Enamorada del cielo

Las siguientes dos navidades, cuando yo iba a dejarle su regalo a mi bebé, encontraba un par de guantes y una figura de nieve, esa era la prueba de que Ranma ya se había ido.

Shinnosuke, era muy cariñoso conmigo y estaba feliz con nuestra relación e incluso me había hablado de matrimonio, al oír esa palabra recordé a Ranma y sentí de nuevo aquel vacio que me había dejado, aquel que nadie llenaría nunca.

Mis calificaciones eran muy buenas y desde esa perspectiva mis padres parecían muy complacidos, sin embargo no sabían de la tristeza que en todo este tiempo ya formaba parte de mí, me volví celosa en cuanto a ella, no me permitía derramar ni una sola lágrima y que alguien me viera, sino todo lo contrario siempre les mostraba mi mejor sonrisa.

Pensé muchas veces la propuesta de Shinnosuke y al fin de cuentas acepte, no podía quedarme el resto de mi vida así el que Ranma se haya ido de esa forma, no significaba que mi vida terminara ahí, mi familia estaba muy contenta con la noticia, mi madre me animo con los preparativos de la boda. A partir de ese momento mi falsa sonrisa tenía que estar conmigo todos los días, tenía que fingir emoción y amor.

Ese año se fue increíblemente rápido y otra vez la navidad había llegado, la cruel fecha que trajo consigo mi infelicidad. Ese día mi futuro marido había decidido acompañarme a ver a mi bebé y yo asentí, pero el momento que pasaba frente a la tumba simbólica de mi hijo, prefería que fuera intima, al final de cuentas no era hijo suyo.

Antes de dirigirme al lugar, Shinnosuke me dio una pequeña caja, inmediatamente supuse que era.

—Akane, linda, estas a punto de graduarte y aun no te he dado el anillo de compromiso, es el más hermoso que encontré, digno de una reina como tú—sus últimas palabras resonaron en mi cabeza, le sonreí esforzándome en no romper a llorar.

Me tomó la mano y me colocó el anillo, con una linda sonrisa, no lo amaba. Pero tenía que seguir adelante.

—Amor, te acompaño

—No, gracias, tú sabes que es un momento muy especial para mí y siempre me ha gustado ir sola—sabía que era la única ocasión en que podía ver a Ranma y tal vez cruzar unas breves palabras

—Pero, ¿Vas a verlo?—en sus palabras pude percatarme de su miedo e inseguridad

—No te preocupes, vamos a casarnos y eso no va a cambiar—vi que mis palabras lo tranquilizaron

Al llegar lo vi en cuclillas acomodando los guantecitos los cuales aumentaban poco a poco de tamaño en cada año, me supongo que el imaginaba que nuestro hijo iba creciendo.

Al ponerse en pie y darse la media vuelta, la sorpresa y el miedo me invadieron.

— ¿Ryoga? ¿Qué haces aquí? ¿Dónde está Ranma?

—Lo siento, Akane, Ranma me pidió que hiciera esto cada año a partir de hoy, ¿Sabes? Me dio cientos de pares de guantecitos de todos los colores.

—No es posible que sea tan cobarde, que no quiera cumplir la promesa que él le hizo a su hijo, que no le basto con romperme el corazón, es un vil canalla, lo odio—mi coraje había desbordado la barrera de contención que le había formado años atrás.

—Cállate, no sabes lo que dices, mientras tú felizmente planeas casarte con otro, Ranma, mi amigo, mi hermano está a punto de morir, sufre por no tenerte a su lado, cada día al ver el cielo te espera pacientemente—la rabia de Ryoga fue tornándose en una inmensa tristeza.

No pude evitar caer de rodillas, las amargas lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos.

—Lo siento, Akane, Ranma me pidió nunca decirte nada, pero tú estás equivocada, lo que piensas no es verdad. Cuando él se entero que el cáncer se había extendido en su cuerpo, pensó en no hacerte sufrir, por eso se alejo de ti, a eso se debe su actitud hacia ti y su falta a clases. Él espera por ti, Akane.

En ese momento, Shinnosuke apareció atrás de mí, sólo me importaba ver a Ranma, al amor de mi vida.

