Hoy he visto a Sam únicamente un par de minutos. Cuando he tenido una oportunidad. He dejado a mis internos analizando los resultados de una prueba y he ido corriendo hasta su habitación solo para decirle que hoy no iría. Después de la "cita" de ayer, no me parecía bien no avisarle. Así que después he vuelto con mis chicos a toda prisa y me han dado sus conclusiones. El resto de la mañana ha sido de paciente en paciente. Tan solo media hora para comer y tres reuniones por la tarde. Ahora son casi las 6 pero ya estoy en la planta baja a punto de salir. Hubiera ido ahora a verlo, pero es lo malo de no vivir con tus padres, hoy me toca ir a hacer la compra y a un par de recados. Justo al cruzar la puerta de salida me encuentro con Mary que lleva unas ojeras hasta el suelo.

-¡Hola!- digo con una sonrisa y ella me la devuelve seguida de un saludo. – Llevas mala cara Mary. ¿Estás bien?

-Estoy bastante cansada. He pasado la tarde con los pequeños y vengo a relevar a mi marido ahora. Y bueno, ya sabes, dormir aquí si no eres el enfermo es lo peor. Echo de menos mi cama. – dice y ambas reímos.

-Normal, ese sofá es súper incomodo.

-Pero no hay otro remedio, no voy a dejarlo solo ahora que está despierto. – dice encogiéndose de hombros y a mí se me ilumina la bombilla.

-¿Por qué no me quedo yo? – le pregunto con una sonrisa y ella niega con la cabeza sonriendo.

-No, por favor, no puedo pedirte eso.

-No me lo estás pidiendo, me ofrezco yo. A mí no me importa, es más, me he dormido bastantes veces en esos sofás.

Dado que no he podido pasar un rato con él hoy, lo veo como la oportunidad perfecta.

-¿Estás segura? – me pregunta con cara de preocupación y yo asiento con entusiasmo hasta que al final acepta.

-Volveré cuando Sam ya haya cenado. Sobre las nueve. – le informo y ella asiente. – No se lo digas, que sea una sorpresa.

Mary me sonríe y asiente de nuevo con un vale. Nos despedimos y me dirijo al coche de Blaine que me ha prestado para ir a hacer la compra.


-Dios, dios, dios. ¿Qué hora es? – pregunto medio gritando cuando entró por la puerta de casa con todas las bolsas en la mano.

Blaine aparece por el pasillo y se poya en el marco de la cocina cuando yo ya estoy empezando a guardar las cosas.

-Ocho y media. – me dice mirándose la muñeca.

-No me jodas. – empiezo a darme más prisa.

-¿Qué pasa? – me pregunta.

-Tengo que estar en el hospital dentro de media hora.

-¿Para qué? - me pregunta confuso. –Si ya no tienes turno de noche ningún día.

Paro un momento lo que estoy haciendo, le miro con media sonrisa y él abre ampliamente los ojos.

-No.

-Sí. Pero porque me ha sabido mal su madre, está cansada. He pensado en llevarme el ordenador y ver una peli… - sacó unas palomitas ya hechas de una bolsa. – con palomitas.

-Dios mío. ¿Es una cita? – me pregunta y me reactivo de nuevo.

-No será nada si no llego. Tengo que hacer el baño y si no lo hago Alex me parte el cuello. – le digo acabando ya de guardar todo lo comprado.

El chico me mira unos segundos sin decir nada. Como si estuviera decidiendo algo y finalmente lo dice.

-Vete, lo hago yo. – sonríe.

-¿Enserio? – Blaine asiente y me lanzo a sus brazos que me cogen en el aire. Le doy cincuenta besos en la mejilla y me suelto. – Te quiero infinito, gracias.

-Y yo a ti tonta. Pero venga, date prisa, no hagas que me arrepienta.

Asiento y me voy corriendo a mi habitación. Cojo mi eastpack verde de las excursiones y primero meto el ordenador, seguido de las palomitas y la ropa para cambiarme al día siguiente. Me doy una ducha extremadamente rápida y paso de secarme el pelo. Me pongo el primer vestido veraniego de la temporada, mi favorito, con unos botines planos. El verano está a la vuelta de la esquina, aun así, cojo una chaqueta tejana porque por las noches refresca. Pasó por delante de Blaine, que ya lleva los guantes para ponerse a limpiar, y le prometo que cuando le toque a él lo haré yo. Me desea suerte y cinco minutos después estoy en el autobús que me deja delante del hospital.


-¿Se puede? – digo abriendo la puerta y veo a Mary con una sonrisa.

-¿Scarlett? – pregunta el chico sorprendido.

-La misma. Soy el relevo de tu madre está noche. – digo dejando la mochila encima de la silla y un par de refresco encima de la mesa. Sam me mira atónito, su madre no me he delatado por lo que veo. –Si te parece bien, claro.

-Me parece perfecto. – contesta inmediatamente.

Mary se despide de nosotros y yo arrastro la silla hasta que queda a la altura de la cabeza de Sam. Luego repito lo mismo con la mesa y la introduzco hacía la cama para que le quede enfrente, encima de la cintura.

