

Pero un impulso le nación, así que se dirigió al tercer futon que estaba más retirado, en donde dormía Kagome. Se arrodillo y dejo que la vela resplandeciera, dejando que la piel de la joven se viese dorada.

Estaba dormida con las manos debajo de la mejilla y tenía el entrecejo arrugado, como si tuviese pesadillas de los demonios que Sesshomaru pronto desataría sobre ella. Se le hizo raro verla sin la vivacidad que la caracterizaba. Ella sería una compañera perfecta para Inuyasha; ambos eran tercos y decididos.

Pero incluso si al final ella conseguía que Inuyasha se casara con ella, acabaría herida, pues Sesshomaru ya tenía decidido hacerle el amor para alejarla de su hermano.

Era una mujer bonita, sus ojos estaban cubiertos de unas pestañas largas y negras, su nariz era afilada y muy exquisita; y su boca… era una tentación. La muchacha dio un suspiro y Sesshomaru se descubrió a su mismo casi inclinándose para besarla. Así que rápidamente se puso de pie.

Sentía cierta ternura hacia esa mujer que era movida por el deseo de acariciarla y poseerla. Se quedo mirando con sus ojos dorados como subía y bajaba el firme pecho de Kagome. Nunca los había visto, pero si sabía como eran: suaves y perfectos.

¿Qué le estaba pasando? Inuyasha era el que deseaba; Inuyasha tenía aventuras amorosas; Inuyasha seducía. El, no.

Sin embargo… ¿Que daño se produciría? ¿Podría solo mirar y no tocar? ¿Podría desear y no poseer? ¿Tenía que alejar a su hermano de Kagome?

Sesshomaru decidió que si, el se merecía a cualquier mujer que quisiera, y esa mujer era Kagome.

Y entonces, sintió pena por Sara.

CONTINUARA…