— ¿Qué pasa, Akane?, la cobardía, no le permitió a Ranma venir hoy—su ironía rasgo mi corazón, me levante para encararlo

—Cállate, imbécil, no sabes nada—mi reacción dejo en shock a mi prometido

—Lo siento, Shinnosuke, me tengo que ir, tengo que ver a Ranma—él me jaló de un brazo suplicándome que no fuera, pero fue inútil, en el forcejeo el anillo de compromiso cayó a la nieve, estaba dispuesta a levantarlo cuando me detuvo

—Déjalo, Akane, tal vez esta es la señal de que tú no eres para mi, siempre supe que seguías amándolo y aun así me aferre a arrancártelo del corazón y fallé

Agradecí su comprensión e inmediatamente fui a casa de Ranma, pero no estaba ahí, Ranko me dio la dirección del hospital y corrí lo más rápido que me permitieron mis piernas, hacia frio, pero no se comparaba con el frio que habitaba en mi corazón hasta ese día.

Abrí la puerta de su cuarto, él miraba fijamente el cielo por la ventana

—Ryoga, hermano, dime como te fue

—Ranma…

Él volteo hacia mi muy sorprendido

— ¿Qué haces aquí?

— ¿Por qué no me lo dijiste, Ranma?—mis lágrimas, comenzaron a rodar

—Por eso no te lo dije, porque no quería hacerte sufrir

Mis ojos se posaron en una de sus manos

—Sigues usando el anillo—él trató de cubrirlo con la otra mano

Se incorporó de la cama y sus lágrimas comenzaron a caer sobre las sábanas.

—Trate de evadirte, porque solamente te hago sufrir, Akane quiero que siempre seas feliz

—No me pidas eso, eso no puedo hacerlo si tú no estás a mi lado, quiero ser feliz contigo

—Me quedan tres meses de vida—su voz parecía una fina hebra de un hilo delicado

—Ranma, yo siempre te he amado—me acerque a él, le di un suave beso en sus labios, no pude contenerme más me abracé a él y sus brazos también rodearon mi cuerpo, había estado esperando por ese momento tanto tiempo que no quería soltarlo, no quería dejar su aroma.

Al separarnos, Ranma sacó del cajón de su buró mi anillo, y volvió a colocarlo en su lugar, como aquella vez, al tomarlo entre mis manos, sentí como si el tiempo no hubiese pasado.

Desde entonces iba diario al hospital a verlo, sentía que debíamos recuperar el tiempo que perdimos.

—Akane, tu presencia le hace tanto bien a mi hijo, antes siempre estaba triste, no tenía ánimos de nada y ahora hasta lo veo sonreír, te agradezco mucho el tiempo que pasas con mi Ranma—las palabras de la señora Nodoka me hacían sentir bien y si él salía adelante yo estaría ahí, a su lado.

Me despedí de ella, tenía que ir a casa, en el trayecto, tomé una decisión, la más importante en mi vida y mi familia lo sabría.

Durante la cena, llame la atención de mis padres

—Papá, mamá, he decidido dejar la universidad para cuidar a Ranma, mientras se repone.

—Akane, hija, si lo haces por lástima hacia ese muchacho…

—No papá, lo hago por amor, ustedes saben que amo a Ranma y nunca dejé de hacerlo, ni siquiera porque iba a casarme con Shinnosuke, perdón por causarles tantos problemas

Al final mis padres aceptaron, todos los días atendía a Ranma, le daba de comer, platicaba con él, siempre junto a él.

Cuando iba a su revisión, oraba para que no me lo quitaran, para que siempre estuviéramos juntos, pedía todos los días un milagro…

Los doctores estaban muy sorprendidos con la mejoría de Ranma y le concedieron un permiso especial para dejar el hospital, estaban seguros que salir de ese cuarto le haría mucho bien. Planeamos ir a almorzar a su lugar favorito, él me pidió que le preparara su almuerzo, porque la comida del hospital ya lo había aburrido y siguiendo las indicaciones del médico se lo hice.

—Akane, esto es delicioso, es lo mejor que he probado en mi vida—Ranma sonreía mientras saboreaba los alimentos

—Ranma ¿Te casarías conmigo?

—Sabes que si, haría cualquier cosa por verte feliz, pero este no es el lugar ideal para una boda

—Claro que si, mira traeré flores para que me hagas una corona con ellas ¿está bien?

—Yo Ranma Saotome, te acepto a ti Akane Tendo como mi esposa para…No puedo seguir Akane, no me quiero morir, quiero verte sonreír todos los días—él comenzó a llorar amargamente—quisiera que en este momento que estuviéramos los tres, tú, nuestro bebé y yo. Me faltan muchas cosas por hacer, no quiero que nos separen

—Ranma, no te dejaré morir, sabes que no lo haré

Él me abrazó fuertemente como si quisiera que nunca me alejara de él

—Akane, yo… yo te amo, nunca lo olvides y por ti soy capaz de enfrentar a la muerte, por ti no perderé esta batalla—su determinación me animaba, y yo tenía que estar con él cuando obtuviera su victoria.