-He traído una película. – le informo sacando el ordenador y él, con el mando, se incorpora hasta quedarse casi sentado. Pongo el portátil encima de la mesa y me siento en la cama, apoyando solo un poco la cadera, para encenderlo y poner la película. En cuanto se inicia Sam me retiene.

-¿Les puedes poner el nombre a cada uno de ellos, porfavor? – me pregunta curioso por la foto de fondo y yo acepto.

-Santana. – indico a la chica de larga cabellera negra.

-La cirujana. – dice y yo asiento. – Guapa. – le miro de reojo y él añade: - Lesbiana. – los dos nos reímos y sigo señalando la pantalla.

-Alex. Blaine, que ya lo conoces. – me saltó porque estoy al lado de Blaine. - Mercedes. Shane. Y Puckerman.

-Abogada. Chico de ayer. Tú. Enfermera. Marido de la enfermera. Profesor. – me dice señalándolos de nuevo.

-Todos clavados. – le digo y el chico sonríe orgulloso.

-¿Dónde es?

-La cena de noche buena. Mercedes siempre la prepara. – le informo y luego busco la carpeta de películas.

-Menuda filmoteca. – me dice sorprendido.

-¿Alguien dice filmoteca? – le pregunto con una leve risa y él me ignora por que está mirando las películas. Me quedo mirándolo hasta que reacciona.

-Dios, tenemos que ver esta. Vi el tráiler antes de… bueno de quedarme coma. – dice señalando Ahora me ves… y yo clico dos veces para que se abra. Le doy al pause y me levanto sacando las palomitas y dejándolas en la mesa. Bajo la mochila al suelo y me siento en la silla que he preparado.

-¿Qué haces? – me dice Sam mirándome. – Desde ahí no vas a ver nada.

Sam se mueve sueltamente en la cama hacía la derecha y da dos golpecitos en la cama para que me siente con él. Como doctora, lo primero que hago es admirar lo mucho que ha mejorado de ayer a hoy. Le fue genial levantarse. Luego me percato de la situación real y me doy cuenta de que me está pidiendo que me siente pegada a él. Bajo su insistente mirada finalmente lo hago. Me siento en ese hueco libre y me saco los botines para meter las piernas por debajo de la mesa y estirarlas encima de la cama. Pongo una de las bebidas al otro lado del portátil para que Sam pueda cogerla más fácilmente y empezamos a ver la película. A medida que avanza noto como la cabeza me pesa cada vez más. Hoy he tenido mucho trabajo y me siento realmente cansada. Así que realmente no lo busco, pero mi cabeza acaba apoyada en su hombro sin apartar la vista de la pantalla. Él baja la suya para apoyarla en la mía y entonces queda perfectamente encajada en su cuello. No me doy cuenta, pero no veo el final de la película porque me he quedado dormida.


Me despierto cuando los rayos de sol ya entran por la ventada. Cuando abro los ojos lo primero que veo es el rostro de Sam plácidamente dormido. Me sobresalto un poco pero luego recuerdo la situación, aunque ahora es diferente. El cabezal de la cama está casi estirado y la pantalla del ordenador está bajada. Lo miro unos minutos detenidamente y me recuerda un poco a cuando estaba en coma. Él dormido y yo mirándole. Pero está vez es tan diferente. Tiene una ligera sonrisa, me pregunto que estará soñando, y su piel tiene otro aspecto. Le resigo la curva de la mandíbula con un dedo suavemente y me decido a levantarme. Aparto la mesa intentando hacer el mínimo ruido posible y me voy a la baño para ducharme. Cuando salgo, ya cambiada, el chico ya está despierto y con el desayuno delante.

-Que aproveche. – le digo con una sonrisa y me acerca su vaso de leche caliente por encima de la mesa.

-Mi madre tiene un sobre de café en el armario. – me informa cuando yo estoy guardando todo dentro la bolsa. Se lo agradezco pero lo rechazo.

-Tómatelo tú. Puedo tomarme un café ahora. Quiero que estés fuerte. – le digo guiñándole un ojo y él se lo acerca de nuevo. –Tengo que irme, entro en diez minutos.

Me acerco a la cama para estar cerca de él antes de irme.

-¿Vendrás luego?

-No creo, tengo que terminar cosas de ayer todavía. – le digo encogiéndome de hombros.

-Entonces, ¿hasta el lunes? –me pregunta y, no sé si me lo imagino o qué, pero lo noto triste diciendo eso.

-Puedo venir a verte mañana. – le digo. – Y así escojo yo la peli esta vez.

-Me parece genial. – me contesta alegre.

Me agacho y le doy un suave beso en la frente que prolongo varios segundos. Voy a levantarme pero Sam tira de mi brazo y me da un beso en la comisura de los labios. Los nervios florecen en mí y salgo de allí precipitadamente con la mochila en el hombro en dirección al vestuario. ¿Ha sido adrede o ha fallado? Y si ha fallado... ¿A dónde iba? A la mejilla… ¿O al labio?